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Full text of "Islas Baleares;"

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Islas  Bale 


Islas  :3a 


D.  Pablo  Piferrer'^í  D.  J 


FOTOGIIABADOS  DE  JOARIZT 

Dibujos  de  Obiols  Delgado  — 


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BARCEL 

ESTABLBCnOERTO  TIPO6RÁFIOO  -  EdITORIí 

Calle  de  Pallar-s  (  Saló 

1888 


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OüÉNTASK  de  aquel  grande  empera 
bando  á  Mallorca  de  paso  para 
de  Argel,  como  los  naturales  le  acogie 
tras  de  regocijo,  y  viese  él  la  pompa  c 
de  los  adornos^  dijo  entre  la  admiració 
centrado  había  un  pueblo  ignorado  y  i 
dijo  el  Emperador ;  pues  duraba  aún  € 
res  el  esplendor  que  el  comercio  levant 


VI 


INTRODUCCIÓN 


anteriores;  su  nobleza,  no  retirada  todavía  al  fondo 

lacios,  amaba  los  juegos  del  palenque  y  la  bizarría  ei 

y  comerciantes  y  marinos  de  naciones  diferentes  ]]< 

plazas  y  sus  lonjas. 

Si  así  desconocida  entonces  en  su  valor  político — 

los  grandes  descubrimientos  en  el  Océano  y  las  círc 

de  los  tiempos  le  fueron  quitando  después, — eslo  po 

ahora  en  su  importancia  artística  y  literaria,  ya  que  n 

artistas  ni  nuestros  literatos  han  extendido  sus  pereeii 

más  allá  de  las  orillas  del  Mediterráneo.  Un  solo  espaf 

el  claustro  silencioso  ó  desde  el  sombrío  castillo  donde 

cono  la  envidia  cortesana,  alzó  el  primero  una  puntai 

que  cubría  los  monumentos  de  la  isla.  Hombre  educa 

rigor  de  la  escuela  antigua,  no  vaciló  en  evocar  las  somi 

ctosas  y  esbeltas  de  la  Edad-media ;  y  dotado  de  un 

quisito  y  de  saber  profundo  en  las  Bellas  Artes  tan  * 

sólidos  pasos  dio  por  aquel  nuevo  sendero,  que  si  ali 

recorrerlo  después,  anduvo  sobre  sus  antiguas  huella 

mos  de  Jovellanos — uno  de  los  no  menos  aventaiad 

dores  del  buen  gusto  en  España,  y  otra  de  las  vivas  lui 

que  ya  en  el  reinado  de  Carlos  Oí  nos  mostraron  el 

un  verdadero  progreso  intelectual,  que  oi  remotamenti 

siguiendo  después,  hasta  estos  últimos  tiempos  S       i 

constancia  suavizaron  su  cautiverio,  v  ureminf^^^    >  i 
j    -    .,    I  -         j    I  » -^r"^™wronalos 

de  la  isla  los  nombres  de  los  autores  de  «nc  ^^ 

imagmación  poética  y  halagüeña  pobló  de  viáooes  air 


ees  por  añejas  los  ^x>sentos  de  su  cárcel  al 


paso  que 


juicio  hizo  objeto  de  estudio  á  lo  que  sólo  debía      i 
y  melancolía  (a). 


la)    La  Catedral,  la  Lon-i.  ti  ^^t^I.o  dt  bt 


^  y  San  Francisco.  los  prin-ipsltí  !r.^,«fS',~  t— ,-.;  ct  J^/°^^^^^^^  ^t  ^a 
observada  desde  el  citado  c*5-.;:-o.  la  i:,1^v,r-i  --  ;>  V.Z^^  ^'  P^noram 


nido  la  insigne  honra  de  •>ci:p¿r  1*  p._~  i  -* 


iUluicion  anisuca.  no  mecos  q-c  en  e.-i  tr.-.c:  n 


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a  al  fondo  de  sus  pa- 

bi:sarría  en  las  galas; 

¡ferentes  llenaban  sus 

>r   político — valor  que 
no  y  las  circunstancias 

és, eslo  poco  menos 

ria,  ya  que  ni  nuestros 
io  sus  peregrinaciones 
Un  solo  español,  desde 
castillo  donde  le  arrin- 
íiero  una  punta  del  velo 
Hombre  educado  en  el 
I  evocar  las  sombras  gra- 
dotado  de  un  gusto  ex- 
llas  Artes,  tan  seguros  y 
dero,  que  si  alguno  osó 
>  antiguas  huellas.  Habla- 
nos  aventajados  restaura- 
ra de  las  vivas  lumbreras, 
5  mostraron  el  camino  de 
lue  ni  remotamente  fuimos 
)s  tiempos.  Su  aplicación  y 
/  preguntaron  álos  archivos 
5  de  sus  monumentos ;  y  su 
)ló  de  visiones  airosas  y  dul- 
cárcel,  al  paso  que  su  sano 
le  sólo  debía  serlo  de  horror 


ellver,  los  conventos  de  Santo  Domin- 
ntos  de  Palma,  el  panorama  de  la  isla 
a  de  la  Cartuja  de  Valldemosa,  han  te- 
leí  que  más  se  adelantó  á  su  época  en 
ón  moral  y  en  importancia  literaria. 


\v 


Mas — sea  dicho  con  el  respet 
profesamos — sus  trabajos  fueroi 
su  triste  posición,  ni  el  estado  de 
natos ;  y  cosa  harto  asombrosa  eí 
tad  y  con  solo  aquel  gran  discerr 
tan  excelentes  como  duraderos,  < 
sistemas  más  adelantados. 

Los  anticuarios  del  país  no  hs 
la  senda  ya  trazada  por  aquel  es< 
sin  andarla  toda,  sin  la  imaginaci< 
la  abundancia  y  firmeza  de  los  co 
nombre  esclarecido :  más  que  á  la 
mental  y  artística,  han  dedicado  5 
binaciones  histórico-locales ;  y  c< 
suena  en  medio  de  las  olas  del 
producciones  no  han  llegado  al  o 
recieron  de  la  publicidad  é  imp< 
apreciables  y  conocidas  (a). 

Bien  podemos,  pues,  afirmar  < 
literario  es  Mallorca  un  reino  ocu 
españoles ;  y  que,  si  buenos  inger 
concienzuda  particularización  de  s 


(a)  Dameto  en  el  primer  tercio  del  sigl 
Alemany  á  la  entrada  del  xviii,  dieron  co 
Horca,  más  defectuosa  en  el  criterio  que  er 
gran  parte,  que  dejó  Binimelis  acumulad 
dedicaron  luego  el  erudito  D.  Ventura  Sen 
dignísimo  apologista  de  Lull;  mientras  qu 
nos  p.  Cayetano  de  Mallorca  y  P.  Luís  de 
rrassa,  y  otros  en  época  posterior,  compila! 
en  este  siglo  el  que  se  ha  resignado  á  dejai 
gran  provecho,  y  ojalá  hubiese  tardado 
del  P.  Villanueva  d  la  iglesia  de  Mallorcay 
caciones.  Entre  las  innumerables  de  Bover 
servicio.  En  clase  de  apuntes  manuscritos 
délo  los  del  paborde  Jaume. 

(i)    Aludimos  particularmente  á  los  \6\ 


VtU 


í  N  T  R  a  D  U   e  o  I   ó  M-í 


lia  isla  un  tratado  completo,  que  en  las  i 
pierte  amor  á  sus  glorias  pasadas  y  vener 
tos  y  preciosidades  presentes. 

Tal  vez  no  son  tantas  las  fábricas  que' 
pueda  parangonarse  con  las  demás  provine 
posición  de  las  mismas  es  tal,  tan  pintaras 
ellas  no  abundan,  que  compensan  amplían 
llezas  naturales.  ¿Cómo  no  admirar  aquella  i 
cuyo  seno  adormida  Palma  levanta  a)  cielo  s 
dral  y  su  lonja,  ó  se  mira  en  el  espejo  de  las 
la  vecina  cumbre  vela  el  antiguo  Bellver,  % 
muros?  Valldemosa  asoma  entre  riscos,  belfa; 
con  la  sencillez  de  sus  habitantes;  y  en  med/ 
salvaje  y  retirado  destácase  la  Cartuja,  hoy  de 
ciosa.  Andraig,  Bañalbufar,  toda  aque/Za  cosíb 
das  pintorescas,  y  torres  ó  atalayas  en  las  R¡tui 
rrámase  por  las  laderas  de  una  colina  y  por  el  f< 
á  la  sombra  de  escarpada  eminencia,  y  al  son  fn 
corrientes  que  bullen  bajando  entre  las  hojas;  a 
tafias  Sóller  cubre  el  llano  con  la  innumerabilidat 
jos,  que  embalsaman  el  aire;  y  en  Arta  ía  natural 
á  los  ojos  del  viajero  un  espectáculo,  que  la  hace 
do  los  monumentos,  y  cuya  impresión  le  acompaña 
desde  el  alcázar  del  buque  dice  adiós  á  ía  isla  que 
dose  en  una  línea  inmensa  y  azulada. 

Sobre  aquellas  fábricas,  sobre  estos  sitios  pintón 
las  sombras  de  lo  pasado,  y  la  tradición  que  anima  1 
solitarios  puebla  también  los  rotos  castillos.  Aliíelct 


literario  La  Palma{a),  D.  José  María  Quat^f^do,  D.  ToiD4f  A^uíb  v  D 
Montía,  que  en  aquella  produccLÓn  hickron  mtjtstra  de  tx^tJ 
punto  á  literatura  y  íilüSofia,  de  cxquisiirjf;  conoí:imit.':3roSí:u /^ft^ 
tria,  y  de  buen  gusto  y  acit-rto  en  el  modoctt  iralarla. 


f«)     Duró  su  publícadÓD  dcAde  pj-incipio*  de  Octubre  úet^^o  bsij  f^^  de  Abril  á 


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1  N  T  R  o  D 


demás  provincias  des- 
eración  á  sus  monumen- 

je  adornan  su  suelo  que 
'incias  españolas;  masía 
)rescos  los  sitios  donde 
Uamente  su  falta  las  be- 
ella  espléndida  bahía,  en 
;ielo  sus  torres,  su  cate- 
de  las  aguas,  mientras  en 
Iver,   ceñido  de  espesos 
;,  bella  con  su  aspereza  y 
-n  medio  de  aquel  lugar 
.,  hoy  despoblada  y  silen- 
ella  costa  ostenta  ensena- 
1  las  alturas;  Deyádespa- 

y  por  el  fondo  de  un  valle, 
y  al  son  fresquísimo  de  las 
is  hojas ;  cercada  de  mon- 
amerabilidad  de  sus  naran- 
tá  la  naturaleza  despliega 

que  le  hace  echar  en  olvi- 
íi  le  acompaña  aun  cuando 
;  á  la  isla,  que  va  hundien- 
tes sitios  pintorescos  vuelan 
:ión  que  anima  los  peñascos 
astilles.  Allí  el  celta  sencillo 


o,  D.  Tomás  Aguiló  y  D.  Antonio  de 
uestra  de  excelentes  principios  en 
nocimientos  en  la  historia  de  su  pa- 

iratarla. 


y  desnudo  amontonó  sus  túmu 
plantó  sus  águilas;  el  árabe  vi 
llamó  á  sus  pueblos;  las  hazañas 
llenan  todas  las  comarcas;  y  tód 
fortalezas,  que  un  tiempo  resona 
en  que  una  era  la  sangre  de  v 
grito  de  la  sublevación  y  d¡sensi< 
gracia  al  esplendor  de  Mallorca. 
Constantes,  pues,  en  nuestro 
lazaremos  la  historia  con  la  de 
monumentos;  mas  perdónesenos  i 
creemos  no  fuera  inoportuno,  ani 
de  los  recuerdos  y  bellezas  de  la 
más  antiguas,  y  presentar  reunid 
chos  anteriores  á  su  restauración 
mente  encontrarían  buen  lugar  e 
turales.  Además,  la  osada  exped 
neses  al  mando  de  D.  Jaime  y  la 
para  mentadas  como  incidentes; 
parte  de  las  páginas  y  las  más 
Horca,  bien  les  corresponde  ocup 
carse  sobre  el  suelo  en  que  el  m 
tecimientos  son  los  que  valen  im 
nos  que  principiemos  por  hacer 
despierte  en  el  lector  deseos  de 
cione.  Sabidos  son  los  altos  he 
dominadores  del  orbe;  y  hoy  el 
tos  de  su  tránsito  sobre  la  tierra 
lo  que  leyó  en  la  historia.  La  de 
armonía  de  los  romanceros  pe 
ancho  Danubio  y  del  Támesis  n< 
entusiasmo ;  y  los  hijos  del  norte 
sadora,  atraviesan  la  Europa  pai 
tusiasmo  al  pie  de  las  mezquita 


¡40  hasta  fin  de  Abril  del  »iguiente  año. 


VI  INTRODUCCIÓN 


anteriores;  su  nobleza,  no  retirada  todavía  al  fondo  de  sus  pa- 
lacios, amaba  los  juegos  del  palenque  y  la  bizarría  en  las  galas; 
y  comerciantes  y  marinos  de  naciones  diferentes  llenaban  sus 
plazas  y  sus  lonjas. 

Si  así  desconocida  entonces  en  su  valor  político — valor  que 
los  grandes  descubrimientos  en  el  Océano  y  las  circunstancias  y^\ 

de  los  tiempos  le  fueron  quitando  después, — eslo  poco  menos 
ahora  en  su  importancia  artística  y  literaria,  ya  que  ni  nuestros 
artistas  ni  nuestros  literatos  han  extendido  sus  peregrinaciones 
más  allá  de  las  orillas  del  Mediterráneo.  Un  solo  español,  desde 
el  claustro  silencioso  ó  desde  el  sombrío  castillo  donde  le  arrin- 
conó la  envidia  cortesana,  alzó  el  primero  una  punta  del  velo 
que  cubría  los  monumentos  de  la  isla.  Hombre  educado  en  el 
rigor.de  la  escuela  antigua,  no  vaciló  en  evocar  las  sombras  gra- 
ciosas y  esbeltas  de  la  Edad-media ;  y  dotado  de  un  gusto  ex- 
quisito y  de  saber  profundo  en  las  Bellas  Artes,  tan  seguros  y 
sólidos  pasos  dio  por  aquel  nuevo  sendero,  que  si  alguno  osó 
recorrerlo  después,  anduvo  sobre  sus  antiguas  huellas.  Habla- 
mos de  Jovellanos — uno  de  los  no  menos  aventajados  restaura- 
dores del  buen  gusto  en  España,  y  otra  de  las  vivas  lumbreras, 
que  ya  en  el  reinado  de  Carlos  III  nos  mostraron  el  camino  de 
un  verdadero  progreso  intelectual,  que  ni  remotamente  fuimos 
siguiendo  después,  hasta  estos  últimos  tiempos.  Su  aplicación  y 
constancia  suavizaron  su  cautiverio,  y  preguntaron  á  los  archivos 
de  la  isla  los  nombres  de  los  autores  de  sus  monumentos ;  y  su 
imaginación  poética  y  halagüeña  pobló  de  visiones  airosas  y  dul- 
ces por  añejas  los  aposentos  de  su  cárcel,  al  paso  que  su  sano 
juicio  hizo  objeto  de  estudio  á  lo  que  sólo  debía  serlo  de  horror 
y  melancolía  {a). 


{a)  La  Catedral,  la  Lonja,  el  castillo  de  Bellver,  los  conventos  de  Santo  Domin- 
go y  San  Francisco,  los  principales  monumentos  de  Palma,  el  panorama  de  la  isla 
observada  desde  el  citado  castillo,  la  historia  de  la  Cartuja  de  Valldemosa,  han  te- 
nido la  insigne  honra  de  ocupar  la  pluma  del  que  más  se  adelantó  á  su  época  en 
intuición  artística,  no  menos  que  en  elevación  moral  y  en  importancia  literaria. 


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isla  un  tratado  '^or-^^'^l^'^J^  ,,neración  á  susmou.men- 
.rte  amor  á  sus  glonas  pasadas  y 

s  y  preciosidades  P^^^^";"""  ,.    •  „  q^e  adornan  su  suelo  que 
'Z  vez  no  so.  -ntas  ^as  üb  -^^^^^^  ^^^^,^,,,.,  . 

,eda  parangonarse  con  las  demás  p  ^^^^^  ^^^  ^^^  ,  de 
osición  de  las  mismas  es  ^-^''^"/J^  Uamente  su  falta  las  be- 
Uas  no  abundan.  ^"-•>-P;^;:/,"Lla  espléndida  bahía,  en 
lezas  naturales.  ¿Cómo  no  ^^^^'f''^^^^^^  ^,  torres,  su  cate- 
Z  --  ^'^""^■''^  ''.'"'  le  peto  de  las  aguas, mientras  en 
Z  y  su  lonia.  6  se  --;-  ^fj^^^^^^  ce.ido  de  espesos 
I,  vecina  cumbre  vela  el  ^"^'g"  ^^11^  ,on  su  aspereza  y 

tarcsf  Valldemosa  ^^^^^Z  T^  -^^  ^^  ^^"^^  T 
con  la  sencillez  de  sus  ^^^^^^"^" '  ^^  V.oy  despoblada  y  sden- 
salvaie  y  retirado  destácase  la  Cartuja       y         ^^^^^^^  ^^^^^^^. 

Andraie.  Bafialbufar,  toda  aquel  a  co 
cíosa.  Andraig,  atalayas  en  las  alturas,  w  j 

das  pintoresca»,  y  torre,  ó  at^ay  ^^  ^^  ^_^___,^  ^^  ^„     ,  e 

rr  Jas=  por  las  laderas  d=  una J       y  P        j^^„,,i„„  délas 
1 ,.  sombra  de  "»'?"";",  ','',i  Hojas-,  cercada  de  mon- 
corrientes  que  bullen  ^^3^"^°  t' „„„„erabiUdad  de  sus  na«o^  . 
tanas  Sóller  cubre  el  llano  ■=<="  '^  '"        ,^  „„„ale«  despbega 

„,,  due  en^balsaman  el  »-■  V    ^^  ,e  hace  echar  en  olv.- 

i  los  ojos  del  viajero  -J  "*^,¿1  acon,pa.a  aun  c^do 

do  los  monumentos  y  '"V'  '"?  ^i^,  4  la  ¡sla,  que  va  hundrén- 

desde  el  a,ci.ar  de  buqu^^-;,^^t 

_^^-— ^  '     Airiiíló  V  O.  Amonio  de 

p„„.o  4  «i.r.W".  r  "'°'.™'  „  „  d  modo  d=  ir...r>.. 


» 


i 


g^nadtnos,  y  seguir  en  todas  %xk%  fases  el  idealismo  dtj 
pueblo  á  la  par  de  su  engrandecimiento  y  pujanza.  En 
partes  la  historia  ha  dado  un  nuevo  valor  al  monumenti 
ha  animado  las  comarcas  y  ñjado  tas  miradas  del  viajero 
llanuras,  donde  algijn  día  corrió  sangre  humana  por  la  1 
ó  por  la  servidumbre,  por  el  interés  común  ó  por  la  ambi 
uno  solo. 

Abramos,  pues,  los  anales  ntallorquines,  y  apunta) 
épocas  que  más  descuellen,  ensayemos  una  relación  de 
notablCí  así  en  fábricas  como  en  bellezas  naturales,  c 
Mallorca.  Esta  empresa  acometemos,  si  con  buena  volunl 
la  desconfianza  que  deben  de  inspirarnos  los  recursos  | 
la  dificultad  del  asunto,  en  que  así  hay  que  huir  de  exí 
alabanza  como  de  crítica  desordenada,  ya  que  á  vuelt:j 
perfección  va  en  él  la  medianía,  y  sobre  todo  el  habew 
más  de  sus  partes  tratadas  por  el  gran  Jovellanos,  ^n^v 
con  maestría,  interés  y  conciencia,  ^ 

Nuestra  manera  de  ver  en  arte,   bien   consi^ 
el    tomo    de   Cataluña  :    antes   que    la    eje^jj>/^ 
la  poesía  y  la  filosofía ;  consultamos  las  épod^.  ^^'dij 
nada  calificamos  de  insignificante,  aunque    ^      V  k  ¿j 
sea,  si  lleva  consigo  algo  que  caracterice  \ik      ^^^  la^ 
ú  ofrezca  interés  para  el  estudio  de  traj^^      ^^  de]  ^^. 
de  estas  consideraciones,  admiramos  la  \   .    ^^  ^^t^\\ 
en  este  particular  tal  vez  sólo  con  cietV        ^^  de  1^^ 
mos  exclusivistas.  Amamos  el  bizan^^        ^^''eros  m 
za,  en  sus  triples  arcos  cilindricos,  ^     ,  '  ^  ^l  ^r^v4^  ^ 


res  ó  cuadrados  machones  y  capital 
encontrar  su  elegancia;  el  gótico  ^3  .  "^^^'''cJioso  "^"^ 
si  así  puede  decirse,  y  para  nosotfo  ^^J^^o  ¿^  '  P^'^í 
filosófico,  bello,  y  sobre  todo  ^I  ,^  ^'  ""^^espir-  '^^^^'^^ 
respeto  y  atención  ni  al  plater-»^     ^  *^'"'stiann  '^'^"'^''Pr 


M 


•cado 


y  no 


ble  greco  romano,  aunque  ^n  ,^  "'^ado  y  "^  «( 

nificación  aplicado  á  los  uj         ^«tro  ^^       ^  '•'enüdo,  ^. 


--C-> 


y  fijado  ,„:*;:',~™f 

nr^r^'x  ^*  Viajero  en  as 

reí  interés  común  ó  por  la  ambición  de 

ometemos,s.  con  buena  voluntad,  con 

qué  a?;r"  '"  '^^"'-^  P-P-. 

^so^enada   ya  que  é  vueltas  de  la 

'«n/a   y  sobre  todo  el  haber  sido  las 
por  e,  g,.„ Rellanos,  que  esdec.V, 

^  en  arte,  bien  consignada  está  en 
an  es  que  la  ejecuctón  busca„,os 
.ultamoslasépocasyía  historia,  y 
Meante,  aunque  según  las  regJas  lo 

■eca«cteríce  una  faz  del  arte„,/s„,o, 
udio  de  trajes  ó  de  detalles.  Fuera 
■niramos  la  belleza  de  Jas  formas,  y 
o  con  ciertos  géneros  modernos  so- 
'l  bizantino,  y  al  través  de  su  rude- 

ncos.  anchos  dinteles,  gruesos  pi/a- 
capiteles  caprichosos,  procuramos 
tico  es  el  objeto  de  nuestro  culto, 
osotros  el  más  espiritual,  profundo, 
el  más  cristiano;  y  no  negamos 

•esco  delicado  y  menudo,  nial  no- 
"uestro  sentir  carezca  éste  de  sig- 
•eí'giosos,  y  sea  como  quien  á  los 


¡  N  T  RO  DU 


dos  mil  años  de  sepultado  resucita 
con  el  mismo  traje,  habla,  pensar 
que  vivía. 

Amantes  de  lo  que  es  antiguo 
mos  en  lo  posible  la  memoria  de 
cuales  debe  España  sus  mejores  e 
vos  no  nos  arredra;  y  cuando  con; 
bre  ilustre  al  diente  roedor  del  tíei 
tramos  viva  satisfacción  y  la  mái 
persuasión  de  que,  si  nuestros  ti 
aquel  nombre  se  pronunciará  al  ha 
mayor  gloria  de  la  España  habrá  i 
man  sus  copiosos  anales  artisticoSj 

La  palabra  destructora  de  los 
revolución  han  pasado  como  un  so 
monumentos,  y  numerosas  ruinas 
á  lo  que  fué,  mengua  cada  día ;  y 
lumbres  y  las  tradiciones — rica  y. 
nidad, — van  desapareciendo  hoja 
las  reemplacen  y  embalsamen  la  v 
zada,  nosotros  abogamos  por  las  ( 
ñas  costumbres,  y  pedimos  á  las  ti 
no  hacemos  más  que  lo  que  nos  t 
mas,  y  nuestra  convicción  de  que, 
los  sentimientos,  particularmente  < 
de  los  individuos  las  ideas  que  hai 
tituciones  y  de  vínculos  á  la  sociec 
á  los  hombres  en  máquinas  polític 
de  la  máquina,  sin  que  para  pon 
cuenta  otra  cosa  que  los  abstracta 
imperfectas  son  las  sociedades,  y 
raderas. 


-> 


Mar^ode  1842, 


J-^. 


-r<  \' .-»  -M; 


-^•V 


h.-^    ' 


■  -¡^.í^ 


•  .       >    ^     »,     , 


^*:^-^ 


I 


^ 


INTRODUCCI  XIII 


los  que  alcanzaron  á  conocerle.  ¡Es  tan  rápida  la  corriente  del 
tiempo  y  tan  corrosiva  su  acción! 

« La  índole  de  las  tareas  y  el  carácter  de  Piferrer,  impidie- 
ron á  su  celebridad  tomar  el  rápido  y  dilatado  vuelo  que  logró 
la  de  su  compatricio.  Cuando  la  juventud  literaria  evaporaba  su 
numen  en  folletines,  revistas  y  semanarios,  á  cual  más  efímeros 
y  pasajeros,  cuando  enmudecían  nuestras  academia3  y  corpora- 
ciones sabias,  un  joven  apenas  de  veinte  años,  sólo  conocido  en 
Barcelona  por  algunas  páginas,  menos  faltas  de  genio  que  de 
corrección,  se  asocia  con  un  hombre  emprendedor  (Parcerisa), 
que  aprende  la  litografía  sólo  para  perpetuar  en  láminas  los 
amenazados  monumentos  de  su  patria  y  consagra  á  la  realiza- 
ción de  este  osado  pensamiento  todo  su  tiempo  y  su  escasa  for- 
tuna. De  esta  asociación  nacieron  en  1839  los  Recuerdos  y  Be- 
llezas DE  España:  ensanchóse  el  plan  en  la  ardiente  cabeza 
del  joven  escritor;  los  monumentos  le  condujeron  á  la  historia, 
la  historia  le  despertó  la  ambición  de  esclarecerla  con  no  cono- 
cidos datos  y  documentos.  Viajaron  por  el  Principado,  que  ar- 
día entonces  en  guerra  civil,  los  dos  intrépidos  artistas,  uno  con 
el  lápiz,  otro  con  la  pluma  en  la  mano;  arrancan  su  secreto  á 
los  archivos,  su  explicación  á  las  ruinas,  y  ricos  con  su  botín 
dan  á  luz  el  primer  tomo  de  Cataluña  con  un  lujo  y  esplendi- 
dez nada  común  entonces,  y  con  una  copia  de  investigaciones  y 
un  calor  y  belleza  de  estilo  menos  común  todavía.  Terminado 
su  primer  ensayo,  con  el  cual  se  mostraba  aflos  después  harto 
,  riguroso  y  descontentadizo,  emprendió  Piferrer  á  los  dos  años 
el  tomo  de  Mallorca,  desarrollándose  y  mejorando  sus  facul- 
tades con  tal  rapidez,  que  asombró  á  los  mismos  que  en  él  cifra- 
ban las  más  lisonjeras  esperanzas.  En  1844  emprendió  el  se- 
gundo tomo  de  Cataluña  para  llenar  los  huecos  del  primero; 
pero  la  extensión  colosal  dada  á  su  idea,  y  otros  obstáculos  per- 

cnnalpQ  nsirsilizamn  tantn  rii  onhlicadAn.   nii#*  la  muerte  le  en- 


vellanos,  en  que  se  admiten  ya  con  sobriedad  algunos  s€\ 
adornos,  es  lo  único  que  teníamos  en  este  género*  La  obn 
Piferrer  es  un  poema,  es  un  Child  Harold  artístico;  y  si  de ; 
puede  tildársele^  es  de  cierta  exuberancia  de  imaginación  \ 
sentimiento.  ¿En  qué  página  no  se  ven  brillar  pensamie 
grandes,  enérgicos,  delicados?  ¿Con  qué  maestría  no  pas¡ 
las  regiones  del  idealismo  á  las  de  la  historia,  y  de  la  men 
ca  del  arte  al  examen  de  una  institución  social  ó  á  la  aclara 
de  un  punto  controvertido?  El  monumento  se  anima  baje 
plumap  lo  acaricia,  lo  pone  en  movimiento;  desentierra  de 
vido  el  nombre  de  sus  artífices,  modestos  como  él  é  ignora 
Una  arquitectura^  apenas  conocida  á  la  sazón,  la  bizantina 
debe,  merced  á  largas  observaciones,  el  descubrimiento  de 
reglas,  de  su  tecnología,  de  su  distribución  y  místico  se^^ 
Sí,  las  artes  deben  mucho  á  Piferrer,  no  temo  decirlo 
continuador  de  su  obra:  cuanto  doy  á  su  parte  inventivv 
tanto  quito  de  la  mía,  y  en  este  justo  cuanto  dulce  V  ^ 
experimento  una  complacencia  superior  cien  veces  áV^  ^^ 
propio,  ^^1 

i«En  1844,  ni  sus  achaques  ni  sus  ocupaciones 
ya  dar  cima  por  sí  solo  á  su  grandiosa  empres^     ^^  p^ff^ 
diente  y  sensible,  aunque  encerrada  en  robu^k     '  ^^  a/fj| 
por  fin  á  minarlo  y  á  gastarlo  con  sus  arrai\^^       ^^^po 
con  el  incesante  estudio.  Su  actividad  redaVí  .      ^^^U^U, 
partía  sus  horas  entre  la  biblioteca  y  la  (s¿.  s/fj  ^    . 

en  1846  produjo  á  la  vez  su  metódica  Cíí\^    .    '"^  de  (j*^ 
pañoles  acompañada  de  biografías ^  y  si^  j.         ^  ^^  c)á  *  ' 
cusían^  basada  sobre  ideas  altamente  ^t-^        ^  ^'^^ladíi    r 


^Of^ 


e^ 


y  í^/i 


ada^ 


cusion^  basada  sobre  ideas  altamente  c^^, 
de  la  cual  no  aparecieron  sino  muy  poea  -^    1  cí    * 

tenía  un  lugar  entre   nuestros  poetas  A      ^^^^2^$  Py    ^^^ 
lira  alternaban  los  sonidos  más  duU«_^        P^irner  n»*j     '^''c 


Os 


^á% 


enén 


■gjcos. 


Jig^nííico  poema;  éste  era  el  objeto  ideal,  el  amor  constante  de 
i  fantasía;  entreveíalo  en  el  porvenir  como  un  monumento  de 
ioria,  aplazábalo  para  una  época  de  completa  salud  é  indepen- 
dencia, y  sin  duda  allá  en  sus  últimos  instantes  le  habrá  dado 
in  adiós  tristísimo  como  á  visión  querida  que  se  desvanece. 

»Lra  imaginación  de  Piferrer  tenía  el  carácter  grave  y  me- 
lancólico de  las  del  norte;  pero  la  fe  con  su  antorcha  disipaba 
los  nebulosos  vapores  que  pudieran  ofuscarla.  Era  su  alma  emi- 
nentemente cristiana,  y  no  podía  rendir  culto  á  lo  bello,  á  lo 
grande,  sin  remontarse  luego  hasta  Dios.  Su  mirada  apacible, 
su  frente  despejada,  su  rostro  pálido  é  interesante :  en  su  vida 
interior  enérgico  y  firme,  en  el  trato  social  harto  tímido  y  mo- 
desto, prenda  que  le  ganó  el  aprecio  de  cuantos  le  trataron  en 
su  único  viaje  á  Madrid  en  el  postrer  otoño  de  su  vida,  descu- 
briendo en  él  un  tipo  casi  inverosímil  del  hombre  literato.  Ins- 
piraba y  sentía  afectos  vivos  y  constantes,  y  aunque  se  quejaba 
de  desengaños  y  sequedad  de  corazón,  revelábase  éste  natural- 
mente afectuoso :  amante  noblemente  de  la  gloria,  lo  era  toda- 
vía más  de  la  de  sus  amigos,  y  no  perdía  ocasión  de  sobrepo- 
nerla á  la  suya.  Consagrado  desde  su  edad  primera  al  sostén 
de  una  anciana  madre  y  de  unos  hermanos,  de  cuya  Emilia  era 
único  apoyo,  y  aguerrido  en  las  tristes  realidades  de  la  vida, 
eximióse  de  los  locos  devaneos  y  de  los  dolores  ficticios  que 
agitan  á  tantas  existencias  juveniles,  y  conservaba  un  no  sé  qué 
de  candoroso.  Aunque  retraído  de  la  sociedad,  su  nombre  era 
popular  y  querido  en  Barcelona,  especialmente  entre  la  juven- 
tud que  le  reconocía  como  á  su  jefe  de  escuela.  Su  entierro  fué 
una  ovación ;  las  autoridades  y  corporaciones  principales,  la  flor 
de  sus  compatricios  acompañaron  su  féretro,  y  eso  que  no  en- 

*^— u*  1-.- ^^.     j.    _? ^j.i_!i!j-j 1/^: j»^     ^z '.^ 


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Con 


'^"'■'•íe  de  / 


•"ap/tü/, 


primer  golpe  de  vista  resalte  la  bella  obra  primitiva  desli[|« 
de  sus  forzosas  añadiduras. 

José  María  Qüadrado 


w 


•ITULO  I 


A  antigua  de  Mallorca. — Árabes, 
rovenzales  é  italianos.— Último  período  de  la 
ilnación  sarracena 


todos  los  pueblos  abundan  de  historias 

de  su  origen  y  población  primera  ;*  y  á 

di  excitado  la  severidad  de  la  crítica,  tal 

sele  explicación  volviendo  los  ojos  á  nues- 

la  en  el  hombre  un  afán  de  abarcar  lo  más 


,«-^ ^  1. 


.-.: J«  1-^^ 


^«^•w«  w\r^c 


As». 


^^ 


**^* 


los  siglos,  en  reparar,  cuando  no  en  forjar  los  anillos  rot 

señalar  á  aquella  el  pilar  de  donde  parte.   Sentimiento 

que  revela  su  destino  perecedero,  y  cuadra  perfectainen 

su  condición.  Aquella  noche  espantosa  y  profunda,  que  er 

los  principios  de  los  siglos  y  de  las  civilizaciones,  respira 

inmensidad,  y  tan  lejanos  y  confusos  hace  que  aparezcan 

otras  en  su  vislumbre,  que  achica  y  como  anonada  nuesti 

y  si  nos  atrevemos  á  formar  de  él  una  idea,  á  volver  1< 

hacia  nosotros  mismos,  sí  así  puede  decirse,  nos  encon 

con  estremecimiento  y  dolor  perdidos  en  el  mar  in  fin  ice 

humanidad,  como  imperceptibles  fracciones  de  un  todoini 

rabie  y  continuo,  destinados»  como  las  generaciones  que  I 

á  parecer,  pasar  y  desaparecer.   Así  se  place  el  hombre  ( 

n¡r,  bajo  una  ojeada  fácil,  los  elementos  históricos  de  sus 

pasados,    quitando  en  lo  posible  lugar  á  la  íncertiduir 

asiéndose  á  las  tradiciones  más  oscuras,  si  ellas  resuel 

puntos  dudosos:  forma,  digámoslo  así,  una  historia  de  fa 

con  aquella  reunión  ficticia  de  todos  sus  miembros  se  en 

sí  propio,  y  se  consuela  de  su  mortalidad. 

Mas,  aquellas  tinieblas  que  se  ciernen  sobre  el  hc\^ 

los  tiempos  primitivos,  y  por  las  cuales  cruzan,  ser^    ^ 

veces,  ráfagas  ardientes  que  dejan  entrever  los  conV  ^| 

objetos;  aquellas  tinieblas  subliman  el  alma  á  n^'K    xon 

funda,  le  abren  las  puertas  de  los  espacios,  y  la      ^d/tai 

tor  de  todo  principio.  En  alas  de  la  ciencia  y  A|^  ^^^íJdur 

vase  ella  adonde  la  lobreguez  no  alcanza,  y  d       ^^tu^;. 

espléndida  su  mirada  ve  lo  que  no  antes:  el       ^^ioi,  i 

rrámase  á  una  y  otra  parte;  las  razas  se  t^    ?^^ro  k 

se  chocan;  las  civilizaciones  se  suceden.  %       '^caíj 

*a'c  ^  **^ 

pujan ,  los  territorios  se  pueblan ,  y  aqn_t.       P°bíaci 

en  las  fuentes  de  una  misma  cumbre,  tj_-     ^  '"'Os,  „  ^ 

ro,  cada  vez  más  crecidos,  desbordan  ai  r  ^  ^*  e?  ' 

olvidados  de  su  común  origen,  se  disn          S&r  á  ^  ^^ 

límites.                                               ^^*^«  Con  f..^  ^^^n 


""^^  fiír, 


or 


SUs 


Jj] 


ISLAS       BALEARES 


timimo  es  este 
ictmente  m 
f  que  ^nvuévt 
f€$p¡n  fa/ita 
^e^canufjosy 
nuestro  ser; 
^er  ¡os  ojos 
¡contr^mos 
nito  de  k 
¡nmeasü' 
€  fueron, 
en  reu- 

bfc,  y 
en  los 
¡lk,y 
ñi  i 


de 

}S 


I 


Así  se  pierden,  en  la  noche  de  los  tiempos, 
la  historia  mallorquína,  y  así  quizás  debió  la  ísl 
vaivén  é  invasiones  sucesivas  de  las  razas  céltí* 
los  vecinos  países  litorales  del  continente.  Las  ; 
nos  y  pelasgos  percíbense  confusamente  al  foncil 
dones  {a) ;  y  Hércules,  el  tipo  de  los  esfuerzos 
ros  en  la  carrera  de  la  civilización,  también  ap 
entonces,  si  graves  autores  no  mienten,  escuchs 
y  memorias  antiguas  de  los  isleños,  en  que  esta.1 
historia  de  su  origen.   Dando  á  semejantes  noticz: 
ya  el  lector  juzgará  debérseles,  ello  es  que  exist: 
monumentos,  que  en  sí  llevan  el  sello  de  una  ne- 
tísima. Masas  enormes,  toscamente  labradas,  so 
á  otras,  ya  en  forma  circular,  ya  en  triángulo,  lia 
en  varios  puntos  de  la  isla:  ora  se  alzan  en  pira 
numerosas  del  distrito  de  Campos;  ora  algún; 
agrupan  misteriosamente  al  rededor  de  otra  mayí 
en  Arta;  ó  bien  blanquean  en  la  punta  de  una  le 
cerca  de  Manacor.  Aunque  desmoronadas  hoy  ^ 
tienen  su  puerta,  formada  de  dos  grandes  pedru 
veces  de  jambas,  y  de  otro  que,  á  manera  de  di 
se  apoya.   ¿Fueron  sepulcros  de  los  primeros  p^z^ 
tactones  suyas,  ó  sagrada  mansión  de  sussacerd^z 
rar  esta  cuestión,  preciso  sería  saber  qué  relig- J 
Nada  confirma  que  fuese  la  suya  la  delosdrúid^^^ 
ha  pretendido;  mas  la  historia  nos  dice  que  se  ^^ 


V 


(dt)    Abstúvo&e  cuerdamente  PSfcrrer  de  dar  por  averiguad  ^        ^ 
oiittvoB  pobladores  de  MaHorca,  ni  á  la  luz  de  las  fábulas,  eti  t-^^^    ^^    t^a^a  de  i 
cias  sacadaB  de  la  clásica  antigüedad  por  los  historiadores  de^  5^^^Sías  v 

de    las  modernas  investigaciones  etnográlícas,  cuyos  progre^         ""S^Io    xvr* 
Jas  cuales  habría  acertado  ú  discernir,  como  en  todo  lo  prehis  1;--^    ^  ^    <í  o  alca  '    ^ 
hay   de  ciencia  de  lo  mucho  que  hay  de  hipótesis  y  sistema.  F=»        *"*<^o      '-         ^ 


trij 


lo 


poce 


sumo  de  llenar  este  vacíOi  dado  que  lo  sea,  mientras  no  cmpr-«^      "     **^t   pa 

tu  dio  que  reclamt,  si  hade  formar  parte  de  un  trabajo  general      *^^a     ^.i   ^  ^  ^^ 

■='13  epoc 


ISLAS       W ALEARES 


trucciones  semejantes  donde  quiera  que  habitaron  pueblos  de 

r.  A  Af^  -sus  grandes  ramificaciones  ibera,  etrusca, 
raza  europea  o  ae  í»ua   ^ 

céltica  y  gala,  entre  cuyas  prácticas  supersticiosas  menciona  j 


veces  las  que  co 


nstitutan  lo  principal  del  druidismo.  Adema 


aquel  mismo 


arte  con  que  están  alineados  los  pedruscos  y  la 


grandes  dificultades  que  para  ello  hubo  que  vencer,  son  nolevr 
indicios  de  que  los  erigió  una  civilización  antiquísima;  y  si 
erto  que  el  tipo  etrusco  se  echa  de  ver  en  el  recinto  de  la  ' 
race  bárbara,  y  que  los  tirrenos  entablaron  relaciones  con 
habitantes  de  la  costa  oriental  de  España,  tal  vez  habría  I 
á  atribuir  á  esos  pueblos  el  origen  de  estas  obras.  Sea  - 
fuere    la  posteridad  las  ha  llamado  con  el  nombre  de  con 
clones  ciclópeas:  y  si  la  antigüedad  fingió  agigantada  es 
en  los  primitivos  pelasgos,  y  con  el  dictado  de  Titanes 
presentó  escalando  el  cielo  y  hacinando  montañas,  traslí 
se  en  imaginación  á  aquellos  tiempos  apartados,  calcula 
medios  de  que  podía  echar  mano  el  ingenio  del  hom" 
favor  del  incierto  crepúsculo  de  que  la  lejanía  y  la  dud 
deán,  no  es  difícil  ahondar  el  sentido  del  símbolo,  figí 
gantados  los  antiguos  habitadores  de  Mallorca ,  y  ^ 
fuerza  espantosa,  sin  ningún  auxilio  mecánico,  arran 
montes  aquellas  masas,  moverlas  con  fácil  mano, 
sobreponerlas  unas  á  otras  (a). 

Afortunadamente  el  orgullo  romano,  que  se  de 
tropear  su  lengua  sonora  con  los  nombres  de  los 
bares,  privando  de  este  modo  á  los  venideros  de  i 
to  exacto  de  las  costumbres,  leyes  y  situación  d 
apuntó  la  memoria  de  las  prendas  en  que  sobres 
res,  y  alguno  de  sos  usos  guerreros. 


•^y. 


(3)    Eo  el  cap.  IV  de  la  tercera  partt  3t  evt.rnH      i 
...es  u.  e....o  .an  profundo  .Z  e^^sr  ^r„?:;. 


ISLAS       BALEARES  23 

Desnudos  se  abalanzaban  al  enemigo,  bien  que  en  la  paz,  y 
mayormente  en  invierno,  se  cubrían  con  sisirnes  ó  pieles,  de  las 
cuales  se  despojaron  después,  cuando  los  fenicios  les  enseftaron 
á  vestir  túnicas  adornadas  con  anchas  guarniciones.  Aunque  ar- 
mados con  broquel  y  lanza  corta,  era  su  arma  peculiar  la  honda, 
en  cuyo  manejo  no  conocieron  rivales:  ceftíanse  tres  al  rededor 
de  la  cabeza,  ó  una  en  ésta  y  otra  en  la  cintura  á  manera  de 
faja;  hacíanlas  de  mdancrania^  esto  es,  de  crin  ó  de  intestinos; 
y  si  no  es  infundada  aquella  tradición  que  asegura  que  los  pa- 
dres negaban  á  los  hijos  el  alimento,  si  primero  no  lo  habían 
acertado  con  la  honda,  no  es  extrafto  que  sus  pedradas  fuesen 
tan  certeras  y  atravesasen  á  veces  las  mismas  armas  defensi- 
vas. 

Así  los  conocieron  los  foceos,  que  en  la  isla  se  avecindaron 
en  cinco  poblaciones,  á  cuyo  conjunto  llamaron  Pantaleu  {a)^ 
denominando  gimnesios  á  los  naturales  por  su  destreza  en  su 
arma  favorita ;  pero  ni  ellos  ni  los  fenicios,  que  acudieron  des- 
pués, se  aprovecharon  de  aquella  habilidad  guerrera.  Á  los  car- 
tagineses, que  por  los  aftos  de  550  hasta  480  antes  de  la  era 
cristiana  fueron  extendiendo  su  dominio  por  el  Mediterráneo, 
estaba  reservado  valerse  de  aquella  arma,  cuya  utilidad,  á  su 
llegada  á  Mallorca,  con  tanto  rigor  y  dafto  suyo  experimentaron. 
Aliados  entonces  con  el  imperio  cartaginés,  pasaron  los  baleares 
á  batallar  en  el  continente  español  y  en  Sicilia ;  y  cuando  el 
grande  Aníbal  realizó  su  gigantesca  marcha  á  Italia,  ellos  for- 
maron parte  de  la  vanguardia  española,  y  á  la  par  del  arrojo  de 
la  caballería  ibérica  y  de  la  firmeza  de  los  peones  celtíberos,  sus 
hondas  no  fueron  las  que  menos  contribuyeron  á  las  victorias 
del  Tesino,  Trebía,  Trasimeno  y  Canas. 

Ese  ardor  guerrero  no  se  entibió  en  los  mallorquines,  ni 
cuando  la  estrella  de  Cartago  empezó  á  palidecer:  aventuraron- 


^4 


ISLAS       BALEARES 


-*<;  _ 


'•  ;>  i- 


»*— 


,f:^ 


se  á  los  azares  del  mar,  y  de  acuerdo  con  Jos  isle 
diéronse  á  tan  rigurosa  piratería,  que  casi  arruinaroi 
los  establecimientos  romanos  en  la  cosu  espafiola  . 
Quinto  Cecilio  Mételo  recibió  el  mando  de  la  expec 
gada  de  sojuzgar  la  mayor  de  las  Gimnesias-  y  log, 
hubo,  trajo  á  ella  gran  número  de  ciudadanos  de 
españolas,  fundó  Palma  y  PoUensa,  y  engrandeció  c 
cones:  lo  cual  le  valió  en  Roma  los  honores  del  tri. 
nombre  de  Baleárico  (a).  Incorporada  de  entonces  á 
cas  del  mundo  romano,  y  formando  al  principio  par 
pana  ctenor  corno  la  suerte  de  aquel  grande  imp« 
bien  su  posicrón  en  n.ed.o  de  los  maresla  alejó  del 
de  los  sucesos,  que  acabaron  primero  con  1         * 
fueron  minando  el  trono  de  Inc  r¿         "  *  '"epúblic 

^  "'^  ^^sares,  no  la  libert 


{«}    De  Floro  y  de  Estrubún  proceden  1, 
oión  de  Mételo,  realizada,  según  com,-,„„"°''""  "«'<:'«»  accrcíi 
fué  el  6  j ,  de  la  tund.ci6„  de  "oma  y  ,"■"""*"•  *"  "^'  «"»  de  .u  e 

dad,  así  el  busto  de   mármol  ffi.*„„;  ^^^^®  cíe  Cristo    r». 

de  algúc  flamen,  como  la,  medall,  '  „  """"^  ^- «"^''''ventirri 
simple  reconocimiento  de  «ícrtn^         *  "nonedas  que  '>■  „    "'""  * 
ca  é  Cneo.  «^iio  dei  gra»  p;',^;  ^'J-^rega  vl"^^^^^^^ 
recuerdos  históricos  de  esta.  ■  i       ^  ^  ''"bo  de  cm..»  '"" 

tlgio,  del  eireoinmediato,  £"''''*'' '»<*ominS^^^^ 
locadas  en  nna  pnerla  de^M  Íe  r™'  "*=  ^l^nd  a  !/,  ""'""^y*  ' 

pasan  de  cuarenta  la,  scRund"      ^'  "«"wdas  v  \i^l  "'*°"«'«:ni<J 
Mallorca,  de  veinte  la¡  de  «     *  '"  '"  «"'yor  nJf'^"'**  °°  ''«HaJ 

lear:  Oppiííahabet  rt,,í„«  i,         ''í^'ente  frase  i.         ""'*'  P"bll 
«.Vi  (Otros  códiees  clZ^T'"'""^  ^«'l^X'» ''*'""- 

cia  ««cedería  los  limite,  í'''  ^''"'  «^^cutir  su"  ,  ^"'"""  ^'  nui 
únic.  de  la  isla  de  .„  C^-  ^-Oonj  y  «,„,;»;  ¡fo  de  ,os  d  J 
trar.a,  s.n  duda  Forinente»  1  '"''''''  '''"""m  en  ""  "^«"^í 
Cabrera,  y  enfrente  de  Uri.^  ^"^  "niUas  de  t.  "'*"'""  "n  ■ 
que  otro.  Icen  í^W,  d  a'S' ."'  "^"""^  1-.  ier*:"'  ''^'*-| 
'Í-)  Ha«a  fine,  del  ^llT  '""''»  '^'^^¡^niTT'^^ ''  '"- 
tjtu.r  prov.nc,a  aparte  ifX'  *""'*  P°r  ord  °     '"'""inableJ 


vasiones  de  aquellas  hordas  vandálicas  y  godas,  que  el  dedo  de 
Dios  lanzaba  sobre  el  gangrenado  cuerpo  romano,  á  la  par  como 
instrumentos  de  exterminio  y  de  purificación  regeneradora  {a). 

Pero  la  historia  de  aquellos  varios  dominadores,  bien  que 
interesante  al  literato  y  al  anticuario,  nada  dice  que  pueda  des- 
pertar nuestras  simpatías  y  atención,  al  paso  que  frecuentemente 
la  interrumpen  vacíos,  que  abren  la  puerta  á  toda  suposición  y 
á  la  incertidumbre.  Su  período  se  consumó  ya  sobre  la  tierra; 
y  el  nuestro  salido  ha  de  los  que  fenecieron  ayer,  y  con  ellos 
está  enlazado. 

La  verdadera  historia  de  Mallorca,  pues,  comienza  entonces 
cuando  los  muslimes,  dueños  ya  de  España  y  poderosos  por 
mar,  en  798  atacaron  y  saquearon  las  islas  (6).  Aterrados  con 


(a)  Los  vándalos  fueron,  y  no  los  godos,  los  que,  invadida  la  Bética,  se  apo- 
deraron de  estas  islas  hacia  el  año  426,  igualmente  que  de  las  de  Córcega  y  Cer- 
deña,  formando  de  todas  ellas  una  de  las  provincias  del  reino  que  en  África  fun- 
daron. De  esta  suerte  las  diócesis  de  Mallorca  y  Menorca  dependieron  en  adelante 
de  la  metropolitana  de  Cerdeña,  é  inútil  es  buscarlas  entre  las  de  España,  pues  la 
mención  que  de  aquellas  hace  la  supuesta  división  de  obispados  en  el  reinado  de 
Wamba,  bastaría  para  convencerla  de  apócrifa.  Víctor  Vítense  nos  ha  transmitido 
1©8  nombres  de  Elias,  Macario  y  Opilio,  obispos  de  Mallorca  el  uno,  de  Menorca  el 
otro  y  el  último  de  Ibiza,  llamados  con  sus  compañeros  para  dar  razón  de  su  fe 
ante  el  perseguidor  Hunnerico  en  el  año  484.  Dominaron  los  vándalos  en  las  Ba- 
leares, hasta  que  con  los  demás  estados  de  los  vencidos  las  sometió  Belisario 
en  «5^4  al  imperio  de  Oriente,  al  cual  permanecieron  incorporadas  hasta  la  en- 
trada del  siglo  VIH,  sin  haber  formado  parte  jamás  de  la  monarquía  goda. 

(b)  Que  no  fué  esta  la  vez  primera  que  la  ocuparon  los  sarracenos,  lo  demues- 
tra la  noticia  consignada  en  las  historias  arábigas  (Al-Makkarí,  Ibn-Kaldhun>  de 
haberlas  tomado  ya  Abdalla,  hijo  primogénito  de  Muza,  pocos  años  antes  de  la  in- 
vasión de  España  por  su  padre,  no  por  dependencia  que  tuvieran  del  reino  godo, 
sino  como  presa  tentadora  por  su  proximidad,  tanto  á  las  costas  de  África  como  á 
las  de  la  península.  Por  esta  razón  es  de  creer  que,  cimentado  una  vez  en  España- 
el  poder  musulmán,  se  extendiese  durante  el  siglo  VIH  á  las  Baleares,  aparte  de 
las  pasajeras  vicisitudes  que  en  su  destino  ejercieran  las  expediciones  cristianas, 
protegidas  por  Carlomagno.  La  expugnación  de  Mallorca  por  los  infieles  en  798, 
á  mi  juicio,  no  fué  sino  recobro,  al  cual  no  tardó  en  seguir  su  nueva  expulsión,  no 
por  parte  de  los  imperiales  griegos  más  débiles  de  cada  día,  sino  por  las  huestes 
francas,  que  guiaba  por  aquellos  años  á  la  reconquista  de  Cataluña  y  aun  á  la  de 
Barcelona  el  príncipe  Luís  el  piadoso.  En  el  siglo  ix  continuaron  las  alternativas: 
cupo  el  señorío  de  estas  islas  con  el  reino  de  Italia  á  Bernardo,  hijo  de  Pipino  y 
nieto  de  Carlomagno,  por  quien  acaso  las  tenía  el  conde  de  Ampurias  citado  en 
el  texto;  pero  desposeído  el  joven  r*;y  por  su  tío  Luís,  quedaron  probablemente 

4 


a6 


ISLAS       BALEARES 


tan  con  ti  naos  salteamientos,  acudieron  los  baleares  á  Cario- 
magno,  que  el  afto  siguiente  les  mandó  poderosos  auxilios:  mas 
no  pudieron  éstos  precaverles  de  caer  debajo  de  la  dominación 
sarracena^  y  á  poco  Armengol,  ó  Irmingario  según  el  latín  de  la 
baja  edadf  conde  de  Ampurias,  ya  derrotó  en  aquellas  aguas 
una  escuadra  que  regresaba  de  Córcega;  al  paso  que  en  838, 
cuando  Abd-el-Rahmán  II  ordenó  al  walí  de  Zaragoza  que,  con- 
gregando las  banderas  de  la  Espafta  Oriental,  entrase  por  tierra 
de  Afranc  (Cataluña  y  Francia),  las  naves  de  Yebisat  y  Mayo- 
ricas  (Ibiza  y  Mallorca)  reforzaron  la  armada  mora,  que  salió  de 
Tarragona  y  saqueó  las  costas  de  Provenza. 

Dependiente  del  Emirato  y  después  Califato  de  Córdoba,  y 
gobernada  por  un  walí  {a),  tomó  la  isla  parte  en  casi  todas  \^. 

As 


sia  defensa.  Eín8i5  las  asolaban  los  moros,  señal  de  que  eran  aún  ci>sv 
CQ  8  ^8  las  poseerían  otra  vez,  puesto  que  les  servían  de  punto  de  parti<^    V^.. 
Ttgirse  contra  Marsella.  Precisamente  habían  de  influir  en  la  pérdida  li^^u     ^^^'y 
trastornos  del  imperio  carlovingio  y  la  conquista  de  Sicilia  por  la^    \  ^j^"^^^  di- 
No  obstante,  de  un  texto  de  Aben-Adharí,  traducido  por  el  Sr.  Fern^^J^  ^^^^  ^^  hs 
aáltíi,  resultaría  que  de  los  años  848  á  50  los  isleños  habían  ^^"^^V^^ldez    ^^^^^• 
de  los  muslimes  daños  que  el  califa  cordobés  Abderramán  II  c^^\^Oá|     ^  ^^H* 
por  los  cuales  dieron  satisfacción  completa,  pidiendo  aceptacv^^X^  .      ^^^Uc^ 
novítcitin  de  pacto.  No  son  siquiera  de  mentar  las  patrañas  ¿l^v^íy/»*  ^^^^^é^^r  ,. 


mal  hora  acoi^^ídas  por  Mut  (lib.  XI,  cap.  1),  acerca  de  las  cscv\.   -, 
viadas  en  8i3  y  856  en  socorro  de  los  cristianos  mallorqu^     ^cfr^j  ^•""'^ 
siones  de  los  normandos,  de  que  habla  el  cronicón  de  Sck  ^^s,-  p        Pf^ 
Ordoño  I  (8  s 0-866):  Majoricam^  Fermentellam  et  Minoric^  ^^tiái^  en    f^ 


Majoricam^  Fermentellam  et  Minoric^'^^li^^ 
dio  uasí  depoftiiluverunt;  de  lo  cual,  sin  embargo,  no  se  <^\^^  '**su/ 
blaran  á  la  sazón,  pues  no  hacían  diferencia  en  sus  «»cv  ^"^ 


stptentrionalca  entre  los  sectarios  de  .Mahoma  y  l(\j.  ^'''agos  jn    v^'^es  yo„ 


-C7r 


que  muchos  de  ellos  ya  profesaban. 

(a)     Una  bula  del  papa  Romano,  citada  por  el  F\ 
al  obispo  de  Gerona  en  898  entre  otras  posesiov 
Minoric^^  da  qué  pensar  si  estarían  á  la  sazón  t^».   ^^ 
á  menos  que  digamos  que  en  ellas  toleraban  c^^    ' 
como  más  adelante,  en  el  siglo  xi,  según  ui^  ^     '^'^dad 
ditar  la  misma  idea,  de  que  hasta  la  entrada  cJei    -  ^o^ 

mente  en  las  Baleares  la  dominación  sarrace     ^^^^  ^  no 

Khaldun,  no  publicado  en  su  Historia  de  ¡q^  ^^'  ^n  fraJ" ''^^^^^tci^jr''^^  ^"^^i- 
Slanc,  y  del  cual  tomó  el  Sr.  Delgado  interés  ^'"*'^'^'^^,  ou^^^^^  intditr^^'^^c. 
amigo  Ü.  Alvaro  Campaner :  el  manuscrito  o    ^^^^S  Wic' "^  ^^^du  ^"  " 


J  c  ero  I  '^r  s.;.„  " 


»sc 


par, 


ect; 


aStrfi 


»as 


que 


del  Sr,  Gayanj^^os.  De  ellas  resulta  que  el  q      ^^  ^a  aj,^.  -   -  , 

ctón  á  Mallorca, y  el  que  la  dirigió  y  llevó  ¿^^  ^^«'rió  al^^'^!'^^  9íJ 
naturales^  tomándoles  una  tras  otra  8,,.,  r      ^^^0,  n^  o-    ^^''^^  *  ^ 


^ío  .'I  b 


Ibn 


«''min,..!^''"  "e 


"Omusu!'^^^'^n 


•  ^n  Pode 


P^ñolcí, 


ebajo  de\      "^s-was 
'S^arío  según  l/?'"'"'^'=^<>ft 

le  rrovenza. 

'espués  Califato  (/eCiír(/o6^ 

'a  isla  parte  en  casi  fí?í&í^  ^  v 
^  V 

^s- seña}  de  que  ersD  aún  ^ 

nqmti  de  Sicilia  por  I        ^^  Hu    T^' 
idacido  P^relSr.FeA^^Tj,^^^^^^^^^ 

^^  isleños  habían  cau^nández  y  oon- 
Aháemm  11  e  Aado  á  los  buques 
pidiendo  accpía(;\V\ió  á  castigar,  y 
rías  patrañas    ^n  de  tributo  y  re- 
crea de  las  e8(\^^l  P.  Barrenas,  en 
108  mallorqi\Y^uaclras  imperiales  en- 
nicón  de  S(^\^^^S;  pero  sí  las  inva- 
el  Minon^^^^^m  en  el  reinado  de 
',  no  se  w  ^w  í«su/as  adgressi,  gl^- 
\  sus  ^^^Prende  quiénes  las  po- 
a  y  lci^^'''3g08  los  feroces  piratas 
^  adeptos  de  la  verdadera  fe, 

^  *  ^líJanueva,  en  que  confirma 
rT-  '"'"'^^'  Majorica  sciUcet  el 
""^  'sJas  en  poder  de  cristianos, 
^'^ndad  y  clero  los  musulmanes, 
^^^íe  documento.  Y  parece  acre- 
'¿T'o  X  no  se  estableció  constante- 
'  "n  fragmento  inédito  de  Ibn- 
^'''i^s,  que  tradujo  el  barón  de 
s  noticias  que  suministró  á  mi 
^  asegurado  que  para  en  poder 
^"ó  al   califa  Abdalla  la  expedi- 
o  sin  obstinada  defensa  de  los 
'••é  un  muslime  español  depro- 


l  s  I.  A  s    Baleares 

expediciones,  y  se  constituyó  centro  del  coj 
que  los  mahometanos  trajeron  atemorízat 
También  se  hallaron  sus  naves  y  su  gente 
ción  de  Barcelona,  que  por  Julio  de  gSí 
Mahomed-ben-Abi'Ahmer  el  Mansur;  y  si 
crónicas  catalanas  refieren,  el  condado  bar 
moros  mallorquines  la  destrucción  de  algún 
ticularmente  de  San  Cucuíate  del  Valles^  Si 
dro  de  las  Fuellas,  cuya  abadesa  se  Uev 
Horca. 

Pero  el  astro  de  los  Omíades  iba  ya  d( 
zonte,  y  las  guerras  civiles  comenzaban  á  c 
de  los  Califas  cordobeses,  cuando  desgraci; 
los  mismos  soberanos  esparcieron  sin  sabe 
división  venidera.  Ya  el  famoso  batallador  I 
para  animar  á  los  cabos  de  sus  ejércitos,  en 
señalándoles  tierras,  ó  concediéndoles  el  \ 
de  las  comarcas  donde  sus  posesiones  est 
cuando  Hescham  II  hubo  salido  de  su  encien 
enemigos  en  el  año  1013,  gracias  á  su  hadj 
que  revalidó  muchos  de  aquellos,  recompeí 
eslavos  y  alahmeríes,  y  de  entonces  dataroi 
les  al  principio  é  independientes  á  poco,  c 
Cartagena,  Lecant  (Alicante),  Schatibah  (J; 


ccdcnci.i  berherisicat  Ilijíem  el  Jaulanj  (quixá  hijo  dt:  Juí 
puerto  por  ohst¡n;ida  tempestad»  habia  teñid  o  ocasión  d 
y  los  recursoií  de  la  isla-  En  recompensa  le  confió  el  cal 
que  ejerciú  durante  diez  años,  ocupado  en  edificar  mere 
baños  y  otros  estahiccimicntos  de  ntilidad  pública  hast 
mediatamente  un  Abdalla  elegido  por  los  b.ib3iantes.  si 
se  retiró  después  de  muehos  años  embarcándose  para 
aparecen  lueiío  como  gohernadores,  no  sin  intermediíjs 
del  califa  Abderramán  111  (047  á  iíf><ííi  Cu  tsar  liberto  di 
y  Mucaiil  hechura  deí  hat^ih  Almanzor.  que  falleció  en 
en  loiT-ltis  ircs  se  disiin^^uieron  por  sus  incesanUs 
tós  dt  Cataluña  y  Franela,  y  singulíirmcnlt:  u\  ^^^iíuí\*^ 
lona. 


34/ 


-%v  i. 


?r^ 


28 


ISLAS 


B    > 


nia,  cabiéndole  la  tenencia  de  es; 
Ahmery,  que  fué  grande  Simiga  c 
man,  hijo  del  guerrero  el  Mansur 

Corrían  los  aftos  de  403  de  h 
usurpador  Soleimán  por  segunda 
los  califas;  el  verdadero  soberano 
cido  en  la  toma  de  Córdoba  por  1 
hadjeb  Hhayrán,  curado  en  secrete 
11a  ocasión  recibió,  iba  reuniendo  ft 
mos  de  los  walíes  más  pujantes,  pt 
nos  Aly-ben  Hamud  el  Edrisita,  de  < 
de  Algeciras,  para  echar  del  califato 
Hescham.  Hierve  en  armas  la  Anc 
batallas  en  1016  ponen  á  Soleimán  e 
de  Hescham,  cuya  desaparidón  mist< 
ambición  de  sus  parciales  vencedores 

El  walí  de  Denia  Mudjehid-elDyi 
lo  apurado  y  revuelto  de  las  circunstai 
ques  y  gente  que  pudo,  encomendó  el  ^ 
Abdalá,  príncipe  omíade,  conocido  por 
y  en  aquel  mismo  año  se  hizo  á  la  vel^ 
Mallorca,  de  que  se  apoderó  {a).  Er\  \. 

(a)    Mudjehid,  por  sobrenombre  A bul-jiy^ 
hijo  de  Alí,  mauli  6  liberto  del  infortunado  l-  ^P^í 
primero  que  de  Denia,  se  posesionó  de  t^       ^^  A 
donde  luego  pasó,  no  tomó  para  sí  el  titm     ^^i  djc, 
refugiado  Abdaiia  el  Moaytí  por  rcspctí^  / ,  ^^  rey 


venas.  Era  esto  en  Diciembre  de  1014 


Moaytí,  pasó  Mudjehid  desde  Mallorca  J''^  ¿^j^ 
velas  en  Setiembre  de  loi  5,  sufriei^j      ^'^^^ñac 
Denia,  donde  encontró  ya  fallecktlo»)    .  ^  Un  ¡,,. 


aigo  Mudiehid  á  apoderarse  de  estas  \J  ''%2o  h 
se  sabe  qué  gobierno  reconocían  ei>  ^^    '^'^^si/,/ 

Denia,  donde  encontró  ya  fallecktlo g|"*l"í  Un  r,.  ^ ' 
gún  otra  versión  menos  favorable  g  ^^'^c¡pg  ^^cí( 
á  destierro,  donde  vivió  el  Moaytj ,  ^'^«líad  ]  ^^.^^^ 
añade  Almakkarí,  siempre  Aisp^.^^^^  el  ,q'  ^^'vóc 
em  barcos  en  las  costas  de  Afra^:  ^  ^Oa  coqÍ  ' ' "  Acoj 
cristiano  que  osara  surca-^las  J^^^Antaj-  .'^^'"^'^'c/ 
pirata  de  su  tiempo  y  ^^'^«iasce/o^^^f/%|'  '^'  ^'^^^ 


L     _ 


CARES 


.       UyDe/. 

m.  . 

delahéjirayioijííe/áafor  ^ 
linda  vez  se  sentaba  en  el  troQ4k 
erano  Hesdiam  11  había  des^  ^  ^ 
w  las  armas  de  aquél,7  ^P"*" 
ífítóí/eiaslieridas^ue^  ^"^ 
fo/íieraasyí/á/w/iKníL^^Í''^ 
./wrlicipa/nientedeV     '°«^''- 
íefo/ajKasens^*^"»;- 

ko í  Solemin  \y      .  .,   * 
y  restituirlo 


á 


'j   \s  sangnentas 

teriosaabt^^l^py^rtaála 

'7^'íí'fcVasí^uerras. 

^'^''^mery,  como  viese 

^^'^,  reunió  ios  más  bu- 

rot/er/io  c/e  su  estado  á 

e/  Afoa/í/  c/e  Córdoba, 

ara  /as  /s/as  de  Ibíza  y 

j¡/eA/cí  varón  de  síngu- 


ieUjército)y  hijo  de  Vusüf, 
nzor,  ay  /ju/r  de  Córdoba, 
i-Khaldun,  y  en  Den  ¡a,  á 
que  Jo  hizo  conferir  al 
a  que  circulaba  por  sus 
líente  año  le  llevó  con- 
cias de  sarracenos j  no 
3ción.  Enviado  por  ti 
lada  de  ciento  veinte 
y  hasta  su  vuelta  á 
reinar,  aunque  se- 
franía  y  Je  condenó 
a  tener  Mudjehid, 
la  cual  hacía  des- 
no  había  buque 
/inca  del  mayor 


ISLAS      BALEARES 


/ar  discernimiento  y  grandeza  de  ánimo;  y  deseanc 

de  sus  fuerzas  por  el  Mar  Romano,  que  así  Ilaj 

díterráneo  los  árabes,  elafto  siguiente  407  de  lahéji 

del  Sefior),  partió  de  Mallorca  para  la  /s/a  grana 

tíanos,  llamada  Sardenia  (Cerdefta),  y  tomó  á  fu( 

sus  principales  fortalezas:  bien  que  las  enfermedat 

cío  y  las  murmuraciones  de  la  tropa,  y  un  ejército 

yado  por  una  flota  pisana,  le  precisaron  á  reei 

rico  botín,  no  empero  sin  sufrir  un  gran  naufragio 

á  Mallorca  con  las  reliquias  de  su  armada.  Así,  co 

de  las  Baleares  por  el  valor  de  su  brazo,  aquel  i 

una  vez  llevó  el  terror  á  las  playas  italianas,  domi 

fla,  y  su  nombre  quedó  consignado  en  las  cróni 

ca  (i);  y  es  evidente  que  buena  parte  de  aquellai 

cabría  á  los  mallorquines,  ya  que  su  misma  posi^ 

núcleo  de  las  fuerzas  marítimas  de  aquel  caudillo 

reunión,  descanso  y  refugio  de  las  embarcaciones. 

mos  á  Mudjehid  en  su  vuelta  al  continente  esps 

adquisiciones  de  territorio:  baste  indicar  que  muri 

fué  el  fundador  del  reino  de  Denia  y  de  las  Baleai 

La  oscuridad,  que  reina  en  esta  parte  de  la  bis 

la,  no  permite  que  puntualicemos  la  serie  de  aquel 

ó  fakihes,  como  los  llaman  los  documentos  que  mi 

taremos;  y  aun  recogiendo  cuanto  en  las  memorias 

encuentra,  sólo  podemos  hacer  una  desnuda  men 

del    fundador   Alí-ben-Mudjehid    el    Mowafek,   qu 

en  1058  {a),  de  Mohammed-ben-Ganya,  del  hijo  d< 


(i)  Véase  á  Müratori,  Rerum.  liaU,  Script.  tomo  VI,  Crónica 
(a)  Alí-btn-Mudjehid,  cautivado  cuando  joven  en  la  malogn 
Gerdena,  y  rescatado  por  su  padre,  heredó  de  éste  la  ciudad  de  D 
las  Baleares,  como  dice  Conde,  y  de  una  y  otras  se  titulaba  jefe  i 
en  1058  al  obispo  de  Barcelona  Gislaberto  aquel  singular  docun 
mete  perpetuamente  á  su  jurisdicción  todas  las  iglesias  y  clero 
confirmando  la  concesión  de  Mudjehid  (véase  Marca,  Diago,  Flor 
num.  3 1  de  esta  primera  parte),  prueba  irrefragable  de  la  conscrv 


30  ISLASBALEAREi 


Abu-Ibrahim  Abu-Mohammed,  y  de  sus  nietos  Aly-ben-Ishak  y 
Abu-Mohammed-Abdalá. 

Gobernaron  las  islas  por  los  reyes  de  Denia  Abu-elAbas- 
Ahmed-ben-Raschik,  varón  recto  y  docto,  que  las  rigió  hasta 
pasado  el  año  de  1048,  y  después  de  él  sus  parientes  los  Beny- 
Schoeides  de  Murcia,  que  las  mantuvieron  en  buena  paz  y  jus- 
ticia (a).  En  buen  hora  las  conquistó  Mudjehid;  pues  como  si 


tiandad  en  Mallorca  bajo  el  señorío  de  los  infíeles,  que  permite  atribuir  menos 
antigüedad  á  nombres  y  cosas  referentes  al  culto  católico.  Cómo  al  poco  tiempo 
cesó  Alí  de  reinar  en  las  islas  no  lo  explican  las  historias  arábigas,  que  unas  le 
suponen  desposeído  directamente  por  Mubasher,  y  otras  á  éste  le  declaran  suce- 
sor y  antes  liberto  de  un  rey  anterior,  de  Almurtadhi,  tal  vez  sobrino  de  Mudjehid, 
tal  vez  alahmerí  procedente  de  Andalucía,  de  cuya  existencia  no  permiten  dudar 
las  monedas  acuñadas  con  su  nombre  de  1087  á  1093.  Lo  cierto  es  que  Alí,  con- 
servando el  reino  de  Denia  perdió  las  Baleares,  á  pesar  de  su  pomposo  título  de 
Ikbalud-daulah  (prosperidad  del  Estado)  y  de  sus  estrechos  vínculos  con  los  más 
poderosos  reyes,  siendo  por  su  hermana  cuñado  del  de  Sevilla  Muhamad-ben-Abed- 
Almotaded,  y  por  su  esposa,  de  mucha  discreción  y  hermosura,  yerno  de  Muhamad- 
ben-Man,  señor  de  Almería,  aunque  por  otra  parte  lo  era,  si  damos  crédito  á  Ibn- 
Khaldun,  de  Yahya-Almukiadir-ben-Hud,rey  de  Zaragoza.  Despojóle  éste  en  1075 
del  estado  de  Denia  en  castigo  de  la  noble  hospitalidad  dispensada  á  unos  pros- 
critos, y  se  lo  llevó  prisionero  á  su  corte,  donde  murió  Alí  en  1 08 1 ,  más  que  oc- 
togenario sin  duda,  si  no  hay  confusión,  como  recelamos,  en  la  identidad  de  la 
persona,  no  sin  haber  sobrevivido  cuatro  años  á  su  hijo  Abu-Amir-Serajud-dau- 
lah,  que  entendiéndose  con  el  Conde  de  Barcelona  trataba  de  recuperar  sus  do- 
minios; razón  por  la  cual,  dicen,  se  desembarazó  de  él  con  veneno  el  rey  Almukta- 
dir,  extinguiéndose  en  él  según  toda  apariencia  la  estirpe  de  Mudjehid. 

(a)  Residiendo  comunmente  en  Denia  así  Mudjehid  como  Alí,  tuvieron  lugar- 
tenientes en  las  Baleares,  y  á  los  expresados  en  el  texto  hay  que  añadir  Al-Aglab  (el 
conquistador),  á  quien  en  1037  nombró  el  primero  para  suceder  ásu  propio  sobri- 
no Abdalla,  el  cual  á  mi  juicio  nada  tiene  que  ver  con  Mubasher,  como  se  afirma  en 
una  nota  de  Almakkarí,  ni  con  otro  Aglab  nombrado  en  las  monedas  de  Almortadhí. 
Tampoco  hay  razón  para  creer  que  empezara  por  gobernador  para  acabar  por  emir 
independiente  este  rey  Almortadhi  de  quien  nada  más  se  sabe  :  antes  parece  que  ai 
emprender  Aglab  la  peregrinación  santa,  le  reemplazó  en  el  gobierno  Suleymán- 
ben-Maxihen,  se  ignora  si  á  nombre  de  Alí  todavía  ó  de  su  sucesor  en  el  trono. 
Este  no  pudo  ser  otro  que  el  expresado  Almortadhí,  sean  cuales  fuesen  los  medios 
de  que  para  ello  se  valiera;  al  cual  heredó  por  vía  de  adopción  Mubasher  protegi- 
do suyo,  si  es  que  el  simultáneo  acuñamiento  de  monedas  de  ambos  soberanos 
en  1 09 1  y  1092  no  arguye  acaso  reñidas  competencias.  Era  Mubasher  un  joven 
cautivo  y  eunuco,  natural  de  Calah-Hymiar,  en  la  comarca  de  Lérida,  cuando  en 
Barcelona,  al  parecer,  se  prendó  de  sus  talentos  y  modales  un  embajador  de  Al-: 
mortadhí  enviado  al  conde,  y  rescatándolo  se  lo  presentó  al  soberano  que  depo- 
sitó en  él  su  confianza.  Debió  corresponderá  ella  Mubasher,  según  las  nobles  y  ge: 
nerosas  inclinaciones  é  insignes  cualidades  que  se  le  atribuyen,  y  reinó  á  su  vez 
con  moderación  y  justicia,  tomando  el  dictado  de  Nasirud-daulah  (preservador  del 


ISLASBALEARES  3I 

hubiese  previsto  los  acontecimientos,  ellas  vinieron  á  ser  el  asilo 
y  los  únicos  estados  primero  de  sus  descendientes  y  después  de 
toda  una  dinastía. 

Convertidos  los  almorávides  de  auxiliares  en  conquistado- 
res de  los  emires  españoles,  que  en  su  auxilio  y  contra  los  cris- 
tianos los  llamaran,  y  sojuzgados  por  ellos  todos  los  reinos  en 
que  se  había  dividido  el  Califato  de  Córdoba,  excepto  el  de  Za- 
ragoza, el  aflo  1095  ^1  general  de  los  invasores  Schyr-ben-Abu- 
Bekr  envió  una  escuadra  para  que  en  nombre  de  su  amo  Yusuf- 
ben  Taschfyn  se  apoderase  de  aquellas  islas;  y  los  habitantes, 
que  supieron  el  vencimiento  de  toda  España  por  las  armas 
africanas,  cedieron  y  juraron  obediencia  al  príncipe  de  los  al- 
morávides (a). 

Era,  en  ñn,  llegado  el  tiempo  en  que  Italia  y  Cataluña  de- 
bían  traer  á  Mallorca  la  guerra  y  la  desolación,  que  tantas  ve- 
ces ella  llevó  á  sus  costas:  la  sangre  cristiana  vertida  en  Pisa, 
Córcega,  Cerdeña  y  Barcelona,  no  había  de  quedar  sin  vengan- 
za. La  república  pisana,  que  como  tan  comerciante  y  marítima 
cargaba  con  la  mayor  parte  del  daño,  apeló  á  las  armas  la  pri- 
mera; y  acudiendo  al  sumo  pontífice  Pascual  II  con  una  solem- 
ne embajada,  á  cuya  cabeza  iba  el  arzobispo  Pedro,  obtuvo  ésta 
los  honores  de  cruzada,  las  insignias  de  la  Iglesia  é  indulgencia 
plenaria  para  los  presentes,  con  facultad  otorgada  á  Pedro  de 


Estado),  que  transformaron  en  Nazaredolo  las  crónicas  pisanas.  De  estos  reyes 
de  Mallorca  posteriores  á  Mudjehid  nada  dicen  las  historias  arábigas  sobre  las 
cuales  escribió  Conde  la  suya,  al  paso  que  ponen  su  atención  en  los  simples  go- 
bernadores. 

;a)  Esta  ocupación  de  las  Baleares  por  la  escuadra  almoravide,  que  trajo  y 
debió  traer  la  fuerza  de  los  sucesos,  no  quebrantó  al  parecer  el  cetro  de  Mu- 
basher  ni  mermó  siquiera  su  autoridad,  aunque  de  seguro  tributaría  homenaje  al 
emir  africano.  Respetóle,  no  se  comprende  cómo,  el  huracán  que  volcó  los  demás 
tronos  muslimes  de  la  península.  Veinte  años  llevaba  de  pacífico  reinado,  al  apare- 
cer en  1 1 14  la  enemiga  ilota  italiana,  contra  la  cual  en  el  postrer  apuro  imploró 
Mubasher  el  socorro  del  je/e  de  los  creyentes;  y  á  juzgar  sólo  por  la  relación  de 
Almakkarí,  incompleta  en  mi  concepto,  se  creería  que  aquel  llamamiento  había 
dado  á  los  almorávides  la  primera  ocasión  para  apoderarse  de  Mallorca  con  acha- 
que de  defenderla. 


32  ISLASBALEARES 

aplicarla  á  cuantos  participasen  de  la  empresa  (i).  Cundió  la 
noticia  por  aquellas  comarcas,  y  avivó  el  entusiasmo  guerrero 
y  religioso:  Roma,  Luca,  Florencia,  Sena,  Volterra,  Pistoja, 
Lombardía,  Córcega  y  Cerdefía  enviaron  sus  gentes  (2);  y  el 
son  de  las  armas  fué  creciendo  por  toda  la  ribera  del  Amo,  el 
cual  se  poblaba  de  embarcaciones.  Apréstanse  con  grande  ahínco 
naves,  gatas^  drátnonas  ó  taridas^  galeras,  gorabos,  barcas, 
currabios  y  otras  especies  de  buques  (3) :  Uénanse  unas  de  ca- 
ballos, destíñanse  otras  para  los  comestibles ;  suben  á  éstas  los 
soldados,  y  aquellas  cárganse  con  torres  de  madera,  puentes, 
escalas,  arietes,  ballestas,  trabucos,  testúdines  y  demás  máqui- 
nas de  la  tormentaria  entonces  en  uso  (4) ;  y  al  ñn  concluidos 
los  preparativos,  desemboca  del  Arno  la  escuadra  compuesta 
de  trescientos  vasos  (5),  y  da  la  vela  á  mediados  de  Agosto 
de  1 1 14  de  la  Encarnación  (i  1 13  de  la  Natividad). 

Después  de  tocar  en  Cerdefla,  en  donde  se  detuvo  catorce 
días,  á  los  tres  de  haber  salido  de  aquella  isla,  que  fué  del  29 
al  30  de  aquel  mes,  movióse  tan  deshecha  borrasca  y  tan  densa 
cerró  la  noche,  que  sin  más  luz  que  los  vacilantes  fuegos  encen- 
didos en  las  popas,  y  perdido  el  rumbo,  torció  la  armada  el  ca- 
mino, y  dividida  y  dispersa  aportó  á  la  costa  oriental  de  Cata- 
luña. Mas  al  divisar  la  tierra  con  la  claridad  del  día,  creyeron 
los  italianos  era  aquella  Mallorca;  y  desembarcando  armados, 
prendieron  á  los  naturales  que  encontraron,  con  lo  cual  se  des- 
vanecieron su  error  y  alegría.  Cobróla  Cataluña  con  su  llegada; 
y  como  no  tenía  menos  ultrajes  que  vengar  de  parte  de  los  mo- 


(1)  No  se  nos  oculta  á  cuantos  pareceres  y  fábulas  ha  dado  lugar  esa  expedi- 
ción; pero  guiados  por  las  indicaciones  de  Campmany,  no  hemos  perdonado  me- 
dio para  sacar  en  claro  el  suceso  y  confirmarlo,  y  afortunadamente  los  documentos 
han  venido  en  apoyo  de  los  escritos  coetáneos  y  de  las  crónicas,  como  se  ve  en 
los  primeros  números  del  Apéndice, 

(2)  Véase  el  número  2  del  Apéndice. 

(3)  De  todos  estos,  los  tres  primeros  eran  los  mayores,  las  galeras  hacían 
particularmente  el  servicio  de  batalla,  y  las  demás  eran  de  menor  porte. 

(4)  Véase  el  número  i  del  Apéndice. 
(:?)    Véase  el  número  3  del  Apéndice. 


ISLASBALEARES  33 


ros  baleares,  alzóse  un  clamor  general  de  guerra  á  Mallorca. 
Mediaron  embajadas  entre  el  conde  de  Barcelona,  que  era  en- 
tonces D.  Ramón  Berenguer  III  el  Grande^  y  los  recién  venidos: 
los  cuales,  pues  ya  sabían  de  la  prudencia  y  valor  de  aquel 
príncipe,  le  pidieron  que,  participando  de  la  expedición,  la  capi- 
tanease; y  cediendo  gustoso  el  conde,  fuese  á  San  Felío  de  Guí- 
xoles,  á  donde  abandonado  el  puerto  de  Blanes  se  había  reco- 
gido la  armada,  acompañado  de  los  obispos  Raimundo  de 
Barcelona  y  Berenguer  de  Gerona,  de  Nigelarío  abad  de  San 
Rufo,  del  conde  de  Cerdeña  Bernardo  Guillelmo,  de  Guillelmo 
Arnaldo  vizconde  de  Cardona,  del  noble  Guillelmo  Gaufredo 
de  Cerviá,  de  Guillelmo  Raimundo  y  de  otros  señores  de  su 
corte.  Allí,  á  9  de  Setiembre,  por  mano  de  Bernardino  cónsul 
canciller  de  los  pisanos,  en  presencia  de  los  demás  cónsules,  se- 
fiores,  capitana  y  prelados,  extendióse  el  acta  del  convenio,  por 
el  cual  los  coaliados  conferían  el  mando  al  barcelonés,  y  él  les 
prometía  seguridad,  protección  y  defensa  en  sus  estados  para 
sus  personas  y  haberes,  les  eximía  del  pago  de  ciertos  derechos, 
y  á  sus  naves  que  naufragasen  en  sus  costas  las  declaraba  ex- 
ceptuadas de  la  ley  de  naufragio. 

Sin  embargo,  la  soldadesca,  que  como  voluntaria  no  había 
al  alistarse  tenido  en  cuenta  las  dificultades,  ya  murmuraba  del 
retardo:  los  más  avisados  callaban  cuánto  les  pesaba  de  la  ex- 
pedición; pero  los  apocados  decían  sin  rebozo  sus  deseos  de 
volverse  á  Italia.  En  esto  sobrevino  peste  en  el  campo,  azote 
común  de  los  ejércitos  en  aquellos  siglos;  y  menester  fué  para 
distraerles  de  su  arrepentimiento  y  tristeza  que  sucesivamente 
llegasen  las  tropas  que  conducían  el  señor  de  Montpeller,  Aime- 
ric  vizconde  de  Narbona,  el  conde  de  Ampurias,  Raimundo 
Baucio  señor  de  Arles,  y  otros  potentados  de  aquellas  partes 
de  la  Provenza  y  Cataluña,  que  también  trajeron  notable  re- 
fuerzo de  embarcaciones.  Mandó  entonces  el  prelado  Pedro  que 
zarpase  la  flota  de  San  Felío;  y  enderezando  el  rumbo  hacia 
Salou,  llegó  ella  allá  después  de  correr  una  tormenta :  y  como 


34  ISLASBALEARES 

venía  entrando  el  invierno,  é  iba  desvaneciéndose  toda  esperan- 
za de  hacerse  á  la  mar  con  buen  éxito,  otra  vez  reventó  el  des- 
contento con  tanto  grado,  particularmente  en  los  luqueses,  que 
no  se  pudo  recabar  de  muchos  que  no  se  volviesen  á  su  tierra, 
como  lo  efectuaron.  Con  esto,  la  armada  hubo  de  irse  á  invernar 
en  Barcelona;  y  la  mayor  parte  de  las  naves  pisanas  regresaron 
á  Pisa  á  mediados  de  Enero  de  1 1 14,  quedando  repartidas  las 
tropas  italianas  por  el  Ampurdán  y  la  Provenza,  entreteniendo 
el  ocio  del  alojamiento  con  ejercicios  militares  y  con  las  ñestas 
guerreras  de  la  caballería. 

No  fué  perdido  aquel  invierno  para  la  empresa:  los  arma- 
mentos se  continuaron  con  más  ardor  en  Pisa  y  en  Barcelona;  y 
tanto  manifestó  interesarse  por  ella  el  sumo  pontífice,  que  envió 
á  aquellas  ciudades  el  cardenal  legado  Bosón,  para  que  dirigiese 
los  esfuerzos,  animase  á  los  desalentados,  y  activase  la  ejecu- 
ción del  proyecto  (i).  Por  la  primavera,  ochenta  naves  pisanas 
botadas  del  Arno  al  mar  probaron  el  celo  con  que  la  república 
abrazara  la  conquista  de  Mallorca;  y  Genova,  su  rival,  bien  pudo 
palidecer  con  sombrío  presentimiento  al  verlas  pasar  pomposas 
y  pintadas,  y  marchar  á  una  acción  de  que  se  privó  voluntaría- 
mente.  No  hay  para  qué  referir  la  alegría  de  las  tropas  al  re- 
unirse con  los  recién  venidos:  quinientos   buques  cubrieron  las 
aguas  de  Cataluña,  con  novecientos  caballos  á  bordo,  amén  de 
la  gente  y  pertrechos;  y  la  mar  mansa,  el  aire  próspero,  trému- 
los los  gallardetes  y  banderas  de  popa,  y  ellos  favorecidos  de 
los  remos,  aportaron  á  Salou  el   día  de  la  Natividad  de  San 
Juan  Bautista,  pasaron  en  seguida  á  los  Alfaques,  y  hecha  agua- 
da en  el  Ebro,  zarparon  para  las  Baleares.   Tras  brevísima  na- 


(i)  El  nombramiento  y  venida  del  legado  pontificio,  aunque  indiquen  lo  con- 
trario los  cronistas  y  Campmany,  aconteció  en  este  intermedio,  como  así  resulta 
del  contexto  de  los  documentos  de  donde  lo  tomamos.  El  Gesta  triumphalta,  nú- 
mero 3  del  Apéndice^  no  menciona  al  cardenal  hasta  la  segunda  partida;  el  poema 
de  Laurencio  la  marca  con  palabras  explícitas,  número  i,  y  el  convenio  nada  dice 
de  Bosón,  núm.  2. 


ISLASBALEARES  35 

vegación,  dejando  á  un  lado  la  Palomera,  arribó  la  armada  á 
Ibiza,  sitió  estrechamente  la  ciudad,  y  después  de  repetidos  ata- 
ques por  mar  y  tierra,  en  los  cuales  el  conde  de  Barcelona  hizo 
gran  prueba  de  su  valor,  apoderáronse  los  cruzados  del  último 
fuerte  á  lo  de  Agosto,  y  arrasadas  las  fortificaciones  y  hecho 
reparto  del  botín,  partieron  para  Mallorca.  El  15  dieron  vista  á 
la  bahía;  y  desembarcando  en  la  fiesta  de  San  Bartolomé,  mar- 
charon al  otro  día  hacia  Palma,  y  resolvieron  atacarla  por  el 
lado  de  oriente. 

El  walí,  que  la  gobernaba  por  los  almorávides  (a),  no  les 
dejó  tiempo  ni  espacio  para  acercarse  á  las  murallas;  antes  sa< 
liendo  al  campo  raso,  ordenó  sus  fuerzas  en  dos  gruesas  divi- 
siones, y  presentóles  batalla.  Reñido  anduvo  el  choque,  y  en 
todos  los  trances  fueron  buenos  los  catalanes,  cuyo  conde  rom- 
pió su  lanza  en  las  primeras  cargas,  atravesando  con  ella  al 
jefe  de  la  vanguardia  enemiga.  Rechazados  con  gran  pérdida, 
encerráronse  los  moros  en  la  plaza;  y  si  bien  por  segunda  vez 
se  presentaron  á  pelear,  fué  para  dejar  gran  botín  en  caballos 
y  armas  á  los  cristianos,  que  comenzaron  á  sentar  sus  reales, 
estrechando  más  y  más  el  cerco,  sin  que  fuesen  parte  para  re- 
traerles del  empeño  los  parlamentarios,  que  á  fin  de  ganar  tiem- 
po el  walí  les  enviaba. 

Continuaron  las  salidas  de  los  sitiados,  y  con  ellas  las  victo- 
rias de  los  sitiadores,  que  en  una  de  las  refriegas  picaron  su 
retaguardia  hasta  tocar  las  puertas  de  la  ciudad;  y  como  enton- 
ces pudieron  ver  de  cerca  su  buena  disposición  y  fortaleza,  de- 
cayeron de  ánimo  no  pocos,  y  desesperaron  de  conquistarla. — 
Estaba  ella  dividida  de  manera  que  formaba  cuatro  recintos, 
pues  que  el  primero  encerraba  otros  tres  también  fortificados. 
Apellidábase  este  Arabathalgidit  (ciudad  nueva)  por  los  cronis- 
tas; era  el  segundo  la  llamada  ciudad  vieja;  detrás  asomaba  la 


(a)    No  era  walí,  como  he  observado,  sino  emir,  y  es  incierto  que  la  gobernase 
por  los  almorávides. 


36  ISLA5BALEARES 

Almudayna;  y  el  cuarto  contenía  la  Zuda  ó  alcázar,  que  ya 
bien  fortalecida  con  numerosas  torres,  era  inexpugnable  por 
mar  por  estar  asentada  sobre  un  precipicio  que  lo  dominaba  {a). 
Llamábanse  con  el  común  nombre  de  Mallorca,  y  por  entre  ellas 
corría  el  torrente  Ezechín,  que  en  tiempo  de  lluvias  se  pasaba 
por  cinco  puentes  (i). 

Alentados  empero  los  cruzados  por  el  ejemplo  de  sus  jefes, 
destacaron  partidas  que  saqueasen  los  ganados  de  la  isla  y  tra- 
jesen toda  suerte  de  comestibles;  y  renaciendo  con  la  abundan- 
cia y  refresco  la  conñanza  y  la  alegría,  comenzaron  á  armar  sus 
tornos,  gatas,  manganas  y  ballestas,  fabricaron  dos  castillos  de 
madera  que  vencían  la  altura  de  las  murallas,  cubriéndolos  con 
cueros  de  buey  para  precaverlos  de  los  tiros  enemigos,  y  rom- 
pieron un  vivo  ataque  contra  la  ciudad.  Salieron  los  moros  á 
estorbar  que  se  allegasen  los  castillos  á  las  fortiñcaciones,  pero 
en  vano:  las  máquinas  del  campo  barrían  los  adarves  y  aporti- 
llaban los  muros,  los  cuales  eran  socavados  por  los  zapadores^ 
y  reciamente  batidos  por  dos  grandes  arietes  que  de  los  casti- 
llos salían.  Abierta  por  ñn  la  brecha,  dispúsose  todo  para  el 
asalto,  y  se  echaron  dos  puentes  desde  los  castillos  á  las  mura- 
llas; mas  fué  inútil  aquella  tentativa,  y  rechazados  por  el  valor 
de  los  sitiados  y  por  el  estrago  que  en  sus  ñlas  hacían  las  enor- 
mes moles  que  de  dentro  disparaba  una  máquina,  replegáronse 
á  los  reales  con  grande  algazara  y  contentamiento  de  la  moris- 
ma. Volvieron  al  ataque  el  día  siguiente  al  medio  día:  ya  los 
peones  habían  echado  á  los  defensores  de  la  brecha,  ya  se  inter- 
naban por  la  plaza  conñados  en  el  refuerzo  de  la  caballería  que 


(a)  Un  siglo  más  tarde,  al  tiempo  de  la  conquista  de  Jaime  I,  había  ya  desapa- 
recido la  segunda  cerca  que  separaba  la  ciudad  vieja  de  la  nueva;  y  fundidos  con 
el  nombre  de  villa,  para  distinguirse  del  recinto  de  la  Almudayna  ó  cindadela,  los 
arrabales  antiguos  y  modernos,  toda  la  robustez  de  la  fortificación  se  había  tras- 
ladado al  muro  exterior  que  ceñía  en  su  vasto  ámbito  á  la  ciudad  entera  con  foso 
y  barbacana. 

(i)    Véanse  los  números  i  y  3  del  Apéndice. 


ISLAS      BALEARES 


iba  detrás;  cuando,  no  pudiendo  los  jinetes  atravesar  el  foso  en 
buen  orden,  é  introducida  la  confusión  por  la  angostura  misma 
del  paso,  comenzaron  algunos  á  volver  riendas,  y  acarrearon  la 
retirada  de  los  demás  caballeros,  para  lo  cual  no  fueron  tal  vez 
poca  parte  ya  la  memoria  de  la  derrota  de  la  víspera,  fresca 
todavía,  ya  el  continuo  y  furioso  disparar  de  las  vecinas  alba- 
rranás  y  albacaras.  Al  verlo  los  sitiados,  alzaron  grande  es- 
truendo de  añañles  y  atabales,  y  con  horrenda  vocería  de  ata* 
quebiras  de  todas  las  calles  y  plazas  salieron  revueltos  jinetes 
con  infantes  y  alancearon  ñeramente  á  los  cruzados. 

Sucedieron  otros  combates  no  menos  infructuosos;  y  las 
enfermedades  y  el  invierno  vinieron  á  acrecentar  el  desaliento  y 
la  tristeza.  Cubriéronse  las  tiendas  lo  mejor  que  se  pudo,  fabri- 
cáronse chozas,  apartáronse  un  tanto  de  las  murallas  los  casti- 
llos; y  como  después  los  moros  les  pegasen  fuego  por  la  noche, 
se  llevaron  á  los  reales,  y  se  comenzó  á  repararlos  y  á  construir 
otros  dos:  en  esto  y  en  hacer  correrías  por  el  interior  de  la  isla 
para  abastecerse,  se  pasaron  los  últimos  días  de  Octubre  y  el 
mes  siguiente.  Acercábase  Navidad;  el  hambre  se  encrudelecía 
ya  en  la  plaza,  y  los  rigores  del  frío  hacían  más  sensibles  los  de 
aquella,  cuando  falleció  el  walí  de  Mallorca,  á  quien  la  crónica 
apellida  el  rey  Nazaredolo  ó  Nazaredech,  y  le  sucedió  Bura- 
bé(^). 

Entretanto,  impaciente  el  conde  D.  Ramón  Berenguer,  y 
ganoso  de  venir  á  las  manos,  salió  al  campo  á  esperar  á  los  sa- 
rracenos, que  echaron  afuera  muchas  taifas  de  caballería  y  acu- 
dieron con  grande  esfuerzo.  Mas  sin  darles  lugar  á  tenderse 


(a)  Abú-Rabí-Suleymán  era  el  verdadero  nombre  del  que  ea  situación  tan 
desesperada  sucedió  á  su  pariente  Mubasher,  defendiendo  tres  ó  cuatro  meses  la 
ciudad  hasta  donde  alcanzaron  sus  fuerzas.  Antes  de  morir  de  pura  tristeza  Nasi- 
rud-daulah,  había  llevado  al  África  aviso  del  apuro  de  los  sitiados  un  capitán  de 
carabela  llamado  Abú-Abdalla-ben-Maymún,  saliendo  del  arsenal  á  favor  de  las 
tinieblas  y  burlando  á  los  sitiadores  que  le  perseguían ;  pero  por  más  prisa  que  se 
dio  el  emir  de  Marruecos  á  enviar  una  escuadra  de  trescientas  velas,  llegó  ya  tar- 
de para  el  socorro. 


3^  ISLARBALEARES 

por  la  campaña,  embistióles  con  su  gente  junto  á  la  puerta  que 
miraba  á  Portopí,  con  tanta  furia,  que  arrancándolos  con  mucho 
destrozo,  presentaron  ellos  las  ancas  de  sus  caballos  á  las  armas 
de  los  cruzados;  y  ya  á  lanzadas  los  metían  estos  en  la  plaza, 
cuando  un  dardo  arrojado  de  las  almenas  hirió  al  conde  en  el 
brazo  derecho.  Levantaron  los  de  las  murallas  regocijada  grite- 
ría, pues  le  creyeron  muerto;  y  allí  comenzó  entre  ellos  y  los 
del  campo  uno  de  aquellos  combates  de  insultos  groseros  é  in- 
jurias, con  que  en  la  baja  edad  se  daba  frecuentemente  treguas 
á  las  armas,  predisponiendo  con  los  tiros  de  la  lengua,  si  así 
puede  decirse,  el  furor  del  brazo  y  la  sed  de  venganza  para  otra 
refriega. 

Esto  resultó  entonces,  pues  enfurecidos  los  cruzados  arri- 
maron los  castillos  á  los  muros;  y  tanto  los  batieron  con  las 
máquinas,  que  abierta  la  brecha  á  principios  de  Febrero  de  1 1 1 5, 
ordenaron  el  asalto.  Dióse  por  tres  partes  á  un  mismo  tiempo: 
diez  veces  subieron  los  tercios,  y  otras  tantas  fueron  rechaza- 
dos; hasta  que  entrando  unos  pocos,  abrieron  el  paso  á  los 
demás,  que  se  apoderaron  del  primer  recinto,  haciendo  horrible 
estrago  y  alojándose  por  las  casas  y  mezquitas  saqueadas.  Al 
punto  arrasaron  cuantos  edificios  era  menester  para  que  pasa- 
sen los  castillos;  y  combatiendo  la  ciudad  vieja,  rompieron  con 
las  máquinas  los  muros,  y  empezaron  á  cegar  los  fosos  con  las 
ruinas  y  los  cadáveres.  Aterrados  los  de  dentro,  enviaron  al 
conde  de  Barcelona  quienes  le  participasen  que  se  rendirían,  si 
se  salvaba  las  vidas  y  aseguraba  la  libertad  á  la  gente  de  gue- 
rra. Convocó,  pues,  el  barcelonés  los  cabos  y  prelados,  y  mien- 
tras contra  el  dictamen  de  los  últimos  procuraban  él  y  el  conde 
de  Ampurias  persuadirles  que  viniesen  en  aceptar  la  capitula- 
ción, entró  armado  Pedro  Albithón,  caballero  pisano,  quien  con 
gritar  que  ya  los  de  Pisa  asaltaban  los  muros,  disolvió  el  con- 
sejo, pues  cada  cual  corrió  á  participar  de  los  peligros  de  sus 
camaradas.  El  conde,  empero,  que  tan  desairado  se  veía,  no 
quiso  lidiar,  y  aun  prohibió  á  los  suyos  que  tomasen  parte  en  el. 


ISLASBALEARES  39 

combate:  sin  embargo,  la  gritería  de  los  combatientes  que  im- 
pávidos despreciaban  los  tiros  de  las  algaradas  y  ballestería 
enemigas,  el  estruendo  de  las  armas,  la  voz  de  los  jefes  que 
cada  cual  animaban  á  los  suyos,  el  continuo  redoblar  de  los 
atabales  y  el  resonar  de  las  trompas  y  chirimías,  la  impaciencia 
de  los  catalanes,  y  sobre  todo  su  mismo  ardor  guerrero,  sin 
duda  le  hicieron  ceder  de  su  primera  resolución,  ya  que  entrado 
el  segundo  recinto,  mientras  la  espada  de  los  italianos  derra- 
maba la  muerte  por  casas,  calles  y  mezquitas,  se  le  vio  más  hu- 
mano acoger  bajo  de  su  protección  á  la  aljama  entera  de  los 
judíos,  que  en  sus  manos  se  puso.  Fué  esta  acción  á  22  de  Fe- 
brero; y  como  aquel  recinto  contenía  lo  principal  y  los  más  de 
los  edificios  de  Mallorca,  el  saqueo  dio  un  botín  riquísimo,  al 
paso  que  la  mortandad  corrió  allí  parejas  con  la  grandeza  de 
los  tesoros  recogidos.  Tras  de  aquella  escena  de  desolación  y 
muerte,  vióse  otra  toda  enternecimiento  y  regocijo :  rompiéronse 
las  cadenas  que  aherrojaban  á  los  cautivos  cristianos,  y  más 
que  los  abrazos  y  las  bendiciones,  realzaban  aquel  cuadro  el 
silencio  y  las  lágrimas  que  de  todos  los  ojos  en  abundancia  co- 
rrían. 

Animados  con  aquel  triunfo,  avanzan  los  castillos  contra  la 
Almudayna;  atácanla  por  un  ángulo,  toman  la  torre  que  lo  de- 
fiende, huyen  los  más  de  los  moros  al  último  recinto:  los  que 
quedan,  más  animosos  que  discretos,  piden  seguro;  y  al  ver  que 
lejos  de  otorgárselo  suben  de  todas  partes  los  cristianos,  enca- 
ramándose por  las  máquinas  y  asiéndose  de  sus  cuerdas  los  que 
no  entraron  por  la  brecha,  imitan  al  fin  á  sus  compañeros  y  se 
encierran  en  la  fortaleza  superior.  Mas  nada  puede  detener  el 
ímpetu  de  los  cruzados :  aportillan  los  muros,  rompen  las  puer- 
tas herradas,  y  á  primeros  de  Marzo  toman  aquel  recinto,  den- 
tro del  cual  encuentran  grandes  tesoros  y  la  familia  de  un  walí, 
que  la  crónica  apellida  el  rey  Mortada.  Pero  aquella  parte  esta- 
ba erizada  de  torres,  que  era  preciso  ir  ganando  á  viva  fuerza;  y 
en  tanto,  viendo  Burabé  que  sólo  le  quedaba  el  cuerpo  principal 


40  ISLASBALEARE 


del  alcázar,  apeló  al  único  medio  que  de  salvarse  le  restaba, 
que  fué  descender  por  el  precipicio,  sobre  el  cual  ya  dijimos 
estaba  asentada  la  fortaleza,  y  tentar  la  fuga  embarcándose: 
mas  cayó  en  manos  de  Docjón,  que  tenía  á  su  cargo  la  custodia 
de  toda  la  bahía.  Cuentan  que  entonces  los  de  dentro  confirie- 
ron el  mando  á  un  moro  español  llamado  Alanta,  quien  como 
conociese  lo  apurado  del  trance,  más  dichoso  que  su  antecesor^ 
logró  burlar  la  vigilancia  de  los  marinos  sitiadores. 

Al  saber  los  cristianos  la  prisión  de  Burabé,  acercaron  dos 
castillos  y  dos  manganas  al  alcázar;  y  como  no  pudiesen  salvar 
de  profundos  los  fosos  y  barbacanas,  cegáronlos  con  maderos  y 
escombros,  hasta  que  sobre  ellos  pasasen  aquellos  ingenios. 
Desde  los  castillos,  más  altos  que  las  torres  del  alcázar,  rom- 
pieron un  porfiado  combate,  y  echaron  dos  puentes  sobre  la 
muralla,  mientras  no  cesaban  el  batir  de  las  manganas  ni  el  dis- 
parar de  la  ballestería.  Entran  por  los  puentes  espada  en  mano, 
no  siendo  el  conde  barcelonés  de  los  postreros;  derriban  á 
cuantos  á  su  paso  encuentran,  y  se  derraman  por  las  cámaras 
del  palacio,  llenas  de  moros  de  ambos  sexos  y  de  todas  edades. 
Á  unos  pasan  por  el  filo  de  la  espada;  á  otros  precipitan  de  las 
ventanas  y  torres  al  foso  y  al  mar;  quien  se  ensaña  en  los  va- 
rones, quien  encadena  y  mata  sin  piedad  á  las  mujeres;  y  mu- 
chos, más  compasivos  ó  astutos,  reservan  á  los  que  prenden 
para  el  cautiverio.  Cae  la  techumbre  artesonada,  desprendida  y 
rota  por  las  llamas:  mas  aunque  el  incendio  consumió  gran 
parte  de  las  riquezas  que  aquella  regia  morada  contenía,  salvá- 
ronse no  pocas,  y  la  iglesia  de  Pisa  se  llevó  en  donativo  los  más 
de  los  palios,  cálices  y  otros  preciosos  ornamentos  sagrados, 
que  los  moros  debieron  de  recoger  en  sus  correrías.  Fué  la 
toma  del  alcázar  á  primeros  de  Abril,  y  con  ella  quedó  de  todo 
punto  rematada  la  conquista  de  Mallorca. 

Grande  fué  aquella  expedición  bajo  todos  aspectos,  y  mu- 
cho mayor  si  á  las  dificultades  se  atiende:  el  número  de  las  em- 
barcaciones y  la  importancia  de  los  aprestos  no  sin  crecido  coste 


[SLASBALEARES  4I 


debieron  de  efectuarse  en  aquellos  siglos,  en  que  las  máquinas 
de  batir  abultaban  tanto  y  dificultaban  el  transporte;  hubo  .que 
atravesar  aguas  casi  desconocidas,  ya  que  los  pilotos  pisanos 
tan  buenamente  creyeron  que  Cataluña  era  Mallorca;  las  enfer- 
medades y  los  retardos  diezmaron  los  batallones ;  las  tempesta- 
des hicieron  descaecer  á  los  más  intrépidos;  y  el  rigor  de  las 
refriegas  y  duración  del  sitio  pusieron  á  prueba  el  valor  y  toda 
la  constancia  de  los  soldados;  tanto,  que  no  sin  fundamento  pu- 
diera citarse  esta  empresa  como  uno  de  los  más  interesantes 
episodios  de  las  cruzadas,  pues  que  fué  una  cruzada  verdadera. 
Pero  el  espíritu  guerrero  de  aquellos  siglos  no  era  á  propó- 
sito para  retener  lo  que  las  armas  conquistaban ;  y  á  la  costum- 
bre agregábanse  entonces  las  circunstancias  particulares  del 
ejército  aliado.  Las  tropas,  como  gente  levantada  voluntaria- 
mente, harto  habían  hecho  con  permanecer  constantes  hasta  el 
fin :  movidas  por  el  celo  religioso  y  por  el  entusiasmo  caballe- 
resco iban  en  busca  de  peligros  y  aventuras,  y  querían  regresar 
á  su  patria  luego  que  aquel  fervor  se  entibiaba;  acostumbradas 
á  hacer  la  guerra  en  países  del  continente  no  muy  apartados  y 
á  retirarse  á  sus  hogares  durante  la  temporada  de  invierno,  sin 
duda  deseaban  ya  abrazar  á  sus  deudos,  esposas  é  hijos;  y  las 
mismas  riquezas,  más  ó  menos  considerables,  que  cada  cual  ha- 
bía adquirido  en  el  saco  y  reparto,  les  estimulaban  á  ponerlas 
en  salvo  y  á  gozar  de  ellas  como  gente  aventurera,  esto  es,  á 
disiparlas  los  más  en  el  ocio  de  la  populosa  Pisa  ó  de  Florencia 
la  bella,  y  hacer  sonar  muy  altas  las  hazañas  propias  y  encuen- 
tros habidos  en  la  expedición.  No  sabemos  si  hubieran  acogido 
gustosas  la  propuesta  de  permanecer  en  las  Baleares.  Además 
componíase  el  ejército  de  soldados  de  varias  naciones;  variedad 
nada  propia  para  retener  lo  conquistado,  ya  que  faltaban  el 
centro  común  y  el  común  modo  de  pensar  y  objeto,  que  son  el 
alma  de  los  armamentos  nacionales.  Luqueses,  romanos,  lom- 
bardos y  provenzales  habían  acudido  en  partidas  sueltas,  sin 
formar  cuerpo  compacto,  cada  una  al  mando  de  capitanes  aven- 


42  ISLASBALEARES 

tureros  ó  de  sus  señores  feudales:  los  písanos  y  los  catalanes, 
bien  como  más  organizados,  más  numerosos  y  puestos  bajo  las 
órdenes  inmediatas  de  sus  jefes  soberanos  á  fuer  de  ejércitos 
nacionales,  eran  el  núcleo  de  aquellas  fuerzas;  mas  los  prime 
ros,  distraídos  con  su  gran  comercio  con  los  pueblos  de  Levan- 
te, ya  un  tanto  indispuestos  con  Genova  cuyos  progresos  esta- 
ban celando,  muy  difícilmente  hubieran  podido  atender  á  la 
posesión  de  las  Baleares,  harto  distantes  de  su  ciudad;  y  los 
segundos  no  tenían  tan  seguras  de  los  ataques  de  los  moros 
sus  fronteras,  ni  tan  dilatado  su  dominio,  ni  tan  adelantada  su 
naciente  marina,  que  á  su  placer  y  sin  riesgo  pudiesen  mantener 
ondeantes  en  el  alcazaba  de  Mallorca  las  barras  de  sus  condes. 
Sea  como  fuere,  los  cruzados,  arrasadas  primero  todas  las  for- 
tificaciones, desampararon  la  isla  á  poco,  llevándose  los  de  Pisa 
preso  á  Burabé  y  á  la  esposa  é  hijo  del  difunto  Nazaredech,  que 
ambos  recibieron  el  bautismo  (i). 

Todas  las  consideraciones  susodichas  cobraron  más  peso 
entonces  con  las  correrías  que  hacían  los  moros  por  tierras  del 
conde  de  Barcelona,  y  que  reclamaban  su  presencia,  y  sobre 
todo  con  la  flota  que  aquel  mismo  año  de  1 1 1 5  (509  de  la 
hégira)  aprestó  el  califa  Yusuf,  para  ir  en  auxilio  de  aquellas 
islas:  y  si  á  los  historiadores  árabes  creemos,  de  sola  la  fama 
de  que  se  acercaban  las  naves  de  los  muslimes  huyeron  los 
cristianos,  que  no  osaron  esperar  los  echaran  por  fuerza  de  ar- 
mas (2)  (a). 


(i)  Los  escritores  antiguos  refieren  que  aquella  dama  mora  había  sido  muy 
compasiva  para  con  los  cristianos,  y  que  por  lo  mismo  los  cruzados  le  prodigaron 
honor  y  respeto.  Asegúrase  que  el  hijo  tomó  en  el  bautismo  el  nombre  de  Lam- 
berto, y  llegó  á  obtener  una  dignidad  eclesiástica  en  la  catedral  de  Pisa,  en  la  cual 
hay  un  cuadro,  que  por  1784  pintó  en  Turín  Lorenzo  Pecheux,  y  representa  el 
bautizo  del  moro.  En  Florencia  existe  un  monumento  de  aquella  expedición:  en 
la  puerta  meridional  del  Baptisterio  de  San  Juan  se  ven  á  una  y  otra  parte  dos  co- 
lumnas de  pórfido,  que  son  las  mismas  que  los  pisanos  regalaron  entre  otros  ob- 
jetos á  los  florentinos,  por  los  servicios  que  durante  su  ausencia  les  prestaran 
tomando  á  su  cargo  la  custodia  de  su  patria. 

(2)    Conde,  Árabes  en  España^  tom.  2,  página  206. 

(a)    «Tan  pronto  como  los  cristianos,  dice  Almakkarí,  se  cercioraron  de  la  par- 


ISLASBALEARES  43 

Mas  no  por  esto  se  menoscabó  la  importancia  de  aquella 
empresa,  ni  quedó  infructuosa:  abatióse  el  orgullo  moro,  que 
poblaba  el  Mediterráneo  de  embarcaciones  piratas;  quitado  el 
temor,  renació  la  concurrencia  en  los  puertos  de  Cataluña  y 
Provenza;  y  con  tan  gran  derrota  aprendieron  los  sarracenos  á 
temer  por  sí,  y  á  admitir  más  estrechas  relaciones  comerciales 
con  los  cristianos,  ya  que  á  poco  les  veremos  celebrar  tratados 
con  éstos,  al  paso  que  por  mucho  tiempo  sus  piraterías  no  lle- 
garon ni  con  mucho  á  lo  que  antes.  No  es  para  este  lugar  la 
enumeración  de  las  ventajas  que  la  conquista  de  Mallorca  re- 
portó al  condado  de  Barcelona,  causando  la  organización  de 
mayores  fuerzas  navales  y  el  trabajo  y  actividad  consecuentes 
á  la  grandeza  de  los  armamentos:  el  conde  sobre  todo  tanto 
ánimo  cobró,  que  visitó  Genova  y  Pisa  para  ajustar  una  alianza 
é  ir  con  una  segunda  cruzada  á  libertar  la  Iglesia  de  España ;  y 
á  mediados  de  Setiembre  de  1 1 20  ya  pudo  celebrar  con  el  walí 
de  Lérida  un  convenio  que  no  podemos  pasar  en   silencio. — 


tida  de  tan  formidable  armamento,  desistieron  de  su  empresa  y  se  retiraron,  lle- 
vándose empero  consigo  tanto  botín  y  tantos  cautivos,  que  partieron  sumamente 
alegres  y  satisfechos.  Al  volver  á  su  tierra,  fueron  asaltados  por  una  tormenta  que 
dispersó  sus  galeras,  y  á  cuatro  de  ellas  arrojó  sobre  la  costa  de  Denia,  cuyos  ha- 
bitantes salieron  á  darles  caza,  logrando  capturar  á  tres  y  escapándose  la  otra. 
Los  muslimes,  al  llegar  á  Mallorca,  hallaron  arruinada  la  ciudad  y  desiertas  sus 
calles :  todo  alrededor  llevaba  el  aspecto  de  asolamiento  y  ruina.  Viéndolo  Ibn- 
Tafertas  que  mandaba  la  escuadra,  ordenó  que  los  almorávides  y  demás  soldados 
y  marineros  que  componían  la  expedición  se  quedasen  á  reedificar  la  ciudad :  así 
se  hizo  luego  que  volvió  el  pueblo  que  había  huido  á  las  montañas;  fué  reedifica- 
da como  antes  y  repoblada,  agregándose  á  los  vecinos  muchos  de  los  soldados 
expedicionarios.»  Cuenta  luego  que  el  amir  de  Marruecos  dio  el  gobierno  de  la 
isla,  ya  sometida  á  su  poder,  á  uno  de  los  más  bravos  oficiales  de  los  de  Lamtuna, 
Wathur  lotros  Guannur)  ben-Abi-Bekr,  confiriéndole  el  mando  de  una  división  de 
quinientos  caballos,  y  que  el  nuevo  gobernador  se  hizo  excesivamente  odioso  á  los 
habitantes  por  las  innumerables  vejaciones  que  les  impuso,  entre  otras  la  de  man- 
darles el  abandono  completo  de  la  ciudad  y  fabricarse  tierra  adentro  otra.  Siguió- 
se de  aquí  un  tumulto,  cuyos  jefes  fueron  presos  y  ajusticiados  por  orden  de 
Wathur;  con  lo  cual  se  exasperó  hasta  tal  punto  el  pueblo  de  la  isla,  que  se  su- 
blevó de  puevo  contra  el  gobernador  y  le  redujo  á  prisión.  Entonces  enviaron  una 
embajada  á  Alí-ben-Jusuf,  quien  oídas  sus  querellas  les  perdonó,  y  les  envió  otro 
gobernador,  que  prendiendo  á  Wathur,  le  remitió  á  Marruecos  cargado  de  cade- 
nas. El  novísimo  gobernador  no  era  otro  que  Mohamed-aben-Ganiyah,  jefe  de  una 
célebre  dinastía  que  habrá  de  ocuparnos  más  adelante. 


44  ISLASBALEARES 


Después  de  jurarse  en  él  mutua  amistad,  D.  Ramón  Berenguer 
prometió  aprontarle  al  moro  veinte  galeras  y  tantos  gorabs  ó 
gorabos  cuantos  necesitase  para  transportar  á  Mallorca  doscien- 
tos caballos  entre  cristianos  y  sarracenos;  y  el  walí,  que  se 
denominaba  Avifílel,  convino  en  enviar  al  conde  en  rehenes  sus 
hijos  y  cuantos  el  barcelonés  designase,  y  en  entregarle  varios 
castillos  y  lugares,  estipulando  empero  que  todo  quedase  efec- 
tuado  para  el  siguiente  mes  de  Agosto  (i).  Masía  historia  nada 
dice  de  aquel  tratado  ni  de  sus  efectos;  y  sólo  por  los  afíos 
de  1 1 34  menciona  en  Lérida  al  walí  AbuZakarya-ben-Ganya, 
famoso  guerrero  y  capitán  de  las  fuerzas  almorávides  en  aque- 
llas tierras,  el  cual  ganó  á  los  cristianos  la  sangrienta  batalla  de 
Fraga  (2). 

Entre  tanto  había  aparecido  en  África  la  secta  de  los  al- 
mohades, que  obedeciendo  el  fanático  impulso  de  su  fundador 
El-Madhy  y  del  sucesor  de  éste  Abdel-Mumen,  conmovía  el 
poder  de  los  almorávides  de  tal  manera,  que  el  emir  de  Marrue- 
cos y  príncipe  de  estos  Aly-ben-Yusuf  hubo  de  mandar  á  su 
hijo  Taschfyn,  que  dejando  la  España,  donde  andaba  sometién- 
dolo todo  al  imperio  de  su  dinastía,  acudiese  prontamente  con 
la  ñor  de  su  caballería  al  África.  Su  partida  fué  en  España  la 
señal  de  la  sublevación  contra  los  almorávides;  y  encendiéndose 
las  primeras  centellas  en  el  Algarbe,  cundió  el  fuego  por  la 
Andalucía  hasta  Valencia.  Al  ver  el  ya  nombrado  Abu  Zakarya- 
ben-Ganya,  á  quien  Taschfyn  al  partir  dejó  de  general  de  todas 
las  tropas  almorávides,  que  todos  sus  esfuerzos  no  bastaban 
para  apagarlo,  temió  por  la  pérdida  total  del  dominio  de  aque- 
llos en  la  península,  y  escribió  á  su  hermano  Mohamed-ben-Aly- 
EbnGanya  que,  saliendo  de  Sevilla  con  todas  sus  naves  y  gen- 


(i)    Véase  el  número  4  del  >l/)¿«£fíCÉ?. 

(2)  Al  lado  de  la  firma  del  conde  va  en  el  documento  la  del  walí  en  árabe;  y 
como  es  bastante  larga,  tal  vez  traducida  arrojaría  alguna  luz  sobre  el  particular, 
si  ya  no  es  una  alabanza  de  Dios  ú  otra  fórmula  religiosa  de  las  que  entre  los  mu- 
sulmanes solían  hacer  veces  de  firma. 


ISLAS       BALEARES  4$ 

te,  tomase  al  paso  las  que  hubiese  en  Almería  y  fuese  á  fortín- 
carse  en  las  Baleares:  lo  cual  el  hermano  al  punto  puso  por 
obra  (a).  Corrían  entonces  los  afíos  de  1144:  el  hijo  de  este 
Mohamed  y  sobrino  del  general  Abu-Zakarya,  llamado  Abu- 
Mohamed-Abdala,  tras  una  larga  defensa  había  tenido  que  ca- 
pitular en  Játiva  y  retirarse  á  Almería,  en  donde  aún  eran  pode- 
rosos los  de  su  bando;  y  si  bien,  mientras  su  tío  pudo  en 


(aj  Según  Almakkarí,  como  queda  dicho,  pasó  Mohamed-ben-Álí-aben-Ganiyah 
á  Mallorca  mucho  antes,  en  i  1 26,  nombrado  gobernador  por  el  amir  en  reempla- 
zo de  Wathur,  y  no  enviado  por  su  hermano  Yahya,  por  otro  nombre  Abu-Zakaría, 
que  es  el  mismo  que  hallándose  de  walí  en  Lérida  derrotó  al  pie  de  los  muros  de 
Fraga  á  Alfonso  el  batalladora  y  que  sostuvo  en  Andalucía  la  vacilante  fortuna  de 
los  almorávides  contra  los  insurgentes  alentados  desde  África  por  los  almohades. 
Verdad  es  que  á  la  misma  causa  se  consagró  Mohamed  desde  este  rincón  con 
igual  celo  que  su  hermano,  á  quien  ofreció  dos  de  los  seis  hijos  que  consigo  tenía, 
Abdalla  é  Ishak,  á  quienes  su  tío  dio  los  gobiernos  de  Granada  y  de  Carmona,  y 
antes  A bdalla  se  había  señalado  ya  en  el  de  Valencia  de  donde  al  fín  lograron 
echarle  los  rebeldes.  Llamólos  de  Andalucía  su  padre  al  ver  acercarse  la  ruina  del 
imperio  Almoravidc  que  espiró  con  el  famoso  Aben-Ganiyah  su  intrépido  defen- 
sor en  la  vega  de  Granada,  y  mandóles  acudir  con  su  escuadra ;  pero  cuando  ro- 
deado de  ellos  se  preparaba  á  salvar  si  podía  del  naufragio  común  su  pequeño 
estado,  vínole  el  daño  de  donde  menos  recelaba.  Ofendido  Ishak  de  la  preferencia 
dada  al  primogénito  Abdalla  para  heredar  el  reino,  entrando  en  conspiración  con 
algunos  Lamtunies,  no  sólo  dio  muerte  al  antepuesto  hermano,  sino  á  su  mismo 
anciano  progenitor;  y  anticipándose  luego  á  sus  cómplices  que  trataban  á  su  vez 
de  derribarle,  atacólos  en  sus  propias  casas  y  logró  acabar  con  ellos.  Empezó  á 
reinar  en  1  i  5  i ,  y  dedicado  á  plantar  y  á  fabricar,  desmintió  de  pronto  con  el  tem- 
plado y  discreto  ejercicio  del  poder  el  sangriento  modo  de  adquirirlo;  mas  no 
tardó  en  cambiar,  disgustando  á  los  habitantes  y  hasta  á  su  general  de  mar  Lob- 
ben-Maymún  (*),  principal  apoyo  de  su  elevación,  que  se  pasó  entonces  á  los  ene- 
migos almohades.  No  se  descuidó  Ishak,  sin  embargo,  á  pesar  de  la  sangre  almo- 
ravide  que  por  sus  venas  corría,  y  de  la  hospitalidad  dada  al  poderoso  adversario 
de  la  nueva  dominación,  Aben-Said-ben-Mordanisch,  dueño  de  la  costa  de  enfren- 
te desde  la  embocadura  del  Ebro  hasta  Cartagena,  el  cual  murió  en  Mallorca  ha- 
cia 1 17a,  no  se  descuidó,  repito,  de  cultivar  relaciones,  y  no  de  simple  amistad 
sino  de  dependencia,  con  el  califa  almohadc  Abu-Yacub,  á  quien  tenía  costumbre 
de  enviar  presentes  de  cristianos  cautivados  en  sus  anuales  expediciones  por  las 
costas  de  Cataluña  y  de  Provenza.  Ganó  á  Tolón,  prendió  al  vizconde  de  Marsella 
Hugo  Gaufredo,  celebró  con  Genova  el  tratado  de  que  habla  el  texto,  y  acabó  sus 
días  en  1 184.  Ha  sido  menester  adelantar  estas  noticias  para  rectificar  y  aumen- 
tar las  incompletas  de  que  pudo  disponer  en  su  tiempo  Piferrer,  no  publicadas 
todavía  las  historias  arábigas  que  le  hubieran  ahorrado  tantas  conjeturas  y  re- 
suelto tantos  problemas. 

(*)  Hijo  probablemente  de  Abdalla-ben-Maymiíii  que  durante  el  sitio  de  los  písanos  llevó  al  África  el 
arriesgado  mensaje. 


46  ISLASBALEARES 

Andalucía  sostener  un  tanto  el  desquiciado  dominio  de  los  almo- 
rávides, hizo  él  frecuentes  algaras  por  tierras  de  Valencia,  al 
ñn  desamparó  para  siempre  la  España,  y  pasó  á  Mallorca  á 
reunirse  con  su  padre.  Ya  era  tiempo  de  que  lo  hiciera:  pues 
venidos  del  África  los  almohades,  habían  comenzado  á  dar 
ayuda  á  los  sublevados;  y  tomada  luego  Marruecos,  corte  de 
los  almorávides,  ñnó  la  dominación  de  éstos,  y  fueron  vanos  el 
saber  y  la  constancia  de  aquel  gran  varón  AbuZakarya-ben- 
Ganya,  que  después  de  defender  la  Andalucía  á  palmos  falleció 
de  sus  heridas  el  año  543  de  la  hégira,  ó  1 148  del  Señor,  llo- 
rado como  el  postrer  almoravide  por  los  suyos,  que  perdida 
Granada  por  1157  á  1158  dieron  la  vela  para  las  Baleares. 

Así  vinieron  estas  á  ser  el  único  asilo  de  los  almorávides: 
pero  ¿aquellos  jefes  eran  descendientes  de  Mudjehid,  el  conquis- 
tador de  las  islas?  No  podemos  satisfacer  de  un  modo  termi- 
nante á  esta  cuestión,  y  harto  á  pesar  nuestro  hemos  de  caminar 
sobre  cálculos  y  suposiciones.  Los  jeques  ó  emires  de  Denia, 
cuando  el  llamamiento  de  Yusuf-Taschfyn  por  los  régulos  ára- 
bes españoles  y  su  consiguiente  venida,  si  bien  al  principio  en 
obsequio  del  africano  vistieron  el  albornoz  negro,  color  de  los 
abasidas,  también  después  fueron  del  número  de  los  desconten- 
tos; y  la  historia  en  el  año  1092  (484  de  la  hégira)  trae  la  toma 
de  Denia  por  las  armas  del  general  almoravide  Dawdben- 
Aischa.  Además,  habían  mediado  relaciones  de  parentesco  entre 
la  familia  de  Mudjehid  y  varios  jeques  árabes;  el  de  Valencia  al 
parecer  era  cabeza  de  sus  vecinos,  los  cuales,  incluso  el  de 
Denia,  vinieron  á  confundir  sus  estados  con  el  de  aquel  y  á  for- 
mar un  solo  reino;  y  aunque  un  ahmerí,  el  cadhí  Ahmed-el- 
Moafery,  entregó  traidoramente  Valencia  á  aquel  general  y  se 
alzó  por  entonces  con  el  reino  y  el  favor  de  Yusuf,  no  se  halla 
ya  mención  de  Aly  hijo  de  Mudjehid  después  del  año  1058. 
Hay  pues  que  hacer  dos  suposiciones:  que  Mohamedben-Aly- 
EbnGanya  era  uno  de  los  hijos  de  Aly,  como  lo  indica  su  nom- 
bre, y  nieto  de  Mudjehid;  ó  que  arrojada  de  Denia  la  familia 


SLASBALEARES  47 


de  éste,  y  sujetada  después  Mallorca  en  1095  P^^  ^^^  fuerzas 
de  Schyr-benAbu-Bekr,  fundó  el  Ben-Ganya  una  nueva  dinastía 
de  reyes  de  las  islas  (a).  Ni  tampoco  aclara  las  dudas  la  amistad 
que  al  parecer  unió  á  los  Beny-Ganyas  con  Abu-Abdalá- 
Mohamed-ben-Saíd-ben  Mordanisch,  rey  de  Valencia  y  de  la 
España  oriental,  según  le  titulan  los  historiadores  árabes,  el 
cual,  no  siendo  ni  almoravide  ni  almohade,  pero  sí  enemigo  de 
este  bando,  organizó  por  algún  tiempo  un  estado  que  se  exten- 
día desde  los  confines  de  Cataluña  hasta  Cartagena,  compren- 
diendo Murviedro,  Játiva,  Denia,  Alicante,  Lorca  y  Murcia,  y 
falleció  en  Mallorca  el  año  de  1172. 

Sin  embargo,  á  Mohamed-benGanya  le  llaman  los  docu- 
mentos hijo  de  Aly,  bien  que  no  se  particulariza  fuese  éste  el 
hijo  y  sucesor  de  Mudjehid.  Sea  de  esto  lo  que  fuere,  Mohamed 
tuvo  dos  hijos,  Abu-Mohámed  Abdalá  y  Abulbrahim^-Ishak:  del 
primero,  que  en  España  tanto  secundó  los  esfuerzos  de  sii  tío 
Zakarya,  y  se  distinguió  con  la  defensa  de  Játiva,  ninguna  men* 
ción  vuelve  á  hacer  la  historia;  y  en  1 181  ya  había  ascendido 
al  tronó  de  las  Baleares  el  segundo,  su  hermano  Abu-Ibrahim, 
que  por  entonces  firmó  un  tratado  con  la  república  de  Genova, 
Pero  en  gracia  de  la  claridad,  désenos  que  retrocedamos  un 
tanto;  y  tomando  las  cosas  de  su  origen,  veamos  si  se  pueden 
traslucir  los  antecedentes  que  á  aquella  república  la  movían  á 
tratar  con  los  isleños  (6). 


(a)  Aunque  hijos  de  un  Alí  (nombre  tan  común  entre  los  árabes)  los  dos  her- 
manos Aben-Ganiyah,  Yahya  y  Mohamed,  nada  tenían  que  ver  con  la  estirpe  de 
Mudjehid,  cuyo  hijo  Alí,  señor  de  Denia,  es  bien  distinto  del  AIí-ben-Yahya-Alma- 
sufí,  padre  de  los  dos  célebres  caudillos,  con  quien  el  califa  Yusuf  casó  á  una  de 
sus  parientas  llamada  Ganiyah.  Nueva  pues  era  en  Mallorca  la  dinastía  de  los 
Aben-Ganiyahs,  que  contó  tres  generaciones  de  reyes,  así  como  dos  la  de  Mud- 
jehid. 

(b)  Ninguna  parte  tomaron  los  genoveses  en  la  expedición  de  los  písanos 
de  1 1  14,  á  pesar  de  unir  sus  nombres  Almakkarí;  y  este  retraimiento  no  se  prue- 
ba sólo  por  el  silencio  de  nuestras  crónicas  y  documentos,  sino  por  la  mención 
expresa  que  de  él  hacen.  Esto  no  quita  que  en  tiempos  próximos  al  suceso  se  di- 
vulgara ya  la  hablilla  de  que  á  los  genoveses  había  dado  á  guardar  el  conde  de 


48  ISLAS       BALEARES 

Como  la  famosa  expedición  de  catalanes  y  pisanos  no  des- 
poseyó enteramente  de  las  Baleares  á  los  sarracenos,  ardían 
aquellos  en  vivísimos  deseos  de  segundarla,  cuando  otra  jorna- 
da semejante  hizo  que  salieran  á  plaza.  Almería,  guarida  de  pi- 
ratas, iba  al  fin  á  caer  en  manos  de  los  cristianos:  D.  Alfonso, 
rey  de  León  y  de  Castilla  y  emperador  de  las  Espafias,  era  el 
alma  de  la  empresa;  y  mientras  las  tropas  de  los  condes  y  gran- 
des se  ponían  en  marcha,  Barcelona  había  aprontado  una  es- 
cuadra, y  con  sus  naves  se  reunían  las  de  Montpeller,  Genova  y 
Pisa.  A  la  vista  de  los  armamentos^  debió  de  recordar  D.  Ramón 
Berenguer  IV  las  hazañas  de  su  padre  en  Mallorca ;  y  queriendo 
concluir  su  obra  comenzada,  ajustó  dos  tratados,  en  que  consig- 
nó sus  proyectos  de  pasar  á  la  toma  de  las  islas.  Fué  el  uno  con 
D,  Guillen  Ramón  de  Moneada,  y  en  él  le  donó  la  tenencia  de 
la  ciudad  de  Tortosa  y  de  su  zuda  ó  alcazaba  en  nombre  suyo 
con  la  tercera  parte  de  las  rentas,  la  del  castillo  y  distrito  de 
Peftíscola,  la  de  la  ciudad  y  término  de  Mallorca  con  la  tercera 
parte  de  los  productos,  y  la  de  Menorca  é  Ibiza.  Firmóse  esta 
donación  á  primeros  de  Agosto  de  1 146  por  el  conde  y  por  los 
testigos  Pedro  Bertrán  de  Belloch,  Bernardo  de  Belloch,  Gui- 
llelmo  de  Castellvell,  Otón  y  Raimundo  de  Puig-alt  (i);  y  el 
Moneada  en  cambio  se  dispuso  para  acompañarle  á  Almería  con 
la  más  gente  que  pudo.  Celebró  el  conde  el  otro  tratado  con 
los  de  Genova,  y  en  él  se  estipuló:  que  á  la  vuelta  de  Almería, 
sin  regresar  á  Genova,  marcharían  ellos  y  el  conde  á  tomar 
Tortosa  y  luego  las  Baleares,  especificando  Mallorca,  Menorca, 


Barcelona  su  conquista  al  regresar  á  Cataluña,  á  cuya  confianza  habían  corres- 
pondido aquellos  tan  mal,  que  entregaron  la  isla  á  los  infieles.  Anno  MCXV^  dice 
un  antiguo  cronicón  barcelonés,  capia  fuii  civiias  Majoricarum  á  comité  Barcino- 
nensi  cum  Pisanis^  quam  Januenses  postea  tradiderunt;  y  de  semejante  calumnia, 
sugerida  por  el  odio  nacional,  se  hace  eco  asimismo  el  cronista  Desclot.  Para  des- 
mentirla, si  fuera  menester,  bastaría  el  concierto  que  más  adelante  se  cita,  de  Ra- 
món Berenguer  IV  con  los  de  Genova,  para  emprender,  á  continuación  de  la  con- 
quista de  Almería,  la  de  Mallorca. 

(i)    Véase  el  número  5  del  Apéndice. 


ISLAS       BALEARES  49 

Ibiza  y  Formentera;  que  de  lo  que  conquistasen  juntos,  las  dos 
partes  serían  para  el  conde,  y  para  los  genoveses  la  restante; 
que  en  las  ciudades  y  lugares,  de  que  el  conde  se  apoderase  por 
sí  solo,  tendrían  éstos  una  iglesia  con  las  rentas  y  casas  que 
cinco  clérigos  hubiesen  menester,  un  horno,  unos  baños,  una 
albóndiga,  etc.;  que  ni  los  genoveses  pagarían  derecho  alguno 
de  portazgo,  ni  de  peaje,  ni  de  ribera  en  todos  los  estados  del 
conde,  desde  el  Ródano  hasta  las  fronteras  de  poniente,  ni  á  los 
vasallos  del  conde  se  les  exigirían  semejantes  derechos  en  terri- 
torio y  puertos  de  la  república;  que  mientras  anduviesen  juntos 
ambos  ejércitos,  ninguna  de  las  partes  contratantes  podría  ñr- 
mar  pacto  ó  convenio  para  restituir  alguna  plaza,  sin  consenti- 
miento de  la  otra;  que  los  genoveses  tendrían  aprontados  inge- 
nios y  máquinas  militares  de  toda  especie ;  y  por  último  que  los 
que  de  ellos  obtuviesen  posesiones  en  España,  reconocerían  el 
dominio  del  conde  y  de  sus  sucesores  (i). 

Harto  extraño  es,  á  la  verdad,  que  el  barcelonés  así  des- 
continuase la  amistad  que  reinó  entre  su  padre  y  los  pisanos,  y 
con  menoscabo  del  respeto  que  á  la  memoria  del  gran  D.  Ra- 
món Berenguer  III  debía,  trabase  alianza  con  quienes  se  habían 
negado  á  participar  de  la  expedición  pasada;  mas  sin  duda  las 
crecidas  fuerzas,  que  para  la  toma  de  Almería  envió  la  república 
genovesa,  su  pujanza  que  siempre  iba  en  aumento,  su  no  des- 
mentida fortuna  y  otras  circunstancias  del  momento  fueron  parte 
para  que  él  efectuase  esa  negociación.  Los  pisanos  empero,  di- 
vididos ya  de  Genova  por  aquella  funesta  rivalidad  que  al  ñn 
acabó  con  su  propio  esplendor  y  poderío,  debieron  de  sentir 
profundamente  la  preferencia  otorgada  á  sus  émulos ;  y  tal  vez 
por  aquella  coyuntura  enviaron  al  conde  una  carta,  que  por  des- 
gracia carece  de  fecha.  En  ella,  después  de  recordarle  la  amistad 
que  con  su  antecesor  les  había  unido,  y  las  muchas  veces  que, 
muerto  aquél,  le  habían  escrito  á  él  mismo  sobre  esto  y  sobre 


(i)    Véase  el  número  6  del  Apéndice, 
1 


50  ISLASBALEARES 


conservar  ahora  la  suya,  decíanle  que  ellos  perseveraban  en  el 
primer  propósito;  que  favoreciese  á  Pisa,  como  un  tiempo  la  fa- 
voreció su  padre;  que  trajese  á  la  memoria  que  éste  conquistó  á 
Valencia,  y  juntos  tomaron  Mallorca;  que,  si  bien  al  presente 
una  y  otra  estaban  en  poder  de  sarracenos,  con  todo  su  defensa 
y  amparo  corrían  de  cuenta  de  Pisa  y  del  conde,  y  sobre  ellos, 
que  no  sobre  los  moros,  recaería  la  infamia  de  los  detrimentos 
que  padeciesen ;  que  por  tanto,  si  los  genoveses,  según  se  decía, 
intentasen  acometer  á  Valencia  ó  á  Mallorca  é  Ibiza,  les  negase 
su  auxilio;  que  ellos  ya  se  lo  habían  prohibido  por  escrito  y  de 
palabra,  manifestándoles  que  no  podrían  realizar  sus  intentos 
sin  que  costase  sangre  á  entrambas  repúblicas  (i).  Mas  no  lle- 
garon las  cosas  á  tal  rompimiento,  pues  no  se  llevó  á  cabo  el 
proyectado  paso  á  las  Baleares ;  y  harto  ocupadas  estuvieron 
las  armas  de  Genova  y  del  conde  en  la  toma  de  Almería  y  en 
el  cerco  de  Tortosa. 

Con  el  valor  y  la  fe  de  su  padre  D.  Ramón  Berenguer  IV, 
heredó  también  D.  Alfonso  el  Casto  la  idea  de  conquistar  las 
Baleares;  y  al  parecer  los  mismos  moros,  no  respetando  el  pa- 
bellón aragonés,  despertaron  sus  deseos  de  ponerla  por  obra. 
£1  rey,  que  no  estaba  tan  desembarazado  de  negocios  que  pu- 
diese abandonar  sus  estados  y  hacerse  á  la  vela,  ni  aun  mandar 
allá  sus  fuerzas,  tentó  las  vías  de  una  negociación ;  y  por  Febrero 
de  1 1 76,  Roberto,  tal  vez  uno  de  la  familia  normanda  de  Agui- 
lón,  el  cual  por  su  complicidad  en  el  asesinato  del  arzobispo  de 
Tarragona  D.  Hugo  de  Cervellón  se  habría  refugiado  á  Ma- 
llorca, obtuvo  de  D.  Alfonso  y  del  electo  arzobispo  D.  Guillen 
Tarroja  salvo-conducto  para  regresar  á  Cataluña,  prometiendo 
él,  entre  otras  estipulaciones,  que  procuraría  asentar  treguas 
entre  el  aragonés  y  el  walí  mallorquín  (2).  Pero  al  siguiente  afto 
ya  resolvió  el  rey  aprontar  una  armada  y  fiar  la  satisfacción  á 


(i)    Véase  el  número  7  del  Apéndice. 
(2)    Id.  número  8  id. 


ISLASBALEARES  $1 

las  armas;  y  por  Junio  de  1 178  un  capitán,  que  la  historia  de- 
signa con  el  solo  nombre  de  D.  Alonso,  puso  á  su  disposición 
las  galeras  de  Guillelmo  rey  de  Sicilia  para  aquel  paso.  Mas, 
sea .  que  sus  disensiones  con  Castilla  y  Navarra  le  trajesen  cui- 
dadoso, sea  que  los  asuntos  de  Provenza  no  le  dieran  vagar,  ó 
bien,  como  creemos  y  es  lo  más  probable,  que  el  balear  vino  á 
entr2í^k||  razón  y  pesó  bien  sus  propios  intereses,  la  empresa 
no  pasó  de  proyecto. 

Sin  embargo,  la  república  de  Genova,  como  tan  sagaz  y  co- 
merciante, aprovechó  aquella  coyuntura  para  apropiarse  en 
cierto  modo  el  tranco  de  las  islas :  y  haciendo  valer  el  temor  que 
la  proyectada  expedición  debía  de  infundir  á  los  moros  mallor- 
quines, si  ya  no  habían  mediado  mutuas  ofensas  entre  embarca- 
ciones de  una  y  otra  parte,  por  medio  de  su  embajador  Rodoán 
de  Moro  ajustó  con  el  rey  de  las  Baleares  el  alfaquí  Abu- 
Ibrahim  Ishak ,  hijo  de  Mohamed-ben-Ganya ,  y  hermano  del 
famoso  Abdala  que  tan  valientemente  se  defendió  en  Játiva,  un 
tratado  de  paz,  en  el  cual  se  prometían  ambas  partes  no  hosti- 
lizarse ni  favorecer  de  ningún  modo  á  sus  respectivos  contrarios, 
estipulando  que  si  algún  bajel  de  una  y  otra  naufragasen  en  las 
costas  ya  genovesas  ya  mallorquinas,  nadie  pudiese  apoderarse 
de  los  despojos  de  la  embarcación,  y  que  aquella  tregua  y  con- 
venio durasen  diez  años,  contaderos  desde  el  día  de  la  fecha, 
esto  es,  desde  el  mes  de  safar  de  577  de  la  hégira,  ó  Junio 
de  1 181  (i). 

Muy  provechosa  le  fué  al  moro  la  tregua,  pues  le  permitió 

entender  con  ahínco  en  reforzar  su  escuadra;  y  tal  vez  esto, 

más  que  otra  consideración,  fué  lo  que  á  ñrmarla  le  indujo.  Y 

.  bien  se  echó  de  ver  entonces  que  eran  los  BenyGanyas  dignos 

descendientes  de  aquel  Zakarya,  á  quien  se  denominó  el  postrer 


(i)  Historia  de  España^  por  Carlos  Romey,  cap.  III  de  la  3.*  parte;  este  histo- 
riador, según  él  dice,  copia  el  extracto  que  en  1805  M.  Silvestre  de  Sacy  sacó  del 
original  árabe,  conservado  en  el  archivo  de  Genova. 


$2  ISLASBALEARES 

almoravide,  ya  que  ñeles  á  los  sentimientos  de  su  familia  y  secta 
mantuvieron  odio  constante  á  los  almohades,  y  desde  una  roca 
del  Mediterráneo  espiaron  la  ocasión  de  turbar  su  imperio:  la 
cual  juzgaron  se  les  ofrecía  con  la  muerte  del  emir  AbuYakub- 
Yusuf,  acaecida  el  año  580  de  la  hégira,  1 184  del  Señor.  Había 
en  tanto  fallecido  Abulbrahim-Ishak,  y  ocupaba  el  trono  de  las 
Baleares  su  hijo  Aly-ben  Ishak  (aj^  y  reuniendo  grande  armada 
hízose  á  la  vela  para  el  África,  puso  sitio  á  Bujía,  combatióla 
furiosamente,  y  tomándola  al  ñn  á  viva  fuerza,  desalojó  de  allí 


(a)  No  fué  Alí  quien  sucedió  de  pronto  á  su  padre  Ishak,  sino  Mohamed,  el 
mayor  de  los  trece  hermanos,  quien  se  apresuró,  mediante  embajada,  á  ofrecer 
sumisión  al  califa  almohade;  y  para  recibírsela  vino  de  Marruecos  Alí-Ar-Robertín, 
hijo  de  cristiano  al  parecer  según  el  patronímico.  Indignados  de  tamaña  humilla- 
ción los  hermanos,  prendieron  á  Mohamed  juntamente  con  el  enviado  del  amir,  y 
escogieron  de  entre  ellos  por  rey  á  Alí,  en  el  momento  en  que  la  nueva  del  falleci- 
miento de  Abu-Yacub  vino  á  despertar  las  esperanzas  y  los  odios  almorávides. 
Sediento  de  gloria  Alí  y  sintiéndose  estrecho  en  la  isla,  déjala  al  cuidado  de  su 
hermano  Talha  (de  su  iio  Az-zobeir  dice  Ibn  Khaldun),  y  con  otros  dos  hermanos 
Yahya  y  Abdalla  desembarca  en  África  sus  huestes,  toma  ciudades,  subleva  tribus, 
y  emprende  extinguir  en  su  foco  la  pujanza  almohade.  Mientras  tanto  el  astuto 
Ar-Robertín  tramaba  desde  su  cárcel  una  revuelta,  y  entrando  en  secreta  nego- 
ciación con  libertos  cristianos  que  lo  custodiaban,  prometíales  el  regreso  á  su  país 
nativo  con  hijos  y  familias,  con  tal  que  le  ayudaran  á  recobrar  la  libertad;  hecho 
que  explica  aquella  misteriosa  frase  del  cronicón  de  San  Víctor  de  Marsella^ 
MCLXXXV—Chrisiiani  ceperunt  palaíium  civitaiis  Majoricarum,  ei  fuerunt  liberati 
á  capiivitaie,  Hiciéronse  fuertes  en  el  alcázar,  y  libertado  de  su  prisión  Mohamed, 
volvió  á  cobrar  el  cetro.  El  primer  uso  que  de  él  hizo  fué  despachar  á  Ar-Robertín 
hacia  el  nuevo  sultán,  reiterándole  su  homenaje,  y  poco  se  hizo  aguardar  la  flota 
almohade  al  mando  de  Abu-1-ola-ben-Jamí,  á  fin  de  tomar  posesión  de  la  isla;  re- 
sistióse empero  al  yugo  el  fluctuante  Mohamed,  y  solicitó  de  los  cristianos  de 
Barcelona  fuerzas  que  oponer  á  las  de  África.  Fl  escándalo  de  semejante  alianza,  á 
la  vez  que  el  temor  al  califa,  sublevaron  á  los  muslimes  de  Mallorca;  Mohamed  fué 
segunda  vez  depuesto,  y  elevado  su  hermano  Tashefín.  Llegaron  á  Alí  en  Trípoli 
(en  Constantina  según  otros)  estas  abigarradas  nuevas,  y  no  sufriéndole  el  cora- 
zón abandonar  su  patria  y  reino  bajo  la  servidumbre  de  la  aborrecida  raza  que 
había  jurado  destruir,  con  las  gentes  de  que  se  desprendió  y  con  las  que  reclutó 
en  Sicilia  su  hermano  Abdalla,  le  envió  á  Mallorca  en  compañía  de  otro  hermano 
Alghazí.  Desembarcó  la  expedición  libertadora  en  un  puerto  de  la  isla,  y  por  ardid 
se  apoderó  de  la  capital,  donde  no  faltaban  generosos  sentimientos  de  indepen- 
dencia, que,  haciendo  explosión,  ahuyentaron  á  Tashefín  y  entronizaron  á  Abdalla. 
Ocurrían  estos  sucesos  de  1 18$  á  1 187:  el  reinado  de  Abdalla  hasta  1203  fué  una 
continuada  resistencia  contra  las  escuadras  almohades,  que  de  vez  en  cuando  se 
acercaban  á  tentar  fortuna,  y  que  vigorosamente  repelía  con  muerte  de  muchos 
agresores  el  escandecido  entusiasmo  popular. 


ISLASBALEARES  53 

á  los  almohades  é  hizo  rezar  la  kothba  (i)  por  Nayr-Edyn-Alá 
califa  de  Bagdad,  llamando  á  las  armas  á  todas  las  kábilas  ó 
tribus  y  pueblos  comarcanos. 

Con  su  partida  quedó  reinando  en  Mallorca  su  hermano 
Abu  Mohamed-Abdalá,  el  cual,  aunque  no  había  espirado  aún  el 
plazo  de  la  tregua  mencionada,  y  quizás  sólo  para  rátiñcar  el 
convenio  de  su  padre,  por  Agosto  de  1 1 88  ñrmó  con  el  emba* 
jador  genovés,  Nicolás  Lecanozze,  otro  tratado  de  paz  durade- 
ro por  diez  años  (2). 

Mientras  tanto,  Aly  ó  Yahya  con  varia  fortuna  seguía  gue- 
rreando en  África  contra  los  almohades ;  y  bien  pudiera  ser  que 
contribuyeran  á  sostenerle  así  los  socorros  que  de  las  Baleares 
se  le  mandaban,  como  las  tribus  que  se  sublevaban  en  favor 
suyo.  Fieles. á  la  memoria  de  los  almorávides,  los  árabes  san- 
hadjitas  y  zenetes,  de  los  cuales  eran  oriundos  los  Beny-Ganyas, 
jamás  abandonaron  á  su  jefe  Aly;  y  este  intrépido  descendiente 
de  Zakarya,  ya  refugiándose  y  vagando  por  el  desierto  en  la 
adversidad,  ya  fortificando  las  plazas  amigas  durante  la  suerte 
próspera,  disputó  por  muchos  años  á  los  almohades  el  imperio 
de  lo  que  hoy  forma  gran  parte  de  los  estados  berberiscos. 

Mas  el  suceso  no  debía  coronar  tantos  esfuerzos  y  tanto 
heroísmo.  El  emir  almohade  Mumenín-Mohamed-ben-Yakub,  ó 
Nasredino  Alá  (^),  el  cual  entonces  por  muerte  de  su  padre 
acababa  de  ascender  al  califato,  conoció  que  duraría  la  constan- 
cia de  El  Mayorki,  que  así  apellidan  á  Aly  ó  Yahya  {6)  los  his- 


(i)    Oración  pública  por  el  príncipe. 

(3)    RoMEY,  en  el  lugar  ya  citado. 

(a)  Es  de  extrañar  que  Piferrer  confunda  aquí  y  más  abajo  al  amir  de  Marrue- 
cos con  el  califa  de  Bagdad,  que  pocas  líneas  más  arriba  ha  distinguido  cuidado- 
samente. 

(d;  Toma  Piferrer  por  una  sola  persona,  con  distintos  nombres,  á  los  dos  her- 
manos que  siempre  unidos  y  con  implacable  ardor  guerrearon  en  África  contra 
los  almohades.  Toda  la  costa,  desde  Oran  hasta  las  Sirtes,  fué  teatro  de  la  más  en- 
carnizada lucha,  en  que  apenas  hubo  ciudad  que  no  fuera  tomada  y  perdida  con 
estrago,  ni  llanura  en  que  no  se  diera  batalla.  Breve  aunque  gloriosa  fué  la  carre- 
ra de-Alí,  pues  á  los  cuatro  años  de  inauditas  proezas,  murió  herido  de  una  saeta 


54  ISLASBALEARES 

toriadores  árabes,  cuanto  durase  la  dominación  almoravide  en 
las  Baleares ;  y  después  de  entrar  en  Argel,  aprestó  una  escua- 
dra y  pasó  á  Mallorca,  de  que  se  apoderó  tras  una  porñada  re- 
sistencia por  Noviembre  de  1 203  (a).  Degollado  el  rey  Abdalá, 
cuya  cabeza  se  envió  canforada  á  Marruecos,  y  colgado  su  cuer- 
po en  los  garfios  de  las  murallas  de  Palma,  acudieron  temero- 
sos los  isleños,  y  aclamaron  emir  á  Nasredino,  que  los  acogió 
con  dulzura ;  y  rendidas  por  capitulación  Menorca  é  Ibiza,  dejó 
el  almohade  de  cadí  de  aquellas  islas  al  imán  Abdalá-ben-Huta- 


en  1 188:  su  cadáver,  se  dice,  fue  traído  á  Mallorca.  Cerca  de  medio  siglo  casi  le 
sobrevivió  Yahya,  aliado  del  armeno  Caracoch-al-Ghozzí  con  quien  luego  rompió, 
sostenedor  á  la  vez  que  sostenido  por  la  autoridad  espiritual  del  califa  abasida  de 
Bagdad  contra  la  cual  mantenían  cisma  sus  enemigos,  y  sobre  todo  caudillo  ex- 
perimentado, infatigable,  nunca  adormecido  por  la  prosperidad,  ni  abatido  por 
los  reveses.  Con  el  auxilio  de  dos  naves  mallorquínas,  que  le  envió  su  hermano 
Abdalla,  rindió  á  Trípoli;  pero  no  le  desconcertó  más  tarde  la  caída  del  desgra- 
ciado rey  ni  el  avasallamiento  de  la  isla  por  los  almohades,  á  quienes  siguió  com- 
batiendo sin  reposo.  Tan  pronto  en  las  fronteras  de  Marruecos  como  en  las  de 
Egipto,  tan  pronto  dueño  de  ricos  estados  como  fugitivo  por  desiertos  arenales, 
tuvo  más  de  aventurero  que  de  conquistador:  en  Bugía,  en  Argel,  en  Constantina, 
en  Trípoli,  en  Túnez,  en  Tremecén,  en  Oran,  en  todos  los  muros  plantó  su  bande- 
ra, pero  en  ninguno  pudo  fijar  su  dominación.  Mallorca  había  ya  sacudido  el  yugo 
almohade,  Mallorca  era  cristiana,  cuando  en  el  fondo  del  África  fenecía  septuage- 
nario en  1233,  sin  dejar  aún  las  armas,  Yahya  el  último  almoravide,  encomen- 
dando sus  dos  hijas  solteras,  que  tales  permanecieron  por  encargo  suyo,  á  la  ge- 
nerosidad de  su  adversario  Abu-Zakaria,  jefe  de  la  dinastía  de  Beni-Hafs:  guardóse 
secreto  el  lugar  de  su  sepultura.  Peleando  á  sus  órdenes  murió  en  1205  su  her- 
mano Djobara:  en  1208  le  abandonó  otro  hermano  suyo,  Seyr,  pasándose  á  los 
almohades:  con  lo  cual  es  conocida  la  suerte  de  nueve  de  los  trece  hermanos. 

(a)  Del  relato  de  Ibn-Khaldun  no  resulta  que  fuera  en  persona  á  la  conquista 
de  Mallorca  el  califa  Muhamad,  sino  que  la  encomendó  á  su  tío  Cid  Abu-1-ola. 
«Tomaron,  dice,  por  asalto  la  ciudad,  y  con  Abdalla  fueron  en  su  mayor  parte  pa- 
sados á  degüello  los  habitantes;»  prueba  de  su  general  adhesión  á  la  dinastía  ven- 
cida, aunque  afirme  otra  historia  que  la  población  en  masa  salió  á  someterse  y  á 
saludar  al  amir,  que  á  todos  acogió  con  benevolencia.  Ignórase  la  suerte  del  prín- 
cipe Tashefín :  sábese  únicamente  que,  comprometido  con  los  almohades  que  le 
habían  confiado  el  poder  y  guardando  rencor  al  hermano  que  le  depuso,  contri- 
buyó con  su  defección  á  la  derrota  de  Abdalla.  Antes  de  retirarse  Abu-1-ola  con 
su  armada,  dio  el  gobierno  de  la  isla  á  AbdalIa-ben-Ta-allah-Alkumí,  nombrado 
luego  almirante  por  el  califa,  que  escogió  por  gobernadores  de  entre  los  de  su 
linaje,  primero  á  Cid-Abu-Zeyt  su  propio  tío,  y  después  á  Abu-Abdalla,  hijo  de 
Abu-Hafs  y  nieto  de  Abdelmumen,  el  cual  fué  en  breve  trasladado  á  Valencia.  No 
consta  que  fuese  de  la  real  estirpe  el  último  walí  Abu-Yahya,  hijo  de  A.1Í,  hijo  de 
Abí-Amran  de  Tinmelet,  que  gobernaba  desde  i  208  en  Mallorca,  al  emprender 
su  conquista  Jaime  I. 


ISLASBALEARES  55 

lahy  regresando  al  punto  al  África  á  completar  el  exterminio  de 
los  almorávides,  cuyo  caudillo  Aly  ó  Yahya  no  pudo  con  todas 
sus  hazañas  vengar  la  muerte  del  hermano,  y  tuvo  al  fin  que 
internarse  con  sus  fieles  árabes  por  el  desierto  (i). 

Mas  también  tocaba  á  su  fin  la  dominación  de  los  almoha- 
des :  la  tremenda  derrota  de  las  Navas  de  Tolosa  trajo  el  des- 
aliento y  la  discordia  entre  ellos  y  los  jeques  andaluces ;  y  de- 
seosos éstos  de  vengar  los  ultrajes  recibidos  del  califa  de 
Marruecos,  luego  que  pudieron,  que  fué  presto,  renovaron 
los  levantamientos  con  que  antes  habían  echado  á  los  almo- 
rávides, mientras  en  África  ardía  asi  mismo  el  fuego  de  la 
guerra. 

La  espada  de  los  reyes  cristianos  no  estaba  entretanto  ocio- 
sa ;  las  coronas  de  Aragón  y  Cataluña  habíanse  reunido  en  don 
Alfonso  el  Casto^  y  ya  era  dable  poner  por  obra  empresas,  que 
quizás  no  hubieran  convenido  á  las  solas  fuerzas  del  uno  ó  de  la 
otra.  Crecía  el  mozo  Jaime  en  valor  y  en  virtudes;  la  memoria 
de  las  expediciones  de  sus  antepasados  á  las  Baleares  era  viva 


(i)  La  dominación  de  los  árabes  en  España  es  la  parte  más  difícil  y  complica- 
da de  nuestra  historia,  y  mal  pueden  retenerse  ni  los  nombres  ni  las  cosas,  si  el 
escritor  no  pone  á  trechos  resúmenes  así  genealógicos  como  cronológicos,  que 
ofrezcan  puntos  de  descanso  á  la  memoria,  para  que  con  la  clara  inteligencia  de 
lo  que  ha  leído  ya,  vaya  siguiendo  con  fruto  el  curso  de  los  hechos  posteriores. 
No  le  alcanza  á  la  historia  de  Mallorca,  ni  con  mucho,  la  complicación  que  reina 
en  la  de  los  varios  estados  árabes  de  la  península;  mas,  como  de  suyo  los  nom- 
bres de  sus  walíes  soberanos  suenan  tan  extraños  á  nuestro  oído,  creemos  muy 
conveniente  presentarlos  aquí,  reunidos  bajo  de  una  ojeada : 

I.""  Mudjehid  el  Dyn  el  Ahmery,  primer  walí  de  Denia;  el  año  de  loió  tomó 
las  Baleares,  y  murió  en  104$. 

2.**    Su  hijo  Aly-ben-Mudjehid  el  Mowafek;  aún  vivía  en  1058. 

3.*  Mohamed-ben-Aly-Ebn-Ganya;  por  1144  pasó  á  fortificarse  en  Mallorca; 
tuvo  dos  hijos:  Abu-Mohamed-Abdalá,  y  Abu-Ibrahim-lshak;  y  le  sucedió 

4.*  Abu-lbrahim-Ishak,  que  en  1181  firmó  un  tratado  con  Genova;  tuvo  dos 
hijos:  Aly  ó  Yahya-ben-Ishak,  y  Abu-Mohamed-Abdalá. 

5.*^  Aly  ó  Yahya-ben-Ishak;  por  1184  pasó  al  África  á  guerrear  contra  los 
almohades. 

ó."*  Su  hermano  Abu-Mohamed-Abdalá  quedó  reinando  en  .Mallorca,  y  en 
1203  le  degollaron  los  almohades,  y  se  apoderaron  de  las  Baleares. 


56  ISLASBALEARES 

aún;  la  fama  de  la  fertilidad  y  riqueza  de  las  islas,  grandísima, 
y  vehementes  los  deseos  de  estrenarse  con  semejante  jornada: 
así  que  bastaron  insultos  dados  y  recibidos  para  plantar  en  Ma- 
llorca las  barras  aragonesas. 


CAPITULO   II 


Motivó'^   áf*   la   f^x  jif^rlicií^n    df^    In^   CíitalíirieiF;   \'   aríiernní^-^f^s   ^ 
Mallorca. — Cortes  en  Barcelona. — Aprestos. — Embarque 
de  los  cruzados. — Travesía. — Victorias. — Sitio  y  toma  de 
Palma. — ^Repartimiento. — Reñexiones  generales  sobre  la  dominación  ára- 
be en  aquella  isla. 


^Y^ESDE  que  el  conde  D.  Ramón  Berenguer  e¿  Grande  se 
'A^^  aventuró  el  primero  al  mar,  y  llevó  sus  valientes  catala- 
nes á  la  conquista  de  las  Baleares,  la  toma  de  éstas  vino  á  ser 
la  idea  favorita  y  hereditaria  de  sus  sucesores,  que  dieron  todos 
claras  muestras  de  quererla  poner  por  obra.  A  ninguno  le  cupo 
la  gloría  de  efectuar  la  jornada;  pero  sus  tentativas  no  fueron 
infructuosas.  La  continua  zozobra,  en  que  las  armas  cristianas 
aragonesas  les  tenían,  forzó  á  los  moros  isleños  á  ser  más  cau- 
tos y  menos  frecuentes  en  sus  piraterías,  y  á  asentar  á  menudo 


58  ISLASbALEARES 


con  los  monarcas  de  Aragón  treguas,  que  abrían  á  los  activos 
catalanes  el  tranco  con  las  costas  de  África  y  aun  con  las  mis- 
mas islas. 

Dueños  de  ellas  los  almohades,  no  aleccionados  todavía 
como  sus  antiguos  contrarios  los  almorávides  por  el  rigor  de 
las  huestes  cristianas,  primero  debieron  de  tener  en  poco  el 
poder  de  Aragón ;  y  desgraciadamente  para  ellos,  en  los  prin- 
cipios del  reinado  de  D.  Jaime  I  atrajeron  sobre  la  isla  la  tem- 
pestad que  por  tanto  tiempo  la  había  amenazado. 

Poco  escrupulosos  en  guardar  los  convenios  celebrados  con 
los  vasallos  de  la  corona  aragonesa,  según  del  contexto  de  las 
crónicas  resulta,  ya  traían  ellos  resentido  al  comercio  de  Bar- 
celona, cuando  éste  recibió  de  los  moros  el  ultraje  que  debía 
ser  el  postrero.  Deshecha  la  corta  armada  que  cooperó  al  inú- 
til cerco  de  Peftíscola,  dos  saetías,  que  á  ella  pertenecieran,  sa- 
lieron de  Tarragona  á  corso ;  y  como  aportasen  á  la  costa  de 
Ibiza,  encontráronse  con  una  tarida  mora,  que  cargaba  madera 
de  construcción,  y  una  galera  que  iba  en  su  custodia.  Aconteció 
que  las  tripulaciones  sarracenas  denostaron  á  las  catalanas,  bien 
que  no  sabemos  si  dio  lugar  al  insulto  el  proceder  de  los  cris- 
tianos, que  no  creemos  fuese  el  más  amistoso  y  comedido  si  á  la 
ojeriza  que  á  los  baleares  profesaban  se  atiende,  y  á  que  llega- 
ban de  una  expedición  frustrada :  vinieron  á  las  manos,  huyó  la 
galera  como  más  desembarazada  y  pronta,  y  las  saetías  llevá- 
ronse presa  la  tarida.  Furioso  al  saberlo  el  walí  ó  emir  apresó 
á  pocos  días  una  nave  barcelonesa,  que  con  rica  cargazón  arri- 
baba de  Bujía;  y  despachando  algunas  galeras,  cúpole  igual 
suerte  en  las  aguas  de  Ibiza  á  otra  nave  de  Barcelona,  que  con 
muchas  riquezas  hacía  rumbo  á  Ceuta. 

Apenas  se  supieron  en  la  capital  de  Cataluña  estas  dos  pre- 
sas, que  agravaban  los  daños  recibidos  de  los  baleares,  alboro- 
tóse el  comercio  todo,  y  acudió  al  rey,  á  quien  dio  cuenta  así 
de  lo  entonces  sucedido  como  del  perjuicio  que  ya  antes  causa- 
ban aquellos  infieles  á  los  intereses  del  condado.  Sintiólo  don 


ISLASBA.LEARES  ^q 

Jaime,  y  mandando  armar  una  fusta  de  cuarenta  remos,  envió 
en  ella  á  Mallorca  un  caballero  de  su  casa,  para  que  obtuviese 
reparación  del  suceso,  ó  amenazase  con  las  armas.  Puesto  el 
embajador  en  presencia  del  walí,  á  quien  los  cronistas  cristianos 
apellidan  Retabohihe  ó  Jeque  Abohihe,  y  cuyo  verdadero  nom- 
bre veremos  después,  como  al  hacer  su  demanda  mentase  á  su 
soberano,  preguntóle  el  moro  con  desdén  que  de  qué  rey  le  ha- 
blaba.— «De  D.  Jaime,  rey  de  Aragón,  hijo  de  aquel  D.  Pedro 
que  en  la  memorable  batalla  del  Muradal  destrozó  un  grande 
ejército  de  los  vuestros»,  repuso  el  caballero,  con  tanto  enojo 
del  walí,  que  en  poco  estuvo  de  poner  las  manos  en  el  enviado. 
Mas  cediendo  á  lo  que  la  prudencia  y  el  derecho  de  gentes 
aconsejaban,  mirólo  el  walí,  y  quiso  tener  acuerdo  antes  de  dar 
una  contestación;  para  lo  cual  llamó  á  los  mercaderes  genoveses, 
pisanos  y  provenzales,  que  á  la  sazón  trancaban  sobre  seguro 
en  Mallorca,  y  reunidos  les  dio  razón  del  mensaje,  pidiéndoles 
que  pues  eran  cristianos  y  frecuentaban  los  puertos  y  tierras  del 
aragonés,  le  dijesen  del  poderío  de  Jaime,  si  debía  satisfacerle, 
y  qué  se  podía  temer  de  sus  armas.  En  esto  levantóse  un  ge- 
noves,  y  hablando  por  todos,  dijo:  «  no  hay  que  temer  al  de 
Aragón,  que  cierto  es  rey  de  flaco  poderío ;  y  bien  lo  demues- 
tra que  no  há  mucho  sitió  un  mal  castillejo,  que  Peñíscola  ha 
por  nombre,  y  hubo  de  alzar  el  campo  sin  rendirlo.  Así,  pues, 
nada  se  devuelva  de  lo  que  se  les  haya  tomado  á  sus  gen- 
tes (i).»  Hízolo  el  moro  como  lo  dijo  el  geno  vés;  y  el  mensajero 
volvióse  para  el  rey,  que  entre  tanto  entendía  en  lo  de  restituir 
el  condado  de  Urgel  á  D.*  Aurembiax,  y  quedó  resuelta  la  gue- 
rra contra  el  de  Mallorca. 

Así  motivan  el  paso  de  los  catalanes  y  aragoneses  á  las  Ba- 
leares los  cronistas,  siguiendo  lo  que  dejó  escrito  el  caballero 
Bernardo  D*Esclot ;  mas,  en  nuestro  sentir,  no  se  debe  atribuir 
exclusivamente  á  aquel  hecho  la  realización  de  la  jornada.  No 


( I  >    Véase  el  núm.  9  del  Apéndice, 


6o  ISLASBALEARES 

que  el  suceso  referido  no  aconteciese  entonces;  pero  las  pirate- 
rías y  los  apresamientos  fueron  tan  comunes  durante  aquellos 
siglos  aun  entre  las  potencias  que  estaban  en  plena  paz,  que  los 
archivos  rebosan  en  cartas,  tratados,  poderes  y  remisiones  mu- 
tuas sobre  daños  y  violencias  al  comercio  sobrevenidos.  Ni  las 
preciosas  memorias  que  de  sus  propios  hechos  escribió  D.  Jaime, 
ni  la  crónica  de  Marsilio  mencionan  ni  señalan  aquel  motivo  á  la 
toma  de  las  Baleares :  y  pues  ellas  son  los  principales  documen- 
tos en  que  la  historia  de  la  expedición  ha  de  fundarse  (i),  sin 
duda  no  se  debió  ésta  á  la  sola  altiva  contestación  que  dio  el 
walí  al  embajador.  Bien  á  pesar  nuestro,  ponemos  la  mano  va- 
cilante y  respetuosa  en  esta  bella  página,  ó  llámese  flor,  que  tal 
es  para  nosotros,  de  la  crónica;  pero  creemos,  y  el  concurso  de 
los  acontecimientos  lo  irá  demostrando,  que  entre  las  causas  de 
aquella  jornada  cúpole  principal  parte  á  la  política,  y  que  el  in- 
sulto del  balear  sólo  agravó  los  ya  recibidos,  y  no  fué  cuando 
más  sino  un  despertador  de  los  deseos  que  de  pasar  el  mar  en 
demanda  de  las  islas  en  todos  los  corazones  dormitaban  (a). 


(i)  Aunque  ya  por  lo  que  antecede  se  habrá  echado  de  ver  cuál  es  nuestro 
sistema  en  tratar  la  historia,  permítasenos  indicar  aquí  que,  cuando  faltan  los  do- 
cumentos diplomáticos,  acudimos  á  las  crónicas  que  más  crédito  merecen,  y  que 
por  lo  mismo  clasificamos  por  este  orden:  i.°  Crónica  del  rey  D.Jaime;  2.°  Crónica 
de  fray  Pedro  Marsilio  (latina  y  catalana);  3.'  Crónica  de  D'  Esclot,  y  4."  Zurita  3; 
demás  cronistas. 

(a)  Veamos  acerca  de  dichas  causas  el  relato  de  las  historias  arábigas,  copian- 
do un  pasaje  de  Almakkarí,  que  sobreponiéndose  al  espíritu  nacional,  reprende 
la  presunción  del  walí  sarraceno:  «Hacia  ñn  del  mes  de  Dylhagia  del  623  (Diciem- 
bre de  1227)  llegaron  noticias  de  haber  aparecido  á  vista  de  Ibiza  un  bajel  de 
Barcelona  y  de  haber  salido  también  con  él  otro  buque  de  Tortosa.  Con  esta  nueva, 
Mohamcd  (este  nombre  da  al  walí  que  en  otra  parte  llama  Abu-Yahia)  despachó  á 
su  hijo  al  frente  de  algunos  bajeles  armados  para  dar  caza  al  enemigo;  y  entrado 
en  el  puerto  de  Ibiza  el  hijo  de  Mohamed,  encontró  allí  anclada  una  gran  galera 
genovesa,  á  la  cual  atacó  y  tomó,  y  en  seguida  fué  bn  seguimiento  de  la  nave  bar- 
celonesa que  fué  abordada  y  tomada  de  la  misma  manera.  El  resultado  de  esta 
eíimera  ventaja  fué  trastornar  por  completo  la  cabeza  del  gobernador  de  Mallorca, 
que  desde  aquel  momento  se  figuró  un  conquistador  y  que  ningún  rey  podría  re- 
sistir sus  armas  victoriosas,  olvidándose  el  malhadado  de  que  ^ra  como  el  came- 
llo herido  con  la  maldición  de  esterilidad,  y  que  los  cristianos  no  dejarían  de 
tomar  con  creces  venganza  de  las  injurias  inferidas.  Y  así  sucedió,  porque  el  pue- 
blo de  Barcelona,  tan  pronto  como  supo  la  aprensión  de  la  nave,  dijo  á  su  rey,  que 


ISLASBALEARES  6l 

Crecía  más  y  más  la  discordia,  que  desde  la  muerte  de  El 
Nasr  reinaba  entre  los  almohades ;  y  una  vez  rotos  los  diques  á 
la  obediencia,  el  consejo  de  los  jeques,  que  fué  el  principal  vicio 
del  gobierno  de  aquella  secta,  dispuso  á  su  antojo  del  cetro, 
que  arrancó  y  traspasó  de  unas  manos  á  otras.  Tras  el  falleci- 
miento de  El  Mostansir,  hijo  de  El  Nasr,  salieron  á  plaza  las 
ambiciones  y  los  odios  particulares;  y  á  favor  de  la  turbación  co- 
mún, levantaron  la  cabeza  en  España  los  que  se  creían  con  de- 
recho al  califazgo,  los  que  tenían  ofensas  que  vengar  y  reinos 
que  recobrar,  y  los  que  sólo  á  la  independencia  de  sus  estados 
aspiraban.  Acuden  á  las  armas  los  partidos,  pelean  con  varia 
fortuna,  bien  que  al  principio  contraria  á  los  defensores  del  nue- 
vo emir  ó  califa  El  Mamún ;  y  tanto  prosperan  los  sublevados, 
que  el  walí  de  Valencia  Cid-Abu-Mohamed-ben-el-Mansur  ó  Al- 
manzor,  hermano  de  aquel  príncipe,  se  procura  la  amistad  del 
rey  D.  Jaime,  y  como  luego  veremos,  en  las  fuerzas  del  cristiano 
cifra  su  propia  conservación. 

Por  aquel  entonces  el  monarca  aragonés,  que  con  gran  re- 
nombre de  justiciero  acababa  de  restituir  á  D.*  Aurembiax  el 
condado  de  Urgel,  quitado  por  él  mismo  á  viva  fuerza  á  su  ile- 
gítimo poseedor  D.  Guerao  de  Cabrera,  vínose  á  Tarragona,  á 
donde  acudieron  la  mayor  parte  de  los  barones  y  nobles  de  Ca- 
taluña á  la  fama  de  la  justicia  del  joven  soberano,  cuya  activi- 
dad y  ahínco  en  ejecutarla  con  sus  propias  armas  tal  vez  temían 
al  paso  que  los  celebraban  :  y  como  á  no  pocos  trajo  el  deseo 
de  componer  sus  pleitos  y  diferencias,  hubo  allí  tanta  reunión 
de  gente  cortesana  y  de  las  villas,  cual  si  se  hubiese  convocado 


era  de  la  descendencia  de  Alfonso:  «^Qué  hace  el  rey  al  ver  á  sus  subditos  vejados 
de  esta  manera?  Prontos  estamos  á  asistiros  con  personas  y  bienes  en  vindicación 
de  este  insulto.»  El  rey,  cogiéndolos  de  la  palabra,  levantó  inmediatamente  un 
ejército  de  veinte  mil  hombres  en  sus  dominios,  y  habiendo  equipado  una  consi- 
derable flota,  hizose  á  la  vela  para  Mallorca  con  unos  diez  y  seis  mil  soldados. 
En  el  número  de  las  tropas,  no  menos  que  de  las  naves  expedicionarias,  convienen 
coD  nuestras  historias  las  de  los  inñeles. 


62  ISLASBALEARES 

general  parlamento.  Convidó  al  rey  y  á  todos  los  barones  Pedro 
Martell,  ciudadano  de  Barcelona,  varón  muy  práctico  en  cosas 
de  mar  (i);  y  como  desde  la  pieza  en  donde  se  celebraba  el 
banquete  se  extendía  la  vista  por  el  golfo,  avino  que  de  sobre- 
mesa y  levantado  y  apartado  ya  D.  Jaime,  recayó  la  conversa- 
ción sobre  las  islas  Baleares,  y  á  Pedro  Martell,  que  en  ellas 
había  estado  más  de  una  vez,  le  pidieron  les  dijese  de  su  exten- 
sión, población  y  riqueza.  Satisfízoles  largamente  el  barcelonés; 
y  con  tanta  copia  y  viveza  de  razones  se  las  describió  (2),  que 
yéndose  todos  para  el  rey  narráronle  la  plática  habida,  y  po- 
niéndole por  delante  lo  que  á  Dios  y  á  su  fe  debían,  procuraron 
mover  su  ánimo  á  la  conquista  de  Mallorca  con  dos  razones :  el 
acrecentamiento  de  sus  estados,  y  la  fama  que  sus  armas  cobra- 
rían ganando  un  reino  de  en  medio  de  las  aguas.  Y  tanto  y  tan 
bien  dijeron,  que  entusiasmado  el  joven  monarca  con  lo  glorio- 
so y  arriesgado  de  la  empresa,  vino  en  ello,  y  para  tratar  del 
negocio  llamó  á  los  catalanes  á  cortes  generales  en  Barcelona 
para  el  mes  de  Diciembre. 

Reunidos  en  el  antiguo  palacio  condal  los  tres  estamentos  ó 
brazos, — el  eclesiástico,  el  militar  y  el  real  ó  de  las  ciudades  y 
villas;  como  ya,  sino  se  acertaba  enteramente,  se  traslucía  el 
asunto  que  motivaba  aquella  convocatoria,  pues  no  todos  los 
barones  debieron  de  ser  ñeles  al  secreto,  era  general  la  ansie- 
dad cuando  entró  el  rey  en  la  sala,  y  sentándose  en  su  silla, 
después  de  invocar  el  favor  del  cielo,  dijo:  c Cierta  y  notoria 


(i)    Las  crónicas  de  D.  Jaime  y  Marsilio  le  apellidan  conde  de  Salses  (a). 

Del  contexto  de  la  crónica  del  rey,  impresa  en  Valencia  en  1557,  resulta  que 
D.  Jaime  fué  quien  convidó  á  Martell  y  á  los  demás  cortesanos  ;  pero  esta  es  una 
de  las  varias  equivocaciones  que  en  aquella  edición  se  padecieron,  de  lo  cual  nos 
cercioramos  cotejándola  coa  el  códice  manuscrito  del  siglo  xv,  que  se  custodia  en 
Barcelona,  en  la  Biblioteca  de  San  Juan. 

(2)    Véase  el  núm.  10  del  Afténdice. 

{a)  CÓmii  de  gaitas  y  no  camU  de  Salsee  pone  la  crónica  del  rey  D .  Jaime,  que  leyeron  mal  los  curiosos  del 
siglo  XVI  sin  reparar  en  la  novedad  é  inverosimilitud  del  titulo,  y  copió  mal  la  edición  valenciana  del  >557,  la 
cual  comete  otra  equivocación  más,  haciendo  á  Martell  ciudadano  de  Barcelona  que  lo  era  de  Tarragona. 


ISLASBALEARES  63 

>cosa  es  que  á  la  virtud  de  Dios  se  debió  nuestro  nacimiento, 
>pues  en  verdad  voluntad  suya  fué  que,  cuando  nuestro  padre 
>no  quería  bien  á  nuestra  madre,  viniésemos  al  mundo;  aunque 
» omitimos  por  prolijos  los  sucesos  y  maravillas  en  nuestro  naci- 
» miento  acaecidos.  Pero  bien  por  cierto  sabéis  que  Nos  somos 
> vuestro  Señor  natural,  y  solo,  sin  hermano  ni  hermana,  que 
» otros  hijos  no  hubo  nuestro  padre  en  nuestra  madre:  que  vi- 
»nimos  acá  entre  vosotros  niño  de  seis  años  y  medio:  que  halla- 
»mos  á  Cataluña  y  Aragón  tan  turbados,  que  enemigos  unos  de 
>otros  en  todo  andaban  discordes,  sin  que  estos  quisiesen  lo 
>que  aquellos  querían:  y  que  por  las  cosas  pasadas  teníais  por 
>todo  el  mundo  la  fama  perdida  y  la  reputación  mancillada. 
»Pues  esto,  os  decimos  ahora,  sólo  con  dos  medios  podemos 
» remediarlo:  pidiendo  á  Dios  que  enderece  á  buen  fin  nuestros 
» esfuerzos;  y  acometiendo  empresa  tal,  que  Nos  y  vosotros  ha- 
» Hemos  gracia  en  su  presencia,  y  tan  grande  y  tan  buena,  que 
»se  borre  de  todo  punto  vuestra  mala  fama,  porque  con  el  res- 
>plandor  de  las  buenas  obras  la  obscuridad  se  desvanece.  Así, 
>pues,  por  Dios  y  los  vínculos  de  naturaleza  que  con  vosotros 
»nos  unen,  encarecidamente  os  rogamos  nos  deis  consejo  y 
» ayuda  en  tres  cosas:  que  podamos  meter  y  asentar  paz  en 
» nuestras  tierras;  que  sirvamos  al  Señor  con  el  paso  que  al 
» reino  de  Mallorca  y  á  sus  islas  queremos  poner  por  obra;  y 
>que,  prestándome  vosotros  los  auxilios  que  conceptuéis  pro- 
»porcionados  á  vuestras  fuerzas,  juntos  acordemos  los  medios 
>de  realizarlo  de  manera  que  podamos  á  honor  de  Dios  llevarlo 
>á  cabo»  (i). 

El  arzobispo  de  Tarragona  por  la  clerecía,  D.  Guillen  de 
Moneada  por  la  nobleza,  y  Berenguer  Girard  ciudadano  barce- 
lonés por  las  ciudades,  fueron  respondiendo  al  rey;  agradecié- 
ronle su  buen  propósito  en  tan  tierna  edad  (2),  y  pidiéronle  es- 


(i)    Ya  habrá  conocido  el  lector  que  traducimos  casi  literalmente  el  razona- 
miento tal  cual  lo  trae  la  crónica  del  rey. 
(3)    Rayaba  entonces  en  los  veintiún  año. 


04  ISLASBALEARES 

pació  para  pensarlo  con  madurez :  y  resolviéndose  á  propuesta 
del  arzobispo  que  cada  estamento  deliberase  por  separado,  di- 
vidióse el  congreso. 

Los  nobles,  de  quienes  había  salido  la  primera  proposición 
de  ir  á  Mallorca,  temerosos  de  que  ni  los  eclesiásticos  ni  los 
ciudadanos  tal  vez  secundarían  su  fervor,  valiéronse  entonces 
de  un  ardid  cortesano,  bien  disculpable  en  quienes  la  religión  y 
el  honor  lo  eran  todo;  y  fué,  que  viniendo  de  allí  á  tres  días  á 
palacio  de  secreto  y  al  anochecer,  llevó  la  voz  el  conde  de  Am- 
purias,  y  con  notable  concisión  y  entereza  de  palabras,  dijo: 
«Señor,  primero  que  á  vuestra  plática  los  nobles  respondan,  oíd 
»\o  que  ahora  os  digo.  Si  hombres  en  el  mundo  han  mala  fama, 
*esta  tenemos  nosotros  de  buena  que  la  solíamos  tener.  Ya 
»que  acá  entre  nosotros  venisteís  como  nuestro  Señor  natural, 
» menester  es  que  con  nuestra  ayuda  hagáis  tales  obras,  que 
» recobremos  la  prez  perdida;  y  bien  entiendo  la  recobraremos, 
»si  con  nuestra  ayuda  conquistáis  un  reino  de  sarracenos  que 
>en  medio  del  mar  esté:  que  esta  será  la  mayor  hazaña  que  en 
»cien  años  hicieron  cristianos.  Y  como  quiera  que  sea,  vale  más 
»que  muramos  recobrando  la  prez  y  bondad  que  solían  haber 
» nuestras  casas  y  nosotros,  que  vivir  en  el  descrédito  en  que 
restamos:  por  lo  cual  sé  deciros  que i nuestro  voto  y  nuestro 
» consejo  son  que  la  empresa  se  lleve  á  cabo  por  todos  los  me- 
» dios  posibles.:»  Hablaron  también  otros  barones;  y  quedando 
acordado  que  se  convocase  el  parlamento  la  mañana  siguiente, 
se  convino  en  que  ellos  darían  su  voto  antes  que  el  clero  y  los 
ciudadanos,  á  ñn  de  que  su  ejemplo  fuese  estímulo  á  los  animo- 
sos, y  vergüenza  á  los  apocados  que  intentasen  retraerse. 

Barcelona  esperaba  con  impaciencia  la  resolución  de  las 
Cortes,  pues  mucho  íbales  en  ella  á  su  comercio  y  marina;  y 
como  cada  brazo  aquellos  tres  días  mantuvo  no  interrumpidas 
deliberaciones,  crecían  la  ansiedad  y  el  interés,  cuanto  el  miste- 
rio, las  reuniones  y  las  consultas  de  los  diputados.  Al  ñn,  cele- 
brados y  oídos  los  oñcios  divinos,  reunióse  el  parlamento  en 


ISLASBALEARES  65 

palacio:  y  poniéndose  en  pie  Guillen  de  Moneada,  aprobó  la 
proposición  del  rey,  y  contestando  á  las  tres  cosas  que  éste  les 
había  pedido  en  la  sesión  pasada,  manifestóle  que  debía  pacifi- 
car primeramente  sus  tierras;  dijo  que  se  apuntasen  los  que 
quisiesen  participar  de  las  treguas  y  de  la  jornada;  que  si  al- 
guien en  Cataluña  se  negase  á  estar  á  las  treguas,  harían  que 
estuviese  á  ellas  de  buen  ó  de  mal  grado;  que  tomase  sobre 
sus  estados  el  bovaje  (i),  que,  si  bien  lo  cobró  á  su  advenimien- 
to al  trono,  ahora  se  lo  daba  como  una  gracia  y  donativo.  En 
nombre  de  su  linaje  y  suyo  ofreció  que  le  serviría  con  cuatro- 
cientos caballeros,  y  que  no  le  abandonaría  hasta  que  del  todo 
hubiese  conquistado  Mallorca  y  las  demás  islas;  y  acabó  pidien- 
do le  concediese  en  lo  que  se  ganase,  así  en  bienes  raíces  como 
en  muebles,  parte  proporcionada  á  sus  servicios  (2).  El  conde 
de  Rosellón,  D.  Ñuño  Sánchez,  entró  confirmando  lo  dicho  por 
el  Moneada  acerca  de  la  paz,  y  prometiendo  treguas  y  el  bova- 
je extraordinario  por  todos  sus  estados,  puso  á  la  disposición 
del  soberano  su  persona  y  cien  caballeros,  y  pidió  ser  á  la  parte 
de  lo  que  se  ganase.  El  conde  de  Ampurias  refirióse  á  lo  ex- 
puesto por  su  pariente  el  Moneada;  ofreció  pasar  á  la  isla  con 
mil  peones  y  veinte  ballesteros  á  caballo,  y  con  setenta  caballe- 
ros que  entrarían  en  el  número  de  los  cuatrocientos,  que  don 
Guillen  prometió  aprontar  por  sí  y  por  los  de  su  linaje. 

Entonces  mostró  la  clerecía  cuanto  deseaba  la  propagación 
de  la  fe  cristiana  y  el  acrecentamiento  del  rey  y  de  su  gloria;  y 
bien  se  vio  que  también  en  esa  ocasión  fué  quien  dio  mayor  im- 


Ci)  El  bovaje^  dice  Zurita,  «era  cierto  servicio  que  se  hizo  en  reconocimiento 
de  señorío  á  los  reyes  al  principio  de  su  reinado,  en  el  cual  contribuían  los  ecle- 
siásticos, y  las  ciudades  y  villas  del  principado  de  Cataluña  (también  los  nobles), 
y  comprehendía  todos  los  lugares  desde  Segre  á  Salsas.  Pagábase  este  servicio 
por  las  juntas  de  bueyes,  de  donde  tomó  el  nombre,  y  por  las  cabezas  de  ganado 
mayor  y  menor,  y  por  los  bienes  muebles  cierta  suma,  la  cual  se  fué  variando  con- 
forme á  los  tiempos.il>  cAnales  de  eArag^.,  lib.  2/ cap.  69. 

(2)    D'Esclot  difiere  un  tanto  en  las  pláticas  de  Moneada  y  de  D.  Ñuño  Sánchez; 
y  como  lo  que  pone  en  su  boca  nos  parece  muy  oportuno  y  verosímil,  lo  continua- 
mos en  él  número  1 1  del  Apéndice. 
9 


66  ISLAS      BALEARES 

pulso  á  la  empresa,  como  lo  había  dado  á  las  pasadas.  Movióse 
regocijado  el  anciano  Aspargo,  arzobispo  de  Tarragona:  pro- 
rrumpiendo enternecido  en  las  palabras  con  que  Simeón  tomó  á 
Jesús  en  sus  brazos,  alabó  el  propósito  del  mozo  D.  Jaime;  y 
bien  que  con  su  mucha  edad  é  inexperiencia  en  las  armas  se 
excusó  de  asistir  personalmente  á  la  conquista,  en  su  nombre  y 
de  su  iglesia  tarraconense  dijo  al  rey  que  mandase  y  dispusiese 
en  sus  bienes  y  hombres  como  suyos,  y  dio  licencia  de  que  par- 
ticipasen de  aquella  cuantos  eclesiásticos  lo  deseasen.  Prometió 
con  todo  socorrerle  con  mil  marcos  de  oro,  quinientas  cargas 
de  trigo,  den  caballeros  bien  armados,  y  mil  infantes  lanceros  y 
ballesteros,  todos  pagados  y  proveídos  hasta  que  se  acabase  de 
conquistar  la  isla.  El  obispo  de  Barcelona,  D.  Berenguer  de 
Palou,  fué  el  primero  que  se  aprovechó  de  la  licencia  concedida 
por  Aspargo;  y  en  un  razonamiento  tan  notable  por  su  breve- 
dad, fírmeza  y  celo  religioso  como  propio  del  valor  de  que  ya 
en  lances  de  guerra  había  hecho  prueba  (i),  ofreció  su  persona, 
cien  caballeros,  mil  peones  y  socorros  de  mar.  Este  ofrecimiento 
fué  como  la  señal  para  los  demás  eclesiásticos,  que  á  porfía  fue- 
ron prometiendo  sus  auxilios:  el  obispo  de  Gerona,  que  capita- 
nearía treinta  caballeros;  el  abad  de  San  Felío  de  Guíxoles, 
cinco;  el  paborde  de  Tarragona,  cuatro  y  una  galera;  el  arce- 
diano de  Barcelona,  diez  y  doscientos  infantes;  el  sacrista  de 
Gerona,  diez  y  los  peones  que  pudiese;  y  así  otros  abades, 
priores  y  dignidades,  que  además  casi  todos  dijeron  asistirían  al 
rey  con  sus  personas. 


(i)  Este  gran  prelado,  ya  en  el  primer  año  de  su  obispado,  se  halló  en  la  fa- 
mosa batalla  de  las  Navas  al  frente  de  cuarenta  caballeros  y  mil  infantes ;  en  la 
empresa  de  Burriana  sirvió  á  D.  Jaime  con  setenta  caballeros  y  setecientos  de  á 
pie;  y  en  la  de  Peñíscola,el  rey  vino  á  darle  el  cargo  de  todas  las  fuerzas,  y  el 
obispo  trajo  de  su  cuenta  sesenta  jinetes  y  ochocientos  peones.  Ya  veremos  cuán- 
to contribuyó  á  la  toma  de  Mallorca.  Este  ardor  guerrero  en  nada  disminuyó  eu 
pureza  de  costumbres  ni  su  religiosidad,  como  que  de  esta  nacía:  contribuyó  á 
fundar  la  orden  de  la  Merced  y  otros  conventos  religiosos ;  y  falleciendo  por  Se- 
tiembre de  1 34 1,  le  enterraron  en  la  capilla  de  San  Miguel  en  la  Catedral  de  Bar- 
celona. 


ISLASBALEARES  67 


Si  los  razonamientos  de  tres  ricos  hombres  habían  precedido 
y  en  cierta  manera  motivado  las  generosas  ofertas  del  estamen- 
to eclesiástico,  no  venció  éste  en  largueza  ni  en  fervor  á  los 
restantes  individuos  de  la  alta  nobleza.  Ramón  de  Moneada  juró 
gastar  en  la  demanda  cuanto  tenía  y  esperaba,  y  llevar  consigo 
veinticinco  caballeros;  Francisco  de  Santmartí  y  GuíUelmo  de 
Cervellón  dijeron  que  serían  con  el  rey  con  cien  caballeros; 
Ramón  Berenguer  de  Ager  ofreció  incorporar  otros  veinticinco 
á  los  de  Ramón  de  Moneada;  Berenguer  de  Santa  Eugenia  y 
Gilaberto  de  Cruilles  se  obligaron  á  mandar  treinta  caballeros; 
Hugo  de  Mataplana  y  Galcerán  de. Pinos,  cincuenta;  treinta 
Raimundo  de  Alamany  y  Guillelmo  de  Claramunt;  y  ningunos 
desmintieron  ni  el  valor  heredado  de  sus  mayores,  ni  lo  que  de 
su  desprendimiento  y  devoción  á  las  cosas  de  la  fe  y  del  rey  se 
esperaba. 

Al  fin  cúpoles  el  turno  á  las  ciudades,  de  las  cuales  sólo  Bar- 
celona, Tarragona  y  Tortosa  tenían  diputados  en  aquellas  Cor- 
tes. Levantóse  el  ciudadano  Pedro  Grony,  y  en  nombre  de  la 
capital  de  Cataluña  ofreció  por  entonces  todas  las  corees^  naves 
y  leños  que  hubiese  en  la  ciudad,  dejando  para  después  la  rela- 
ción de  los  demás  socorros  con  que  ésta  quería  cooperar  á  la 
expedición,  que  « serán  tales,  dijo,  que  por  siempre  nos  lo  agra- 
deceréis. >  Tarragona  y  Tortosa  atuviéronse  á  lo  que  el  barcelo- 
nés expuso.  Y  cierto,  fueron  cuantiosos  los  socorros  prometidos, 
pues  la.  ciudad  levantó  dos  mil  infantes  y  costeó  casi  todo  el  ar- 
mamento naval,  que  más  abajo  habremos  de  enumerar;  y  bien 
justificó  el  rey  las  palabras  del  Pedro  Grony,  ya  que  tomada 
Mallorca,  por  Enero  de  1230  les  concedió  á  los  barceloneses 
por  sus  servicios  el  libre  y  franco  comercio  por  mar  y  por  tierra 
en  las  Baleares  (i).  Mas  no  fueron  aquellos  ciudadanos  los  úni- 
cos que  aprestaron  auxilios  navales,  que  alguna  parte  les  alcan- 
zó á  los  proverizales  en  los  armamentos;  y  muchos  de  los  pre- 


(i)    Véase  el  número  1 2  del  Apéndice. 


68  ISLASBALEARES 

lados  y  barones,  bien  que  la  historia  no  particulariza  lo  que  en 
este  punto  prometieron,  mentaron  gente  de  mar  en  sus  arengas, 
acabándolas  con  pedir  que  de  lo  conquistado  se  les  repartiese 
según  el  número  de  caballeros,  infantes,  barcos  y  marineros  que 
hubiesen  traído  á  la  expedición  (i). 

Gozoso  el  rey,  agradeció  á  los  tres  brazos  el  mucho  amor 
que  le  mostraban  y  el  interés  que  en  sus  cosas  ponían ;  ofreció 
llevar  doscientos  caballeros  aragoneses,  muy  buenos  y  valientes, 
y  gentilmente  arreados  de  buenos  caballos  y  ricas  armas,  qui- 
nientos donceles  montados,  cuanta  infantería  fuese  menester, 
ingenios  de  batir,  y  muchos  ingenieros ;  dijo  que,  si  Dios  le  alar- 
gaba la  vida  hasta  entonces,  antes  de  un  año  estaría  en  Ma- 
llorca; y  finalizó  con  rogarles  que  allí  mismo  fijasen  el  plazo 
más  corto  posible,  en  que  todos  se  reunirían  para  hacerse  á  la 
vela. 

Unánimes  contestaron  que  estaban  prontos  á  fijar  el  plazo; 
pero  pidieron  que  el  rey  hiciese  extender  el  acta,  en  que  se  les 
asegurase  porción  de  la  conquista  según  los  servicios  de  cada 
uno.  Parecióle  bien  á  D.  Jaime:  hízose  el  convenio ;  acordóse 
que  en  la  última  semana  de  Mayo  estarían  todos  en  Salou  y 
Tarragona ;  nombráronse  quienes  debían  entender  en  el  señala- 
miento de  las  porciones,  que  fueron  el  obispo  de  Barcelona,  el 
conde  Ñuño  Sánchez,  el  de  Ampurias,  el  vizconde  de  Bearne 
Guillen  de  Moneada,  el  de  Cardona  Ramón  Folch,  y  Guíllelmo 
de  Cervera ;  reservóse  el  rey  para  sí,  amén  de  la  porción  que  le 
correspondiese  y  del  dominio  como  soberano  en  todo,  los  alcá- 
zares, castillos  y  aposentos  reales,  que  en  los  lugares  conquis- 


(i)  De  ahí  se  deduce  también  que  la  mayor  parte,  aunque  sólo  especifícaron 
cuántos  caballeros  capitanearían  en  la  empresa,  alistaron  infantería;  y  aunen  lo  de 
los  caballeros,  no  olvide  el  lector  que  cada  uno  traía  sus  sirvientes,  lo  cual  tripli- 
caba» á  lo  menos,  el  número  de  hombres  armados.  Ya  así  lo  insinuaron  algunos 
en  las  arengas  y  en  las  firmas  del  convenio,  que  en  seguida  se.  menciona  en  el 
texto,  pues  al  nombrar  y  escribir  caballeros  dijeron  también  y  pusieron  con  sus 
sirvientes.  El  rey,  que  cargó  con  el  mayor  peso  de  la  empresa,  al  afirmar  el  conve- 
nio sólo  indicó  que  llevaría  doscientos  caballos. 


ISLAS       BALEARES  69 

tados  hubiese;  prometió  á  todos  los  presentes  indemnizarles  de 
todos  sus  gastos,  si  él  desistía  de  dar  cima  á  la  empresa;  y  se 
estableció  que  los  que  alcanzasen  heredamientos  en  aquellas 
tierras,  no  pudiesen  guerrear  entre  sí  mientras  allí  habitasen  (i). 

Entonces  solemnemente,  como  dice  Marsilio,  con  voz  alegre, 
devoto  el  semblante,  vueltos  á  Dios  los  ojos  del  corazón  y  los 
del  cuerpo,  en  el  nombre  de  Jesucristo  y  de  su  perdurable  Ma- 
dre siempre  Virgen,  y  por  los  Santos  Evangelios  que  delante 
de  sí  tenía,  juró  el  rey  lo  estipulado ;  y  acercándose  los  demás 
por  su  orden,  fueron  repitiendo  el  juramento  en  manos  del  an- 
ciano arzobispo  Aspargo,  descubiertos  los  prelados  y  muy  hu- 
mildes los  barones.  Ya  que  hubieron  jurado,  reinó  un  profundo 
y  devoto  silencio,  miráronse  unos  á  otros;  y  la  alegría,  de  que 
aquel  voto  les  llenaba,  salió  por  fín  afuera  con  dulces  lágrimas 
que  de  sus  ojos  corrían. 

Cunde  entretanto  por  palacio  la  noticia  de  lo  tratado,  y 
pronto  lleva  el  regocijo  ¿  la  muchedumbre  que  impaciente  lo 
rodea.  La  ciudad  se  conmueve,  las  nuevas  y  los  dichos  se  mul- 
tiplican, los  que  no  estuvieron  en  palacio  van  por  las  calles  pre- 
guntando qué  resolvieron  las  Cortes,  y  los  que  de  allí  vienen, 
embargada  la  voz  por  el  entusiasmo,  no  aciertan  á  referirlo,  y 
supliendo  las  miradas  y  los  ademanes  lo  que  las  palabras  no  al- 
canzan, todos  gritan:  ¡á  Mallorca!  ¡á  Mallorca!  (2). 

Era  el  23  de  Diciembre  de  1228:  Barcelona,  famosa  de  muy 
antiguo  por  sus  fiestas  religiosas  y  cívicas,  esperaba  con  rego- 
cijo y  devoción  la  Natividad  del  Señor;  y  la  resolución  de  las 
Cortes  trajo  nuevo  contentamiento. — « Fuéronse  todos  á  co- 
mer»— dice  sencillamente  D'Esclot; — y  el  día  siguiente,  apenas 
cerró  la  noche,  acudieron  á  palacio,  y  acompañando  al  rey  pa* 
saron  á  la  iglesia  mayor  de  Santa  Cruz,  que  había  encendido 


(i)    Véase  el  número  i  3  del  Apéndice, 

(2)    Véase  el  magnífico  capitulo  de  Marsilio,  que  copiamos  en  el  núm.  14  del 
Apéndice, 


ISLAS       BALEARES 


sendas  velas  y  rebosaba  en  gentío.  Allí  toda  la  noche  subió  al 
cielo  el  canto  de  los  sacerdotes;  allí  velaron  el  rey,  la  corte  y  el 
pueblo,  pidiendo  á  Dios  les  sacase  con  bien  de  la  empresa;  y 
oídos  maitines  y  la  misa  matinal,  los  pálidos  vislumbres  del  alba 
les  sorprendieron  aún  en  las  plegarias.  Cumplida  aquella  prime- 
ra obligación  cristiana,  y  pagado  á  la  religión  el  primer  tributo, 
— que  bien  mostraron  con  esto  no  les  movía  menos  su  fe  que 
su  sed  de  gloria, — cúpoles  el  turno  á  los  juegos  y  regocijos  ca- 
ballerescos y  populares,  y  abriólos  D.  Jaime  con  un  banquete,  á 
que  convidó  á  cuantos  en  las  Cortes  se  hallaron.  Vinieron  en 
seguida  las  justas  y  los  torneos,  que  quienes  á  combatir  se  apres- 
taban, justo  era  que  en  las  armas  cifrasen  su  recreación  y  su 
fíesta;  y  despedidos  del  rey,  fuese  cada  cual  para  sus  tierras  á 
entender  en  los  preparativos. 

Estos  se  comenzaron  en  Barcelona  con  una  actividad  de  que 
no  había  ejemplo  en  sus  anales.  Nombró  el  rey  para  que  los  di- 
rigiese á  Ramón  de  Plegamans,  rico  barcelonés  y  muy  práctico 
en  la  mar,  quien  al  momento  puso  en  astillero  sendas  galeras 
y  otros  buques  de  batalla,  y  comenzó  á  construir  y  reparar  gran 
número  de  taridas,  brises,  leños  y  demás  buques  de  transporte. 
Bien  que  el  movimiento,  que  las  cruzadas  dieron  á  la  navega- 
ción y  marina  de  los  estados  del  Mediterráneo,  también  en  par- 
te alcanzó  á  Barcelona;  y  aunque  las  empresas  de  D.  Ramón 
Berenguer  III  y  de  su  hijo  favorecieron  el  desarrollo  de  entram- 
bas en  Cataluña ;  esta  de  D.  Jaime  era,  digámoslo  así,  la  verda- 
dera aurora  de  la  pujanza  que  les  estaba  reservada,  y  así  debió 
de  presentirlo  Barcelona,  pues  que  con  tanto  ardor  se  dio  á 
activar  los  aprestos.  Perdió  sosiego  la  playa,  y  al  estruendo  de 
las  herramientas  añadíanse  las  voces  de  los  marineros,  que  con 
su  acompasada  gritería  se  animaban  á  la  tarea;  batíanse  y  haci- 
nábanse  las  armas,  almacenábanse  los  bastimentos,  al  son  de 
trompetas  y  banderas  desplegadas  abría  la  ciudad  el  alistamien- 
to; aquí  organizábanse  las  compañías  de  voluntarios,  allí  se  nu- 
meraban las  tripulaciones,  y  los  cómitres  entresacaban  á  los  que 


ISLAS       BALEARES  7I 

destinaban  á  atieres  y  á  popa  y  proa,  y  apuntaban  y  examina- 
ban los  arreos  y  armas  de  empavesados  y  ballesteros :  las  calles 
inmediatas  al  mar  llenas  de  mujeres  que  cosían  y  aparejaban  el 
velamen,  pendones  y  vestidos ;  los  decires,  las  noticias,  los  can- 
tares  en  boca  de  todos ;  en  todos  la  alegría,  la  confianza;  el  te- 
mor y  el  desaliento,  en  ninguno  (i).  Así  se  daba  á  la  construc- 
ción naval  un  impulso  cual  nunca  lo  había  recibido ;  y  de  entonces 
arrojándose  á  la  mar  con  solas  sus  fuerzas,  dató  el  encumbra- 
miento del  poder  marítimo  de  Catalufta. 

Entretanto,  continuaba  la  división  entre  los  árabes,  y  el  im- 
perio de  los  almohades  en  todas  partes  era  combatido,  á  pesar  de 
los  singulares  esfuerzos  del  califa  ó  emir  Cid  Abu-el-Ola  el  Mamún. 
Un  descendiente  de  los  Beny-Hudes,  antiguos  reyes  de  Zaragoza 
á  quienes  los  almorávides  respetaron,  allega  sus  parciales,  y  se 
hace  proclamar  en  Escuriante :  otro  de  los  pretendientes,  Yahya- 
ben  Nasr,  derrotado  antes  por  el  Mamún,  aparece  de  nuevo  en 
los  últimos  confines  del  imperio,  y  envía  emisarios  á  España;  y 
Abu-Djomail-Ebn  Mordanisch,  descendiente  de  los  reyes  de  Va- 
lencia que  tanto  se  opusieran  al  asiento  de  los  almohades  en 
España,  toma  las  armas  en  aquel  reino,  de  cuya  mayor  parte  se 
apodera.  El  hermano  de  El  Mamún,  llamado,  como  ya  se 
dijo  (2),  Cid-Abu-Mohamedben-el-Mansur,  que  gobierna  allí, 
desamparado  de  los  más  de  los  suyos,  viénese  á  Aragón,  con  cu- 
yos estados  está  en  treguas,  para  ajustar  con  D.  Jaime  una  alian- 
za contra  Abu-Djomail. 

Aconteció  que  también  entonces  había  llegado  el  legado  pon- 
tificio cardenal  de  Santa  Sabina,  que  entre  otras  cosas  debía 
entender  en  el  divorcio  del  rey  y  de  su  esposa  D.*  Leonor  de 
Castilla  que,  pues  á  nuestro  propósito  no  hace,  omitiremos.  El 
rey,  como  supo  esta  venida  y  además  le  llamaban  á  Aragón 
diligencias  para  la  empresa,  se  fué  por  Abril  á  Calatayud  y  de 


(O    Véase  el  número  14  del  Apéndice, 
(a)    Véase  la  pág.  30 


72  ISLASBALEARE8 


allí  á  Lérida,  con  buen  acompaftamiento  de  personas  eclesiásti- 
cas y  caballeros.  Hizo  mucha  honra  al  cardenal  y  al  walí  almo- 
hade  de  Valencia,  que  sin  duda  le  expuso  el  estado  de  sus  cosas 
y  le  rogó  entrase  con  él  en  sus  tierras.  Pero  D.  Jaime,  resuelto 
á  no  desistir  de  lo  proyectado,  dio  cuenta  de  ello  al  carde- 
nal, que  mirándole  y  admirando  tanto  brío  en  tan  pocos  años: 
<  ¡Hijo,  exclamó,  la  idea  de  semejante  acción  no  de  vos  sino  de 
Dios  viene,  el  cual  os  la  inspiró  y  os  ha  enviado  su  gracia:  y  ya 
que  así  es,  pléguele  que  le  deis  cabo  como  vuestro  corazón 
desea!  > 

Los  ricos  hombres  aragoneses,  que  habían  venido  á  Lérida,  y 
los  vecinos  de  ésta,  no  acogieron  con  gusto  la  noticia  del  paso 
á  las  Baleares,  y  á  decir  verdad,  la  razón  estaba  de  su  parte. 
Casi  diariamente  les  corrían  las  tierras  los  almugávares  moros 
de  Valencia,  al  paso  que  ningún  daño  de  los  baleares  recibían: 
y  como  desahuciado  Cid-AbuMohamed  de  aquella  última  espe- 
ranza de  entrar  en  Valencia  con  las  fuerzas  del  de  Aragón  en 
demanda  de  los  rebeldes,  tal  vez  se  aprovechó  de  la  mala  dis- 
posición de  los  aragoneses  y  leridanos  para  insinuarles  la  idea 
de  acometer  á  Valencia,  acudieron  ellos  al  legado  para  que  in- 
tercediese con  el  rey  y  le  hiciese  mudar  de  resolución.  Dióse 
aquel  día  orden  de  que  al  siguiente  se  convocasen  los  tres  bra- 
zos de  Lérida  y  los  ricos  hombres  de  Aragón ;  y  reunidos,  ex- 
púsoles el  rey  los  daños  que  del  de  Mallorca  habían  recibido 
sus  tierras  y  vasallos,  que  despreciando  todas  sus  embajadas  y 
su  poder  tenía  presos  á  sus  mensajeros  (i),  que  por  esto  había 
determinado  pasar  á  Mallorca,  confiando  que,  pues  en  servicio  de 
Dios  y  de  la  cristiandad  lo  acometía,  él  habría  victoria,  y  ellos 
no  abandonarían  á  su  soberano  en  tal  coyuntura.  El  cardenal  se 
levantó  entonces,  y  le  manifestó  cuan  poco  dispuestos  estaban 
los  aragoneses  y  leridanos  á  seguirle  en  aquella  jornada;  que  le 


(i)    Si  esto  que  dice  D^  Esclot  es  cierto,  confírma  nuestra  aserción  de  que  no 
sólo  á  la  respuesta  del  walí  se  debió  el  paso  á  Mallorca. 


ISLASBALEARES  73 

suplicaban  fuese  antes  á  Valencia,  y  ellos  harían  cuanto  manda- 
se, y  le  servirían  gustosos  con  sus  personas,  vasallos,  caballos 
y  armas;  mas  de  ninguna  manera  en  lo  de  Mallorca,  de  lo  cual 
ni  se  curaban  ni  lo  deseaban. — «Esa  conquista  de  Mallorca  no 
abandonaré  yo,  dijo  el  rey,  que  así  lo  juré,  y  jamás  romperé  mí 
juramento:  quien  quiera  seguirme,  demás  que  cumplirá  con  su 
deber,  me  tendrá  muy  mucho  por  su  amigo ;  quien  no,  piénselo 
antes  con  madurez.»  Y  cogiendo  un  pedazo  de  cordón,  doblólo 
á  manera  de  cruz,  y  dijo  al  cardenal  que  se  lo  cosiese  al  hom- 
bro. Hízolo  el  prelado^  dióle  su  bendición,  y  concedió  grandes 
indulgencias  á  él  y  á  cuantos  á  Mallorca  le  acompañasen;  y  en 
seguida  la  comitiva  del  rey,  en  que  venían  el  obispo,  el  arce- 
diano y  el  sacrista  de  Barcelona,  tomó  la  cruz  de  manos  del 
legado,  con  no  poca  admiración  y  pesar  de  los  aragoneses  y 
leridanos,  que  no  hicieron  ninguno  la  menor  oferta  (i). 

No  menos  hubieron  de  sentirlo  Cid-Abu-Mohamed  y  los  su- 
yos, ya  que  casi  otro  recurso  no  les  quedaba  para  echar  del 
reino  valenciano  á  Djomail ;  pero  el  rey,  que  en  aquella  ocasión 
anduvo  muy  cuerdo  y  harto  político  para  su  corta  edad,  cerró 
con  el  moro  una  alianza  ofensiva,  para  cuya  seguridad  se  dieron 
mutuamente  varias  fortalezas  y  rehenes ;  y  aun  con  gran  saga- 
cidad debió  de  insinuarle  que  sólo  en  favor  suyo  pasaba  á  Ma- 
llorca, donde  sin  duda  tenía  el  moro  enemigos  sublevados,  pues 
que  así,  dicen  las  crónicas  árabes,  Cid-Abu-Mohamed  se  lo  per- 
suadió á  sí  propio  cuando  el  aragonés  puso  por  obra  la  jorna- 
da (2).  Esa  división  que  entre  los  árabes  ardía  fué  quizá  no  poca 


(i)  No  olvide  el  lector  que  el  rey  en  las  Cortes  de  Barcelona  prometió  levan- 
tar de  su  cuenta  una  hueste  de  aragoneses;  y  por  esto  suenan  en  la  conquista 
apellidos  y  ricos  hombres  de  Aragón.  Pero  no  se  lee  que  ninguna  ciudad  ni  villa 
de  aquel  reipo  enviase  á  la  expedición  tropas  suyas:  sólo  Lérida,  aunque  al  prin- 
cipio se  negó,  se  halla  mencionada  en  el  repartimiento,  de  que  le  cupo  gran 
parte. 

(2)  «En  este  año,  con  gran  poder  y  aparato  de  naves  fué  el  tirano  Gaymis 
(Jaime)  contra  Mayorcas,  entendiendo  Cide-Muhamad  y  los  suyos  que  iba  en  su 
favor  y  ayuda.»  Conde,  Árabes  en  España^  4.*  parte,  cap.  2.° 


74  ISLAS       BALEARES 


parte  para  que  D.  Jaime  activase  los  aprestos;  y  á  la  verdad 
bien  conoció  lo  favorable  de  la  coyuntura,  que  no  tan  á  su  sal- 
vo hubiera  intentado  la  expedición  si  las  armas  de  los  infieles 
no  hubiesen  estado  felizmente  ocupadas  en  su  misma  ruina,  y 
si  la  voz  del  contrariado  emir  ó  califa  de  Marruecos  hubiese  po- 
dido, como  antes,  poblar  de  embarcaciones  suyas  el  Medite- 
rráneo. 

Mientras  el  rey  acudía  á  Aragón  para  apercibir  su  gente ,  los 
barones  y  eclesiásticos  catalanes  fuéronse  para  sus  estados, 
conmoviendo  con  su  nuevo  cruzamiento  los  lugares  por  donde 
pasaban,  y  enardeciendo  más  y  más  los  corazones.  El  obispo  don 
Berenguer  de  Palou,  al  llegar  á  un  pueblo  suyo  llamado  Querol, 
encontró  á  Guillen  de  Moneada  que  con  gran  séquito  le  espera- 
ba: al  ver  éste  y  los  suyos  la  cruz  que  en  el  hombro  ostentaban 
el  prelado  y  sus  caballeros,  y  como  supiesen  que  también  el 
monarca  se  había  cruzado,  quisieron  imitar  su  ejemplo,  y  de  ma- 
nos del  obispo  recibieron  el  signo  de  nuestra  redención ;  tras  lo 
cual,  se  separaron  para  reunir  sus  hombres  de  guerra  y  estar  á 
punto. 

La  primavera  serena  en  tanto  el  cielo  y  tifie  de  verdor  las 
cumbres,  y  toda  Catalufla  redobla  él  movimiento.  Los  barones 
organizan  sus  huestes  y  sefialan  capitanes  á  los  tercios;  las 
muestras  se  suceden,  los  castillos  se  pueblan  de  gente  de  armas; 
y  en  todas  partes  armamentos  y  son  de  guerra.  Bótanse  del 
astillero  al  mar  las  embarcaciones,  que  se  reparten  por  la  costa; 
cargan  bastimentos,  armas  é  ingenios;  y  forman  tres  divisiones, 
que  anclan  en  Tarragona,  Cambriis  y  Salou.  La  fama  de  la  ex- 
pedición ha  cundido  por  la  Provenza  y  por  la  Italia,  y  buenas 
lanzas  extranjeras  van  acudiendo  al  cebo  de  la  gloria  y  del  re- 
parto. Ya  el  rey  llega  con  su  hueste  aragonesa,  capitaneada 
por  D.  Pedro  de  Maza,  el  conde  de  Carroz,  D.  Jimén  de  Urrea, 
D.  Pedro  Cornel,  D.  Lope  Jiménez  de  Luesia,  y  D.  Pedro  Po- 
mar :  el  obispo  de  Barcelona  marcha  al  frente  de  sus  tercios,  que 
confió  al  valor  y  pericia  de  su  primo  hermano  Guillen  de  Mon- 


ISLASBALEARES  J^ 


cada,  Ramón  de  Sobona,  Ramón  de  Montanya  y  Arnaldo  Des- 
vilar :  con  el  eonde  de  Rosellón  Ñuño  Sancho  vienen  de  caudi- 
llos Jofre  ó  Wífredo  de  Rocabertí,  Olivier  de  Térmens,  Ramón 
de  Canet,  Gisberto  de  Barbera,  Pedro  de  Barbera,  Ponce  de 
Vernet,  Castellán  Ruiz  y  dos  principales  barones  de  Casti- 
lla ;  el  vizconde  de  Bearne  Guillen  de  Moneada  lleva  por  ca- 
pitanes y  camaradas  á  Guillen  de  Cervelló,  Ramón  Alamany, 
Guillen  de  Claramunt,  Hugo  de  Mata  plana.  Guillen  de  Santvi- 
cens,  Ramón  de  Belloch,  Berenguer  de  Centelles,  Guillen  de 
Pallafolls,  y  Berenguer  de  Santa  Eugenia:  el  de  Ampurias 
Ponce  Hugo,  el  obispo  de  Gerona  D.  Guillermo  Cabanellas,  el 
arcediano  de  Barcelona  Bernardo  de  Villagrana,  el  sacrista  de  la 
misma  iglesia  Pedro  de  Centelles,  el  sacrista  gerundense  Gui- 
llelmo  de  Montgrí,  el  paborde  de  Tarragona  Ferrer  de  Sant- 
martí,  las  ciudades,  las  villas,  los  nobles,  todos  aprontan  las 
fuerzas  que  prometieron  ó  cuantas  pueden;  y  el  simple  caba- 
llero sin  estado,  que  no  pudo  prometer  ni  traer  grandes  com- 
pañías, trae  su  buen  corazón  y  su  lanza. 

Cuanto  más  crecía  la  actividad,  más  se  echaban  de  ver  las 
dificultades  de  tan  osada  empresa,  que  iban  retardando  la  par- 
tida. Pero  ese  mismo  retardo  dio  lugar  á  que  fuesen  llegando 
cada  día  nuevos  aventureros,  y  los  preparativos  y  provisión  se 
hiciesen  con  mayor  acierto.  Montañeses  los  más,  y  gente  inex- 
perta en  la  mar,  íbanse  los  soldados  acostumbrando  á  la  vista 
de  aquel  elemento  y  á  los  ejercicios  militares  que  requiere;  y  el 
ejemplo  del  orden  y  disciplina  naval,  superiores  entonces  á  los 
de  tierra,  debieron  influir  grandemente  en  el  buen  proceder  de 
aquel  ejército,  compuesto  de  vasallos  de  diferentes  señores,  bien 
que  unidos  todos  por  el  común  vínculo  de  la  lealtad  á  su  sobe- 
rano. 

Corría  ya  el  Agosto  de  1 229,  y  á  fines  de  este  mes  ratificóse 
en  Tarragona  el  convenio  celebrado  en  Barcelona,  que  ahora  se 
modificó  en  una  de  sus  cláusulas.  Los  caballeros  templarios,  con 
quienes  no  se  contó  al  principio,  como  tan  religiosos  y  enemi- 


yÓ  ISLASBALEARES 

gos  de  la  morisma  quisieron  ser  de  la  jornada;  y  tanta  honra  les 
hizo  el  rey,  qué  al  comendador  de  Mirabete,  Fr.  Bernardo  de 
Champans,  en  la  ratiñcación  del  convenio  le  nombró  uno  de  los 
que  debían  de  cuidar  del  repartimiento  de  la  isla,  á  cuya  con- 
quista envió  la  orden  los  más  señalados  caballeros.  Y  como  tam- 
bién se  nombró  para  lo  mismo  al  obispo  gerundense,  vinieron  á 
ser  los  comisionados  ó  arbitros  de  la  partición  futura  el  obispo 
de  Barcelona,  el  gerundense,  el  templario  Bernardo  de  Cham- 
pans,  Nufto  Sánchez,  Hugo  de  Ampurias  y  Guillen  de  Mon- 
eada (i). 

Entonces,  prontos  los  bajeles,  reunidas  las  compañías,  pása- 
se muestra  general  así  de  la  gente  de  tierra,  que  ascendía  á 
quince  mil  de  á  pie  y  mil  quinientos  jinetes,  sin  contar  los  aventu- 
reros provenzales  é  italianos,  como  de  la  flota  compuesta  de  vein- 
ticinco naves  gruesas,  diez  y  ocho  taridas  ó  drómonas,  doce 
galeras  y  ciento  entre  brises  y  galeotas :  en  todo,  ciento  cincuen- 
ta y  cinco  navios  mayores  ó  caudales^  según  la  expresión  del 
rey  en  sus  comentarios,  amén  de  las  barcas  y  demás  vasos  de 
menor  porte.  Comulga  D.  Jaime  con  devoción,  la  mayor  parte 
le  imitan,  y  comiénzase  el  embarque.  Las  grandes  naves  y  tari- 
das  reciben  á  bordo  los  caballos ;  sube  la  gente  á  los  bajeles,  y 
bien  que  á  muchos  el  mareamiento  les  fuerza  á  volverse  á  tierra, 
alegremente  se  acomodan  los  demás  por  las  cámaras:  cosa  muy 
digna  de  notarse,  que  tantos  caballeros,  no  avezados  á  la  nave- 
gación, que  por  lo  atrasada  era  entonces  más  temible,  nacidos 
y  venidos  los  más  de  las  montañas,  así  con  tanto  ánimo,  como 
si  á  fíesta  y  cierta  victoria  fuesen,  se  aventurasen  á  tan  terrible 
elemento,  cuya  sola  vista,  extensión  y  continua  mudanza  debían 
de  retraerles  de  su  propósito.  Habido  consejo  con  los  principa- 
les cabos  de  las  embarcaciones,  dispone  el  rey  el  orden  con  que 
ha  de  navegar  la  armada:  que  la  nao  del  capitán,  Nicolás  Bo- 
net,  en  que  va  el  vizconde  de  Bearne,  abrirá  la  marcha,  y  de 


(i)    Véase  el  núm.  i  3  del  Apéndice, 


ISLASBALEARES  77 

noche  llevará  un  farol;  que  la  que  monta  el  conde  de  Carroz  irá  á 
retaguardia  con  otro  farol ;  que  las  taridas,  brises,  leños  y  de- 
más transportes  se  colocarán  en  el  centro ;  y  que  las  galeras, 
como  más  sueltas  y  á  punto  de  batalla,  se  repartirán  por  en- 
trambos lados,  de  manera  que  con  ellas  se  tropiece  toda  embar- 
cación enemiga  que  haga  rumbo  hacia  la  escuadra. 

Ya  los  primeros  albores  del  miércoles,  6  de  Setiembre  {a)^ 
rayan  las  aguas  del  golfo,  que  quietas  y  perezosas  los  reflejan 
en  su  unida  superficie :  las  trompetas  tocan  á  partir,  y  en  aque- 
llas playas  todo  es  movimiento.  Los  de  Salou,  donde  está  el 
rey,  zarpan  los  primeros :  izan  velas  y  el  pabellón  barcelonés ;  y 
los  atieres  y  popeles,  levantados  los  remos  y  en  ellos  puestas  las 
forzudas  manos,  esperan  para  bogar  la  señal  del  cómitre.  Nin- 
gún viento  empero  hincha  el  velamen,  sólo  sopla  una  débil  bri- 
sa de  tierra ;  mas  no  consintiendo  ya  la  impaciencia  dilación  al- 
guna, dase  la  señal,  y  comienzan  á  marchar  las  naves,  entre  las 
aclamaciones  de  los  que  parten,  y  las  bendiciones  y  voces  de 
despedida  de  los  que  en  la  playa  se  quedan.  Al  ver  los  de  Ta- . 
rragona  y  Cambrils  que  la  división  de  Salou  ya  dala  vela,  imitan 
su  ejemplo;  y  entonces,  dice  el  rey,  es  de  ver  para  los  de  la 
playa  cual  blanquea  la  mar  con  la  multitud  de  las  velas,  que  tan 
gentil  y  tan  grande  es  la  flota. 

D.  Jaime  entretanto  atendía  en  tierra  al  buen  orden  de  la 
partida,  y  á  esta  precaución  suya  debióse  el  embarque  de  un 
crecido  número  de  combatientes.  Los  buques  aprontados  para 
la  expedición  no  pudieron  cargar  toda  la  gente,  y  mil  aventure- 
ros veían  con  dolor  frustradas  sus  esperanzas:  movido  de  sus 
súplicas  el  joven  monarca,  parte  los  fué  repartiendo  como  mejor 
se  pudo  por  los  transportes;  y  reuniendo  cuantas  barcas  y  otros 


(a)  Miércoles  fué  el  $  de  Setiembre  de  1 229,  y  primer  viernes  del  mes  el  7  se- 
gún la  crónica  real,  notándose  en  el  curso  de  este  capítulo  la  equivocada  antici- 
pación del  día  de  la  semana  respecto  del  de  mes,  que  hubiera  podido  evitar  el 
autor  atendiendo  ala  letra  dominical  del  año. 


yS  ISLASBALEARES 


vasos  menores  de  particulares  hubo  á  la  mano,  recogió  en  ellos 
á  los  restantes.  Hecho  esto,  y  el  postrero  de  todos^  subió  el  rey 
á  la  galera  de  Montpeller,  y  se  reunió  á  la  flota,  que  con  muy 
buen  concierto  iba  haciéndose  á  la  mar. 

Así  navegaron  veinte  millas,  cuando  saltando  de  improviso 
el  viento  á  leveche  ó  sudoeste,  los  cómitres  y  nocheros  de  la 
galera  de  D.  Jaime  Riéronse  para  él,  y  le  dijeron: — cSeftor, 
vuestros  somos  y  vuestros  vasallos  naturales,  y  por  esto  obli- 
gados á  mirar  por  vuestra  vida  y  aconsejaros  buenamente  como 
mejor  sepamos.  Este  tiempo  de  leveche  no  es  favorable  á  vos 
ni  i  vuestra  escuadra,  y  sí  tan  contrario  que  no  podréis  eon  él 
tomar  puerto  en  toda  la  isla  de  Mallorca:  por  lo  cual,  en  nues- 
tro sentir,  convendría  que  volvieseis  atrás  y  á  tierra,  que  Dios 
en  breve  os  dará  tiempo  más  próspero  para  la  jornada. — No 
haremos  tal,  contestó  el  rey,  ni  á  tierra  nos  volveremos  por  todo 
lo  del  mundo :  pues  si  antes  de  dar  la  vela  muchos  que  se  sin- 
tieron mareados  prefirieron  quedarse,  lo  mismo  harían  ahora 
cuantos  sufren  del  mareamiento,  y  no  persistieran  sino  los  hom- 
bres de  más  pro,  que  sólo  por  vergüenza  no  seguirían  el  ejem- 
plo de  aquellos.  Cuanto  más,  que  á  esta  jornada  vamos  por  la 
fe  de  Dios  y  contra  los  infieles,  para  que  éstos  se  conviertan,  ó 
sino  aniquilarlos  y  restituir  ese  reino  á  la  fe  de  Cristo;  y  pues 
en  su  nombre  vamos,  él  nos  guiará : »  animosa  contestación,  que 
así  revelaba  su  confianza  en  Dios,  como  honraba  su  intrepidez 
y  su  buen  discurso.  Hubieron  los  cómitres  de  asentir  á  lo  que  don 
Jaime  dijo,  prometiéndole  que  no  perdonarían  esfuerzo  alguno; 
y  ya  porque  trabajaron  con  ahínco  en  cumplir  su  palabra,  ya 
por  la  excelente  marcha  del  bajel,  al  cerrar  la  noche  la  galera 
de  Montpeller  había  pasado  por  entre  toda  la  escuadra  y  alcan- 
zó á  la  nave  de  vanguardia,  que  montaba  el  Bearnés.  No  afloja- 
ba el  furioso  leveche,  y  como  la  oscuridad  era  densísima,  los 
marineros  de  una  y  otra  se  preguntaron  cuyas  eran ;  y  al  oir  los 
del  vizconde  que  en  la  recién  llegada  iba  el  rey,  saludáronlos 
con  grande  regocijo,  clamando  que  fuesen  cien  mü  veces  bien- 


ISLASBALEARES  79 

venidos.  Pasó  adelante  la  real;  y  de  este  modo,  la  que  había 
partido  la  última  de  Salou  se  encontró  desde  entonces  la  prime- 
ra, y  fué  la  guía  de  las  demás.  Navegaron  aquella  noche  á  orza: 
el  viento  arreciaba,  y  al  día  siguiente  se  embraveció  tanto  el 
mar,  que  las  olas  saltaban  por  encima  de  la  tercera  parte  del 
buque,  á  proa  (i).  Ya  el  sol  despedía  sus  últimos  rayos,  cuando 
cesó  el  leveche,  y  en  aquel  mismo  punto  dieron  vista  á  la  isla  y 
distinguieron  la  Palomera,  SoUer  y  Almalug.  Entonces  dijéronle 
á  D.  Jaime  que  convendría  acortar  velas,  si  no  quería  que  de 
tierra  los  viesen;  y  acabada  la  maniobra,  ya  el  mar  había  abo- 
nanzado considerablemente.  Propúsose  que  se  encendiese  una 
linterna  para  que  los  demás  bajeles  acudiesen  á  donde  la  real  se 
dirigía;  y  como  se  temió  que  la  luz  los  descubriese  á  los  de  la 
isla,  el  rey  soltó  los  reparos  con  indicarles  que  pusiesen  la  lin- 
terna en  lo  alto  de  la  carroza  ó  alcázar,  y  que  delante  de  ella, 
por  la  parte  que  á  tierra  miraba,  tendiesen  un  gran  pafto,  bas- 
tante para  ocultar  su  resplandor.  Hiciéronlo,  y  los  faroles  y  lu- 
ces, que  en  varias  direcciones  y  á  diferentes  distancias  fueron 
apareciendo,  probaron  que  las  embarcaciones  habían  visto  la  de 
la  real,  y  á  todos  fueron  motivo  de  aliento  y  alegría.  Á  poco  ya 
llegaron  junto  á  la  real  dos  galeras,  y  como  los  de  aquella  les 
preguntasen  por  el  resto  de  la  nota,  contestaron  que  iba  vinien- 
do como  mejor  podía;  y  así  era  en  efecto,  que  por  el  hilo  de 
media  noche  hubo  la  real  á  la  vista  treinta  ó  cuarenta  buques 
entre  naves,  taridas,  galeras  y  lefios. 

Habíase  serenado  el  cielo,  y  la  luna  esparcía  su  blanca  cla- 
ridad sobre  las  aguas ;  y  soplando  una  fresca  brisa  de  garbino, 
dijo  el  rey  que,  pues  antes  se  había  acordado  que  todos  los  na- 
vios aportasen  á  Pollensa,  á  favor  de  aquella  brisa  bien  podían 


( I )  La  crónica  del  rey,  y  en  particular  la  de  Marsilio,  insisten  mucho  en  lo  del 
marcamiento  de  los  embarcados;  y  al  hablar  de  este  temporal,  dice  el  segundo  de 
aquellos  cronistas :  «Mas  entre  hora  nova  é  vespres  cresqué  lo  vent,  é  fort  horri- 
blement  la  mar  sMnfla;  muntenles  ondes  é  complexen  be  le  ter<;a  part  de  la  galea, 
é  la  mar  prova  é  assatga  los  ventres  deis  novéis  peregrins  é  encara  deis  antichs 
mariners;  tots  los  peus  los  vacillen,  els  caps  han  torbats.» 


8o  ISLASBALEARES 


enderezar  el  rumbo  allá.  Cambió  la  real  la  vela,  y  lo  mismo  hi- 
cieron cuantas  naves  pudieron  verlo.  Las  marejadas  aún  batían 
de  cuando  en  cuando  las  bandas  del  buque,  pero  la  mansa  brisa 
íbalo  impeliendo  suavemente:  ya  no  tendía  la  tormenta  sobre  el 
mar  sus  tinieblas,  y  el  astro  de  la  noche  iluminaba  las  blancas 
velas  amigas,  que  á  la  señal  de  la  linterna  respondieran.  Así 
navegaron  algún  tiempo  con  esa  bonanza,  cuando  hacia  el  norte 
asomó  á  lo  lejos  una  nube.  Miróla  un  buen  espacio  el  cómitre 
principal,  Berenguer  de  Gayrán,  ducho  marinero;  y  meneando 
con  aire  sombrío  la  cabeza :  <i  no  me  agrada,  dijo,  la  nube  que 
allá  veo,  á  la  parte  del  viento  de  Provenza.  ¡Ea,  sus,  estén  to- 
dos prevenidos;  á  las  jarcias!»  Y  apenas  cada  cual  estuvo  en  su 
puesto,  vino  á  deshora  una  tan  furiosa  ráfaga  que  ladeó  el  na- 
vio,  mientras  á  los  gritos  de  ccUa^  cala^  que  daba  el  cómitre, 
arriaban  las  velas  á  toda  prisa.  Crecieron  otra  vez  las  ondas,  y 
las  demás  embarcaciones,  que  no  debieron  de  estar  prevenidas 
como  la  real,  viéronse  á  punto  de  naufragar,  y  con  no  poca  fa- 
tiga y  temor  lograron  quedarse  á  palo  seco.  La  gritería  de  los 
marineros  que  se  animaban  á  la  maniobra,  los  bramidos  del 
viento,  el  estrépito  con  que  las  olas  reventaban,  las  nubes  que 
de  nuevo  encapotaban  el  cielo,  todo  infundía  pavor  y  trastorno: 
la  horrible  tempestad  seguía  embraveciéndose;  los  de  la  galera, 
sin  ver  más  espacio  que  el  que  de  ola  á  ola  en  los  hondos  y  ne- 
gros surcos  de  la  mar  había,  sólo  de  cuando  en  cuando  por  los 
lamentos  é  invocaciones  que  traía  el  viento  colegían  el  riesgo 
de  las  demás  naves,  y  con  ellos  aumentábanse  su  angustia  y  el 
temor  del  suyo  propio.  El  viento,  que  hasta  entonces  había  so- 
plado en  una  misma  dirección  como  una  continua  ráfaga,  trocó* 
se  casi  en  torbellino,  y  perdido  el  uso  del  timón  los  buques 
giraron  sobre  sí  mismos:  espanto  de  muerte  vino  á  todos  los  de 
la  real,  ni  una  voz  en  ella,  y  ese  silencio  terrible  y  profundo,  claro 
decía  cuánto  de  su  salvación  desesperaban  (i).  Cuando  esto  vio 


(i)    Este  sublime  silencio  está  descrito  en  la  crónica  del  rey  con  tal  sencillez 


ISLAS       BALEARES  8l 

el  rey,  arrodillado  en  la  popa  y  al  cielo  vueltos  los  ojos,  oró  un 
buen  espacio ;  y  acabado  que  hubo  su  plegaria,  conociendo  que 
con  tal  viento  era  imposible  aportar  á  PoUensa  como  se  había 
convenido,  levantóse,  y  rompiendo  aquel  fúnebre  silencio,  dijo: 
—  «¿Hay  en  esta  galera  alguno,  que  por  sus  viajes  á  Mallorca 
conozca  bien  la  costa?  —  Yo,  señor,  respondió  el  cómitre  Gayrán; 
yo  he  estado  varias  veces  en  Mallorca. — ¿No  se  encuentra  nin- 
gún puerto  cerca  de  la  ciudad  (Palma)  y  á  la  parte  de  Cataluña? 
— Un  montecillo  hay,  que  de  la  ciudad  dista  por  mar  veinte 
millas,  y  tres  leguas  por  tierra:  llámanlo  la  Dragonera,  es  isla, 
y  tiene  un  pozo  de  agua  dulce,  en  que  hicimos  aguada  mis  ma- 
rineros y  yo  una  vez  que  allí  estuvimos.  Más  inmediato  á  tierra 
(de  Mallorca)  hay  otra  colina,  isla  también,  llamada  Pantaleu, 
que  sólo  de  la  costa  dista  un  buen  tiro  de  ballesta. — Pues  ¿qué 
más  pedimos  ni  queremos  sino  buen  puerto  con  agua  dulce,  en 
que  puedan   refrescar  la  gente  y  los  caballos  á  despecho  de 
sarracenos,  y  de  donde  podamos  marchar  á  donde  nos  plazca? 
Poned,  poned  la  vela  al  viento  provenzal,  que  con  ese  allá  ire- 
mos.» Hízose  al  punto,  y  pasando  el  aviso  á  las  naves  más  cer- 
canas, fueron  cambiando  velas  y  siguiendo  el  rumbo  de  la  real: 
caso  notable  y  sobremanera  honroso  para  D.  Jaime,  que  en  una 
flota  donde  tantos  y  tan  experimentados  marineros  había,  donde 
sobraban  varones  de  intrepidez  notoria,  él  solo  jamás  decayese 
de  ánimo,  y  en  los  mayores  apuros  él,  tan  poco  práctico  en  la 
mar,   fuese  quien   sugirió  y  activó   las  disposiciones.  De  este 
modo,  el  mismo  viento  que  estorbaba  la  ida  á  Pollensa,  impelió 
los  bajeles  al  nuevo  puerto  de  la  Palomera  ó  del  Pantaleu,  en 
donde  entró  la  real  el  viernes  8  de  Setiembre,  y  al  cual  fué 
arribando  toda  la  escuadra,  que  sin  pérdida  alguna  ya  el  sábado 
estuvo  reunida. 

Pero  su  llegada  no  cogió  desapercibidos  á  los  moros  que  ya 


y  fuerza^  que  es  imposible  gozar  de  entrambas  calidades  sino  en  el  mismo  origi- 
nal. Véase  el  núm.  i  5  del  Apéndice, 


>^2  ISLASBALEARES 

guarnecían  aquella  costa  y  se  pusieron  en  la  Palomera  en  nú- 
mero de  cinco  mil  peones  y  doscientos  caballos,  armadas  las 
tiendas,  y  dispuestos  á  impedir  el  desembarco.  Conoció  el  rey 
cuan  temerario  fuese  tentar  esa  operación  con  tantos  enemigos 
á  la  vista;  y  llamando  á  consejo  al  conde  de  Rosellón,  al  de 
Ampurias,  al  Bearnés  y  demás  cabos,  y  á  los  cómítres  de  ma- 
yor autoridad,  resolvióse  que  D.  Nufto  en  una  galera  suya  pro- 
pia, y  D.  Ramón  de  Moneada  en  la  de  Tortosa,  fuesen  cos- 
teando hacia  la  ciudad  y  escogiesen  lugar  bueno  para  tomar 
tierra. 

Volvieron  los  dos  exploradores  con  la  noticia  de  que  cerca 
había  un  sitio  á  propósito,  que  llamaron  Santa  Ponza  (a),  y  que 
no  muy  distante  de  la  playa  se  levantaba  un  montectllo,  en  que 
apostados  quinientos  hombres  podrían  solos  proteger  el  arribo 
de  toda  la  flota  y  la  salida  de  los  soldados.  El  domingo  des- 
embarcaron D.  Jaime  y  algunos  barones  en  el  islote  del  Panta- 
leu,  y  como  gente  poco  acostumbrada  á  la  navegación,  bien  hu 
bieron  menester  de  aquel  descanso  para  reponerse  Y  no  sólo 
descanso  les  fué  aquel  detenimiento;  sino  que,  á  cosa  de  medio 
día,  vino  nadando  al  Pantaleu  un  sarraceno,  que  la  crónica  ape- 
llida Alí,  y  en  algarabía  dijo  al  rey  qué  número  de  combatien- 
tes el  walí  contaba  y  qué  ánimo  la  ciudad  tenía  (i). 

Resuelto  á  marchar  al  nuevo  puerto   de  Santa  Ponza,  ya 
echó  de  ver  el  rey  que  no  lograría  desembarcar  sin  obstáculo  si 


(a)  El  nombre  de  Sania  Ponza^  consignado  en  la  crónica  del  rey,  remonta  aca- 
so, como  otros  de  santos  que  se  hallan  en  el  repartimiento,  á  los  tiempos  de  la 
cristiandad  primitiva,  anteriores  ó  coetáneos  á  la  dominación  sarracena,  pues  que 
la  de  los  pisanos  fué  sobrado  pasajera  para  levantar  templos  6  cambiar  la  deno- 
minación de  los  lugares.  Los  de  Palomera  y  Dragonera  pudieron  ser  impuestos 
á  aquellas  costas  por  los  navegantes  catalanes,  y  lo  mismo  digo  del  de  Pantaleu. 
sin  necesidad  de  andar  á  caza  de  griegas  etimologías.  Miedes,  al  fin  del  libro  VI 
de  su  historia,  habla  de  Ponlia  como  de  colonia  romana  al  igual  áe  Pollentia^  para 
lo  cual  no  tuvo  sin  duda  más  razón  que  la  índole  del  nombre. 

(i)  D'Esclot  escribe  que  el  walí  pasó  revista  á  cuarenta  y  dos  mil  hombres: 
con  que  rebajando  de  este  número  un  tercio,  aún  era  muy  considerable  el  ejército 
sarraceno  que  presentó  después  batalla  al  rey.  Véase  el  núm.  i  6  del  Apéndice. 


ISLASBALEaRES         •  8^ 


no  burlaba  la  vigilancia  de  los  sarracenos  que  ea  la  Palomera 
estaban;  y  para  ello,  mandó  que  á  las  doce  de  la  noche  todos 
zarpasen  áncoras,  y  no  gritasen  como  suelen  marineros,  sino 
que  en  vez  de  voces  diesen  con  un  palo  en  la  popa  de  cada  em- 
barcación, porque  ya  la  leva  era  fácil  por  no  haber  echado  más 
que  una  áncora,  que  tanta  era  la  bondad  del  fondeadero.  Hízose 
así  con  gran  silencio:  cada  galera  sacaba  del  puerto  á  remolque 
una  tarida,  y  todos  iban  zarpando;  mas  sintiéronlo  las  escuchas 
moras,  como  estaban  con  harto  cuidado,  y  dieron  la  alarma.  Pa- 
raron las  galeras,  y  todos  pusiéronse  á  escuchar  atentamente; 
viendo  empero  que  se  alborotaba  el  campo  todo,  y  que  los  in- 
fieles ponían  el  grito  en  las  nubes,  volvieron  á  remar  con  mayor 
brío,  gritando  por  no  parecer  acobardados:  ¡Adelante^  adelante^ 
en  buenaventura!  Movióse  entonces  gran  tumulto  en  la  playa  y 
en  el  mar :  las  trompetas  y  atabales  tocaban  á  partir  en  el  cam- 
po, y  las  voces  y  denuestos  turbaban  el  silencio  de  la  noche. 
Así  fueron  marchando  los  unos  lo  más  cerca  del  agua  que  pu- 
dieron, y  avanzando  los  otros  á  vela  y  remo ;  mas  como  el  te- 
rreno forzó  á  los  moros  á  hacer  algunos  rodeos,  y  las  galeras  y 
taridas  bogaban  con  gran  brío,  llegaron  éstas  ante  que  aquellos 
á  Santa  Ponza,  y  comenzaron  el  desembarco  (i). 

Saltó  en  tierra  el  primero  Bernardo  de  Riudemeya  ó  Argén 
tona,  que  con  ambos  apellidos  le  mientan  las  historias;  y  clavan- 
do un  pendón  blanco  en  la  punta  de  su  lanza,  á  todo  correr 
trepó  á  la  cumbre  del  collado  de  que  hablaron  los  exploradores: 
animosa  acción,  que  dio  seguridad  al  desembarco  y  lo  apresuró. 
Apenas  estuvo  en  lo  alto,  vio  que  á  rienda  suelta  asomaban  ya 
los  moros  por  la  llanura  {ci) :  hizo  sefias  con  el  pendón  á  los  de 


( I )     Véase  el  nüm.  i  7  del  Apéndice. 

(a)  De  los  preparativos  que  en  su  defensa  había  hecho  mientras  tanto  el  walí, 
y  de  las  violencias  á  que  apeló  contra  los  descontentos  de  su  mando,  nos  sumi- 
nistra interesantes  datos  la  dramática  relación  de  Al-makzumi^  historiador  pecu- 
liar de  Mallorca,  contemporáneo  de  su  pérdida  á  la  cual  sobrevivió  veintiún  año 
refugiado  en  Túnez,  y  sumamente  hostil  según  parece  al  jeque  almohade.  «Habien- 
do escogido,  dice,  unos  mil  caballeros,  los  distribuyo  por  la  isla,  y  formó  en  se- 


84  ISLASBALEARES 


la  playa,  y  formando  éstos  una  división  como  de  setecientos 
peones  y  ciento  cincuenta  de  á  caballo,  capitaneados  por  don 
Ramón  de  Moneada,  marcharon  á  ocupar  la  cumbre.  Pero  el 
intrépido  Moneada,  rivalizando  en  esfuerzo  y  generosidad  con 
el  de  Argentona,  quiso  ir  á  reconocer  los  enemigos;  dejó,  pues, 
quienes  custodiasen  el  collado,  y  bajando  con  un  buen  escuadrón; 


^uida  otru  cuerpo  de  rail  caballos  tumbicn  entre  el  pueblo  de  fuera  y  los  habitan- 
tes de  la  capital;  la  infantería  ascendía  á  diez  y  ocho  mil  hombres.  Todos  estos 
reclutamientos  estuvieron  prontos  por  el  mes  de  Rabié— primero  del  mismo  año 
(febrero  de  i  J39  de  C).  Desgraciadamente  sin  embargo  fueron  contrariados  estos 
activos  aprestos  por  las  siguientes  infaustas  ocurrencias.  Un  día  ordenó  Mohamed 
al  capitán  de  sus  guardias  traer  á  su  presencia  cuatro  de  los  principales  habitan- 
tes de  la  ciudad;  y  cuando  en  cumplimiento  de  su  mandato  hubieron  comparecido 
delante  de  él,  los  condenó  á  ser  degollados  inmediatamente.  Entre  estas  víctimas 
había  dos  hijos  del  hermano  de  su  madre  Abu-Hafs-ibn-Sheyrí,  hombre  de  rango 
é  influencia  en  la  isla,  al  cual  acudió  el  pueblo,  y  contándole  lo-sucedido,  excitá- 
ronle contra  el  tirano  diciendo:  «por  Alá !  que  ese  estado  de  cosas  no  puede  durar 
»más;  ese  amir  no  es  á  propósito  ni  para  regirnos  ni  para  defendernos,  y  mientras 
»quc  gobierne,  nuestras  vidas  están  por  completo  á  merced  suya.»  Después  de  se- 
mejante declaración,  lanzáronse  los  ciudadanos  á  vengar  por  sí  mismos  la  sangre 
p  jr  el  tirano  derramada,  y  habiendo  consentido  Ibn-Sheyrí  en  ponerse  al  frente 
de  ellos,  se  resolvieron  á  deshacerse  del  amir  á  todo  trance.  Era  un  viernes  a 
mediados  del  mes  de  Shawal  (el  mismo  7  de  setiembre  en  que  aportó  a  Mallorca 
Jaime  I):  temerosos  á  la  vez  de  la  venganza  de  Mohamed  si  eran  descubiertos  sus 
planes,  y  de  la  proximidad  del  enemigo  que  sabían  no  se  hallaba  lejos,  los  ciu- 
dadanos estaban  temblando.  Llamó  Mohamed  ásu  presencia  al  jefe  de  su  guardia, 
y  le  mandó  que  le  trajese  delante  á  cincuenta  de  los  ciudadanos  principales,  los 
más  distinguidos  por  su  linaje,  opulencia  ó  talento.  Cumpliéronse  desde  luego  las 
ordenes  del  tirano,  y  fucronles  presentados  los  cincuenta  individuos:  todos  aguar- 
daban el  instante  de  marchar  al  inmediato  suplicio,  cuando  he  aquí  un  jinete  en 
traje  de  correo,  que  introducido  en  presencia  del  amir,  le  entera  de  que  la  armada 
cristiana  en  número  de  unas  cuarenta  velas  está  á  la  vista  y  se  dirige  á  la  costa. 
No  hubo  el  jinete  concluido  su  relato,  y  llega  ya  por  opuesto  camino  un  segundo 
mensaje,  que  precipitándose  sin  aliento  en  la  sala  del  consejo,  exclama:  descúbre- 
se la  flota  de  los  cristianos,  y  pueden  contarse  hasta  setenta  buques.  Confirmóse 
en  seguida  el  hecho  y  la  veracidad  de  las  noticias.  Entonces  Mohamed  perdonó  á 
los  cincuenta  ciudadanos  condenados  á  muerte,  y  habiéndolos  informado  de  la 
llegada  del  enemigo,  los  hizo  marchar  y  prepararse  para  la  defensa  de  la  ciudad. 
Fueron  ellos  á  sus  casas,  y  recibiéronlos  sus  familias  como  si  resucitaran  del  se- 
pulcro. Luego  llegaron  nuevas  que  los  cristianos  estaban  al  alcance  de  la  mano, 
y  que  su  escuadra  se  componía  de  unas  ciento  cincuenta  embarcaciones.»  Exactos 
por  lo  general  en  el  cómputo  de  las  fuerzas  del  enemigo,  exageraban  las  suyas  los 
infieles,  aunque  no  tanto  como  Alí  de  la  Palomera,  según  los  informes  que  le  atri- 
buye Desclot,  más  propios  para  arredrar  de  su  empresa  al  conquistador,  que  para 
alentarle  á  seguirla  de  acuerdo  con  los  vaticinios  de  su  madre.  En  Alí,  en  Ben  Abet 
y  en  otros  personajes  de  nuestras  crónicas  aparecen  confirmadas  las  hondas  di- 
sensiones que  trabajaban,  según  confesión  propia,  á  los  sarracenos  mallorquines. 


ISLASBALEARES  85 

«nadie  me  siga,  dijo,  hasta  que  yo  lo  señale,»  y  echó  á  andar 
solo  hacia  los  sarracenos.  Ya  que  tan  cerca  de  ellos  estuvo  que 
vio  venir  para  él  no  pocos,  fué  retrocediendo,  y  llamando  á  los 
suyos  dio  la  voz  de  arremetida.  Cargaron  los  cristianos  con 
tanta  furia  y  denuedo,  que  espantada  la  vanguardia  enemiga, 
cuando  vio  que  estaban  á  cuatro  lanzas  de  distancia,  volvió  las 
espaldas.  Y  como,  formadas  aceleradamente  sus  compañías,  ya 
algunos  barones  habían  ido  acudiendo  al  combate,  hirieron  los 
nuestros  cruelmente  en  la  morisma,  y  sin  dar  cuartel,  mataron 
á  los  contrarios  más  de  mil  quinientos  hombres  {c£). 

Entre  tanto  desembarcó  el  rey,  que  ya  encontró  ensillado  y 
bardado  su  caballo,  y  apercibidos  á  muchos  caballeros  suyos  de 
Aragón;  y  viendo  que  los  nuestros  llevaban  á  los  moros  la  ven- 
taja :  « Pésame,  exclamó,  que  ganada  sea  la  primera  acción  sin 
que  en  ella  nos  hayamos  hallado.  ¿Hay  algunos  caballeros  que 
quieran  seguirme ?i>  Veinticinco  estaban  ya  prontos,  y  pudieron 
contestarle;  y  al  frente  de  aquel  corto  escuadrón  partió  don  Jai 
me  al  galope  adonde  ya  se  acababa  la  refriega,  pues  los  moros 
se  amparaban  de  las  alturas  vecinas.  Acometió  el  rey  á  una  di- 
visión de  trescientos  peones  infieles,  que  al  verle  corrían  á  ocu- 
par una  eminencia,  y  los  acuchilló  con  grande  estrago.  En  medio 
de  la  dispersión  del  enemigo,  y  en  el  calor  del  alcance,  yendo  el 
rey  con  solos  tres  caballeros,  encontró  á  un  jefe  moro  desmon- 
tado, que  llevaba  escudo  y  lanza,  ceñía  espada,  iba  armado  de 
perpunte,  y  se  cubría  con  yelmo  zaragozano.  Hízoles  frente  el 
moro,  sin  contestar  á  las  voces  que  de  rendirse  le  daban;  y  para 
evitar  la  muerte  de  algún  caballo,  propuso  el  rey  que  le  rodea- 


{<i)  A  esta  prinieru  acción  se  retíerc,  cun  admirable  acuerdu  en  tijar  el  día,  el 
siguiente  pasaje  del  mencionado  Al-makzumí:  «Después  de  cruzar  la  bahía,  los 
cristianos  se  dirigieron  al  puerto  tratando  de  desembarcar;  pero  alguna  infantería 
y  caballería,  que  destacó  contra  ellos  el  amir  con  orden  de  estacionarse  sobre  la 
costa  de  día  y  de  noche,  les  impidieron  saltar  á  tierra.  Por  fin  lograron  su  objeto 
los  cristianos,  y  un  lunes  18  de  Shawal  (10  Setiembre  de  1239)  se  trabó  un  com- 
bate, del  cual  salieron  completamente  derrotados  los  muslimes.». 


86  ISLASBALE  A-R  E  S 

sen,  y  mientras  uno  le  acometería,  otro  le  hiriese  por  la  espalda. 
Embistióle  don  Pedro  Lobera,  y  el  valiente  sarraceno  asestó  tal 
lanzazo  á  los  pechos  del  caballo,  que  le  metió  por  ellos  buen 
trozo  del  asta,  y  vino  al  suelo  con  el  choque  del  bridón.  Probó 
de  levantarse,  y  puso  mano  á  la  espada;  y  sin  querer  rendirse, 
espiró.  Mataron  los  de  don  Jaime  ochenta  hombres,  y  regresa- 
roo  á  la  playa. 

Ya  el  sol  iba  poniéndose,  y  reflexionando  el  rey,  mientras 
caminaba,  la  acción  que  acababa  de  cometer,  conoció  cuan  te- 
merario é  inconsiderado  anduvo;  y  como  era  bueno  y  tan  mozo, 
temió  no  se  la  reprendiesen  los  magnates  más  avisados  en  la 
guerra,  particularmente  los  Moneadas,  á  quienes  miraba  con 
gran  respeto.  Con  este  recelo  se  fué  acercando  á  Santa  Ponza, 
donde  ya  blanqueaban  alzadas  muchas  tiendas,  cuando  vio  que  á 
su  encuentro  venían  con  mucha  comitiva  los  Moneadas.  Apeóse 
el  rey,  miró  ansioso  á  don  Guillen,  y  al  encontrarse  sus  ojos, 
sonrióse  el  bearnés,  con  lo  cual  se  alegró  don  Jaime  y  se  le  quitó 
buena  parte  del  temor  (i).   No  lo  pudo  sufrir  Ramón  de  Mon- 
eada; antes  con  faz  severa,  dijo  al  rey:    «¿Qué  habéis  hecho .^ 
Cuando  de  los  peligros  del  mar  acabáis  de  libraros,  ¿queréis 
ahora  causar  vuestra  propia  muerte  y   la  nuestra?  que  si  por 
mala  ventura  os  perdierais  en  ese  reencuentro  á  que  os  expu- 
sisteis, perdiérase  con  vos  la  hueste  toda,  y  ya  nunca  jamás 
cristianos  osarían  acometer  otra  vez  esa  conquista. »  Más  cuerdo 
don  Guillen,  si  menos  ardiente,  «Ramón,  contestó;  cierto  el  rey 
ha  hecho  gran  locura,  mas  en  cambio  probado  nos  ha  que  es 
bueno  en  armas  y  de  todo  pro,  ya  que  de  tal  manera  sintió  no 
ser  en  la  batalla.  Pero,  señor,  prosiguió  volviéndose  al  rey,  re- 
frenad vuestro  ardimiento  de  hoy  en  adelante,  que  en  vos  están 
nuestra  vida  y  nuestra  muerte:  pensad  que,  pues  los  pies  pusis- 
teis en  esa  tierra,  rey  sois  de  Mallorca;  que  si  murieseis,  mo- 
riríais como  el  mejor  hombre  del  mundo,  y  aunque  enfermedad 

(i)     Véase  el  número  18  del -4 /)¿n¿//c«?. 


1  S  L  A  S      B  A  L  E  A  r<  E  S  87 


OS  postre  en  el  lecho  y  de  las  armas  os  prive,  habed  por  vues- 
tra esta  tierra,  que  vuestra  es.»  Al  punto  propuso  don  Ramón 
que  aquella  noche  se  colocasen  las  escuchas  bien  lejos  del  cam- 
po, para  que  en  caso  de  alarma  pudiesen  todos  armarse  antes 
que  tuviesen  el  enemigo  encima;  y  remitiéndose  el  rey,  como 
menos  experimentado,  á  lo  que  le  propusiesen  los  Moneadas, 
dijeron  ellos  que,  amén  de  las  escuchas,  estuviesen  siempre  ar- 
mados cien  caballos,  porque  aquella  noche  más  que  nunca  co- 
rrían peligro  de  ser  asaltados.  Gran  modestia  del  monarca  en 
temer  y  tolerar  las  amonestaciones  de  sus  vasallos  y  ampararse 
de  sus  consejos;  y  admirable  sencillez  de  todos,  propia  de  aque- 
llos tiempos  heroicos,  en  que,  rehaciéndose  los  estados  cristianos 
de  España,  las  campañas  y  los  ejércitos  eran  como  expediciones 
y  congregaciones  de  familia. 

Dejó  el  rey  para  después  de  la  comida  el  enviar  á  cada  ba- 
rón orden  de  que  hiciese  tomar  las  armas  á  la  tercera  parte  de 
su  gente,  y  de  ella  echase  peones  afuera  del  campo  á  ponerse 
en  escucha.  Acostóse,  y  llevaron  los  porteros  el  mensaje;  mas 
los  barones  no  pudieron  armar  el  tercio  que  se  les  mandaba: 
tan  postrados  estaban  hombres  y  caballos  del  mareamiento, 
desembarcación  y  refriega. 

Afortunadamente  el  walí  ó  jeque  almohade  Said-ben  el 
Hakem-ben-Otman  el  Koraischy  {a)  harto  tenía  entonces  en  que 
entender  con  recoger  los  dispersos  de  la  acción,  y  preparar  su 
gente  para  una  batalla  decisiva ;  y  formado  un  lucido  ejército, 
salió  de  la  ciudad  la  tarde  del  martes  1 2  de  Setiembre,  y  tomó 


(a)  No  era  éste  el  verdadero  nombre  del  walí  de  Mallorca,  que  como  he  dicho, 
siguiendo  á  Al-makkarí,  se  llamaba  Abü  Yahya,  al  que  corresponde  con  leve  alte- 
ración el  de  Xech  AbcUiehye  de  nuestros  cronistas;  Mohamed-ibn-Alí-ibn-Musa  le 
nombra  por  otro  lado  Al-makzumí  citado  por  aquel;  pero  ninguno  de  ambos  nom- 
bres tiene  nada  de  común  con  el  que  trae  Piferrer  copiándolo  de  Conde,  el  cual, 
engañado  quizá  por  otra  historia  arábiga  sobre  que  escribió  la  suya,  ó  entendién- 
dola mal,  confundió  al  gobernador  de  Mallorca  con  el  que  era  en  Menorca  su  de- 
legado al  tiempo  de  invadirla  y  hacerla  tributaria  en  1232  Jaime  1;  y  así  como  los 
nombres,  confundió  igualmente  las  fechas. 


88  l  S  L  A  S      B  A  L  E  A  R  E  S 


el  camino  de  ia  sierra  de  Portopí.  Al  mudar  de  puerto  las  na- 
ves de  la  flota  (i),  sin  duda  porque  no  pudieron  dar  fondo  en 
Santa  Ponza,  anclaron  en  la  ensenada  de  la  Porrasa  con  tres- 
cientos ó  cuatrocientos  caballeros  á  bordo.  Feliz  disposición  fué 
esta,  porque  sin  saltar  en  tierra  vieron  que  el  ejército  moro  iba 
viniendo  por  las  alturas,  que  hoy  se  llaman  Bellver,  Bonanova 
y  Calamayor,  y  desenvolvía  su  línea  de  batalla  por  las  sierras 
de  Bendinat  y  Burguesa,  plantando  tiendas  los  que  primero  á 
sus  puestos  habían  llegado.  Reuniéronse  en  una  nave  los  princi- 
pales: y  habida  deliberación,  como,  aunque  Santa  Ponza  distaba 
poco,  ellos  ignoraban  el  terreno,  caía  la  tarde  y  los  moros  ya 
debían  de  establecer  sus  atajadores  y  avanzadas,  á  propuesta  de 
D.  Ladrón  rico  hombre  aragonés,  acordaron  que  á  toda  prisa 
una  barca  doblase  el  cabo,  ahora  de  Cala  Figuera,  y  fuese  á 
participarlo  al  rey. 

Ya  había  espirado  la  última  hora  del  martes,  cuando  llegó 
la  barca  á  Santa  Ponza;  y  recibido  que  hubo  D.  Jaime  el  men- 
saje, envió  á  noticiarlo  á  los  ricos  hombres,  quienes,  tanto  era 
su  cansancio,  durmieron  hasta  el  alba.  Pero  sus  primeros  res- 
plandores hallaron  á  todo  el  cattipo  ya  en  movimiento:  los  mag- 
nates acudieron  al  pabellón  real ,  y  celebrados  allí  los  divinos 
oficios,  el  obispo  de  Barcelona  hizo  esta  breve  plática:  «Barc- 
ones, no  es  ahora  ocasión  de  largo  razonamiento,  que  ni  la  ma- 
»teria  lo  consiente,  ni  este  hecho  en  que  el  rey  y  nosotros  esta- 
»mos  es  nuestro,  sino  de  Dios.  Por  esto  haced  cuenta  que  quie- 
>nes  murieren,  morirán  por  Nuestro  Sefior  y  serán  en  el  paraíso, 
»en  donde  alcanzarán  gloria  perdurable;  y  los  que  quedaren 
?> vivos,  tendrán  honra  y  prez  en  vida  y  buena  fin  en  su  muerte. 
>Por  Dios,  ánimo,  barones;  porque  el  rey,  nuestro  amo,  y  nos- 
potros  ^que  más  queremos  sino  destruir  á  los  gue  reniegan  de 
>^ la  fe  y  del  nombre  de  Jesucristo?  Pensar  puede  y  debe  cada 
»cual  que  hoy  no  se  partirán  de  nosotros  Dios  ni  su  Madre, 


(i)    Adviértase  que  las  naves  eran  los  buques  de  mayor  porte. 


ISLASBALEARES  89 

» antes  nos  darán  victoria:  ánimo,  pues,  que  todo  lo  venceremos, 
»y  hoy  ha  de  ser  la  batalla:  ánimo,  que  con  nuestro  bueno  y 
» natural  señor  vamos,  y  Dios,  superior  á  él  y  á  nosotros,  ayu- 
» darnos  ha!»  En  seguida,  en  medio  del  silencio  más  religioso, 
llegóse  al  altar  Guillen  de  Moneada,  que  no  había  comulgado 
con  los  demás  al  partir  de  Cataluña,  y  lo  hizo  entonces  con  lá- 
grimas de  sus  ojos; — bien  como  si  una  voz  secreta  le  advirtiese 
de  su  destino,  y  le  moviese  á  recibir  el  Santísimo  Sacramento  y 
á  prepararse  para  la  batalla  con  una  triste  alegría  (i). 

Tratóse  entonces  de  quién  llevaría  la  vanguardia;  y  cum- 
pliendo Guillen  de  Moneada,  como  generoso  que  era,  propuso 
que  la  llevase  D.  Ñuño,  á  quien,  por  ser  primo  del  rey,  compe- 
tía semejante  honra.  Excusóse  el  conde  de  Rosellón,  y  D.  Ra* 
món  de  Moneada  atribuyó  su  negativa  á  que  deseaba  hallarse 
el  día  siguiente  en  lo  más  expuesto  del  choque,  cuando  fuesen  á 
tomar  posición  en  la  Porrasa:  generosa  competencia,  en  que 
cada  cual  se  reservaba  para  los  trances  más  apurados,  por  más 
gloriosos.  Pero  esa  contienda  probó  que  no  andaban  muy  acor- 
des los  ánimos  de  aquellos  barones,  y  que  no  debía  de  estar 
apagado  el  encono  que  antes  Ñuño  y  Guillen  se  profesaron  (2); 
bien  que  el  magnánimo  Moneada  ya  en  las  cortes  de  Barcelona, 
al  proponer  que  se  hiciesen  treguas  por  todos  los  estados  de 
Aragón,  dio  el  ejemplo  ofreciéndose  á  ser  para  en  adelante 
amigo  del  conde  D.  Ñuño.  Quedó,  pues,  la  vanguardia  por  los 
Moneadas,  que  se  concertaron  de  no  parar  hasta  dar  con  los 
sarracenos. 

En  esto,  entró  uno,  y  dijo  al  rey  que  gran  parte  de  los  peo- 
nes se  salían  del  campo  contra  el  enemigo.  Acudieron  todos  á 
sus  compañías;  D.  Jaime,  casi  desarmado  como  estaba,  subió  en 


(i)    « quays  que  degucs  per  martiri  esser  coronat,»  dice  Marsilio.— (Véase 

el  número  1 8  del  Apéndice. 

{2)  Aquella  discordia,  nacida  en  1222  de  haber  uno  de  la  familia  de  los  Mon- 
eadas negado  un  azor  torzuelo  á  D.  Ñuño,  acarreó  notables  bandos  en  el  reino,  y 
hasta  ocupó  las  armas  del  mismo  D.  Jaime. 


90  ISLA8BALEARES 

un  caballo  que  á  la  mano  hubo,  mandando  que  entretanto  le 
armasen  el  suyo,  y  acompañado  de  un  tal  Rocafort  alcanzó  á  los 
peones,  que  en  número  de  cinco  mil  marchaban  á  embestir  á  los 
sarracenos.  Representóles  con  entereza  que  sin  caballería  iban 
á  una  muerte  cierta,  y  los  detuvo  hasta  que,  viniendo  los  tercios* 
de  los  Moneadas,  del  de  Ampurias  y  los  Templarios,  juntos  pro- 
siguieron el  avance.  Quedóse  con  Rocafort  el  monarca,  y  cuando 
desvelado  se  volvía  á  dar  órdenes  para  la  marcha  de  las  demás 
fuerzas,  oyó  grande  estruendo  de  batalla,  y  dijo  á  un  trotero  que 
á  toda  brida  corriese  á  participarlo  á  Nufto,  y  á  darle  orden  de 
que  al  punto  saliese  al  frente  de  sus  reservas.  Crecía  el  estruen- 
do, el  trotero  no  volvía,  y  la  congoja  del  rey  se  aumentaba  por 
instantes;  por  lo  cual  dijo  á  Rocafort:  «Id  vos  allá,  daos  prisa, 
y  decidle  á  D.  Nuflo  que  en  mal  hora  se  tarda  hoy  tanto,  que 
por  ventura  tal  dafto  nos  acarreará  su  tardanza  que  su  comida 
nos  hará  mal  provecho,  porque  no  debe  la  vanguardia  ir  tan 
lejos  de  la  retaguardia,  ni  ésta  de  aquella. — Señor,  estáis  aquí 
solo,  y  no  os  abandonaré  por  nada  de  este  mundo, »  contestó  el 
buen  Rocafort;  y  el  rey,  hablando  consigo  mismo,  « — Santa 
María!  exclamaba  en  su  angustia:  ¿cómo  tarda  tanto  D.  Ñuño? 
En  verdad  hace  mal ! »  Mientras  traía  en  su  pecho  esta  cruel  ba- 
talla, redobló  el  estruendo,  y  oyendo  los  golpes  y  los  gritos  de 
los  combatientes,  dijo:  «Santa  María!  ayuda  álos  nuestros, que 
cierto  venido  han  á  las  manos!» 

Y  así  era,  que  formando  la  vanguardia  dos  gruesas  divisio- 
nes al  separarse  del  rey,  embistieron  el  de  Ampurias  y  los  Tem- 
plarios con  la  una  al  campo  moro,  que  venía  á  ser  su  izquierda, 
y  por  la  parte  de  Santa  Ponza  con  la  otra  cargaron  los  Monea- 
das á  su  derecha.  Los  primeros  entraron  á  viva  fuerza  las  tien- 
das y  acuchillaron  la  izquierda  enemiga,  que  se  replegó  sobre 
el  centro;  pero  la  suerte  no  así  favoreció  las  armas  de  los  Mon- 
eadas. Tres  veces  desalojaron  á  la  morisma  de  un  cerro  que  do- 
minaba el  campo,  y  otras  tantas  recobraron  los  infieles  la  posi- 
ción. Las  filas  de  éstos  se  engrosaban  con  tropas  de  refresco: 


ISLASBALEARES  C)í 


los  cristianos  inferiores  en  número,  rendidos  de  cansancio  y  mal 
heridos;  y  ninguna  señal  de  que  de  Santa  Ponza  les  viniese  so- 
corro. En  tan  terrible  trance,  ya  algo  desordenada  la  gente,  re- 
unieron los  Moneadas  los  buenos  en  quienes  aún  duraba  valor; 
y  picando  desesperados  á  sus  corceles,  lanzáronse  por  cuarta 
vez  contra  la  altura  tan  tenazmente  disputada,  y  rompieron  los 
batallones  enemigos.  Pero  su  denuedo  fué  su  ruina;  porque  tan 
adelante  pasaron,  y  tanto  tropel  y  muchedumbre  cerró  con  ellos, 
que  cercados  por  todas  partes,  sólo  pudieron  pensar  en  vender 
caras  sus  vidas.  Perecieron  D.  Guillen  y  D.  Ramón  de  Moneada, 
Hugo  de  Mataplana,  Hugo  Dezfar,  y  otros  ocho  de  los  más 
ilustres  caballeros  de  aquella  noble  casa  (i);  y  como  perecieron 
casi  en  el  seno  de  la  victoria,  cuando  aunque  pocos  habían  roto 
tres  veces  el  ala  derecha  y  parte  del  centro  enemigo,  combate 
necesariamente  largo  ya  que  tan  reñido,  la  tardanza  de  don 
Ñuño  fué  más  reprensible,  y  la  historia  sólo  puede  mencionarla, 
con  dolor  sí,  mas  con  justas  sospechas  de  que  en  ella  hubo  la 
mala  voluntad  parte  no  escasa  (2}. 

Ya  en  esto,  es  decir,  cuando  el  combate  se  decidía  contra  los 
Moneadas,  habían  acudido  al  rey  D.  Ñuño,  Beltrán  de  Naya, 
D.  Lope  Jiménez  de  Luesia  y  D.  Pedro  de  Pomar  con  toda  su 
gente.  Al  verle  montado  en  aquel  caballo  y  casi  desarmado, 
Beltrán  de  Naya  le  hizo  apear,  y  desnudándose  su  coraza  se  la 
puso  al  rey,  que  además  se  vistió  un  perpunte  y  se  cubrió  con 
la  capellina  que  entonces  debieron  de  traerle.  Siempre  infatiga- 
ble, y  lo  mismo  que  en  el  mar  el  único  en  tierra  que  acudía  con 
presteza  á  todas  las  disposiciones,  despachó  orden  á  D.  Pedro 
Cornel,  á  D.  Jimén  de  Urrea  y  Olivier  de  Térmens  de  que  á 
toda  prisa  viniesen  con  sus  compañías  á  la  batalla;  y  entonces 
supo  la  división  que  de  sus  fuerzas  hicieron  los  cristianos,  los 


(O    Véase  el  número  iq  del  Apéndice. 

(2)  El  mi8mo  rey  se  mostró  de  ella  tan  resentido,  que,  como  ya  vimos  más 
arriba,  la  atribuyó  á  que  el  de  Rosellón  se  detenía  á  comer  cuando  los  demás  li- 
diaban. 


92  tSL.  AS^ALÉARfeS 

tres  ataques  de  los  Moneadas,  y  el  lugar  en  que  ahora  se  daba 
el  cuarto.  En  esto  halló  á  Guillen  deMediona,  reputado  el  mejor 
justador  de  toda  Cataluña,  el  cual  traía  sangrienta  la  boca.  Pre- 
guntóle D.  Jaime  que  ¿por  qué  se  salía  del  combate?,  y  el  caba- 
llero se  excusó  con  que  estaba  herido;  mas  al  ver  el  rey  que 
solamente  de  la  boca:  «sufridlo  en  buen  hora,»  le  dijo,  y  asien- 
do de  las  riendas  de  su  caballo :  « volved  al  combate,  añadió; 
que  á  buen  caballero  tal  herida  coraje  debe  darle,  no  hacerle 
salir  del  campo. »  £1  Mediona,  resentido,  cumplió  tan  bien  con 
lo  que  se  le  mandaba,  que  nunca  más  pareció. 

£1  rey  andaba  con  gran  rapidez,  que  no  consentían  más  di- 
lación ni  su  impaciencia  ni  lo  empeñado  del  choque;  y  como  la 
infantería  y  aún  no  pocos  caballeros  con  harta  dificultad  podían 
seguirle,  al  llegar  á  lo  alto  de  un  collado  sólo  tuvo  junto  á  sí 
doce  caballeros,  bien  que  á  poco  se  le  adelantaron  setenta  con 
el  pendón  de  D.  Ñuño,  llevado  por  Roldan  Layn,  con  quien  iba 
Sire  Guillelmo,  hijo  bastardo  del  rey  de  Navarra.  La  infantería 
mora  ocupaba  en  gran  fuerza  las  alturas,  y  ondeaba  un  estan- 
darte blanco  y  colorado  con  una  cabeza  humana,  tal  vez  de  ma- 
dera, en  la  punta  del  asta.  Al  mirar  D.  Jaime  que  el  pendón  de 
D.  Ñuño  movía  contra  los  infieles,  con  animosas  palabras  y  pi- 
cando el  caballo  quiso  seguir  al  escuadrón ;  pero  se  precipitaron 
á  su  paso  D.  Ñuño,  D.  Pedro  Pomar  y  Ruiz  Jiménez  de  Luesia,  y 
apoderándose  de  las  riendas,  detuviéronle  con  notables  reflexio- 
nes (i),  á  las  cuales  él  contestó:  «No  hay  para  qué  tirar  así 
»de  las  riendas,  que  no  soy  yo  león  ni  leopardo,  y  ya  que  tanto 
»lo  deseáis,  me  detendré;  mas  quiera  Dios  que  esta  detención 
»no  sea  nuestra  desgracia.»  £1  suceso  infelizmente  confirmó  sus 
palabras,  pues  entonces  caían  los  Moneadas  al  filo  de  la  espada 
enemiga.  Otra  vez  quiso  el  rey  acometer  y  se  lo  impidieron  los 
barones,  cuando  D.  Ñuño  mandó  á  Gisberto  de  Barberán  que 
cargase.  Avanzó  el  pendón  de  D.  Ñuño  con  los  setenta  de  á 


(i)    La  crónica  del  rey  dice  sofrenadles. 


idLÁSBALEARES  93 


caballo;  y  apenas  comenzaron  á  trepar  hacia  la  cumbre,  levan- 
taron los  moros  tan  horrenda  gritería  y  tal  nube  de  pedradas 
dispararon,  que  volvieron  grupas.  Moviéronse  los  moros  en 
buena  formación,  siempre  disparando;  y  sin  duda  hubieran  ba- 
jado á  acometer  á  los  setenta  que  se  retiraban,  á  no  gritar  al- 
gunos de  los  cristianos:  ¡vergüenza,  caballeros,  vergüenza!,  con 
lo  cual  pararon  y  dieron  frente  á  la  morisma. 

Entre  tanto  ya  les  había  llegado  reíuerzo  á  las  dos  van- 
guardias, y  entraran  en  acción  todas  las  fuerzas.  Rehechos  los 
restos  de  la  división  que  mandaron  los  Moneadas,  avanzaron  á 
vengar  la  muerte  de  sus  valientes  capitanes ;  y  el  de  Ampurias 
y  los  intrépidos  Templarios  seguían  desalojando  al  enemigo  y 
empujándolo  hacia  la  sierra  de  Bendinat.  Fué  el  ataque  general: 
cargó  el  rey  á  la  cabeza  de  su  hueste  y  de  la  gente  de  D.  Ñuño, 
que  ya  se  les  había  reunido;  y  en  aquel  collado,  que  aún  hoy 
«n  día  conserva  el  nombre  de  Coll  del  Rey^  se  trabó  una  refrie- 
ga encarnizada,  mientras  con  no  menos  furia  se  combatía  en  to- 
das aquellas  sierras.  Los  que  defendían  el  cerro  del  Rey  cejaron 
los  primeros;  y  como  casi  sin  lidiar  se  apartasen  de  la  acción 
dos  mil  peones  mahometanos,  fué  el  rey  con  alguna  caballería 
en  su  alcance,  sin  poder  juntárseles  empero,  porque  los  fugiti- 
vos iban  desembarazados,  y  los  caballos  estaban  rendidos  de  la 
fatiga  y  del  gran  peso  de  las  bardas.  Hízose  general  la  retirada 
de  los  moros,  que  la  emprendieron  hacia  Burguesa;  y  clavado 
en  el  cerro  del  Rey  el  guión  real,  en  todas  las  alturas  ondearon 
los  pendones  de  los  caudillos. 

Al  felicitarle  D.  Nufio,  contestóle  D.  Jaime:  c  Vamos  á  la 
ciudad,  porque  el  rey  de  Mallorca  está  en  el  monte  y  no  podrá 
llegar  allá  antes  que  nosotros;  y  sino,  miradle  ahí,  vestido  de 
blanco,  en  medio  de  aquella  hueste:  cierto  le  estorbaremos  la 
entrada  en  la  ciudad.»  Y  sin  atender  al  consejo  que  de  pernoc- 
tar en  el  campo  y  de  averiguar  su  propia  pérdida  le  daba  Ramón 
Alamany,  fué  bajando  al  camino  de  la  población,  cuando  al  cabo 
de  una  milla  le  alcanzó  y  detuvo  el  obispo  de  Barcelona. —  tPor 


94  ISLASBALEARES 


qué  nos  detenéis,  el  obispo?  dijo  el  rey. — Quiero  hablaros  á  so- 
las, contestó  Berenguer  de  Palou ;  y  apartándose  con  él,  prosi- 
guió: « ah  seAor !  más  habéis  perdido  de  lo  que  juzgáis;  muertos 
son  los  Moneadas! — Muertos!  exclamó  el  rey,  y  se  puso  á  llorar, 
y  con  él  Berenguer  de  Palou.  Pero  haciendo  un  esfuerzo  sobre 
sí  mismo:  —  «Obispo,  dijo  el  monarca,  no  lloremos,  que  no  es 
esta  hora  de  llorar  sino  de  recoger  sus  cadáveres.»  Y  partién- 
dose el  prelado  á  hacerlo,  el  rey  anduvo  triste  y  despacio  por 
aquellas  sierras  hasta  descubrir  la  ciudad,  que  á  todos  pareció 
la  más  gentil  villa  de  cuantas  hubiesen  visto.  Pelegrín  de  Trocí- 
lio  indicó  dónde  encontrarían  una  fuente,  que  tal  vez  sería  la 
hoy  llamada  de  las  Ermitas,  por  lo  cual  asentaron  allí  las  tien- 
das ;  y  diciéndole  D.  Nufto  al  rey,  como  estaba  hambriento,  que 
Olivier  de  Térmens  ya  había  aderezado  de  qué  comer,  fue* 
ron  entrambos  á  la  tienda  de  éste,  que  con  ellos  partió  su 
me.sa.  La  tradición,  que  conservó  el  nombre  del  collado  en  don- 
de peleó  el  joven  monarca,  también  lo  puso  al  lugar  en  que 
satisñzo  su  hambre,  y  todavía  aquel  término  se  llama  Bendi- 
nat  (i).  Brillaban  las  estrellas  cuando  se  levantaron  de  la  mesa, 
y  á  la  luz  de  las  antorchas  que  en  honor  de  los  difuntos  encen- 
dió todo  el  ejército,  salieron  para  la  tienda  en  que  habían  depo- 
sitado los  cadáveres  de  los  Moneadas.  Allí,  junto  á  aquellos 
infelices  restos,  derramó  D.  Jaime  tan  amargo  llanto  y. tales  de- 
mostraciones hizo,  que  le  hubieron  de  sacar  afuera  y  reconducirle 
á  su  pabellón. 

Los  sarracenos  continuaban  su  retirada:  parte,  haciendo  un 
rodeo  hacia  el  camino  de  Calviá  ó  de  Puig  Pufient,  regresando  á 
la  plaza ;  y  parte  se  quedaron  en  aquellas  montañas  de  Espor- 
les,  Valldemosa  y  Buflola  (2). 

AI  día  siguiente,  marchó  el  campo  á  ponerse  más  cerca  de 


(i)  Cuenta  la  tradición  que,  acabando  de  comer,  dijo  D.  Jaime:  Be  hem  dinai, 
«  bien  hemos  comido». 

(2)  D'EscIot  dice  que  el  walí  entró  mucho  después  en  la  plaza  por  medio  de 
una  estratagema.  Véase  el  n."*  20  del  Apéndice. 


SLASBAI-EARES  95 


la  ciudad,  y  toda  la  escuadra  debió  de  seguir  costeando  hasta 
Portopf.  Atendaron  orillas  de  la  acequia,  á  un  lado  de  ella  los 
catalanes,  y  los  aragoneses  al  otro ;  y  porque  temían  no  les  co- 
giesen desprevenidos  los  moros,  andaban  no  pocos  siempre 
armados,  y  tan  estrecha  hicieron  la  albergada,  que  no  parecía 
hubiesen  acampado  allí  más  de  cien  caballeros,  mientras  traba- 
das las  tiendas  unas  con  otras,  las  cuerdas  cerraban  donde  quie- 
ra el  paso  {a).  Ocho  días  estuvieron  con  este  cuidado,  y  entre- 
tanto los  prelados  y  barones  fuéronse  una  mañana  para  el  rey,  y 
proponiéndole  que  convenía  sepultar  á  los  Moneadas,  determi- 


(a)  Para  mayor  claridad  convendrá  resumir  en  un  breve  dietario  los  sucesos 
ocurridos  desde  el  arribo  del  rey  á  la  Palomera  en  viernes  día  7  de  Setiembre, 
tomándolo  de  mi  Historia  de  la  conquista  de  Mallorca,  formada  sobre  los  textos  de 
Marsilio  y  Desclot. 

Sábado  8.    Llegada  sucesiva  de  la  escuadra,  exploración  de  Santa  Ponsa. 

Domingo  g.    Descanso  al  abrigo  del  Pantaleu ;  mensaje  de  Alí. 

Lunes  10.  Después  de  media  noche  desembarco  general ;  primer  choque  con 
cinco  mil  sarracenos  y  muerte  de  mil  quinientos;  escaramuza  del  rey  seguido  de 
veinticinco  caballeros  aragoneses  contra  cuatrocientos  infieles  en  un  collado;  re- 
prensión que  sufre  de  los  Moneadas. 

Martes  11.  Se  pasa  tranquilamente;  permanece  el  rey  en  sus  tiendas  de  Santa 
Ponsa,  la  armada  en  la  Porrasa:  sale  de  la  ciudad  aquella  tarde  el  grueso  del  ejér- 
cito moro,  reforzado  con  las  divisiones  antes  dispersas. 

Miércoles  i  2.  Combate  general,  muerte  de  los  Moneadas  y  victoria  alcanzada 
por  los  cristianos;  acampa  el  ejército  al  píe  de  la  sierra  de  Portopí,  cena  el  rey  en 
la  tienda  de  Oliver  de  Térmens,  y  visita  de  noche  los  cadáveres  de  los  malogrados 
campeones. 

Jueves  I  '^.  Fortalece  con  trincheras  el  campamento ;  trátase  de  dar  sepultura 
á  los  difuntos,  y  desde  la  puesta  del  sol  empiezan  los  preparativos.  La  armad.a, 
salida  de  la  Porrasa,  sigue  la  costa  y  penetra  en  Portopí,  donde  apresa  las  embar- 
caciones sarracenas,  anclando  parte  de  ella  en  dicho  puerto  y  parte  enfrente  de  la 
ciudad. 

Viernes  14.  Entierro  de  los  Moneadas  al  amanecer,  en  el  sitio  que  la  tradición 
designa  al  pie  de  un  viejo  y  solitario  pino,  á  unas  dos  millas  del  campo  de  batalla; 
y  es  probable  que  el  mismo  día  siguiera  el  ejército  su  marcha  hacia  la  ciudad  1 
como  indica  Desclot,  pues  en  Bendinat  no  es  regular  que  se  detuviera  el  ejército 
ocho  días  perdiendo  un  tiempo  tan  precioso,  ni  hay  que  confundir  las  trincheras 
de  aquel  campamento  provisional  con  las  que  al  pie  de  los  muros  establecieron 
más  adelante  los  sitiadores.  La  magnífica  quinta  y  jardín  del  rey  sarraceno,  donde, 
según  Desclot,  hubo  de  cenar  simplemente  de  fruta  la  hueste  antes  de  ponerse 
sobre  la  capital,  diría  que  es  La-Real  por  su  abundancia  de  aguas,  no  porque  su 
etimología  derive  de  real  ó  campamento,  sino  más  bien  de  ar-riat,  que  es  huerto 
en  arábigo;  pero  si  bien  más  tarde  acampó  en  aquella  llanura  el  ejército  como 
está  averiguado,  no  deja  de  ser  extraño  que  procediendo  de  Bendinat  pernoctara 
tan  fuera  de  su  camino. 


90  ISLASBALEARES 

naron  hacerlo  el  otro  día  al  amanecer,  para  que  no  lo  viesen  los 
de  la  plaza.  Y  á  este  fín^  al  caer  de  la  tarde,  hicieron  tender  en 
alto  grandes  paños  y  lienzos,  que  impidiesen  á  los  sarracenos  la 
vista  del  entierro  y  de  las  luces.  Al  bajar  á  su  última  morada 
los  despojos  de  aquellos  campeones,  prorrumpieron  sus  gentes, 
nobles  y  pecheros,  en  tales  extremos  de  dolor,  que  á  todos  mo- 
vieron á  llanto.  Reprimió  el  rey  el  suyo,  y  consolándoles  lo 
mejor  que  su  natural  bondad  le  inspiró,  dijo  que  él  haría  las  ve- 
ces de  los  buenos  señores  que  habían  perdido,  de  manera  que 
en  nada  notasen  su  falta;  ofrecióles  proveerles  de  cuanto  nece- 
sitasen, así  de  armas  como  de  caballos,  y  poniéndoles  por  delan- 
te el  desaliento  que  su  llanto  traía  al  ejército  y  la  alegría  que 
llevaba  á  los  moros,  concluyó  con  que  el  duelo  que  él  y  ellos 
debían  hacer  era  vengar  la  muerte  de  sus  señores,  y  servir  á 
Dios  dando  cabo  á  lo  que  á  la  isla  les  había  traído.  Y  dicho  esto, 
acabaron  de  enterrar  los  cuerpos,  que  allí  estuvieron  hasta  que, 
tomada  la  ciudad,  es  fama  que  se  depositaron  en  la  pequeña 
iglesia  llamada  El  Sepulcroy  antes  mezquita,  y  se  trasladaron 
después  á  Cataluña,  al  monasterio  de  Santas  Cruces. 

Pensóse  entonces  en  estrechar  el  cerco :  fortificóse  el  campo, 
desembarcóse  el  maderaje  que  para  máquinas  traían  las  naves, 
armáronse  de  pronto  un  trabuco  y  un  fundíbulo,  que  la  crónica 
denomina  almajanech;  los  comí  tres  de  las  cuatro  ó  cinco  naves 
de  Marsella  ofrecieron  que  con  entenas  y  tablas  de  sus  barcos 
construirían  un  trabuco ;  y  así,  por  la  parte  que  miraba  á  la 
puerta  de  Benalcofol,  hoy  Puerta  Pintada,  quedó  sentado  el  cam- 
po, y  fueron  dando  batería  á  la  ciudad  dos  trabucos,  un  fundíbulo 
y  un  manganel  (a).  No  se  descuidaron  los  sitiados,  antes  como 


(a)  «Marchó  el  enemigo  contra  la  ciudad,  sigue  el  texto  de  AUmakzumí  trans- 
crito por  Al-makkari,  y  acampó  en  el  desierto  é  inculto  llano  junto  á  la  puerta  de 
Al-kahl,  donde  se  dieron  á  la  muralla  muchos  asaltos.»  No  cabe  duda  de  que  la 
puerta  de  Al-kahl  es  la  misma  que  la  de  Alcohol  (Beb-alcofol)  nombrada  en  nues- 
tros documentos,  es  decir,  la  del  Esvahidor^  la  primitiva  Pintada,  la  de  Santa  Mar- 
garita, que  todos  estos  nombres  sucesivamente  ha  llevado;  pero  no  se  comprende 


ISLASBALEARES  97 

viesen  desembarcar  el  maderaje,  ya  comenzaron  de  armar  sus 
ingenios:  con  los  disparos  de  dos  trabucos  y  catorce  algarradas 
contestaron  á  los  del  campo ;  y  tan  superior  era  una  de  éstas, 
que  pasaban  sus  piedras  más  allá  de  los  reparos  de  los  cristia- 
nos, y  aun  se  metían  cinco  tiendas  adentro  del  campamento.  En 
esto,  Jasperto  de  Barbera  mandó  hacer  un  mantelete,  ó  gata^ 
como  lo  llamaron  los  antiguos,  sobre  ruedas  muy  recias,  con 
tres  tablas  de  grueso,  la  cubierta  á  dos  aguas  ó  declives,  y  sobre 
ella  ramas  ú  hornija  y  una  buena  capa  de  tierra,  para  que  no  la 
destrozasen  los  tiros  de  las  algarradas  enemigas.  Hicieron  otros 
dos  manteletes  el  rey  y  el  conde  de  Ampurias,  y  arrimados  los 
tres  al  foso  lo  más  que  se  pudo,  comenzaron  los  cavadores,  que 
de  ellos  se  guarecían,  á  abrir  tres  cavas.  Reinó  en  la  hueste 
grande  alegría  cuando  se  vio  el  buen  sesgo  que  las  operaciones 
tomaban,  y  la  actividad  de  todos  sobrepujó  las  mismas  esperan- 
zas del  rey.  Habían  seguido  la  expedición  dos  frailes  de  la  na- 
ciente orden  de  Predicadores,  llamado  fray  Miguel  Fabre  el  uno, 
natural  de  Castilla,  y  fray  Berenguer  de  Castellbisbal  el  otro, 
catalán.  £1  fray  Miguel  por  todas  partes  discurría,  á  todos  ani- 
maba; y  como  era  notoria  la  santidad  de  sus  costumbres,  y  los 
guerreros  de  entonces  tal  vez  debían  su  valor  más  á  su  fe  que  á 
sus  deseos  de  gloria,  sus  incesantes  exhortaciones  produjeron 
un  efecto  tal,  que  rayaría  en  increíble,  á  no  habernos  dejado  de 


la  calificación  de  desierta  é  inculta  dada  á  la  fértilísima  llanura  de  regadío,  que  se 
extiende  al  norte  desde  los  muros  hasta  más  allá  de  La-Real,  y  que  en  el  libro  del 
repartimiento  aparece  ya  como  huerta,  distribuida  por  cuarteradas.  Las  tiendas 
al  principio  se  fijaron  muy  cerca  de  la  ciudad,  puesto  que  muchas  de  ellas,  y  en 
especial  la  de  D.  Ñuño,  fueron  destrozadas  por  los  tiros  de  los  sitiados,  y  por  Ven- 
tura estos  inconvenientes  obligaron  á  situarlas  más  lejos  en  La-Real,  aunque  un 
ejército  tan  numeroso  bien  podía  extenderse  por  todo  el  espacio  intermedio,  dán- 
dose la  mano  con  la  armada  que  bloqueaba  la  bahía.  El  sitio  no  se  formalizó  desde 
luego,  pues  cuatro  días  después  de  la  batalla  de  Santa  Ponsa,  es  decir,  hacia  el  16 
de  Setiembre,  pudo  todavía  el  rey  sarraceno,  burlando  la  vigilancia  de  los  sitia- 
dores, introducirse  en  la  ciudad  con  ocho  mil  hombres  recogidos  por  las  monta- 
ñas. Desclot  refiere  el  ardid  con  que  en  noche  muy  cerrada  favorecieron  dicha 
entrada  los  sitiadores  llamando  por  el  lado  opuesto  la  atención  con  numerosos 
fuegos  y  atronadores  alaridos. 
«3 


98  ISLASBALEARES 

ello  un  ojBp  testimonio  las  crónicas  del  rey  y  de  Marsilío  (i). 
Cuando  puesto  en  la  estacada  en  alta  voz  concedía  indulgencia 
de  sus  pecados  á  los  que  más  se  esforzasen,  todos  á  porfía  que- 
rían participar  de  los  trabajos,  y  ni  el  noble  se  desdeñaba  de 
alternar  con  el  villano.  En  brevísimo  espacio  quedó  abierta  la 
zanja  alrededor  del  campo,  que  además  se  cerró  con  palenque  y 
dos  puertas:  los  ingenios  no  añojaban  en  la  furia  del  batir;  los 
magnates  dieron  todos  sus  servidores  para  que  ayudasen  y  obe- 
deciesen á  los  ingenieros;  los  caballeros  traían  para  éstos  pie- 
dras, que  ponían  delante  de  sí  en  las  sillas  de  sus  caballos;  los 
de  más  ilustre  casa  tiraban  de  las  cuerdas  con  que  hacían  andar 
los  carretones,  que  ellos  mismos  compusieron  para  transportar 
las  piedras,  ó  las  llevaban  en  hombros;  y  cuando  de  noche  se 
mandaba  que  fuesen  cincuenta  á  guardar  los  ingenios  y  á  poner- 
se de  escucha,  y  de  día  á  defender  á  los  cavadores  y  á  servir  de 
atalayas,  iban  ciento;  y  si  no  eran  menester  tantos,  á  fuerza  de 
súplicas  alcanzaban  que  esto  se  les  permitiese. 

No  todos  los  enemigos,  que  escaparon  de  la  batalla  de  San- 
ta Ponza,  debieron  de  recogerse  con  el  walí  en  la  plaza;  y  á  las 
tres  semanas  de  haber  puesto  el  cerco,  ya  no  pudieron  dudarlo 
los  cristianos^  pues  con  cinco  mil  infantes  y  cien  jinetes  monta- 
ñeses se  presentó  en  una  altura  vecina  el  moro  llamado  Infantilla 
por  la  crónica,  y  asentando  sus  tiendas,  cortó  el  agua  de  la  ace- 
quia que  bajaba  al  campo  de  los  sitiadores  {a).  Mas,  acorriendo 
á  remediar  el  daño,  que  no  tanto  de  la  falta  de  agua  como  de  la 


(i)  Dice  Marsilio  que  los  del  ejército,  después  de  Dios  y  de  su  Madre,  invoca- 
ban el  nombre  de  fray  Miguel,  y  añade:  que  preguntando  él  mismo  de  aquella 
conquista  á  los  moros  cautivos  ancianos,  que  había  en  Mallorca,  y  á  los  conversos 
ó  cristianos  nuevos,  le  solían  responder  que  María  y  Miguel  (aludiendo  al  fraile) 
ganaron  á  Mallorca.  Véase  el  n.**  21  del  Apéndice. 

(a)  Dos  expediciones  del  mismo  género,  aunque  distintas,  refiere  Desclot,  que 
la  crónica  del  rey  y  la  de  Marsilio  confunden  tal  vez  en  una  sola  por  la  semejanza 
del  objeto  y  de  las  circunstancias :  me  remito  á  la  citada  Historia  de  la  conquista 
de  Mallorca  que  publique  en  18  5  o,  pues  sería  interminable  trasladar  aquí  todas 
las  observaciones  conducentes  a  ilustrar  el  asunto  y  á  conciliar  las  relaciones  de 
los  cronistas. 


ISLAS       BALEARES  QQ 

presencia  de  aquella  hueste  á  sus  espaldas  podía  venirles,  man- 
dó el  rey  que  D.  Ñuño  fuese  con  trescientos  caballeros  escogi- 
dos, así  suyos  como  de  la  mesnada  real,  á  desalojar  á  los  infie- 
les: y  con  tan  gentil  cabalgada  lo  hizo  el  de  Rosellón,  que  los 
echó  de  la  cumbre,  tal  vez  el  cerro  de  Canet,  les  mató  el  gene- 
ral y  quinientos  hombres,  y  se  apoderó  de  todo  su  campamento. 
Pusieron  los  cristianos  en  la  honda  del  fundíbulo  almajanech  la 
cabeza  de  Infantilla,  y  la  tiraron  á  la  plaza. 

En  esto,  vino  un  mensajero  árabe  con  letras  de  Ben-Abet, 
que  era  uno  de  los  principales  de  la  isla,  y  en  ellas  decía:  que  á 
gran  gusto  y -merced  tendría  el  verse  con  D.  Jaime;  que  si  se 
concertaban,  él  haría  que  una  de  las  doce  partes  de  que  consta- 
ba Mallorca  se  le  diese,  y  trajese  continuamente  vituallas  al 
campo  cristiano;  y  que  si  esto  se  efectuaba  y  D.  Jaime  los  reci- 
bía benignamente,  él  aseguraba  que  las  once  restantes  pronto 
harían  lo  mismo  (¿í).  Y  como  el  mensajero  pidiese  al  rey  que 
enviara  gente  de  su  corte  á  un  lugar  que  de  allí  distaba  una  le- 
gua, adonde  también  acudiría  Ben-Abet,  pusiéronlo  al  punto  por 
obra  veinte  caballeros,  que  volvieron  acompañando  al  leal  sarra- 
ceno. Traía  Ben-Abet  más  de  veinte  acémilas  cargadas  de  gra- 
nos, volatería,  ganado  menor  y  íruta;  y  tales  eran  las  uvas,  que 
venían  en  sacos  sin  quebrantarse  ni  corromperse.  Acogido  por 
D.  Jaime  con  mucha  honra,  suplicóle  el  moro  que  le  diese  ense- 
ña suya  para  que  no  fuesen  maltratados  de  las  partidas  sueltas 
y  sí  reconocidos  sus  mensajeros.  Desde  entonces  no  se  pasó  se- 
mana sin  que  enviase  á  la  hueste  víveres  de  refresco :  á  los 
quince  días  ya  trajo  al  partido  del  rey  á  muchas  de  las  demás 
partes  de  Mallorca ;  y  poco  después  pidió  al  monarca  que  nom- 


(a)  El  distrito,  colocado  bajo  la  autoridad  ó  al  menos  bajo  la  influencia  de  Ben- 
Abet,  y  poblado  por  ochocientas  casas  ó  familias  de  montañeses,  era  acaso  el  de 
Pollensa,  para  donde  convidó  á  D.  Ñuño,  extendiéndose  su  prestigio  á  los  de  Ca- 
narrosa  é  Inca,  que  son  los  que  mediaban  entre  la  ciudad  y  la  costa  fronteriza  á 
Menorca.  Nada  nos  dice  la  historia  de  la  suerte  que  cupo  á  Ben-Abet,  dejando  an- 
cho campo  á  las  fantásticas  hipótesis  de  los  genealogistas. 


100  ISLAS      BALEARES 


brase  dos  sujetos,  que  con  título  de  bailes  rigiesen  por  él  á  los 
que  se  habían  puesto  bajo  de  su  imperio,  nombramiento  que  re- 
cayó en  Berenguer  Durfort  barcelonés,  y  en  Jaques  Sans,  ambos 
familiares  del  rey  y  hombres  á  propósito  {a).  Tanto  lo  vino  aquel 
socorro  de  los  infieles,  que  el  mismo  rey  miró  como  un  ángel 
al  Ben-Abet,  y  nosotros  no  sin  apuntar  algunas  brevísimas  re- 
flexiones podemos  referirlo. 

Después  de  la  primera  invasión  de  los  árabes  en  España,  fué 
muy  de  notar  cómo  poco  á  poco  cobraron  á  su  nueva  patria  el 
cariño  que  debieron  de  profesar  á  la  antigua,  y  cuánto  la  tem- 
planza del  clima,  la  fertilidad  de  la  tierra  y  las  comodidades  de 
la  abundancia  suavizaron  el  humor  fanático  y  belicoso  de  los 
descendientes  de  los  primitivos  conquistadores,  mayormente  de 
los  que  moraban  lejos  de  las  fronteras  cristianas.  Así  fué  menes- 
ter que  las  armas  africanas  viniesen  en  distintas  ocasiones  á  sos- 
tener el  imperio  sarraceno,  que  las  ya  enflaquecidas  manos  de 
los  moros  españoles  se  dejaban  arrebatar  por  los  campeones  de 
Cristo.  Si  esto  en  el  continente  acontecía,  en  donde  apenas  se 
daba  treguas  á  la  espada,  y  la  guerra  civil  llenaba  las  tempora- 
das en  que  estaban  ociosas  las  huestes  de  los  cristianos;  ¿cuán- 
to más  en  una  isla,  donde,  apartados  de  toda  comunicación  fre- 
cuente, amansados  por  la  sanidad  y  abundancia  del  país,  perdida 
ya  la  memoria  de  las  armas  con  una  paz  apenas  interrumpida 
durante  algunos  siglos,  debían  los  descendientes  de  los  primeros 


(a)  Es  singular  esa  institución  de  autoridades  cristianas  en  medio  de  un  país 
todavía  sarraceno  y  durante  la  furia  de  los  combates;  mas  á  pesar  de  la  sinceridad 
que  ella  supone  en  los  nuevos  aliados  y  de  los  rehenes  de  hijos  é  hijas  que  en 
manos  del  conquistador  habían  puesto,  tuvieron  los  dos  bailes  que  refugiarse  al 
campamento,  luego  que  el  inminente  peligro  de  la  capital  renovó  la  mancomuni- 
dad de  afectos  c  intereses  entre  los  sitiados  y  sus  compatricios  isleños.  Jaime  Sans 
era  natural  de  Montpeller,  y  la  identidad  del  nombre  persuade  que  fué  el  mismo 
embajador  despachado  al  jeque  de  Mallorca  antes  de  la  expedición  para  reclamar 
las  naves  apresadas,  y  cuya  digna  y  altiva  respuesta  contribuyó  no  poco  á  la  rup- 
tura. Según  el  repartimiento,  obtuvo  en  el  término  de  Sineu  la  alquería  Coloniaáe 
doce  yugadas,  y  en  1242  sucedió  en  el  cargo  de  baile  general  á  su  compañero 
Berenguer  Durfort  que  lo  había  desempeñado  por  tres  años. 


ISLAS       BALEARES  lOI 

conquistadores  ser  más  pacíñcos  y  participar  menos  de  la  agita- 
ción y  sucesos  que  solos  pudieran  mantener  íntegros  en  sus  áni- 
mos la  osadía  y  el  valor  de  sus  progenitores?  Por  esto  casi  sin 
resistencia  fueron  obedeciendo  al  poder  de  los  jeques  de  Denia 
y  á  las  varias  dominaciones  que  poseyeron  el  cetro  de  los  cali- 
fas cordobeses :  destino  común  á  la  mayor  parte  de  las  islas  del 
Mediterráneo  el  de  haber  cambiado  de  amo  según  fué  cambian- 
do la  suerte  de  las  armas.  Y  como  ahora  iba  por  todas  partes 
espirando  la  pujanza  almohade,  y  tal  vez  se  introdujo  la  discor- 
dia entre  aquellos  extranjeros  advenedizos,  los  más  feroces  de 
su  secta,  y  los  mallorquines  que  por  su  buen  gobierno  debían 
de  amar  la  memoria  de  los  Beni  Ganyas,  no  fuera  de  extrañar 
que  la  gente  campesina,  amiga  de  conservar  en  buena  paz  lo 
que  de  tan  antiguo  estaba  poseyendo,  y  destituida  de  aquellos 
sentimientos  que  forman  el  espíritu  nacional,  en  una  isla  tantas 
veces  dominada  por  distintos  señores,  se  apresurase  á  arrimarse 
al  más  fuerte,  y  desamparase  á  los  almohades,  que  sólo  con 
gran  derramamiento  de  sangre  habían  entrado  á  mandar  en  las 
islas,  sin  reportarles  ningún  provecho. 

Entretanto  se  trabajaba  en  las  tres  cavas,  y  desembocando 
en  el  foso,  echaron  los  minadores  á  los  sarracenos  que  lo  defen- 
dían, y  con  grande  intrepidez  se  acercaron  á  los  muros,  pusie- 
ron tres  torres  en  cuentos,  á  los  cuales  pegado  fuego,  vinieron 
ellas  al  suelo  con  no  poco  ruido  y  mucha  satisfacción  de  los 
del  campo.  Dos  leridanos,  Juan  Rico  (a)  y  otro  que  no  se  nom- 
bra en  la  crónica,  se  encargaron  de  cegar  el  foso  con  lefia  y 
tierra,  hasta  que  sin  dificultad  pudiese  pasar  la  caballería;  y 
como  los  moros  incendiasen  la  leña,  el  rey  mandó  que  fuesen 
cien  hombres  á  desviar  el  agua  de  la  acequia  y  á  introducirla  en 
el  foso,  con  lo  cual  se  apagó  el  fuego.  Mas  los  sitiados,  que  ni 


(a)  Xiquo  ponen  otros  códices  de  la  crónica  real  y  la  de  Marsilio,  así  en  este 
pasaje  como  en  el  de  la  toma  de  Ibiza  donde  entró  el  primero,  y  lo  mismo  se  le 
nombra  en  el  repartimiento  por  el  cual  fué  heredado  en  Pollensa. 


102  ISLAS       BALEARES 


en  actividad  ni  en  intrepidez  iban  en  zaga  á  los  sitiadores,  cava- 
ron una  contramina  en  dirección  á  una  de  las  tres  que  estos 
estaban  abriendo;  y  encontrándose  al  fín,  vinieron  ambas  partes 
á  las  manos,  y  los  moros  lanzaron  de  la  cava  á  los  cristianos. 
El  rey  hubo,  pues,  de  enviar  refuerzo  á  los  minadores  y  un  ba- 
llestón de  tornillo;  el  cual  disparó  tan  gran  golpe  que  atravesó 
á  dos  escuderos  enemigos,  y  espantados  los  demás  desampara- 
ron la  cava. 

Por  fín  conocieron  los  de  la  ciudad  que  toda  defensa  era  ya 
imposible,  y  movieron  con  los  del  campo  pláticas  de  capitula- 
ción, á  las  cuales,  bien  que  infructuosamente,  acudió  D.  Ñuño 
con  diez  caballeros,  llevando  por  truchimán  un  D.  Bachiel,  judío 
zaragozano,  que  sabía  muy  bien  el  árabe.  Había  en  la  plaza  un 
renegado  aragonés  llamado  Mahomet,  que  mientras  fué  cristia- 
no se  apellidó  Gil  de  Alagón  (a);  y  avistándose  con  D.  Pedro 
Cornel,  propúsole  que  él  haría  que  el  jeque  y  los  demás  sarra- 
cenos indemnizasen  á  los  cristianos  las  costas  de  la  jornada,  con 
que  estos  se  partiesen.  Mas  al  referírselo  D.  Pedro  al  rey,  indig- 
nóse éste  de  semejante  propuesta,  y  contestó  á  Cornel  que  aun 
cuando  le  llenasen  de  oro  lo  que  del  campo  al  monte  había,  no 
desistiría  de  la  empresa  ni  saldría  de  Mallorca  sino  después  de 
conquistada.  En  esto,  vino  otro  mensaje  del  jeque,  con  que  pe- 
día que  se  le  enviase  D.  Ñuño  á  parlamentar,  y  el  rey  consintió. 


(a)  He  aquí  uno  de  los  más  misteriosos  personajes  de  esta  épica  historia.  iQué 
aventuras  habían  traído  á  la  isla  sarracena  como  cautivo  ó  como  refugiado  á  un 
noble  de  la  esclarecida  estirpe  de  Alagón?  <qué  peligros,  que  venganzas,  qué  crí- 
menes ó  pasiones  le  precipitaron  en  vergonzosa  apostasía,  hollando  su  fe  de  cris- 
tiano y  sus  blasones  de  caballero  ?  Sus  tratos  con  Pedro  Cornel  indican  que  no 
había  olvidado  del  todo  los  recuerdos  de  su  cuna  y  las  amistades  primeras;  pero 
lo  mezquino  é  inadmisible  de  las  condiciones  por  él  ofrecidas,  á  las  cuales  dio  el 
rey  tan  digna  y  enérgica  respuesta,  muestran  hasta  qué  punto  había  identificado 
su  causa  con  la  de  su  nueva  ley  y  de  su  nueva  patria.  Después  de  tomada  la  ciu- 
dad reaparece  para  colmo  de  extrañeza  Gil  de  Alagón,  reconciliado  sin  duda  con 
el  rey  y  con  la  Iglesia,  como  uno  de  los  barones  más  favorecidos  en  la  distribución 
del  botín,  puesto  que  su  casa  fué  saqueada  ante  todas  por  el  pueblo  y  los  caballe- 
ros quejosos  de  la  desigualdad  del  reparto,  é  indignados  tal  vez  de  que  se  prodi- 
garan á  un  renegado  semejantes  recompensas. 


ISLAS      BALEARES  IO3 

Aderezaron  para  la  conferencia  los  moros  delante  de  la  puerta 
de  Portopí  una  rica  tienda,  y  las  máquinas  y  ballestería  de  la 
muralla  y  de  las  trincheras  cesaron  de  disparar,  aguardando  el 
resultado  de  aquella  entrevista.  Fuese  D.  Ñuño  con  el  intérpre 
te  y  lucida  escolta  para  la  tienda,  á  tiempo  que  el  jeque  salía 
por  la  puerta  indicada;  y  quedándose  afuera  la  comitiva  de  en- 
trambos, entraron  en  el  pabellón  el  moro  y  el  conde,  con  el 
judío  éste,  y  aquél  con  dos  de  su  consejo.  Querellóse  el  almo- 
hade  de  que  tan  sin  razón  quisiese  D.  Jaime  arrebatarle  la  isla; 
pidióle  que  se  retirasen  á  Cataluña,  y  repitió  la  proposición  del 
renegado  Mahomet,  añadiendo  que  en  solos  cinco  días  se  les 
satisfarían  todos  los  gastos  ó  la  indemnización  que  pidiesen. 
«Y  haced  cuenta  que  no  la  escasez  ó  la  flaqueza  á  esto  nos 
mueve,  que,  gracias  á  Alá,  sóbrannos  armas,  vituallas,  y  cuanto 
á  la  defensa  de  una  población  importa ;  y  para  que  mejor  lo 
creáis,  envíe  vuestro  rey  á  la  ciudad  dos  ó  tres  hombres  de  su 
valía,  que  yo  respondo  de  su  seguridad,  y  les  mostraremos  los 
víveres  y  armas,  para  que  si  así  como  digo  no  fuere,  no  se  con- 
cluya el  pacto  que  proponemos.  Ni  menos  nos  curamos  de  que 
nos  hayáis  derribado  tres  torres,  porque  ciertamente  no  teme- 
mos, antes  reputamos  por  imposible,  que  por  allí  entréis  en  la 
plaza.»  Con  mucha  entereza  contestó  D.  Ñuño  recordando  los 
agravios  é  insultos  que  al  comercio  catalán  y  al  pabellón  arago- 
nés había  hecho  el  jeque,  y  en  cuanto  á  lo  de  partirse  de  la 
isla:  «Nuestro  rey,  dijo,  no  cuenta  más  que  veinte  y  un  año,  y 
como  esta  es  la  hazaña  con  que  se  estrena,  sabed  que  de  aquí 
no  se  partirá  sino  después  de  tomada  Mallorca,  y  aun  cuando 
nosotros  le  aconsejásemos  lo  contrario,  harto  nos  consta  que 
desoiría  nuestros  consejos.  Así  pues,  ved  si  de  otra  cosa  queréis 
hablar,  que  de  esto  es  en  vano.»  Espantado  el  moro,  añadió 
que  daría  cinco  besantes  (i)  por  persona,  así  varones  como  mu- 


í  I)    Un  besante  ó  bisando  valía  3  sueldos  y  4  dineros,  moneda  barcelonesa;  y 
así  ofrecía  por  cada  persona  unos  ocho  reales,  cantidad  crecidísima  entonces. 


104  ISLAS      BALEARES 

jeres  é  infantes,  de  los  que  hubiese  en  la  plaza,  con  tal  que  el 
rey  lealmente  en  sus  embarcaciones  pasase  á  Berbería  á  los  que 
quisiesen,  prometiendo  no  molestar  á  los  que  quedasen;  y  co- 
mo D.  Ñuño  no  traía  poderes  para  tanto ,  aquí  paró  la  confe- 
rencia, y  se  fué  para  el  rey,  á  quien  dio  cuenta  de  lo  ofrecido 
por  el  jeque. 

Convocó  D.  Jaime  á  los  prelados  y  ricos  hombres,  que  to- 
dos acudieron  menos  el  conde  de  Ampurías ,  que  estaba  con  su 
gente  de  armas  guardando  una  famosa  cava  (i),  después  muy 
fatal  á  los  sitiados,  y  dijo  que  por  nada  del  mundo  saldría  de 
allí  hasta  que  la  ciudad  se  entrase.  Refirió  D.  Nufto  á  los  convo- 
cados cuanto  en  la  entrevista  pasó:  con  que  pidieron  todos  al 
obispo  de  Barcelona  que  expusiese  su  dictamen,  el  cual  apro- 
bando la  oferta  del  walí,  se  remitió  con  todo  á  lo  que  los  baro- 
nes, como  más  prácticos  en  armas,  dijesen; 'y  hablando  luego 
D.  Nufto,  opinó  también  que  se  aceptase  el  partido.  Levantóse 
al  oirlo  D.  Ramón  Alamany;  recordó  al  rey  la  muerte  de  los 
Moneadas  y  demás  caballeros  de  aquella  casa,  y  pidió  fuese 
vengada;  expuso  que  el  jeque,  hombre  de  edad  y  de  experien- 
cia, sabría  inducir  á  los  berberiscos  á  volver  sobre  Mallorca  con 
tanta  gente,  que  pudiesen  arrebatársela  á  los  cristianos;  «y  pues 
tiempo  tenéis  para  hacerlo,  añadió,  tomad  venganza  de  los  mo- 
ros, haceos  dueño  del  país,  y  después  no  habrá  que  temer  á  los 
de  Berbería. »  Entonces  Guerao  de  Cervelló,  Guillen  de  Clara- 
munt  y  todos  los  restantes  á  una  voz  clamaron:  «Señor,  por 
Dios  acuérdeseos  de  D.  Guillen,  que  tanto  os  amaba  y  servía; 
acuérdeseos  de  D.  Ramón,  y  de  los  caballeros  que  con  ellos 
murieron  en  el  campo. »  El  rey  con  gran  prudencia  dijo:  que  ya 
ninguna  determinación  humana  podía  deshacer  lo  que  Dios  ha- 
bía dispuesto,  ni  volver  á  la  vida  á  los  que  perecieron;  que  logra- 
do estaba  el  objeto  que  á  Mallorca  les  trajo,  si  la  ciudad  se  les 
rendía,  buena  parte  de  los  moros  abandonaban  la  isla,  y  además 


(i)     Véase  el  núm.  22  del  Apéndice. 


ISLAS      BALEARES  I05 

se  les  daba  por  los  habitantes  una  gruesa  suma;  que  debían 
aceptar  la  propuesta  del  walí,  porque  los  cristianos  muertos  en 
los  pasados  trances,  más  ricos  eran  ahora  que  los  vivos,  pues 
gozaban  la  gloria  de  Dios;  pero  indicó  que,  aunque  era  este  su 
sentir,  adoptaría  la  resolución  que  ellos  acordasen.  Segunda 
vez  los  parientes  de  los  Moneadas,  que  eran  casi  todos  los  prin- 
cipales, y  los  prelados  repitieron  que  se  desoyese  toda  capitula- 
ción y  la  ciudad  fuese  entrada  á  viva  fuerza:  acuerdo  temerario, 
cruel  y  arriesgadísimo,  ya  que,  cuando  buenamente,  sin  pérdida 
alguna  y  con  tan  honrosas  condiciones  adquirían  lo  que  había 
motivado  la  jornada,  preferían  obtenerlo  con  derramamiento  de 
sangre  ajena  y  propia,  y  experimentar  lo  que  puede  la  necesi- 
dad de  la  defensa  en  gente  desesperada,  que  sabe  no  haber 
para  ella  lugar  á  capitulación,  ni  otro  partido  que  alejar  con  su 
denuedo  el  día  invitable  de  su  total  ruina.  Así  fué,  que  al  notifi- 
cárselo al  walí,  con  fuertes  razones  animó  el  infiel  á  los  suyos, 
y  se  preparó  para  más  obstinada  defensa  (i).  Rechazaron  casi 
diariamente  los  sitiados  todos  los  ataques;  acometieron  á  los  de 
las  trincheras  mismas,  y  con  tanto  valor  asistieron  álos  adarves, 
que  á  algunos  barones  les  pesó  del  consejo  que  dieron  al  rey,  y 
aun  le  hablaron  para  que  se  renovase  la  plática  con  el  jeque:  á 
lo  cual  D.  Jaime  no  accedió,  si  primero  los  moros  no  volvían  á 
entablar  negociaciones.  Pero  una  vez  cegados  en  su  propia  de- 
fensa, ya  no  enviaron  al  campo  los  de  la  plaza  mensaje  alguno; 
y  felizmente  á  la  par  de  su  obstinación  y  firmeza,  creció  el  valor 
de  las  tropas  cristianas. 

Pero  acortemos  la  relación  de  aquel  sitio,  que  ya  no  fué  sino 
una  serie  no  interrumpida  de  trabajos  y  de  hazañas.  Las  cavas 
se  multiplicaban ;  los  soldados  con  grande  arrojo  iban  á  poner 
en  cuentos  los  muros  y  las  torres;  las  máquinas  no  aflojaban  en 
su  furia;  labrábanse  castillos,  y  con  no  poca  dificultad  se. les 
acercaba  al  foso;  y  en  todos  los  portillos  y  sobre  los  escombros 


(  i)    Véase  el  n."  22  del  Apéndice, 


I06  ISLAS      BALEARES 

de  las  fortifícaciones  ejercitábanse  cada  día  con  valor  las  ar- 
mas {a).  Entretanto  venía  entrando  el  invierno,  el  frío  se  hacía 


(a)  Acerca  de  las  últimas  operaciones  del  sitio  y  de  los  asaltos  que  al  definiti- 
vo precedieron,  nos  suministra  Desclot  noticias  abundantes  para  seguir  casi  día 
por  día  los  progresos  de  los  sitiadores.  Por  el  mes  de  Noviembre  los  aragoneses 
abren  una  mina,  y  otra  el  conde  de  Ampurias;  la  primera  es  abandonada  de  resul- 
tas de  una  terrible  escaramuza,  y  vuelven  aquellos  á  abrir  otra,  en  la  cual  fueron 
más  afortunados  derribando  basta  treinta  brazas  de  la  barbacana;  la  del  conde  de 
Ampurias  abre  segunda  brecha,  y  se  intenta  cubrir  el  foso  de  maderos,  pero  la 
lluvia,  que  antes  del  día  de  San  Martin  cayó  sin  interrupción  durante  siete  sema- 
nas, destruye  y  paraliza  los  trabajos. 

De  sus  dos  trabucos  deshechos  forman  el  reyy  D.  Ñuño  dos  castillos  bien  guar- 
necidos y  escaleras  para  el  asalto.  Pero  los  sitiados  con  sus  disparos  logran  rom- 
per un  pie  á  la  máquina  principal  llamada  Arnaldas,  y  no  pudiendo  ser  reempla- 
zada por  el  trabuco  que  habían  construido  al  principio  los  marinos  provenzalcs  y 
marselleses,  á  causa  de  los  lodos  que  impidieron  su  traslación,  hubo  el  rey  de 
deshacer  su  castillo  para  volverlo  á  la  forma  de  trabuco,  hasta  tanto  que  la  má- 
quina Arnaldas,  reparadas  sus  averias,  pudo  funcionar  nuevamente.  Al  amanecer 
el  día  de  San  Andrés  aparecen  derribadas  por  la  mina  del  de  Ampurias  treinta 
brazas  de  la  muralla,  y  apercíbense  á  entrar  los  sitiadores,  como  lo  hubieran  con- 
seguido á  no  acudir  el  rey  sarraceno  con  todo  su  poder  á  la  defensa  de  la  brecha, 
y  á  no  haberse  levantado  más  adentro  para  cubrirla  un  grueso  muro  de  tres  varas 
de  alto. 

Sábado  i.*"  de  Diciembre.  Húndese  en  el  foso  el  muro  y  la  torre  de  poniente 
minada  por  el  conde  de  Ampurias. 

Domingo  2.  Comulga  el  ejército  y  prepárase  con  santo  ardor  al  asalto:  pene- 
tran por  la  brecha  trescientos  soldados  seguidos  de  otros  muchos,  pero  los  sarra- 
cenos concentrando  sus  fuerzas  logran  rechazarles  y  despeñarles  en  el  foso,  lan- 
zándoles encima  cal  y  piedras  y  cal  viva  y  estiércol.  Duró  la  batalla  de  sol  á  sol, 
pereciendo  trescientos  sarracenos  con  doscientos  heridos  y  sólo  nueve  cristianos, 
desnivel  á  la  verdad  increíble.  El  ataque  se  dio  probablemente  hacia  la  puerta  de 
Bebalcofol  (de  Santa  Margarita),  cuya  estrecha  abertura,  de  solos  siete  palmos 
entonces,  impidió  aquel  día  la  toma  de  la  ciudad. 

Lunes  3.  Cae  de  noche  otra  torre  socavada  también  por  el  de  Ampurias;  y  po- 
niéndose en  celada  muchos  caballeros  y  peones  al  abrigo  de  su  mina,  Suben  al 
muro  hasta  doscientos  de  los  primeros;  pero  mal  secundados  por  los  demás,  y 
volviendo  en  sí  los  sarracenos  de  su  terror,  los  envuelven  y  derriban  malamente 
y  matan  á  treinta  y  tres. 

Martes  4.  Redoblan  sus  disparos  contra  el  muro  las  máquinas  é  ingenios  de 
batir;  desplómase  el  arco  del  portal,  y  sus  puertas  de  hierro  caen  abrasadas  al 
foso.  Por  aquellos  tiías  abre  D.  Ñuño  otra  mina  por  la  parte  oriental,  confiando  su 
dirección  á  Oliver  de  Térmens,  y  consigue  derribar  con  ella  catorce  brazas  de  la 
barbacana;  pero  los  sarracenos  por  medio  de  una  contramina  los  obligan  á  aban- 
donarla. El  paborde  de  Tarragona  formanflo  una  gran  mina  derriba  diez  brazas 
del  muro  principal. 

Al  cabo  de  ocho  días,  á  mediados  ya  de  Diciembre,  serenado  por  fin  el  tiempo, 
el  castillo  de  D.  Ñuño,  que  por  causa  de  las  lluvias  estaba  como  encallado  en  los 
lodazales,  fué  arrastrado  hasta  el  foso  por  los  marselleses,  y  empezó  á  maniobrar 
contra  la  ciudad  con  grave  daño  de  los  sitiados.  Cólmase  luego  el  foso  con  made- 


ISLAS      BALEARES  to7 

sentir  cruelmente  en  el  campo ;  los  ingenieros  y  los  cavadores 
trabajaban  en  los  lodazales  mismos,  en  que  atollaban  como  cla- 
vadas las  máquinas;  y  con  las  grandes  lluvias,  destruyéronse  las 
más  de  las  obras  y  cavas  comenzadas  (i). 

Mas  ya  estaban  harto  estragados  los  muros  de  la  furiosa 
batería,  y  cegados  los  fosos  en  muchas  partes  con  los  escom- 
bros; y  los  del  campo  pensaron  en  abreviar  el  cerco  con  el 
asalto.  El  mes  de  Diciembre  tocaba  á  su  fin;  desde  Navidad  se 
trabajó  en  abrir  cuantas  minas  y  lo  más  cerca  de  la  muralla  que 
se  pudo;  y  el  27,  resueltos  á  rematar  la  empresa,  acordó  el  con- 
sejo general  que  se  asaltase  Mallorca  (a).  En  el  calor  de  la 
deliberación  decretóse  que  al  tiempo  del  ataque,  cuando  viesen 
perecer  á  rico  hombre,  caballero  ó  peón,  nadie  se  atreviese  á 
llorarle  ó  á  retirar  su  cadáver;  que  los  heridos  continuasen  mar- 
chando, á  no  estarlo  mortalmente;  que  aun  así,  ninguno,  ni  ex- 
traño ni  pariente  ni  amigo,  se  detuviese  á  socorrerles  ó  á  llevar- 
les á  curar,  sino  que  cuando  más  les  arrimase  á  un  lado;  que 
nadie  retrocediese  por  ningún  motivo,  ni  volviese  siquiera  la  cara 
á  mirar  el  campamento ;  que  al  que  huyese  todos  debiesen  áco- 


ros, y  para  apagar  el  fuego  que  los  sitiados  habían  prendido  por  medio  de  una 
mina,  manda  torcer  el  rey  el  curso  de  la  acequia  precipitándola  en  el  foso.  Este 
incidente  acaecido  en  domingo,  debió  ser  á  i6  ó  á  23  del  mes. 

c  i)     Véase  el  núm.  23  del  Apéndice. 

(a)    Siguiendo  á  Desclot,  puede  continuarse  en  esta  forma  el  dietario: 

Martes  día  de  Navidad.  Oye  misa  el  rey  con  sus  barones,  comulgando  en  se- 
guida, y  arma  caballero  á  Carroz;  pásase  el  día  en  paz  y  alegremente  sin  la  menor 
escaramuza. 

Miércoles  26  Diciembre.  Derriban  los  sitiadores  catorce  brazas  del  muro  con 
los  tablados  y  garitas  de  encima,  y  minan  los  cimientos  del  muro  mayor  en  una 
extensión  de  diez  y  seis  brazas,  hincándole  maderos  á  modo  de  cuñas;  mas  á  pesar 
de  haberles  metido  fuego,  el  muro  se. mantiene  en  pie,  hasta  que  en  mitad  de  la 
noche  se  desploma  con  estrépito  por  sí  mismo. 

Jueves  27.  Allanan  los  cristianos  y  hacen  practicable  la  brecha  defendida  ya 
por  otro  muro  que  más  adentro  habían  levantado  los  sarracenos ;  y  aunque  los 
sitiadores  también  este  lo  tenían  minado,  lo  dejan  en  pie  para  que  íiado  en  su  am- 
paro el  enemigo  no  pensase  en  construir  otro,  y  reservan  su  fácil  derribo  para  el 
día  del  asalto.  Este  fué  el  día  cuarto  antes  del  asalto  según  la  crónica  real,  en  que 
se  prestó  el  general  y  solemne  juramento.  Desde  el  26  empezaron  las  rondas  que 
se  alargaban  á  una  ó  dos  leguas  del  campamento,  y  que  arrecidas  de  frío  volvían 
á  las  barracas  á  calentarse,  trayendo  con  sus  descuidos  inquieto  al  soberano. 


I08  ISLAS      BALEARES 


meterle  y  matarle  como  si  enemigo  fuera;  que,  entrada  la  plaza, 
nadie  se  alojase,  mientras  durara  la  pelea;  que  ninguno  usurpa- 
se el  alojamiento  que  otro  ya  hubiese  tomado ;  y  que  quien  lo 
contrario  de  lo  dicho  hiciese,  se  hubiese  por  traidor  á  Dios,  á 
la  patria  y  al  rey,  y  como  Bar  a  fuese  castigado  (i).  Hicieron 
traer  una  cruz  y  los  santos  evangelios,  sobre  los  cuales  juraron 
cumplir  todo  lo  convenido;  y  como  también  quisiese  jurarlo 
D.  Jaime,  no  lo  consintieron  los  barones,  bien  que  el  rey  les  dijo 
que  en  su  corazón  y  conciencia  lo  tenía  cual  si  jurado  hubiese: 
lo  cual  fué  una  clara  muestra  de  la  lealtad  de  aquellos  varones 
intrépidos,  que  al  comprometerse  á  arrostrar  la  muerte  para 
poner  una  nueva  corona  en  las  sienes  del  joven  monarca,  no 
pudieron  sufrir  que  éste  corriese  los  peligros  del  asalto,  antes 
con  gran  bondad  y  nobleza  quisieron  ahorrárselos.  Observó 
entonces  uno  que,  pues  los  sitiados  no  escaseaban  de  vituallas, 
prolongarían  su  obstinada  defensa  si  les  entraba  refuerzo,  que 
sí  les  entraría  de  los  que  antes  se  dieron  al  partido  del  rey, 
porque  á  ello  les  apretarían  el  riesgo  de  sus  hermanos  y  los 
vínculos  de  la  religión  y  quizás  del  parentesco;  y  propuso  que 
guardasen  todos  los  pasos  que  á  la  ciudad  conducían.  Y-  como 
al  siguiente  día  regresasen  al  campamento  Jaques  Sans  y  Be- 
renguer  Durfort,  porque  ya  no  se  fiaban  de  los  isleños  que  con 
los  apuros  de  la  plaza  debían  de  andar  alborotados,  conocióse 
cuan  bueno  era  el  consejo  de  aquel  barón,  cuyo  nombre  calla 
la  crónica,  y  al  momento  se  puso  en  efecto.  Estableciéronse  tres 
fuertes  postas  de  cien  caballos  armados  cada  una,  que  se  pusie- 
ron la  primera  en  las  trincheras^  otra  delante  la  puerta  de  Bar- 
bolet  ó  Beb-Albelech,  hoy  del  Campo  (a),  y  la  tercera  delante 
la  de  Portopí,  hoy  de  Sania  Catalina, 


(i)  Hara^  en  catalán,  sif^nifieó  traidor  en  sumo  grado,  y  con  este  nombre  de- 
signaron las  leyes  al  que  lo  fuese. 

(a)  Aunque  heled  en  árabe  significa  campo^  la  puerta  de  Beb-al-bcled,  con  tan- 
tas modificaciones  repetida  en  los  documentos  coetáneos  á  la  conquista,  no  co- 
rresponde á  la  que  hoy  llamamos  del  Campo^  como  supuse  mal  en  mi  Historia,  al 


ISLAS      BALEARES  tO^ 


Entre  tanto  proseguíanse  con  ardor  las  cavas,  de  las  cuales 
una,  que  dirigía  el  conde  de  Ampurias  (i),  atravesando  el  foso 
iba  á  terminar  en  los  cimientos  de  la  cortina  mayor,  mientras 
pegado  fuego  á  los  cuentos  de  las  ya  concluidas  caían  las  torres, 
aportillábanse  los  muros  y  abrían  el  paso  á  los  cristianos.  Mas 
no  sin  gran  fatiga  se  practicaban  tantos  trabajos,  y  bien  fué  me- 
nester la  presencia  del  rey  para  dar  calor  á  los  soldados  é  im- 
pedir que  se  descontinuasen  las  operaciones.  Tres  días  estuvo 
sin  dormir :  los  de  las  postas,  arrecidos  de  frío,  abandonáronlas 
de  noche  para  ir  á  calentarse  en  las  tiendas,  y  D.  Jaime  hubo 
de  acudir  en  persona  á  reprenderles  y  á  relevarles  con  gente 
descansada  y  escogida  de  su  mesnada  misma  y  de  los  ricos 
hombres;  cuanto  habían  menester  los  ingenieros  y  cavadores  y 
los  que  allanaban  el  paso  para  que  la  caballería  entrase  por  la 
brecha,  venían  á  pedírselo  al  rey,  sin  cuyo  consejo  nada  querían 
hacer,  así  de  día  como  de  noche;  y  los  repetidos  mensajes  de 
los  cabos  y  trabajadores  tan  desvelado  y  acucioso  le  traían,  que 
si  alguna  vez  probó  de  conciliar  el  sueño  estorbábaselo  el  más 
leve  rumor  de  pisadas,  y  nunca  hubo  que  despertarle.  En  esto, 
faltó  el  sueldo  á  la  tropa;  y  D.  Jaime  lo  remedió  con  pedir  pres- 
tadas sesenta  mil  libras  á  unos  mercaderes,  que  con  sus  cauda- 
les habían  venido  á  la  expedición  (2). 

Quince  brazas  del  muro  mayor  vinieron  al  suelo  con  la  cava 
del  conde  de  Ampurias:  ya  la  caballería  podía  sin  mucha  difi- 
cultad salvar  el  foso  y  subir  á  la  brecha;  y  al  verlo  debieron  de 


explicar  la  división  de  los  barrios  de  la  ciudad  trazada  en  el  Repartimiento:  datos 
irrecusables  me  han  convencido  posteriormente  de  que  dicha  puerta  no  es  otra 
que  la  actual  de  San  Antonio,  que  con  la  de  Beb-al  kofol  y  de  Portopí  constituía 
una  de  las  tres  principales,  vuelta  á  levante  como  las  otras  al  norte  y  al  oeste.  La 
presente  del  Carneo  no  existía  á  la  sazón,  ó  sería  cuando  más  un  portillo  del  re- 
cinto del  Temple,  entonces  probablemente  almudaina  ó  cindadela  de  la  Gomera. 
Proj)  del  castell  que  nos  donam  al  Temple^  dice  la  crónica  real  que  estaba  la  puerta 
de  Barbelec^  y  esto  contribuyó  á  inducirme  en  error;  pero  no  dista  tanto  del  Tem- 
ple la  de  San  Antonio,  que  no  pueda  asimismo  llamarse  cercana. 

(i  )     Véase  el  número  26  del  Apéndice. 

(2)     Véase  el  número  24  del  Apéndice. 


lio  ISLAS      BALEARES 


descaecer  los  sitiados,  que  á  la  verdad  harto  hicieran  con  soste- 
nerse hasta  entonces.  Era  el  30,  y  se  señaló  el  día  siguiente 
para  el  asalto  general  (a).  En  el  primer  tercio  déla  noche,  acer- 
cóse al  pabellón  real  D.  Lope  Jiménez  de  Luesia,  y  dijo  al  rey: 
€  Señor,  yo  vengo  de  las  trincheras,  y  he  mandado  á  dos  escu- 
deros míos  que  se  metiesen  en  la  plaza.  Hanlo  hecho  y  visto 
cadáveres  por  todas  partes,  y  que  de  la  quinta  torre  á  la  sexta 
no  velaba  ninguna  escucha:  por  lo  cual  os  aconsejo  que  man- 
déis armar  la  gente,  porque  tomada  está  Mallorca,  pues  mil 
hombres  podrán  entrar  en  ella  antes  que  lo  echen  de  ver  los  sa- 
rracenos.— «Ah  Don  Viejo ^  contestó  sonriéndose  el  rey:  y  eso 
nos  aconsejáis?  Oscura  por  demás  está  la  noche;  y  si  con  la  cla- 
ridad del  día  muchos  no  se  avergüenzan  de  ser  malos  en  las  ar- 
mas, ¿qué  harán  ahora,  que  el  uno  no  verá  al  otro?  Y  si  cuando 
hayan  los  nuestros  logrado  entrar  en  la  plaza,  por  malaventura 
fuesen  rechazados,  jamás  después  volverían  al  a.salto  ni  la  to- 
marían (i)». 

Ya  la  primera  luz  del  31  de  Diciembre  despunta  en  el  ho- 
rizonte, y  las  trompetas  tocan  á  armarse.  Celébranse  con  fervor 
los  divinos  oficios,  y  todos  los  guerreros  se  acercan  á  los  altares 
á  recibir  el  cuerpo  de  Jesucristo.  Fórmanse  las  compañías,  tre- 
molan los  pendones,  y  vase  llenando  de  aceradas  puntas  el  es- 
pacio que  media  entre  el  campo  y  las  murallas.  Ya  va  esclare- 
ciendo más  y  más  el  día  puro  y  sereno,  y  por  última  vez  Ios- 
minaretes  y  las  cúpulas  se  levantan  sobre  las  mezquitas.  El  va- 
liente Said  ben-el  Hakem,  promovedor  de  la  tenaz  defensa  de  la 
plaza,  ordena  su  gente  sobre  la  brecha,  y  cabalgando  un  caballo 
blanco,  anima  á  los  suyos  á  ser  buenos  en  aquel  trance.  Da  el 
rey  la  voz  de  arremetida;  mas  tan  erizado  de  hierro  aparece  el 


(a)  Otro  asalto  general  pone  Al-makzumí  el  viernes  i  i  de  safar,  correspon- 
diente al  23  de  Diciembre,  y  mal  reducido  por  equivocación  de  la  hégira  en  la 
edición  inglesa  del  Al-makkarí;  y  fija  en  el  domingo  siguiente,  30,  la  toma  de  la 
ciudad,  anticipándola  un  día. 

(i)    Véase  el  número  24  del  Apéndice, 


ISLASBALEARES  III 

angosto  paso,  que  vacila  la  infantería  del  primer  cuerpo  de 
asalto,  y  D.  Jaime  tiene  que  repetirla  dos  veces.  Muévese  en- 
tonces con  buen  orden  la  primera  columna,  á  la  cual  siguen  los 
caballeros  y  sus  sirvientes  de  armas ;  y  llegados  al  foso,  apelli- 
dan los  peones  «Santa  María :>  á  grandes  voces,  y  repitiendo  sin 
cesar  aquel  sagrado  nombre,  que  enciende  su  entusiasmo,  esca- 
lan una  torre  un  barcelonés  y  cinco  camaradas  suyos,  trepan 
todos  por  la  brecha,  y  fuerzan  el  paso  como  quinientos.  Aparé- 
jase el  foso  para  que  suban  los  caballos,  que  con  harto  trabajo. 
y  no  tan  aprisa  como  conviniera,  comienzan  de  efectuarlo;  mas 
entre  tanto,  de  tal  manera  aprietan  los  moros  á  los  quinientos 
infantes,  que  están  á  pique  de  ser  rechazados  ó  muertos.  Cú- 
brese la  primera  fila  con  los  grandes  escudos,  formando  como 
una  muralla  de  bronce,  y  el  anciano  walí  da  á  los  suyos  la  voz 
y  ejemplo  de  firmeza;  cuando  comienzan  de  entrar  los  caballos 
armados,  siendo  los  primeros  Juan  Martínez  Deslava,  Bernardo 
de  Gurb,  uno  apellidado  con  el  apodo  de  Soyrot  caballero  de 
Sire  Guillelmo,  y  Ferrán  Peris  6  Pérez  de  Pina  (i).  Embisten  á 
los  sarracenos;  pero  tan  cerradas  están  las  filas  enemigas  y  tal 
es  la  espesura  de  las  lanzas  que  se  inclinan  á  recibir  la  carga, 
que  los  corceles  se  asustan,  y  los  jinetes  tienen  que  retroceder 
á  tomar  campo.  Por  fin  ascienden  á  cincuenta  los  caballeros;  é 
invocando  á  la  Virgen,  al  grito  de  «vergüenza,  caballeros,  ver- 
güenza, »  se  lanzan  sobre  los  infieles,  que  en  vano  pugnan  por 
contrarrestar  el  choque  de  aquellas  masas  de  hierro,  impenetra 
bles  á  sus  golpes. 

Ya  en  esto  entrara  D.  Jaime  en  la  plaza,  según  la  tradición 
que  aún  dura,  por  la  puerta  de  Benalcofor,  hoy  Pintada,  que 
debía  estar  inmediata  á  la  brecha.  El  intrépido  Said  benel 
Hakem  defendía  á  palmos  el  terreno,  y  en  la  calle  vecina,  que 
diz  era  la  de  San  Miguel,  andaba  furiosísima  la  batalla.  Pero  el 
infeliz  vecindario,  aterrado  por  el  largo  sitio,  como  supo  y  vio 


(i)     Véase  el  número  25  del  Apéndice, 


112  ISLASBALEAREl 


que  los  cristianos  estaban  dentro  de  la  plaza,  no  quiso  aguardar 
la  funesta  suerte  que  le  reservaban  las  espadas  de  quienes  antes 
desoyeron  la  voz  de  la  razón  y  de  la  conveniencia  y  desecharon 
toda  oferta  ventajosa  por  no  privarse  de  la  venganza.  Treinta 
mil,  que  serían  de  los  barrios  apartados  de  la  puerta  de  Benal- 
cofor,  fugáronse  por  las  de  Barbolet  y  Portopí  {a):  lastimoso 
espectáculo  el  de  tantos  ancianos,  mujeres  y  criaturas,  cargados 
unos  con  los  haberes  que  pudieron  recoger,  otros  con  los  pa- 
dres 6  los  pequefiitos  privados  de  andar,  todos  desamparando 
tal  vez  para  siempre  la  patria  y  los  hogares  paternos,  todos 
consternados  y  clamando  con  desesperación  á  su  profeta.  Afor- 
tunadamente para  ellos,  tantos  eran  los  despojos  y  riqueza  que 
donde  quiera  encontraban  los  cristianos,  que  no  se  cuidaron  de 
los  que  huían ;  tan  ocupados  estaban  en  el  saqueo.  Los  que  con 
el  walí  se  sostenían,  perdida  al  fín  toda  esperanza,  fueron  vol- 
viendo las  espaldas,  y  con  gran  vileza  buscaron  dónde  escon- 
derse; y  casi  desamparado  hubo  de  hacer  lo  mismo  Said-ben-el 
Hakem.  Veinte  mil  cadáveres  atestiguaban  la  cruel  venganza  de 
los  cristianos  (¿):  la  Almudayna,  que  entonces  era  como  la  ciu- 
dadela  de  la  plaza,  fué  el  refugio  de  los  que  primero  temieron 
la  muerte;  y  tanto  tropel  de  moros  á  ella  acudía,  que  ó  no  ca- 
biendo ó  porque  se  acercaban  los  cristianos,  con  bárbara  cruel- 


(a;  Habitarían  en  los  barrios  extremos  del  este  y  del  oeste,  que  si  bien  incluí- 
dos  dentro  de  los  muros,  se  llamaban  villa  respecto  de  la  primitiva  ciudad  ó  al- 
mudaina.  Dicha  salida,  según  Al-makzumí,  fue  anterior  al  postrer  asalto,  lo  cual  y 
la  circunstancia  de  estar  capitaneada  por  Ibn  Sheyrí,  jefe  como  hemos  visto  de  los 
descontentos,  le  dan  visos  de  deserción.  «Al  ver  Ibn  Sheyrí  que  los  cristianos 
eran  dueños  de  los  contornos  y  que  la  ciudad  no  podía  sostenerse  por  más  tiem- 
po, la  abandonó  ocultamente,  y  se  metió  en  el  interior  de  la  isla  con  todos  los  ve- 
cinos que  quisieron  seguirle.»  Más  adelante  veremos  su  resistencia  en  las  monta- 
ñas. 

{b)  No  discrepa  mucho  Al-makzumí  en  el  número  de  los  muertos:  «fenecieron, 
dice,  en  la  matanza  que  se  siguió,  nada  menos  que  veinticuatro  mil  habitantes, 
sacrificados  por  culpa  de  un  solo  individuo»,  es  decir,  de  la  temeridad  del  wali. 
Desclot  hace  subir  a  cincuenta  mil  los  moros  que  murieron,  incluyendo  tal  vez  en 
esta  suma  á  los  fugitivos,  y  á  treinta  mil  los  que  fueron  reducidos  á  servidumbre: 
Carbonell  afirma  que  entre  muertos  y  cautivos  ninguno  escapó. 


ISLASBALEARES  II3 

dad  cerraron  los  de  dentro  las  puertas,  á  las  cuales  perecían 
miserablemente  á  centenares  los  que  no  pudieron  entrar  con 
tiempo. 

En  esto,  mientras  el  rey  traía  pláticas  de  rendición  con  los 
que  se  amparaban  de  la  Almudayna,  llamáronle  aparte  dos  sol- 
dados de  Tortosa,  y  dijéronle  que  si  se  lo  recompensaba,  ellos 
le  entregarían  el  walí.  Ofrecióles  el  rey  mil  besantes,  que  ellos 
aceptaron ;  dejó  allí  un  rico  hombre  para  que  nadie  combatiese 
á  la  Almudayna,  y  con  D.  Ñuño  siguió  á  los  dos  de  Tortosa  á 
la  casa  que  le  designaron  (a).  En  ella  encontraron  al  anciano 
walí,  que  ahora  tal  vez  sombrío  y  aguardando  con  calma  que  se 
cumpliese  lo  que  de  su  destino  estaba  escrito,  falsa  y  mezquina 
doctrina  de  su  secta,  sentárase  envuelto  en  su  blanco  albornoz, 
acompañado  de  solos  tres  ñeles  pajes,  que  delante  de  él  empu- 
ñaban sendas  azagayas.  Al  ver  á  los  recién  venidos,  y  sabiendo 
que  uno  de  ellos  era  el  rey,  púsose  en  pie,  y  desembozándose 
dejó  ver  recia  coraza  debajo  de  la  túnica  ó  sobrevesta  blanca. 
El  rey,  como  era  bueno  y  generoso,  hízole  mucha  cortesía  (i), 
y  por  truchimán  le  dijo  que  no  temiese,  que  él  le  daría  para  su 
seguridad  dos  principales  caballeros,  y  que  pues  en  poder  suyo 
estaba,  ya  no  moriría.  Y  dejándole  con  buena  guarda,  volvió  á 
los  del  Almudayna,  que  le  dieron  en  rehenes  el  hijo  del  walí, 


(a)  El  valiente  anciano,  habiéndose  retirado  del  combate  el  postrero,  no  pudo 
ya  encerrarse  en  la  Almudaina  ni  volver  á  su  palacio:  Dcsclot  dice  que  fué  hallado 
en  un  corral,  Carbonell  en  una  calle  sin  salida.  Al  aserto  de  este  último  y  al  de 
Muntaner,  que  en  siglos  posteriores  al  hecho  y  fundados  tal  vez  en  hablillas  vul- 
g^ares,  cuentan  que  el  conquistador  asió  de  la  barba  al  rey  moro,  hay  que  preferir 
bajo  todos  conceptos  la  relación  misma  del  monarca,  más  conforme  á  su  genero- 
sidad y  nobleza.  Menos  es  de  creer  lo  que  dice  Al-makzumí,  que  «preso  el  amir 
fué  sometido  á  todo  género  de  torturas,  de  las  cuales  falleció  cuarenta  y  cinco 
días  después  de  su  captura.» 

(i)  Muntaner  refiere  que,  conforme  lo  había  jurado,  D.  Jaime  cogió  al  walí 
por  la  barba:  esta  tradición  enteramente  falsa,  fué  copiada  por  muchos  cronistas; 
y  hasta  en  los  azulejos  que  detíoran  las  paredes  de  la  que  fue  portería  de  la  Mer- 
ced, en  Barcelona,  cuya  religión  fundó  D.  Jaime,  uno  de  los  cuadros  ó  comparti- 
cioaes  representa  á  éste  en  el  acto  de  cometer  aquella  grosería  tan  indigna  de  su 
noble  carácter.— Véase  el  número  26  del  Apéndice, 

'S 


114  ISLASBALEAKES 


niño  de  trece  afios  (i),  y  le  abrieron  las  puertas;  y  puso  en  el 
alcázar  dos  frailes  Predicadores,  quizás  fray  Miguel  como  ase 
gura  Marsilio,  y  diez  caballeros  escogidos,  con  sus  sirvientes, 
que  custodiasen  el  palacio  y  los  tesoros  del  jeque. 

Ya  el  sol  había  dejado  de  alumbrar  aquella  triste  escena:  el 
rey  hallábase  con  la  armadura  puesta  desde  el  amanecer,  y  de- 
seoso de  descansar;  mas  ninguno  de  sus  familiares  y  criados 
acudía,  y  D.  Ladrón  convidóle  con  decirle  que  él,  merced  á  uno 
de  los  suyos,  tenía  preparadas  casa  y  cena.  Dábase  entre  tanto 
el  saco,  y  tanta  riqueza  había  en  la  ciudad  que,  cosa  rara  en 
semejantes  lances  de  guerra,  no  sobrevino  la  menor  alteración 
entre  los  vencedores,  creyendo  cada  cual  con  lo  que  recogía  que 
él  era  el  más  rico  y  afortunado.  Aunque  durante  el  combate 
habían  huido  á  los  montes  treinta  mil  habitantes,  no  de  todos 
los  barrios  pudieron  tomar  á  tiempo  las  dos  puertas  susodichas, 
ni  escapar  de  las  tropas  cristianas  que  en  un  momento  inunda- 
ron la  ciudad  como  un  torrente.  Las  infelices  moras,  que  no  co- 
nocían sino  el  retiro  de  sus  haremes,  vieron  á  la  soldadesca  re- 
gistrar con  avidez  sus  aposentos ;  y  temerosas  de  la  muerte  ó  de 
la  violación,  matronas  y  doncellas  arrancábanse  sus  alhaites  y 
brazaletes,  y  puestos  en  el  regazo  dinero  y  joyas,  amargamente 
llorando,  en  su  lengua  nativa  á  los  soldados  decían:  « — Toma, 
cristiano,  y  déjame  la  vida  (2);»  palabras  y  acción  de  grande 
enternecimiento,  si  tras  de  los  peligros  del  asalto,  y  cebadas  ya 
las  armas  en  la  matanza  y  la  codicia  en  el  robo,  pudiese  haber 
lugar  á  la  misericordia.  Así  tan  rico  fué  el  botín,  aun  hecha  por 
cada  uno  restitución  de  lo  que  debía  repartirse,  que  ni  los  cria- 
dos del  rey  volvieron  á  él  en  ocho  días. 


(i)    « después  se  hizo  cristiano,  y  se  llamó  D.  Jaime,  y  casólo  (el  rey)  con 

una  donzella  principal,  que  se  dezía  Doña  Eva,  que  era  hija  de  D.  Martín  r<o1dán, 
y  nieta  de  D.  Roldan  del  linaje  de  Alagón,  y  fueron  señores  de  Gotor;  y  confirmó- 
les el  Rey  la  baronía  de  Huesca  y  Gotor :  y  huvieron  á  D.  Blasco  de  Gotor,  que  fué 
padre  de  Miguel  Pérez  de  Gotor.»— Zurita,  Anal,  de  Arag,^  lib.  3,  cap.  8,  fol.  1  32. 

(2)    Véase  el  número  2$  del  Apéndice, 


ISLAS       BALEARES  11$ 


Poco  después,  algunos  barones,  principalmente  D.  Nufio, 
Berenguer  de  Santa  Eugenia,  el  obispo  y  el  sacrista  de  Barce- 
lona, propusieron  que  se  hiciese  pública  almoneda  de  los  moros 
y  de  todo  lo  que  se  depositó  para  repartirse.  Opúsose  D.  Jaime, 
atento  á  lo  que  más  importaba,  que  era  la  destrucción  de  los 
sarracenos  que  de  las  montañas  se  amparaban,  y  á  los  cuales  no 
se  debía  dar  tiempo  de  rehacerse;  y  dijo  que  se  hiciese  enhora- 
buena el  reparto  tan  sólo  de  cautivos  y  ropa  por  suertes,  cosa 
que  en  ocho  días  podría  efectuarse,  y  al  punto  regocijadas  las 
tropas  con  esa  primera  partición,  marcharían  á  desalojar  de  sus 
últimas  posiciones  al  enemigo.  Pero  hubo  de  ceder,  no  sin  indi- 
carles que  traslucía  su  mala  fe  y  augurando  mal  de  aquella  de- 
terminación (i);  y  así  se  comenzó  la  almoneda,  que  duró  desde 
carnestolendas  á  Pascua.  Creyeron,  caballeros  y  plebeyos,  que 
aquello  se  hacía  para  darles  la  parte  que  á  cada  uno  tocaba,  y 
por  esto  iban  tomando  de  lo  que  se  vendía  cuanto  en  su  con- 
ciencia correspondía  á  su  porción  ;  mas  como  se  les  exigiese  el 
precio  de  lo  comprado,  indignáronse,  corrieron  tumultuosos  las 
calles,  saquearon  la  casa  de  Gil  de  Alagón,  y  sólo  la  presencia 
del  rey  contuvo  su  furia.  Pero  á  los  dos  días  alborotáronse  de 
nuevo,  dieron  á  saco  la  casa  del  paborde  de  Tarragona,  y  tanto 
crecía  el  motín,  que  el  rey,  antes  de  salir  á  reprimirlo,  trasladó 
por  precaución  todo  su  haber  de  la  Almudayna  al  castillo  que 
ocupaban  los  templarios,  inmediato  á  la  puerta  de  BebAlbe- 
lech  ó  Barbolet.  Armóse,  pues,  y  yéndose  para  los  amotinados: 
« — Vosotros,  les  dijo,  habéis  cometido  acción  antes  no  vista 
entre  nosotros,  la  de  saquear  las  casas  y  mayormente  de  los  que 
ningún  tuerto  os  hacen;  y  sabed  que  no  lo  sufriremos,  antes 
tantos  haremos  ahorcar  de  los  que  se  desmanden,  que  hieda  la 
villa.  ¿A  qué  tanta  confusión  y  trastorno.?*  ¿no  es  nuestra  volun- 
tad y  ánimo  que  se  os  dé  vuestra  parte,  así  de  lo  recogido  como 
de  las  tierras?»  Aquietóse  al  oir  estas  últimas  palabras  el  pue 


(i)    Véase  el  número  35  del  Apéndice, 


Il6  ISLAS      BALEARES 


blo;  y  el  obispo  y  el  paborde,  objeto  particular  del  odio  de  los 
sediciosos,  pudieron  salir  del  alcázar  en  donde  se  refugiaran. 

La  ciudad  estaba  llena  de  cadáveres;  los  recién  entrados  alo- 
jábanse como  mejor  podían,  y  aunque  tantos  sarracenos  habían 
desocupado  la  plaza  cuando  el  primer  asalto,  corrían  los  nuevos 
pobladores  riesgo  de  ser  atacados  de  peste,  si  no  atendían  á  la 
sanidad  y  limpieza,  cosa  punto  menos  que  imposible  en  el  ardor 
de  la  entrada  y  para  una  soldadesca  ya  avezada  á  las  privacio- 
nes de  un  campamento  y  á  los  malos  hábitos  que  en  él  contrajo. 
No  se  les  ocultó  esto  á  los  cabos,  y  convocando  consejo,  acor- 
dóse que  los  prelados  concediesen  á  la  gente  mil  días  de  perdón 
por  cada  cadáver  que  se  sacase  afuera;  y  tanto  fué  el  celo  del 
ejército  por  ganar  las  indulgencias,  que  en  pocos  días  quedó  la 
ciudad  limpia  y  quemados  en  el  campo  los  restos  de  cuantos 
perecieron  en  la  entrada  (i). 

Con  la  muerte  de  los  Moneadas  quedó  incompleto  el  núme- 
ro de  los  que  debían  cuidar  del  reparto  y  señalamiento  de  las 
porciones;  y  en  los  primeros  días  del  sitio,  á  los  difuntos  herma- 
nos les  reemplazaron  D.  Ramón  Alamany  y  D.  Ramón  Beren- 
guer  de  Ager,  y  al  primer  número  se  agregaron  D.  Jimén  de 
Urrea  y  D.  Pedro  Cornel.  Comenzaron,  pues,  ahora  por  esco- 
ger las  treinta  casas  mayores  de  la  ciudad,  de  las  cuales  quince 
pasaron  al  rey,  que  dio  algunas  á  sus  porcioneros  los  tem- 
plarios y  el  paborde  de  Tarragona.  Al  rededor  del  Alcázar,  el 
recinto  que  llamaban  Almudayna  encerraba  178  edificios,  amén 
de  los  que  se  computaban  en  los  treinta  primeros;  é  insiguiendo 
lo  acordado  en  las  cortes  celebradas  en  Barcelona,  diósele  al 
rey  la  mitad,  y  lo  mismo  se  practicó  en  lo  demás  que  se  fué  re- 
partiendo. Dividióse  entonces  lo  restante  de  la  ciudad  en  ocho 
partes,  y  las  cuatro  que  á  D.  Jaime  le  cupieron  contenían  mil 
cuatrocientas  ochenta  y  dos  casas  habitadas,  cuatrocientas  no- 
venta y  cuatro  inhabitadas,   veinticuatro  hornos,  diez  y  siete 


(i)    Véase  el  número  2  «5  del  Apéndice. 


ISLAS      BALEARES  II7 


huertos,  trescientos  veinte  obradores  6  tiendas,  y  dos  de  los  me- 
jores baños  públicos:  rica  porción,  si  de  ella  no  hubiese  debido 
recompensar  á  los  templarios,  á  varios  caballeros,  y  á  las  ciu- 
dades y  villas  (i).  Las  restantes  cuatro  partes,  si  por  lo  que  con 
los  molinos  se  hizo  hemos  de  juzgar,  diéronse  al  conde  D.  Ñuño, 
al  obispo  de  Barcelona,  al  conde  de  Ampurias,  y  á  Guillen  de 
Moneada,  los  cuales  también  tenían  que  satisfacer  los  servicios 
de  sus  principales  caballeros  y  allegados.  Lo  mismo  se  practicó 
con  las  tierras  regadías  del  distrito  de  Palma,  que  con  los  hom- 
bres buenos  y  peritos  nombrados  al  intento,  salió  á  medir  en 
buena  ley  el  agrimensor  Pedro  de  Osea  ó  Huesca  con  una  me- 
dida ó  cuerda  que  alcanzaba  veinte  brazas  del  rey,  equivalentes 
á  veintidós  de  D.  Ñuño  ó  de  todo  hombre  regular ;  noticia  que 
confírma  la  descripción  que  de  sus  prendas  físicas  algunos  cro- 
nistas nos  han  dejado  (2). 

Mientras  así  iban  adelantando  la  partición  de  lo  conquistado, 
que  aún  se  proseguía  muchos  meses  después  y  nosotros  pasa- 
remos por  alto,  un  fatal  acaecimiento  vino  á  turbar  la  alegría  de 
los  cristianos,  y  confirmó  cuan  prudente  anduvo  el  rey  al  acon- 
sejar que  saliese  sin  demora  el  ejército  en  demanda  de  los  mo- 
ros que  de  los  montes  se  guarecían,  y  se  dejase  para  después 
el  reparto.  Declaróse  la  peste  en  la  ciudad,  y  con  el  desorden  y 
agolpamiento  de  tanta  gente  de  guerra  se  encendió  tan  terrible- 


(i)  El  libro  del  Repartimiento,  del  cual  damos  un  extracto  en  el  número  27 
del  Apéndice^  trae  la  demarcación  de  cada  una  de  aquellas  cuatro  partes,  los  nom- 
bres de  las  calles,  de  las  casas,  y  hasta  de  las  tiendas,  todos  árabes;  pero  hasta 
qué  punto  pudiera  la  planta  moderna  de  Palma  servir  para  la  aclaración  de  aque- 
lla antigua,  á  los  anticuarios  del  país,  que  hagan  un  particular  estudio  de  las  loca- 
lidades, toca  decidirlo  Kjol),  Hállanse  mencionadas  en  aquel  libro  seis  mezquitas, 
cuyos  nombres  eran:  de  Abdolmele  ibne  asna;  de  Axaquctz;  de  Alhajezequí ;  de 
Zegrí;  la  Mezquita  Roja  (Mezquita  Rúbea,  /oL  $j),  y  de  Aljeneví.  Véase  el  número 
citado. 

(2)    Véase  el  número  28  del  Apéndice, 

ia)  Algo  de  esto  ensayé  en  el  detenido  estudio  del  repartimiento,  puesto  por  apéndice  á  mi  Conquista  dé 
Mallorca,  al  cual  me  remito  ;  y  todavía  resta  campo  á  un  trabajo  indefinido,  no  dejando  por  consultar  ningún 
antiguo  título  ó  traspaso  de  propiedad . 


ii8  ISLAS     Baleares 


mente,  que  diezmó  las  compañías  y  llevó  al  sepulcro  á  los  más 
intrépidos,  á  quienes  respetara  la  muerte  en  los  combates.  Mu- 
rió á  los  ocho  días  de  enfermar  D.  Guillen  de  Claramunt :  apenas 
sepultado,  siguiéronle  á  la  tumba  D.  Ramón  Alamany,  D.  Gar- 
cía Pérez  de  Meytats  y  D.  Guerao  de  Cervelló,  hijo  de  D.  Gui- 
llelmo  de  Cervelló  y  sobrino  de  Alamany,  todos  del  linaje  de  los 
Moneadas,  excepto  el  D.  García.  Al  verlo  el  conde  de  Ampu- 
rias,  exclamó:  « aquí  feneceremos  los  que  de  este  linaje  queda- 
mos;» triste  presentimiento,  que  se  cumplió  para  él  ocho  días 
después  (a). 

El  contagio  apresuró  la  partida  de  los  que  ya  deseaban  vol- 
ver á  Cataluña,  y  quizás  motivó  la  de  quienes  se  proponían 
asistir  hasta  el  fín  de  la  conquista;  y  sin  curarse  de  las  tierras 
adquiridas,  y  contentos  con  el  botín  recogido  en  el  saco  ó  con 
las  casas  que  de  la  ciudad  les  cupieron,  abandonaron  no  pocos, 
caballeros  y  villanos,  á  su  rey  y  á  la  isla :  consecuencia  natural 
de  un  ejército  colecticio,  compuesto  en  su  mayor  parte  de  gente 
voluntaria  y  de  tercios  que  obedecían  á  capitanes  ó  señores  dife- 
rentes. El  rey,  pues,  hubo  de  enviar  á  D.  Pedro  Cornel  á  Ara- 
gón con  cíen  mil  sueldos,  para  que  alistase  cien  caballeros  y 
trajese  los  cincuenta,  que  como  á  feudatario  del  monarca  le  co- 
rrespondía ;  al  paso  que  escribió  á  D.  Atho  ó  Artal  de  Foces  y 
á  D.  Rodrigo  de  Lizana,  también  feudatarios  suyos,  que  le  acu- 
diesen, como  lo  pusieron  en  efecto. 

Mas  entretanto  no  se  daba  vagar  el  grande  ánimo  de  D.  Jai- 
me. Al  frente  de  las  pocas  fuerzas  que  le  habían  quedado,  corría 
el  interior  de  la  isla;  acogía  y  heredaba  á  los  caballeros  Hospi 
talarios,  que  vinieron  á  ofrecerle  sus  espadas;  y  en  una  segunda 
salida,  en  medio  de  los   mayores  peligros  y  padecimientos  de 


(a)  Murió  á  23  de  Febrero  según  el  necrologio  de  la  iglesia  de  Gerona,  y  sien- 
do el  postrer  acometido,  demuéstrase  que  la  peste  se  declaró  antes  de  la  Cuares- 
ma, que  empezó  el  30  de  dicho  mes,  y  no  por  Pascua  como  entendieron  mal 
nuestros  historiadores. 


ISLAS       BALEARES  IIQ 

calor  y  hambre  (i),  rendía  en  las  montañas  y  cuevas  de  Arta  dos 
mil  sarracenos,  y  recogía  diez  mil  cabezas  de  ganado  mayor  y 
treinta  mil  de  menor  (a).  Atento  á  la  conservación  y  aumento  de 
su  nueva  conquista^  dictaba  aquellas  famosas  franquicias,  que 
debían  ser  un  incentivo  para  que  del  continente  viniesen  pobla- 
dores, y  el  código  que  había  de  regir  aquella  naciente  población 
militar  (2). 

Pero  ya  era  tiempo  de  regresar  á  sus  estados,  pues  más  de 
un  año  había  transcurrido  desde  que  dio  la  vela  en  Cataluña. 
Cometió,  pues,  el  cargo  de  lugarteniente  suyo  á  D.  Berenguer 
de  Santa  Eugenia,  con  merced  que  del  castillo  de  País  le  hizo,  y 
con  promesa  solemne  de  aprobar  y  cubrir  cuanto  expendiese. 
Convocó  á  consejo  general  á  los  barones,  caballeros  y  demás 
pobladores,  y  les  habló  en  estos  términos :  c  Catorce  meses  cum- 
plen que  estamos  en  Mallorca,  y  durante  este  espacio  de  tiempo 
jamás  quisimos  abandonaros;  mas  ahora  va  entrando  el  invier- 
no, y  pues  por  merced  de  Dios  parece  que  queda  segura  esta 
tierra,  nos  partiremos.  Mejor  podremos  mirar  por  vosotros  des- 
de Cataluña  que  permaneciendo  aquí,  porque  os  enviaremos 
tales  esfuerzos  que  bien  podrá  defenderse  la  isla  de  todo  acome- 
timiento ;  cuanto  más  que,  si  fuese  menester,  otra  vez  acudiría- 
mos personalmente.  Habed  por  cierto  que  desde  que  nos  parta- 


(i)     Véase  el  núm.  29  del  Apéndice. 

(a)  Si  esta  segunda  expedición  del  rey  á  Arta  fué  en  la  semana  de  Pasión  (24  á 
3 1  Marzo)  como  expresa  su  crónica,  la  primera  que  emprendió  por  el  valle  de  Bu- 
ñola,  internándose  por  las  montañas  hasta  dejar  á  la  derecha  el  castillo  de  Alaró 
y  torciendo  luego  hacia  Inca,  debió  ser  al  principio  de  la  Cuaresma,  sin  que  la  es- 
torbaran los  estragos  de  la  peste,  ni  la  almoneda  del  botín,  ni  el  otorgamiento  de 
la  carta-puebla  que  fué  á  1.°  de  Marzo.  La  mayor  fuerza  de  los  refugiados  sarrace- 
nos no  estaba  en  los  montes  de  Arta,  sino  en  los  de  SóUer  y  Almaluig,  donde  pa- 
saban de  tres  mil  peones  escogidos  con  treinta  caballeros  al  mando  de  Xuarp  ó 
Xuaip,  los  cuales  hubieron  de  cobrar  bríos  viendo  que  el  rey  en  las  dos  jornadas 
desistia  de  atacarlos.  Extraño  es  que  en  estas  campañas  no  fígure  Ben-Abet, quien, 
habiendo  sometido  al  rey  su  distrito  de  PoUensa  y  toda  la  costa  fronteriza  á  Me- 
norca, podía  fácilmente  cortar  las  comunicaciones  entre  los  de  Almaluig  y  los  de 
Arta  si  permaneciera  en  el  servicio  del  conquistador.  Xuaip  con  los  suyos  se  man- 
tuvo un  año  todavía  en  aquellas  breñas. 

(2)    Véase  el  número  30  del  Apéndice, 


I20  ISLAS      BALEARES 

mos,  de  día  y  de  noche,  lo  más  del  tiempo  estaremos  pensando 
en  vosotros.  Y  pues  Dios  nos  hizo  tanta  merced  que  nos  ha 
dado  reino  en  medio  del  mar,  cosa  jamás  alcanzada  por  ningún 
rey  de  España,  y  que  hayamos  podido  edifícar  iglesia  á  Nuestra 
Señora  Santa  María  {a)\  creed  que  nunca  os  desampararemos, 
antes  muy  á  menudo,  sea  6  no  necesario,  me  veréis  en  Mallor- 
ca. »  Mas  el  llanto  le  embargó  aquí  la  voz,  que  no  pudo  conte- 
nerlo al  ver  las  lágrimas  que  como  verdaderas  muestras  de  sen- 
timiento todos  derramaban.  Reinó  silencio  un  buen  espacio,  y 
rompiéndolo  al  fin  el  rey,  despidióse  afectuosamente  de  sus  com- 
pañeros de  armas,  dióles  á  reconocer  por  lugarteniente  suyo  al 


(a)  E  tantas  d'altres  que  ni  haurá,  añade  cl  rey  en  su  crónica.  Según  estas  pa- 
labras, hallábanse  ya  entonces  abiertos  los  cimientos  de  la  grandiosa  catedral, 
alojada  interinamente  en  la  principal  mezquita  á  la  cual  había  de  reemplazar;  esta- 
ba designado  el  solar  y  acaso  principiadas  las  obras  de  la  iglesia  de  Santa  Eulalia, 
puesto  que  se  nombra  en  el  repartimiento,  y  proyectadas  otras  muchas,  no  sólo 
de  parroquias,  sino  también  de  conventos  y  hospitales.  Y  bien  explican  esta  pre- 
mura la  ardiente  piedad  del  monarca  y  las  necesidades  religiosas  de  los  morado- 
res, sin  suponerla  efecto  de  un  voto  hecho  por  aquél  durante  la  borrasca  que 
padeció  á  su  venida,  pues  las  crónicas  no  indican  tal  circunstancia.  La  dotación  de 
la  iglesia  catedral  correspondió  á  la  majestad  del  edifício :  en  la  concordia  de  las 
cortes  de  Barcelona  anterior  á  la  conquista,  sólo  se  estipuló  «que  se  asignasen  á 
los  clérigos  y  á  ías  iglesias  los  señoríos  Cofomiwíca/i/ríe^  y  rentas  competentes;* 
pero  el  generoso  rey,  aunque  dueño  de  los  diezmos  por  concesión  pontificia  en 
las  tierras  que  se  conquistasen  de  sarracenos,  cedió  á  la  seo  de  Mallorca  en  5  de 
Abril  de  1232  desde  Barcelona  la  décima  parte  de  todas  sus  posesiones  y  dere- 
chos en  la  isla,  y  de  todos  los  frutos  y  animales  de  sus  tierras,  inclusos  los  peces 
de  sus  riberas,  imitando  los  magnates  su  liberalidad.  Pero  después  de  mediar  va- 
rias transacciones,  obtuvieron  finalmente  las  parroquias  la  cuarta  parte  de  los 
diezmos,  la  catedral  el  otro  cuarto,  quedando  con  la  mitad  restante  los  dueños 
directos  de  las  tierras  ó  poseedores  de  caballerías.  Para  la  creación  del  obispado 
atravesáronse  algunas  dificultades  por  parte  de  la  iglesia  de  Barcelona,  que  pre- 
tendía tener  jurisdicción  sobre  las  de  la  isla  por  donación  que  en  el  siglo  xi  le 
otorgara  Alí,  señor  de  Denla  y  de  Mallorca;  pero  interviniendo  como  arbitros  los 
abades  de  Poblet  y  Santas  Creus,  acordóse  la  erección  ó  más  bien  restauración  de 
la  silla  episcopal  de  Mallorca,  dejando  la  elección  del  primer  prelado  al  arbitrio 
del  monarca  y  la  de  los  sucesivos  al  obispo  y  cabildo  de  Barcelona,  con  obliga- 
ción de  nombrarle  del  seno  de  aquella  iglesia  mientras  fuese  posible,  condición 
que  no  llegó  á  cumplirse  por  sobrado  exorbitante.  El  designado  por  el  rey  para  la 
nueva  mitra  en  1232  fué  Bernardo,  abad  de  San  Fclío  de  Guixols,  y  por  renuncia 
acaso  de  éste,  lo  fué  en  1235  el  paborde  de  Tarragona  Ferrcr  de  Sant-Martí,  más 
adelante  obispo  de  Valencia;  sin  embargo  cl  primero  que  en  propiedad  la  obtuvo 
en  1238  fué  don  Raimundo  de  Torrella,  de  quien  se  asegura  sin  bastante  funda- 
mento que  fué  religioso  dominico  y  hermano  de  Bernardo  de  Santa  Eugenia. 


ISLASBALEARES  121 

de  Santa  Eugenia,  repartió  sus  armas  y  caballos  á  los  más  ne- 
cesitados, y  reiteró  á  todos  la  promesa  de  volar  á  su  socorro 
cuando  se  temiese  que  venía  armada  contra  la  isla.  Y  pasando 
á  la  Palomera,  en  donde  le  esperaban  dos  galeras^  una  de  Ra- 
món Canet  y  otra  tarraconense,  embarcóse  en  la  primera  el  día 
de  los  santos  Simón  y  Judas,  y  de  aquel,  que  fué  primer  puerto 
cuando  su  venida  á  Mallorca,  hizo  vela  para  Cataluña,  adonde 
arribó  al  tercer  día. 

La  fama  de  su  expedición  le  valió  allí  un  continuado  triunfo 
en  todas  las  ciudades  y  villas:  y  bien  hacían  todas  en  recibirle 
en  procesión,  y  en  desplegar  para  honrarle  toda  la  pompa  que 
podían  las  municipalidades  y  el  clero;  la  grandeza  y  buen  suce- 
so de  la  conquista  disculpaban  toda  extraordinaria  manifestación 
de  contentamiento,  y  la  gran  parte  que  al  rey  le  había  cabido 
en  ella  justificaba  el  excesivo  respeto  de  sus  vasallos. 

Muerto  su  infeliz  padre  D.  Pedro  el  Católico  en  el  campo  de 
batalla;  necesitado  él,  niño,  á  valerse  de  la  protección  de  unos 
caballeros  religiosos  y  del  arzobispo  tarraconense  para  criarse 
como  á  su  rango  convenía;  heredero  de  un  reino  combatido  por 
los  odios  de  familia  y  por  la  ambición  de  sus  deudos,  que  á  su 
misma  persona  pusieron  en  peligro ;  insolentadas  muchas  villas 
contra  la  corona  al  amparo  de  los  bandos;  ociosas  y  desacredi- 
tadas las  armas  aragonesas,  excepto  en  los  daños  propios:  gran- 
de arrojo  fué  el  suyo  al  acometer  aquella  empresa,  para  la  cual 
no  le  convidaba  el  estado  de  sus  reinos,  y  que  parecía  carga 
harto  grave  para  las  fuerzas  de  un  rey  que  apenas  rayaba  en 
los  veinte  y  un  año.  Es  verdad  que  Cataluña,  particularmente 
Barcelona,  le  secundó  y  aun  excitó  de  una  manera  que  ha  for- 
mado época  en  sus  anales;  pero  mucha  parte  tuvo  D.  Jaime  en 
conciliar  los  ánimos  de  los  más  poderosos  magnates,  y  toda  en 
activar  los  preparativos  y  hacer  que  ni  se  entibiasen  ni  de  ellos 
se  levantase  mano:  cosa  no  bastantemente  alabada,  si  miramos 
las  dificultades  que  el  solo  transporte  de  máquinas,  caballos  y 

armas  entonces  traía.  ¿Quién  sino  él  entre  tantos  buenos  duran- 

16 


122  ISLASbALEARES 


te  la  travesía  alentó  á  los  decaídos,  aconsejó  á  los  experimenta- 
dos, y  conservó  valor  y  serenidad  cuando  todos  uno  y  otra  per- 
dían? Muertos  los  Moneadas,  sus  mejores  servidores  y  maestros, 
sobre  él  recayó  todo  el  peso  de  la  dirección,  y  sus  avisos  y 
consejos  se  siguieron  en  todas  las  operaciones,  en  un  sitio  largo, 
contra  una  plaza  de  las  más  fortalecidas  del  mundo,  con  tantos 
enemigos  y  tan  desesperados  en  su  defensa,  y  en  medio  de  los 
rigores  de  la  estación,  de  la  escasez  y  de  las  armas. 

Pues  cuanto  á  la  importancia  y  á  la  trascendencia  de  la  jor- 
nada, con  no  menos  razón  debían  alegrarse  los  de  Cataluña, 
aunque,  experimentándolas  en  parte,  sólo  podían  presentirlas. 
Si  los  armamentos  de  las  cruzadas  acumularon  en  las  ciudades 
marítimas  de  Italia  el  oro  de  la  Europa  y  acarrearon  el  aumento  de 
su  marina,  la  expedición  de  D.  Jaime  fué  el  principio  del  esplen- 
dor y  poderío  de  Barcelona,  de  aquella  marina  que  más  tarde  y 
muy  pronto  rivalizó  con  las  de  Italia.  Cuanto  con  ella  ganase  la 
construcción  naval,  cuanto  debiese  de  invertirse  en  la  fabricación 
de  armas,  en  vestidos  y  provisiones,  cuanto  movimiento  se  die- 
se al  comercio,  verálo  quien  tenga  en  cuenta  el  modo  de  gue- 
rrear de  aquellos  tiempos,  que  Barcelona  era  casi  la  única  plaza 
capaz  de  subvenir  á  los  abastos  y  aprestos,  y  que  con  llevar  la 
guerra  fuera  de  su  territorio  afianzaban  los  catalanes  en  él  la 
paz  y  la  seguridad  de  sus  relaciones  comerciales.  Por  esto,  dado 
el  impulso,  fué  creciendo  de  manera  el  poder  marítimo  de  Cata- 
luña, que  los  mismos  señores  de  Marruecos  buscaron  después  la 
amistad  de  D.  Jaime  y  de  los  sucesores  suyos,  y  en  vida  del  rey 
se  plantearon  casi  todas  las  instituciones  y  establecimientos,  que 
dieron  estabilidad,  regularidad  y  aseguración  al  comercio.  En 
resolución,  con  esa  empresa  cobraron  aliento  todos  los  subditos 
de  la  corona  aragonesa ;  y  reencendido  el  fuego  guerrero,  se 
preparó  aquella  serie  de  triunfos,  que  comenzó  con  la  toma  de 
Valencia  y  Murcia  y  siguió  luego  con  las  idas  al  África  y  con 
las  campañas  de  Italia,  en  donde  las  espadas  catalanas  y  arago- 
nesas abrieron  ancho  campo  á  las  glorias  españolas. 


ISLAS      BALEARES  I23 

Y  ya  que  con  estas  leves  consideraciones  fínalizamos  la  re- 
lación de  la  toma  de  Palma  (45),  désenos  que  las  presentemos  aún 
más  breves  sobre  la  desventurada  gente  que  la  perdía,  ó  mejor, 
sobre  su  dominación  en  la  isla. 

Aunque  animados  por  aquel  celo  religioso,  que  siempre  fué 
el  móvil  de  las  grandes  empresas ,  los  primeros  muzlimes  que  á 
España  pasaron  en  no  pocas  partes  admitieron  á  los  cristianos 
á  capitulación,  y  les  garantieron  el  libre  ejercicio  de  su  culto;  y 
los  que  en  Mallorca  desembarcaron  tan  benignamente  debieron 
de  haberse  con  sus  habitadores,  que  aun  muchos  años  después 
quedaba  en  la  isla  población  cristiana.  El  intrépido  y  sagaz 
Mudjehid  concedió  al  obispo  barcelonés  Gislaberto  que  fuesen 
de  su  diócesis  todas  las  iglesias  de  las  Baleares  y  de  Denia;  que 
ninguno  de  sus  vasallos  cristianos  recibiese  las  sagradas  órde- 
nes sino  del  obispo  de  Barcelona;  que  sólo  éste  pudiese  consa- 
grar el  crisma,  y  dedicar  los  templos;  y  en  1058  su  hijo  y  suce- 
sor Alí  confirmó  aquel  extraordinario  privilegio,  ilustre  prueba 
de  la  humanidad  de  aquellos  primitivos  conquistadores  (i). 
Cuanta  fuese  ésta,  claro  lo  dice  la  permanencia  de  cristianos  en 
la  isla,  aun  cuando  las  hostilidades  que  entre  los  moros  baleares 
y  los  españoles  reinaban  habían  de  ensañar  á  los  dueños  de  las 
islas  contra  los  correligionarios  de  los  que  tan  fieramente  les 
hacían  sentir  el  rigor  de  sus  espadas.  Pero,  sea  dicho  en  honor 


(a)  Respetando  el  constante  uso  que  hace  en  su  relato  Piferrer  del  moderno 
nombre  de  la  capital  de  Mallorca,  no  puedo  menos  de  consignar  una  vez  por  todas 
mi  disentimiento  en  emplearlo,  por  lo  que  suena  á  anacronismo  ,  siempre  que  se 
trata  de  tiempos  anteriores  á  la  época,  no  más  allá  del  siglo  pasado  ó  del  xvii,  en 
que  la  voz  de  Palma^  exhumada  por  los  eruditos,  comenzó  á  aplicarse,  con  fortuna 
rara  vez  obtenida  en  semejantes  casos,  á  la  ciudad  que  desde  los  siglos  más  re- 
motos nunca  había  llevado  otro  nombre  que  el  de  la  isla.  Sé  que  produce  dificul- 
tades esta  regla  asi  en  trabajos  históricos  como  en  obras  de  imaginación,  pero  la 
conceptúo  indispensable  para  conservar  la  propiedad  y  el  colorido. 

(i)  Este  documento  existe,  junto  con  el  acta  de  la  consagración  de  la  catedral, 
en  el  archivo  de  la  Santa  iglesia  de  Barcelona,  libro  i."  de  sus  antigüedades;  y 
como  el  Sr.  D.  Próspero  de  BofaruUya  lo  insertó  en  la  página  8i ,  tomo  2.°  de  sus 
Condes  Vindicados^  continuamos  aquella  esmerada  copia  en  el  núm.  3  i  del  Apén- 
dice, 


124  ISLAS      BALEARES 

de  la  verdad,  los  cristianos,  realizada  la  grande  expedición  de 
los  písanos  y  catalanes,  sin  duda  no  sé  atrevieron  á  probar  has- 
ta dónde  llegaría  la  tolerancia  de  los  moros,  sino  que  desampa- 
rarían la  isla  cuando  se  reembarcaron  las  tropas;  y  aunque  el 
papa  Alejandro  III,  en  bula  de  27  de  Mayo  de  1 169,  confirmó 
al  obispo  de  Barcelona  D.  Guillen  de  Torroja  entre  otras  cosas 
la  jurisdicción  en  las  dos  islas  de  Mallorca  y  Menorca,  más  que 
á  la  posesión  real  referíase  quizás  al  derecho  adquirido  por  la 
Iglesia  barcelonesa,  para  que  lo  hiciese  valer  cuando  la  total 
expulsión  de  los  sarracenos  de  las  Baleares:  empresa  á  que  ja- 
más renunciaron  los  sucesores  de  D.  Ramón  Berenguer  el 
Grande^  y  que  en  vida  de  D.  Guillen  de  Torroja  estuvo  á  punto 
de  llevar  á  cabo  el  rey  D.  Alfonso  el  Casto, 

Depuesta  la  fiereza  de  conquistadores,  y  aficionados  á  su 
patria  adoptiva,  diéronse  los  moros  al  cultivo  de  las  tierras,  y 
tal  vez  en  sus  manos  cobraron  las  de  Mallorca  un  valor  que 
nunca  tuvieron  con  las  pasadas  dominaciones.  Sólo  un  docu- 
mento queda  que  pueda  arrojar  alguna  luz  sobre  este  punto, — 
el  libro  del  Repartimiento;  y  pues  con  tanto  afán  los  vencedores 
cuidaron  de  hacerse  con  porciones  de  terreno,  mucho  debía  este 
de  valer,  y  ricamente  fecundado  se  presentaría  á  sus  ojos.  Las 
alquerías  y  rabales  (i)  salpicaban  aquellas  feraces  campiñas:  en 
el  reparto  de  cada  término  no  hay  demarcación  que  no  miente 
muchísimas  de  esas  casas  y  cortijos  desparramados  por  las  tie- 
rras; y  si  aquellas  haciendas  son  mejor  cultivadas  en  medio  de 


(i)    « de  los  cuales  queda  muy  en  uso  entre  nosotros  el  de  Rahal  ó  Raphal, 

que  según  la  propiedad  de  la  lengua  arábiga  es  decir  una  casa  ó  heredad  junto  á 
la  Ciudad  ó  Villa,  como  también  Alquería,  ó  Caria,  ó  Cayr¡a,del  vocablo  Alquehir, 
que  es  lo  mesmo  que  casa  de  fuera,  al  lugar  de  pocas  casas,  como  al  de  muchas 
Belcd.  De  aquí  es  que  muchas  poblaciones,  en  que  antes  no  había  más  de  unas  ca- 
serías ó  majadas,  retienen  el  nombre  de  Hahal,  Rafal,  ó  Rafalet,  de  los  cuales  tam- 
bién quedan  muchos  en  el  Reyno  de  Valencia.  Hase  conservado  entre  nosotros 
otra  dicción  arábiga  Beni,  la  cual  se  junta  con  los  vocablos  particulares  de  las  Al- 
querías, como  Beniatzar,  Bcnicalvel,  Beniforani,  etc.,  que  es  decir  Casa  de  Atzar, 
Calvel,  etc.»  Dameto,  Historia  general  del  reyno  baleárico,  libro  2,  página  273  de 
la  edición  antigua. 


ISL  ASBALEARES  Í2<y 

las  cuales  moran  sus  mismos  dueftos,  bien  de  tan  claro  indicio 
puede  colegirse  cómo  estarían  las  de  Mallorca.  Con  gran  dili- 
gencia aprovecharon  los  manantiales:  en  las  cercanías  de  la  ciu- 
dad, las  humildes  corrientes  de  Canet,  de  Xibar  (ahora  de  mes 
tre  Pere)  y  de  Alemir  (hoy  de  la  Villa)  hacían  andar  más  de 
sesenta  molinos,  y  en  varias  partes  de  la  isla  aun  los  labradores 
se  aprovechan  de  los  aljibes  que  cavó  la  industria  de  los  sarra- 
cenos. Marsilio  pondera  cuánto  se  maravillaron  los  del  ejército 
de  D.  Jaime  al  ver  metidas  en  sacos  las  uvas,  enteras  y  frescas; 
Desclot  refiere  cómo  al  aposentarse  delante  de  la  ciudad  des- 
cansó la  hueste  en  una  grande  huerta  del  walí,  refrescándose  y 
rehaciéndose  con  la  fruta  que  de  los  numerosos  árboles  les  brin- 
daba; en  la  segunda  salida  al  interior,  D.  Jaime  tomó  á  los  mo- 
ros de  las  montañas  de  Arta  gran  cantidad  de  trigo,  diez  mil 
cabezas  de  ganado  mayor  y  como  treinta  mil  de  menor;  y  cuan- 
do sus  embajadores  pasaron  á  Menorca,  como  veremos,  á  tratar 
de  la  rendición  de  aquella  isla,  los  sarracenos  menorquines  les 
regalaron  con  diez  bueyes,  cien  carneros  y  doscientas  gallinas, 
y  al  cerrar  el  tratado  prometieron  dar  al  rey  anualmente  tres 
mil  hanegas  de  trigo,  cien  cabezas  de  ganado  mayor  y  quinien- 
tas de  menor,  dos  quintales  de  manteca  y  doscientos  besantes 
para  los  gastos  del  transporte  de  todo  esto:  tributo  crecidísimo 
para  la  pobreza  y  esterilidad  de  aquella  isla,  el  cual  supone  en 
ella  esmerado  cultivo,  mayormente  si  se  atiende  á  que  los  me- 
norquines ya  lo  consideraron  arreglado  á  lo  que  daban  de  sí  sus 
posesiones. 

De  esta  fertilidad  naturalmente  debía  nacer  el  comercio:  y 
se  entenderá  cuánto  fuese  si  consideramos  que  era  Mallorca  es- 
cala de  las  embarcaciones  que  de  Levante  pasaban  al  África; 
que  la  codiciosa  Genova  procuró  con  todas  veras  ajustar  con 
sus  jeques  tratados  de  alianza;  que  ella,  los  pisanos  y  los  pro- 
venzales  tenían  sus  barrios  y  sus  lonjas  en  la  capital;  y  que  los 
mismos  sucesores  de  D.  Ramón  Berenguer  III  cuidaron  de  reno- 
var continuamente  las  treguas  con  aquellos  walíes  para  que  las 


126  ISLASBALEARES 

naves  catalanas  no  estuviesen  privadas  de  esa  concurrencia. 
Ningún  hecho  marca  tan  explícitamente  en  la  historia  el  estado 
que  allí  tuviesen  las  artes :  pero  en  las  calles  de  la  ciudad 
abríanse  numerosísimas  tiendas  y  obradores,  de  los  cuales  el 
rey  llevó  trescientos  veinte;  y  bien  que  muchas  de  aquellas  sir- 
vieren para  el  despacho  de  productos  agrícolas,  en  no  pocos  de 
estos  se  labraba  la  plata  y  se  perfeccionaba  la  joyería,  ejercicio 
en  que  sobresalieron  los  sarracenos,  se  batía  el  hierro,  y  ha  lu- 
gar á  suponer  que  los  telares  del  tejedor  ocupaban  los  restan- 
tes (i). 

Si  su  posición  hacía  á  propósito  la  isla  para  las  relaciones 
comerciales  y  temible  á  los  estados  que  en  estas  mayormente 
entendían,  su  poderío  le  valió  gran  papel  é  intervención  en  los 
acaecimientos  y  navegación  de  aquellos  mares.  A  poco  de  inva- 
didas las  Baleares  por  los  sarracenos,  Barcelopa  y  las  costas 
catalanas  tuvieron  que  llorar  su  mansión  en  ellas;  y  el  valiente 
Mudjehid  de  Mallorca  partió  á  llevar  á  Italia  la  guerra  y  la  deso- 
lación. Los  almorávides  tanto  acrecentaron  la  pujanza  mallor- 
quína, que  la  misma  altiva  y  fuerte  república  de  Genova  no  se 
desdeñó  de  cerrar  con  los  régulos  insulares  tratados  de  alianza: 
y  ¿qué  era  en  fin  aquel  reino,  que  cuando  los  postreros  Beni 
Ganyas  enviaba  al  África  una  escuadra,  con  sus  refuerzos  man- 


(i)    Véase  el  núm.  27  del  Apéndice. 

El  Sr.  D.  Joaquín  María  Bovcr  de  Hosselló,  que  con  grande  asiduidad  investiga 
las  noticias  y  antigüedades  más  curiosas  de  la  isla,  en  una  breve  memoria  titula- 
da Del  origen^  progreso  y  estado  actual  de  la  agricultura^  artes  y  comercio  de  la 
isla  de  Mallorca^  dice:  «Sabemos  también  que  tuvieron  (los  árabes)  fábricas  y  ma- 
nufacturas,  particularmente  de  jabón,  y  que  entonces  se  tejía  el  sendat,  el  vori^  el 
Peluxell^  el  robió  y  el  savastre,  telas  que  usaron  después  los  cristianos  para  sus 
vestidos  y  para  el  ornato  de  sus  casas.»  Nosotros,  al  paso  que  le  agradecemos  la 
noticia  y  como  buena  la  copiamos  aquí,  hemos  con  todo  de  indicar  que  es  bien 
sensible  se  olvidase  el  estimable  anticuario  de  apuntar  los  autores  de  donde  la 
tomó.  El  Sr.  Bover  y  el  Sr.  D.  Antonio  Furio,  que  con  no  menos  constancia  c  infa- 
tigabilidad  también  procura  ilustrar  todos  los  puntos  histórico-locales  de  Ma- 
llorca, son  autores  de  un  gran  número  de  hojas  sueltas,  disertaciones  y  memorias 
muy  curiosas  é  interesantes  para  el  buen  conocimiento  de  algunas  antigüedades 
de  la  isla;  y  el  segundo  está  dando  á  luz  el  Panorama  Balear,  en  que  se  nota  abun- 
dancia de  noticias  y  gran  minuciosidad  en  la  relación  de  Palma. 


ISLAS      BALEARES  12J 

tenía  la  guerra  que  Aly  ó  Yahya  ben  Yshak,  denominado  el 
Mayorki,  hacía  en  los  estados  ahora  berberiscos ,  y  motivaba  la 
venida  del  emir  de  los  Almohades  con  grande  ejército  á  tomar 
aquel  último  asilo  de  la  proscrita  dinastía  almoravide  ?  Pero  la 
tentativa  de  Yahya  fué  el  postrer  alarde  que  de  sus  fuerzas  hizo 
Mallorca:  los  almohades  ni  tuvieron  espacio  para  robustecerla, 
ni  se  lo  permitieron  las  sublevaciones  que  por  todas  partes  so- 
cavaron su  imperio. 


CAPITULO  111 


Pedro,  infante  de  Portugal,  señor  de  Mallorca. — Segundo  y  tercer  viaje 
del  rey  á  la  isla. — Rendición  de  Menorca. — Toma  de  Iblza. — Cambio  de 
Mallorca  por  posesiones  en  Valencia  y  Cataluña,  entre  D.  Pedro  y  el  rey. 
— Jurados  y  Consejo  auxiliar. — Cuarto  viaje  del  rey  á  Mallorca. — Su  tes- 
tamento, repartición  de  sus  reinos  entre  sus  dos  hijos  D.  Pedro  y  D.  Jai- 
me, y  sus  efectos. — D.  Jaime  II  y  demás  reyes  de  Mallorca,  hasta  la  incor- 
poración de  las  islas  á  la  corona  aragonesa. 


GUANDO,  antes  de  partirse  á  la  conquista  de  Mallorca,  hizo 
D.  Jaime  justicia  en  el  condado  de  Urgel,  que,  tomándolo  á 
su  ilegítimo  poseedor  D.  Ponce  de  Cabrera,  restituyó  á  doña 
Aurembiax,  agradecida  la  noble  condesa  celebró  con  el  monarca 
varios  tratados,  y  vino  á  declarársele  feudataria.  De  vuelta  de 
la  isla,  encontró  D.  Jaime  en  Cataluña  á  un  infante  de  Portugal, 
que  en  sentir  de  Zurita  andaba  desterrado  de  aquel  reino;  y 


»7 


130  ISLAS      BALEARES 

habiendo  ^1  rey  en  consideración  el  parentesco  que  con  el  infante 
D.  Pedro  le  unía,  pues  fué  madre  de  éste  D.*  Dulcía  hija  del 
conde  D.  Ramón  Berenguer  IV,  hízole  merced  de  algunas  tie- 
rras en  el  campo  de  Tarragona,  y  últimamente  le  desposó  con 
la  rica  condesa  de  Urgel,  La  política  en  esa  ocasión  debió  de  ser 
secundada  por  la  buena  voluntad;  porque  á  11  de  Agosto 
de  1 23 1  (i)  D.*  Aurembiax,  próxima  á  la  muerte,  instituyó ásu 
esposo  D.  Pedro  heredero  de  sus  estados,  con  facultad  de  dis- 
poner de  ellos  como  le  pluguiese. 

A  poco,  ya  porque  el  excesivo  acrecentamiento  del  infante 
en  Cataluña  le  pareciese  harto  inconveniente,  ya  porque  echase 
de  ver  el  carácter  descontentadizo  y  bullicioso  de  que  con  el 
tiempo  hizo  muestra  el  portugués,  ó  en  fin  porque  temiese  no 
se  concertara  con  D.  Ponce  de  Cabrera,  que  no  renunció  á  sus 
pretensiones  al  condado  ni  amaba  al  rey,  trató  éste  de  cambiar, 
con  D.  Pedro,  Urgel  por  Mallorca,  y  logrólo  con  tanta  mayor 
facilidad  cuanto  que  por  la  infeudación  hecha  por  la  difunta  con- 
desa á  la  corona  ya  era  señor  directo  de  aquel  estado.  Cerróse 
el  ajuste  en  Lérida  á  fines  de  Setiembre:  el  infante  recibió  en 
feudo  las  Baleares,  y  prestó  homenaje  al  rey,  que  se  reservó  la 
Almudayna  y  las  principales  fuerzas.  Mas  nótase  en  aquel  con- 
cambio cierto  misterio,  que  la  historia  no  ha  aclarado;  y  si  sola- 
mente es  dable  conjeturar  las  causas  que  pudieron  producirlo, 
la  conducta  que  muy  luego  observó  el  infante  mueve  á  sospe- 
char que  tal  vez  vino  en  él  á  más  no  poder. 

En  lo  más  áspero  de  las  montañas  de  la  isla  defendíanse  con 
gran  valor  las  reliquias  de  los  moros:  Menorca  intacta  aún,  y  la 
comunicación  con  ella  y  con  África  nada  difícil.  Era,  pues,  de 
temer  que  recibiesen  socorros  y  bajasen  al  llano  á  tomar  la 
ofensiva,  cuando  cundió  la  voz  de  que  en  Túnez  se  aprestaban 
grande  armada  y  ejército  para  echar  de  Mallorca  á  los  cristia- 
nos. Como  acontece  en  semejantes  ocasiones,  tanto  cuerpo  fué 


(i)    Archivo  de  la  Corona  de  Aragón,  pergaminos  de  D.  Jaime  I,  núm.  431. 


ISLASBALEARES  I3I 


cobrando  la  noticia,  que  se  llegó  á  suponer  navegaban  ya  los 
moros  en  demanda  de  Mallorca;  y  D.  Jaime,  dejada  toda  reser- 
va y  espera,  mandó  á  toda  prisa  armar  navios  y  reunir  como 
trescientos  caballeros,  señalando  el  plazo  de  su  reunión  de  allí 
á  tres  semanas,  y  el  punto  en  Salou.  En  vano  reiteró  mensajes 
al  infante,  que  ningún  apresto  hizo,  como  más  que  nadie  debie- 
ra: ya  desoyendo  las  amonestaciones  y  las  súplicas  del  arzobis- 
po de  Tarragona,  se  había  embarcado,  y  comenzaba  á  zarpar 
su  galera  á  media  noche;  y  sólo  entonces  acudió  D.  Pedro  con 
no  más  de  cuatro  caballeros  {a).  El  rey  con  claras  razones  hubo 
de  expresarle  su  disgusto,  y  de  cuan  poca  utilidad  consideraba 
su  venida.  Arribado  á  Sóller,  supo  D.  Jaime  de  unos  genoveses 
que  ninguna  embarcación  enemiga  se  había  avistado;  y  recibido 
por  los  de  la  ciudad  con  grandes  demostraciones  de  gratitud 
por  la  presteza  con  que  venía  en  su  auxilio,  ordenó  cuanto  con- 
cernía á  la  buena  defensa  de  las  costas,  y  aun  trazó  el  plan  de 
ataque  para  vencer  en  su  desembarcación  al  enemigo.  Quince 
días  estuvieron  las  atalayas  alerta,  y  pronta  la  gente  á  marchar 
al  punto  que  se  viese  amenazado ;  y  como  entonces  se  supo  con 
certeza  que  ningún  preparativo  para  semejante  jornada  se  había 
hecho  ni  se  hacía  en  Túnez,  movió  el  rey  contra  los  moros  de 
las  montañas  y  sus  tres  fuertes  castillos  de  Pollensa,  Santueri  y 
Alaró  {6).  Tenían  ellos  tres  mil  hombres  de  guerra,  y  ampara- 


(a)  El  segundo  viaje  del  rey  á  Mallorca  fue  antes  de  la  pascua  de  1231,  que 
cayó  en  23  de  Marzo,  pues  que  para  acudir  á  la  isla  faltó  D.  Jaime  á  la  cita  que 
para  dichas  fiestas  tenía  con  el  rey  de  Navarra  Sancho  VIH.  Duró  su  estancia  en  la 
isla  como  dos  meses  hasta  el  fin  de  la  primavera;  su  concesión  á  los  Dominicos 
para  fundar  dentro  de  la  A Imudaina  su  convento,  lleva  la  fecha  de  2  1  de  Mayo. 
Á  lasazón  empero  no  estaba  cerrado  todavía  con  D.  Pedro  de  Portugal,  primo  her- 
mano del  rey  D.  Jaime,  el  cambio  del  condado  de  Urgel  por  la  isla  de  Mallorca, 
que  fué  otorgado  en  29  de  Setiembre,  ni  había  muerto  siquiera  la  condesa  Aurem- 
biax,  que  por  su  testamento  de  i  i  de  Agosto  legó  al  infante  su  marido  dicho  con- 
dado; datos  harto  difíciles  de  conciliar  con  la  obligación  contraída  ya  por  D.  Pe- 
dro, aunque  tan  flojamente  cumplida,  de  atender  á  la  defensa  de  Mallorca  en  razón 
de  su  señorío. 

(¿7)  Existían  según  esto  en  tiempo  de  los  sarracenos  los  tres  castillos,  bien  que 
no  todas  las  construcciones  que  en  sus  restos  observamos;  y  el  de  Pollensa  por 


132  ISLAS      BALEARES 


dos  de  la  aspereza  del  país  podían  disputar  á  los  cristianos  su 
vencimiento :  pero  su  jefe,  que  la  crónica  real  apellida  Xuarp, 
entabló  tratos  de  rendición,  pidiendo  que  á  él  y  á  otros  cuatro 
de  su  casa  se  les  heredase  y  diesen  caballos  y  armas,  que  los 
restantes  sarracenos  poblasen  seguros  en  la  tierra,  y  de  los  que 
no  quisiesen  ser  en  el  trato  dispusiese  el  rey  como  le  agrada- 
se (a).  Aceptólo  D.  Jaime;  y  cierto  ya  de  que  ninguna  armada 


su  inmediación  á  la  colonia  romana,  y  el  de  Santueri  por  su  etimología  de  Sancii 
Iberii  ú  otra  semejante,  parecen  aún  muy  anteriores  á  la  invasión  de  aquellos.  El 
conde  Ñuño  antes  ya  de  la  conquista  tenía  sobre  el  último  ciertos  derechos,  que 
reservó  al  firmar  la  concordia  de  28  de  Agosto  de  i  229  con  estas  palabras:  salvo 
jure  meo  de  Santuerio;  derechos  que  tal  vez  adquiriría  alguno  de  sus  antepasados 
en  la  expedición  de  los  písanos  ó  en  otra  tentativa,  tal  vez  se  los  habría  conferido 
la  anticipada  donación  del  monarca,  que  distribuía  lo  que  aún  estaba  por  ganar, 
como  se  ve  en  numerosos  ejemplos:  lo  cierto  es  que  en  la  escritura  de  cambio 
entre  el  rey  y  el  infante  de  Portugal  no  se  menciona  dicho  castillo.  Que  Xuaip  ocu- 
para los  de  Alaró  y  Pollensa  no  ofrece  gran  dificultad,  estando  situados  ambos  en 
la  gran  cordillera  de  montañas,  á  pesar  de  la  prolongada  línea  que  los  separa,  y 
del  influjo  y  esfuerzo  de  Bcnabet  que  había  sometido  al  rey  el  distrito  donde  se 
hallaba  enclavado  el  segundo*,  pero  lo  que  parece  singular  es  que  sus  gentes,  en 
el  ángulo  opuesto  de  la  isla,  mantuvieran  año  y  medio  el  de  Santueri,  privado  de 
comunicación  con  los  demás  por  el  espacioso  llano  que  aisla  los  no  muy  ásperos 
cerros  de  Felanig. 

{a)  El  espíritu  de  este  convenio  es  que  Xuaip  y  sus  parientes  fueran  manteni- 
dos en  el  honor  de  caballeros  y  les  fuese  permitida  la  residencia  en  esta  isla,  bien 
que  al  parecer  no  usaron  de  semejante  facultad.  Al  comprometerse  por  los  demás 
debió  existir  en  él  autoridad  ó  título  bastante,  según  asimismo  demuestra  la  en- 
trega de  los  castillos:  los  que  indóciles  á  su  voz  persistieron  en  la  rebeldía,  como 
abandonados  ya  de  señor  y  jefe,  se  guarecieron  más  adentro  en  ásperas  y  casi  in- 
cultas breñas,  sin  atreverse  ya  á  desampararlas  por  temor  á  la  guarnición  de  las 
fortalezas.  Ni  en  el  nombre,  ni  en  las  circunstancias,  ni  en  la  suerte  que  tuvo,  con- 
viene dicho  Xuaip,  ó  Joaib,  como  debe  leerse  en  arábigo,  con  el  Ibn  Sheyrí,  tío  ma- 
terno del  walí  y  caudillo  de  los  descontentos,  mencionado  en  la  nota  a  de  la  pág.  8^ 
y  la  a  de  la  i  i  a,  de  quien  sigue  diciendo  Al-makzumí:  «Refugióse  á  la  región  mon- 
tuosa de  la  isla,  donde  había  muchos  puntos  admirablemente  fortificados  por 
la  naturaleza,  y  habiendo  reunido  al  rededor  suyo  una  fuerza  de  hombres  (quince 
mil  personas  pone  la  crónica  real,  contando  mujeres  y  niños,  y  sólo  tres  mil  com- 
batientes), se  defendió  bravamente  por  algún  tiempo,  hasta  que  fué  muerto  en 
viernes  10  de  Rabié-segundo  del  año  628  (i  4  Febrero  del  123  i  de  C):  este  Ibn 
Sheyrí  descendía  de  los  hijos  de  Jubalah  Ibn  Al-ahyam  Al-ghossaní.  Las  restantes 
fortalezas  de  la  isla  lueron  tomadas  por  los  cristianos  hacia  fines  de  Rejeb  (fin  de 
Mayo)  y  por  el  mes  de  Shaban  (Junio);  todos  los  que  lograron  escaparse  pasaron  á 
los  dominios  del  Islam.»  No  se  habla  aquí  de  convenio,  sino  de  tomn:  la  fecha  de 
la  rendición  de  íes  castillos  coincide  con  la  de  nuestra  historia;  pero  la  de  la  muer- 
te de  Ibn  Sheyrí,  exactísima  en  cuanto  á  la  correspondencia  de  año  y  mes  y  día  de 
la  semana,  es  anterior  en  más  de  un  mes  á  la  segunda  venida  del  monarca. 


ISLAS    Baleares  •  133 

venía  de  África,  dejó  el  mando  de  la  hueste  al  de  Santa  Eugenia 
y  á  D.  Pedro  Maza,  y  se  fué  la  vuelta  de  Cataluña. 

Dos  mil  sarracenos  no  quisieron  aprovecharse  de  la  capitu- 
lación de  Xuarp;  antes  con  fiera  obstinación  se  dejaron  cercar 
por  los  cristianos  en  los  riscos,  rechazaron  todos  los  ataques,  y 
únicamente  después  de  sufrir  los  horrores  del  invierno  y  del 
hambre  consintieron  en  entregarse,  pero  á  nadie  sino  al  mismo 
rey.  Era  el  mes  de  Mayo  de  1232,  y  los  dos  caudillos  cristianos 
partiéronse  á  Barcelona  con  la  nueva,  y  persuadieron  á  D.Jaime 
á  que  de  nuevo  se  embarcase  para  la  isla  {a).  El  tercer  día  de 
haber  dado  la  vela,  por  la  mañana  entraron  sus  tres  galeras  en 
Portopí,  y  empavesadas  y  al  son  de  trompetas  fueron  bogando 
hacia  la  playa  de  la  ciudad,  en  donde  ya  toda  la  población  es- 
peraba. Hecha  la  entrega  de  los  moros,  Ramón  de  Serra,  co- 
mendador del  Temple,  propuso  al  rey  que  con  las  tres  galeras 
enviase  á  Menorca  quienes  intimasen  la  rendición  á  los  isleños; 
y  D.  Jaime  lo  consultó  con  el  de  Santa  Eugenia,  D.  Assalit  de 
Gudal  y  D.  Pedro  de  Maza,  que  todos  lo  tuvieron  por  cosa  loa- 
ble y  provechosa,  como  pensaban  valerse  del  espanto  que  á  los 
menorquines  infundiría  la  noticia  del  arribo  de  D.  Jaime  con  un 
supuesto  ejército  á  punto.  Extendió,  pues,  la  carta  en  árabe  el 
judío  zaragozano  D.  Salomón,  hermano  del  D.  Bachiel  ó  Bahiel 
que  sirvió  de  intérprete  cuando  el  pasado  sitio,  y  se  embarcaron 


(a>  No  es  menos  notable  el  fiero  orgullo  de  los  refugiados  sarracenos  que,  re- 
ducidos al  extremo  apuro,  no  querían  rendirse  sino  al  mismo  rey  en  persona,  á 
quien  por  dos  veces  habían  rehusado  someterse,  que  la  diligente  y  bondadosa  so- 
licitud del  conquistador  en  pasar  nuevamente  el  mar  para  recibir  el  homenaje  de 
aquellas  hordas  montañesas  y  pacificar  completamente  la  isla.  «Á  los  pocos  días 
de  su  llegada  obtuvo  el  rey  cumplidamente  su  intento,  dice  Marsilio;  y  de  los  mo- 
ros, algunos  dejó  para  poblar  la  tierra  aunque  en  calidad  de  cautivos  del  sobera- 
no, dispersó  á  otros  poniéndolos  en  pública  venta,  los  otros  los  cedió  su  real  mu- 
nificencia á*Ios  que  habían  ganado  su  aprecio  por  servicios  ó  hechos  de  armas.» 
Estos  y  los  que  anteriormente  se  habían  sometido,  son  los  cautivos  que  se  bauti- 
zaron y  cuya  descendencia  se  conservó  más  de  un  siglo,  emancipándose  lenta- 
mente y  fundiéndose  sus  restos  con  las  clases  ínfimas  del  pueblo;  pues  los  escla- 
vos que  en  el  siglo  xiv  tanto  se  empleaban  en  el  cultivo  y  en  toda  clase  de  oficios 
mecánicos,  eran  en  su  mayor  parte  advenedizos. 


131  '  ISLASBAI.  EARES 


él,  D.  Berenguer,  D.  Assalit  y  el  comendador;  mientras  el  rey, 
según  lo  convenido,  se  disponía  para  marchar  al  cabo  de  Pera, 
á  esperar  el  resultado  de  la  embajada  y  cooperar  á  que  fuese  el 
mejor  para  sus  cosas.  Arribados  el  día  siguiente  á  Ciutadella, 
con  sinceras  muestras  de  amistad  suplicáronles  el  alcaide  y  su 
hermano,  que  la  crónica  llama  el  almojerife,  que  saliesen  á  tie- 
rra, como  lo  hicjeron ;  y  acomodados  en  los  divanes  y  alfombras 
que  los  atentos  menorquines  en  la  playa  misma  habían  apareja- 
do, leyóse  la  carta  del  rey  en  medio  del  silencio  más  profundo. 
Contestaron  los  moros  que  lo  pensarían,  para  lo  cual  pidieron 
un  día  de  plazo.  Convidó  el  alcaide  á  los  embajadores  á  que 
entrasen  en  la  villa;  y  como  ellos  se  excusasen,  no  insistió  el 
sarraceno,  sino  que  á  fuer  de  cortés  á  breve  rato  les  envió  diez 
vacas,  cien  carneros  y  doscientas  gallinas,  y  pan  y  vino  cuanto 
hubieron  menester  las  tripulaciones.  Llegó  la  noche,  y  de  re- 
pente rompió  la  obscuridad  el  resplandor  de  grandes  hogueras, 
que  en  el  cabo  de  Pera  de  la  vecina  isla  de  Mallorca  se  encen- 
dían. Extrañándolo  los  menorquines,  despacharon  á  las  galeras 
dos  de  sus  ancianos  que  preguntasen  á  los  embajadores  si  sa- 
bían de  aquellos  fuegos:  á  lo  cual  les  fué  respondido  que  el  rey 
acampaba  en  el  cabo  con  sus  tropas  y  esperaba  impaciente  su 
resolución.  Espantáronse,  porque  los  fuegos  confirmaban  loque 
de  la  venida  de  un  ejército  decía  la  carta :  no  les  quedaba  sino 
escoger  entre  la  rendición  y  la  guerra;  y  la  suerte  desgraciada 
que  en  el  asalto  tuvieron  sus  hermanos  de  Mallorca,  les  hizo 
apresurar  su  deliberación.  Aí  día  siguiente,  después  del  primer 
rezo,   salieron  de  la  villa  el  alcaide  (a),  el  almojarife,  el  consejo 


(a)  Era  cl  alcaide  de  Menorca  Said-bcn-Alhakcm  Abu  Otmán  el  Koraisí,  nom- 
bre que  Pifcrrcr  por  equivocación,  como  hemos  visto  en  la  nota  a,  página  87, 
atribuye  al  walí  de  Mallorca.  De  noble,  recto  y  sabio  le  califican  las  historias 
arábigas  ,  y  como  á  gran  protector  de  las  letras  se  le  dedicaban  celebradas 
obras;  era  natural  de  Tavira  de  Algarbe.  «Abu  Otmán,  que  debía  al  amir  Abu 
Yahya  su  empico,  hizo  paces  con  el  enemigo  y  se  obligó  á  pagarle  un  tributo 
anual  con  tal  que  no  desembarcasen  en  la  isla  los  cristianos:  ratificóse  el  tratado, 
y  quedó  dueño  de  Menorca,  gobernando  con  gran  moderación  y  prudencia.»  Con- 


ISLAS      BALEARES  13$ 

y  trescientos  de  los  principales.  Comenzaron  por  pintar  la  po- 
breza de  la  isla,  reconocieron  por  su  señor  al  rey  y  á  sus  suce- 
sores, y  diciendo  que  lo  poco  que  la  tierra  les  daba  lo  partirían 
con  él,  prometieron  aprontarle  cada  año  tres  mil  cuarteras  de 
trigo,  cien  cabezas  de  ganado  mayor  y  quinientas  de  menor:  á 
lo  cual  los  embajadores  lograron  que  se  añadiese  la  entrega  de 
la  plaza  y  demás  fuerzas  siempre  que  el  rey  la  pidiese.  Exten- 
dióse el  acta  del  convenio,  en  que  D.  Assalit  hizo  aumentar  el 
tributo  con  dos  quintales  de  manteca  y  doscientos  besantes  para 
el  transporte  del  ganado ;  y  todos  los  moros  principales  la  fue- 
ron jurando  sobre  el  Alcorán  aquel  día  y  el  siguiente,  en  que  las 
tres  galeras  pasaron  al  cabo  de  Pera. 

Allí  estaba  D.  Jaime  con  solos  seis  caballeros,  cinco  escude- 
ros, diez  de  su  servidumbre  y  los  troteros,  corto  ejército  en  ver- 
dad de  que  él  mismo  se  chancea  en  sus  comentarios:  mas,  ape- 
lando á  la  industria,  y  quizas  ya  convenido  con  los  embajadores, 
al  anochecer  del  día  que  llegó  hizo  pegar  fuego  en  más  de  tres- 
cientos parajes  á  los  matorrales,  y  continuó  encendiendo  hogue- 
ras, á  gui^  de  vasto  campamento,  las  dos  otras  noches  que  tar- 
daron en  volver  las  galeras.  Al  fin  vinieron  los  enviados  de  los 
menorquines,  y  ratificado  el  concierto,  prestaron  homenaje  al 
rey;  el  cual,  ya  acabada  la  conquista,  regresó  al  continente. 


de,  que  confunde  la  rendición  de  una  y  otra  isla,  citando  una  fecha  (martes  14  de 
Safar  de  629.  correspondiente  al  10  de  Diciembre  de  1230  que  á  ninguna  de  las 
dos  es  aplicable,  nombra  cuatro  jeques  menorquines  sahibs  ó  prefectos  de  los  res- 
pectivos distritos  de  Hasn-al-fuda  (Torre-llejuda),  Benisaida,  Benifabín  y  Alcayor 
(Alayor},los  cuales  otorgaron  su  vasallaje:  en  Ciudadela,  población  principal, 
cuyo  nombre  arábigo  ignoramos,  residían  el  alcaide  ó  gobernador  y  demás  auto- 
ridades de  la  isla.  Quedó  por  walí  de  ella  Abu  Otmán  á  petición  de  los  muslimes, 
según  Conde,  «hasta  que  se  levantó  contra  él  por  envidia  el  cadí  Abu  Abdala 
Muhamad-ben-Ahmed-ben-Hixem,  y  sus  desavenencias  fueron  causa  de  que  los 
cristianos  les  visitasen  otra  vez  y  agravasen  su  yugo.»  Nada,  sin  embargo,  se  sabe 
de  nuevas  expediciones  á  Menorca,  hasta  que  la  conquistó  en  1287  Alfonso  III, 
sino  que  al  expresado  alcalde  sustituyó  luego  Jaime  I  con  el  almojarife  natural  de 
Sevilla,  de  que  habla  el  texto;  y  con  el  título  de  almojarifes  continuaron  los  go- 
bernadores sarracenos,  quizá  porque  las  funciones  de  administrador  de  rentas 
reales  eran  las  únicas  qué  se  dejaban  al  jefe  de  Menorca,  una  vez  reconocido  el 
señorío  del  conquistador  y  entregados  á  él  los  castillos. 


136  ISLAS      BALEARES 

Dos  años  después  el  sacrista  de  Gerona  Guillelmode  Mont 
grí  electo  arzobispo  tarraconense,  D.  Berenguer  de  Santa  Eu- 
genia,  el  infante  de  Portugal  y  D.  Ñuño  fueron  sobre  Ibiza:  si- 
tiaron la  ciudad  que  tenía  tres  recintos  fortificados  y  con  poca 
batería,  prefiriendo  probar  los  trances  del  asalto,  entráronla, 
subiendo  el  primero  el  adalid  leridano  Juan  Rico  (a). 

Si  en  la  segunda  ida  del  rey  á  Mallorca  el  infante  de  Portu- 
gal anduvo  sobrado  remiso  en  acudir  á  la  defensa  de  su  nuevo 
dominio,  no  parece  lo  tuvo  jamás  en  grande  estimación,  ya  que 
á  pocos  años,  en  1244,  lo  trocó  con  D.Jaime  por  pingües  here- 
damientos en  el  continente,  entre  los  cuales  contábanse  las  villas 
y  castillos  de  Morella,  Segorbc,  Murviedro,  Castellón  y  Alme- 
nara (¿).  Tal  vez  hubo  el  rey  de  proponerle  ese  cambio,  movido 
de  la  flojedad  y  descuido  con  que  diz  gobernaba  el  infante  la 
isla;  tal  vez  la  ambición  del  portugués  no  se  satisfacía  con  un 
estado  que  le  apartaba  de  todo  influjo  y  participación  de  los  ne- 
gocios cortesanos:  ello  es  que  D.  Pedro  pagó  con  desagradeci- 
miento el  hospedaje  y  largueza  del  monarca,  y  dio  muestra  no 
escasa  de  su  ánimo  descontentadizo  y  turbulento.  Apenas  hecho 
el  trueque,  aprovechándose  del  descontento  producido  por  la 


(a)  Juan  Xico  se  Ice  en  la  crónica  de  Marsilio  y  en  algún  códice  de  la  real.  La 
conquista  de  Ibiza,  como  observó  ya  Zurita,  no  tuvo  lugar  hasta  123$,  entrada  ya 
la  primavera;  pero  la  propuesta  de  ganarla,  que  presentaron  al  rey  el  sacrista  de 
Gerona  y  sus  compañeros,  pudo  ser  el  año  precedente  ó  tal  vezantes,  pues  la  per- 
manencia del  monarca  en  Alcañiz,  mentada  por  las  crónicas,  fué  en  el  invierno  de 
1232.  La  cesión  de  la  isla  llevaba  por  condición  que  dentro  de  diez  meses  fuese 
conquistada;  y  esta  idea  se  hallaba  tan  fíja  en  el  ánimo  de  Jaime  I,  que  en  cierta 
franquicia,  concedida  en  22  de  Marzo  de  1232a  los  habitantes  de  Mallorca,  com> 
prende  ya  á  los  de  Menorca  é  Ibiza,  es  decir,  á  los  que  por  tiempo  fueren,  siendo 
empero  de  notar  que  Ibiza  no  se  halla  nombrada  en  la  cesión  de  las  islas  al  infan- 
te de  Portugal.  Así  el  feudo  de  Ibiza,  juntamente  con  el  señorío  espiritual,  quedó 
por  la  silla  arzobispal  de  Tarragona,  según  lo  convenido  con  Montgri,  salvo  el  do- 
minio supremo  del  monarca;  y  sus  tierras  se  dividieron  por  terceras  partes  entre 
el  infante,  el  conde  D.  Ñuño  y  los  primeros  promovedores  de  la  conquista. 

(/?)  En  dicho  año  á  3  de  Junio,  hallándose  en  Alcira,  absolvió  el  infante  del 
juramento  de  fídelidad  á  los  habitantes  de  la  isla,  cuyo  dominio  renunciaba.  Había 
estado  en  ella  en  Mayo  de  1237,  levantando  una  contribución  por  medio  de  pro- 
hombres. 


ISLAS      BALEARES  I37 

primera  repartición  que  de  sus  estados  hizo  entre  sus  hijos  don 
Jaime  para  después  de  su  muerte,  arrimóse  al  bando  del  primo- 
génito D.  Alonso,  y  con  grande  escándalo  fué  quien  principal- 
mente empuñó  las  armas  á  favor  del  hijo  contra  el  padre.  Con 
la  publicación  de  otra  disposición  testamentaria,  dada  en  Valen- 
cia á  19  de  Enero  de  1248,  en  que  al  primogénito  se  le  dejaba 
sólo  el  reino  de  Aragón,  y  éste  mermado  del  condado  de  Riba- 
gorza,  atizóse  el  fuego  de  la  discordia  de  manera,  que  pública- 
mente D.  Alfonso  y  el  de  Portugal  con  los  ricos  hombres  de  su 
bando  se  favorecieron  del  rey  de  Castilla,  y  con  grandes  compa- 
ñías de  guerra  anduvieron  conmoviendo  y  llamando  á  la  sedición 
las  ciudades  y  villas  del  reino.  El  infante  D.  Pedro  descubierta- 
mente se  apartó  de  la  obediencia  que  al  rey  debía:  no  quiso  re- 
cibir en  sus  castillos  gente  de  D.  Jaime,  á  lo  cual  por  feudo  era 
obligado,  antes  los  entregó  al  rebelde  príncipe;  y  de  ellos  salía 
con  moros  y  cristianos  á  guerrear  contra  los  que  se  mantenían 
leales.  Aunque,  quizás  instigado  por  su  segunda  esposa  D.^  Vio- 
lante de  Hungría,  siempre  manifestó  el  rey  que  amaba  poco  á 
su  primogénito,  nacido  de  su  primera  mujer  D.*  Leonor  de  Cas- 
tilla, en  aquella  ocasión  usó  de  mucha  mesura,  y  procuró  zanjar 
por  medio  de  los  tratos  las  desavenencias.  Alcanzó,  pues,  que 
las  cortes  generales  por  Febrero  de  1250  (a)  nombrasen  jueces 
que  entendiesen  en  aquel  arreglo,  y  enviasen  á  Sevilla,  donde  á 
la  sazón  estaba  el  príncipe  con  el  portugués,  embajada  que  lo 
pusiese  en  su  noticia  y  les  invitase  á  que,  depuestas  las  armas, 
fiasen  el  negocio  á  las  vías  pacíficas  de  la  justicia  y  á  la  pruden- 
cia é  integridad  de  las  mismas  cortes.  Vinieron  en  ello  ambos 
infantes;  y  alborozado  D.  Jaime,  concedió  salvo  conducto  á  cuan- 
tos quisieron  regresar  á  sus  estados,  y  devolvió  al  de  Portugal 


(a)  Tuviéronse  en  Alcañiz  dichas  cortes,  en  cuya  sazón  y  no  en  1256,  según 
fecha  que  puede  sospecharse  equivocada  repetidas  veces,  opino  fueron  añadidos 
dos  capítulos  á  la  carta-puebla  de  i ."  de  Marzo  de  1230,  con  motivo  de  ser  jurado 
heredero  de  Mallorca  el  infante  D.  Jaime,  como  de  Cataluña  su  hermano  mayor 
D.  Pedro,  que  en  calidad  de  tal  confirmó  el  documento. 
18 


138  ISLASBALEARES 

SUS  posesiones  del  campo  de  Tarragona,  de  Ibiza  y  demás,  me- 
nos las  cinco  villas  y  fortalezas  de  Valencia  arriba  nombradas, 
de  las  cuales  había  hecho  armas  contra  él  y  sus  vasallos  fíeles, 
y  que  se  depositaron  en  poder  de  los  jueces  hasta  la  concordia. 
Éstos  fallaron  en  suma  que  D.  Alfonso  volviese  á  la  obediencia 
del  rey,  quien  le  daría  la  gobernación  de  Aragón  y  Valencia ;  y 
el  príncipe,  á  23  de  Setiembre  de  1253,  hubo  de  aprobaren 
Barcelona  la  disposición  testamentaria  susodicha,  que  le  privaba 
de  la  porción  más  rica  de  la  herencia.  En  esto,  mientras  al  rey 
le  traían  ocupado  las  cosas  de  Navarra,  levantáronse  sus  vasa- 
llos moros  del  reino  de  Valencia ;  y  acudiendo  él,  propuso  se  les 
echase  de  la  tierra  y  se  poblase  toda  de  cristianos,  mandando 
pregonar  que  con  sus  haberes  saliesen  todos  de  aquel  reino  den- 
tro de  un  mes.  Causó  esto  grande  alteración,  porque  muchos 
ricos  hombres,  heredados  allí  cuando  la  conquista,  perdían  su 
renta  con  los  que  cultivaban  sus  haciendas;  pero  los  más  de 
ellos,  las  ciudades  y  villas,  y  el  brazo  eclesiástico  aprobaron 
aquella  medida  que  afianzaba  la  seguridad  y  bien  común.  No  ce- 
dió por  esto  el  infante  de  Portugal,  que  fué  quien  más  se  había 
opuesto  á  ella:  facilitó  armas  y  alentó  con  su  protección  á  sus 
subditos  moros,  que  precisamente  eran  los  más  belicosos;  y  fué 
menester  que  la  reina  D.*  Violante,  á  la  cual  se  encomendó  el 
arreglo  del  negocio,  le  prometiese  cumplida  indemnización  de 
los  daños  que  padeciese,  y  por  de  pronto  una  gruesa  suma  de 
dinero  (a).  Por  fín,  anciano,  sin  esperanza  devolver  á  su  patria, 
y  habiéndose  concitado  con  sus  manejos  é  inquieto  proceder  el 


(a)  Fuéle  devuelto  entonces  el  dominio  de  Mallorca;  pues  en  14  de  Octubre 
de  1  3 <)  5,  dentro  de  la  iglesia  de  Santa  Eulalia  en  presencia  del  pueblo,  confirmó 
sus  donaciones  á  los  jurados;  pero  no  lo  conservó  esta  segunda  vez  largo  tiempo, 
pues  en  1 1  de  Marzo  y  en  2  i  de  Agosto  de  i  2  $6,  en  la  misma  iglesia  reiteró  igual 
ceromonia  el  infante  D.  Jaime  reintegrado  en  sus  derechos.  No  está  averiguado 
que  sea  este  D.  Pedro  el  infante  de  Portugal,  cuyo  cadáver,  sepultado  en  la  sacris- 
tía de  San  Francisco  de  la  ciudad,  fue,  según  tradición,  consumido  en  el  siglo  xiv 
por  las  llamas  de  un  incendio,  que  respetaron  los  contiguos  restos  del  bienaven- 
turado Ramón  Lull. 


ISLASBALEARES  1 39 


aborrecimiento  en  la  tierra  que  le  hospedaba,  es  fama  que  par- 
tió á  visitar  los  Lugares  Santos,  y  vino  á  morir  á  Mallorca. 

Cinco  años  después  de  su  mando  en  la  isla,  á  7  de  Julio 
de  1 249,  había  D.  Jaime  instituido  en  ella  el  gobierno  municipal 
con  decreto  dado  en  Valencia :  concedió  á  los  mallorquines  que 
eligiesen  seis  jurados  vecinos  de  aquel  reino ;  que  éstos  rigiesen 
toda  la  isla  y  nombrasen  un  consejo  auxiliar,  compuesto  de 
cuantos  individuos  tuviesen  por  conveniente ;  y  que  cada  año  por 
Navidad,  delante  y  con  aprobación  del  general  consejo  y  del 
baile,  los  seis  cesantes  escogiesen  otros  tantos  que  les  reempla- 
zasen. 

La  muerte  del  primogénito  de  Aragón,  acaecida  por  el  año 
de  1260,  al  parecer  puso  fin  á  las  disensiones  de  familia,  y  mo- 
tivó otra  disposición  testamentaria  del  rey,  que  señaló  para  su 
hijo  D.  Pedro  Aragón  y  Cataluña,  y  Valencia,  las  Baleares  y  el 
Rosellón  para  D.  Jaime.  Mas,  como  si  el  cielo  quisiese  castigar 
el  aborrecimiento  en  que  habían  tenido  al  difunto  D.  Alonso, 
sus  hermanos  D.  Pedro  y  D.  Jaime  anduvieron  desde  entonces 
apartados:  la  voz  del  interés  y  el  temor  de  ser  perjudicados  en 
lo  que  cada  uno  esperaba  heredar,  pudieron  más  que  los  senti- 
mientos y  la  fuerza  de  la  sangre.  El  mayor,  D.  Pedro,  ya  enton- 
ces sacó  á  plaza  aquel  su  carácter  ambicioso,  constante,  previsor 
y  reservado,  que  después  felizmente  aplicó  á  grandes  acciones; 
y  á  15  de  Octubre  del  mismo  año  1260,  ante  personas  muy  au- 
torizadas, ocultamente  protestó  en  Barcelona  contra  cualquier 
promesa  que  en  público  hiciese  de  cumplir  lo  que  con  daño  suyo 
su  padre  dispusiese  en  testamento,  expresando  que  toda  conce- 
sión ó  ratificación  suya  debía  mirarse  como  arrancada  por  temor 
á  su  padre. 

Iba  creciendo,  la  discordia,  y  el  monarca,  para  atajarla,  á 
21  de  Agosto  de  1262  nombró  en  Barcelona  al  iníante  D.  Pe- 
dro heredero  de  los  reinos  de  Aragón  y  Valencia  y  del  con- 
dado de  Cataluña,  y  á  D.  Jaime  de  Mallorca,  Menorca  y  por- 
ción que  en  Ibiza  competía  á  la  corona,  baronía  de  Montpeller 


I_(0  ISLAS      H  ALEARES 


y  Vallespir,  y  condados  de  Rosellón,  Cerdaña,  Conflent  y  Co- 
Uiure  {a). 

Pocos  años  después,  á  fines  de  Julio  de  1 269  hizo  D.  Jaime 
su  último  viaje  á  Mallorca,  y  ésta  á  él  su  postrer  servicio.  Re- 
suelto á  poner  en  efecto  la  expedición  á  la  Tierra  Santa,  quiso 
recoger  cuantas  naves  se  hallasen  en  las  Baleares  {6) ;  y  con 
tanto  amor  le  recibieron  los  isleños,  que  le  ofrecieron  en  donati- 
vo cincuenta  mil  sueldos  y  tres  buques,  y  el  almojarife  de  Me- 
norca le  aprontó  mil  cabezas  de  ganado  mayor.  Pero  la  violen- 
cia de  los  elementos  frustró  aquella  jornada;  y  vuelto  á  sus 
estados,  á  26  de  Agosto  de  1272  otorgó  en  Montpeller  su  últi- 
mo testamento,  en  que  ratificaba  la  anterior  repartición  de  la 
herencia  (i).  Postrado  por  1 276  en  el  lecho  de  muerte,  ya  se  le 
representó  el  poco  ó  casi  ningún  amor  que  entre  sus  hijos  rei- 
naba; pero,  pudiendo  más  con  él  el  cariño  de  padre  que  la  con- 
veniencia de  sus  tierras,  no  revocó  ni  alteró  su  anterior  disposi- 
ción, antes  con  graves  palabras  encargó  al  primogénito  que 
amase  y. honrase  á  su  hermano,  hubiese  en  cuenta  que  él  era  el 
mejor  heredado,  y  se  contentase  con  aquella  parte  principal  que 
le  dejaba  de  sus  reinos :  palabras  dolorosas  que  vaticinaban  la 
discordia  venidera. 

D.  Pedro  e¿  Grande  no  las  retuvo  mucho  tiempo  en  su  me- 
moria ni  en  su  corazón,  ya  que  públicamente  comenzó  á  preten- 
der que  las  donaciones  hechas  por  su  difunto  padre  á  su  hermano 
D.  Jaime  11  de  Mallorca  eran  excesivas  y  por  lo  tanto  nulas;  y 
éste,  como  conoció  la  suerte  que  necesariamente  le  cabría  tenien- 
do tan  repartidos  sus  pequeños  estados,  hubo  de  venir  en  tratar 


(a)  Antes  ya,  en  1256  á  2  de  Agosto,  había  mandado  el  rey  desde  Valencia 
jurar  por  sucesor  á  su  hijo  Jaime  en  el  reino  de  Mallorca,  lo  cual  se  verificó  en 
21  del  propio  mes  dentro  de  la  iglesia  de  Santa  Eulalia.  En  1268,  por  Marzo  y 
Abril,  residía  en  Mallorca  el  infante. 

(¿7)  Tres  naves  recogió  el  monarca,  con  las  cuales  volvió  á  Barcelona  en  i.°  de 
Agosto.  De  su  cuarta  y  última  estancia  en  Mallorca  datan  dos  privilegios  con  fecha 
de  2  3  y  24  de  Julio  del  expresado  i  269. 

(i)  Archivo  de  la  corona  de  Aragón,  núm.  2,1  26  de  los  pergaminos  de  D.  Jai- 
me K 


ISLASBALEARÉS  I4I 

de  composición,  que  fué  reconocerse  en  todos  feudatario  de  la 
corona  aragonesa  á  sí  y  á  sus  sucesores.  Por  aquel  acto  queda- 
ron obligados  los  reyes  de  Mallorca  á  prestar  homenaje  á  los  de 
Aragón,  á  entregarles,  siempre  que  lo  exigiesen,  las  principales 
plazas  de  las  islas  y  condados,  asistir  cada  año  á  las  cortes  de 
Cataluña,  y  en  Rosellón  observar  las  leyes  y  usajes  de  Barcelo- 
na y  no  admitir  otra  moneda  que  la  barcelonesa.  En  cuánto  á 
D.  Jaime,  acordóse  que  fuese  por  entonces  exento  de  la  presta- 
ción de  homenaje  y  de  ir  á  las  cortes;  pero  se  comprometió  á 
valer  á  los  reyes  de  Aragón  contra  cualesquiera  enemigos.  Sólo 
así  quiso  D.  Pedro  aprobar  las  disposiciones  de  su  padre,  dando 
bien  á  entender  que  en  aquel  hecho  todo  era  fuerza  y  manifiesta 
contradicción  de  lo  escrito  en  el  testamento.  Ni  en  el  último 
otorgado  en  1272  ni  en  los  anteriores  el  difunto  monarca  habló 
de  infeudacíón  de  los  estados,  que  legaba  á  D.  Jaime,  á  la  coro- 
na aragonesa,  y  en  un  solo  caso  declaró  que  en  feudo  de  ésta 
fuesen  algunos  de  ellos  tenidos:  cuando  los  condados  de  Rose- 
llón y  Cerdaña,  por  morir  sin  hijos  D.  Jaime  ó  sus  descendien- 
tes, ó  por  cualquiera  otra  causa,  pasasen  á  personas  extrañas.  Y 
tan  explícito  anduvo  el  rey  en  este  particular,  que  al  finalizar  el 
testamento  dispuso  que,  si  D.  Pedro  en  algo  se  oponía  á  la  eje- 
cución de  su  voluntad  postrera,  perdiese  este  derecho  de  tener 
feudo  sobre  las  personas  extrañas  á  cuyo  poder  viniesen  tal  vez 
los  condados:  clara  prueba  de  que  sólo  en  este  caso  había  de 
tener  lugar  la  infeudación,  ya  que  la  consideró  indemnización 
equitativa  del  menoscabo  que  sus  descendientes  padecerían  con 
el  traspaso  de  esas  posesiones  á  gente  extraña,  é  impuso  la  pér- 
dida de  semejante  derecho  eventual  como  un  justo  castigo  de 
inobediencia  á  su  querer. 

Así  entibiado  el  amor  fraternal  por  la  codicia  del  imperio  y 
por  esa  ofensa,  los  acontecimientos  no  fueron  sino  el  soplo  que 
encendió  la  hoguera  ya  pronta  (a).  Dueño  de  Sicilia  por  las  ar- 


ia)   Reunidos  en  el  claustro  de  Dominicos  de  Perpiñán  los  dos  reyes  herma- 


142  ISLAStíALEARÉá 


mas  y  con  gloria  el  rey  D.  Pedro,  cuando  Roma  con  sus  censu- 
ras le  desterraba  de  la  comunión  de  los  fíeles  y  daba  la  investí* 
dura  de  sus  estados  á  un  hijo  del  rey  de  Francia,  el  de  Mallorca 
se  encontró  en  el  compromiso  más  grave,  harto. común  á  prínci- 
pes de  flaco  poderío,  cuyos  cortos  dominios  tienen  dos  grandes 
potencias  rivales  por  vecinas.  El  monarca  francés  levantaba  un 
ejército  formidable  para  entrar  en  Cataluña :  D.  Jaime  con  reco- 
nocerse feudatario  de  la  corona  aragonesa  se  había  comprome- 
tido á  Valeria  y  á  no  contraer  alianza  con  los  enemigos  de  la 
misma;  mas  toda  resistencia  en  Rosellón  hubiera  sido  vana.  La 
memoria  de  las  ofensas  recibidas  y  el  resentimiento  reprimido 
por  tanto  tiempo  uníanse  á  la  instancia  y  necesidad  de  su  con- 
servación propia ;  y  no  es  de  extrañar  que  se  concertase  con  la 
Iglesia  y  la  Francia,  á  cuya  capital  fueron  sus  dos  hijos  mayo- 
res. Si  realmente  hubo  ese  concierto,  no  estuvo  tan  oculto  que 
no  trasluciese  algo  el  de  Aragón,  quien  con  buen  golpe  de  ca- 
ballería  por  caminos  excusados  se  puso  de  improviso  en  Perpi- 
ñán  y  sorprendió  á  D.  Jaime,  entonces  doliente  y  en  cama  en  el 
castillo.  £1  cronista  Muntaner,  leal  servidor  y  aficionado  á  la 
casa  de  Mallorca,  intenta  cohonestar  la  conducta  de  D.  Jaime, 
diciendo  que,  para  no  verse  de  seguro  despojado  de  los  conda- 
dos, y  para  que  no  viniesen  á  poder  del  enemigo  las  Baleares, 
en  unas  vistas  que  tuvo  con  su  hermano  en  Gerona  ya  quedó 
acordado  que  se  aliase  con  la  Francia.  La  enemistad  de  ambos 


nos  en  19  de  Enero  de  1278(1279  dice  Zurita),  celebraron  concordia  bajo  los 
pactos  siguientes:  i.**  que  los  reyes  de  Mallorca,  como  feudatarios  de  honor  del 
de  Aragón,  asistieran  anualmente  á  cortes  en  Cataluña,  eximiendo  de  esta  obli- 
gación al  mismo  D.  Jaime  por  toda  su  vida;  2.**  que  en  los  dominios  de  Rosellón 
y  Cerdaña,  pero  no  en  las  islas,  rigieran  los  Usatjes  de  Barcelona  y  corriese  la 
moneda  barcelonesa;  3."  que  no  pudiera  apelar  al  soberano  de  Aragón  ningún 
subdito  mallorquín;  4."  que  siguiera  el  de  Mallorca  cobrando  el  bovaje  en  su  rei- 
no, con  facultad  de  imponer  nueva  leuda  y  peaje;  5.**  que  terminadas  las  recípro- 
cas querellas,  se  estableciera  entre  los  dos  alianza  perpetua  contra  cualesquiera 
gentes.  Á  pesar  de  esta  avenencia,  hubieron  de  prestar  homenaje  al  rey  D.  Pedro 
en  Valencia,  en  18  de  Febrero  de  1281,  los  síndicos  de  D.  Jaime  nombrados  al 
efecto.  {Documentos  del  códice  de  los  Reyes  en  el  Archivo  histórico  de  Mallorca.) 


ISLAS      BALEARES  I43 

reyes  desacredita  esa  relación,  y  todos  los  hechos  posteriores  la 
desmienten.  Es  verdad  que,  apenas  llegado  D.  Pedro  al  castillo 
de  Perpiñán  y  relevadas  por  él  todas  las  guardas,  no  hizo  caso 
del  ruido  que,  según  le  avisaban  los  centinelas,  en  el  cuarto  de 
D.  Jaime  y  como  si  aportillasen  una  pared  resonó  buen  espacio 
de  la  noche;  también  es  cierto  que,  fugado  de  allí  D.  Jaime  por 
el  albañal  ó  conducto,  cuya  existencia  le  descubrió  el  arquitecto 
de  la  fortaleza  que,  para  entrar  en  él,  tuvo  que  romper  el  pavi- 
mento de  aquella  cámara,  se  mantuvo  en  inacción  en  su  castillo 
de  Zarroca;  pero  la  indiferencia  de  D.  Pedro  procedió  de  que 
no  pudo  oir  el  ruido,  porque  cesaba  al  dar  las  guardas  la  voz  de 
alarma ;  y  la  inacción  de  D.  Jaime  tal  vez  se  debió  á  la  apurada 
situación  en  que  la  venida  de  su  hermano  le  puso.  Dejaba  en 
Perpifián  á  su  esposa  D.*  Esclaramunda  de  Fox,  que  casi  inme- 
diatamente se  vio  en  libertad,  y  sus  dos  hijos  menores,  á  quie- 
nes el  aragonés  llevó  á  Cataluña  y  encerró  en  Torruella  de 
Montgrí;  con  lo  cual  veíase  el  infeliz  padre  vacilante  entre  el 
partido  de  un  pontífice  y  un  monarca  poderoso,  que  tenía  como 
en  rehenes  á  dos  hijos  suyos,  y  la  amistad  de  un  hermano,  si  no 
tan  pujante  ni  apercibido  entonces,  irritado,  ambicioso,  activo  y 
emprendedor,  en  cuyo  poder  estaban  sus  otros  dos  hijos.  Por 
esto,  más  que  á  la  inclinación  atribuiríamos  á  la  necesidad  la  ida 
del  rey  de  Mallorca  al  campo  del  francés  y  la  entrega  que  de 
sus  castillos  le  hizo,  á  no  haber  atentado  á  la  vida  de  D.  Pedro 
Arnaldo  de  Saga  alcaide  del  castillo  de  Colibre  por  D.  Jaime, 
y  si  éste  no  hubiese  mostrado  á  los  franceses  el  paso  por  donde 
sin  riesgo  podían  entrar  en  Cataluña:  hecho  que  ninguna  consi- 
deración de  su  salud  é  interés  bastarían  á  justificar,  mayormente 
cuando  ya  la  alianza  con  el  francés  le  aseguraba  sus  posesiones, 
y  él  cumplía  con  sólo  asistir  á  su  campo.  Con  todo,  siempre  á 
D.  Pedro  hay  que  echar  la  primera  culpa,  y  ciertamente  otra 
cosa  no  había  de  esperar  de  su  hermano,  ya  que  tan  injustamen- 
te atropello  sus  derechos  y  falseó  la  voluntad  de  su  difunto  pa- 
dre, que  fué  romper  los  vínculos  de  la  sangre.  El  ejército  francé 


144  I^LASBALEARES 

se  derramó  por  el  Ampurdán  y  campo  de  Gerona ;  y  no  cabe 
calcular  cuál  hubiese  sido  el  éxito  de  la  campaña,  á  no  encerrar- 
se en  esta  ciudad  el  valiente  Ramón  Folch  de  Cardona  (i),  que 
lo  reclamó  como  un  honor  y  un  derecho  suyo,  cuando  todos 
desesperaban,  con  ciento  y  treinta  caballeros,  dos  mil  y  quinien 
tos  almogávares  y  seiscientos  ballesteros  moros  de  Valencia. 
Delante  de  aquella  reducida  plaza  perdieron  las  fuerzas  del  Papa 
y  de  Francia  un  tiempo  precioso,  que  lo  dio  á  D.  Pedro  de  ar- 
mar escuadra  y  enviar  por  la  de  Sicilia,  de  derrotar  las  galeras 
enemigas,  de  reunir  sus  huestes  y  hostigar  continuamente  á  los 
franceses  ya  sin  víveres  por  falta  de  flota,  de  cerrarles  poco  á 
poco  las  comunicaciones ;  y  sobre  todo  dio  lugar  á  que  la  peste 
se  encrudeleciese  en  el  inmenso  campo  contrario,  que  desbanda- 
do, disminuido  terriblemente  sin  haberse  dado  acción  campal, 
casi  sin  caballería  y  sin  su  rey,  que  murió  del  contagio,  repasó 
los  Pirineos,  merced  á  la  generosidad  de  D.  Pedro. 

El  desventurado  D.  Jaime  vio  perdido  el  fruto  que  podía 
esperar  de  su  alianza  con  los  enemigos  de  su  hermano;  y  bien 
se  entendió  adonde  alcanzaba  en  éste  el  deseo  de  la  venganza, 
cuando  su  primer  cuidado  fué  en  aquel  mismo  año  de  1 285 
mandar  á  Roger  de  Lauria  que  aparejase  la  flota  para  pasar  á 
las  Baleares.  Á  26  de  Octubre  salió  de  Barcelona  para  Salou,  y 
por  el  camino  le  asaltó  la  enfermedad,  que  bien  conoció  ser  la 
postrera;  mas  nada  bastó  á  refrenar  sus  ímpetus.  Mandó  á  su 
primogénito  D.  Alfonso  que  al  punto  partiese  al  frente  de  la 
expedición,  que  hasta  en  sus  últimos  momentos  no  le  abandona- 
ron su  actividad  y  su  constancia ;  y  después  de  hecho  á  la  mar 
el  infante,  murió  él  á  2  de  Noviembre  (^),  dejando  á  la  edad  de 
cuarenta  y  seis  años  fama  de  rey  el  más  grande  y  caballero  el 
mejor  de  su  tiempo. 


(i)  El  sepulcro  de  este  salvador  de  la  patria  y  modelo  de  caballería  fué  tam- 
bién profanado  por  el  furor  popular,  y  desapareció  para  siempre  con  la  ruina  de 
Poblet. 

(a)    Murió  sábado  lo  de  Noviembre,  según  Dcsclot,  ó  el  i  i  según  Muntancr. 


ISLASBALEARES  I45 

En  los  pasados  y  recientes  trances  habíase  visto  que  los 
vasallos  de  D.  Jaime  preferían  caer  en  manos  de  la  casa  de 
Aragón,  su  antigua  señora,  que  de  los  franceses;  y  cuando 
D.  Pedro,  al  entrar  en  Rosellón  las  fuerzas  enemigas,  envió  á 
Mallorca  á  Berenguer  de  Villalta,  sólo  el  gobernador  y  algunos 
caballeros  hicieron  prueba  de  su  fidelidad,  inclinándose  la  demás 
gente  al  servicio  del  aragonés.  Surgió,  pues,  la  flota  en  la  Po- 
rrasa,  donde  tomó  tierra  el  ejército,  y  acampó  D.  Alfonso  muy 
cerca  de  los  muros,  prohibiendo  severamente  que  ninguno  sa- 
liese á  talar  la  vega.  Pero  los  de  dentro  no  dieron  lugar  ni  oca- 
sión á  las  armas,  sino  que  por  medio  del  famoso  Conrado  Lan- 
za, uno  de  los  expedicionarios,  movieron  tratos  de  entregarse: 
acción  que  sólo  halla  disculpa  en  el  común  origen  y  parentesco 
que  con  los  de  la  hueste  unía  á  los  pobladores,  los  cuales,  no 
borrada  todavía  la  memoria  de  sus  padres  y  de  sus  reyes  ara- 
goneses, mal  podían  en  semejante  ocasión  ejercitar  las  armas. 
Así  á  1 9  de  aquel  mes  rindióse  la  ciudad,  y  nombró  quienes 
prestasen  homenaje  y  reconociesen  á  D.  Alfonso,  ya  rey  de 
Aragón,  por  rey  de  Mallorca,  enviando  á  lo  mismo  sus  síndicos 
los  demás  lugares  y  parroquias.  En  breve  siguióse  la  rendición 
del  castillo  del  Temple,  á  donde  se  habían  retraído  el  goberna- 
dor Ponce  Zaguardia,  los  de  su  casa  y  muchos  de  la  nobleza;  y 
capitulando  honrosamente,  abandonaron  la  isla,  y  pasaron  á 
Rosellón  á  reunirse  con  D.  Jaime  II.  El  aragonés  por  Enero  del 
siguiente  año  juró  á  los  mallorquines  la  conservación  de  sus 
fueros  y  franquicias  (a),  y  públicamente  se  tituló  rey  de  las  Ba- 
leares. También  se  dieron  á  partido  los  tres  castillos  de  Ala- 
ró  (¿),  Pollensa  y  Santueri;  un  simple  mensaje  y  luego  dos  días 


(a)  Á  treinta  y  nueve  ascienden  las  disposiciones,  muy  importantes  algunas, 
que  firmó  en  $  de  Enero  de  1286,  y  una  en  i  •?  del  propio  mes,  en  el  curso  del 
cual  sometió  de  paso  á  Ibiza,  y  desembarcó  con  su  escuadra  en  Alicante. 

(b)  Mucho  es  que  no  mencione  aquí  Piferrer  la  legendaria  resistencia  que  en 
dicho  castillo  de  Alaró  opusieron  á  las  armas  del  invasor,  á  nombre  de  su  legítimo 
rey  Jaime  II,  los  soldados  de  Guillermo  Cabrit  y  Guillermo  Bassa,  no  consignada 

»9 


146  ISLAS      BALEARES 

de  permanencia  en  Ibíza  bastaron  para  que  ésta  siguiese  el 
ejemplo  de  Mallorca. 

Dos  veces  en  aquel  año  de  1 286  quiso  D.  Jaime  II  tentar  la 
suerte  de  las  armas,  y  aun  la  segunda  avanzó  por  el  Ampurdán 
con  gente  de  guerra  francesa  y  de  sus  estados:  pero  húbose  de 
retirar  á  la  llegada  de  su  sobrino  D.  Alfonso  III  de  Aragón,  y 
sus  tentativas  precipitaron  la  jornada  que  contra  Menorca  éste 
traía  entre  manos.  Si  alguna  duda  podía  caber  acerca  del  rom- 
pimiento entre  los  dos  hermanos  el  difunto  D.  Pedro  y  D.  Jai- 
me, la  toma  y  la  retención  de  Mallorca  ya  la  habían  desvaneci- 
do, y  después  le  quitó  todo  lugar  la  expedición  á  Menorca.  La 
guerra  acabada  con  pérdida  para  la  Iglesia  y  la  Francia,  ningún 
temor  había  de  que  se  reencendíese  por  entonces,  ni  se  veía  el 


á  la  verdad  en  crónicas  ni  documentos  coetáneos,  pero  sí  en  las  lecciones  del  rezo 
y  memorias  del  culto  que  durante  siglos  enteros  se  tributó  á  estos  mártires  de  la 
fe  del  juramento.  Cuentan  que  ofendido  el  joven  rey  del  irreverente  chiste  de  Ca- 
brit,  quien  aludiendo  á  la  identidad  del  soberano  nombre  con  el  de  un  pescado 
dijo  que  Am/ós  se  comía  con  salsa,  juró  asarle  á  guisa  de  cabrito  con  su  compañero 
Bassa,  y  que  rendida  la  guarnición,  cumplió  el  inhumano  voto,  atrayéndose  el 
anatema  de  la  santa  Sede.  Algún  anacronismo  se  observa  en  el  texto,  y  además  es 
imposible  comprobarlo  con  los  breviarios  antiguos  impresos,  por  haber  desapare- 
cido la  edición  entera  de  1488  hecha  en  Mallorca  y  aun  la  de  Venecia  de  i  506, 
con  excepción  del  único  ejemplar  conservado  entre  las  reliquias  de  la  beata  Cata- 
lina Tomás;  y  serían  hoy  desconocidas  por  completo  las  referidas  lecioncs,  á  no 
haberse  estampado  con  referencia  á  dichas  fuentes  por  apéndice  aun  sermón  pre- 
dicado hacia  1625  en  honor  de  aquellos  mártires.  Por  los  mismos  años  cobró  gran 
incremento  la  devoción  á  éstos,  tomando  mucha  parte  en  sus  fíestas  los  jurados 
del  reino,  sin  que  lograran  extinguirla  los  severos  procedimientos  del  obispo 
Santander,  reproducidos  por  su  sucesor  Guerra  hacia  1776.  Es  fama  que  los  calci- 
nados restos  de  los  bravos  defensores  del  castillo  yacen  en  dos  urnas  de  piedra 
sin  inscripción  alguna,  colocadas  en  la  catedral  dentro  la  mesa  del  altar  de  la  ca- 
pilla puesta  debajo  del  órgano  y  dedicada  antiguamente  á  los  santos  Simón  y  Ju- 
das, las  cuales  en  1805  y  en  1832  fueron  de  oficio  reconocidas.  Del  beneficio  fun- 
dado en  1312  por  el  rey  Sancho  en  sufragio  de  las  almas  de  Cabrit  y  Bassa  según 
las  expresadas  lecciones,  si  bien  ha  desaparecido  con  el  cabreo  de  i  395  la  prueba 
principal  que  cita  Dameto,  halló  indicios  casi  seguros  mi  difunto  ami.uo  D.  Tomás 
Aguiló  en  sus  diligentes  estudios  consagrados,  además  de  un  precioso  poema,  á 
los  mártires  de  Alaró  {Museo  Balear^  167  5),  con  ocasión  de  un  notable  documento 
descubierto  últimamente  en  el  Archivo  de  la  Audiencia,  que  deja  vislumbrar  en 
Guillermo  Bassa,  jurista  y  dueño  de  la  Porrassa  y  condenado  por  su  lealtad  á 
muerte,  de  que  se  libraron  por  fortuna  sus  no  menos  leales  hijos,  algo  más  que 
un  simple  soldado  puesto  con  Cabrit,  también  nombrado  en  el  expediente,  á  las 
órdenes  del  alcaide  Ramón  de  Palaldá. 


ISLAS       BALEARES  I47 

de  Mallorca  en  la  apuradísima  situación  en  que  al  comenzarse 
aquella;  no  podía,  pues,  proceder  de  convenio  entre  ambos  re- 
yes, para  que  no  viniesen  á  poder  de  los  enemigos  los  estados 
de  D.  Jaime,  el  que  D.  Pedro  el  Grande  cuidase  ante  todas  co- 
sas de  apoderarse  de  Mallorca,  y  su  hijo  D.  Alonso  el  Liberal 
de  retenerla  y  coronarse  rey  de  ella.  Ahora,  no  tanto  por  tomar 
venganza  de  los  avisos  que  el  almojarife  menorquín  dio  á  los 
de  África  cuando  la  ida  de  D.  Pedro  el  Grande^  como  á  la  fama 
de  que  D.  Jaime  con  las  fuerzas  del  Rosellón  y  los  auxiliares 
franceses  pensaba  pasar  á  Menorca  para  emprender  el  recobro 
de  la  mayor  de  las  Baleares,  mandaba  D.  Alfonso  armar  creci- 
da flota,  aplazaba  sus  huestes  y  á  sus  barones  para  Salou,  y, 
cosa  desusada  en  aquellos  tiempos,  en  lo  más  riguroso  de  No- 
viembre daba  la  vela.  La  crudeza  del  invierno  y  la  violencia  de 
los  temporales  mal  su  grado  le  detuvieron  en  Mallorca  hasta 
pasada  Navidad  [a)\  al  fin,  abriendo  un  tanto  el  tiempo,  entró  en 
puerto  Mahón  el  primero  con  parte  de  la  flota,  y  sin  esperar  á 
sus  demás  tropas  presentó  batalla  y  venció  al  numeroso  ejército 
de  los  infieles.  Tras  otra  derrota,  recogiéronse  éstos  al  castillo 
de  Agayz  (después  Santa  Ágata),  y  desesperados  de  todo  auxi- 
lio diéronse  por  capitulación  á  21  de  Enero  de  1287.  El  arráez 
y  los  que  pudieron  pagar  por  su  rescate  las  siete  doblas  y  me- 
dia convenidas  en  los  tratos,  desampararon  la  isla,  y  perecie- 
ron la  mayor  parte  en  el  viaje :  los  que  quedaron,  fueron  es- 
clavos. 

Esta  conquista  dificultó  más  y  más  la  conclusión  de  los  dis- 
turbios: y  como,  al  firmarse  por  mediación  de  Inglaterra  treguas 
entre  Aragón  y  Francia,  se  exceptuó  de  ellas  á  D.  Jaime,  entró 


(a)  Quince  días  antes  de  dichas  pascuas  según  Muntaner,  ó  en  2  de  Diciem- 
bre según  otros,  llegó  la  armada  á  Mallorca;  y  en  la  vigilia  de  Navidad  sucedió 
debajo  del  soportal  de  San  Nicolás  de  Portopí  el  caso  del  almogávar  de  Segorbe, 
que  en  el  acto  de  quebrantar  la  abstinencia  perdió  la  vista  cegado  por  un  espec- 
tro, y  después  arrepentido  la  recobró  milagrosamente  dentro  de  la  catedral  en  la 
fiesta  de  Reyes.  Refiérelo  con  sabrosa  ingenuidad  como  testigo  pr^^sencial  dicho 
cronista. 


I4S  ISLAS      BALEARES 


él  en  Cataluña  á  principios  de  1 288,  bien  que  tras  del  cerco  in- 
fructuoso de  un  castillo  tuvo  que  repasar  el  Pirineo.  La  Francia, 
en  viendo  al  de  Aragón  ocupado  en  la  guerra  con   Castilla, 
pronto  rompió  las  treguas;  y  mientras  que  ella  se  apoderaba  de 
Salvatierra,  el  rey  de  Mallorca,  que  fué  instrumento  para  los 
planes  de  aquella  potencia  ambiciosa,  juntaba  en  Rosellón  fuer- 
zas considerables,  publicando  que  su  intento  era  pasar  á  las  Ba- 
leares. No  llegó  á  efectuarlo:  mas  las  desavenencias  eran  tales, 
que  se  dio  á  la  cristiandad  el  grave  escándalo  de  retarse  parti- 
cularmente tío  y  sobrino,  y  pedir  al  de  Inglaterra  que  les  ase- 
gurase el  campo.  Al  fin,  á  principios  de  Febrero  de  129 1  fírmóse 
en  Tarascón  la  paz  entre  D.  Alfonso,  y  la  Iglesia  y  la  Francia; 
y  el  de  Mallorca  entonces  pudo  conocer  cuan  errado  anduvo  en 
anteponer  su  justo  resentimiento  á  lo  que  los  vínculos    de   la 
sangre  exigían  y  la  prudencia  aconsejaba,  apartándose   de  su 
hermano  D.  Pedro  el  Grande^  que  se  hubiese  contentado  con 
tenerle  feudatario  de  honor,  y  prestándose  á  los  manejos  de  los 
enemigos  de  Aragón,  cada  vez  más  pérfidos  y  más  temibles.  El 
ejército  de  Felipe  el  Atrevido  en  1285  se  había  alojado   por  el 
Rosellón  y  Cerdaña  como  en  tierra  amiga;  la  devastación,  el  sa- 
queo y  las  violencias  atestiguaron  allí  la  presencia  de  aquellos 
aliados:  y  ahora  en  la  paz  general   se  le  reconocía  á  D.  Jaime 
reo  de  haber  quebrantado  la  fe  jurada  á  su  hermano  D.  Pedro 
el  Grande^  y  sin  hablar  de  restitución,  se  acordaba  que  la  coro- 
na aragonesa  tuviese  el  señorío  del  reino  de  Mallorca.  Pero  esta 
paz  dejaba  no  pocas  dificultades  que  remediar,  y  pues  nada  en 
ella  se  estipulaba  por  lo  tocante  á  Sicilia,  no  podía  llamarse  ge- 
neral en  manera  alguna.   Por  esto,  á    7  de  Abril   de   aquel 
afio  1 291  viéronse  en  los  Pirineos  cerca  de  Panizas  Carlos  de 
Ñapóles,  D.  Jaime  y  D.  Alfonso :   era  de  esperar  que  se  com- 
pondrían todas  las  diferencias  de  una  manera  explícita  y  dura- 
ble,  cuando  la  muerte  del  aragonés,   acaecida  en  Barcelona 
en  18  de  Junio  en  medio  de  los  preparativos  y  torneos  de  su 
boda  con  Leonor  de  Inglaterra,  y  á  los  veinte  y  siete  años  de  su 


ISLAS     Baleares  149 


edad,  suspendió  la  total  conclusión  de  una  paz  general,  y  llenó 
de  turbación  á  todas  las  gentes,  que  temieron  quedasen  infruc- 
tuosos cuantos  trabajos  para  ella  se  habían  comenzado. 

Su  hermano  y  sucesor  D.  Jaime  el  yusto  prosiguió  las  pláti- 
cas de  la  que  debía  tener  por  base  su  renuncia  al  reino  de  Sici- 
lia. Al  cerrarse  la  concordia,  tampoco  se  estipulaba  en  ella  la 
restitución  de  las  Baleares  á  D.  Jaime  II  {a)\  pero  el  Papa  lo 
remedió  á  22  de  Junio  de  aquel  año  1295,  y  el  aragonés  vino 
en  devolver  á  su  tío  las  islas  y  demás  posesiones  que  la  pasada 
guerra  hubiese  puesto  en  manos  de  D.  Pedro  el  Grande  y  de 
D.  Alfonso  el  Liberal.  Quedó  empero  en  pie  lo  de  la  infeuda- 
ción  y  homenaje  convenido  entre  D.  Pedro  y  el  de  Mallorca;  y 
á  29  de  Junio,  en  el  castillo  de  Argües,  diócesis  de  EIna,  lo  ra- 
tificaron ambos  reyes:  de  este  modo,  no  quitando  la  verdadera 
causa  de  la  discordia  pasada,  quedaba  abierta  la  puerta  á  nue- 
vas disensiones,  para  cuando  la  ambición  ó  el  descontento  de 
uno  de  sus  sucesores  quisiese  examinar  la  razón  y  justicia  de 
aquel  vasallaje  y  reconocimiento. 

Al  fin,  tras  tantos  años  de  ausencia,  pudo  D.  Jaime  volver 
á  las  Baleares  [p)  y  darse  todo  entero  á  su  buena  administración 
y  aumento.  Animó  la  descaecida  agricultura;  fundó  las  once  vi- 


(a)  Apenas  heredada  por  el  nuevo  rey  de  Aragón  la  corona  de  su  hermano, 
cuya  muerte  le  encontró  en  Sicilia,  i^asó  desde  allí  con  Fiogcr  de  Lauria  y  gran 
comitiva  de  magnates  á  Mallorca,  donde  en  8  de  Agosto  de  i  29  i  confirmó  en  el 
altar  de  la  Seo  las  franquicias  del  reino,  y  juró  no  separarlo  jamás  con  las  islas 
adyacentes  de  sus  demás  estados;  tan  lejos  estaba  de  pensar  en  restituirlo  á  su 
despojado  tío. 

(¿7)  El  primer  documento  que  firmó  á  su  regreso  en  Mallorca  lleva  la  fecha 
de  30  de  Enerro  de  1299,  y  consiste  en  las  numerosas  enmiendas  que  hizo  en  la 
carta-puebla  y  demás  franquicias  otorgadas  por  su  padre.  De  la  data  de  sus  privi- 
legios se  desprende  que  residió  en  la  isla  Jaime  11  hasta  Agosto  de  1302,  en 
que  salió  para  conferenciar  en  Corona  con  su  sobrino  homónimo  el  rey  de  Aragón, 
con  motivo  de  prestar  homenaje  á  éste  el  infante  Sancho,  nombrado  heredero 
del  reino  de  Mallorca  por  renuncia  del  primogénito.  Jaime.  De  Perpiñán  y  otros 
pueblos  de  Koscllón  aparecen  fechadas  durante  los  años  1303,  1304  y  1305  las 
órdenes  del  soberano,  que  en  los  siguientes  repartió  su  estancia  entre  unos  y 
otros  dominios:  desde  principios  de  i  3  i  o  hasta  su  muerte  á  fin  de  Mayo  de  i  3  i  i 
tuvo  su  residencia  en  Mallorca. 


150  ISLAS     Baleares 

lias  de  Felanitx,  Santanyí,  Lluchmayor,  Algayda,  Selva,  Beni- 
salem,  Porreras,  San  Juan  de  Sineu,  Campos,  La  Puebla  y  Ma- 
nacor  en  los  distritos  que  sólo  estos  nombres  tenían  (a)\  levantó 
el  castillo  de  Bellver,  echó  los  cimientos  de  San  Francisco  de 
Asís,  contribuyó  á  la  prosecución  de  otras  fábricas,  y  trocó  el 
sombrío  alcázar  moro  de  la  Almudayna  en  suntuoso  palacio; 
hizo  batir  aquella  moneda  mallorquina,  tan  estimada  en  el  co- 
mercio de  entonces;  dio  grande  impulso  á  la  navegación  y  al 
tráfico;  protegió  el  saber,  y  ya  en  los  primeros  afios  de  su  rei- 
nado había  permitido  que  se  fundase  el  colegio  de  Miramar  para 
la  enseñanza  de  las  lenguas  orientales ;  compró  muchas  de  las 
porciones  que  cuando  el  reparto  se  dieron  á  los  principales  ca- 
balleros, entre  ellas  la  de  D.  Ñuño  Sans:  en  una  palabra,  en- 
grandeció y  asentó  con  sus  desvelos  y  administración  el  reino, 
que  las  armas  de  su  padre  le  habían  entregado  desierto  en  unas 
partes,  sin  cultivo  en  otras,  y  en  todas  con  vivos  rastros  de  la 
rigorosa  conquista  (i).  Piadoso  y  benéfico,  á  28  de  Mayo 
de  131 1  bajó  al  sepulcro,  tiernamente  llorado  de  los  mallorqui- 
nes, acreedor  á  sus  bendiciones.  Había  nacido  en  1 240,  y  casa- 
do por  1262  en  Barcelona  con  D.*  Esclaramunda  de  Moneada, 
hija  de  los  condes  de  Fox,  en  la  cual  hubo  á  D.  Jaime,  D.  San- 
cho, D.  Felipe,  D.  Fernando,  y  dos  hijas  {ó).  El  mayor  en  1278 


(a)  Todas  estas  villas  sin  embargo,  menos  la  de  Felanig,  San  Juan  y  la  Pue- 
bla, habían  nombrado  ya  síndicos  en  1285,  del  2^  de  Noviembre  hasta  mediados 
del  siguiente  mes,  para  rendir  homenaje  á  Alfonso  III  al  ocupar  la  capital,  prue- 
ba de  que  ya  existían.  Ks  muy  curiosa  la  lista  semanal  que  de  estos  síndicos 
trae  Binimelis,  nombrados  por  veinte  y  ocho  poblaciones,  en  número  de  cinco  á 
ocho  generalmente,  aunque  algunas  diputaron  muchas  más:  v.  g.,  Sóller  13, 
Campanct  i  5,  Rubines  (Benisaiem)  17,  Selva  20,  Alcudia  23,  Santa  Margarita  2$, 
Muro  35  é  Inca  38. 

(i)  Tomamos  este  pensamiento  del  gran  Jovellanos,  que  en  uno  de  los  apén- 
dices á  las  memorias  sobre  Mallorca  dice:  « tendió  la  vista  por  su  nuevo  domi- 
nio, halló  que  casi  todo  estaba  por  hacer  en  el,  y  que  si  su  padre  le  había  conquis- 
tado con  las  armas,  á  él  quedaba  el  cuidado  de  fundarle  con  su  prudencia.» 

(¿7)  La  mayor,  llamada  Isabel,  casó  en  primeras  nupcias  con  el  infante  de  Cas- 
tilla D.  Juan  Manuel,  nieto  de  san  Fernando  y  primo  de  Sancho  IV;  Sancha,  la  me- 
nor, casó  en  segundas  con  Roberto  rey  de  Ñapóles,  cuya  corte  ilustró  con  sus 
eminentes  prendas,  muriendo  en  i  343  sin  dejar  sucesión.  La  madre  de  ellas,  la 


ISLASBALEARES  I5I 

trocó  la  corte  por  el  recogimiento  del  claustro,  y  tomando  el 
hábito  de  San  Francisco  dejó  con  el  resto  de  su  vida  grande 
ejemplo  de  humildad  y  mansedumbre. 

^  Ascendió,  pues,  al  solio  el  segundogénito  D.  Sancho,  y  á  9 
de  Julio  de  1 3 1 2  en  las  cortes  de  Barcelona  reconoció  el  señorío 
del  rey  de  Aragón  y  le  prestó  homenaje  (a).  Era  de  condición 
mansísima,  misericordioso  y  bueno  para  con  sus  vasallos,  amigo 
de  la  paz  y  de  estarlo  con  todo  el  mundo:  y  su  salud  delicada 
y  la  afección  asmática  que  le  afligía,  forzándole  á  la  soledad  de 
los  montes  en  busca  de  aires  puros,  favorecían  aquellas  dispo- 
siciones de  su  ánimo.  Con  tan  amables  cualidades  se  concilio  por 
algún  tiempo  la  benevolencia  de  sus  peligrosos  vecinos,  el  de 
Aragón  y  el  francés;  cuando  al  cabo  los  amaflos  de  éste  por 
poco  le  concitaron  el  enojo  de  D.  Jaime  ei  yusío^  y  recomenza- 
ron las  desgracias  que  había  padecido  el  difunto  rey  de  Mallor- 
ca. Cuidó  el  francés  de  que  alguien  le  persuadiese  que  no  era 
obligado  á  rendir  homenaje  al  de  Aragón,  porque  la  infeudación 
hecha  por  su  padre  á  D.  Pedro  e¿  Grande  fué  forzada  y  por 


reina  Esclaramunda,  sobrevivió  al  marido,  pues  otorgó  testamento  á  24  de  Marzo 
de  I  3  I  3  en  Perpiñán,  nombrando  heredero  á  su  hijo  el  rey  Sancho,  con  encargo 
de  cuidar  del  otro  fray  Jaime,  y  con  varios  legados  á  los  restantes,  es  decir,  á 
Fernando  mil  quinientas  libras  barcelonesas  sobre  lo  que  por  dote  le  debía  Gastón 
de  Foix  su  sobrino,  á  Sancha  reina  de  Sicilia  cinco  mil  sueldos,  y  mil  á  Felipe. 
Aún  vivía  en  Agosto  de  i  3  i  «5,  al  recibir  en  Perpiñán  de  manos  del  fiel  Muntaner  á 
su  tierno  nieto,  Jaime  el  destronado,  recién  huérfano  de  madre  para  serlo  de  pa- 
dre también  antes  de  un  año. 

(a)  Un  año  después  de  su  solemne  coronación  en  Mallorca  á  4  de  Julio 
de  I  3 1 1 .  Durante  los  años  de  i  3  1 4  y  1  5  residió  cl  rey  Sancho  en  la  isla,  habi- 
tando alternativamente  en  su  palacio  de  la  Almudayna  y  en  el  castillo  de  Bellver; 
en  Mayo  de  i  3  1 6  se  hallaba  ya  en  Perpiñán,  y  por  Diciembre  del  mismo  año  pasó 
á  visitaren  Aviñón  al  papa  Juan  XXII.  Seguía  en  el  Hosellón  por  Abril  y  Diciem- 
bre de  1317,  acaso  sin  intermisión  hasta  los  postreros  meses  de  i  3  1 9.  En  26  de 
Febrero  de  1321  le  encontramos  en  Mallorca,  en  i  -^  de  Mayo  en  Perpiñán,  en  26 
de  Julio  (Junio,  dice  Mut)  en  Gerona,  prestando  en  cortes  homenaje  al  rey  de  Ara- 
gón y  ofreciéndole  veinte  galeras  para  la  expedición  de  Cerdeña,  en  10  y  24  de 
Diciembre  otra  vez  en  la  isla,  donde  consta  que  pasó  todo  el  i  322.  En  el  siguiente 
tuvo  en  Tolosa  una  entrevista  con  el  rey  de  Francia  y  Navarra,  Carlos  ti  Hermoso, 
y  con  el  de  Bohemia  cuñado  de  éste;  en  14  de  Octubre  estaba  en  Perpiñán.  Aco- 
sado del  asma,  se  trasladó  en  el  verano  de  i  324  desde  Mallorca  áCerdaña,  donde 
acabó  sus  días. 


152  ISLASbALEARES 


consiguiente  nula:  aquella  primera  violencia  debía  ser  siempre 
motivo  y  ocasión  de  enemistades.  Afortunadamente  el  aragonés, 
que  aun  con  menoscabo  de  su  gloria  se  había  manifestado  muy 
amante  de  la  paz  cuando  su  composición  con  la  Iglesia  y  la 
Francia,  lo  supo  á  tiempo  para  impedir  la  ruina  de  D.  Sancho. 
Mandó  á  su  tesorero  Pedro  March  que  escribiese  al  de  Mallor- 
ca, dándole  á  entender  que  el  rey  le  había  comunicado  cuanto 
de  sus  propósitos  sabía,  y  le  pusiese  por  delante  las  consecuen- 
cias: lo  cual  bastó  para  que  el  pacíñco  D.  Sancho  al  punto  des- 
pachara embajadores  á  Valencia  á  sincerarle  con  el  rey,  y  á 
prometer  que  sería  en  las  cortes  de  Gerona  (i).  En  ellas  se 
trató  de  la  expedición  á  Cerdeña,  que  debía  capitanear  el  infan- 
te D.  Alfonso:  D.  Sancho,  como  si  quisiese  alejar  de  sí  toda 
sospecha,  prometió  al  de  Aragón  valerle  con  veinte  galeras, 
doscientos  caballos  y  alguna  infantería,  y  se  ofreció  á  ir  en  per- 
sona con  el  infante.  Cuéntase  que  tanto  se  lo  agradeció  D.  Jai- 
me el  Justo^  que  sin  aceptar  lo  último,  le  eximió  de  acudir  per- 
sonalmente á  las  cortes  para  el  resto  de  su  vida  (2).  Fué  esto  á 
26  de  Julio  de  1321.  A  principios  de  Junio  de  1323,  reunióse  en 
Mahón  con  la  aragonesa  la  armada  mallorquina  mandada  por 
D.  Hugo  Toco  ó  Totzo;  y  como  toda  se  componía  de  galeras, 
embarcaciones  las  más  á  propósito  para  la  batalla,  fué  de  tanto 
peso  su  asistencia,  que  al  moverse  después  contienda  entre  el 
almirante  aragonés  Carroz  y  el  mallorquín  por  haberse  apode- 
rado el  infante  del  dinero  destinado  á  la  escuadra  del  segundo, 
todos  los  del  ejército  temieron  que  marchándose  ésta  se  frustra- 
ría el  penoso  cerco  de  Villadeiglesias,  y  D.  Alfonso  hubo  de  re- 
mediarlo con  grande  instancia.  Así  estimado  de  todos  y  en  paz 
con  sus  vecinos,  no  se  la  daba  al  buen  D.  Sancho  la  cruel  do- 
lencia: la  sanidad  de  las  cumbres  de  Valldemosa  no  pudo  miti- 


(1)  Véase  el  número  32  del  Apéndice. 

(2)  Anales  de  Mallorca^  por  el  Paborde  D.  Guillelmo  Tarrasa,  tomo  2,  copiados 
con  gran  diligencia  del  original  del  mismo  autor  por  D.  Joaquín  María  Bover,  que 
generosamente  los  puso  á  nuestra  disposición. 


ISLAS      BALEARES  I53 

gar  la  violencia  del  asma,  que  le  forzó  á  pasar  de  Mallorca  á 
Cerdaña  en  busca  de  frescura  y  alivio;  y  á  4  de  Setiembre 
de  1324  la  muerte  puso  fin  á  sus  padecimientos  en  el  lugar  de 
Formigueres,  en  donde  solía  morar  largas  temporadas. 

Ningún  hijo  le  dio  su  esposa  D.*  María  de  Ñapóles  {a)\  y 
como  su  hermano  D.  Felipe  también  lo  mismo  que  el  primogé- 
nito había  abrazado  el  estado  eclesiástico,  y  á  la  sazón  era  ca- 
nónigo de  Elna,  arcediano  de  Conflent  y  abad  y  tesorero  de 
Tours,  la  sucesión  hubo  de  recaer  en  la  familia  del  último  de  los 
hermanos,  D.  Fernando.  La  sangre  generosa  del  abuelo  e¿  Con- 
quistador con  gloria  de  la  casa  mallorquina  mostrábase  en  este 
infante,  digno  por  sus  altas  cualidades  de  la  corona.  Las  aguas 
de  Grecia  le  vieron  pasar  resuelto  á  dar  cima  á  la  conquista  co- 
menzada por  un  puñado  de  catalanes  y  aragoneses:  en  el  cerco  de 
Almería  por  las  fuerzas  de  Aragón,  su  espada  salvó  el  campa- 
mento, y  ejecutó  uno  de  los  mejores  hechos  de  caballería  que 
en  aquellos  tiempos  se  mencionan  (i):  su  ánimo  levantado  no  se 
avenía  con  la  obscuridad  ni  con  la  dependencia;  y  pues  su  naci- 
miento no  le  dio  estados,  con  el  valor  de  su  brazo  fué  á  con- 
quistar los  de  la  Morea,  que  de  derecho  tocaban  á  su  esposa 
D.*  Isabel.  La  muerte  le  asaltó  en  medio  de  sus  triunfos,  pri- 
vándole no  sólo  de  dar  cabo  á  sus  conquistas,  sino  también  de 
ceñir  años  después  la  corona  de  Mallorca  (¿).  Por  Abril  de  13 15 


(a)  De  una  dama,  hija  de  Guillermo  Puigbadró  caballero  de  Osona,  tuvo  el  rey 
Sancho,  según  Tomich,  tres  hijas  naturales,  una  de  las  cuales  casó  con  Galcerán 
de  Pinos,  otra  con  Gilaberto  de  Cruylles,  y  la  tercera  con  Pedro  de  Talarn. 

(i)    Véase  el  número  33  del  Apéndice, 

(b)  Fué  la  corta  vida  del  infante  una  no  interrumpida  campaña.  En  1  309  seña- 
lóse entre  aragoneses  y  castellanos  al  pie  de  los  muros  de  Almería,  poseída  por 
los  sarracenos.  En  i  3  i  2,  enviado  á  Grecia  por  su  primo  el  rey  Fadrique  de  Sicilia 
para  tomar  el  mando  y  apaciguar  las  contiendas  de  los  expedicionarios  catalanes, 
no  logró  hacerse  obedecer  del  indómito  Rocafort,  y  cayendo  prisionero  de  los 
franceses,  fué  entregado  por  éstos  á  Roberto  rey  de  Ñapóles  su  cuñado,  que  le 
retuvo  prisionero  más  de  un  año.  Puesto  en  libertad  D.  Fernando,  tomó  parte  por 
el  de  Sicilia  en  su  reñida  guerra  con  el  de  Ñapóles,  y  en  iMesina  por  el  mes  de  Fe- 
brero de  I  3  14  se  desposó  con  Isabel  de  Sabrán,  á  quien  su  madre  Margarita,  viu- 
da del  conde  de  Adria  é  hija  segunda  del  postrer  Ville-hardouin  príncipe  de  iMo- 


154  ISLASBALEARES 

D.^  Isabel  le  había  dado  un  hijo,  á  quien  pusieron  nombre  don 
Jaime,  y  treinta  días  después  del  alumbramiento  ya  no  existía, 
niña  de  quince  años,  pura  y  gentil,  idolatrada  de  su  esposo, 
cuando  éste  hacía  los  aprestos  para  ir  á  recobrarle  su  principa- 
do de  la  Morea.  El  pequefto  D.  Jaime,  ya  tan  pronto  privado  de 
los  cuidados  maternales,  fué  entregado  por  D.  Fernando  al  leal 
Ramón  Muntaner,  el  cual,  perseguido  por  los  enemigos  duefios 
de  la  Morea,  combatido  por  las  tempestades,  y  siempre  abraza- 


rea,  puso  bajo  el  amparo  del  valiente  adalid,  para  que  con  su  espada  y  su  regio 
blasón  hiciese  valer  el  derecho  que  ella  pretendía  á  los  estados  paternos  por  fa- 
llecimiento de  su  hermana  mayor  sin  prole  varonil.  De  este  enlace  nació  en  Cata- 
nia  á  $  de  Abril  de  i  3 1  5  el  desventurado  Jaime  III,  siguiendo  al  cabo  de  un  mes 
á  su  alumbramiento  la  muerte  precoz  de  la  gentil  princesa,  á  cuya  madre  entre 
tanto  habían  preso  en  un  castillo  los  barones  de  la  Morea,  de  origen  francés  en  su 
mayor  parte,  irritados  de  que  hubiese  franqueado  paso  en  la  península  al  temible 
poder  catalán.  Llegó  el  digno  nieto  de  Jaime  ei  Conquistador  con  sus  naves  y  tro- 
pas, en  las  que  se  contaban  quinientos  caballos,  á  Clarenza  capital  de  su  ducado, 
y  apoderóse  de  ella  por  asalto,  dominando  buena  parte  del  país;  y  con  el  intento 
tal  vez  de  procurarse  alianzas,  pasó  muy  luego  á  segundas  nupcias  con  una  sobri- 
na del  rey  de  Chipre,  hija  del  senescal  Felipe  de  Ibelín,  llamada  también  Isabel» 
Pidió  auxilio  al  rey  Sancho  su  hermano,  que  le  prometió  diez  galeras,  y  vino  en 
su  nombre  á  Mallorca  Arnaldo  de  Ca9a  á  reclutar  gente;  pero  esta  ayuda  llegó 
tarde,  y  hasta  la  que  solicitó  con  mayor  premura  de  los  aventureros  catalanes 
establecidos  en  el  ducado  de  Atenas,  no  pudo  por  un  día  prevenir  el  fatal  des- 
enlace. Desembarcó  con  Matilde,  prima  y  competidora  de  Isabel,  la  hueste  man- 
dada por  Luís  de  Borgoña  su  segundo  marido,  y  durante  la  primavera  de  i  3 16 
fué  teatro  de  encarnizada  lucha  la  Morea.   Aún  conservaba  el  infante,  á  más  de  la 
capital,  los  castillos  de  Belveder,  Estamira,  Clermont,  Rhiolo,  Nivelet,  Chalan- 
dritza  y  otros;  pero  en  las  cercanías  de  Clarenza  fué  donde,  lunes  $  de  Julio,  se 
dio  entre  almogávares  y  borgoñones  el  combate  decisivo.  Arrastrado  por  su  be- 
licoso ardor,  envuelto  por  los  enemigos,  tal  vez  abandonado  de  los  suyos,  tan 
pronto  cayó  preso  el  bravo  principe,  fué  allí  mismo  inhumanamente  decapitado. 
La  ciudad  de  pronto  no  se  rindió,  habiendo  tardado  menos  de  dos  meses  en  se- 
guirle al  sepulcro  su  contrincante  el  de  Borgoña;  pero  al  cabo  se  apoderó  de  todo 
cierto  Orsini,  conde  de  Cefalonia,  entenado  de  la  madre  política  del  infante.  De 
las  indagaciones  hechas  acerca  del  desastroso  fín  de  éste,  y  sacadas  del  archivo 
de  Perpiñán  por  Mr.  Buchón  que  las  publicó  en  1845,  ^^  ^^^^  "^^y  ^i^^  parada  la 
fídelidad  de  sus  seguidores  y  caballeros,  ni  hasta  la  buena  fe  del  rey  Sancho  y 
del  rey  Fadrique  que  no  debiera  ser  sospechosa  respecto  de  su  hermano  y  primo. 
Entre  los  que  acompañaron  á  D.  Fernando  y  los  auxiliares  avecindados  en  Grecia, 
que  á  la  postre  se  movieron  en  favor  suyo  y  que  al  parecer  eran  llamados  almo^ 
gávares,  hubo  graves  discordias  y  reyertas,  que  dieron  acaso  pie  á  recriminacio- 
nes apasionadas.  Á  principios  de  Noviembre  próximo  los  restos  del  infante  esta- 
ban en  Perpiñán  y  fueron  sepultados  en  la  iglesia  de  dominicos,  cuando  su  madre 
la  reina  viuda  había  ya  cesado  de  existir. 


ISLASBALEARES  I55 

do  con  el  tierno  niño  mientras  de  día  y  de  noche  el  peligro  no 
aflojaba,  vino  á  Rosellón  á  ponerle  en  manos  de  la  abuela  doña 
Esclaramunda  y  de  sus  tíos  D.  Sancho  y  D.*  María  de  Ñapóles. 
Y  muerto  á  poco  también  su  padre  D.  Fernando,  su  tío  el 
rey  de  Mallorca  le  nombró  su  heredero,  bajo  la  tutoría  de  don 
Felipe  el  canónigo  de  Elna. 

Ya  los  comienzos  del  reinado  de  aquel  inocente  huérfano, 
borrascosos  y  contrastados,  fueron  como  un  presagio  de  su 
suerte  miserable.  Al  repartir  D.  Jaime  el  Conquistador  sus  esta- 
dos entre  sus  hijos,  no  se  acordó  sino  de  que  era  padre:  ésta, 
que  en  un  rey  bien  puede  llamarse  flaqueza,  había  de  costar 
males  y  sangre  á  sus  biznietos;  y  de  cada  día  resaltaba  más  lo 
desacertado  de  aquella  disposición  testamentaria,  por  la  cual  los 
no  muy  poderosos  reyes  de  Mallorca  quedaban,  si  no  sujetos, 
expuestos  á  las  ambiciosas  miras  de  los  aragoneses.  Así  se  vio 
en  esta  ocasión :  porque  pretendiendo  D.  Jaime  el  Justo  que  los 
estados  del  mallorquín  se  le  debían  ahora  como  á  más  próximo 
pariente  por  las  substituciones  ordenadas  en  el  testamento  del 
Conquistador^  sin  dar  lugar  á  la  contestación  del  derecho,  man- 
dó al  infante  D.  Alfonso  que  se  apoderase  de  Perpiftán  y  otras 
fuerzas  de  los  condados  de  Rosellón  y  Cerdaña.  El  arcediano 
D.  Felipe,  que  desempeñó  con  rara  diligencia  la  tutela  del  rey 
de  Mallorca  D.  Jaime  III  {a)^  acudió  á  Zaragoza  á  hacer  valer 


(a)  Halló,  sin  embargo,  grave  resistencia  dentro  de  Perpiñán  la  autoridad  del 
tutor,  á  pesar  de  habérsele  prestado  ya  juramento,  ligándose  con  los  vecinos 
Gastón  conde  de  Foix  primo  de  D.  Felipe,  acaso  para  disputarle  la  regencia,  ayu- 
dado del  conde  de  Cominges,  de  Bernardo  Jordán  señor  de  Illa,  de  Aimerico  hijo 
del  conde  de  Narbona,  y  de  varios  caballeros  como  Dalmacio  de  Castelnau  y  Pon- 
ce  Caramán.  Los  ciudadanos  tomaron  las  armas  contra  los  naturales  del  condado 
de  Cerdaña  y  otros  vasallos  del  infante  que  habían  tomado  su  defensa,  y  apodera- 
dos del  rey  menor  le  manejaron  á  su  albedrío.  Carlos  e/  Hermoso  rey  de  Francia 
mandó  á  los  barones  franceses  apartarse  de  la  liga,  y  permitió  levantar  gente  en 
sus  dominios  á  D.  Felipe.  También  el  de  Aragón,  zanjadas  con  éste  sus  pretensio- 
nes, mandó  á  sus  tropas  pasar  los  Pirineos  en  los  últimos  días  del  año  1325  á  las 
órdenes  del  infante  D.  Alfonso  y  de  Otón  de  Moneada  para  reducir  á  Perpiñán, 
que  al  cabo  de  pocos  días  fué  sometida.  Hubo  en  la  ciudad  castigos  y  escarmien- 
tos. 


156  ISLaSBALEARES 

los  derechos  de  su  pupilo;  mas  andaban  los  pareceres  de  los 
cortesanos  tan  discordes,  y  la  ambición  tan  sorda  se  hacía  á  la 
voz  de  la  justicia,  que  fué  necesario  convocar  cortes  en  Lérida 
por  Setiembre  de  aquel  afto  1325,  y  someter  á  su  deliberación 
el.  negocio.  La  discusión  en  ellas  fué  vivísima,  bien  que  los  más 
opinaron  no  haber  lugar  á  la  substitución  susodicha,  sino  cuando 
viniese  á  extinguirse  completamente  la  línea  masculina  de  don 
Jaime  II  de  Mallorca;  y  el  rey,  habiendo  en  consideración  la 
tierna  edad  del  actual  D.  Jaime  III  y  el  parentesco  que  con  él  le 
unía,  puso  fin  á  los  debates  con  una  transacción,  que  fué  como 
hacer  merced  de  la  justicia  {a).  El  de  Aragón  renunció  unos  de- 
rechos que  entonces  no  tenía,  y  la  corona  mallorquina  le  eximió 
del  pago  de  veinticinco  mil  libras,  que  el  difunto  D.  Sancho  le 
prestara  para  la  expedición  de  Cerdefta;  y  para  mayor  seguri- 
dad de  la  concordia,  tratóse  el  casamiento  del  rey  de  Mallorca 
con  D.*  Constanza,  que  entonces  contaba  cinco  aftos,  hija  del 
infante  D.  Alfonso.  En  1327  vino  á  Barcelona  D.  Jaime  III 
acompañado  de  su  tío  y  tutor  D.  Felipe,  y  á  i.®  de  Octubre  en 
el  palacio  real  prestó  homenaje  por  sus  estados  al  rey  D.  Jaime 
e/  yusio;  y  muerto  éste  de  allí  á  un  mes,  ya  fuera  él  de  tutela, 


(a)  Pretendía  Jaime  II  de  Aragón  heredar  del  rey  Sancho  la  corona  de  Mallor- 
ca, como  si  en  éste  se  hubiese  extinguido  la  descendencia  varonil  de  la  rama  se- 
gunda, sin  atenerse  al  testamento  del  Conquistador;  así  que,  á  los  tres  días  de  re- 
cibida la  noticia  del  fallecimiento  de  su  primo,  en  iq  de  Setiembre  de  i  324,  cir- 
culó á  las  universidades  y  á  los  nobles,  así  de  los  dominios  insulares  como  de  los 
ultra-pirenaicos,  orden  de  no  reconocer  por  señor  al  pretendido  sucesor  Jaime  III, 
á  la  cual  ya  día  2$  contestaron  resueltamente  los  de  Perpiñán,  ponderando  las 
excelencias  de  In  fidelidad  en  general  y  protestando  conservársela  inviolable  al 
rey  niño.  En  el  mismo  sentido  respondieron  los  jurados  de  Mallorca  á  Beltrán  des 
Llor  y  á  Francisco  de  Luna,  enviados  á  la  isla  por  la  corte  de  Aragón,  conferen- 
ciando con  ellos  en  la  casa  de  cierta  viña  de  Guillermo  Orcet,  contigua  á  los  mu- 
ros de  la  ciudad,  mostrándose  decididos  á  guardar  las  disposiciones  del  rey  di* 
funto  «tomadas  con  plena  deliberación  y  consejo  de  los  mejores  clérigos  y  aboga- 
dos del  mundo.«  Intervinieron  en  favor  del  derecho  del  débil  la  reina  Sancha  de 
Ñapóles  y  el  Papa,  á  quien  contestó  el  rey  de  Aragón  en  Junio  de  i  32S  no  haber 
aspirado  á  apoderarse  del  reino  á  todo  trance,  sino  á  ilustrar  meramente  su  con- 
ciencia. Llevadas  á  buen  término  las  negociaciones,  firmóse  la  concordia  en  la 
Aljafería  de  Zaragoza  á  24  de  Setiembre  inmediato.  Todo  consta  en  el  registro 
Majoricarum^  n.*  347,  años  1318a  1327,  archivo  de  la  Corona  de  Aragón. 


ISLASBALEARES  I57 

volvió  á  Barcelona  por  1329,  y  á  25  de  Octubre  reconoció  el 
feudo  á  su  suegro  D.  Alfonso  el  Benigno,  A  principios  de  1332 
pasó  á  Mallorca;  el  día  9  de  Enero  confirmó  á  los  isleños  todos 
los  privilegios  que  les  habían  concedido  sus  antecesores,  y  desde 
entonces  aprovechó  el  ocio  de  la  paz  para  el  buen  arreglo  de  la 
administración  (cC),  Educado  en  el  Languedoc,  centro  aún  de 
cultura,  dio  una  excelente  muestra  de  su  discreción  en  las  céle- 
bres leyes  palatinas,  que  por  1336  ordenó  para  el  régimen,  lus- 
tre y  justicia  de  su  casa  (i):  monumento  tal  vez  único,  que  nos 
ha  conservado  la  descripción  extensa  y  circunstanciada  de  la 
etiqueta  y  usos  de  una  casa  real  en  la  Edad -media. 

Pero  esa  paz  fué  pasajera,  y  entre  tanto  ascendió  al  trono 
de  Aragón  D.  Pedro  el  Ceremonioso^  que  en  breve  debía  acabar 
con  la  dinastía  de  Mallorca.  Era  el  aragonés,  aunque  muy  mozo, 
ya  harto  colérico,  diestro  y  pronto  en  resolver,  activo  en  ejecu- 
tar, sagaz  y  ambicioso  cual  ninguno,  implacable  como  juez;  el 
de  Mallorca  sobradamente  franco,  confiado  é  imprudente,  cuali- 
dades que  le  hacían  en  gran  manera  á  propósito  para  secundar 
mal  de  su  grado  los  planes  y  manejos  de  D.  Pedro:  y  si  es 
cierto  que  éste  ya  de  infante  profesó  enemistad  á  D.  Jaime  III, 
no  tardó  en  hacerse  pública  á  la  par  de  sus  intenciones  sinies- 
tras. 

A  poco  de  empuñar  el  cetro  de  Aragón,  como  retardase  don 
Jaime  el  prestamiento  de  homenaje,  repetidas  veces  le  citó  para 
ello  el  Ceremonioso^  y  finalmente  alcanzó  que  por  Julio  de  1339 


(a)  Eq  los  años  sucesivos  de  I333á3<;  pasó  Jaime  III  lo  más  del  tiempo  en 
Perpinán;  en  i  3  de  Agosto  de  1336  llegó  á  Mallorca,  donde  permaneció  hasta  22 
de  Diciembre  de  i  337,  y  al  siguiente  volvió  á  la  isla,  constando  que  en  ella  estaba 
en  II  de  Setiembre,  al  hacer  jurar  por  heredero  á  su  primogénito,  que  en  34  de 
Agosto  anterior  acababa  de  nacer  en  Pcrpiñán.  Sus  viajes  á  Barcelona  en  1339  y 
I  340  por  la  cuestión  del  homenaje  y  sus  querellas  con  Francia  le  obligaron  á  no 
alejarse  del  dominio  continental;  y  en  Agosto  de  i  342,  al  salir  de  la  corte  de  su 
cuñado  con  estrepitoso  rompimiento,  volvió,  probablemente  por  mar,  á  Rosellón, 
de  donde  ya  no  volvió  á  Mallorca  sino  para  socorrerla  precipitadamente  en  Mayo 
de  1343. 

(i)    Véase  el  número  34  del  i4^é»df ce. 


158  ISLASBALEARES 

se  verifícase  aquel  acto  en  Barcelona.  Allí  salió  á  plaza  laafíción 
desmedida  de  D.  Pedro  á  la  etiqueta  en  las  ceremonias,  y  su 
celo  por  conservar  las  preeminencias  reales,  convirtiéndolas 
ahora  en  motivos  de  mortificación  para  el  de  Mallorca;  y  bien 
dio  á  entender  que  más  quisiera  se  negase  éste  al  reconocimiento 
del  feudo,  ya  que  con  tanta  malicia  dispuso  y  previo  los  acci- 
dentes que  en  aquel  acto  pudiesen  humillarle.  Sabiendo  que  era 
costumbre  en  tales  casos  y  derecho  de  los  reyes  mallorquines 
sentarse  en  almohada,  había  mandado  labrarla  para  sí  diferente 
de  las  de  su  cámara,  mucho  mayor  y  más  rica;  y,  cosa  inusitada 
antes,  abriéronse  los  salones  de  palacio  al  pueblo  de  Barcelona 
que  los  llenó.  D.  Jaime  hubo,  pues,  de  suplicar  al  de  Aragón 
que  se  hiciese  el  acto  en  la  capilla  real  delante  de  su  corte,  como 
requería  la  costumbre,  y  allí  con  grave  descortesía  dejóle  don 
Pedro  estar  en  pie,  sin  mandar  que  le  trajeran  almohada.  Recla- 
móla D.  Jaime;  y  habida  deliberación  con  los  infantes  y  cortesa- 
nos, el  Ceremonioso  hizo  darle  una  de  las  de  su  cámara,  menor 
que  la  suya:  con  lo  cual  pudo  el  de  Mallorca  volverse  á  Rose- 
llón  convencido  de  cuan  poco  le  amaba  el  rey,  y  de  que .  no  se- 
rían obstáculo  á  su  ambición  los  vínculos  de  la  sangre. 

Dado  el  primer  paso,  los  hechos  posteriores  no  fueron  sino 
una  demostración  continua  de  los  sentimientos  que  á  D.  Pedro 
animaban,  y  hasta  los  más  leves  incidentes  redundaron  en  daño 
de  D.  Jaime.  Pasaba  el  aragonés  á  Aviñón  á  prestar  al  papa 
reconocimiento  y  homenaje  por  Cerdefta  y  Córcega;  y  el  de  Ma- 
llorca, después  de  salirle  al  encuentro  y  agasajarle  en  sus  esta- 
dos del  Rosellón,  fué  acompañándole  á  la  corte  pontificia.  Reci- 
bidos en  ella  debajo  palio  el  primer  día,  como  el  siguiente  se 
dirigiesen  á  caballo  y  con  gran  comitiva  al  lugar  donde  Bene- 
dicto les  esperaba,  aconteció  que  Gastón  de  Levis,  caballero  de 
la  servidumbre  de  D.  Jaime,  el  cual  llevaba  del  diestro  el  caba- 
llo de  su  rey,  viendo  que  el  de  D.  Pedro  se  le  adelantaba  le  dio 
algunos  golpes,  y  aun  al  palafrenero  que  lo  conducía.  No  era 
menester  tanto  desacato  para  encender  la  cólera  del  aragonés, 


ISLASBALEARES  1 59 

siempre  pronta  á  despertarse:  requirió  con  gran  furia  la  espada 
para  herir  al  de  Mallorca;  mas,  aunque  lo  repitió  con  mayor  ra- 
bia por  tres  veces,  no  pudo  arrancarla  de  la  vaina.  Era  la  que 
estrenó  en  la  ceremonia  de  su  coronación,  rica,  cuajada  de  pe- 
drerías y  perlas,  estrecha  de  vaina,  como  únicamente  destinada 
á  los  actos  de  etiqueta  y  corte.  AI  ver  la  acción  del  rey,  turbá- 
ronse todos  y  movióse  gran  rumor,  y  afortunadamente  acudie- 
ron varios  á  detenerle;  entre  ellos  el  infante  D.  Pedro,  que  le 
puso  por  delante  cuan  bien  quisto  era  en  la  corte  pontificia 
D.  Jaime,  y  que  si  le  matara  corría  él  riesgo  de  perecer.  No 
cedía  empero  el  rey,  antes  con  mayor  ira  contestó:  que  no  sin- 
tiera perder  la  vida,  si  hubiese  podido  quitarla  al  de  Mallor- 
ca (i).  Hubo  al  fin  de  calmarse  y  de  mirar  por  su  dignidad;  y 
de  vuelta  á  Cataluña,  fuéle  también  obsequiando  D.  Jaime. 

Nada  veía,  pues,  éste  en  la  conducta  de  su  cuñado  D.  Pe- 
dro que  le  convidase  á  depositar  en  él  una  confianza  ciega,  an- 
tes bien  claramente  ella  le  decía  que  sólo  podía  contar  con  su 
propia  circunspección  y  destreza,  cuando  otro  acontecimiento 
probó  que  no  era  éste  su  dictamen.  En  vida  del  rey  D.  Pedro 
el  Gratule  de  Aragón,  la  casa  real  de  Francia  adquirió  la  por- 
ción que  en  Montpeller  tenía  el  obispo  de  Magalona,  rompiendo 
los  convenios  que  de  no  procurarlo  por  ningún  término  había 
hecho  en  las  vistas  de  Panízas.  D.  Jaime  II  de  Mallorca  hubo 
de  mandar  á  los  ciudadanos  de  Montpeller  que  no  prolongasen 
su  resistencia,  y  dejasen  al  francés  tomar  libremente  posesión 
de  aquella  parte  del  obispo;  porque,  como  tenía  crédito  y  favor 
en  Francia,  esperaba  hallar  justicia  en  aquella  corte,  y  que  se 
cumpliría  lo  tratado.  La  Francia  fué  alargando  el  negocio  y  evi- 
tando una  respuesta  decisiva;  y  ahora,  1340,  requería  á  D.  Jai- 
me III  que  por  el  feudo  de  su  porción  de  Montpeller  prestase 
homenaje  y  juramento  de  fidelidad  como  vasallo.  Nególe  uno  y 


(i)    Son  palabras  del  mismo  rey  en  su  crónica:  «E  nos  diguem  li:  que  puix  ab 
que  haguessem  mort  lo  rey  de  Mallorques,  nons  presavam  guayre  si  moriam.» 


l6o  ISLAS      BALEARES 

Otro  D.  Jaime;  no  quiso  recurrir  por  su  derecho  al  parlamento 
de  París,  y  dijo  que  con  gusto  pondría  el  negocio  en  manos  del 
papa,  del  cardenal  de  Ñapóles,  ó  del  de  España.  El  francés^ 
logrado  el  fruto  de  su  pretexto,  apeló  á  las  armas  para  hacerse 
con  todo  Montpeller,  objeto  de  su  codicia;  y  el  imprudente 
D.  Jaime,  confiando  que  el  de  Aragón  le  acudiría  á  fuer  de  se- 
ñor directo  á  su  feudatario,  dispúsose  á  la  resistencia,  y  en  Di- 
ciembre de  aquel  año  lo  puso  todo  en  conocimiento  del  Ceremo- 
nioso. Tras  de  alguna  dilación,  avistáronse  entrambos,  y  en 
última  resolución  despacharon  embajadores  al  francés,  que  por 
respeto  á  D.  Pedro  había  ofrecido  tratar  de  concordia.  Mas 
como  bajo  la  capa  de  los  tratos  sólo  había  doblez  y  mala  fe, 
quiso  el  francés  someter  el  negocio  á  la  decisión  de  su  parla- 
mento; y  sin  curarse  de  las  reclamaciones  de  los  embajadores, 
entró  á  mano  armada  en  tierras  de  D.  Jaime.  Este  no  estaba 
desprevenido:  sino  que  apenas  advirtió  que  en  las  fronteras  se 
formaban  grandes  compañías,  y  supo  que  capitanes  franceses  se 
acercaban,  junta  ya  su  gente,  participólo  al  de  Aragón,  y  le  re- 
quirió que  acudiese  á  defenderle. 

Mas  D.  Pedro  tenía  resuelto  aprovechar  esta  ocasión  para 
realizar  sus  planes  ambiciosos.  Ya  antes  había  alargado  cuanto 
pudo  el  contestar  definitivamente  á  su  cuñado:  ahora,  que  á  no 
dudarlo  le  veía  próximo  á  sucumbir  ante  el  poder  de  la  Francia, 
desde  Poblet  le  respondió  que  se  maravillaba  mucho  de  que  el 
francés  así  rompiese  las  negociaciones,  y  sin  previo  desafío  in- 
tentase correr  tierras  sujetas  á  la  corona  de  Aragón,  y  reiterán- 
dole la  promesa  de  valerle  en  caso  necesario,  concluía  diciendo 
que  sospechaba  lo  movían  todo  algunos  barones  del  Rosellón 
ganosos  de  alborotar,  de  vengarse  unos  con  el  favor  de  los 
franceses,  y  otros  de  venir  con  ellos  á  las  manos.  Este  fué  el 
tenor  de  todas  sus  ulteriores  respuestas:  aconsejar  la  paz,  cuan- 
do ya  la  gente  de  guerra  del  francés  estaba  repartida  y  muy  á 
punto  en  la  frontera,  y  en  ocasión  en  que,  enemistada  la  Francia 
con  el  inglés,  con  sólo  declararse  él  resueltamente  como  debía 


ISLASBALEARES  l6l 

á  favor  de  D.  Jaime,  ponía  fin  á  las  diferencias.  Harto  impruden- 
te anduvo  el  de  Mallorca  en  oponerse  con  tanta  fuerza  á  los  in- 
tentos de  la  Francia  antes  de  haberse  asegurado  del  ánimo  de 
D.  Pedro,  cuya  deslealtad  vino  á  ponerle  en  el  mayor  conflicto. 
Tenía  que  persistir  en  sus  proyectos  de  resistencia  á  los  france- 
ses, y  necesariamente  vendrían  á  poder  de  éstos  los  vizconda- 
dos  de  Omelades  y  Carlades  y  la  baronía  de  Montpeller;  6 
había  de  concertarse  con  ellos,  y  en  este  caso  D.  Pedro  no 
dejaría  de  achacárselo  á  intenciones  siniestras  contra  la  corona 
aragonesa.  Ya  debió  de  conocerlo,  pues  que  tan  repetidos  men- 
sajes envió  á  su  cuñado,  quien  contestó  por  último  que  la  razón 
estaba  de  parte  de  la  Francia,  y  que  por  consiguiente  él  movía 
una  guerra  injusta. 

Declarados  en  parte  sus  intentos,  fué  acelerando  más  y  más 
el  de  Aragón  la  ruina  de  D.  Jaime.  Acusóle  de  haber  quebran- 
tado las  conveniencias  hechas  entre  los  reyes  aragoneses  y  los 
mallorquines,  mayormente  permitiendo  que  en  sus  tierras  de 
Rosellón,  Cerdaña  y  Conflent  corriese  moneda  diferente  de  la 
barcelonesa,  y  acuñándola  él  mismo:  extraño  y  pérfido  modo  de 
satisfacer  á  sus  demandas  el  nK>verle  pleito  cuando  los  enemi- 
gos se  le  entraban  en  casa.  Ignorante  aún  de  esto,  envió  D.  Jai- 
me á  Valencia  su  mayordomo  Pedro  Ramón  de  Codolet,  al  cual 
el  rey  se  excusó  de  oir  por  entonces  pretextando  una  partida  de 
caza.  Bien  pudo  conocer  Codolet  que  ninguna  esperanza  había 
para  su  amo,  cuando  á  lo  que  no  admitía  dilación  se  anteponía 
un  mero  recreo:  pero  quiso  cumplir  con  su  encargo,  y  esperó  la 
vuelta  del  rey.  Díjole  que,  ya  ocupados  por  el  enemigo  los  viz- 
condados  de  Omelades  y  Carlades,  iba  su  amo  á  encomendar 
su  justicia  á  las  armas,  confiando  concertarse  con  el  de  Inglate- 
rra; y  por  ello  le  requería  que  le  auxiliase  y  estuviese  en  Perpiñán 
con  su  gente  el  25  de  Abril  de  aquel  aña  1341.  Convocó  el  rey 
los  de  su  consejo;  y  viéndoles  perplejos  en  decidir  si  debía  ó  no 
favorecer  al  de  Mallorca,  cortó  la  deliberación  con  echar  mano 
de  un  ardid  vergonzoso  y  contrario  á  su  honor  y  á  su  buena  fe. 


102  ISLASBALEARES 

Dijo  que  no  convenía  discutir  si  era  ó  no  obligado  á  ayudar  á 
D.  Jaime,  porque,  según  la  resolución  que  se  tomase,  aún  tenía 
tiempo  su  cuñado  de  concertarse  con  el  francés,  y  juntos  mover 
guerra  á  Aragón ;  y  para  evadirse  de  responder  á  su  requeri- 
miento, propuso  que  se  convocasen  cortes  en  Barcelona  para  el 
25  de  Marzo,  porque,  no  acudiendo  á  ellas  el  de  Mallorca,  el 
rey  quedaba  libre  de  todo  compromiso.  Es  doloroso  y  da  ver- 
güenza leer  en  su  propia  crónica  tan  sin  rebozo  declarada  por 
él  mismo  su  dañada  intención  contra  su  cuñado,  un  descendiente 
de  D.  Jaime  el  Conquistador^  un  príncipe  de  la  sangre  aragone- 
sa, á  quien,  cuando  no  por  deber  y  justicia,  por  sólo  el  pundo- 
nor debía  valer  en  semejante  caso.  No  compareció  el  de  Mallor- 
ca á  las  cortes,  ni  le  era  posible  cuando  en  sus  mismos  estados 
se  alojaban  las  divisiones  enemigas,  ni,  á  serlo  y  á  comparecer, 
hubiera  dejado  el  de  Aragón  de  llevar  adelante  lo  que  hizo. 
Dióse  por  libre  de  toda  obligación  para  con  D.  Jaime;  y  no  sa- 
tisfecho con  tal  perfidia  y  sin  ninguna  consideración  al  riesgo  en 
que  estaba,  reiteró  contra  él  todos  los  cargos  de  quebranta- 
miento de  homenaje  y  acuñación  de  moneda,  emplazóle  para 
que  diese  sus  descargos,  y  no  •  acudiendo  el  acusado,  mandó 
procesarle  en  rebeldía.  La  ocasión  era  muy  propicia ;  mas  en 
asirse  de  ella,  ganaba  tanto  su  ambición,  cuanto  su  honor  y  su 
reputación  de  generoso  perdían.  La  Francia  entre  tanto,  teme- 
rosa del  aragonés  por  ignorar  sus  fines,  le  mandaba  embajado- 
res, y  aparentaba  suspender  las  hostilidades  por  su  respeto;  y 
D.  Pedro,  como  vio  que  desesperado  D.  Jaime  tal  vez  buscaría 
la  alianza  de  aquella  potencia  en  la  cual  contaba  á  los  condes 
de  Armañac  y  Foix  por  deudos  y  amigos,  cerró  con  el  francés 
un  trato,  por  el  cual  éste  se  comprometía  no  sólo  á  negar  todo 
auxilio  al  de  Mallorca  contra  la  corona  de  Aragón,  sino  también 
á  prohibir  á  sus  oficiales  y  barones  que  se  lo  diesen :  concordia 
facilísima  de  ajustar,  pues  que  por  ella  entrambas  partes  con- 
taban alzarse  con  nuevos  estados. 

Acababa  de  sentarse  en  la  silla  de  San  Pedro  el  papa  Cíe- 


ISLAS      BALEARES  I63 

mente  VI,  y  movido  del  parentesco  de  los  contendientes,  y  ce- 
diendo á  las.  instancias  de  los  de  Foix  y  ArmaAac,  quiso  hacer 
el  bello  papel  de  mediador,  y  envió  á  Cataluña  de  nuncio  el 
arzobispo  Armando.  Á  fuerza  de  súplicas  alcanzó  éste  que  se 
suspendiese  el  proceso  y  se  concediese  á  D.  Jaime  salvoconduc- 
to para  venir  á  sincerarse  ante  D.  Pedro,  prorrogándolo  has- 
ta 8  de  Agosto  de  aquel  año  1342.  Llegó  D.  Jaime  con  su 
esposa  á  Barcelona  en  cuatro  galeras,  y  desembarcó  por  un 
puente  y  pasadizo  de  madera  muy  cerrado,  que  corría  desde  el 
mar  hasta  San  Francisco  de  Asís,  en  donde  se  le  preparara 
alojamiento.  Hízole  el  rey  mucha  cortesía  por  respeto  al  papa; 
pero  por  más  que  trabajó  el  nuncio  apostólico,  jamás  pudo 
traerles  á  concordia,  antes  bien  las  cosas  se  encaminaron  de 
manera,  que  aquella  venida  fué  para  D.  Jaime  injusta  ocasión 
de  que  se  acelerase  la  pérdida  de  sus  estados. 

Cuenta  el  mismo  Ceremonioso  en  su  crónica,  sin  ninguna 
duda  ni  escrúpulo,  que  no  le  trajo  á  D.  Jaime  el  deseo  de  la 
paz,  sino  el  de  poner  por  obra  una  traición,  imperdonable  á  ser 
cierta.  Debíanse  fingir  enfermos  D.  Jaime  y  su  esposa  D.*  Cons- 
tanza; y  cuando  acudiera  el  rey  con  los  infantes,  el  ujier,  que 
guardaba  la  puerta  de  la  cámara  de  la  reina,  diría  que  á  la  sa- 
lud de  su  señora  importaba  que  entrasen  solos.  Dentro  de  la 
cámara  habían  de  echárseles  encima  doce  hombres  armados, 
con  orden  de  matarlos  si  gritaran  ó  se  resistieran,  ó  sino,  de 
conducirlos  por  el  pasadizo  á  las  galeras,  y  hacer  vela  á  Mallor- 
ca á  encerrarlos  en  el  castillo  de  Alaró,  hasta  que  á  D.  Jaime  se 
le  eximiese  del  feudo,  y  se  le  aumentasen  sus  estados  por  la 
parte  de  Cataluña.  La  pluma  se  niega  á  reproducir  esa  conjura- 
ción, que  la  mala  fe  del  aragonés  ya  induce  á  creer  que  es  falsa, 
y  que  ni  en  el  proceso  mismo  se  ve  probada.  ¿Cómo  creer  que 
hubiese  concebido  D.  Jaime  semejante  proyecto,  cuando  no  po- 
día esperar  ningún  auxilio  de  la  Francia  ya  concertada  en  daño 
suyo  con  el  de  Aragón,  y  cuando  las  gestiones  de  la  Santa 
Sede  eran  lo  único  que  impedía  su  ruina  y  le  alentaba  >  Si  así 


164  ISLAS      BALEARES 

rompía  toda  negociación,  ¿con  qué  contaba  para  sostener  tan 
loca  violencia?  Sus  estados  del  Rosellón  á  punto  de  caer  ente- 
ramente en  poder  de  la  Francia,  que  aprovecharía  con  gusto 
ocasión  tan  favorable,  sin  marina,  sin  ejército,  sin  tesoro,  mal 
hubiera  podido  contrarrestar  las  fuerzas  de  Aragón,  que  en  un 
momento  estarían  sobre  Mallorca.  La  ejecución  debía  ser  en 
Barcelona,  ciudad  enemiga  suya  entonces  y  alborotada  con 
sola  su  venida,  en  un  puerto  de  los  más  concurridos,  á  la  vista 
de  cuatro  galeras  mandadas  por  el  famoso  corsario  valenciano 
mossén  Mateo  Ferrer,  que  incesantemente  y  por  encargo  de 
D.  Pedro  celaba  á  las  cuatro  del  mallorquín;  y  para  ello,  venía 
éste  acompañado  de  su  esposa,  hermana  de  D.  Pedro,  en  quien 
siempre  había  de  obrar  el  cariAo  de  la  sangre,  y  la  cual  traía 
todas  sus  doncellas  y  camareras :  singular  disposición  y  gentil 
comitiva  para  un  lance,  en  que  la  sorpresa,  la  violencia,  el  sigi- 
lo y  la  prontitud  más  instantánea  debían  serlo  todo. 

Pues  si  atendemos  al  modo  cómo  D.  Pedro  refiere  que  ello 
vino  á  su  noticia,  sube  de  punto  la  duda,  y  á  par  de  ella  el  es- 
cándalo. Esparcida  la  voz  de  la  enfermedad  de  D.^  Constanza, 
presentóse  al  rey  un  fraile  de  Santo  Domingo,  y  le  participó  que 
uno  de  los  conjurados  en  confesión  le  había  encargado  advirtie- 
se al  monarca  de  que  por  ningún  término  visitase  á  su  hermana, 
porque  de  lo  contrario  sería  muerto.  Era  el  fraile  muy  familiar 
suyo,  y  sin  embargo  dice  el  rey  cronista  que  no  se  le  acuerda 
el  nombre :  raro  olvido  en  monarca  tan  diligente  y  suspicaz,  en 
un  hecho  de  tanta  monta,  y  con  quien  venía  á  salvarle.  Turbóse 
D.  Pedro,  y  prometió  que  aquella  noche  no  iría  á  ver  á  su  her- 
mana; pero  añadió  que  si  el  fraile  no  alcanzaba  de  su  penitente 
entera  revelación  del  plan,  en  otra  lo  efectuaría.  Los  infantes,  su 
tío  D.  Pedro  y  sd  hermano  D.  Jaime,  como  ignoraban  el  riesgo, 
con  grande  instancia  le  indujeron  á  resolver  que  pasaría  á  San 
Francisco  la  mañana  siguiente,  no  empero  sin  tomar  algunas 
precauciones.  Proveyó  que,  entrado  en  la  cámara  de  D.*  Cons- 
tanza, cierto  número  de  servidores  suyos  se  quedaría  á  la  puer- 


ISLAS      BALEARES  ib; 

ta,  la  cual  no  permitirían  se  cerrase,  y  que  las  cuatro  galeras 
de  Mateo  Ferrer  se  arrimarían  á  las  mallorquínas  lo  más  que 
pudiesen;  mas  una  indisposición  suya  estorbó  esa  visita,  y  le 
forzó  á  recogerse  por  algunos  días.  En  esto  volvió  el  fraile,  y 
por  su  consejo  mandó  el  rey  al  infante  D.  Jaime  que  fuese  á  San 
Francisco,  y  de  grado  ó  á  la  fuerza  le  trajese  su  hermana  doña 
Constanza:  lo  cual  hizo  el  infante  con  grande  oposición  y  pesar 
del  de  Mallorca,  y  con  quebrantamiento  del  salvo-conducto  con- 
cedido por  el  rey.  Puesta  D.^  Constanza  en  los  aposentos  bajos 
de  palacio,  dice  D.  Pedro  que  le  reveló  á  él  y  al  infante  toda  la 
traición  proyectada;  y  como  á  poco  viniese  el  tío  del  monarca  á 
reprenderle  aquella  temeraria  acción,  el  Ceremonioso  volvió  á 
bajar  con  él  al  cuarto  de  su  hermana,  que  de  nuevo  lo  refirió 
todo,  con  no  poca  sorpresa  y  espanto  del  tío. 

Fué  caso  el  más  escandaloso  romper  la  palabra  empeñada, 
separar  dos  consortes  sin  ningún  derecho  ni  información  y  sólo 
á  la  fuerza,  como  si  quisiera  apartar  del  mallorquín  cuanto  pu- 
diera retraerle  de  realizar  sus  planes;  y  avergüenza  más  y  más 
]a  relación  del  rey  á  quien  considere  que  no  se  probó  después 
tal  declaración  de  D.*  Constanza,  y  cuan  repugnante  inverosimi- 
tud  envuelve  poner  en  boca  de  la  hermana  la  acusación  del  es- 
poso. Si  ella  prefirió  servir  al  primero  á  defender  al  segundo, 
¿por  qué  éste  incesantemente  la  reclamó  y  puso  su  demanda  á 
los  pies  del  sumo  pontífice?  ¿por  qué  D.  Pedro  la  retuvo  tan 
recogida?  ¿por  qué  ella  misma  importunó  á  su  cruel  hermano 
para  que  la  dejase  reunirse  con  su  esposo?  Su  prontitud  en  ad- 
ministrar justicia  le  valió  á  D.  Pedro  el  renombre  de  justicieros 
y  su  excesiva  severidad  y  arrebatos  el  de  Cruel:  en  Aviñón  un 
desacato  casual  de  un  palafrenero  le  fué  suficiente  motivo  para 
requerir  la  espada  é  intentar  la  muerte  de  su  cuñado,  en  la  calle, 
delante  de  aquel  gentío,  en  medio  de  la  nobleza  de  sus  reinos  y 
de  los  extraños ;  ahora,  como  si  de  repente  se  hubiese  amansado 
aquella  su  condición  terrible  y  fiera,  ni  siquiera  prendió  á  D.  Jai- 
me,  que  otro  día,  mientras  él  estaba  á  la  mesa,  sin  ningún  temor 


1 66  ISLASBALEARES 

se  le  presentó  y  le  dijo:  c  Señor,  yo  vine  aquí  en  fe  de  vuestro 
salvoconducto;  y  sin  embargo  se  me  ha  hecho  violencia,  man- 
dando vos  se  me  quitase  á  la  fuerza  mi  mujer,  y  sé  que  nada 
bueno  se  me  prepara.  Por  esto  vengo  ahora  á  despedirme  de 
vos,  y  pues  que  tan  mal  cumplís  vuestra  palabra,  parto  y  os 
niego  los  feudos  que  por  vos  tenía.»  Salió  de  palacio  el  mallor- 
quín entre  los  murmullos  de  los  circunstantes,  que  extrañaban 
no  castigara  el  rey  con  la  prisión  tanta  arrogancia;  metióse  en 
sus  galeras,  y  mandó  que  le  siguiesen  todas  las  damas  y  donce- 
llas que  habían  venido  acompañando  á  D.*^  Constanza.  Una  sola 
se  riego  á  obedecerle;  y  el  Ceremonioso^  que  no  retuvo  el  inte- 
resante nombre  del  fraile  que  le  salvó  la  vida,  ni  el  del  conju- 
rado que  advirtió  de  su  peligro  al  confesor,  da  buena  prueba  de 
su  memoria  diciendo  que  aquella  camarera  se  llamaba  Vicenta 
y  era  natural  de  Mallorca.  A  los  cargos  anteriores,  pues,  agre- 
góse el  crimen  de  la  traición  supuesta,  y  de  él,  como  del  princi- 
pal pretexto,  se  motivó  la  ruina  del  desgraciado  D.  Jaime :  c  sí 
fué  sospecha,  dice  el  gran  Zurita,  se  le  dio  más  crédito  del  que 
debiera  para  justificar  el  rey  su  proceso;  y  si  fué  invención,  no 
pudo  ser  cosa  más  infame  y  deshonesta  de  nuestra  parte. » 

El  rey  de  Mallorca  mandó  prender  todos  los  subditos  de 
Aragón  que  se  hallaban  en  sus  estados,  tomándoles  sus  bienes, 
y  se  puso  á  punto  de  guerra;  y  el  nuncio  apostólico,  como  vio 
tanto  rompimiento,  se  fué  de  Barcelona  á  principios  de  Agosto 
de  aquel  año  1342.  Dispuso  con  ahínco  D.  Pedro  cuanto  para 
apoderarse  de  los  estados  de  su  enemigo  le  importaba:  puso  en 
la  frontera  del  Rosellón  al  infante  D.  Jaime  y  á  D.  Lope  de  Luna 
con  buen  golpe  de  gente;  aprestó  grande  armada,  para  lo  cual 
envió  por  las  galeras  que  D.  Pedro  de  Moneada  mandaba  en  el 
estrecho  de  Gibraltar;  y  tanto  activó  el  proceso,  que  á  21  de 
Febrero  de  1343  dio  en  Barcelona  su  sentencia  definitiva,  por  la 
cual,  hecho  mérito  del  crimen  de  haber  faltado  el  de  Mallorca  á 
la  citación  y  de  los  demás  cargos  sobre  quebrantamientos  de 
homenaje  y  acuñación  de  moneda,  declaró  haber  lugar  á  ocu- 


ISLAS      BALEARES  167 

par  por  ahora  sus  estados,  y  sí  no  compareciese  dentro  un  afto 
y  no  deshiciese  todas  las  acusaciones,  á  incorporarlos  á  la  coro- 
na aragonesa. 

Vióse  entonces  cuánto  codiciaba  la  posesión  de  Mallorca, 
pues  ni  las  mismas  súplicas  de  D.^  Sancha,  tía  del  mallorquín, 
viuda  del  rey  de  Ñapóles,  bastaron  á  que  suspendiese  la  jorna- 
da ;  al  paso  que  dio  una  no  leve  muestra  de  aquella  profunda 
sagacidad  y  tacto  político  que  le  caracterizaron.  Mientras  á  la 
embajada  de  la  reina  viuda  contestaba  que  ya  en  la  toma  de 
Mallorca  iba  el  honor  de  su  corona,  que  tenía  las  tropas  y  la 
armada  á  punto,  y  que  los  gastos  hechos  eran  crecidísimos,  lo 
cual  equivalía  á  decir  que  la  ventaja  de  la  fuerza  sólo  se  cede  á 
la  indemnización  más  amplia  y  que  él  no  quería  levantar  la  ma- 
no del  negocio;  para  conciliarse  las  simpatías  de  los  subditos 
extraños,  publicaba  que  principalmente  le  movía  ver  tiranizados 
y  vejados  con  impuestos  los  estados  del  mallorquín,  presos  y 
aun  muertos  vasallos  inocentes,  y  los  del  Rosellón  tan  misera- 
bles y  oprimidos  que  no  pocos  venían  á  ampararse  de  él  como 
de  su  señor  directo:  palabras^que  siempre  han  sonado  bien  á  los 
oídos  de  los  pueblos.  Si  en  la  pasada  expedición  de  D.  Alfonso 
el  Liberal  los  mallorquines  no  se  señalaron  por  su  resistencia  y 
por  su  adhesión  á  su  rey  D.  Jaime  II,  si  entonces  el  aragonés 
fué  quien  primero  les  movió  pláticas  de  entregarse ;  ahora  envia- 
ron ellos  á  Cataluña  á  Beltrán  Roig  á  ofrecer  al  rey  que,  si  pa- 
saba á  la  isla,  le  reconocerían  por  soberano  en  la  primera  ocasión 
que  se  les  presentase.  Hízose  el  convenio  á  i.®  de  Mayo:  don 
Pedro  prometió  mantenerles  en  el  goce  de  sus  privilegios,  les 
aseguró  la  posesión  de  sus  bienes,  y  de  antemano  perdonó  á 
cuantos  harían  armas  contra  él  en  las  primeras  peleas  que  tal 
vez  no  podrían  excusarse,  con  otros  capítulos  concernientes  al 
gobierno  de  aquel  reino;  y  recompensó  al  enviado  con  seis  mil 
sueldos  de  renta,  franqueza  de  todos  sus  bienes,  y  facultad  de 
hacerse  armar  caballero  por  cualquier  noble. 

Entre  tanto  no  se  daba  vagar  D.  Jaime  III,  sino  que  guarne- 


l68  ISLAS       BALEARES 


cía  los  puertos  de  la  isla,  y  aprontaba  un  ejército  de  trescientos 
caballeros  y  más  de  quince  mil  infantes:  número  bastante  á  im- 
pedir el  desembarco,  si  les  asistieran  las  dos  circunstancias  prin- 
cipales para  la  fuerza, — la  fidelidad  á  su  rey,  y  el  valor  que  ella 
infunde  {a).  La  flota  del  Ceretnonioso  se  componía  de  más  de 
treinta  galeras,  siete  de  ellas  gruesas  ó  ujeres  y  muchas  sutiles, 
veinte  naves  de  dos  cubiertas,  y  varios  buques  menores:  en  suma 
ciento  y  diez  y  seis  velas.  Hízose  á  la  mar  á  1 8  de  aquel  mes  de 
Mayo ;  y  con  tiempo  vario  y  pasada  gran  fatiga  arribó  á  la  Palo- 
mera el  23,  y  habido  consejo,  resolvióse  ir  á  desembarcar  en  San- 


ia) Que  en  24  de  Abril  de  1  343  se  hallaba  todavía  en  Perpiñán,  y  que  se  pre- 
paraba á  acudir  á  la  defensa  de  la  isla,  despréndese  de  la  notable  carta  que  entre- 
gó por  credencial  á  los  que  en  ella  vaa  nombrados.  (Archivo  general  del  reino  de 
Mallorca,  perg.  n.*  87.)  «Ais  amats  e  feels  nostres  jurats  e  prohomens  e  á  tota  la 
universitat  del  regne  nostre  de  Malorques.— A  la  vostra  á  nos  molt  cara  feeltat  los 
amats  e  feels  nostre  conceler  e  camarlench  Johan  de  Sent  Johan  cavalerePere  de 
Cardona  nostre  cambrer  trametem,  los  quals  per  só  avem  elegits,  cor  leyals  e  fer- 
vens  en  nostra  honor,  axí  com  aquels  que  de  bona  térra  procesint  malvats  fruyts 
esser  no  poden,  los  avem  atrobats,  e  cor  axí  com  part  de  vostra  universitat  serán 
pervosaltrcs  mils  receptats,  e  sen  pora  mils  á  las  del  regne  provesirnecessitats;  els 
quals  la  nostra  justa  e  necessaria  cxcusació,  cor  no  us  avem  personalment  visi- 
táis, vos  dirán  ;  e  la  nostra  bona  e  gran  aíTecció,  per  la  qual  breument  serem  ab 
vosaltres  ensemps  ajustats,  vos  explicarán;  e  '1  prompte  e  fort  adjutori  qu'  avem 
procurat,  ab  lo  qual  de  nostres  e  vostres  enemichs  serets  defensats,  vos  recomp- 
tarán ;  e  alscuns  duptes,  que  nostres  adversaris  en  fer  lur  poder  e  demérits  a  vos- 
altres se  son  esforsats,  vos  declararán  ;  e  oltre  nostre  ciar  dret,  lo  quals  ja  us  avem 
manifestat,  la  rahó  en  que  del  feyt  de  la  guerra  nos  som  posats,  vos  recitarán.  Per- 
qué axí  com  á  amichs  especiáis  c  cars  vos  pregam,  e  axí  com  feels  nostres  leals  e 
purs  vos  requerim,  e  axí  com  á  sotsmeses  nostres  obediens  e  humils  vos  manam, 
que  ais  demuntdits,  en  so  que  de  nostra  part  vos  dirán,  cresats,  e  las  amonesta- 
cions  de  nostre  amat  e  feel  camerlench  e  conceler  e  lochtinent  nostre  Roger  de 
Roanach  e  deis  demuntdits  fer  vulats,  car  esperanza  avem  en  Nostre  Senyor  que  la 
nostra  justicia  per  eyl  favorejada,  e  la  injusticia  de  V  altre  part  comdempnada,  e 
la  rahó  en  que  'ns  posam  acceptada,  e  la  obstinacia  de  la  contraria  part  airada,  e  la 
leyaltat  qu'  en  vosaltres  es  gran  apurada,  no  oblidant,  e  los  apareyls  que  per  nos 
se  fan  ajudant,  nostre  regne  se  defendrá,  e  victoriosament  de  nostres  adversaris 
Deus  nos  gardará.  Donchs  ferms  vulats  estar  e  la  defensió  del  regne  procurar, 
per^o  que  an  aquels  qui  menten  e  de  enfeeltat  aver  envés  nos  vos  difaman,  pus- 
cats  baronivolment  contrastar,  e  que  aijó  que  disen  no  es  ver,  axí  com  á  nos  es 
cert,  á  tot  lo  mon  per  obra  feel  e  savia  e  vigorosa  e  ardida  manifestar.»  Es  copia 
auténtica  mandada  sacar  en  el  año  siguiente  por  el  rey  D.  Pedro,  acompañada  de 
la  declaración  de  que  el  original  era  autógrafo  del  mismo  Jaime  111 ;  y  en  efecto, 
el  rebuscado  estilo  y  las  transposiciones  semi-Iatinas  acusan  las  añciones  litera- 
rias del  malogrado  príncipe. 


ISLAS      BALEARES  169 

ta  Ponza,  donde  acampaba  D.  Jaime.  Llegados  á  aquel  punto, 
híciéronse  de  la  escuadra  cuatro  divisiones ;  y  al  romper  el  alba 
del  domingo,  25  de  Mayo,  puestos  los  almugávares  y  sirvientes 
en  los  botes,  moviéronse  todas  con  buen  concierto.  El  rey  con  la 
primera,  que  constaba  de  cuatro  galeras,  arrimóse  al  monte  que 
se  levantaba  á  la  izquierda  de  aquella  bahía  delante  de  Pague- 
ra,  y  espada  en  mano  saltó  de  los  primeros  en  la  roca.  Sostúvole 
la  segunda,  á  las  órdenes  del  almirante  D.  Pedro  de  Moneada, 
compuesta  de  catorce  galeras,  la  cual  echó  las  escalas  más  cerca 
de  la  playa,  en  donde  tomó  tierra  la  tercera,  de  diez  y  siete, 
mandada  por  el  infante  D.  Pedro  y  por  D.  Pedro  de  Ejérica.  La 
cuarta,  de  cuatro,  debía  amenazar  directamente  el  puerto  y  cam- 
pamento de  Santa  Ponza  para  que  acudiese  allí  el  grueso  de  las 
tropas  enemigas  y  entretenerlo.  Estaba  la  ventaja  por  los  de 
tierra:  á  su  derecha  ocupaban  la  colina,  á  cuyo  pie  desembarca- 
ban con  harto  trabajo  las  dos  primeras  divisiones;  y  protegidos 
por  aquella  posición,  podían  emplear  en  la  playa  contra  la  ter- 
cera del  infante  toda  su  caballería.  Trepaban  los  del  rey  y  del 
almirante  por  el  monte  con  no  poca  fatiga:  la  subida  era  tan 
^S^^i  qu6  poquísimos  hombres  con  solas  piedras  y  las  armas 
arrojadizas  bastaban  á  defenderla;  y  sin  embargo,  los  mallorqui- 
nes desampararon  la  posición  y  se  salieron  de  la  batalla.  En  lo 
llano  de  la  playa,  donde  tomó  tierra  la  gente  del  infante,  pare- 
ció que  se  empeñaría  la  refriega,  porque  aquella  división  era  el 
grueso  de  las  tropas  aragonesas,  y  acudían  á  impedir  su  des- 
embarco casi  toda  la  caballería  y  gran  parte  de  los  peones  ma- 
llorquines. Si  á  la  primera  y  segunda  no  consintió  que  sacasen 
caballos  la  aspereza  de  la  costa  y  del  cerro,  á  esta  tercera  le 
quitaban  todo  lugar  de  hacerlo  los  escuadrones  enemigos,  que 
ya  muy  á  punto  de  batalla  hubiéranse  aprovechado  del  desorden 
que  semejante  operación  debía  introducir  necesariamente.  Casi 
sin  caballería,  pues,  recibió  la  carga  de  los  de  D.Jaime:  empero 
eran  los  desembarcados  almugávares  intrépidos  y  caballeros  ex- 
perimentados en  las  armas,  y  los  de  tierra  gente  levantada  al 


lyO  ISLAS      BALEARES 

son  del  peligro,  no  avezada  en  su  mayor  parte  á  los  trances  de 
la  guerra,  y  tal  vez  falseada  en  la  lealtad  á  su  caudillo.  La  car- 
ga fué  tan  desordenada  y  floja,  que  los  de  Aragón,  con  sólo  mo- 
verse para  tomar  la  ofensiva,  les  hicieron  volver  las  espaldas 
más  que  de  paso.  Fué  gran  vileza  y  deshonra  así  ceder  el  campo 
sin  teñir  las  espadas,  y  abandonar  á  su  rey  desventurado:  si  lo 
hicieron  no  más  que  por  cumplir  lo  que  Beltrán  Roig  había  con- 
venido con  D.  Pedro,  á  lá  nota  de  cobardes  añadieron  la  de 
pérfidos,  porque  bien  pudieran  antes  excusarse  con  su  rey  de  to- 
mar las  armas,  no  ponerle  en  tan  duro  riesgo;  y  de  todos  modos, 
pues  estaban  á  punto  de  guerra  y  acompañaban  á  D.  Jaime  para 
oponerse  á  la  desembarcación,  la  orden  de  caballería  que  deshon- 
raron forzábales  á  sostener  el  empeño  comenzado.  De  entonces 
pudo  prever  D.  Jaime  III  cuan  poco  debía  fiar  en  la  firmeza  de 
aquellos  sus  vasallos ;  y  temeroso  de  caer  en  manos  de  su  ene- 
mijg^o,  partióse  de  la  isla. 

Detúvose  en  Paguera  el  rey  todo  el  lunes  para  que  descan- 
sase el  ejército;  y  hacía  el  mediodía  presentáronsele  dos  religio- 
sos dominicos  mallorquines,  que  pidieron  salvoconducto  para 
los  mensajeros  que  la  ciudad  quería  enviar  al  campo.  El  martes, 
levantado  éste,  con  muy  buena  formación  y  concierto  pasó  la 
hueste  á  Santa  Ponza,  indicando  D.  Pedro  con  esa  lentitud  tan 
ajena  de  su  carácter  que  ya  estaba  seguro  de  que  sin  manejar 
las  armas  se  le  rendiría  toda  la  isla;  y  mientras  le  ponían  su 
tienda,  vinieron  los  enviados  de  la  ciudad  á  decirle  que  extraña- 
ban entrase  en  la  tierra  con  tal  rigor  cuando  ningún  daño  había 
recibido  nunca  de  sus  habitantes.  D.  Pedro  reiteró  las  protestas 
de  que  sólo  los  desmanes  de  su  cuñado  le  ponían  las  armas  en 
la  mano;  y  aunque  ellos  contestaron  que  no  era  suyo  examinar 
la  conducta  de  su  príncipe,  sino  serle  leales,  todo  no  pasó  de 
mera  fórmula  y  apariencia ;  y  oídos  los  informes  que  sobre  los 
supuestos  crímenes  de  D.  Jaime,  les  dio  el  vice  canciller  del  de 
Aragón,  el  miércoles  se  volvieron  á  la  ciudad.  Púsose  en  mar- 
cha el  campo  el  jueves,  ya  muy  entrado  el  día;  y  á  media  legua 


ISLASBALEARES  I7I 

de  Portopí,  segunda  vez  se  presentaron  los  enviados,  suplicando 
al  rey  que  ahorrase  á  la  vega  de  la  ciudad  la  tala  que  de  seme- 
jante ejército  le  vendría.  Dióse,  pues,  la  orden  de  hacer  alto  en 
Portopí^  y  aun  tuvieron  que  retroceder  los  que  ya  pasaran  más 
allá  de  este  punto;  y  aquel  día  y  el  siguiente  se  discutieron  y 
firmaron  los  capítulos  de  la  entrega.  Al  instante,  pidiéndolo  en- 
carecidamente los  mallorquines,  mandó  el  rey  que  se  recogiesen 
á  las  embarcaciones  los  almugávares  y  demás  infantería;  porque 
era  tanto  el  temor  de  los  ciudadanos,  que  si  vieran  á  aquella 
gente  entrar  en  la  plaza,  nada  del  mundo  pudiera  disuadirles  de 
que  serían  saqueadas  sus  casas  y  ellos  destrozados.  £1  día  si- 
guiente, último  de  Mayo,  pasaron  á  Portopí  los  jurados  de 
Mallorca;  y  prestado  homenaje  á  D.  Pedro,  juróles  él  sus  privi- 
legios y  libertades,  como  antes  quedó  convenido  con  Beltrán 
Roig.  En  seguida  dio  el  pendón  real  á  D.  Blasco  de  Alagón, 
que  armado  de  todas  piezas  con  una  compañía  de  á  caballo  lo 
metió  en  la  ciudad,  lo  paseó  por  ella,  y  subiendo  al  alcázar  de 
la  Almudayna,  lo  tremoló  y  lo  puso  en  la  torre  más  alta,  que 
es  la  del  Ángel.  Esta  fué  la  única  demostración  guerrera  de  los 
vencedores,  pues  los  jurados  suplicaron  que  los  demás  entrasen 
sin  armas  para  que  no  se  atemorizara  el  pueblo;  y  así,  depues- 
tas las  cotas  aceradas,  y  vestidos  caballeros  y  pajes  de  gala  y 
corte,  fuéronse  allegando  á  Mallorca  como  á  una  ciudad  amiga. 
Vestía  el  rey  un  rico  traje  muy  ajustado  al  cuerpo,  mitad  de 
terciopelo  colorado  y  mitad  de  paño  de  oro  á  la  usanza  pinto- 
resca y  elegante  de  aquella  edad:  y  descubierta  la  cabeza,  entró 
en  Mallorca,  se  dirigió  al  alcázar,  y  hecha  oración  en  la  capilla, 
armó  caballeros  á  varios  señores  de  su  corte. 

La  traición  y  la  cobardía  habían  hecho  el  principal  papel  en 
todo  aquel  suceso;  y  no  es  extraño  que  también  saliese  á  plaza 
la  adulación,  si  no  la  bajeza.  Lejos  de  demostrar  los  mallorqui- 
nes que  sólo  el  convencimiento  de  su  inferioridad  pudo  hacerles 
ceder,  el  i .®  de  Junio  asistieron  al  banquete  que  dio  el  Ceremo- 
niosOj  al  mismo  tiempo  que  éste  con  público  pregón  se  hacía  in- 


172  ISLASBALEARE 


titular  rey  de  Mallorca,  y  mandaba  poner  este  título  en  su 
nuevo  sello.  Mas  como  en  la  enumeración  de  sus  reinos  y  con- 
dados se  pospusiese  Mallorca  á  Valencia,  desagradó  la  novedad 
á  algunos  de  los  barones  isleños,  que  manifestaron  al  rey  cuán- 
to lo  extrañaban.  Contestóles  el  aragonés  que,  si  bien  antigua- 
mente  Mallorca  se  antepuso  en  los  títulos  del  rey  de  Arag^ón  á 
Valencia,  este  reino  ahora  se  había  ennoblecido  y  acrecentado 
sobremanera,  y  añadió  con  agudeza  y  riendo:  «en  aquel  lugar 
preferente  no  le  cupo  á  Mallorca  la  dicha  de  permanecer  unida 
á  la  corona  de  Aragón,  antes  ha  sido  dada  y  cobrada  dos  ve- 
ces; por  esto  queremos  probar  si  le  cabrá  ahora  mejor  suerte 
en  el  tercer  lugar  de  nuestros  títulos  (i).»  Dicho  esto,  redobló 
la  risa,  y  todos  tuvieron  por  conveniente  acompañarle  en  ella. 

Sólo  el  castellano  de  Bellver  Nicolás  de  Mari  duraba  en  la 
ñdelidad  á  su  monarca,  y  resuelto  á  defenderse,  negábase  á 
cuantas  proposiciones  se  le  hacían:  pero  su  lealtad  y  su  valor 
no  animaban  á  su  gente,  que  con  la  más  negra  traición  aban- 
donó el  castillo.  Los  de  Alaró  y  Santueri  también  sin  resistencia 
vinieron  á  poder  de  los  aragoneses:  el  de  Pollensa  no  les  quiso 
abrir  sus  puertas,  y  fueron  menester  refuerzos  y  máquinas  y 
largo  sitio  para  vencer  la  tenacidad  de  los  cercados  {a).  Manda- 
ban allí  un  aragonés  y  Guillen  de  Só,  del  Languedoc;  y  como 
aquella  sola  fortaleza  burló  por  tanto  espacio  los  esfuerzos  de 
los  sitiadores,  fué  mayor  la  infamia  de  los  que  con  mayores 
fuerzas  y  mejores  medios  de  defensa  tan  cobardemente  se  ha- 
bían rendido.  Menorca  é  Ibiza  se  dieron  á  una  mera  intimación, 
y  enviaron  sus  síndicos  á  Mallorca  á  prestar  el  homenaje  á  don 


(i)  D.  Jaime  el  Conquistador  se  intitulaba  rey  de  Aragón,  Mallorca,  Valen- 
cia, etc.  D.  Pedro  de  Aragón,  Valencia,  Mallorca,  etc. 

(a)  Duró  el  sitio  cerca  de  tres  meses  desde  8  de  Junio  hasta  los  últimos  días 
de  Agosto,  terminando  por  honrosa  capitulación  que  fué  remitida  para  su  apro- 
bación á  Pedro  IV.  Declaró  éste  que  no  sirviera  de  precedente  contra  franquicias 
la  forzosa  campaña  impuesta  á  los  moradores  de  la  isla  para  la  reducción  del  cas- 
tillo, y  que  pagara  sus  cuantiosos  gastos  la  procuración  real. 


ISLAS       BALEARES  I73 

Pedro,  que  entonces  lo  iba  recibiendo  de  los  enviados  de  todas 
las  parroquias,  y  aun  de  los  particulares  más  notables.  Nom- 
brados á  su  gusto  todos  los  oficiales  reales,  puestos  alcaides  en 
todos  los  castillos  y  demás  fortalezas,  excepto  el  sitiado  de  Po- 
llensa,  asentado  cuanto  á  la  gobernación  de  aquel  reino  conve- 
nía, pensó  D.  Pedro  que  ya  era  hora  de  dejar  á  un  lado  todo 
disimulo  y  hacer  pública  su  voluntad  ambiciosa.  Sabida  por  los 
jurados  mallorquines  su  resolución  de  coronarse  rey  de  las  Ba- 
leares con  pública  ceremonia,  dispusieron  grandes  festejos  y 
ordenaron  gastos  crecidos,  como  si  se  hubiese  destruido  el  im- 
perio de  la  tiranía  y  de  la  usurpación,  y  se  restituyera  el  cetro 
á  la  legitimidad  y  á  la  justicia.  El  rey,  que  como  tan  cuerdo  no 
quiso  que  de  su  coronación  se  resintieran  las  haciendas  de  sus 
nuevos  subditos,  ni  dejarles  con  esto  motivos  de  queja,  llamó  á 
los  jurados  la  víspera,  que  fué  un  sábado  2 1  de  Junio,  y  se  lo 
prohibió  en  términos  los  más  lisonjeros  para  la  ciudad,  por  cuyo 
bien  tan  ostensiblemente  miraba.  Aquella  noche  fué  á  velar  en 
la  catedral;  y  el  domingo,  llena  la  iglesia  de  las  diputaciones 
de  los  pueblos,  de  la  nobleza  y  ciudadanos»  salió  con  gran 
pompa  de  la  sacristía  con  las  insignias  reales  (i),  y  en  el  pres- 
biterio oyó  los  divinos  oficios.  Acabados,  tomó  asiento,  y  en 
una  breve  arenga  hizo  mucha  honra  á  Mallorca,  cometiendo  á 
su  vice-canciller  la  explicación  y  fundamento  de  sus  derechos  á 
la  corona  mallorquina,  y  la  enumeración  de  los  tuertos  y  delitos 
por  los  cuales  la  había  perdido  su  cuñado  D.  Jaime.  Tras  esto, 
púsose  en  pie  su  secretario  Ramón  Sicart,  y  con  leer  la  capitu- 
lación acordada  en  cortes  de  Cataluña  y  Valencia  de  que  los 
estados  de  D.  Jaime  para  siempre  se  uniesen  é  incorporasen  á 
la  corona  de  Aragón,  publicó  el  verdadero  móvil  de  todos  aque- 
llos pasos  y  el  fin  de  tantas  apariencias,  y  lanzó  del  trono  á 
D.  Jaime  III.  Entonces  echó  á  andar  el  rey  bajo  palio  de  broca- 
do de  oro,  que  habían  aparejado  los  jurados,  y  llevaban  ellos  y 


( 1 )     Véase  el  número  3  $  del  Apéndice, 


l74  ISLAS      bilLEARES 

algunos  barones;  y  á  la  puerta  de  la  iglesia  subió  en  un  sober- 
bio caballo  ricamente  enjaezado  de  oro  y  perlas,  adiestrado  por 
algunos  de  la  casa  real  por  medio  de  unas  largas  riendas  blan- 
cas. Así  cobijado  por  el  palio,  coronado,  con  el  cetro  en  la 
diestra  y  el  globo  en  la  izquierda,  recorrió  parte  de  la  ciu- 
dad (¿^),  que  había  engalanado  las  paredes  con  vistosas  colga- 
duras, llenos  miradores  y  ventanas  de  gentío;  y  de  vuelta  á  pa- 
lacio, dio  un  suntuosísimo  banquete,  que  honraron  con  su 
presencia  las  damas  mallorquínas.  Sucediéronse  las  justas  y 
torneos,  y  no  se  escasearon  corridas  ni  bohordos,  galas  ni  divi- 
sas. De  este  modo,  sin  miedo  ni  rebozo,  quebrantaba  el  de  Ara- 
gón los  decretos  de  su  misma  curia,  pues  que  sin  ser  pasado  el 
año  de  plazo,  que  en  su  sentencia  definitiva  concedió  á  D.  Jaime 
para  acudir  y  sincerarse,  le  tomaba  las  tierras  y  en  ellas  se  co- 
ronaba. Tal  fué  la  conclusión  de  aquella  jornada,  no  sabemos 
si  más  vergonzosa  para  el  rey  que  deshonrosa  á  los  mallor- 
quines. 

Decidido  á  ocupar  las  demás  posesiones  de  su  cuñado,  el 
jueves  26  de  Junio  se  hizo  á  la  vela  para  Barcelona,  adonde 
llegó  el  domingo.  Sin  demora  congregó  las  huestes  para  revol- 
ver sobre  Rosellón,  y  comenzó  la  campaña.  Notorias  fueron  en- 
tonces su  ñereza  y  su  ambición,  pues  que  jamás  quiso  dar  oídos 
ni  á  las  súplicas  del  cardenal  que  le  envió  la  Santa  Sede,  ni  á 
las  proposiciones  de  D.  Jaime,  que  con  grandes  veras  le  pedía 
salvoconducto  para  ponerse  en  poder  suyo.  Las  talas  ejecutadas 
por  su  orden  fueron  tan  crueles  y  rigurosas,  que  más  parecía 


(a)  Cavalcatn  del  portal  de  la  Seu,  dice  en  su  crónica  Pedro  IV,  girant  drei  al 
portal  de  Valldigne^  e  puix  per  lo  carrer  dret  gui  va  á  la  Portella  tornam  á  lapiassa 
de  Sant  Andreu;  puix  entram  per  lo  portal  de  la  Almudayna,  e  tornamnosen  dret  al 
castell  nostre.  La  carrera  fué  la  misma  que  siguen  aún  hoy  las  procesiones  ordina- 
rias de  la  catedral,  es  decir,  desde  la  puerta  de  Almoyna^  probablemente  aún  no 
labrada,  por  la  calle  de  San  Pedro  Nolasco  en  la  cual  estaba  el  arco  ó  volta  den 
Oleza  que  es  la  que  se  llama  aquí  portal  de  Valldigne,  por  la  calle  de  Morey,  por 
la  plaza  de  Cort,  y  por  la  calle  de  Palacio,  á  cuya  entrada  estaba  atravesado  el  arco 
que  la  crónica  denomina  de  la  Almudayna,  por  otro  nombre  la  volta  Pintada^  entre 
el  moderno  edificio  de  la  Diputación  provincial  y  la  acera  de  en  frente. 


ISLAS       BALEARES  I75 

hacerse  la  guerra  entre  naciones  bárbaras  y  de  suyo  enemigas 
que  entre  gentes  casi  de  una  misma  provincia:  mas  pocas  pla- 
zas de  importancia  se  le  rendían;  y  al  fin,  escaseándole  los  víve- 
res, fingió  ceder  á  las  gestiones  del  papa,  y  firmando  una 
tregua  sobreseyó  en  la  ejecución  de  su  proceso,  ó  dígase  me- ' 
jor,  de  su  venganza.  Aquella  tregua,  empero,  como  hija  de  la 
necesidad  y  de  la  mala  fe,  sirvióle  grandemente  para  preparar 
una  segunda  campaña  más  terrible  que  la  antecedente.  No  ce- 
saba el  infeliz  D.  Jaime  de  reiterar  mensajes  sumisos  á  cual 
más;  y  para  quitarle  toda  esperanza,  á  29  de  Marzo  de  1344, 
con  gran  solemnidad  y  asistencia  de  toda  su  familia,  corte  y  en* 
viados  de  Mallorca,  publicó  D.  Pedro  en  la  capilla  real  de  Bar- 
celona la  unión  é  incorporación  de  los  estados  de  aquél  á  la 
corona  aragonesa,  jurando  que  ni  él  ni  sus  sucesores   los  resti- 
tuirían por  ningún  título,  ni  aun  en  feudo,  ni  por  motivo  de  paz^ 
y  permitiendo  que,  caso  de  romper  su  juramento,  dejasen  de 
obedecerle  los  pueblos  de  Mallorca  y  de  los  condados  de  Rose- 
llón,  Conflent  y  Cerdaña:  lo  cual  ratificaron  con  juramento  los 
síndicos  de  las  Baleares  y  de  algunas  villas  de  Rosellón,  los  in- 
fantes y  todos  los  ricoshombres. 

Triste  suerte  de  D.  Jaime  fué  mandar  vasallos,  que  así  se 
avenían  á  pasar  al  dominio  de  los  reyes  de  Aragón:  hasta  los 
roselloneses,  que  tanto  se  defendieron,  manifestaron  después 
que  sólo  empuñaran  las  armas  los  más  por  no  saber  aún  cuya 
sería  la  victoria,  pocos  por  mantener  ilesa  su  buena  reputación 
de  leales;  y  una  vez  rendidos  y  prestado  homenaje  á  D.  Pedro, 
prodigáronle  vivas  muestras  de  contentamiento,  y  no  favorecie- 
ron cual  podían  las  tentativas  de  D.  Jaime.  Quizás  las  exaccio- 
nes de  éste  fueron  no  poca  parte  para  enagenarle  las  volunta- 
des; cosa  bastante  común  á  los  pequeños  príncipes  de  estados 
cortos,  los  cuales,  sin  atender  más  que  á  su  calidad  de  príncipes 
y  no  á  la  de  pequeños,  mantienen  las  más  veces  el  fausto  y  es- 
plendor de  los  grandes.  Si  así  fué,  no  extrañamos  que  en  el 
proceso  insistiera  tanto  D.  Pedro  en  las  vejaciones  y  opresión 


176  ISLAS      BALEARES 

de  los  subditos  de  su  cuñado,  ni  que  con  tanto  ahínco  preg^o- 
nase  que  la  suerte  desventurada  de  ellos  le  movía  á  la  guerra, 
ya  que  este  pretexto  le  abría  las  puertas  de  las  villas  más  que 
las  mismas  armas. 

En  esto,  ya  á  punto  los  ingenios  de  batir,  la  escuadra,   los 
bastimentos  y  las  tropas,  desentendiéndose  de  las  instancias  de 
la  Santa  Sede  que  procuraba  alargar  la  tregua  ñrmada  en    la 
anterior  campaña,  abrió  el  Ceremonioso  la  segunda  con  fortuna 
más  próspera  cuanto  eran  mayores  sus  fuerzas.  Una  tras  otra 
fueron  cayendo  en  su  poder  las  fortalezas;  y  reducido  D.  Jaime 
á  casi  la  sola  Perpiñán,  cuya  lealtad  ya  vacilaba,  envió  al  rey 
Ramón  de  Codolet,  quien  por  medio  de  D.  Pedro  de  Ejérica 
alcanzó  del  Ceremonioso  que  permitiese  al  de  Ejérica  avistarse 
con  D.  Jaime  para  concertar  su  rendición  absoluta.  Fué  la  en- 
trevista cerca  de  Perpiñán:  el  de  Ejérica  juró  á  D.  Jaime  que,  si 
se  ponía  en  poder  del  rey  con   todos  sus  estados,  se  le  salvaría 
la  vida,  y  no  se  le  detendría  en  prisión,   antes  bien  D.  Pedro 
usaría  con  él  de  clemencia;  y  el  de  Mallorca  hizo  juramento  de 
ir  á  ponerse  en  manos  de  su  cuñado  y  de  entregarle  los  casti* 
líos  y  lugares  de  Rosellón  y  Cerdaña.  Efectuólo  el  día  siguiente, 
jueves  1 5  de  Julio.  Estaba  el  aragonés  en  su   tienda,  fuera  de 
Elna,  con  todos  los  señores  y  caballeros  de  su  ejército:  entró  el 
de  Mallorca  armado  de  todas  piezas,  bien  que  descubierta   la 
cabeza;  hincó  en  tierra  una  rodilla,  y  después  de  besar  la  mano 
á  D.  Pedro  que  le  levantó  y  lé  besó  en  la  boca,  habló  en  estos 
términos:  «Señor,  yo  he  errado  para  con  vos,  mas  no  por  des- 
» lealtad,  sí  sólo  por  mi  loco  seso  y  mal  consejo.  Por  esto  vengo 
»ante  vos  á  hacer  enmienda  de  ello;  que  de  vuestra  casa  soy,  y 
» quiero  serviros,  porque  siempre  os  amé  cordialmente,  y  soy 
» cierto  de  que  vos,  señor,  me  habéis  amado  mucho  y  aún  me 
» amáis  ahora.  Y  tal  servicio  os  quiero  hacer,  que  de  mí  os  ten- 
»gáis  por  bien  servido;  y  en  vuestro  poder  me  pongo   espon- 
»táneamente  á  mí  mismo  y  toda  mi  tierra.»  Palabras,   dice  Zu- 
rita, que  pudieran  mover  á  misericordia  á  cualquier  príncipe  por 


ISLAS      BALEARES 


// 


cruel  y  bárbaro  que  fuera.  Respondióle  el  rey  prometiéndole 
clemencia,  y  hacerle  tal  merced  que  á  todos  fuese  notoria;  y  al 
punto  marchó  el  pendón  real  á  ponerse  en  Perpiñán.  El  viernes, 
recibió  la  villa  á  D.  Pedro  con  extraordinarias  demostraciones 
de  regocijo;  y  proveídos  todos  los  cargos  públicos  y  cuanto 
concernía  al  gobierno,  convocó  el  aragonés  parlamento  de  los 
tres  brazos  de  aquellos  estados. 

En  D.  Jaime,  siempre  imprevisor  y  harto  conñado,  duraba 
aún  la  esperanza  de  que  todos  le  serían  devueltos,  y  así  lo  pro- 
palaba y  escribía  á  varios  de  los  que  se  mantenían  ñeles ;  mas 
D.  Pedro  se  la  desvaneció  bien  pronto,  publicando  en  el  parla- 
mento, congregado  á  22  de  aquel  mes  de  Julio  en  la  iglesia  de 
San  Juan,  la  unión  é  incorporación  perpetua  de  las  tierras  que 
formaban  la  corona  mallorquina  á  la  aragonesa,  y  haciéndola 
jurar  á  los  prelados,  barones,  caballeros,  jurados  y  demás  per- 
sonas notables  que  habían  venido  en  representación  de  Rosellón, 
Conflent  y  Cerdaña.  No  quiso  con  todo  D.  Jaime  abrir  los  ojos 
á  la  verdad,  y  suplicó  á  D.  Pedro  que  se  viesen  cerca  de  Perpi- 
ñán :  como  si  la  vista  del  ofendido  y  de  su  abatimiento  pudieran 
hacer  mella  en  quien  no  había  respetado  deudo  ni  justicia.  Otor- 
góselo  .el  aragonés,  bien  que  á  caballo,  en  un  campo,  como  de 
paso  y  aprisa ;  y  allí  su  cuñado  entre  otras  cosas  le  pidió  que 
echase  de  su  consejo  á  sus  enemigos,  le  oyese  en  justicia,  y  le 
diese  copia  del  proceso :  petición  desacertada  é  importuna,  ya 
que  nada  le  hacía  esperar  que  se  le  concediera.  El  título  de  ene- 
migo de  D.  Jaime  éralo  de  valimiento  para  con  el  de  Aragón,  y 
mal  había  de  echar  de  su  consejo  á  quienes  por  tales  eran  re- 
conocidos; y  tocante  á  la  copia  del  proceso  y  atenderle  en  justi- 
cia, alargó  D.  Pedro  el  darle  la  una,  y  le  negó  lo  otro  con  de- 
cirle que  ya  á  su  tiempo  se  le  había  citado.  Aquellas  fueron  las 
postreras  vistas  de  los  dos  cuñados:  tanto  procuró  evitarlas  el 
de  Aragón,  que  después  sin  ningún  miramiento  refiere  él  mismo 
en  su  historia  cómo,  sabedor  de  que  D.  Jaime  estaba  en  Monse- 
rrat  y   bajaría  á  esperarle  en  el  llano  para  conferenciar,  á  9  de 


33 


178  ISLAS      BALEARES 

Setiembre  muy  de  secreto,  antes  de  amanecer  y  con  gran  prisa 
salió  de  Manresa  por  no  encontrarle.  Con  esto,  porque  el  rey 
había  de  tener  en  Barcelona  parlamento  para  tratar  de  las  cosas 
de  D.  Jaime,  vínose  éste  á  San  Cucufate  del  Valles,  á  donde  fué 
su  esposa,  que  á  los  pocos  días  regresó  á  la  ciudad,  forzada  del 
rigor  de  unas  calenturas.  Sea  ó  no  cierto  que  el  destronado  hi- 
ciese alarde  de  sus  esperanzas  de  recobrar  la  corona,  D.  Pedro 
con  gran  crueldad  y  mengua  de  su  buena  fama  no  dejó  pasar 
aquella  ocasión  y  pretexto  de  mortificarle,  y  le  envió  quienes  le 
recordasen  que  jamás  tal  restitución  tendría  efecto.  El  infeliz 
D.  Jaime  negó  que  fuera  suya  la  propalación  de  aquellos  rumo- 
res de  recobro,  y  con  sobrada  razón  dijo  que  nadie  podría  qui- 
tarle la  esperanza:  palabras  que,  como  revelaban  lo  que  sostie- 
ne la  humana  naturaleza,  eran  una  severa  y  durísima  increpa- 
ción á  la  barbaridad  de  I).  Pedro,  que  hasta  tal  extremo  la  des- 
conocía, deseando  privar  á  un  rey  vencido  de  lo  que  no  se  niega 
al  forzado  sin  ventura  en  su  trabajo  y  cadena,  ni  al  reo  misera- 
ble en  su  proceso. 

Entre  tanto  habían  ido  juntándose  los  que  debían  aconsejar 
al  rey  en  aquel  negocio;  y  á  7  de  Octubre  lo  hicieron  cada  cual 
por  escrito  con  pliego  cerrado.  El  parlamento  falló  en  suma: 
que  se  diesen  á  D.  Jaime  diez  mil  libras  de  renta,  mientras  se  le 
procuraba  estado  que  otro  tanto  le  produjera ;  que  el  rey  le  de- 
jaría el  pleno  dominio  de  los  vizcondados  de  Omelades  y  Carla- 
des  y  el  señorío  de  Montpeller,  obligándole  empero  á  despojar- 
se de  toda  real  insignia  y  á  romper  todos  sus  sellos  en  que  como 
rey  era  representado;  y  que  para  siempre,  por  sí  y  por  sus  su- 
cesores renunciase  á  pleitear  sobre  los  estados  perdidos.  Nada 
de  esto  aceptó  D.  Jaime,  que  entonces  satisfizo  á  su  dignidad  y 
á  lo  que  debía  á  sus  hijos,  á  quienes  no  podía  desheredar  con 
ningún  trato  suyo ;  retó  de  falso  y  traidor  á  D.  Pedro  de  Ejéri- 
ca,  que  le  había  inducido  á  darse  á  D.  Pedro;  y  tras  acalorados 
debates  y  de  pedir  aseguración  de  campo,  tuvo  por  más  conve- 
niente salirse  de  Cataluña.  En  vano,  de  inteligencia  con  algunos 


ISLASBALEARES  1 79 

vecinos,  se  apoderó  de  Puigcerdá,  pues  volvió  la  plaza  á  los  de 
Aragón,  que  le  tomaron  todo  el  equipaje  y  recámara  (a);  y  des- 


ea) Ocupóla  en  la  madrugada  del  20  de  Noviembre;  y  el  24,  al  volver  recha- 
zado de  Villafranca  de  Conflent  sobre  la  cual  había  ensayado  otra  tentativa,  halló 
cerradas  las  puertas  de  Puigcerdá,  retirándose  á  Foix  y  desde  allí  á  Montpeller  y 
Aviñón.  No  perdió  tiempo  Pedro  IV,  y  el  30  de  Noviembre  se  hallaba  ya  en  Pcr- 
piñán  donde  permaneció  casi  un  año,  esmerándose  en  afianzar  su  dominación  en 
aquel  estado,  y  sofocando  y  castigando  varias  conspiraciones,  de  que  hace  men- 
ción en  su  crónica.  Tal  fué  la  denunciada  por  la  esposa  del  que  la  acaudillaba,  ob- 
tenida antes  indemnidad  de  la  vida  y  bienes  del  culpable;  y  el  plan  consistía  en 
disparar  contra  el  rey  saetas  emponzoñadas  por_ballesteros  emboscados  en  casa 
de  un  tal  Callo^,  ó  en  abrir  con  llaves  falsas  las  puertas  del  castillo  de  Perpiñán 
para  entregarlo  luego  al  príncipe  destronado  y  exterminar  al  de  Aragón  con  su 
familia:  tramas  inverosímiles  en  sus  detalles,  aunque  positivas  respecto  de  las 
simpatías  subsistentes  en  muchos  de  los  naturales  hacia  el  vencido  y  de  su  odio 
al  usurpador,  á  quien  seguramente  no  se  le  ocultaban  estos  sentimientos.  Como 
principales  conspiradores  nombra  Zurita  á  Francisco  de  Olms,  Juan  de  Sant-Johan, 
Riquelmo  de  Vernet  y  Guillot  de  Clayra,  quienes,  enviados  á  Barcelona  y  puestos 
en  el  castillo  Nuevo,  fenecieron  sin  duda  por  justicia.  Entre  los  que  sufrieron  pena 
capital  hubo  algún  tonsurado,  por  lo  cual  y  por  la  tortura  dada  á  varios  clérigos 
y  religiosos  hubo  de  ser  absuelto  por  el  papa  el  gobernador  Felipe  de  Boyl,  impo" 
DÍéndosele  fundar  en  la  Seo  de  Mallorca  una  capellanía  dotada  con  quince  libras 
barcelonesas. 

Fecundo  en  alarmas,  procesos  y  suplicios  fué  este  mismo  año  de  134$  en  Ma- 
llorca, donde,  favorecidos  los  partidarios  de  Jaime  III  por  la  confianza  y  casi  con- 
nivencia del  gobernador  Arnaldo  de  Erill,  aunque  instituido  por  el  mismo  Pe- 
dro IV,  y  de  otras  autoridades,  al  decir  de  los  intransigentes  adictos  al  nuevo  ré- 
gimen, y  sobre  todo  de  la  pandilla  de  Bcltrán  Roig  y  del  abogado  Guillermo 
Miquel  que  se  creía  postergada,  se  entendían  con  el  rey  desposeído  para  levantar- 
se en  favor  suyo  apenas  le  descubriesen  á  bordo  de  una  escuadrilla.  Llegó  á 
Mallorca  como  reformador  del  reino  el  expresado  Felipe  de  Boyl,  y  en  6  de  Junio 
suspendió  del  empleo  al  sospechoso  Erill.  A  la  vista  tengo  la  curiosísima  acusación 
contra  este,  no  menos  que  sus  descargos  acerca  de  su  ponderada  intimidad  con 
los  iacobitas:  ojalá  conociéramos  tan  bien  la  causa  formada  á  los  presos  por  Se- 
tiembre de  aquel  año  sobre  cartas  escritas  á  su  rey  por  conducto  de  Arnaldo  Re- 
yas  de  Perpiñán,  ofreciéndose  á  él  sin  reserva.  Cierta  pesquisa,  hecha  con  motivo 
de  un  robo  en  la  nave  de  un  Pedro  Vidal,  hizo  descubrir  casualmente  en  las  bra- 
gas de  un  tripulante  una  de  dichas  cartas,  escrita  por  mano  de  Pedro  de  Fraga,  á 
quien,  en  castigo,  le  fué  cortada  ésta  delante  de  su  casa,  al  ser  arrastrado  al  patí- 
bulo á  la  cola  de  un  mulo  en  compañía  de  Ferrarlo  Aragonés,  con  el  cual  com- 
partió luego  la  horca.  La  misma  sentencia,  fechada  en  i.*"  de  Octubre,  que  se 
insertará  con  otr«s  documentos  adicionales,  condena  á  morir  decapitados  á  Ber- 
nardo de  Buadella  caballero  y  á  Pedro  de  Puigdorfila  privilegiado,  diversidad  de 
suplicio  en  los  reos,  que  ignoro  si  ha  de  explicarse  por  la  de  clase.  Hermano  ó  tal 
vez  padre  de  Ferrarlo  debió  ser  Francisco  Aragonés,  que  acaso  es  el  que  figura 
como  castellano  del  castillo  de  Pollensa  en  i  33 1»  y  que  se  hallaba  preso  con  dos 
hijos  poco  antes  de  marchar  al  cadalso:  Ferrario  dejó  un  hijo  de  su  nombre,  que 
solicita  más  adelante  restitución  de  bienes.  Precedieron  á  estas  ejecuciones,  ó 
más  bien  siguieron,  las  de  Bernardo  de  Enveig,  Berenguer  de  Sant-Johan,  Jaime 


l8o  ISLAS       BALEARES 

pechado,  maldiciendo  de  su  fortuna,  hambriento,  roto  y  lacerado^ 
hubo  de  ampararse  del  de  Foix,  y  al  fin  se  fué  á  Montpeller  (i). 
Entonces  acudió  al  papa  para  que  le  fuese  devuelta  su  esposa, 
lo  cual  alcanzó  tras  de  grandes  instancias  de  la  misma  D.^  Cons- 
tanza; mas  no  por  esto  dio  el  aragonés  oídos  á  ninguna  propo- 
sición de  concordia  (a). 


de  Santacilia,  Gregorio  de  Sallambé,  Berenguer  de  Tornamira  y  Jaime  Duran,  to- 
dos ellos  degollados,  como  debió  de  morir  regularmente  el  maestro  Juan,  llamada 
unas  veces  de  Cremona  y  otras  de  Carmona,  médico  sin  duda  y  cuñado  de  la  dis- 
tinguida y  leal  familia  Des-Veler.  Asi  en  el  patíbulo  fenecieron  doce  de  los  trece 
conspiradores,  á  los  cuales,  decía  Boyl  con  marcado  énfasis,  «no  ora  verosímil  se 
redujese  toda  la  cizaña  de  la  tierra,  que  más  hondas  raíces  tenía»;  á  pesar  que  de 
la  nefandísima  conjuración  no  aparecen  más  detalles  ni  más  indicios  que  adhesio- 
nes, votos,  y  á  lo  más  correspondencia  con  el  rey  destronado.  Los  jurados,  á  vuel- 
ta de  su  encarecido  entusiasmo  por  el  de  Aragón,  reclamaron  con  digna  entereza 
contra  las  confíscaciones,  como  opuestas  á  las  franquicias  del  reino,  y  Pedro  IV 
hubo  de  cejar  de  su  rigor  revocándolas,  aunque  por  simple  gracia,  por  cédula 
dada  en  Poblet  á  6  de  Agosto  de  1346,  con  excepción  de  la  caballería  de  Puig- 
dorfíla.  Por  Marzo  de  dicho  año  fueron  desterradas  de  la  isla  como  desafectas  6 
sospechosas  multitud  de  personas  de  toda  condición  y  sexo  á  arbitrio  del  gober- 
nador. 

(i)    Véase  el  número  36  del  Apéndice, 

(a)  Restituida  á  su  esposo  en  1345,  yendo  por  mar,  á  fín  de  no  atravesare) 
Rosellón,  de  Lanza  á  Leucata,  donde  la  recibió  el  nuncio  apostólico,  murió  Cons- 
tanza al  año  siguiente  en  Montpeller  y  fué  sepultada  en  la  iglesia  de  Franciscanos. 
Jaime  casó  en  segundas  nupcias  con  Violante,  de  cuya  estirpe  francesa  ó  italiana 
recuerdo  vagamente  haber  visto  algún  dato,  que  después  en  sazón  oportuna  no 
me  ha  sido  dable  encontrar.  De  la  niña  que  nació  de  este  segundo  enlace  nada  sa- 
bríamos, si  no  fuera  por  una  carta  de  29  de  Julio  de  i  349,  remitida  desde  Aviñón 
por  un  espía  á  los  jurados  de  Mallorca,  en  que  atribuye  el  retardo  de  la  expedición, 
proyectada  por  Jaime  III,  al  de  la  llegada  de  Juan,  no  rey  todavía  sino  delfín  de 
Francia,  que  se  había  ofrecido  á  ser  padrino  de  la  recién  nacida,  y  á  quien  se 
aguardó  por  espacio  de  un  mes  en  la  corle  pontificia.  Violante  con  su  tierna  hija 
acompañó  al  esposo  en  la  malograda  empresa,  y  se  hallaba  en  la  retaguardia  de 
las  tropas  que  atacaron  á  Inca,  y  con  ella  y  con  sus  hijastros  Jaime  é  Isabel  cay6 
prisionera  en  la  fatal  jornada  de  Luchmayor,  según  la  importantísima  correspon- 
dencia de  Centelles.  No  se  sabe  más  de  la  niña:  la  madre  por  Setiembre  de  1  362 
residía  en  Montpeller,  de  cuya  baronía  quedaba  á  deber  el  rey  de  Francia  ochenta 
mil  escudos  de  oro,  es  decir,  dos  tercios  de  la  suma  de  1 20  mil  en  que  la  había 
comprado  á  Jaime  III.— Tuvo  éste  además  en  una  dama,  quizá  alguna  de  las  que 
en  1  341  recibían  del  real  patrimonio  dones  secretos  (na  Saura,  na  Estorina,  na 
Nicola),  una  hija  natural  llamada  Constanza,  que  parece  casó  con  Umberto  des 
Fonollar. 

Y  metido  ya  en  genealogías,  no  puedo  menos  de  consagrar  aquí  dos  líneas  á 
los  hermanos  del  postrer  rey  de  Mallorca,  así  al  legítimo  como  á  los  bastardos. 
Llamóse  aquél  Fernando  como  su  padre,  que  le  hubo  en  i  316  en  su  segunda  es- 


ISLAS       BALEARES  l8l 

Vacías  sus  arcas,  no  pudo  D.  Jaime  levantar  tropas  por  de 
pronto,  n¡  favorecerse  de  los  disturbios  que  en  Aragón  y  Valen- 
cia ocasionó  el  levantamiento  de  la  Unión :  puesto  en  frontera 
de  su  contrario^  hubo  de  contentarse  con  parciales  acometidas, 
y  las  más  veces  con  la  amenaza  y  temor  de  los  intentos  y  fuer- 
zas que  le  atribuía  la  fama ;  y  aunque,  armando  algunas  galeras, 
se  juntó  con  la  flota  francesa  y  se  puso  delante  de  Mallorca,  los 
isleños  ni  le  apellidaron  ni  tomaron  por  él  las  armas  como  espe- 
raba (a).  Al  fín,  al  comenzar  el  año  1 349,  quiso  desesperado 
tentar  el  último  esfuerzo:  vendió  á  la  Francia  la  baronía  de 
Montpeller,  levantó  gente,  armó  escuadra  con  ayuda  del  fran- 
cés y  de  Juana  de  Sicilia  {b) ;  y  tan  cuidadoso  trajo  á  su  enemi 


posa,  la  sobrina  del  rey  de  Chipre;  y  para  evitar  la  opresión  de  su  ayo,  que  se  le 
hacía  insufrible,  hizo  voto  en  su  mocedad  de  observar  la  regla  de  San  Francisco, 
de  la  cual  absuelto  por  el  papa  en  i  336,  se  casó  el  año  siguiente  con  Chivia  ó  Es- 
quiva, hija  de  Hugo  IV  rey  de  Chipre  y  parienta  de  su  madre:  fué  dueño  de  Mira- 
mar  y  vizconde  de  Omelades,  conservando  el  título  de  infante  hasta  su  muerte, 
anterior  al  año  1^47;  y  se  cree  es  el  sepultado  en  la  iglesia  de  dominicos  de 
Montpeller,  á  quien,  y  no  á  un  hermano  de  ella,  su  sobrina  Isabel  hizo  en  1358 
cantar  un  oficio.  Tres  fueron  los  hermanos  naturales,  Sancho,  Fernando  y  Pagano, 
de  más  edad  probablemente  que  los  dos  legítimos:  el  primero  y  el  último  perci- 
bían en  1341  ciento  cincuenta  libras  cada  uno  del  real  tesoro,  en  cuya  lista  no 
figura  el  segundo  quizá  por  haber  muerto  pupilo.  De  Sancho  se  añrma  que  fué 
yerno  de  Ferrario  Roselló  y  padre  de  dos  hijas,  Saura  y  Esclaramunda,  que  enla- 
zaron con  Berenguer  de  Vilaragut  la  una,  y  la  otra  con  Artal  de  Foces;  Pagano, 
casado  con  Blanca,  hija  del  opulento  mercader  Ramón  de  Salellas.  que  á  Pedro  de 
Torrella  dio  en  matrimonio  otra  hija,  después  de  defender  en  la  campaña  de  i  344 
contra  Pedro  IV  el  castillo  de  la  Roca  de  la  Albera  en  Rosellón,  volvió,  á  pesar  del 
homenaje  rendido  al  vencedor,  al  lado  del  destronado  rey  su  hermano,  de  quien 
obtuvo,  antes  de  partir  para  la  malhadada  expedición  postrera,  la  promesa  del  se- 
ñorío de  Buñola,  y  cuya  triste  y  gloriosa  muerte  compartió  en  Llucmajor.  A  los 
nombres  de  Pagano  y  Sancho  agrega  un  bando,  circulado  por  la  isla  en  Junio 
de  I  346,  los  de  Juan  y  Vidal,  titulando  á  los  cuatro  hermanos  de  Jaime  de  Mont- 
peller, y  pregonando  en  mil  florines  de  oro  su  cabeza,  al  paso  que  en  diez  mil  la 
del  proscrito  soberano;  pero  sin  más  dato,  y  pudiendo  haber  error  en  el  texto,  no 
me  atrevo  á  reconocer  á  los  dos  últimos. 

{a^  Fué  esto  en  la  primavera  de  1147,  y  frustrada  la  tentativa,  penetró  por 
territorio  de  Conflent  ocupando  á  Villafranca  y  otros  lugares,  que  abandonó  á  la 
simple  aproximación  del  rey  Pedro,  á  excepción  de  Vinza  y  del  castillo  de  Arria, 
que  sufrieron  breve  sitio.  En  vez  de  secundarle,  el  rey  de  Francia,  á  solicitud  del 
de  Aragón,  con  quien  entonces  tenía  alianza,  prohibió  á  la  nobleza  del  Languedoc 
que  ayudara  á  D.  Jaime,  y  aun  amenazó  confiscar  á  éste  la  baronía  de  Montpeller, 
que  acabó  luego  por  comprarle. 

(6)    Si  por  Juana  de  Sicilia  entiende  aquí  el  autor  la  reina  de  Ñapóles,  mal  po- 


l82  ISLASBALEARES 

go,  que  éste  dispuso  considerables  armamentos  para  resistirle. 
Pero  antes  que  éstos  estuviesen  á  punto,  ya  desembarcaba 
D.  Jaime  en  Mallorca,  en  la  marina  de  Campos,  cuatrocientos 
caballos  y  tres  mil  peones;  á  tiempo  que  habían  llegado  á  la 
capital  de  la  isla  algunas  compañías  de  Aragón  y  Riambao  de 
Corbera,  que  llevaba  refuerzo  á  Cerdefta.  Tres  días  estuvo  sin 
tomar  una  resolución  decisiva,  cuando  á  cada  momento  podían 
arribar  la  escuadra  y  el  ejército  de  D.  Pedro:  quizás,  como  se 
ha  dicho,  había  venido  llamado  por  alguno  de  los  isleños  y 
aguardaba  que  se  alzasen ;  mas  ni  un  solo  mallorquín  se  armó 
en  su  deíensa.  Era  gobernador  de  las  Baleares  Gilaberto  de 
Centelles,  varón  de  gran  valor  y  apto  para  la  guerra ;  y  como 
entendiese  que  D.  Jaime  se  aparejaba  para  acercarse  á  la  ciudad 
y  darle  batalla,  el  25  de  aquel  mes  de  Agosto,  mucho  antes  del 
amanecer,  con  gran  sigilo  salió  al  campo  junto  con  Riambao  de 
Corbera  y  las  compañías  destinadas  á  Cerdeña  (a).  Ya  que  fué 


día  ésta  ayudar  al  rey  de  Mallorca,  teniendo  invadido  su  reino  por  Luís  de  Hun- 
gría. En  Sicilia  reinaba  á  la  sazón,  menor  de  edad,  Luís,  hijo  de  Pedro  y  nieto  de 
Fadrique. 

(a)  Piferrer,  que  tan  diligente  y  minucioso  hasta  aquí  se  ha  mostrado  en  el  re- 
lato de  los  infortunios  de  Jaime  III,  pasa  casi  de  corrida  sobre  la  catástrofe.  Verdad 
es  que  no  tuvo  noticia  de  los  preciosos  partes  del  gobernador  Centelles,  registra- 
dos en  el  antiguo  archivo  de  la  Gobernación,  que  tanta  luz  arrojan  acerca  de  los 
precedentes  y  circunstancias  del  gran  suceso,  y  que  se  publicaron  por  primera 
vez  y  no  completos  en  1851  en  el  tomo  XXI  del  Viaje  del  P.  Villanueva  á  las  igle- 
sias de  España:  pero,  lejos  de  adelantar  en  sus  investigaciones  mi  buen  amigo,  ni 
siquiera  se  aprovechó  esta  vez  de  lo  ya  conocido,  y  hasta  con  precipitación  in- 
explicable equivocó  la  fecha  de  la  batalla,  prefiriendo  ponerla  con  Bover  en  2  5  de 
Agosto  que  fijarla  acertadamente  con  Zurita  y  Mut  en  25  de  Octubre.  La  expedi- 
ción, que  tanrinfeliz  desenlace  tuvo,  venía  ya  preparadadesdcmuy  atrás:  en  i  347 
tratóse  ya,  aunque  inútilmente,  de  combinarla  con  las  turbulencias  de  la  Unión 
aragonesa;  y  en  Noviembre  de  i  348,  cuando  devastaba  aún  á  Mallorca  la  horrible 
peste  negra,  se  tomaban  ya  precauciones  contra  un  desembarco  de  Pagano  y  otros 
fautores  del  rey  desposeído.  Aviñón  era  el  punto  de  residencia  de  éste;  la  media- 
ción del  papa  Clemente  VI  le  reconcilió  con  Felipe  de  Valois,  y  arregló  acaso  la 
venta  de  Montpeller  que  debía  facilitarle  los  recursos  para  su  empresa.  Demoróla 
por  todo  el  Julio  de  i  349  el  bautizo  de  una  niña  habida  en  Violante,  de  quien  el 
delfín  Juan  debía  ser  padrino.  En  Marsella,  en  Niza,  en  Sicilia  armábanse  galeras, 
jinetes  á  centenares  y  peones  á  millares  reclutábanse  en  Provenza;  por  jefe  de  la 
armada  designábase  á  Carlos  Grimaldi  señor  de  Monaco,  acompañado  de  Luciano, 
Aytón,  Renato,  Ambrosio  y  otros  de  su  ilustre  familia  de  almirantes,  y  de  micer 


ISLASBALEARES  183 

bastante  entrado  el  día,  avistáronse  los  dos  ejércitos;  y  formán- 
dose en  batalla,  en  el  llano  de  Lluchmayor  la  trabaron  brava  y 
encarnizada.  La  fortuna,  como  nunca  había  estado  de  parte  de 
D.  Jaime  en  las  acciones  pasadas  de  su  vida,  así  tampoco  quiso 
entonces  darle  la  victoria:  comenzó  á  cejar  su  gente,  y  prevale- 


Antonio  Ros,  Carlos  Simón,  Baqueto  de  Vintimilla,  también  al  parecer  genoveses, 
á  quienes,  lo  mismo  que  á  los  suyos,  hacía  el  pobre  príncipe  merced  prematura, 
ya  de  Mabón,  ya  de  Alcudia,  ya  del  lugar  de  Sóller  con  su  valle,  ya  de  Buñola  con 
titulo  de  condado,  distribuyendo  así  su  estado  en  señoríos  antes  de  recobrarlo. 
Decían  unos  que  los  catalanes  poblados  en  Sicilia,  que  hervía  entonces  en  bandos, 
habían  ofrecido  entregarle  el  país;  otros  que  mensajeros  procedentes  de  Clarenza 
en  la  Morea  prometían  devolverle  el  dominio  materno ;  mas  no  se  creyeron  sino 
voces  echadas  para  ocultar  su  designio.  Tuvo  el  papa  consistorio  en  24  de  Agosto. 
en  que  compareció  O.  Jaime,  pidiendo  los  diezmos  de  Mallorca  y  Rosellón  por  dos 
años,  á  lo  cual  se  dijo  haberse  negado  su  Santidad,  recordándole  lo  mucho  que 
por  él  había  ya  hecho,  y  rehuyendo  de  ponerse  en  pugna  con  el  soberano  de  Ara- 
f^ón;  y  con  este  mal  despacho  salió  el  príncipe  el  27  con  su  mujer  y  su  hijo  y  sus 
dos  hijas  y  toda  su  casa,  deteniéndose  cuatro  días  en  Arles,  donde  pasó  revista  á 
tres  mil  hombres  de  á  pie  y  cuatrocientos  de  á  caballo,  y  fué  á  embarcarse  en  los 
graus  del  Rose^  cnlrt  Marsella  y  Aigues-mortes,  tan  satisfecho  como  si  hubiese 
logrado  ya  el  triunfo. 

De  estos  movimientos  informaba  puntualmente  á  Gilaberto  de  Centelles  un  es- 
pía que  al  lado  del  que  fué  su  rey  tenían  los  jurados  de  Mallorca;  y  por  espacio  de 
tres  meses  no  cesaba  el  gobernador  de  despachar  carta  sobre  carta  á  Pedro  IV 
residente  á  la  sazón  en  Valencia,  pidiendo  naves  y  gentes  para  resistir  el  des- 
embarco, y  denunciando  el  peligro  de  que  la  isla  se  perdiera  desde  luego,  á  excep- 
ción de  la  capital  y  de  los  castillos;  tal  era  la  adhesión,  decía,  que  payeses  y  hasta 
ciudadanos,  especialmente  los  de  inferior  condición,  mantenían  á  su  antiguo  amo, 
el  cual,  á  mayor  abundamiento,  ofrecía  á  todo  el  mundo  indemnidad  de  bienes  y 
personas.  Ya  en  12  de  Octubre  anuncia  que  la  armada  de  D.  Jaime,  compuesta  de 
22  velas,  ha  aparecido  en  el  puerto  de  Alcudia,  no  en  la  marina  de  Campos  como 
escribe  Piferrer,  y  que  hacia  el  cabo  de  Formentor  han  saltado  á  tierra  hasta  dos 
mil  peones  y  ochenta  de  á  caballo,  no  sin  escaramuza  con  heridas  y  muertes.  Dos 
días  estuvo  Jaime  en  Pollensa  y  dos  en  Alcudia,  pasando  por  Muro  banderas  des- 
plegadas y  en  orden  de  batalla  á  Inca,  que  combatió  por  dos  puntos  durante  un 
par  de  horas;  y  en  una  salida  que  hicieron  sin  aprobación  de  su  jefe,  los  sitiados 
le  mataron  ó  cogieron  de  4$  á  50  hombres,  entre  ellos  ocho  jinetes.  Mujeres,  hijos 
y  cautivos  de  los  pobladores  forenses  con  sus  ganados  y  provisiones,  todo  lo  ha- 
bía hecho  meter  el  gobernador  dentro  de  los  muros  de  la  ciudad;  las  campiñas 
quedaban  abandonadas  á  la  tala  del  enemigo,  no  sin  dificultad  de  mantener  inte- 
riormente el  orden  entre  tantas  gentes  poco  avezadas  á  la  guerra  y  desesperadas 
de  ver  la  destrucción  de  sus  fincas.  Nadie,  sin  embargo,  se  unió  al  invasor  sino  un 
griego  y  un  moro  de  Pollensa  y  un  pobre  diablo  de  Muro,  que  trató  de  entregar  á 
Inca  y  fué  allí  mismo  ahorcado.  Pero,  desmentidos  sus  recelos,  no  sosegaba  aún 
Centelles,  y  aunque  abastado  de  infantería,  le  parecían  pocos  los  doscientos  caba- 
llos con  que  contaba  y  las  siete  galeras  y  seis  naves  y  dos  leños  armados  que  tenía 
en  Portopí,  á  vista  de  las  cuales  se  retiraron  á  la  desbandada  ocho  galeras  de  la 


184  ISLAS      BALEARES 


ciendo  los  de  Centelles  y  Corbera,  con  los  pocos  buenos  que  no 
le  desamparaban  sostuvo  todo  el  peso  y  furia  de  la  pelea,  y 
alargó  cuanto  pudo  su  total  desgracia.  El  número  al  cabo  venció 
al  valor:  derribado  del  caballo,  mal  herido,  desmayado,  un  sol- 
dado aragonés  le  cortó  la  cabeza;  ¡triste  y  horrendo  fin  para 
el  cuñado  de  D.  Pedro,  hijo  de  D.  Fernando,  biznieto  del  Con- 
quistador/ 

Fué  D.  Jaime  III  de  Mallorca  bueno,  abierto  y  demasiada- 
mente conñado ;  muy  dado  á  la  etiqueta  y  á  los  usos  caballeres- 
cos, versado  en  los  libros  sagrados,  no  ignorante  del  derecho,  y 
buen  escritor  latino  para  la  época:  mas  á  todas  estas  cualidades 
no  acompañaron  el  tacto  político,  ni  la  sagacidad  y  destreza  que 


flota  enemiga  que  se  dirigían  sobre  la  ciudad,  condoliéndose  con  el  rey  de  Aragón 
de  no  haber  podido  disponer  de  más  fuerzas  para  aniquilar  aquella. 

En  esto  aportó  aquí,  de  paso  para  Cerdeña,  Riembaldo  de  Corberacon  una  nave 
cargada  de  gente  de  pie  y  caballería,  con  la  cual  formando  una  división  Gilaberto 
y  reservándose  el  mando  de  la  restante  hueste,  salieron  el  viernes  23  por  la  ma- 
ñana, dejando  la  capital  bien  guarnecida  y  al  abrigo  üe  la  escuadra,  en  busca  del 
adversario.  Había  pasado  de  noche  y  con  gran  lluvia  de  Inca  á  Sineu  el  infeliz 
príncipe,  y  de  Sineu  por  Porreras  á  Llucmajor,  donde  pernoctó  el  sábado,  median- 
do apenas  una  legua  entre  ambos  ejércitos.  A  la  mañana  del  domingo  2  5  desple- 
gáronse uno  y  otro  en  dos  alas,  embistiendo  vigorosamente  Corbera  con  la  van- 
guardia y  haciendo  otro  tanto  con  sus  escuadrones  Centelles,  cuyo  relato  no  da 
más  pormenores  sino  que  Jaime  fué  vencido  y  muerto  con  Pagano  portador  de  la 
bandera  y  con  gran  número  de  caballeros  é  infantes,  y  que  él  persiguió  á  los  fu- 
gitivos una  legua  larga  en  dirección  á  la  costa,  hallando  á  su  vuelta  prisioneros  á 
D."  Violante  y  á  la  infanta  Isabel  y  al  infante,  muchacho  de  once  años,  herido  en  el 
rostro  con  espada.  Los  vencedores,  que  no  perdieron  sino  cuatro  jinetes  y  diez 
peones  con  quince  caballos,  durmieron  en  Llucmajor,  y  al  día  siguiente  entraron 
en  la  ciudad  acogidos  con  procesiones  y  gran  regocijo.  En  seguida  pidió  el  gober- 
nador instrucciones  al  rey  D.  Pedro  acerca  de  lo  que  había  de  hacer  de  la  viuda  y 
de  los  hijos  presos  en  el  castillo  de  Bellver,  y  del  cuerpo  del  monarca  depositado 
en  la  iglesia  de  Llucmajor,  insinuando  la  idea  que'l  pogués  hom  soterrar  á  la  Seu 
honradamente  que  vuy  mes  no  pot  fer  mal  ne  be;  consejo  que  no  fué  escuchado  por 
el  receloso  monarca,  que  exigió  fuese  trasladado  á  Valencia  el  cadáver  y  sepulta- 
do, según  Zurita,  en  el  coro  de  aquella  catedral.  También  se  le  consultó  acerca  del 
destino  de  los  restantes  prisioneros,  fo  es  deis  strangers^  car  d'aquests  qui  eran 
d'aquesla  Ierra  entén  d/er  aquella  justicia  quemereixen.  Tardándose  la  respuesta, 
sometió  Centelles  á  los  hombres  de  á  pie  y  á  las  hembras  que  con  la  expedición 
habían  venido,  á  cinco  años  de  servicio,  tasándolo  por  sí  ó  por  los  procuradores 
reales  en  la  cantidad  que  le  pareciese,  á  lo  cual  se  opusieron  con  apelación  los  ju- 
rados. No  bajan  de  veinticuatro  estas  cartas,  indispensables  para  rehacer  la  histo- 
ria, y  algunas  irán  entre  los  apéndices  añadidos  al  fín  de  esta  primera  parte. 


ISLAS      BALEARES  185 

SU  posición  requería.  En  tiempos  pacíficos  y  libre  de  contrarios 
ambiciosos,  aquellas  nobles  prendas  suyas  hubiéranle  granjeado 
gran  renombre  entre  los  príncipes  ilustres  por  las  letras:  ahora 
ni  supo  prever  ni  conjurar  con  tiempo  la  tormenta,  ni  calcular 
cuánto  daban  de  sí  su  situación  y  sus  fuerzas,  ni  ceder  con  opor- 
tunidad disimuladamente.  La  desventura  no  le  desamparó  desde 
sus  más  tiernos  años,  y  de  su  propia  sangre  recibió  los  golpes 
más  rudos.  Tuvo  por  contrario  á  un  monarca  tan  suspicaz  como 
profundo,  tan  artero  y  disimulado  como  activo;  hasta  en  la  ex- 
celencia de  la  educación  hubo  de  rivalizar  con  D.  Pedro,  y  qui- 
zás no  fué  ésta  la  menor  causa  del  aborrecimiento  que  el  arago- 
nés le  profesó:  la  envidia  literaria  es  siempre  la  más  quisquillosa, 
y  en  un  mal  corazón  la  que  últimamente  se  extingue.  Por  esto 
al  despojarle  del  cetro,  su  rival,  no  menos  ceremonioso,  quiso 
despojarle  de  su  gloria;  y  las  ordenaciones  de  la  casa  real,  pu- 
blicadas en  catalán  por  D.  Pedro  como  propias,  cuando  en  su 
mayor  parte  no  eran  sino  traducción  de  las  que  en  latín  escribió 
D.  Jaime,  serán  un  testimonio  duradero  de  cuánto  deslumbra  la 
gloria  de  las  letras,  ya  que  reyes  célebres  por  otros  títulos  no 
han  dudado  por  conseguirla  recurrir  á  un  mezquino  plagio.  Al 
fin  murió  como  buen  caballero  y  príncipe  de  la  sangre  aragone- 
sa, defendiendo  con  las  armas  su  corona;  y  su  cadáver  fué  lle- 
vado á  enterrar  en  Valencia. 

La  estrella  fatal,  que  había  influido  en  la  casa  mallorquina 
desde  sus  principios,  también  la  acompañaba  cuando  iba  á  des- 
aparecer para  siempre.  Preso  en  Lluchmayor  D.  Jaime  IV,  hijo 
del  difunto,  primeramente  fué  encerrado  en  la  fortaleza  de  Játiva, 
y  después  en  el  castillo  Nuevo  de  Barcelona  (i)  se  le  puso  en 
prisión  la  más  bárbara  y  dura.  Tenían  cargo  de  su  persona  al- 
gunos validos  de  la  corte,  que  se  mudaban  cada  semana:  de  día 


(i)    Inmediato  al  Cali,  donde  aún  subsisten  sus  ruinas  sobre  restos  de  fortifi- 
cación romana. 

24 


1^6  ISLAS      li  ALEARES 

los  guardas  no  se  apartaban  de  él  un  punto,  y  de  noche  tenía  su 
cama  dentro  de  una  gran  jaula  de  hierro,  puesta  en  la  cámara 
donde  dormía  el  que  entonces  era  alcaide.  Más  de  doce  años 
gimió  en  cruel  encierro,  sin  que  las  instancias  de  la  Santa  Sede 
fuesen  parte  para  doblegar  la  feroz  condición  de  D.  Pedro ;  y  al 
ñn  los  amigos  de  la  casa  mallorquina  hubieron  de  apelar  á  la 
violencia. 

Fué  cabeza  de  la  conspiración  Jaime  de  Santcliment,  ca- 
piscol de  la  catedral  barcelonesa,  el  cual,  sobornados  varios 
de  los  guardas  del  castillo  Nueyo,  logró  sacar  llaves  falsas,  y 
con  ellas  entraron  él  y  sus  compañeros  en  el  fuerte  la  noche  del 
1.°  de  Mayo  de  1362.  Sorprendieron  y  mataron  en  su  propia 
cama  á  Nicolás  Kovira,  que  aquella  semana  era  el  alcaide  en- 
cargado de  la  custodia  del  preso;  y  sacaron  de  la  jaula  á  don 
Jaime,  que  al  punto  se  salió  de  Cataluña,  y  fué  á  refugiarse  á 
Ñapóles  (a). 

La  fortuna,  al  parecer,  se  trocaba  á  favor  del  de  Mallorca, 
y  aun  se  dijera  que  las  circunstancias  se  iban  combinando  de 
modo  que  el  fugitivo  pudiese  hacer  valer  con  las  armas  sus  dere- 
chos. Viuda  á  poco  la  reina  de  Ñapóles,  aficionóse  á  su  deudo 
D.  Jaime,  y  dándole  su  mano  y  con  ella  la  participación  del  po- 
der, le  puso  en  estado  de  ejecutar  su  venganza  {b)\  á  tiempo 


(a)  En  prueba  de  la  alarma  producida  en  Mallorca  por  la  fuga  del  infante,  pu- 
blicamos en  su  lugar  correspondiente  la  respuesta  por  los  jurados  dada  al  parte 
de  los  consejeros  de  Barcelona,  y  las  prevenciones  tomadas  de  acuerdo  con  el  go- 
bernador Bernardo  de  Thous  para  que  no  se  veriñque  en  la  isla  un  desembarco  ó  un 
alzamiento  á  favor  del  pretendiente.  Consta,  además,  por  noticias  sacadas  del  ar- 
chivo del  real  Patrimonio,  que  en  3  i  de  Mayo  recibieron  Pedro  Conangrell  y  Juan 
ümbert  la  comisión  de  visitar  las  escoltas  y  atalayas  colocadas  al  rededor  de  la 
isla,  y  apercibir  á  la  defensa  sus  puertos,  y  que  el  gobernador  en  persona  pasó  á 
Santanyí  con  motivo  de  hallarse  en  Calafiguera  cuatro  galeras  castellanas,  abordo 
de  las  cuales  decíase  que  iba  el  infante  de  Mallorca. 

{Jb)  Por  quién  y  cómo  y  dónde  se  agenció  este  tercer  enlace  de  Juana,  celebra- 
do en  Ñapóles  día  de  Pentecostés (2  i  de  Mayo  de  i  363},  no  consta  con  seguridad; 
lo  que  se  sabe  es  que,  á  pesar  de  la  intervención  del  papa  Urbano  V  en  el  arreglo 
de  los  capítulos  matrimoniales,  dejó  de  obtener  el  infante  de  Mallorca,  no  sólo 


ISLAS      BALEARES  187 


que,  más  que  nunca  encendida  la  guerra  con  Castilla  y  Navarra, 
llenas  de  gente  desmandada  las  fronteras  de  la  Francia,  andaba 
el  de  Aragón  sobremanera  receloso  de  que  los  roselloneses  ape- 
llidasen á  D.  Jaime.  Pero  aquel  era  el  postrer  resplandor  que 
antes  de  morir  lanzaba  el  astro  de  la  casa  mallorquina.  Con  una 
imprevisión  y  desacuerdo  inexplicables,  no  se  favoreció  D.  Jai- 
me IV  de  tan  propicia  coyuntura;  y  con  su  inacción  dio  lugar  á 
que  la  Francia,  en  la  cual,  como  en  la  más  vecina  y  poderosa  y 
enemiga  del  nombre  catalán,  había  de  poner  su  esperanza,  se 
relacionase  y  concertara  con  D.  Pedro,  y  tuviese  que  agrade- 
cerle el  alistamiento  que  de  la  gente  desmandada  ó  compañías 
de  malandrines  hizo  el  aragonés  para  auxiliar  á  D.  Enrique  de 
Trastamara. 

Su  flaqueza,  empero,  debió  de  refrenarle  mal  de  su  gra- 
do; y  sólo  cuando  D.  Pedro  de  Castilla,  echado  antes  de  su 
reino  por  su  hermano  D.  Enrique,  en  1367  volvió  por  Navarra 
con  grande  hueste  de  bretones  é  ingleses,  se  decidió  D.  Jaime  á 
entrar  junto  con  él  en  campaña:  inconsiderada  resolución  la  de 
hacerse  instrumento  de  la  venganza  ajena,  que  fué  causa  de  frus- 
trarse sus  intentos.  Porque,  lo  mismo  que  en  tiempo  de  su  bisa 
huelo  Jaime  II,  Francia  y  Aragón  celebraban  tratados  sin  tenerle 
en  cuenta;  derrotado  el  de  Trastamara,  ahora  los  dos  Pedros 
de  Aragón  y  de  Castilla  trataron  de  componer  sus  diferencias. 


todo,  participación  del  poder,  sino  hasta  cl  título  de  rey,  t^abícndo  de  contentarse 
con  el  de  duque  de  Calabria.  A  impotencia  pues,  más  que  á  inacción  y  desacuerdo, 
debe  atribuirse  la  forzada  quietud  que  al  lado  de  su  esposa  guardó  durante  cuatro 
años  el  infante,  hasta  que  á  principios  de  1367  pudo  penetrar  en  España  con  D.  Pe- 
dro de  Castilla  bajo  la  protección  del  Principe  ne^rro  Eduardo  de  Inglaterra,  en 
cuyos  brazos  le  lanzó  su  antagonismo  con  Erancia,  estrechamente  aliada  entonces 
con  Pedro  de  Aragón  y  con  Enrique  de  Trastamara.  En  la  batalla  de  Nájera,  dada 
en  3  de  Abril,  peleó  en  unión  con  los  vencedores;  pero,  sorprendido  en  Burgos 
seis  meses  después  por  la  inesperada  vuelta  de  Trastamara,  pasó  á  ser  prisionero 
de  D.  Felipe  de  Castro,  ricohombre  aragonés  y  cuñado  del  pretendiente  de  Casti- 
lla, puesto  antes  bajo  su  custodia.  Del  castillo  de  Burgos  fué  trasladado  Jaime  al 
de  Curiel  sobre  el  río  Duero,  donde  sufrió  más  de  dos  años  de  encierro,  ínterin  se 
decidía  entre  D.  Pedro  y  D.  Enrique  la  fratricida  contienda. 


l88  ISLAS      BALEARES 


y  al  cabo  fírmaron  treguas,  sin  hacer  en  la  suerte  del  mallorquín 
ninguna  mudanza. 

Para  colmo  de  infortunio,  el  de  Trastamara,   cuando  to> 
dos  le  creían  perdido,  con  ayuda  de  la  Francia  puso  en  píe 
un  fuerte  ejército;  entró  segunda  vez  en  Castilla,  sorprendió 
en  Burgos  á  D.  Jaime,  y  delante  de  Montiel  se  ciñó  la  coro- 
na manchada  con  la  sangre  de  su  hermano  (1369).  La  reina  de 
Ñapóles  hubo,  pues,  de  rescatar  en  setenta  mil  doblas  á  su  ma- 
rido, el  cual,  luego  que  pudo,  hecho  también  instrumento  de 
D.  Enrique  y  á  costas  de  éste,  comenzó  á  juntar  gente  para  ir 
sobre  los  condados  de  Rosellón  y  Cerdaña  (a).  Estaban  las  co- 
sas de  D.  Pedro  en  grande  aprieto:  Cerdefta  combatida  por 
genoveses,  Aragón  amenazado  por  Castilla,  y  Rosellón  á  punto 
de  ser  invadido  por  el  de  Mallorca.  Mas  e¿  Ceremonioso^  siem- 
pre previsor  y  activo,  guarneció  fuertemente  las  plazas  y  fronte- 
ras, y  puso  en  todo  tan  buen   recaudo,  que  infundió   temor  y 
respeto  á  sus  contrarios.  Incitado  y  favorecido  por  D.  Enrique 
y  el  francés^  D.  Jaime  IV  entró  con  su  hermana  D.^  Isabel  en 
Rosellón,  á  principios  de  Agosto  de  aquel  año  1374,  al  frente 
de  grandes  fuerzas.  Pero  nada  de  provecho  hizo:  halló  cerrado 
el  paso  de  Panizas,  entró  por  la  Seo  de  Urgel,  cruzó  parte  de 
Aragón ;  y  tras  una  campaña  sin  gloria  se  recogió  á  Castilla,  y 
repartida  su  gente  por  las  tierras  rayanas,  falleció  en  Soria  el 
afio  de  1375  (¿).   Con  él  acabó  la  línea  masculina  de  los  reyes 


(a)  Libre  al  fin  de  su  prisión,  pasó  el  hijo  de  Jaime  III  por  Montpcllcr  el  i6  de 
Abril  de  i  370,  como  refiere  el  Thalamus  ó  cronicón  de  la  ciudad,  y  desde  este  día 
hasta  la  tentativa  de  1  374  ignórase  á  punto  fijo  los  actos  y  hasta  el  domicilio  del 
errante  príncipe:  lo  que  parece  cierto  es  que  no  volvió  á  Ñapóles.  Acaso  residió 
algún  tiempo  en  la  corte  pontificia  de  Aviñón,  acaso  en  Montferrat  al  lado  del  mar- 
ques Juan  Paleólogo,  retoño  de  la  imperial  estirpe  de  Constantinopla,  casado  con 
Isabel  hermana  del  infante  y  metido  en  continuas  guerras  con  los  Visconti  de  Mi- 
lán. Con  probabilidades  de  novela,  aunque  diligentemente  calcadas  sobrédalos 
históricos,  probé  de  llenar  este  vacío,  al  continuare/  Infante  de  Mallorca  át  m\ 
amigo  Tomás  Aguiló. 

(¿7)    A  esta  opinión  general  de  los  cronistas  é  historiadores  castellanos,  que  ni 


ISLAS      BALEARES  189 

de  Mallorca;  y  únicamente  ahora,  por  cumplirse  la  condición 
prefijada  en  el  testamento  de  D.  Jaime  el  Conquistador^  con  toda 
justicia  se  unía  la  corona  de  las  Baleares  á  la  aragonesa. 

Fatal  fué  esa  unión  á  Mallorca.  En  el  seno  de  la  paz,  los 


con  documentos  ni  con  vestigios  puede  ya  comprobarse,  toda  vez  que  ha  desapa- 
recido en  Soria  la  antigua  iglesia  de  Franciscanos  donde  se  decía  hallarse  ente- 
rrado el  infante,  se  contraponen  con  viso  de  decisivas  las  gravísimas  palabras  de 
Pedro  IV  en  su  crónica  :  misgué  f)er  la  via  de  la  valí  d'Aran,  e  encontineni  morí  ab 
herbada  que  li  fou  dada.'»)  Excusado  parece  exigir  otra  prueba  que  la  confesión 
del  más  que  probable  reo.  En  la  citada  novela  me  esfuerzo  en  conciliar,  mediante 
la  traslación  del  cadáver,  ambas  versiones. 

Respecto  al  derecho  de  su  hermana  Isabel  á  la  corona  de  las  Baleares,  no  acier- 
to cuál  pudo  ser,  una  vez  extinguida,  como  observa  muy  bien  el  autor,  la  línea 
masculina  de  los  reyes  de  Mallorca,  ni  que  se  le  exigiese  la  renuncia  de  él  antes  de 
salir  del  reino  de  su  tío,  donde  había  experimentado  mejor  trato  que  el  infante. 
Doncella  de  i  6  á  18  años,  fué  con  beneplácito  y  mediación  tal  vez  del  rey  de  Ara- 
gón, visitando  de  paso  en  Montpeller  el  sepulcro  de  su  madre,  á  desposarse  con 
Juan  Paleólogo  marqués  de  Montferrat,  á  quien  hizo  padre  de  cuatro  varones  y 
una  hembra,  pues  de  Cecilia  de  Cominges  su  primera  consorte  no  tenía  sucesión. 
Fallecido  el  marqués  en  Marzo  de  i  37  i ,  no  fué  Isabel  la  encargada  de  la  regencia 
de  su  primogénito  Otón,  por  otro  nombre  Secondoiio,  sino  Otón  de  Brunswick, 
que  pasó  más  adelante  por  muerte  de  Jaime  á  ser  el  cuarto  marido  de  la  reina 
Juana  de  Ñapóles.  La  infanta  viuda  dio  á  su  hermano  singulares  muestras  de  ad- 
hesión hasta  entonces  no  manifestadas,  acompañándole  en  su  aventurada  empre- 
sa, y  retirándose,  después  de  frustrada  ésta,  desde  Soria  hasta  la  frontera  al  frente 
de  las  compañías  bretonas  y  provenzales;  pero  sus  ilusorios  derechos,  destruidos 
por  el  testamento  del  rey  conquistador,  dado  que  no  los  hubiera  ya  renunciado, 
no  los  transfirió  á  ninguno  de  sus  hijos,  sino  que  los  vendió  desde  luego,  no  se 
sabe  en  cuánto,  al  ambicioso  Luis  duque  de  Anjou,  que  andaba  ya  á  la  pretensión 
de  otra  más  insigne  corona,  haciéndose  adoptar  por  la  reina  Juana.  Pero,  si  las 
legítimas  demandas  de  la  propia  y  natural  dinastía  habían  tenido  tan  poca  efica- 
cia en  I  '^49  y  en  i  374  para  despertar  la  lealtad  y  el  entusiasmo  de  los  mallorqui- 
nes y  secundar  proyectos  de  restauración,  ^  qué  acogida  habían  de  encontrar  las 
temerarias  y  absurdas  de  un  comprador  extranjero?  Pudieron  en  1376  suscitar 
alarmas,  y  hasta  suministrar  materia  al  preámbulo  de  las  cortes  de  Monzón  los 
aprestos  del  de  Anjou  para  hacerlas  efectivas;  pero  sirvieron  quizá,  más  que  de 
otra  cosa,  de  pretexto  á  los  gobernantes  para  mejor  explotar  y  dominar  el  reino 
nuevamente  incorporado.  Isabel  de  Mallorca  no  volvió  más  á  Monferrat,  ni  en  vida 
de  su  hijo  Otón  que  acabó  en  i  378,  ni  en  la  de  sus  otros  hijos,  Juan  III  y  Teodo- 
ro II,  sucesores  en  la  soberanía  de  aquel  estado;  la  madre  no  reaparece  sino  en 
Aleth,  á  la  raya  del  Rosellón,  casada  en  segundas  nupcias,  según  documentos  por 
Tourtoulon  citados,  con  un  Conrado  de  Reischach  caballero  alemán,  de  quien  to- 
davía tuvo  un  hijo  llamado  Miguel,  matrimonio  que  resulta  se  mantuvo  secreto, 
no  habiendo  querido  la  infanta  seguir  á  Alemania  á  su  marido,  para  que  no  sufrie- 
sen perjuicio  las  negociaciones,  ignoro  cuáles,  que  tenía  á  la  sazón  entabladas  con 
su  tío  el  rey  de  Aragón. 


190  islasbaleahes 


labradores  bendecían  antes  la  memoria  del  benéfico  D.Jaime II; 
y  escala  de  todas  las  naciones  levantinas  en  su  comercio  con  las 
costas  africanas,  la  isla  se  había  engrandecido  por  un  activo  trá- 
fico. La  abundancia  y  el  contentamiento  reinaban  en  ella :  pros- 
peraban las  artes;  las  letras  se  envanecían  con  el  nombre  de 
Raimundo  Lulio;  y  la  arquitectura  levantaba  en  su  capital  los 
edificios  que  atestiguaban  su  riqueza.  La  dominación  aragonesa 
vino  á  turbar  tan  feliz  estado;  y  ya  en  los  principios  de  la  usur- 
pación, el  rigor  de  las  causas  naturales  fué  como  un  vaticinio  de 
la  desgracia  futura.  En  1348  la  peste  se  encrudeleció  en  ella,  y 
le  arrebató  gran  parte  de  sus  moradores.  La  importancia  de  su 
situación  no  se  ocultó  á  D.  Pedro  el  Ceremonioso;  y  hecha  uno 
de  los  tres  departamentos  navales  de  la  corona,  su  astillero 
contribuyó  poderosamente  á  la  prepotencia  marítima  de  Ara- 
gón. 

Sus  galeras  pelearon  al  lado  de  las  catalanas  en  cuantas  bata- 
llas hicieron  entonces  famosa  nuestra  marina;  las  aguas  de  Cons- 
tantinopla  y  de  Cerdeña  fueron  teatro  de  la  intrepidez  de  su  gen- 
te de  mar;  y  las  costas  africanas  lloraron  el  rigor  y  fortaleza  de 
sus  armas.  Compró,  empero,  esta  gloria  con  su  empobrecimien- 
to, que  era  superior  á  sus  fuerzas  el  mantener  tantas  escuadras; 
y  como  las  guerras  se  sucedieron  casi  sin  interrupción  en  el  rei- 
nado del  Ceremonioso^  hubo  de  contribuir  á  sostenerlas  con 
frecuentes  y  cuantiosos  donativos.  La  pérdida  de  embarcaciones 
en  combates  ó  por  temporales  hirió  gravemente  su  marina;  la 
precisión  de  anticipar  donativos  y  costear  armamentos  fué  arrui- 
nando su  riqueza,  y  trajo  la  necesidad  de  empeñar  todos  los 
réditos  y  arbitrios  públicos;  los  impuestos,  las  exacciones  y  la 
despoblación  redujeron  la  agricultura  á  la  mayor  miseria;  y  tras 
ella  vinieron  las  feroces  revueltas  de  los  campesinos.  Así  ya  de 
cadente  su  comercio,  vino  á  tierra  el  primero,  cuando  el  deíscu- 
brimiento  del  Nuevo  Mundo  redujo  á  la  nada  tantas  potencias 
marítimas  del  Mediterráneo,  y  en  España  hizo  centro  de  la  con- 
tratación á  las  plazas  de  allende  el  estrecho. 


I  S  L  A  S      B  A  L  E  A  R  F:  S  I9I 


Mas  esto  cae  debajo  del  dominio  de  la  Historia  general  de 
Aragón,  al  cual  permanecieron  incorporadas  las  Baleares:  la 
particular  de  Mallorca,  que  hemos  bosquejado,  acaba  en  la  muer- 
te del  postrer  descendiente  de  D.  Jaime  II. 


CAPITULO  IV 


Mallorca  incorporada  á  Aragón 

bajo  la  rama  primogénita  de  Jatme  el  Conquistador 

1349-1412 


QUEDÓLE  á  la  isla,  no  obstante,  título  y  hasta  organismo 
de  reino,  suñcientes  para  asegurar  á  sus  instituciones  in- 
violable permanencia  y  conservar  en  los  anales  sus  rasgos  carac- 
terísticos: el  mismo  mar  que  la  rodea,  menos  accesible  entonces 
que  ahora,  parecía  contribuir,  sirviéndole  como  de  marco,  á  que 
formara  cuadro  aparte  del  grupo  de  los  dominios  de  Aragón. 


(*)    Este  capítulo  y  los  dos  históricos  que  siguen  son  obra  exclusiva  de 
D.  José  María  Quadrado. 


194  ISLAS      BALEARES 


Sus  servicios,  sus  esfuerzos,  sus  donativos  extraordinarios,  no 
se  confundían  en  acervo  común  con  el  contingente  de  los  demás 
estados:  no  siempre  participaba  de  las  inquietudes  y  perturba- 
ciones del  continente,  antes  á  menudo  hacía  contraste  con  ellas 
su  indiferencia,  mientras  del  seno  mismo  de  su  habitual  tranqui- 
lidad surgían  y  estallaban  á  la  hora  menos  pensada  violentas 
tempestades,  producto  de  elementos  indígenas  comprimidos  de- 
bajo del  suelo  ó  difundidos  por  la  atmósfera.  Retuvo  Mallorca 
su  modo  de  ser  y  de  vivir,  sus  artes  y  tipo  arquitectónico,  sus 
modismos  de  lenguaje  progresivamente  en  aumento,  sus  cos- 
tumbres privativas,  sus  intereses  generales  y  los  peculiares  de 
cada  clase,  sus  cuestiones  sociales  consiguientes:  exenta  de  emi- 
graciones de  naturales  en  masa  como  de  considerable  inmigra- 
ción de  forasteros,  puede  decirse  por  lo  general  que  apenas,  se- 
gún de  los  apellidos  resulta,  se  han  renovado  las  familias  en  el 
espacio  de  cinco  siglos,  ni  siquiera  cambiando  vecinos  con  las 
inmediatas  costas  de  Cataluña  y  Valencia.  Funesta  bajo  otros 
aspectos  la  incorporación,  poco  tuvo  de  pronto,  como  en  edad 
más  reciente,  de  absorción  centralizadora :  ni  en  atribuciones,  ni 
en  formas  políticas;  judiciales  y  administrativas,  ni  aun  en  los 
nombres  de  los  oficiales,  ni  en  la  representación  de  brazos,  se 
experimentó  la  menor  mudanza;  y  aun  el  vacío  de  la  corte  dejó 
sentirse  menos  en  una  capital,  acostumbrada  ya  á  la  frecuente 
ausencia  de  sus  monarcas  propios  que  compartían  entre  ella  y 
Perpiñán  su  residencia,  y  á  ser  gobernada  por  lugartenientes. 

Si  esperaban  los  mallorquines,  y  en  especial  la  clase  mer- 
cantil fautora  de  la  mudanza  y  adicta  más  que  ninguna  á  la 
nueva  dominación,  sacar  de  ella  su  provecho,  logrando  en  ma- 
yor escala  y  en  más  vasta  esfera  el  desarrollo  del  comercio  y 
de  la  marina,  no  tardarían  en  convencerse  de  que  no  siempre  el 
medro  de  los  subditos  anda  á  par  de  la  grandeza  de  la  monar- 
quía. Los  sacrificios  que  les  había  costado  el  socorro  tributado 
por  el  rey  Sancho,  como  feudatario  del  de  Aragón,  en  las  expe- 
diciones de  éste  á  Cerdefia,  volviéronse  harto  más  gravosos,  al 


ISLAS      BALEARES  195 

convertirse  de  auxiliares  en  vasallos  directos,  de  quienes  todo 
podía  exigirlo  el  común  soberano.  Al  inmemorial  antagonismo 
con  los  genoveses  acababa  de  añadirse  en  el  ánimo  rencoroso 
de  Pedro  IV  el  reciente  agravio  del  apoyo  por  aquella  república 
dispensado  al  desposeído  Jaime;  y  confederado  con  la  de  Vene- 
cia,  decidióse  en  Perpifíán  á  declararles  guerra  nuevamente 
como  á  perpetuos  apadrinadores  de  los  rebeldes  sardos.  Al 
frente  de  una  escuadra  de  veinticuatro  galeras  fué  puesto  Ponce 
de  Santa  Pau;  siete  había  de  Mallorca  (i),  con  las  cuales  iba 
por  vice-almirante  Rodrigo  de  Sant  Martí.  En  Mesina  se  reunió 
la  flota  con  la  veneciana,  y  en  Constantinopla  con  la  del  empe- 
rador griego,  formando  un  total  de  sesenta  y  ocho  galeras,  que 
con  igual  número  casi  de  genovesas  combatieron  en  las  aguas 
de  Pera,  un  día  de  los  primeros  de  Febrero  de  1352,  por  el 
dominio  del  Mediterráneo ;  y  la  victoria  se  decidió  por  los  alia- 
dos, aunque  á  costa  de  la  vida  del  jefe  catalán. 

Suspendida  un  momento  por  la  paternal  solicitud  del  pontí- 
fice, continuó  con  mayor  empeño  la  lucha,  trasladando  su  pa- 
lenque á  la  revuelta  isla  de  Cerdeña,  á  donde  acudió  nuestro 
reino  con  un  contingente  superior  á  sus  recursos,  gracias  al  im- 
pulso irresistible  de  su  gobernador  Gilaberto  de  Centelles,  lla- 
mado á  propósito  por  el  monarca  para  obtener  de  los  nuevos 
subditos  ayuda,  que  en  su  crónica  reconoce  haber  recibido  en 
grande.  Triunfó  otra  vez  en  aquellas  playas,  en  27  de  Agosto 
^^  ^353i  ^1  pabellón  aragonés  en  grupo  con  el  veneciano,  to- 
mando treinta  y  tres  galeras  al  enemigo,  y  rindióse  Alguer  tras 
de  obstinada  resistencia;  pero  Bernardo  de  Cabrera,  tan  mal 
pagado  luego  de  sus  servicios  por  su  maquiavélico  amo,  perdió 
con  su  rigor  el  fruto  de  la  gloriosa  jornada,  provocando  en  la 


(i)  Costó  el  armamento  de  ellas,  según  notas  del  archivo  del  Real  Patrimo- 
nio, 1 7,818  libras,  de  las  cuales  se  cubrió  el  tercio  con  un  préstamo  tomado  á  se- 
senta y  cuatro  vecinos,  cuyos  nombres  y  cuotas  aparecen.  Sobre  esta  campaña  y 
la  de  Cerdeña  se  extiende  Piferrer  en  la  segunda  parte  en  el  capítulo  que  dedica 
á  la  Lonja. 


T06  ISLAS      BALEARES 

isla  un  levantamiento  general,  ante  el  cual  hubo  de  retirarse 
como  vencida  la  armada  victoriosa.  Entonces  Pedro  IV,  que  si 
bien  artero  no  pecaba  de  cobarde,  quiso  compartir  con  su  ejér- 
cito, para  más  alentarlo,  las  fatigas  y  peligros  de  la  guerra  y  la 
insalubridad  del  clima,  y  embarcóse  para  allá,  escoltado  de  un 
enjambre  de  más  de  cuatrocientas  velas:  acompañóle  Centellas 
con  ocho  galeras  armadas  por  su  cuenta,  y  la  universidad  en  el 
flete  de  treinta  y  dos  naves  (i)  gastó  cérea  de  veinte  mil  libras. 
Quince  meses,  desde  Junio  de  1354  hasta  Setiembre  del  55, 
pisó  el  rey  la  mal  domada  tierra;  y  para  abastecer,  así  la  corte 
aunque  en  pie  de  campaña,  como  las  numerosas  huestes,  no  ce- 
saron envíos  extraordinarios  de  Mallorca,  á  fuer  de  punto  el  más 
inmediato,  que  no  menos  que  el  erario  real  enjugaban  las  fortu- 
nas particulares,  además  de  sus  irreparables  pérdidas  en  buques 
tragados  por  las  olas,  y  de  vidas  segadas  por  malignas  fiebres 
ó  por  el  hierro  de  los  combates. 

Seguía  aún  el  recio  conflicto,  cuando  en  1356  se  suscitó  otro 
más  íntimo  y  encarnizado  entre  Aragón  y  Castilla  por  cuestio- 
nes de  mercadería,  cabalmente  ocurridas  en  este  puerto;  y  fué 
el  caso  que  un  patrón  castellano,  antes  de  fallarse  el  pleito  que 
aquí  traía,  hízose  á  la  vela,  deteniendo  por  engaño  y  llevándose 
en  rehenes  cuatro  acaudalados  negociantes  del  país,  para  cuyo 
rescate  despachóse  en  alcance  suyo  una  nave  armada,  con  la 
cual  trabó  pelea,  y  quedó  muerto  el  secuestrador,  y  vendióse 
en  almoneda  su  barco  (2).  Hubo  entre  una  y  otra  corte  cambio 


(i)  No  todas  eran  de  mallorquines;  habíalas/según  los  apellidos  de  sus  due- 
ños que  tengo  á  la  vista,  de  Cataluña,  de  Castilla,  de  Provenza  y  de  Italia.  No  se 
hace  mención  del  cargamento:  solo  la  galleta  importó  10,524  libras. 
.  (2)  Anterior  á  ésta  fué  al  parecer  la  reclamación  de  Ramón  Frexenet,  también 
mallorquín,  por  el  cargamento  de  cueros  que  le  había  tomado  el  vizcaíno  Jauny 
Pérez  de  Xuaga  de  la  matrícula  de  Bermeo,  de  donde  se  originaron  entre  los 
nuestros  y  los  vizcaínos  interminables  represalias.  De  la  correspondencia  que 
precedió  entre  ambos  reyes  al  rompimiento,  inserta  en  la  crónica  de  Pedro  IV, 
aparece  reciprocidad  de  agravios  y  querellas,  aunque  la  principal  fuese  la  presa 
hecha  por  la  escuadrilla  de  Francisco  Perellós  en  los  mares  de  Cádiz,  á  vista  casi 
del  rey  de  Castilla,  de  varias  naves  gcnovesas  que  iban  ó  venían  de  Sevilla,  y 
fueron  robadas  y  destruidas  sin  miramiento  á  la  mediación  del  soberano. 


ISLAS      BALEARES  1Q7 

de  notas,  de  cada  vez  más  altas  de  tono;  y  también  esta  vez 
fueron  inútiles  los  esfuerzos  del  jefe  de  la  cristiandad  para  hacer 
oir  á  los  dos  iracundos  Pedros  la  voz  de  la  concordia.  Saltó  el 
león  de  Castilla  por  el  extremo  norte  la  frontera,  arrebatando 
del  primer  golpe  á  Tarazona;  el  zorro  aragonés,  entreteniendo 
las  negociaciones  y  concentrando  entretanto  las  fuerzas,  redujo 
á  la  inacción  á  su  impetuoso  adversario  con  una  urdimbre  de 
dificultades  y  estorbos,  que  le  obligaron  á  aceptar  una  tregua 
de  quince  meses.  Espirado  el  tiempo,  estallaron  con  calculada 
furia  las  hostilidades,  que  no  por  apartada  respetaron  á  Mallor- 
ca, á  la  cual  parece  hubiera  de  bastar  la  enorme  carga  de  im- 
puestos y  fortificaciones  y  levas  de  gentes,  sin  sufrir  directa- 
mente los  estragos  de  la  lucha  peninsular.  Una  armada  salida 
de  Sevilla  en  la  primavera  de  1359  escogió  la  isla  por  blanco 
de  sus  ataques,  presentándose  antes  en  frente  de  Barcelona  para 
retar  al  monarca  de  Aragón  y  destruir  dentro  del  mismo  puerto 
sus  galeras.  El  acierto  y  bravura  de  la  defensa  decidieron  al 
cuarto  día  la  retirada,  con  lo  cual  alentado  Pedro  IV  acudió  con 
su  flota  en  socorro  de  las  amenazadas  Baleares.  Desdé  el  3  de 
Julio  hasta  el  26  de  Agosto  permaneció  en  la  capital  de  ellas, 
retenido  por  los  nobles  de  su  séquito  de  pasar  á  Ibiza  en  busca 
del  enemigo  que  la  estaba  saqueando,  y  de  aventurarlo  todo  al 
trance  de  una  batalla;  pero  sin  aguardar  el  choque,  herida  de 
no  sé  qué  pánico,  abandonó  su  presa  y  el  sitio  del  castillo  (i)  la 
escuadra  de  Pedro  el  Cruel^  perseguida  hasta  Almería  por  una 
división  de  la  aragonesa. 

Durante  los  diez  años  de  intermitente  guerra,  extinguida  en 
apariencia  por  solemne  paz  en  Mayo  de  1361  para  retoñar  en 
Junio  del  siguiente  año  con  el  improviso  sitio  de  Calatayud,  no 


(i)  Sostúvolo  bravamente  el  lugarteniente  Guillermo  de  Lagostera,  á  quien 
mandó  dar  el  rey  en  25  de  Agosto,  la  víspera  de  su  partida  de  Mallorca,  mil  U- 
brí^s,  la  mitad  contantes,  y  la  otra  mitad  en  censo  perpetuo  y  transmisible  á  los 
suyos,  de  cincuenta  cada  año.  Cobrólo  durante  muchos  años  una  hija  suya  reli- 
giosa de  Santa  Clara. 


iqS  islas     baleares 

cesaron  en  Mallorca  las  alarmas  y  los  acopios  de  trigos  y  vitua- 
llas al  abrigo  de  los  muros  de  la  ciudad,  y  más  cuando  por  tres 
veces  bambolearon  acometidas  por  las  huestes  castellanas 
acampadas  en  el  Grao  las  tapias  de  Valencia,  en  cuyas  hermo- 
sas llanuras  cargó  desde  1363  á  1365  el  mayor  encono  de  la 
pelea.  Pero  otra  causa  especial  de  inquietud  para  la  isla  se  juntó 
entretanto  á  las  generales  de  la  monarquía ;  y  fué  el  quebranta- 
miento de  la  dura  cárcel  que  encerraba  en  Barcelona  al  joven 
Jaime  hijo  del  III,  escapado  de  las  garras  del  usurpador  y  de- 
vuelto á  la  luz  y  á  la  libertad  por  algunos  decididos  servidores. 
Hasta  tal  punto  estaban  olvidados  en  veinte  años  los  naturales 
de  la  lealtad  á  su  antigua  dinastía,  ó  tan  comprimida  la  tenían 
con  las  dádivas  ó  el  terror  los  funcionarios  y  los  aduladores  de 
la  nueva,  que  las  almenadas  torres  y  puertas  de  la  capital  y  las 
atalayas  de  las  costas  y  los  castillos  roqueros  del  interior  se 
previnieron  belicosamente  en  el  mes  de  Mayo  de  1362  para  re- 
chazar, por  si  osara  acercarse,  como  el  más  detestable  y  bárba- 
ro invasor,  al  inocente  y  desgraciado  mancebo,  heredero  legíti- 
mo de  la  corona  (i).  Hasta  corrió  la  voz,  como  sucede  á  menudo, 
suponiendo  liga  entre  causas  de  bien  distinta  naturaleza  cuando 
se  trata  de  hacerlas  odiosas  á  los  ánimos  excitados,  de  haber 
aportado  á  una  cala  de  Santañí  cuatro  naves  castellanas  con  el 
Infante  á  bordo;  rumor  bien  distante  entonces  de  la  verdad, 
pues  el  fugitivo  de  pronto  fué  á  parar  en  Provenza,  y  de  allí  en 
Ñapóles,  llamado  por  la  reina  Juana  á  compartir  su  tálamo,  mas 
no  su  trono;  y  sólo  años  adelante,  al  verse  condenado  á  impo- 
tente inercia,  con  un  palacio  por  prisión,  encomendando  á  la 
fuerte  Inglaterra  el  sostén  de  su  derecho,  vino  á  encontrarse 
bajo  el  común  amparo  del  Príncipe  Negro  con  D.  Pedro  de 
Castilla  también  echado  de  su  reino,  y  entraron  juntos  en  Es- 
paña, y  en  Nájera  pelearon  y  vencieron  juntos,  sin  alianza  pre- 


(i)    Véase  en  el  capítulo  anterior  la  nota -y  entre  los  documentos  el  apéndice 
acerca  de  las  disposiciones  que  con  este  motivo  se  tomaron. 


ISLASB  ALEARES  1 99 

vía  y  sin  identidad  de  resultados.  Sorprendido  Jaime  por  Enri- 
que de  Trastamara  que  tomó  muy  luego  el  desquite  de  su 
derrota,  halló  en  el  castillo  de  Curiel  otro  prolijo  cautiverio, 
llegando  á  extinguirse,  no  sólo  los  simpáticos  recuerdos  si  algu- 
no en  Mallorca  conservaba,  sino  aun  los  temores  de  su  reapari- 
ción. 

A  las  cortes  generales  de  Monzón,  terminadas  en  Abril 
de  1363  y  abiertas  en  Noviembre  anterior,  concurrieron  por  pri- 
mera vez  los  mallorquines  con  los  aragoneses,  catalanes  y  valen- 
cianos, formando  parte  de  la  comisión  de  los  treinta  y  tres, 
encargada  de  repartir  entre  los  distintos  reinos  el  cupo  de  las 
doscientas  cincuenta  mil  libras  por  el  rey  pedidas,  tres  del  brazo 
eclesiástico  y  tres  del  de  las  universidades  de  la  isla  (i),  ala 
cual  tocaron  quince  mil;  mas  á  éstas  hubo  de  añadir  doble  can- 
tidad por  otro  donativo  extraordinario  de  quinientas  mil,  que  con 
retóricos  lamentos  arrancó  el  real  orador  para  los  apuros  de  la 
guerra.  Cara  ya  llevaban  comprada  esta  honra  en  los  veinte  aftos 
de  su  glorioso  vasallaje  (2);  y  algo  habían  de  anticipar  para 
merecer  las  distinciones  sucesivas.  A  par  de  las  prerrogativas 
iban  en  aumento  las  cargas :  y  si  para  más  decoro  otorgó  el 


(i)  Mut  nombra  á  los  seis  diputados  mallorquines,  es  decir,  por  la  Iglesia  á 
Jaime  Ribas  (tal  vez  el  precentor  de  la  catedral  que  en  i  390  tuvo  cuatro  votos 
para  obispo  de  Mallorca  en  la  vacante  de  Cima),  á  Bartolomé  Pou  y  á  fray  Martín 
Meslre,  acaso  cisterciense  por  haber  sido  llamado  á  dichas  cortes  el  abad  de  la 
Real;  y  por  las  universidades  á  Juan  Mora  doncel  y  Francisco  Umbert  jurados 
en  1 362  de  la  de  Mallorca,  y  á  Bernardo  Dalmau  delegado  por  Menorca. 

(2)  Refiérome  á  lo  dicho  en  mi  obra  Forenses  y  Ciudadanos  1847,  cap.  II,  pá- 
gina 22  y  siguientes,  acerca  de  los  empeños  contraídos  por  la  universidad  en  el 
período  citado.  Desde  el  1356,  año  del  rompimiento  con  Castilla,  hasta  el  1387 
en  que  finó  Pedro  IV,  no  dejó  éste  de  percibir  anualmente  de  su  preciosa  y  fácil 
conquista  un  donativo  de  veinticinco  á  treinta  mil  libras.  Eii  i  362  la  suma  de  va- 
rias tallas  é  imposiciones  formaba  muy  cerca  de  un  millón  de  libras,  y  de  un 
millón  pasaba  el  valor  de  140  buques  hundidos  ó  inutilizados  en  dicha  guerra  y 
en  la  de  Cerdeña,  á  cual  más  estériles  y  desastrosas.  En  i  367  laaentradas  propor- 
cionaban todavía  un  ahorro  de  veintisiete  mil  libras;  en  i  37  i  se  habían  nivelado 
con  las  salidas;  en  1375  se  redujo  el  fuero  de  los  censos;  en  1377  se  establecie- 
ron ocho  imposiciones  nuevas.  Ya  en  1 374  ascendía  el  número  de  éstas  al  increí- 
ble de  treinta  y  ocho,  que  se  propuso  reducir,  sin  que  tuviera  eíecto,  á  las  tres 
principales  de  pan,  carne  y  vino. 


200  ISLAS      BALEARES 

ceremonioso  rey  á  los  jurados  ¡r  precedidos  de  dos  pertigueros 
con  maza  de  plata;  y  si  á  cada  jurado  subió  de  veinte  á  cincuen- 
ta, y  luego  hasta  sesenta  libras,  la  consignación  para  vestuario 
ó  gramalla  (i);  y  si  metió  mano,  no  sin  tino  á  veces,  en  mudan- 
zas de  régimen  y  en  la  organización  del  grande  y  general  con- 
sejo, cuyos  brazos  igualó  en  representación,  quitando  al  de  mer- 
caderes la  preponderancia  (2);  y  si  protestando  celo  por  alivio 
de  gastos  y  por  extirpación  de  abusos,  á  pesar  de  sus  reiteradas 
promesas  de  no  enviar  á  la  isla  comisarios  especiales  en  detri- 
mento de  la  autonomía  de  ella,  encargó  en  1373  á  mosén  Beren 
guer  de  Abella  la  reforma  del  reino  en  unión  con  el  gobernador 
ordinario  Olfo  de  Prócida;  lejos  de  rehusar  los  dones  oficiosos 
que  por  las  bodas  de  su  primogénito  se  le  ofrecían,  pedía  con 
cinco  años  de  anticipo  el  morabatín  que  se  pagaba  cada  siete,  y 
siempre  con  salvedades  hipócritas  de  franquicias  é  inmunidades 
en  los  labios,  así  imponía  en  reservadas  listas  los  nombres  de 
jurados  y  consejeros  que  habían  de  sonar  sin  embargo  como  de 
libre  elección,  como  exigía  con  amenazas  á  cada  momento  tribu- 
tos ilegales.  Su  magnanimidad  en  autorizar  á  los  jurados  para 
crear  censos,  hacer  derramas  ó  imponer  gabelas  desconocidas 
con  objeto  de  llenar  la  insondable  sima  abierta  por  sus  extor- 
siones, no  tenía  límites ;  á  esto  tiende  la  mayor  parte  de  sus  mal 
llamados  privilegios. 

La  imparcialidad  reclama  añadir  que  tampoco  se  descuida- 
ban en  coadyuvar  por  aquellos  años  al  gravamen  y  empobreci- 
miento del  país  las  públicas  calamidades.  Á  buena  hora  vino 


(i)  En  razón  del  aumento  les  obliga  el  privile^^io  de  i  ^70  á  estrenar  dos  gra- 
mallas  cada  año,  la  una  por  Navidad  aforrada  de  martas,  la  otra  por  San  Juan 
Bautista  con  vueltas  de  tafetán. 

(2)  Tenían  antes  los  jurados  facultad  de  llamar  á  los  consejeros  que  quisieran, 
sin  atenerse  al  número  y  á  la  clase  \  mas  por  cédula  de  3  de  Agosto  de  i  3  5  i  Pe- 
dro IV  fijó  en  ciento  los  individuos  que  representaban  la  ciudad,  es  decir,  veinti- 
cinco por  cada  uno  de  los  cuatro  brazos  de  caballeros,  ciudadanos,  mercaderes  y 
artesanos,  no  haciendo  mudanza  en  los  consejeros  forenses.  En  el  consejo  secreto 
y  particular  de  los  jurados,  reducido  á  pocas  personas,  hallábase  equilibrada  ya 
la  representación. 


18LASBALEARES  20I 


en  Marzo  de  1374  el  noble  Gilaberto  de  Cruylles  á  activar  el 
armamento  de  una  galera  y  la  construcción  de  otras  dos,  con 
más  una  suma  de  diez  mil  florines,  para  acudir  al  peligro  de 
Cerdefta  cuyo  gobierno  le  estaba  encomendado,  cuando  se  decla- 
raba ya  en  Mallorca  la  carestía  que  produjo  una  hambre  horri- 
ble y  una  espantosa  emigración,  á  la  cual  para  remedio  de  la 
otra  llegó  á  tratarse  de  aftadir  el  extrañamiento  de  los  judíos  y 
de  los  cautivos,  acabando  por  imponer  á  los  amos  de  éstos  uno 
ó  dos  reales  de  oro,  es  decir  una  libra,  por  cabeza,  según  si  los 
empleaban  en  servicio  propio  ó  si  los  alquilaban  por  semanas. 
Ochocientas  mil  cuarteras  de  trigo,  computadas  á  seis  por  boca 
al  afto,  necesitaba  el  abasto  general;  y  para  obtener  de  grado  ó 
por  fuerza  cantidad  tan  enorme,  despacháronse  embarcaciones 
para  todas  costas  y  mares.  Vendíase  el  trigo  á  noventa  y  á  cien 
sueldos  la  cuartera,  y  á  cincuenta  la  cebada ;  y  á  pesar  de  las 
medidas  tomadas  para  repartirlo  á  domicilio,  muchachos  y  varo- 
nes se  caían  muertos  por  las  calles  (i).  En  esto  volvió  á  sonar 
el  nombre  del  Infante  de  Mallorca,  con  cuya  esposa  la  reina  de 
Ñapóles  estaba  en  abierta  hostilidad  nuestra  marina,  á  pesar  de 
no  haber  intentado  Juana  cosa  alguna  para  la  restauración  del 
marido:  sospechábase  si  la  entrada  de  D.  Jaime  en  Rosellón  an- 
daba de  acuerdo  con  la  rebelión  del  Juez  de  Arbórea  en  Cerde- 
ña  y  con  el  constante  favor  de  los  genoveses;  y  no  creyó  el 
gobernador  Prócida  indigno  de  su  vigilancia  el  rumor  que  corría 
á  fines  de  Setiembre,  de  haber  aparecido  el  príncipe  en  Arta  con 
hábito  de  franciscano,  ó  de  ermitafto  en  cierta  posada  de  Sóller. 
No  sé  si  con  esto  se  relaciona  la  conspiración  tramada  en  los 
mismos  días  por  esclavos  tártaros  y  moros  para  incendiar  la 
ciudad  y  entregarla  al  rey  de  los  sarracenos,  y  castigada  en  7  de 
Octubre  inmediato  con  el  suplicio  de  catorce  de  ellos;  que  todo 


(i)  Dicto  anno  fuer  uní  piures  fauferes,  iam  fuer  i  quam  alii,  in  tanlum  quod 
piures  per  vicos  decebebanl  hinc  ei  inde,  ( Noticiario  de  Mateo  Salzet,  de  1372 
á  1408). 

06 


202  ISLAS      BALEARES 

cabe  en  el  trastorno  á  la  sazón  reinante,  en  la  desesperación  de 
los  oprimidos,  en  el  recelo  de  los  opresores,  en  el  impaciente 
afán  por  un  lado,  y  por  otro  en  la  ciega  credulidad  de  noveda- 
des (i). 

Del  hambre  nació  á  la  entrada  del  1375  la  peste,  si  es  que 
no  vino  importada  de  levante  como  la  de  1 348,  á  la  cual  superó 
en  estragos,  según  las  víctimas  que  hace  subir  á  treinta  y  cinco 
mil  el  analista  coetáneo,  así  de  dentro  como  de  fuera  de  la  ciu- 
dad, así  de  naturales  como  de  forasteros  de  diversas  naciones. 
Afortunadamente  para  los  gobernantes,  ya  no  venían  á  turbar 
su  sosiego  las  poco  formidables  empresas  del  pretendiente  legi- 
timo, que  acababa  de  hallar  en  Castilla  bajo  extranjera  losa  su 
perpetuo  descanso;  mas  no  descansaba  Pedro  de  Aragón  ante 
la  súbita  demanda  de  quien  con  menos  derecho,  pero  con  más 
poder,  reclamaba  el  reino  de  Mallorca  por  cesión  de  la  infanta 
Isabel  hermana  del  difunto,  y  sobre  todo  ante  el  aislamiento  en 
que  le  había  puesto  respecto  de  los  estados  vecinos  su  versátil 
y  desleal  política,  entre  tenaces  odios  y  recelosas  amistades. 
Citó  cortes  generales  para  el  25  de  Noviembre  de  dicho  año, 
que  no  se  abrieron  hasta  el  27  de  Marzo  del  1376  en  Monzón: 
no  constan  los  procuradores  que  á  ellas  asistieron  en  represen- 
tación de  la  sede  vacante,  del  cabildo,  del  monasterio  de  la  Real 
y  de  la  Universidad  de  Mallorca,  y  de  las  de  Ciudadela  de  Me- 
norca y  de  Ibiza,  al  efecto  convocadas;  sábese  no  más  que  al 
donativo  general  de  325,000  libras  contribuyó  la  isla  mayor 
con  19,500,  y  que  la  cuota  de  las  otras  dos  se  inglobó  con  la  de 
Catalufta,  que  no  bajaba  de  1 58,600.  Además  por  subsidio  pagó 
Mallorca  tres  mil  florines  de  oro,  destinando  parte  de  él  á  la 
conclusión  de  seis  galeras  principiadas  por  orden  del  rey  en  esta 


(i)  Die  sabbait,  dice  el  citado  noticiario,  VII  mensis  ociobris,  qualuordecim 
serví  sarracenia  et  neophiti,  ac  lariari,  fuerunt  sus^ensi  per  f  lateas  civitaiis,  ex  eo 
quia  voluerunt  ignem  poneré  per  diversa  loca  dicte  civitatis,  et  terram  ac  regnum 
Majoricarum  sibi  ipsis  retiñere^  ac  Regí  sarracenorum  tradere,  dominum  Regem 
Aragonum  inde  penitus  ab  eodem  removendo  seu  alias  expoliando. 


ISLAS      BALEARES  203 

atarazana,  donde  reconoce  se  construían  tan  bien  y  más  barato 
que  en  cualquier  otro  punto  de  sus  dominios. 

Sostenían  á  Luís  duque  de  Anjou  en  su  pretensión,  por  ab- 
surda que  fuese,  su  hermano  el  rey  de  Francia  con  todo  su 
prestigio,  la  reina  de  Ñapóles  ya  inclinada  á  adoptarlo  por  suce- 
sor, y  el  de  Portugal  con  quien  estaba  aliado;  disponía  de  fuerzas 
y  caudales  cuantiosos,  y  aguardábase  por  momentos  el  estallido, 
cuando  se  deshizo  en  vapor  el  nublado,  y  el  monarca  aragonés 
en  medio  de  las  cortes,  que  con  pedigüeño  sentimentalismo  había 
inaugurado  preguntando  si  había  dolor  comparable  al  suyo  (i), 
pudo  antes  de  tres  meses  felicitarse  de  verlo  convertido  en  gozo 
con  su  incruenta  victoria.  Continuaron  no  obstante  en  las  costas 
de  Mallorca  por  todo  aquel  afto  y  el  siguiente  las  prevenciones 
contra  hostiles  desembarcos,  sin  más  resultado  que  la  captura 
de  dos  frailes  menores,  emisarios  del  duque  francés,  tal  vez  re- 
clutados  en  Aviñón,  sin  duda  naturales  de  la  isla  ó  bastante  rela- 
cionados en  ella  para  lisonjearse  de  realizar  el  propósito  que  se 
les  atribuyó  de  entregársela :  todo  se  redujo  á  tomar  noticias  de 
la  tierra  y  de  sus  medios  de  defensa.  Prendiólos  en  Sóller  un 
Berenguer  Vanrell,  baile  que  fué  de  la  villa,  remitiéndolos  al 
gobernador  Sa-garriga;  y  la  justicia  que  de  ellos  hizo  éste  ó  el 
soberano  hubo  de  ser  terrible,  pues  para  obtener  la  absolución 
del  atropello  mandó  Pedro  IV  á  su  procurador  real  entregar  por 
penitencia  doscientos  florines  y  devolver  el  importe  de  lo  ocupa- 
do á  los  infelices  religiosos  (2). 


(i }  Ailendiie  el  videte  si  est  dolor  sicut  dolor  meus  fué  el  tema  escogido  para  su 
proposición,  que  el  preápibulo  de  las  cortes  califíca  de  elegante,  añadiendo  que 
discurrió  diserle  el  curióse  et  valde  órnale^  y  citó  los  actos  estrenuos  y  recomenda- 
bles proezas  así  por  sus  predecesores  como  por  él  mismo  llevadas  á  cabo. 

(2)  Habíanse  ya  vendido  efectos  por  cantidad  de  cincuenta  y  seis  libras,  y  los 
entregados  consistieron  en  un  breviari  de  pergami^  un  altre  libre  de  penilencies^ 
un  libre  de  Senl  Gregori  ab  lancadures  d'argent^  dues  tasses  d'argeni,  redones^  blan- 
ques  sens  esmalts  de  pes  de  doize  unses,  un  segell  d'argent  ab  cadeneta  d'argent  ab 
senyal  de  Senl  Francesch^  e  un  batrall  de  fusta  ab  sa  tancadura  e  clau  de  ferré. 
Abundaban  entonces  por  todas  partes  frailes  andariegos,  y  los  emplearon  con  fre- 
cuencia en  sus  negocios  así  Pedro  IV  como  Jaime  111  en  calidad  de  astutos  expío- 


204  ISLAS       BALEARES 


Á  trueque  de  treinta  mil  florines  de  oro,  que  para  el  anun- 
ciado viaje  del  rey  ó  de  alguno  de  los  dos  infantes  á  la  indómita 
Cerdefta  fué  á  ofrecerle  en  Liérida  una  diputación  de  jurados  y 
consejeros  (i),  pidiendo  porción  de  la  conquista  para  los  mallor- 
quines si  llegaba  un  día  á  realizarse,  obtuvieron  en  Octubre 
de  1380  la  concesión  de  sesenta  y  cuatro  capítulos  ó  de  la  ma- 
yor parte  de  ellos,  en  puntos  judiciales,  económicos  y  adminis- 
trativos, de  cuya  importancia  puede  juzgarse  por  lo  caro  que 
costaban.  Desde  tiempo  atrás  luchaban  en  el  seno  de  la  Univer- 
sidad dos  bandos,  que  aspiraban  á  monopolizar  el  gobierno;  el 
uno  mediante  el  primitivo  régimen  de  franqueza  otorgado  por 
el  Conquistador,  con  un  general  consejo  numerosísimo  que  no 
bajaba  de  cuarenta  y  seis  representantes  por  cada  uno  de  los 
cuatro  brazos  de  la  ciudad  y  de  dos  síndicos  por  cada  cual  de  las 
treinta  y  tres  villas,  formando  un  total  de  doscientos  cincuenta 
individuos;  y  el  otro,  más  confiado  en  la  suerte  que  en  su  intrín- 
seca fuerza,  acaso  por  más  débil,  solicitando  el  establecimiento 
de  la  insaculación  y  sorteo  por  brazos  para  la  elección  así  de  los 
jurados  como  de  los  consejeros,  y  la  reducción  del  consejo  á 
cien  personas  por  la  ciudad  y  á  treinta  y  nueve  por  las  pobla- 
ciones de  fuera.  Esta  reforma,  ensayada  en  1351  como  queda 
dicho,  y  revocada  en  1359  por  pragmática  sanción  hallándose  el 
rey  en  Mallorca,  fué  por  éste  restablecida  en  cédula  de  15  de 
Diciembre  de  1373,  aftadiendo  que  en  vez  del  baile  de  la  ciudad 
presidiese  las  elecciones  el  gobernador,  para  ser  cuatro  años 
después  derogada  á  9  de  Junio  de  1377.  ^^^  y  venían  á  fines 
del  año  1382  embajadas  á  la  corte,  no  sé  si  en  conformidad  ó  en 
oposición,  cuando  aportaron  pocos  días  antes  de  Navidad  Arnal- 


radores  ó  de  hábiles  medianeros ;  raras  eran  las  guerras,  conspiraciones  y  aso- 
nadas en  que  no  figuraban  en  primera  línea  en  buen  ó  mal  sentido.  Aunque  no 
siempre  servía  de  salvaguardia  el  hábito,  muchos  intrigantes  lo  adoptaban  con 
preferencia  por  disfraz  en  sus  correrías. 

(i)  Compuesta  de  dos  jurados,  Tomás  Des  Bach  doncel  y  Juan  Spinach  mer- 
cader, y  de  cuatro  consejeros,  Jaime  de  Buadella,  micer  Juan  Lobera,  Luquino 
Cirera  y  Miguel  Pachs. 


ISLAS      BALEARES  20$ 

do  Cerdo  y  sus  compañeros  con  una  nueva  pragmática  dada  en 
Tortosa  á  28  de  Noviembre,  que  restauraba  casi  al  pie  de  la 
letra  la  anterior  reforma,  con  arreglo  á  la  cual  y  al  sistema  de 
bolas  (redolins)  se  hizo  aquel  año  la  renovación,  excusándose 
por  la  primera  vez  el  sorteo,  pues  jurados  y  consejeros  venían 
en  lista  nominalmente  designados.  Vengáronse  los  caídos  parti- 
darios de  la  franqueza  fijando  un  pasquín  en  la  Volta  Pintada, 
que  atravesaba  entonces  la  calle  de  Palacio  frente  al  moderno 
edificio  de  la  Diputación,  en  el  cual  comparaban  el  nuevo  régi- 
men al  caos;  los  vencedores  y  gobernantes  contestaron  con  otro, 
encareciendo  las  esperanzas  y  prosperidades  de  la  inaugurada 
era  (i). 

Trasladáronse  á  Tamarit  y  de  allí  á  Fraga  en  Febrero 
de  1384  las  cortes  abiertas  en  Monzón  por  el  mes  de  Junio  del 
año  anterior;  y  antes  de  disolverse  á  la  entrada  del  verano,  hu- 
yendo de  los  estragos  de  la  peste,  pidieron  al  rey  los  diputados 
mallorquines,  que  lo  eran  á  la  sazón  fray  Guillermo  Desde  por 
el  monasterio  de  la  Real,  Juan  Mora  caballero  y  Nicolás  de 
Pachs  mercader  (2),  la  observancia  de  las  antiguas  libertades  y 
buenos  usos  y  la  derogación  de  cualesquiera  cédulas  en  contra- 
rio, de  las  cuales  exceptuó  Pedro  IV,  manteniéndola  en  vigor. 


(i)  Trae  ambos  pasquines  el  curioso  noticiario  de  Salzet,  aunque  tan  mal  co- 
piados, especialmente  el  primero,  que  á  duras  penas  se  comprende  su  sentido : 

F/e,  misera^  geme^  vita  soriem,  Balearis : 
Mistrum  adest^  chaos  insevtet,  fies  ei  tuis  exul. 

En  lugar  de  vitam  que  no  hace  al  caso,  leo  vüa  en  imperativo  «evita  la  suerte 
6  el  sorteo.»  Mistrum  según  Ducange,  como  anota  el  propio  manuscrito,  significa 
«odio  oculto,  concentrado.»  Véase  ahora  la  respuesta : 

Si  quem  chaos  conclusit  et  inde  liberatus  existitj 

Non  est  locus  fleii,  sed  ieiitice  et  bone  sfei.-^Finis  denominaba^ 

como  quien  dice  «el  éxito  lo  declarará.» 

(a)  Acaso  tomó  Mut  esta  noticia  del  libro  de  cortes  de  dicho  año  que  cita 
como  existente  en  los  archivos  de  Barcelona,  al  tenor  del  cual  asegura  que  los 
mallorquines  se  sentaban  con  los  catalanes,  el  procurador  del  obispo  de  Mallorca 
antes  que  los  procuradores  de  los  de  Barcelona,  Gerona,  Urgel  y  Tortosa,  y  los  del 
brazo  secuUr  de  la  isla  primero  que  los  de  Gerona,  Tortosa  y  Vich. 


206  ISLAS       BALEARES 

la  reciente  pragmática  del  sorteo,  para  cuyo  planteamiento  en 
las  villas  había  dado  ya  instrucciones  al  gobernador  á  3  de  Fe- 
brero, estando  en  Monzón  todavía.  Con  esto  manifestó  que  no 
quería  se  volviese  al  régimen  á^  franqueza.  No  era  por  enton- 
ces mejor  que  en  Aragón  la  salud  pública  en  Mallorca,  si  hemos 
de  creer  á  Mut,  que  habla  del  contagio  de  aquel  año  y  de  va- 
rias procesiones  de  penitencia  que  se  hicieron  á  varias  iglesias 
de  la  capital,  sin  ocuparse  en  cambio  del  arriba  referido  de  1375, 
ni  de  la  mortandad  de  niftos  que  reinó  después  en  1388  por  el 
mes  de  Junio:  el  único  dato  que  de  la  epidemia  de  1384  he  po- 
dido encontrar  es  un  bando  de  franquicia  concedida  en  5  de  Fe- 
brero á  los  forasteros,  que  estableciéndose  con  sus  mujeres  ó 
casándose  en  la  isla,  remediaran  su  lastimosa  despoblación.  Las 
prorrogadas  cortes  no  llegaron  á  reunirse  tampoco  en  1385,  á 
pesar  de  haber  sido  nombrados  en  general  consejo  para  asistir 
á  ellas  Tomás  Des  Bach  y  Jorge  Brondo;  y  ya  no  se  juntaron 
sino  bajo  rey  distinto,  quien  sacudiendo  la  opresión  sufrida  en 
los  postreros  años  de  su  padre,  revocó  de  pronto  todas  las 
mercedes  y  nombramientos  de  éste,  y  se  declaró  contra  el  par- 
tido que  en  la  isla  á  la  sazón  dominaba,  sostenido  acaso  por  el 
favor  de  la  reina  Sibilia. 

No  aguardó  Juan  I  el  plazo  natural  de  la  renovación  de  los 
jurados:  en  15  de  Agosto  de  1387  entraron  los  nuevos,  nom- 
brados de  real  orden  lo  mismo  que  los  consejeros,  promulgan- 
do nueva  pragmática  que  disponía  el  sucesivo  reemplazo  de 
ellos  por  insaculación,  aumentando  desde  64  á  80  el  número 
de  los  representantes  de  la  ciudad  y  desde  26  á  31  el  de  los 
forenses.  AI  citar  para  el  3  de  Noviembre  de  1388  las  cortes 
que  habían  de  continuar  en  Monzón  las  tareas  por  cuatro  años 
interrumpidas,  excluyó  nominalmente  de  la  elección  á  Des  Bach, 
á  Mora,  á  Cerdo,  á  Jorge  Brondo,  á  micer  Juan  Lobera,  al  nota- 
rio Antonio  Castell,  al  mercader  Jaime  Cafiellas,  principales 
manipuladores  de  la  cosa  pública  durante  el  último  período, 
«poco  aceptos,  dice,  á  nos,  por  lo  que  en  grave  daño  i;)uestro  y 


ISLAS      BALEARES  207 

de  nuestras  regalías  tratan.»  Más  trágica  consecuencia  del  real 
desagrado  alcanzó  al  caballero  Berenguer  de  Tornamira,  jurado 
mayor  que  había  sido  últimamente  en  1385  y  antes  por  cuatro 
veces  en  1350,  1353,  1355  Y  1373»  P"»  quien  la  muerte  de 
Pedro  IV  y  la  persecución  suscitada  á  la  reina  viuda  fueron  oca- 
'  sión  de  un  proceso  que  se  le  sustanció  fuera  de  la  isla  por  Ae- 
cAüeréaSj  venenos^  invocaciones  diabólicus  y  obras  tnatemáticas^ 
así  contra  el  nuevo  rey  como  contra  su  madrastra  (i),  y  que 
tras  de  acusaciones  y  descargos  dio  con  él  en  un  patíbulo  no  se 
sabe  dónde,  tal  vez  en  Barcelona,  por  Setiembre  de  1387.  No 
pasaron  nueve  meses  sin  que  fuese  rehabilitada  jurídicamente 
la  memoria  del  desgraciado,  y  devueltos  sus  bienes  á  su  hija  y 
heredera  Magdalena,  casada  con  Berenguer  de  Galiana;  y  así 
terminó  el  noble  linaje  del  procer,  homónimo  de  apellido  y  nom- 
bre, á  quien  el  rey  Conquistador  en  1256  había  confiado  la 
lugartenencia  de  la  isla,  decapitados  por  mano  del  verdugo  sus 
dos  últimos  descendientes,  el  padre  por  fiel  á  Jaime  III,  el  hijo 
por  sus  peligrosas  intimidades  con  la  corte  del  usurpador. 

Por  un  lado  los  crecientes  apuros  de  la  universidad,  y  por 


(i)  Contra  el  uno  ó  contra  la  otra  debieron  de  ser  los  sortilegios,  no  contra 
ambos  á  la  vez,  atendido  el  mutuo  encono  de  las  respectivas  partes.  El  manda- 
miento de  prisión,  expedido  en  GranoUers  á  los  ocho  días  de  finado  el  viejo  rey, 
habla  do  invocacions  diaboUcals,  /atillerias^  imaiges  e  obras  matemáticas^  metí^^i- 
nas^  sorcellerias  e  altres  maleficis  molt  detestables  e  de  mal  eximpii  en  lesió  de  la 
persona  del  senyor  Rey  e  de  dona  Sibilia  muller  del  senyor  Rey  quondam,  e  en  altras 
personas  de  consell  e  collaterals  seus,  e  haja  mes  avánl  Jetas  lo  dit  cavaller  mollas 
altras  malas  obras  é  crims  enormes^  axi  en  illa  de  Mallorques  com  de  Menorca,  de 
las  guals  es  stat  condempnat  e  agüella  condempnació  no  ha  servada  ne  compiida. 
Es  casi  seguro  que  este  Tornamira  tuvo  por  padre  al  otro  Berenguer  ajusticiado 
en  134$  como  jacobita,  y  el  mismo  que  fué  muchos  años  capitán  de  Alcudia  y 
cinco  veces  jurado  en  cap  de  1 3  $o  á  i  38^  ;  tal  vez  le  arrastró  en  su  caída  el  jo- 
ven Berenguer  de  Abella,  hijo  del  enviado  á  Mallorca  como  reformador  del  reino 
en  1 373,  y  tan  ligado  con  la  reina  Sibilia,  como  lo  estuvo  su  padre  con  el  prin- 
cipe D.  Juan  de  quien  era  mayordomo,  pues  por  análogas  inculpaciones  padeció 
suplicio  en  Barcelona  en  29  de  Abril  del  mismo  año  87.  No  era  tan  singular  en 
las  más  ¡lustres  cabezas  semejante  paradero,  que  antes  de  1 380  no  hubiese  teni- 
do otro  igual  Arnaldo  de  Torrella,  cuyo  crimen  debió  de  ser  de  lesa  majestad, 
puesto  que  le  fueron  confiscados  sus  bienes,  acaso  por  connivencia  con  las  tenta- 
tivas del  Infante  de  Mallorca  ó  con  los  proyectos  del  duque  de  Anjou,  salvando  de 
la  confiscación  el  dote  su  consorte  Ramona, 


2o8  ISLAS      BALEARES 


Otra  la  ambición  de  mando,  la  creación  de  nuevas  necesidades  y 
el  hábito  de  la  intriga  cortesana  aprendida  en  más  vasto  teatro 
desde  la  incorporación  de  la  isla  á  la  corona  aragonesa,  trajeron 
con  la  alteración  de  costumbres  la  indispensable  alteración  de 
leyes,  sencillas  antes  como  la  misma  sociedad  (i).  Introdújose 
el  desorden  en  la  administración;  acumuláronse  empréstitos  so- 
bre empréstitos  para  salir  del  día;  convirtióse  en  objeto  de  es- 
peculación para  muchos  la  miseria  pública:  la  negligencia  ó  la 
mala  fe  adormecían  á  los  gobernantes  acerca  de  la  inversión  de 
caudales,  y  el  mal  ejemplo  y  la  impunidad  tentaban  á  los  admi- 
nistradores. Por  momentos  iba  creciendo  la  divergencia  en  inte- 
reses y  voluntades  de  los  moradores  de  la  ciudad  con  los  de  las 
villas,  y  no  alcanzaban  ya  á  conciliarios  las  ordenaciones  del  rey 
Sancho  datadas  de  131 5,  especialmente  después  que  fué  confir- 
mada por  Pedro  IV  en  1358  la  separación  de  fondos  entre  am- 
bas partes,  y  declarada  en  1373  universidad  y  colegio  la  fo- 
rense; la  cual  á  pesar  de  todo  quejosa  de  los  jurados,  cuya 
autoridad  superior  acusaba  de  parcial,  pronto  halló  en  el   seno 
mismo  de  la  capital  auxiliares  decididos,  para  sacudir  la  común 
opresión,  en  el  brazo  artesano,  abandonado  y  aun  combatido  en 
el  consejo  por  el  de  mercaderes  y  el  de  ciudadanos,  más  afines 
por  su  manera  de  vivir  y  parentela  con  la  aristocracia  que  con 
el  pueblo.  Á  las  embajadas  oficiales  votadas  en  consejo  opusie- 
ron menestrales  y  payeses  comisiones  encargadas  de  presentar 
al  rey  sus  especiales  agravios,  recursos  que  prolongaban   los 
males  y  enconaban  las  disidencias  en  lugar  de  remediarlas. 
Cada  cual  de  las  partes  en  los  litigios  de  ciudad  á  pueblos,  de 
clase  á  clase,  de  particular  á  particular,  solía  enviar  mensajes  á 
la  corte  con  crecidas  dietas,  y  se  procuraba  favorables  senten- 
cias con  donativos  y  regalos.  Expedíanse  y  revocábanse  diaria- 


(i)  Reproduzco  estas  y  otras  frases  de  los  Forenses  y  Ciudadanos^  si  e^  lícito 
á  un  autor  copiarse  á  sí  mismo  por  no  perder  el  tiempo  en  cambiar  de  palabras, 
cuando  aciertan  por  lo  breves  y  expresivas  á  resumir  una  situación. 


ISLAS      BALEARES  209 


mente  reales  provisiones,  según  alternaban  distintas  influencias, 
ó  según  inclinaban  la  balanza  *las  ofrendas  por  cuenta  de  los 
gobernados;  vendíanse,  no  sólo  los  empleos  y  los  privilegios 
individuales,  sino  las  leyes  reclamadas  por  necesidad  urgente  ó 
por  común  beneficio. 

De  esta  suerte  fué  intimada  en  Octubre  de  1389  á  los  en- 
viados Lorenzo  Máger  tejedor,  Eloy  Rovira  cuchillero  y  otros 
dos  artesanos,  antes  de  salir  de  la  corte,  la  revocación  de  las 
facultades  recién  concedidas  á  los  oficios,  de  reunirse  y  de  cuo- 
tarse  y  de  promover  negocios  del  pro  común  y  de  revisar  las 
cuentas  de  la  universidad;  pero  ni  los  gremios  ni  las  villas  aflo- 
jaron en  sus  demandas.  Antes  que  el  caballero  Juan  de  Mora  y 
el  mercader  Miguel  de  Pachs,  electos  por  el  consejo  de  la  ciu- 
dad, hallábanse  ya  otra  vez  en  el  continente  por  Pascua  de  1 391 
Máger  y  Rovira  (i),  juntamente  con  micer  Arnaldo  Albertí  y 
con  Ramón  Mosqueroles  de  Sóller  y  Pedro  Seriol  de  Andraig 
en  representación  de  los  forenses.  No  sé  si  en  las  instrucciones 
de  los  comitentes  sonaban  quejas  acerca  de  las  usuras  de  los 
judíos  y  de  la  mole  de  censos  que  sobre  las  universidades  y  ve- 
cinos de  los  pueblos  gravitaban,  oprimiendo  la  riqueza  agrícola 
harto  más  duramente  que  la  mercantil ;  pero  sino  consignadas 
en  escrito,  estaban  en  los  labios  de  todos,  y  el  odio  contra  los 
gobernantes  que  les  abrumaban  á  impuestos,  combinábase  es- 
trechamente con  el  profesado  á  los  acreedores  que  sus  apuros 
les  creaban.  Por  ominoso  signo  que  al  año  aquel  parecía  presi- 
dir, más  que  por  plan  concertado  para  el  simultáneo  exterminio 
de  la  vilipendiada  y  abatida  raza,  avanzaba  mugiendo  sorda- 


(i)  Máger  había  sido  jurado  por  su  respectivo  brazo  en  i  388,  al  mismo  tiem- 
po que  Mora  por  el  suyo ;  Pachs  lo  fué  en  1389;  Rovira  más  tarde  en  1393,  en 
sustitución  de  Bernardo  Oller  fallecido,  y  tal  vez  en  1406  sino  fué  ya  un  hijo  suyo 
del  mismo  nombre ;  Tomás  Romeu,  otro  de  sus  compañeros  de  embajada,  en  i  394, 
I  396  y  1403.  Las  listas  de  jurados  y  consejeros  demuestran  entre  cuan  pocas  fa- 
milias é  individuos  giraban  entonces,  ni  más  ni  menos  que  ahora,  la  representa- 
ción política  y  el  manejo  de  los  negocios  públicos  y  las  alternativas  y  combina- 
ciones de  los  partidos. 

«7 


210  ISLAS      BALEARES 


ñ 


mente  de  reino  en  reino  y  de  una  ciudad  en  otra  la  tempestad, 
con  más  rapidez  de  lo  que  á  la  sazón  permitía  la  lentitud  de  las 
comunicaciones ;  y  ya  á  mediados  de  Marzo  el  gobernador  Fran- 
cisco Sa-garriga,  que  en  quince  años  de  mando  había  aprendido 
á  contemporizar  con  las  luchas  de  banderías  y  á  sobrenadar  á 
sus  corrientes,  encargaba  á  los  bailes  de  Inca  y  Sineu,  villas  en- 
tonces principales,  que  durante  la  próxima  semana  santa,  y  so- 
bre todo  en  viernes  santo,  preservasen  de  pedradas  y  malos 
tratamientos  á  los  judíos  de  su  distrito.  A  principios  del  verano 
fué  en  aumento  la  efervescencia;  y  cabalmente  en  el  día  lO  de 
Julio,  cuya  víspera  alumbraba  en  Valencia  la  destrucción  del 
Cali  judaico,  trabóse  una  riña  á  la  entrada  del  de  nuestra  ciu- 
dad entre  algunos  jóvenes  cristianos,  que  bastó  para  introducir 
en  el  barrio  la  inquietud,  y  para  que  se  circulara  aviso  oñcial  á 
los  pueblos  á  ñn  de  que  fuesen  allí  castigadas,  no  sólo  las  vías 
de  hecho,  sino  hasta  las  injurias  de  palabra.  Dos  días  después 
publicóse  un  edicto,  á  nombre  del  rey  bajo  cuya  protección  es- 


II  i  I  pecial  estaban  puestas  las  aljamas,  que  imponía  á  los  promove- 

^*  dores  de  semejantes  escándalos  pena  de  decapitación  si  eran 

hombres  de  alcurnia,  de  horca  si  plebeyos,  lo  mismo  que  á  todo 
el  que  riñera,  cristiano  ó  judío,  y  de  arrancar  la  lengua  á  todo 
el  que  insultara. 

Con  estas  animosidades  de  raza  coincidían  tales  bandos  de 
familia,  ó  acaso  más  bien  de  parroquias  y  barriadas  entre  sí,  que, 
anticipando  las  célebres  discordias  de  Canamunts  y  Canavalls  en 
el  siglo  XVII,  las  dividía  en  dos  campamentos  enemigos  el  torren- 
te de  la  Riera,  que  no  podían  atravesar,  so  pena  de  cortarles  el 
pie,  los  de  la  compañía  de  Gerardo  Adarró  y  de  Alberto  de 
Roaix  donceles,  y  de  Pablo  Sant-Martí,  Jorge  Brondo  y  Ramón 
Sa-vila  de  la  parte  de  arriba,  y  de  la  de  abajo  los  afiliados  á 
Ramón  y  Ortiz  de  Sant-Martí  y  á  Felipe  Malferit  (i).  Menudea- 


(  i)    Lleva  este  pregón  la  fecha  de  25  Julio.  No  consta  si  correspondían  dichas 
parcialidades  á  las  que  se  disputaban  el  gobierno  local,  al  menos  no  suenan  idén- 


ISLASBALEARE^  211 


ban  las  prohibiciones  de  usar  armas,  á  excepción  de  espada  y 
puñal,  como  si  no  sobraran  éstas  para  verter  torrentes  de  san- 
gre: hasta  á  los  tímidos  hebreos  se  les  pegaba  la  marcial  cos- 
tumbre (i).  Con  noticia  de  los  desastres  acaecidos  en  Sevilla  y 
en  Valencia,  y  mencionados  ya  por  Sagarriga  en  su  orden 
de  1 7  del  propio  Julio  expedida  á  Menorca  á  fin  de  prevenir  aná- 
logos alborotos,  trataron  al  parecer  los  que  vivían  diseminados 
en  no  escaso  número  por  las  villas,  de  guarecerse  al  amparo  de 
lugar  más  fuerte  bajo  la  directa  custodia  del  gobernador,  quien 
reprobando  el  encierro  en  que  con  achaque  de  seguridad  los 
mantenían  en  Sóller,  mandó  que  á  éstos  y  á  los  de  Alcudia  se 
les  facilitara  el  viaje  á  la  capital  con  la  conveniente  salvaguar- 
dia (2) ;  y  quizá  su  benévola  mira  de  reunirlos  para  mejor  defen- 
sa no  dio  más  resultado  que  presentar  mayor  copia  de  víctimas 
á  la  saña  de  sus  enemigos. 

Desde  la  encrucijada  de  cinco  calles  que  retiene  aún  hoy  día 
el  nombre  de  Call^  ocupaba  el  barrio  de  los  judíos  el  ángulo 
sudeste  de  la  ciudad,  prolongándose  entre  líneas  no  muy  diver- 
gentes y  casi  paralelas,  cruzadas  por  diversas  travesías,  hasta 
las  puertas  del  Temple,  Santa  Fe  y  Calatrava,  abiertas  ésta  al 
sur  y  las  otras  á  levante.  Desmandadas  turbas  invadieron  aquel 
recinto,  ora  hundiendo  sus  puertas,  ora  asaltando  la  valla,  en 
las  primeras  horas  del  miércoles  2  de  Agosto,  día  de  afluencia 
de  gentío  á  la  contigua  iglesia  de  Franciscanos  con  ocasión  del 
jubileo  de  la  Porciúncula;  pero  con  objeto  bien  distinto  había 
amanecido  acampado  en  el  camino  de  Inca  un  improvisado  ejér- 
cito de  payeses  de  distintos  pueblos,  al  cual  no  pudo  disolver 


ticos  los  jefes:  entre  ambas  huestes  figura  dividida  la  noble  estirpe  de  Sant- 
Martí. 

(i)  En  28  de  Noviembre  del  año  anterior  hubo  de  prohibirles  el  gobernador 
á  instancia  de  los  secretarios  de  la  misma  aljama  que  no  usasen  de  armas  vedadas 
desde  el  anochecer  hasta  la  salida  del  sol,  y  que  tocada  la  hora  cuarta  de  la  noche 
no  saliesen  de  casa  sin  luz. 

(2)  La  carta  del  gobernador  al  baile  de  Sóller  es  de  i  5  de  Julio,  y  del  31  la  di- 
rigida al  de  Alcudia. 


212 


ISLAS      BALEARES 


m 


con  amenazas  ni  sosegar  con  promesas  el  honorable  gobernador 
en  persona,  acompañado  de  funcionarios  y  oficiales  á  pie  y  á 
caballo;  antes  atropellándole  con  golpes  y  heridas,  maltratada 
su  cabalgadura  y  muerta  la  de  su  consejero  Llobera,  fué  la  nube 
á  descargar  sobre  la  judería,  si  es  que  allí  no  la  dirigieron, 
como  se  dijo,  para  desviarla  de  sus  casas,  los  más  amenazados 
por  la  ira  popular.  Pronto  se  reunió  á  los  de  fuera,  sin  necesidad 
de  anterior  concierto  sí  es  que  lo  hubo,  la  plebe  ciudadana, 
ávida  de  sangre  y  de  botín :  no  hubo  puerta  ni  mostrador  ni  arca 
que  resistieran  al  hacha  y  al  martillo;  joyas  y  vajilla  guardadas 
en  depósito  ó  en  garantía  de  cuantiosos  préstamos,  créditos  y 
numerario,  oro  y  plata  labrada,  preciosas  telas  y  ricas  alfombras 
destinadas  á  los  regios  palacios,  todo  desapareció  en  aquellas 
bramadoras  oleadas,  más  destruido  que  aprovechado  por  los 
robadores.  Desde  el  mirador  de  la  portería  de  San  Francisco  se 
veían  alzarse  sobre  la  cerca  de  enfrente  las  siniestras  llamas,  á 
la  vez  que  reflejaban  otras  en  las  tapias  del  Temple,  y  otras 
más  abajo  al  rededor  de  Santa  Fe  en  las  inmediatas  Torres  La- 
vaneras^  mientras  temblaban  las  monjas  de  Santa  Clara  de  que 
las  envolviera  el  incendio.  En  pocas  horas  quedó  despoblado  el 
recinto:  de  las  calles,  de  los  sombríos  patios,  de  las  angostas 
viviendas  recogiéronse  trescientos  cadáveres  entre  varones  y  mu- 
jeres (i);  salváronse  los  sobrevivientes  según  pudo  cada  cual; 
muchos  hallaron  en  el  real  alcázar  ó  palacio  hospitalario  asilo, 


(i)  a  este  número  eleva  la  cifra  de  judíos  muertos  el  noticiario  de  Salzet,  y  á 
tres  el  de  cristianos  que  murieron,  sea  defendiendo  á  los  acometidos,  sea  á  manos 
de  éstos  en  defensa  propia,  sea  por  venganza  ó  encono  particular.  Harto  menor 
fué  la  matanza  en  Valencia,  si  no  pasó  de  ochenta,  como  añrmael  propio  anotador 
coetáneo :  Escolano  pone  casi  doscientos.  No  sé  con  qué  datos  asegura  Mut,  en  las 
dos  únicas  páginas  que  á  este  suceso  dedica,  haber  empezado  aquí  la  conmoción 
por  provocaciones  de  muchachos  y  agravádose  con  la  muerte  de  uno  de  éstos;  y 
lo  que  dice  de  las  cruces  formadas  con  dos  palos  que  hacían  adorar  los  revoltosos 
á  los  perseguidos,  dándoles  luego  con  ellas  en  la  cabeza,  tal  vez  lo  confunde  con 
algo  parecido  que  ocurrió  en  Valencia.  Nada  parece  haber  habido  de  eventual  sino 
de  muy  preparado  en  el  saco  de  los  judíos  de  Mallorca. 


ISLAS      BALEARES  2I3 

tanto  más  de  agradecer,  cuanto  no  bastó  el  respeto  á  la  autori- 
dad á  preservar  aquellos  muros  de  sediciosos  conatos. 

Cuánto  duró  la  anarquía  no  se  sabe,  ni  hasta  qué  punto  par- 
ticiparon del  saqueo  ciertas  casas  ricas  y  principales  y  aun  las 
del  consistorio.  Hasta  el  quinto  día  permaneció  aletargado  el 
gobierno,  cuya  primera  señal  de  vida  fué  circular  orden  á  las 
marinas  para  que  á  toda  nave  y  aun  lancha  se  recogiesen  timo- 
nes y  velas,  á  fin  de  impedir  la  salida  así  á  víctimas  como  á 
delincuentes,  y  la  extracción  de  lo  robado  lo  mismo  que  de  lo 
puesto  en  salvo;  verdad  es  que  pronto  hubo  que  aflojar  el  rigor 
en  los  puertos,  principalmente  en  el  de  Alcudia,  respecto  de  la 
pesca  y  de  la  comunicación  con  Menorca,  concediendo  previo 
registro  de  embarcaciones  y  pasajeros.  Sin  embargo  Sa-garriga, 
obedeciendo  á  una  indicación  de  los  jurados,  no  compactos  ni  en 
ejercicio  todos  de  sus  funciones  (i),  y  de  los  veinticuatro  pro- 
hombres que  les  había  asociado  el  consejo  para  restablecer  el 
orden  público,  delegó  sus  veces  el  lunes  7  en  Juan  Umbert  ciu- 
dadano y  Jorge  de  Santjohan  doncel,  sin  dejar  por  esto  de 
despachar  al  siguiente  día  un  laúd  armado  á  Tarragona  por 
veintidós  florines  de  oro  con  secreto  aviso  para  el  monarca,  resi- 
dente por  aquellos  días  en  Zaragoza:  citó  el  9  á  los  bailes  foren- 
ses para  que  inmediatamente,  y  sin  aguardar  el  uno  al  otro, 
pareciesen  en  la  ciudad  á  tratar  de  graves  asuntos  tocantes  al 
honor  del  rey  y  al  bien  de  la  república;  pocos  empero  cuidaron 
de  presentarse,  puestos  en  rebelión  más  ó  menos  abierta,  y  soli- 
viantados por  las  excitaciones...  ¿de  quién  se  dirá?...  del  baile 
real  de  Mallorca,  del  turbulento  Luís  de  Bellviure,  que  recorría 
los  pueblos  para  empujar  nuevamente  las  sediciosas  huestes 
contra  los  muros  de  la  ciudad  y  contra  las  humeantes  ruinas  del 


(i)  Ñuño  Uniz,  jurado  caballero,  era  á  la  vez  alcaide  de  Bell  ver  donde  residía; 
el  jurado  mercader  Bartolomé  Martí  y  el  artesano  Juan  Serra  fueron  dados  de  baja 
como  sospechosos  á  los  descontentos;  quedaban  sólo  Arnaldo  Serra  y  Jorge  Roig 
ciudadanos,  y  el  otro  mercader  Guillermo  Sacoma. 


214  ISLAS      BALEARES 

Cali  judaico,  de  cuyo  estrago  probablemente  había  sido  promo- 
vedor y  acaso  caudillo  (i).  Dada  la  importancia  del  personaje, 
se  comprende  la  prisa  y  empefto  del  gobernador  en  hacerle  pre- 
gonar de  villa  en  villa,  particularmente  en  Andraig  y  en  Sóller, 
puntos  los  más  propicios  á  su  fuga ;  y  en  efecto,  de  Sóller  escapó 
en  un  laúd  para  ser  detenido  luego  en  Menorca. 

Con  las  noticias  llegadas  de  Barcelona,  donde  el  motín  del 
cinco  de  Agosto  y  saqueo  del  Cali,  atribuido  á  gente  castellana, 
acababa  de  repetirse  el  7  en  mayor  escala  con  el  asalto  del  Cas- 
tillo Nuevo,  con  el  degüello  de  los  refugiados  y  con  la  destruc- 
ción de  la  curia  de  la  Veguería  en  él  establecida,  exacerbóse  en 
Mallorca,  tan  pronto  influida  como  influyente,  la  disposición  de 
los  ánimos.  Para  resguardo  de  su  persona,  no  menos  que  de  sus 
infelices  protegidos,  tomó  el  gobernador  desde  el  día  1 1  una  es- 
colta, de  diez  fíeles  ballesteros,  á  las  órdenes  del  bravo  Antonio 
Matas  pelaire  de  ofício,  que  sin  soltar  las  armas  guardasen  día 
y  noche  el  real  palacio,  cuyas  entradas  mandó  tapiar  á  excepción 
de  la  principal:  así  estuvo  veinte  y  dos  días.  Intimaba  por  otra 
parte  á  los  nobles  y  pudientes,  en  nombre  de  la  fidelidad  debida 
al  soberano,  que  entrasen  desde  luego  en  la  ciudad  los  que  de 
ella  estaban  fuera,  sea  eventualmente,  sea  por  recelos  ó  compro- 
misos, ó  por  vía  de  protesta  (2);  algunos  obedecieron,  creyén- 
dose quizá  más  seguros  al  abrigo  de  las  murallas  que  en  sus 


t^n- 


(1)  Aparece  por  primera  vez  como  de  la  casa  del  rey  D.  Juan,  obteniendo  por 
merced  del  mismo  la  castellanía  de  Bellver  desde  ai  de  Febrero  á  30  de  Abril 
de  I  387,  en  que  fué  devuelta  á  Ñuño  Uniz  que  antes  la  poseía  ;  hallóle  en  toda  la 
mitad  primera  de  i  391  baile  de  la  ciudad,  oficio  también  de  nombramiento  real; 
el  carácter,  la  conducta,  los  móviles  que  se  la  dictaron,  fuerza  es  adivinarlos  al 
trasluz  de  la  fantasía.  Ni  antes  ni  después  suena  en  Mallorca  semejante  apellido; 
sólo  parece  que  tuvo  en  la  isla  un  hermano,  según  el  profuso  salario  con  que  pa- 
garon los  dos  una  escritura  de  reciproca  definición  de  bienes.  ( Forenses  y  Ciuda- 
danos, pág.  37) 

(2)  No  bajan  de  treinta  los  citados,  entre  ellos  Bernardo  Febrer,  Pedro  Safor- 
tesa,  los  Santiscle,  losRubert,  los  Valentí,losUmbert,  los  Rossinyol,  losSantacilia, 
01ms,Torrella,  Tagamanent,  Montornés,  Berga,  Brondo,  Sagranada  y  otros  linajes 
no  menos  distinguidos. 


ISLAS        BALEARES  21^ 

aisladas  quintas  en  tiempo  de  general  revuelca.  Pero,  sin  estallar 
en  nuevos  desmanes,  iba  imponiéndose  la  revolución,  y  dio  un 
paso  de  gigante  cuando  el  día  24  fué  pregonada  por  las  esqui- 
nas la  buena  nueva  de  la  absoluta  franquicia  de  ayudas  é  im- 
puestos otorgada  á  los  moradores  así  de  la  capital  como  de  los 
pueblos,  pasando  á  letra  muerta  el  sexto  del  vino,  la  sisa-carnes, 
la  molienda  del  trigo  y  demás  derechos  que  pesaban  sobre  víve- 
res y  ropas.  De  buen  talante,  por  no  decir  con  grave  susto, 
debió  de  coger  á  los  jurados  y  á  su  consejo,  y  al  gobernador 
para  confirmarla,  la  petición  de  los  menestrales  que  tal  obtu- 
vieron. 

Acaso  desde  entonces  el  consejo  empeñó  ya  á  los  insurgen- 
tes la  promesa,  recordada  más  tarde  con  amenazas,  de  agenciar 
por  buenos  modos  la  conversión  de  los  judíos,  sin  apelar  á  la 
horrible  disyuntiva  de  bautismo  ó  muerte:  todo  quedó  por  de 
pronto  en  suspenso  respecto  de  aquellos  desgraciados,  su  reli- 
gión, su  propiedad,  su  residencia,  su  ulterior  destino,  hasta  im- 
pedirles otorgar  escrituras  de  venta,  quitación  ó  traspaso  ni  con 
extraños  ni  entre  ellos  mismos.  Traía  consigo  cada  día  su  alar- 
ma y  su  peligro:  cuatro  galeras  castellanas,  apresando  á  vista 
de  la  ciudad  una  nave  mallorquina,  y  robando  cautivos  en  el 
mismo  puerto,  daban  lugar  al  bando  del  25  para  encerrar  á  éstos 
y  conminar  con  la  horca  á  todo  extranjero  que  desembarcara; 
el  domingo  27,  no  sé  por  qué  reciente  agravio  ó  con  qué  nueva 
demanda,  reaparecieron  hasta  cuatro  mil  payeses  al  pie  de  las 
murallas,  devastando  huertas  y  viñas,  particularmente  la  del 
odiado  mercader  Jaime  Cañellas,  atentados  á  que  se  refiere  el 
pregón  del  martes  29,  que  prohibe  con  pena  capital  salir  de  la 
ciudad  para  reunirse  con  los  alborotados  ó  procurarles  vituallas, 
y  encarga  á  los  guardias  y  centinelas  acudir  á  su  puesto  cada 
cual.  Sin  embargo,  por  esta  vez  pasó  pronto  la  tormenta,  y  en 
dos  de  Setiembre  creyó  Sa-garriga  poder  ya  prescindir  de  sus 
ballesteros,  y  vedar  absolutamente  la  entrada  en  el  Cali  con 
graves  penas.  Por  aquellos  días  á  corta  diferencia,  según  el  orden 


2l6  ISLAS      BALEARES 

de  las  partidas  (i),  pagaron  al  patíbulo  las  primicias,  ahorcados 
en  la  plaza  del  Moll^  Bernardo  Matheu  y  Juan  Bofí,  como  re- 
volvedores de  la  ciudad  y  autores  de  heridas,  que  pudiendo  ser 
las  inferidas  al  mismo  gobernador,  explicarían  bien  la  preferen- 
cia en  el  castigo.  A  este  acto  de  energía  siguió  otro;  y  fué  la 
solemne  publicación,  en  i8  de  Setiembre,  de  la  real  cédula  ex- 
pedida en  Zaragoza  á  3  del  mismo,  por  la  cual  tomando  el  rey 
bajo  su  salvaguardia  á  todos  y  cada  uno  de  sus  vasallos,  cristia- 
nos y  judíos,  prohibía  que  recíprocamente  se  injuriasen  y  ofen- 
diesen, aunque  estuviesen  en  bando  ó  guerra^  y  declaraba  ene- 
migo suyo  y  traidor  y  sujeto  á  las  penas  de  tal  al  que  tanto  se 
atreviera.  Protestaron  los  jurados,  requeridos  por  los  jefes  de 
oñcios  y  por  los  síndicos  forenses  que  comprendían  bien  el  alcan- 
ce del  mandato,  ser  éste  contra  franquicias  del  reino,  según  las 
cuales  podían  enmendarse  los  agravios  con  intervención  de  pro- 
hombres antes  de  acudir  en  queja  al  tribunal,  lamentándose  de 
que  los  delitos  comunes  se  erigieran  así  en  crímenes  de  lesa  ma- 
jestad que  producían  confiscación  de  bienes;  y  el  gobernador 
suspendió  los  efectos  del  edicto  hasta  nueva  orden. 

Algo  debió  ocurrir  á  fin  de  Setiembre  que  volviera  á  poner 
en  combuistión  los  pueblos,  á  juzgar  por  los  capítulos  que,  por 
vía  de  intimación  más  que  de  súplica,  presentaron  los  prohom- 
bres forenses  á  los  jurados  y  al  consejo,  y  que  con  leves  en- 
miendas pasaron  éstos  á  la  autoridad  superior  para  que  los 
promulgara,  como  tuvo  que  hacerlo  el  día  30.  Eocpulsión,  con 
inhabilitación  perpetua  para  cargos  públicos,  de  cuantos  se  de- 
cía haber  regido  y  administrado  mal ;  abolición  de  impuestos 
confirmada  por  el  consejo  general  de  dentro  y  fuera ;   cancela- 


(i)  Carece  de  fecha  la  de  la  procuración  real,  según  la  que  no  costó  arriba  de 
una  libra  siete  sueldos  cuatro  dineros  la  ejecución,  detallando  hasta  el  importe 
de  los  dogales  y  de  las  cuerdas  de  cáñamo  con  que  se  ataron  las  manos  á  los  reos. 
Opino  serían  payeses,  siendo  muy  común  en  Inca  y  pueblos  limítrofes  el  apellido 
de  Mateu,  y  tal  vez  serían  hermanos  del  Bernardo,  como  lo  eran  entre  sí,  Jaime  y 
Juan  pregonados  en  Junio  del  año  siguiente,  ofreciéndose  por  su  entrega  quinien- 
tos florines  de  oro. 


L 


islasbaleares  217 

ción  de  créditos  de  judíos  y  cristianos  nuevos,  como  por  prime- 
ra vez  se  les  llama,  y  de  contratos  usurarios  de  cristianos;  fa- 
cultad de  redimir  censos  al  mismo  precio  que  en  su  creación 
tenían,  reducción  de  los  prestados  en  especie  á  dinero  á  razón 
de  cien  sueldos  por  morabatín,  moratoria  en  el  pago  de  atrasos; 
observancia  de  los  estilos  curiales  de  Mallorca  en  la  abreviación 
de  pleitos;  remoción  de  Llobera,  Sala  y  Castell  de  sus  respecti- 
vos empleos  de  asesor,  síndico  y  notario  de  la  universidad;  es- 
tricto turno  anual  en  los  oñcios  de  ésta;  conformidad  de  las  tres 
cuartas  partes  de  votos  necesaria  para  resultar  acuerdo;  ingre- 
so de  los  síndicos  forenses  en  el  consejo  general,  y  d^  diez  pro- 
hombres de  fuera  en  el  menor  compuesto  de  treinta  individuos, 
en  el  cual  se  necesitaran  para  resolución  cuatro  quintos  de 
votantes;  tal  fué  la  fórmula  dada  á  sus  aspiraciones  por  los  des- 
contentos. No  se  dio  sin  embargo  por  tranquilo  con  la  satisfac- 
ción de  ellas  el  gobernador,  sino  que  se  preparó  como  si  fuera 
á  resistir:  que  no  saliesen  á  la  calle  los  esclavos,  que  no  entra- 
sen en  la  ciudad  los  tripulantes  extranjeros,  que  se  reuniesen 
armados  los  marinos  con  sus  clavarios  en  la  iglesia  de  San  Juan, 
que  los  agremiados  se  pusiesen  también  con  armas  á  las  órdenes 
de  su  respectiva  cabeza,  que  se  cerrasen  las  tiendas  excepto  las 
de  víveres,  que  en  las  plazas  y  á  las  puertas  de  la  capital  se  vi- 
gilara, prevenciones  oportunas  eran  contra  el  inminente  desor- 
den; pero  más  bien  parecían  atraerlo  el  vedar  á  los  conversos^ 
así  el  uso  de  armas  y  de  picas  ó  dardos  en  defensa  de  sus 
personas  y  hogares  (i),  como  su  embarco  para  tierra  de  moros 
ó  cualquier  otra  extranjera,  so  pena  de  quemar  el  buque  que 
los  admitiese  y  de  castigar  con  la  horca  á  los  fugitivos  y  á  los 
que  protegieran  su  fuga. 


( 1 )  En  unión  con  los  conversos  menciona  el  bando  á  los  Sardos,  que  reducidos 
á  esclavitud  durante  la  prolongada  guerra  con  Cerdeña,  habían  sido  declarados 
libres  con  motivo  de  la  paz  desde  Setiembre  de  i  389,  bien  que  los  que  en  Mallor- 
ca se  quedaron  continuarían  siendo  objeto  de  desconfíanza.  Entre  las  armas  son 
citadas  las  vergas  sardescas. 

38 


2l8  ISLAS      BALEARES 

Pasáronse  en  espectación  angustiosa  el  sábado  y  el  domin- 
go I .®  de  Octubre  en  que  estas  medidas  se  tomaron ,  y  el  lunes 
con  precisión  astronómica  desencadenóse  el  anunciado  huracán. 
De  seis  á  siete  mil  hombres  armados  constaba  la  hueste  que  se 
desplegó  al  rededor  de  los  muros,  ora  llegase  unida  y  compac- 
ta, ora  dividida  en  grupos  según  los  distritos  de  su  procedencia, 
convergiendo  por  caminos  diferentes.  Venganza^  no  y^justicid^ 
era  su  grito,  porque  á  sus  demandas  se  sobrepuso  instantánea- 
mente la  indignación  y  la  alarma  por  las  vidas  de  sus  enviados 
á  la  corte,  que  se  dijo  haber  sido  presos  en  Barcelona  donde 
estaban  en  vía  de  regreso,  y  conducidos  otra  vez  á  presencia 
del  rey  que  seguía  en  Zaragoza,  con  vivo  recelo  de  que  fuesen 
inmolados  á  las  intrigas  de  los  que  habían  arruinado  la  isla  con 
su  desgobierno.  De  Pedro  Seriol ,  el  intrépido  vecino  de  An- 
draig  que  con  tanto  celo  y  energía  había  patrocinado  los  inte- 
reses de  las  villas,  parece  resultó  positivo  el  asesinato,  aunque 
no  se  sabe  el  modo,  el  lugar  ni  las  circunstancias  (i).  Temían 
los  forenses  por  Ramón  Mosqueroles,  el  prohombre  de  SóUer, 
á  la  vez  que  los  menestrales  ciudadanos  por  sus  enviados  Máger 
y  Rovira :  con  lo  cual  no  hay  que  decir  si  mezclaron  unos  y 
otros  sus  clamores  y  sus  fuerzas,  y  si  se  encontraba  la  ciudad 
mucho  peor  que  sitiada,  con  sublevación  dentro  y  fuera;  é  impo- 
tentes por  lo  mismo  los  gobernantes  para  poner  freno  á  las 
tumultuarias  exigencias,  hubieron  de  contentarse  con  prevenir 
atentados.  El  primer  cuidado  de  Sa-garriga  fué  poner  al  ampa- 
ro del  fuerte  castillo  de  Bellver  y  bajo  la  fe  del  noble  Ñuño 
Uniz,  alcaide  de  él  á  la  vez  que  jurado  en  jefe,  al  venerable 
Pedro  Sa-fortesa,  á  quien  ni  sus  años  ni  su  fortuna  resguarda- 
ban de  las  iras  de  la  muchedumbre,  atizada  acaso  por  sus  ad- 
versarios  de  partido,  y  á  diez  compañeros  ó  parientes  (2),  con 


(i)    No  consta  que  formara  parte  de  la  última  embajada,  antes  parecen  referir- 
se á  años  anteriores  sus  servicios. 

(2)    Eran  estos  Bartolomé  Martí  jurado  mercader  aquel  año;  Juan  de  Cunilleras 


ISLAS       BALEARES  219 


achaque  de  impedir  que  á  su  responsabilidad  se  sustrajeran. 
Corrió  la  voz  de  que  iban  á  ponerse  en  salvo  aquella  noche  en 
una  galiota  provenzal  que  se  había  hecho  venir  expresamente, 
y  acudieron  las  turbas  desmandadas  á  Portopí.  Á  las  atrevidas 
reclamaciones  de  un  hijo  y  de  un  hermano  de  Rovira,  llamado 
éste  Marimundo  y  aquél  Eloy,  como  su  padre,  y  de  un  deudo 
de  Máger,  el  tejedor  Jaime  Vallbona,  contestó  el  gobernador 
dándoles  para  el  alcaide  una  carta,  de  la  cual  los  recelosos  ar- 
tesanos no  se  sintieron  con  ánimo  de  ser  portadores  tan  á  des- 
hora, pero  que  el  martes  á  la  salida  del  sol  presentaron,  acom- 
pañados á  requerimiento  suyo  por  un  escribano,  que  autenticó 
el  homenaje  de  los  egregios  detenidos,  de  no  tratar  de  huir  ni 
ausentarse  sino  con  superior  licencia. 

No  bastó  empero  esta  seguridad  á  las  cohortes  de  fuera, 
que  incitadas  por  sus  caudillos  y  especialmente  por  el  joven 
Pedro  Mosqueroles  á  impedir  ó  á  vengar,  si  otra  cosa  no  podía, 
la  muerte  de  su  padre,  osaron  la  noche  siguiente  trepar  el  cerro 
y  batir  los  muros  del  castillo;  mas,  careciendo  de  máquinas  para 
abrir  brecha  y  para  tentar  siquiera  el  asalto,  aceptaron  la  vía 
de  las  negociaciones  que  se  les  ofrecían  con  tal  de  que  se  reti- 
rase la  asoladora  plaga,  cuyos  daños  en  talas  y  robos  de  gana- 
dos se  estimaban  ya  en  cincuenta  mil  libras.  Intervino  en  la  ave- 
nencia la  autoridad  eclesiástica  que  en  ausencia  del  recién 
nombrado  obispo  D.  Luís  de  Prades  ejercía  su  vicario  general 
doctor  Pedro  Solanes,  quien  en  unión  con  el  jurisperito  Arnaldo 
Albertí  consejero  de  los  forenses  y  con  el  pelaire  Pedro  Duran 
cabeza  de  los  menestrales,  salió  del  palacio  real  en  la  mañana 
del  4  con  poderes  del  gobernador  para  el  cuartel  general  de  los 
sitiadores  puesto  junto  á  la  viña  de  Francisco  Des-Pí  en  el  ca- 


que lo  había  sido  en  i  383,  87  y  88;  Bernardo  Cerda  por  el  brazo  artesano  en  1372 
y  por  el  de  mercaderes  en  i  377,  81,  86  y  87;  Jaime  Cañellas  también  del  87;  Jor- 
ge Brondo  y  su  hijo  Jorge;  los  hermanos  Jorge  y  Bernardo  de  Sant  Johan,  casado 
el  primero  con  Leonor  Burgués  nieta  de  Sa-fortesa;  Nicolás  de  Pachs  hijo  de  Gui- 
llermo, y  Luís  de  Pachs  hijo  de  Miguel,  ambos  menores  de  25  años. 


220 


ISLAS      [¿ALEARES 


mino  de  Calviá  (i).  Allí  después  de  varios  coloquios  se  le  agre- 
gó Pedro  Mosqueroles,  y  subieron  juntos  al  cercano  castillo, 
donde  el  alcaide  permitió  solamente  la  entrada  al  reverendo 
eclesiástico;  y  como  insistiesen  Mosqueroles  y  los  suyos  en  pe- 
netrar dentro  y  aun  en  registrar  el  recinto,  pretendiendo  que  en 
él  se  ocultaban  entre  los  demás  el  abogado  Llobera  y  su  hijo  y 
el  notario  Antonio  Castell  (2),  «no,  respondió  el  noble  Nufto, 
aunque  sepa  morir,  no  admitiré  dentro  de  estos  muros  al  inso- 
lente que  vino  esta  pasada  noche  á  rondarlos,  y  juro  por  Dios 
que  no  hay  más  personas  que  estas  que  el  gobernador  enco- 
mendó á  mi  custodia. »  Tomando  entonces  la  palabra  por  sus 
compañeros,  dijo  Pedro  Sa-fortesa:  «por  demás  parece  cualquier 
otra  garantía  después  de  la  que  ayer  dimos  con  juramento  en 
manos  de  mosén  Ñuño,  mas  á  trueque  de  poner  remedio  á  tan- 
tos males,  prontos  estamos  á  reiterarlos,  aunque  en  nada  nos 
conceptuamos  culpables.»  Las  instancias  del  vicario  general, 
reforzadas  (menester  es  decirlo)  por  los  murmullos  y  hasta  ala- 
ridos que  llegaban  del  otro  lado  de  la  barrera,  recabaron  al  fin 
del  altivo  alcaide  que  se  prestase  á  abrir  la  puerta  á  Mosquero* 
lesy  llamándole  por  su  nombre  de  entre  la  impaciente  turba  é 
introduciéndole  solo  y  sin  armas  en  el  patio.  Disculpaba  la  pie- 
dad filial  los  revoltosos  humos  en  el  animoso  mancebo,  y  al 
doncel  Jorge  de  Sant  Johan  que  se  le  acercó  con  amistosas  que- 
jas de  tan  hostil  conducta,  protestando  que  si  allí  se  encontraba 
era  solo  para  acompañar  á  Sa-fortesa  abuelo  materno  de  su  es- 
posa, «así  lo  creo,  contestó,  por  inocente  os  tengo  á  vos  y  á 
Bernardo,  vuestro  hermano;  lo  que  hay  es  que,  con  el  recelo  en 
que  estoy  de  la  muerte  de  mi  padre,  no  está  en  mi  ánimo  ni  en 
facultad  mía  alterar  las  condiciones  con  que  de  la  hueste  vengo 


(i)  Debió  de  corresponder  al  predio  Son  Dureta  ó  formar  parte  del  mismo, 
pues  á  la  familia  Des-Pí  sucedió  la  de  Dureta. 

(2)  Figura  éste  en  i  384  como  jurado  menestral,  aunque  á  fuer  de  notario  per- 
teneciese al  brazo  mercader,  como  asiduo  comisionado  en  la  corte,  como  propie- 
tario de  la  Albufera,  y  como  hombre  listo  á  perder  de  vista. 


ISLAS       BALEARES  221 


para  que,  averiguada  la  verdad  y  hecha  justicia,  se  retire  á  su 
casa  cada  cual.»  Anochecía  ya,  cuando  en  poder  del  notario 
Abeyar  que  extendió  solemne  acta  de  todo,  se  constituyeron  los 
once  rehenes  recíprocos  fiadores  y  carceleros  los  unos  de  los 
otros,  con  lo  cual  se  apaciguó  el  alboroto,  y  al  otro  día  se  levan- 
tó el  campamento.  Con  temores  de  asalto  y  saqueo  no  durmió 
muy  tranquila  la  ciudad  aquellas  dos  noches,  ni  menos  el  pala- 
cio real  bajo  la  simple  custodia  del  pelaire  Matas  y  de  sus  diez 
ballesteros. 

No  fué  esta  la  única  ventaja  que  con  sutretirada  compraron 
los  sitiadores:  al  negociar  por  la  indemnidad  de  sus  mensajeros, 
no  se  olvidaron  de  sus  comunes  agravios  é  intereses,  imponien- 
do satisfacción  cumplida  á  ellos  en  cincuenta  y  seis  capítulos, 
unos  por  complemento  de  los  anteriores,  otros  como  reclama- 
ciones que  crecían  al  compás  de  la  pasión  y  fuerza  de  los 
insurgentes,  en  lo  judicial,  en  lo  económico,  en  lo  administrati- 
vo, en  lo  tocante  así  al  régimen  universal,  como  al  de  la  comu- 
nidad forense  y  al  de  cada  pueblo  (i).  Respecto  de  sus  deudas 
con  los  judíos,  pedían  la  anulación,  dándolos  ya  por  reintegra- 
dos del  capital  con  diez  años  de  intereses,  y  que  se  revocase  la 
obligación  impuesta  bajo  pena  de  excomunión  por  los  párrocos 
de  restituir  á  aquellos  todo  lo  robado  en  dinero  y  alhajas  ó 
usurpado  en  bienes:  aún  llegó  á  más  la  feroz  insolencia;  hacíase 
cargo  al  general  consejo  de  contemporizar  con  los  desgraciados 
por  su  propósito  de  atraerles  á  la  fe  cristiana  con  suaves  me- 
dios, y  no  con  violencias  que  la  misma  fe  rechaza,  y  se  le  inti- 
maban ocho  días  perentorios  para  obligarles  á  salir  de  estas 
demoras  y  vacilaciones,  entre  bautizarse  ó  morir  nada  menos. 


(ij  Los  límites  de  esta  obra  no  permiten  transcribir  ni  extractar  siquera  di- 
chos capítulos,  más  propios  para  la  historia  particular  cuya  publicación  más  ade- 
lante me  propongo.  Reñérense  muchos  á  los  censos  y  á  las  usuras  que  abrumaban 
á  la  sazón  la  propiedad,  á  la  curia  del  veguer  de  fuera,  al  restablecimiento  de  fran- 
quicias caídas  en  desuso,  á  anulación  de  privilegios  especiales,  como  el  de  Anto- 
nio Castell  de  rifar  ó  jugar  á  dados  el  pescado  de  la  Albufera,  y  el  de  mosén  Juan 
de  Mora  de  poseer  á  título  de  caballería  los  marjales  de  la  Puebla. 


222  ISLAS      BALEARES 


que  traían  en  perturbación  al  pueblo   (i).  Hasta  se   exigía  que 
mediaran  con  el  rey  los  jurados  para  obtener  la  remisión  de 
unos  movimientos  intentados,  decían,  en  honor  de  la  corona  y 
en  bien  de  la  cosa  pública,  y  que  prohijando  sus  querellas,  les 
apoyaran  en  alcanzar  reformas  sobre  las  cuales  había  de  basar- 
se la  paz  y  la  concordia  de  entrambas  universidades.  Por  todas 
estas  exorbitancias  pasaron  consejeros  y  jurados  y  gobernador, 
aprobándolos  en  cuanto  estaba  de  su  parte,  salva  únicamente 
la  obediencia  al  monarca;  y  con  plena  solemnidad  se  publicaron 
para  su  provisional  observancia  dichos  capítulos  á  primera  hora 
del  propio  4  de  Octubre  en  la  plaza  de  Cort ,  ei^tonces   de  San 
Andrés:  mas,  apenas  empezada  su  lectura  por  el  notario  de 
Inca,  Dolcet  (2)  Vives,  que  iba  con  el  tumulto,  arrebatóselos  de 
las  manos  el  pelaire  Duran,  y  no  se  los  devolvió  sino  corregi- 
dos á  gusto  de  los  amotinados,  y  así  mandó  se  promulgaran, 
repitiéndose  luego  el  pregón  á  las  diez  del  día  fuera  de  las  mu- 
rallas junto  al  expresado  cuartel  general  á  espaldas  de  Bell  ver. 
Á  Sa  garriga  para  descargo  de  las  forzosas  enmiendas  no  le 
quedó  más  arbitrio  que  tomar  al  pregonero  la  confesión  de  que 
el  miedo  se  las  impuso,  y  hacer  levantar  acta  á  un  notario,  aso- 
mado con  multitud  de  testigos  á  la  barbacana  del  Temple,  del 
belicoso  y  formidable  aspecto  que  ofrecían  aquella  puerta  y  las 
torres  Lavaneras  y  la  llanura  toda  inundada  de  miles  de  paye- 
ses armados,  á  pie  y  á  caballo,  con  su  diversidad  de  banderas  y 
pendones  clavados  en  el  suelo  y  en  las  cercas.  Con  vigor   de 


(i)  Es  preciso  copiar  el  texto  mismo  del  cap.  43  en  su  espantosa  crudeza: 
Ilem  com  fer  los  primers  capUols  sia  stat  demanai  queUs  jueus  mortssen  ó  's  /essen 
xpians^  e  en  aguell  capítol  sia  stat  respostque  nostra  ley  no  voliaque  mortssen,  mes 
que  shi  tendrían  bonas  maneras  per  jerse  xpians;  e  /ins  assi  lo  dít  general  consell 
no's  sia  curat  ó  entremés  en  procurar  e  acabar  que  'Is  dits  jueus  venguen  á  nostra 
fe  cristiana :  en  pertant  are  de  nou  demanan  los  dits  pobles^  que  'Is  dits  jueus  sian 
trets  deis  lochs  /orts  hon  stan^  e  aquells  forsar  de  morir  ó  tornar  á  nostra  fe  eres- 
tiana^  Per  tal  que  los  dits  pobles  per  ells  e  lur  triga  de  crestianísme  no  sian  en  lo 
torbament  en  lo  qual  están,  si  donchs  dins  VlIIjorns  primers  vinents  no's  serán 
avenguts  ab  lo  general  consell. 

(2)    Dolcet  parece  diminutivo  de  Alfonso, 


ISLAS      BALEARES  22^ 

V 

ordenanzas  fué  comunicando  directamente  á  cada  villa  en  los 
días  inmediatos  estas  propiamente  capitulaciones  de  la  auto- 
ridad. 

Como  deudores  á  los  fondos  públicos  y  sospechosos  del  ho- 
micidio de  Seriol,  fueron  llamados  al  real  palacio  en  lo  de  Oc- 
tubre y  obligados  á  presentar  fianza  siete  personas  más  de 
varios  estamentos  (i),  entre  ellas  el  jurado  menestral  Juan  Se- 
rra.  En  cambio  dióse  por  libres  de  su  arresto  en  Bellver  á  los 
hermanos  Santjohan  por  reconocimiento  explícito  del  hijo  de 
Mosqueroles :  mas  ni  ellos  ni  otros  de  su  familia  y  de  su  cla- 
se (2)  consintieron  en  formar  parte  del  consejo,  del  cual  y  de 
todo  régimen,  afortunadamente  para  sosiego  suyo,  les  excluía 
el  1 1,^  de  los  capítulos  proclamados,  asiéndose  al  privilegio  mi- 
litar que  de  contribuir  les  eximía.  Alivióse  el  encierro  á  los 
detenidos,  permitiéndoseles  la  salida  del  castillo  y  el  paseo  por 
el  recinto  exterior  de  la  empalizada ;  y  al  fin  se  desvaneció  la 
ansiedad  con  la  vuelta  de  los  mensajeros  artesanos  Máger  y 
Rovira  y  del  sollerense  Ramón  Mosqueroles  (3),  que  salvos  é 
incólumes  se  presentaron  al  gobernador  en  tres  de  Noviembre, 
declarando  su  pesar  de  que  por  ligeras  ó  calumniosas  voces 
tales  vejámenes  se  hubiesen  ocasionado  á  aquellos  prohombres, 
y  requiriendo  una  y  otra  vez  la  absolución  de  ellos.  Retardóse 
ésta  no  obstante  hasta  mediados  de  Diciembre,  cuando  ya  no 
quedaban  en  Bellver  sino  el  anciano  Sa-fortesa  y  sus  cinco  com- 


(i)  Eran  mosén  Arnaldo  Cerdo  caballero,  Guillermo  Robert doncel, Pedro  Sala 
y  Pedro  Ravell  ciudadanos,  Simón  Ravell  mercader  y  Juan  de  Moya  especiero, 
además  del  jurado  Serra;  casi  todos  habían  fígurado  en  las  jurarías  anteriores.  La 
fianza  dada  por  los  cuatro  primeros  fué  de  cinco  mil  libras,  de  tres  mil  la  de  Si- 
món Ravell  y  de  Moya,  y  de  mil  la  de  Serra. 

(2)  El  recurso  con  fecha  de  14  de  Octubre  va  á  nombre  de  Jorge,  Bernardo, 
Galcerán  y  Guillermo  de  Sant-Johan,  de  Berenguerde  Galiana,  Guillermo  de  Olms, 
Arnaldo  Santa  Cilia  y  del  notario  Bernardo  Taulari.  Iguales  miras  tuvo  acaso  ya 
Jorge  de  Sant  Johan  para  esquivar  el  mando  que  en  7  de  Agosto  le  había  delegado, 
como  queda  dicho,  el  gobernador  Sagarriga,  y  que  no  llegaron  á  ejercer,  según 
parece,  ni  él  ni  Juan  Umbert  su  compañero. 

(3)  Con  ellos  volvió  de  la  corte  el  jurado  ciudadano  Arnaldo  Serra,  que  no 
aparece  en  desacuerdo  con  los  demás  enviados. 


224 


ISLAS      BALEARES 


pañeros  mercaderes,  á  los  cuales  no  se  dejó  más  responsabilidad 
que  la  que  resultara  de  las  cuentas. 

Pero  de  cómo  y  en  qué  términos  y  con  qué  solemnidades  se 
dio  el  gran  paso,  es  decir,  la  conversión  de  tantas  familias,  el 
bautismo  de  tantos  activos  negociantes,  diestros  artífices,  pro- 
vectos faquíes,  madres  y  doncellas,  niflos  y  mancebos,  y  el 
trueque  de  sus  nombres  hebreos  y  patronímicos  ó  gentilicios  de 
tribu  por  nombres  y  linajes  cristianos,  ni  he  podido  hallar  docu- 
mentos ni  recoger  siquiera  memorias  fidedignas.  Precisamente 
por  los  días  inmediatos  al  levantamiento  del  sitio  debió  de  veri- 
ficarse el  hecho,  facilitándolo  con  sus  conciliadores  propósitos 
.  el  vicario  general  Solanes,  y  para  ello  salieron  de  los  lugares 
fuertes  donde,  al  decir  de  los  insurrectos,  permanecían  encasti- 
llados los  judíos,  y  prestáronse  unánimes,  pues  no  se  menciona 
oposición  ni  fuga  de  parte  de  ninguno,  á  abrazar  una  religión,  si 
impuesta  por  el  motín,  enseñada  con  mejor  espíritu  poi*  los  ca- 
tequistas. Ya  desde  21  de  Octubre  no  se  habla  sino  de  conver- 
sos^ y  en  los  días  consecutivos  parecen  ante  la  curia  de  la  go- 
bernación más  de  cien  jefes  de  familia,  sobrepuestos,  por  decirlo 
así,  al  nombre  israelítico  el  de  pila  y  el  apellido  mallorquín, 
tomados,  si  no  propiamente  de  sus  padrinos  de  bautismo,  de 
las  personas  con  quienes  más  ligados  se  hallaran  por  interés  ó 
por  afecto  y  que  mejor  pudieran  protegerles,  caballeros,  ciuda- 
danos, mercaderes,  sacerdotes,  y  hasta  el  mismo  gobernador  (i). 
Acuden  á  declarar,  llamados  por  pregón,  si  quieren  volver  á 
sus  albergues  del  Cali,  cuyas  arrancadas  puertas  se  manda 
restituir,  ó  más  bien  alquilarlos  ó  venderlos;  y  á  pesar  del  terror 
de  lo  pasado  y  de  los  peligros  de  lo  futuro,  más  de  una  mitad 
se  decide  por  habitarlos  otra  vez,  mientras  de  los  restantes  sólo 
se  prestan  ocho  á  desprenderse  de  la  vivienda  de  sus  mayores. 


( 1 )  Refíérome  en  este  punto  al  trabajo  especial  que  acerca  de  la  topografía  del 
Cali  y  catálogo  de  sus  pobladores  llevo  publicado  en  el  Boletín  de  la  Academia  de 
la  Historia^  tom.  IX,  y  en  el  Museo  Balear  a.»  época,  tom.  IV,  núm.  8. 


ISLAS      BALEARES  225 

dando  así  loable  ejemplo  de  singular  apego  al  país  y  aun  al 
barrio,  y  desmintiendo  los  conatos  de  emigración  que  de  ellos 
se  recelaba. 

Más  sosegados  ya  los  pueblos  con  el  feliz  regreso  de  su  de- 
legado Mosqueroles,  citóse  al  consejo  forense  para  oir  el  resul- 
tado de  la  embajada,  no  en  Inca  donde  se  reunía  de  costumbre, 
sino  en  la  ciudad  por  orden  superior;  y  si  tuvo  efecto  en  el  anun- 
ciado 8  de  Noviembre,  surgió  de  él  otra  convocatoria  de  consejo 
general  para  el  i6,  llamando,  además  de  los  ordinarios  repre- 
sentantes de  fuera,  á  uno,  dos  ó  tres  más  por  cada  villa  según 
la  importancia  de  ésta,  elegibles  por  el  pueblo,  pero  en  forma 
legal  y  no  en  tumultuoso  comicio.  Trataba  Sa-garriga  de  reunir 
en  rededor  suyo  los  escasos  elementos  de  autoridad  disponibles, 
y  apremió  al  alcaide  de  Bell  ver  Ñuño  Uniz  para  que,  saliendo 
del  castillo  donde  se  mantenía  en  actitud  indefinible,  acudiera 
en  la  próxima  sesión  á  su  puesto  de  jurado  en  jefe:  tal  vez  por 
desconocidos  medios  esperaba  lograr  de  aquellas  reuniones  una 
reacción  saludable,  como  la  que  prevaleció  el  13  en  Felanig, 
donde  por  aclamación  unánime  se  renunció  á  votar  adjuntos, 
protestando  que  no  querían  ^^x  pueblo  sino  universidad^  ni  apar- 
tarse en  lo  sucesivo  de  la  fidelidad  al  rey  y  de  la  obediencia  á 
su  gobierno;  escena  que  el  26  se  reprodujo  en  Campos  en  junta 
especialmente  autorizada  por  el  gobernador.  No  así  en  Inca, 
que  traían  alborotada  con  sus  demandas  el  notario  Vives,  Pablo 
Piquer  y  Ramón  Malferit,  logrando  salir  electos :  grave  tras- 
torno de  intereses  habían  producido  en  la  populosa  villa,  lo  mis- 
mo que  en  las  de  Sineu,  Alcudia  y  SóUer,  los  atentados  contra 
la  numerosa  raza  hebrea  avecindada  en  ellas  y  su  conversión 
simultánea  con  la  de  los  que  poblaban  la  capital,  á  pesar  de  que 
la  autoridad,  como  mejor  podía,  amparaba  las  reclamaciones  de 
los  perseguidos.  Prohibióse  de  nuevo,  así  en  beneficio  de  los 
dueños  como  de  sus  acreedores,  la  sustracción  de  ropas  y  mue- 
bles del  Cali,  y  se  mandó  denunciar  los  censos  activos  y  pasi- 
vos; hasta  se  facultó  á  los  conversos  para  seguir  su  interrumpido 


220  ISLAS      BALEARES 

tranco  con  Berbería  y  otros  puntos,  eximiendo  de  embargo  las 
mercancías  que  importaran,  cuando  de  pronto  circulóse  aviso  á 
Alcudia,  Sóller,  Andraig,  la  Palomera,  Santaflí  y  Arta,  que  á 
nadie  absolutamente,  á  excepción  de  las  tripulaciones  forasteras, 
se  permitiese  salir  de  la  isla  sin  expreso  salvoconducto,  exigien- 
do juramento  á  los  patronos  de  los  buques. 

Acababa  de  recibir  Sa-garriga  una  orden  enérgica  de  Juan  I, 
datada  de  Villafranca  del  Panadés  en  22  de  Noviembre,  en  que 
so  pena  de  perder  la  cabeza  le  intimaba  no  hacer  caso   de  los 
capítulos  establecidos  y  jurados  por  impresión  y  no  en  legal  y 
debida  forma,  á  instancia  de  los  payeses  y  otros  desde  el  co- 
mienzo de  los  motines,  anunciando  su  próximo  viaje  á   la   isla; 
pero  como  á  dicha  cédula  acompañaba  otra  de  igual  fecha,  que 
dejaba  al  criterio  de  aquél  la  oportunidad  de  publicar  una  dis- 
posición que  pudiera  dar  creces  al  incendio  en  lugar  de   extin- 
guirlo, tuvo  por  prudente  el  gobernador  guardarla  secreta  to- 
davía. Alentado  con  ella,  sin  embargo,  emprendió  devolver  la 
enervada  acción  á  la  justicia,  dirigiéndola  desde  luego  contra  el 
más  terrible  de  los  facinerosos,  que  en   aquellas  revueltas  se 
había  señalado,  no  se  sabe  si  por  audacias  políticas  ó  por  enor- 
mes crímenes,  Antonio  Cigar,  conocido  con  el  ridículo  apodo 
de  Brou  de  pella  (i).  Siete  días  se  le  anduvo  buscando  por  di- 
versas comarcas,  al  cabo  de  los  cuales  fué  conducido  preso  á  la 
capital ;  y  no  transcurrió  un  mes  sin  que  marchase  al  patíbulo 
juntamente  con  Romeo  Cifre,  la  antevíspera  de  Navidad,  con  la 
triste  distinción  de  ser  descuartizado  su  cadáver,  mientras  el  de 
su  compañero  quedó  colgado  de  la  horca.  De  mediados  de  Di- 
ciembre á  mediados  de  Enero  del  siguiente  año  no  cesaron  de 


(i)    Con  este  apodo  solamente  le  designa  Mut,  que  no  sé  por  dónde  tuvo  noti- 
cia de  él,  acaso  por  tradición  ó  memoria,  pues  no  le  nombran  los  documentos  ofi- 
ciales que  he  visto,  á  excepción  del  libro  de  datas  de  la  procuración  real,  ni  tam- 
poco los  apuntes  ó  trabajos  históricos  anteriores  á  Mut;  equivoca  éste  empero  su 
I  nombre  de  pila  llamándole  Nicolás.  Pongo  el  apellido  tal  como  se  lee  en  la  par- 

%  V  tid&  ele  su  prisión  y  suplicio,  que  con  esta  ortografía  se  escribía  entonces  el  de 

^^^  Sitiar. 


ISLAS      BALEARES  227 


acumularse  dentro  de  la  cárcel  de  la  ciudad  reos  de  los  pasados 
alborotos,  traídos  de  su  respectivo  pueblo;  de  Inca  Bernardo 
Algaida  tonelero,  de  Selva  Gabriel  Coch,  de  Sóller  Pedro  Pi- 
quer  y  un  Rebassa,  de  Manacor  un  extranjero  llamado  Nicolás 
Brandiz,  de  Muro,  de  Sineu,  de  Montuiri,  de  Santaftí,  de  Alcu- 
dia otros,  para  cuya  custodia  se  afladió  á  la  ordinaria  de  los 
carceleros  la  vigilancia  especial  del  marinero  Antonio  Torres. 
De  la  ejecución  de  los  referidos  no  hay  memoria,  pero  sí  de  la 
de  Pedro  Julia  y  de  un  hijo  de  Guyana,  verificada  en  i6  de  Ene- 
ro, los  cuales  fueron  anegados  sin  expresar  cómo  ni  dónde,  y 
después  durante  la  noche,  que  pasaron  en  vela  los  ministros  en 
tan  repugnante  operación,  púsose  la  cabeza  de  Julia  en  la  puerta 
del  castillo  del  Temple,  y  la  del  otro  á  la  entrada  del  Gall  en 
la  plazuela  llamada  entonces  de  Montsó  (i).  En  quince  calcula 
el  real  indulto  de  i6  de  Julio  de  1392  el  número  de  sentencias 
capitales,  con  diversos  géneros  de  muerte  cumplidas  en  los 
principales  autores  del  movimiento. 

La  más  notable  no  tuvo  efecto  en  Mallorca.  Reclamaba  el 
rey  con  señalado  enojo  la  persona  de  su  antes  favorecido  corte- 
sano, y  desde  Menorca,  donde  había  sido  preso,  fué  traído  Luís 
de  Bellviure  en  una  galiota  fletada  al  objeto,  permaneciendo  en 
el  puerto  un  día  y  dos  noches,  guardado  por  centinelas  de  vis- 
ta; desde  aquí,  trasbordado  á  la  nave  del  patrón  Talamanca, 
salió  para  Barcelona,  despachándose  por  tierra  á  Andraig  el 
enorme  proceso  que  había  de  acompasarle.  Sucedía  esto  en  los 
primeros  días  de  Enero,  y  el  27  caía  en  la  plaza  de  la  Lonja  de 
la  capital  del  principado  la  cabeza  del  ex- castellano  y  ex-baile, 
para  ser  luego  izada  en  la  entena  de  la  embarcación  mallorqui- 
na  (2).  Saludable  ejemplo  de  justicia  exenta  de  acepción  de  ran- 


(i)  Tomaba  nombre  de  la  antigua  casa  de  Pedro  Ramón  de  Montsó,  conocida 
desde  el  siglo  xvi  hasta  nuestros  días  por  de  Priam  de  Villalonga. 

(3)  Bien  ajeno  estaría  Piferrer  de  que  en  las  adiciones  á  su  tomo  de  Mallorca 
saliese  un  día  á  fígurar  este  dato,  sacado  de  los  estudios  que  en  otra  publicación 


^^ 


228  ISLAS      BALEARES 


gos,  repetido  por  el  mismo  tiempo  con  la  proscripción  del  noble 
Arnaldo  de  Santacilia,  aunque  por  delitos  anteriores,  pues  en  1 2 
de  Julio  había  ya  prestado  homenaje  en  manos  del  gobernador 
de  no  ausentarse  de  la  isla,  dando  fianza  por  él  sus  hermanos 
Bernardo  y  Juan,  hijos  todos  de  Dalmacio,  que  vivían  en  el 
I  predio  Castell-damós  término  de  Sancellas ;  Arnaldo  y  Juan  fue- 

I  ron  por  su  fuga  declarados  baras  y  traidores  y  confiscada  su 

,  I  caballería,  sin  que  del  resultado  de  estos  procedimientos  haya 

^  podido  hasta  aquí  saberse  más,  que  de  la  naturaleza  de  las  cul- 

'  -I  pas  que  dieron  margen  á  ellos. 

5  Por  fin  día  3  de  Febrero  creyó  Sagarriga  llegada  la  ocasión 

^  de  hacer  pregonar  á  voz  de  trompas  y  atabales  la  soberana  re- 

\j  solución  del  22  de  Noviembre  contra  las  que  hoy  se  llamaría 

.  :•  conquistas  revolucionarias,  anulándolas  de  todo  punto:  intimóse, 

*  1  si  bien  con  moratorias,  en  2  2  de  Febrero  y  i .®  de  Marzo,  la  de- 

(  finitiva  restitución  de  bienes  á  los  judíos;  dióse  orden  á  éstos  en 

22  y  23  de  Marzo  de  manifestar  cuanto  se  les  debía  en  préstamos 
'  i  ó  censos,  en  dinero  ó  en  especie,  no  obstante  cualesquiera  cesio- 

1  nes  ó  arreglos  convenidos  desde  el  1 5  de  Enero.  Repitiéronse  las 

I  comisiones  á  Alcudia,  á  Manacor,  á  Bellveer   (San  Lorenzo),  á 

i  Arta  en  averiguación  de  delitos  y  captura  de  criminales;  y  fué 

r  registrado  en  la  Porrassa  un  buque  armado  de  Valencia,  por  no- 

ticias de  haber  acogido  por  un  lado  conversos  y  por  otro  mal- 
hechores,  mescolanza  apenas  comprensible.  Duró  todo  aquel 
'' }  año  la  prohibición  de  embarcar  á  nadie  no  autorizado  con  supe- 

í  rior  licencia ;  medida  que  respecto  de  los  depredadores  tenía  el 

objeto  de  cerrarles  la  fuga,  como  respecto  de  los  cristianos 
nuevos  el  de  contener  el  despoblamiento  y  prevenir  la  aposta- 
sía.  Á  los  ausentes  se  dio  un  plazo  de  treinta  días  para  regre- 


imprimió  sobre  la  matanza  de  los  judíos  en  Barcelona,  sin  el  cual  se  ignoraría  el 
paradero  del  principal  autor  de  nuestra  sedición,  tan  relacionada  con  aquella.  An- 
tes del  suplicio  de  Bellviure  y  de  otros  dos,  había  ya  presenciado  Barcelona  vein- 
te y  tres  por  la  misma  causa  en  14  y  16  de  Diciembre  anterior. 


ISLAS      BALEARES  229 

sar,  so  pena  de  secuestro  de  bienes,  en  la  cual  incurrieron  Ma- 
galuf  y  Ayón  Natiar,  Struch  Benini  y  otros,  á  pesar  de  la 
vigorosa  defensa  á  nombre  de  ellos  presentada  por  sus  procu- 
radores y  correligionarios,  quejosos  de  este  linaje  de  servidum- 
bre impuesta  á  los  que  eran  libres  de  derecho,  y  de  la  inseguri- 
dad, vejaciones  y  hasta  muertes  que  les  forzaban  á  abandonar 
la  tierra.  Pero  en  vez  de  mejorar  la  situación  de  los  que  queda- 
ban, cada  pregón  la  hacía  más  molesta,  citándolos  ya  á  reunirse 
en  el  palacio  real  y  á  comparecer  por  apoderados  las  viudas,  ya 
á  responder  de  los  alodios  á  que  estaban  afectas  sus  casas  y 
huertos  del  Cali,  ya  á  echar  entre  ellos  un  reparto  para  cubrir 
las  deudas  de  la  aljama,  ya  á  pagar  los  cuatro  sueldos  por  libra 
que  al  rey  otorgaron  sobre  los  créditos  que  cobrasen,  mediante 
la  intervención  del  escribano  Mateo  Lóseos  en  los  recibos.  Ver- 
dad es  que  también  se  conminaba  con  cortar  el  pie  ó  las  orejas, 
según  fuese  siervo  ú  horro  el  delincuente,  al  que  entrara  sin 
título  en  el  barrio  desmantelado  á  llevarse  piedras,  tejas  y  ma- 
deros  por  vil  codicia  ó  aumentar  por  malignidad  su  desolación, 
y  con  graves  penas  al  que  solo  ó  en  cuadrilla  acechara,  persi- 
guiera ó  despojara  á  sus  moradores. 

No  pareció  exenta  de  censura  en  la  corte  de  Juan  I  la  con- 
ducta de  las  autoridades  de  Mallorca  durante  los  tumultos,  ni 
aun  destituidas  de  fundamento  las  quejas  que  los  habían  provo- 
cado; y  más  oídas  que  las  explicaciones  del  caballero  Bernardo 
Febrer  y  de  Guillermo  Valentí  enviados  á  nombre  de  la  univer- 
sidad (i),  fueron  las  de  otra  embajada,  tal  vez  con  poderes  pos- 
teriores de  la  misma  ó  no  sé  con  qué  otros,  compuesta  del 
prudente  mediador  canónigo  Solanes,  de  los  ciudadanos  Andrés 
Rossinyol  y  Jorge  Roig  uno  de  los  jurados  de  1391  aunque  no 


(i)  Partieron  éstos,  según  el  noticiario  de  Salzet,  á  22  de  Febrero,  llevando 
por  consejeros  al  caballero  Arnaldo  Cerdo,  á  Felipe  Umbert  ciudadano,  á  Guiller- 
mo Falgueras  mercader,  á  Berenguer  de  Plegamans  tendero,  y  á  Arnaldo  Sureda 
habitante  de  Manacor.  No  se  habla  más  de  dicha  embajada,  sustituida  ó  neutrali- 
zada por  la  otra. 


232 


ISLAS      BALEARES 


D.  Martín  padre  del  rey  muchacho.  Corrían  proyectos  de  expe- 
dición á  Cerdefla  á  la  orden  del  rey  de  Aragón  en  persona,  y 
los  bélicos  aparatos  distrajeron  la  atención  pública  del  objeto 
de  las  pasadas  alteraciones,  al  paso  que  servían  de  escarmiento 
sus  consecuencias.  De  los  edictos  publicados  en  la  primera  mitad 
del  1393  aparece  que  no  quedó  prohibida  en  principio  á  los  ju- 
díos la  residencia  en   la  isla:  á  los  que  hoy  son  y  serán   se 
prohibe  hacerles  daflo  oculto  ni  manifiesto,  como  á  puestos  bajo 
amparo  especial  del  monarca,  so  pena  de  degüello  al  noble  y 
de  horca  á  cualquier  otro;  tan  sólo  á  los  que  después  de  con- 
vertidos se  ausentaron  á  Berbería  se  ordena  confiscarles  los 
bienes  en  calidad  de  renegados.  Repecto  de  los  que  siguieron 
aquí  domiciliados,  no  se  omitió  medio  para  instruirlos  y  confir- 
marlos en  la  fe,  á  cuyo  objeto  formó  provechosas  ordenaciones 
el  dominico  fray  Guillermo  Carrera,  siendo  convocados  todos, 
de  siete  años  arriba,  á  oirías  en  la  Seo  el  domingo  de  Ramos : 
al  propio  tiempo  se  manda  respetar  su   propiedad,  prohibiendo 
las  ventas  clandestinas  y  á  bajo  precio,  y  exigiendo  á  los  com- 
pradores  la  exhibición  de  los  títulos  legales.  Por  temor  é  inse- 
guridad  más  que  por  ley  expresa  cesó  de  haber  judíos  en 
Mallorca  por  algún  tiempo,  hasta  que  fueron  avecindándose 
paulatinamente  en  la  isla  nuevas  familias  extrañas  (i).  Los  con- 
versos perseveraron  fieles,  con  una  ó  dos  excepciones  que  com- 
prueban la  regla  general. 

Convirtiósele  á  Mallorca  en  nueva  calamidad  lo  que  hubiera 


(i)  á  raíz  casi  de  esta  revolución  nos  hallamos  ya  con  el  notable  hecho  con- 
signado en  la  real  cédula,  que  por  su  importancia  no  puedo  menos  de  transcribir, 
dada  en  Valencia  á  15  de  Marzo  de  1394:  Entes  havem  que  aquí  en  Mallorques 
han  vengut  de  Portugal  be  cent  cinquanta  Juheus^  los  quals  son  stats  be  per  vos 
acullits  e  per  la  geni  de  la  ierra  covinentmeni  tractaiSy  de  que  havem  haut  gran 
piaer;  perqué  us  manem  expressament  que  7s  ditsjueus  e  tots  altres  que  hi  vingan 
mantengáis  e  defenats  axi  com  si  eran  crestians^  e  per  res  per  algü  no  sofirais  de 
Paraula  ne  de  Jet  aquells  ó  altres  dells  esser  mallractats,  e  fets  los  assignar  cerl 
loch  covinent  en  la  ciutal  hon  stian  apartáis.  Sin  embargo  no  aparecen  por  enton- 
ces más  indicios  ni  tampoco  resultados  de  semejante  inmigración,  que  hubo  de 
ser  pasajera,  confirmándose  con  esto  mismo  la  aseveración  del  texto. 


w 


ISLAS      BALEARES  233 

servido  á  las  otras  de  remedio,  á  haber  sido  diferentes  las  cua- 
lidades del  soberano  que  hizo  estancia  en  ella  durante  cuatro 
meses.  Huyendo  de  la  peste  que  cundía  por  la  península,  aportó 
á  Sóller  Juan  I  con  su  esposa  y  su  hija  y  su  hermana  (i),  y  con 
multitud  de  barones  y  damas  y  caballeros  que  llenaban  cuatro 
galeras,  en  la  mañana  del  i8  de  Julio  de  1395;  y  el  mismo  día 
fueron  á  Buñola  y  al  otro  á  Valldemosa,  desde  cuyo  palacio, 
aún  no  trocado  en  Cartuja,  trasladáronse  al  castillo  de  Bellver, 
dando  una  semana  á  la  ciudad  para  prepararle  la  solemne  en- 
trada. Verificóse  ésta  el  28  por  la  tarde,  seguida  de  cuatro  días 
de  lucidas  fiestas  en  que  ostentaron  sus  danzas  todos  los  oficios 
y  clases,  y  de  uno  de  espléndidas  justas  que  ofrecieron  los  jura- 
dos, vistiendo  á  treinta  personas  de  tela  de  oro  y  terciopelo 
partido  con  paño  azul  de  Florencia.  El  gravamen  de  los  apo- 
sentamientos, las  extorsiones  de  los  cortesanos,  la  venalidad  de 
los  oficiales,  acrecentaron  los  vejámenes  é  injusticias  que  habían 
venido  á  reparar;  fueron  presos  á  causa  de  su  protesta  los  jefes 
de  varios  gremios  y  los  notarios  que  la  extendieron;  y  por  no 
oir  tales  querellas  el  indolente  rey,  volvióse  á  Bellver,  sitio  más 
favorable  para  sus  cacerías  y  para  los  saraos  de  la  reina,  cuya 
desmedida  afición  á  los  placeres  era  aún  menos  funesta  que  su 
inmixtión  perturbadora  en  el  gobierno.  Vendíanse  los  arbitra- 
mientos, las  amnistías,  las  cédulas  frecuentes  sobre  todo  al  final 
de  la  temporada,  si  es  que  el  bando  dominante  con  un  donativo 
de  cien  mil  florines  no  compró,  más  que  estos  públicos  benefi- 
cios, su  continuación  en  el  poder  (2):  quien  más,  quien  menos, 


(i)  Era  ésta  la  infanta  Isabel,  habida  por  el  rey  D.  Pedro  en  su  cuarta  esposa 
Sibilia,  y  casada  en  14Ó7  con  Jaime  conde  de  Urgel,  cuyas  pretensiones  al  trono 
fomentó  ambiciosamente.  De  las  dos  hijas  de  Juan  I  sólo  vino  la  menor,  Violante 
como  su  madre,  desposada  ya  á  los  catorce  años  con  Luís  duque  de  Anjou,  pre- 
tendiente al  reino  de  Ñapóles :  la  mayor,  Juana,  nacida  del  primer  enlace  del  rey 
con  Matha  de  Armagnac,  había  ya  casado  con  Mateo  conde  de  Foix. 

(a}  Parece  distinto  este  donativo  de  la  multa  de  ciento  veinte  mil  florines  im- 
puesta en  julio  de  i  392,  y  aun  es  de  sospechar  que,  además  del  que  dieron  para 
sostenerse  los  gobernantes,  se  prometió  otro  de  ciento  y  cuatro  mil  florines  para 
30 


234 


ISLAS      BALEARES 


era  en  aquella  corte,  en  eso  de  hacer  oro,  alquimista  más  acre- 
ditado que  el  Jaime  Lustrach,  que  por  cuenta  del  monarca  y 
luego  de  su  sucesor  trabajó  años  enteros  dentro  de  la  torre  del 
Ángel  en  la  obra  mayor ^  es  decir,  en  el  descubrimiento  de  la 
piedra  ñlosofal  (i).  Sin  entrar  ya  en  la  ciudad,  con  visos  más 
de  fuga  que  de  cortés  despedida,  bajó  del  castillo  en  1 8  de  No- 
viembre á  embarcarse  en  Portopí  el  poco  amado  amador  de 
gentileza^  dejándose  por  un  par  de  meses  su  cancillería  en  el  es- 
quilmado país. 

Luto  oñcial,  y  nada  más,  acompañó  pues  á  los  funerales  ce- 
lebrados en  Mallorca  por  la  desgraciada  muerte  del  rey  cazador 
en  29  y  30  de  Mayo  del  año  siguiente  (2) ;  pero  algún  temor 
hubo  de  infundir  en  Octubre  á  los  nuevos  regidores  la  llegada 
de  un  delegado  á  nombre  de  la  reina  María,  regente  en  ausen- 
cia de  D.  Martín  su  esposo,  á  cuyas  indagaciones  se  opusieron 
los  jurados.  Apenas  sabida  la  vuelta  del  nuevo  soberano  á  su 
reino  desde  el  de  Sicilia,  embarcáronse  para  Barcelona  en  6  de 
Abril  de  1397  hasta  cincuenta  personas  de  todos  estamen- 
tos (3)  so  color  de  felicitarle,  y  con  el  positivo  objeto  de  obte- 
ner el  restablecimiento  del  buen  régimen^  que  no  era  otro  que 
el  que  había  ejercido  su  bando  sobre  la  isla  hasta  las  últimas 


obtener  la  remisión  general  otorgada  en  2  de  Noviembre  del  9$.  Asi  se  despren- 
de del  texto  de  Salzet,  que  añade :  la  ierra  havia  final  tol  ab  lo  dó  dessus  dit. 

(i)  De  este  alquimista  francés  y  del  coste  de  sus  experimentos  existen  curio- 
sas noticias  en  las  cuentas  de  la  procuración  real  de  i  395  y  i  3991  según  las  cua- 
les tuvo  la  confianza,  no  sólo  de  Juan  1,  sino  del  rey  Martín  que  acabó  por  hacerle 
prender. 

(3)  No  se  explica  cómo  pudo  el  diligente  Zurita  equivocar  de  un  año  el  falle- 
cimiento de  Juan  1,  ocurrido  en  19  de  Mayo  de  i  396,  y  suponerlo  en  i  395,  des- 
quiciando para  ello  el  orden  de  los  sucesos  y  el  curso  de  sus  anales,  é  induciendo 
en  error  á  los  escritores  de  Mallorca,  que  contra  la  fe  de  innumerables  documen- 
tos adelantan  al  1 394  la  venida  del  monarca. 

(3)  Nombra  entre  ellos  Salzet,  inclinado  al  parecer  á  aquel  partido,  á  Tomás 
Des  Bach,  á  Bernardo  Febrer,  á  Berenguer  de  Tagamanent,  á  Jorge  y  á  Guillermo 
de  Sant  Johan,  á  Gregorio  Burgués,  todos  caballeros  ó  donceles,  indicando  los  ha- 
bía también  mercaderes,  notarios  y  menestrales.  Acaso  luchaban  estas  influencias 
con  las  de  Ortiz  de  Sant  Martí,  Pedro  Valcntí  y  Galcerán  Malferit,  enviados  con 
esta  ocasión  por  parte  de  la  universidad. 


ISLAS      BALEARES  2^5 

revueltas.  Favorable  á  estas  pretensiones,  llegó  el  3 1  de  Agos- 
to con  no  usado  título  de  virrey  y  amplísimos  poderes  el  noble 
Hugo  de  Anglesola,  quien  sin  perder  de  vista  por  un  instante 
el  proyecto  de  una  formidable  expedición  á  Berbería  á  fin  de 
castigar  los  insolentes  desembarcos  de  la  morisma,  halló  tiempo 
para  trazar  y  expedir  su  famosa  pragmática  de  10  de  Junio 
de  1398,  dando  al  gobierno  más  estabilidad  que  todas  las  dicta- 
das hasta  entonces  por  los  reyes,  mediante  la  creación  de  con- 
sejos parroquiales  y  un  sistema  mixto  de  votación  y  sorteo  (i), 
y  poniéndolo  de  pronto  en  manos  de  los  amigos  de  Sa-garriga. 
Otra  muy  importante  sobre  administración  de  justicia  firmó 
todavía  en  3 1  de  Julio,  dos  días  antes  de  hacerse  á  la  vela  con 
cinco  galeras  mallorquínas  para  juntarse  con  las  nueve  de  Va- 
lencia mandadas  por  Jofre  de  Rocaberti  su  cuñado,  formando 
aquella  armada  sania  que  tuvo  en  las  costas  africanas  tan  des- 
dichada suerte.  Iba  fletada  una  de  las  cinco  por  los  menestrales 
de  la  capital,  otra  por  los  payeses  al  mando  del  joven  Pedro 
Moscaroles;  patrón  de  la  capitana  era  Juan  Des  Bach  jurado 
militar  aquel  año  (2).  Tomaron  en  27  de  Agosto  é  incendiaron 
á  Tedeliz  (Tedies)^  cautivando  á  sus  habitantes;  pero,  sorpren- 
didos al  otro  día  en  corto  número  con  algunos  principales  el  vi- 
rrey y  Des  Bach  por  innumerable  muchedumbre,  quedaron  ten- 
didos en  el  campo  de  batalla.  Todo  aquel  ejército  de  siete  mil 
quinientos  combatientes  en  que  no  se  contaban  sino  cuatrocien- 
tos hombres  de  armas,  toda  aquella  escuadra  de  setenta  velas, 
se  dispersó,  faltándole  tiempo  para  volver  á  sus  puertos;  y  sin 
embargo,  al  tornar  al  año  siguiente  el  mes  de  Agosto,  púsose 
el  lugarteniente  Montagut  al  frente  de  una  nueva  flota,  que 
unida  con  la  valenciana,  dio  un  total  de  noventa  y  cuatro  em- 


( 1 )  Para  dar  á  conocer  mejor  ésta  que  rigió  casi  por  medio  siglo  como  ley  fun- 
damental del  estado,  remítome  al  detallado  examen  que  hice  de  ella  en  el  cap.  IV 
de  Forenses  y  Ciudadanos,  Complemento  de  esta  pragmática  fué  la  dada  por  el 
mismo  Anglesola  en  2  a  de  Junio  sobre  reforma  de  salarios. 

(2)  Hijo  de  Tomás  que  había  muerto  á  fines  de  Marzo,  y  casado  con  otra  nieta 
de  Pedro  Safortesa,  Johaneta  Burgués,  hermana  de  Gregorio. 


I 


236 


ISLAS      BALEARES 


barcaciones  entre  grandes  y  pequeñas,  correspondiendo  á  este 
número  el  de  la  gente  que  contenían.  No  presidió  mejor  orden 
á  ésta  que  á  la  anterior  jornada  en  el  combate  del  2  de  Setiem- 
bre junto  á  Bona:  en  la  confusión  de  la  retirada  ante  el  poder 
de  tres  reyes  moros  que  creyeron  se  les  caía  encima  (1),  per- 
dieron cien  hombres  los  mallorquines  y  el  capitán  Ramón  de 
Sant  Martí  al  bravo  Ortiz  su  hermano  hallado  sin  cabeza  entre 
los  cadáveres,  y  desavenidos  con  los  de  Valencia  y  entre  ellos 
mismos,  regresaron  sin  hacer  cosa  de  provecho  en  los  ataques 
de  Alcoll  y  Gíger. 

No  eran  á  propósito  para  calmar  discordias  y  recriminacio- 
nes de  partido  y  acallar  el  descontento  general  tan  continuas 
derrotas  y  quebrantos,  que  en  vez  de  gloriosos  triunfos  y  ricas 
presas  retribuían  aquellos  enormes  sacriñcios:  llegó  entonces  á 
su  colmo  la  división  lamentada  por  el  andariego  fray  Turmeda 
en  las  coplas  que  nos  dejó  como  histórico  á  la  vez  que  como 
literario  monumento  (2).  A  Montagut,  ó  más  bien   á  su  princí- 


(i)  Así  lo  cuenta  Salzet,  que  hace  subir  los  moros  á  treinta  mil,  entre  ellos 
seis  ó  siete  mil  de  á  caballo. 

(2)  Impresas  bellamente  en  letra  gótica  años  pasados  por  el  distinguido  bi- 
bliófilo D.  Mariano  Aguiló,  suministran  copiosos  detalles  sobre  la  sociedad  y  cul- 
tura mallorquinas.  Mallorca,  personificada  en  una  regia  matrona,  habla  al  discreto 
fraile  y  le  encarga  un  mensaje  de  conciliación: 


Mos  fiyls  desobedients 
Ais  estranys  m'  an  subjugada. 
Per  los  lurs  mals  regiments 
Concordia  han  gitada, 
E  fortment  V  an  avilada 
Del  regne  ab  desonor, 
E  sa  germana  amor 
Ab  trompas  V  an  bandejada. 

Deus  beneyt  omnipotent 
Ordena  que  fos  regina, 
Feume  cap  de  molta  gent 
E  de  valor  fuy  garnida : 
E  are  pobre  mesquina 
A  tot  hom  só  en  desalt. 
De  ma  gloria  sus  alt 


Cayguda  so  en  sentina. 
No  se  per  quina  rahó 
Los  meus  fiyls  m'  an  avorrida, 
Xe  perqué  divisió 
Entre  ells  es  establida. 

Vullats  los  amonestar 
Que  amor  entre  ells  haja; 
L'  enveja  del  popular 
E  deis  grans  defora  vaja; 
E  ccyll  qui  es  de  gran  paratje 
Port  al  pobre  gran  amor. 
No  íaent  may  desonor 
A  nuil  hom  de  son  linatje. 


Citando  á  Salomón  y  á  Aristóteles,  parece  inclinarse  Turmeda  al  régimen  aris- 
tocrático :  sin  embargo  observa  sensatamente: 


ir 


ISLAS      BALEARES  237 

pal  Ramón  de  Abella,  sucedió  en  el  gobierno  de  la  isla  Roger 
de  Moneada,  á  quien  se  dio  por  siete  años,  y  que  tuvo  reñidas 
competencias  con  la  jurisdicción  eclesiástica,  hasta  llegar  á  un 
entredicho.  Á  la  mitad  del  1401  fueron  suspendidos  de  real 
orden  los  jurados  á  cuyo  frente  estaba  Bernardo  Febrer,  y  sub- 
rogados otros,  con  Ramón  de  Sant  Martí  por  cabeza,  que  ri- 
gieron todo  el  1402;  los  de  1403  entraron  por  nombramiento 
de  la  corte,  no  al  tenor  de  lo  establecido  por  la  pragmática  de 
Anglesola.  En  esto  sobrevino  en  la  siniestra  noche  del  14  de  Oc- 
tubre de  este  último  año  la  espantosa  avenida  de  la  Riera,  que 
derribando  la  muralla  y  derramándose  por  la  Rambla,  Merca- 
do y  Borne  y  por  las  calles  confluyentes  á  derecha  é  izquier- 
da, inundó  la  parte  baja  de  las  parroquias  de  San  Jaime,  San 
Miguel,  San  Nicolás  y  Santa  Cruz,  y  llevóse  al  mar,  mezclados 
con  escombros,  muebles  y  toda  suerte  de  riquezas,  miles  de  ca- 
dáveres que  se  recogieron  por  las  costas  de  levante  y  de  po- 
niente. Ante  aquel  espectáculo  aterrador  de  cinco  mil  víctimas 
y  de  más  de  mil  quinientas  casas  hundidas,  recordóse  el  oráculo 
del  Evangelio  omne  regnum  in  se  divisum  desolabiiur;  y  en  un 
arranque  de  patriotismo  acudieron  al  consistorio  en  la  tarde 
del  6  de  Diciembre  á  reconciliarse  gobernantes  presentes  y  pa- 
sados, acordando  consultar  al  rey  mediante  una  embajada  si 
habían  de  regirse  por  la  reciente  pragmática  ó  por  la  antigua 
franqueza  (i).  Decidióse  el  monarca  por  lo  segundo,  reserván- 
dose empero  por  aquella  vez,  como  de  costumbre,  la  designa- 
ción de  los  jurados,  entre  los  cuales  no  podía  menos  de  figurar 


Los  grossos  que  han  á  tractar  Per  ells  sia  comportada 

La  gent  que  'Is  es  comanada,  La  Uur  possibilitat; 

No  la  vuUen  carregar  Axí  faent  T  amistat 

Tant,  que  cayga  la  somada :  Entre  ells  haurá  durada. 

(1)  Con  este  objeto  partieron  á  Valencia  el  33  de  Diciembre  los  caballeros 
Ramón  de  Sant  Marti  y  Berenguer  Tagamanent,  y  Guillermo  Malferit  de  Inca,  con 
el  notario  Pedro  de  Sant  Pere.  Hijo  del  primero  era  Ramón  de  Sant  Martí  el  joven, 
jurado  en  cap  el  siguiente  año. 


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ISLAS      RALEARES 


el  mercader  Juan  Sallambé,  incesante  urdidor  de  intrigas  y  ór- 
gano imprescindible  de  mensajes. 

Quedó  reducida  la  concordia  á  las  funciones  con  que  se  ce- 
lebró en  la  Seo ;  y  aunque  pareció  inspirado  por  ella  el  famoso 
contrato  santo,  estipulado  en  pleno  consejo  á  27  de  Mayo 
de  1405,  por  el  cual  se  consignaron  á  los  acreedores  así  cata- 
lanes como  del  país,  para  el  pago  de  sus  censos  y  gradual 
amortización  de  capitales,  todos  los  impuestos,  gabelas  y  dere- 
chos, de  donde  vino  la  consignación^  carcoma  inextinguible  de 
la  tierra  que  se  devoró  durante  cuatro  siglos  á  sí  misma,  ni  si- 
quiera pudo  avenirse  consigo  la  juraría  de  aquel  año.  En  mar- 
cada disidencia  con  sus  cuatro  compañeros  andaban  el  ciudada- 
no Juan  Sa-flor  médico  y  el  artesano  Francisco  Vives  (i);  y  por 
éstos  ó  por  su  fracción,  si  á  alguna  pertenecían,  hubo  de  llegar 
el  desorden  administrativo  á  noticia  del  primogénito  de  Aragón 
rey  de  Sicilia,  al  aportar  en  8  de  Agosto  á  estas  playas  de 
vuelta  á  su  reino  desde  Barcelona  donde  había  visitado  á  su 
padre.  Después  de  descansar  el  domingo  en  su  palacio  por 
cuya  puerta  secreta  se  introdujo,  hizo  el  lunes  10  su  entrada 
pública,  saltando  á  tierra  frente  á  Santa  Catalina,  en  cuya  capi- 
lla oró  un  rato,  y  desde  allí  precedido  por  los  pendones  de  los 
gremios  y  del  regio  estandarte  puesto  en  manos  del  jurado  Sa- 
flor,  y  cabalgando  debajo  de  palio  que  sostenían  caballeros  y 
ciudadanos,  penetró  por  la  puerta  Pintada  en  la  ciudad,  cuyas 
leyes  y  franquicias  se  detuvo  antes  á  jurar  en  el  huerto  de  Pa- 
rellada.  Solícito  del  buen  gobierno  mostróse  el  joven  Martín, 
pues  no  bastaron  las  tres  justas  con  que  fué  obsequiado  delante 
del  alcázar,  la  primera  y  tercera  con  escudo  redondo  y  con  es- 
cudo largo  la  segunda,  ni  las  danzas  y  conciertos  á  que  estaban 


(i)  Eran  los  otros  Raimundo  Sa-fortesa  jurado  militar  que  siendo  Burgués  de 
linaje  tomó  el  de  su  abuelo  materno  Pedro  Sa-fortesa,  Juan  Vivot  ciudadano  muy 
metido  en  negocios  y  especulaciones,  y  Juan  Cunilleras  (quizá  el  detenido  en 
Bellver  con  Sa-fortesa  en  1391)  y  Juan  Des-Pí,  ambos  por  el  brazo  de  merca- 
deres. 


ISLAS      BALEARES  239 


convocados  muy  anticipadamente  todos  los  juglares  de  la  isla^ 
para  distraerle  del  remedio  de  la  cosa  pública,  suspendiendo  al 
gobernador  Moneada,  excluyendo  del  consejo  á  la  reciente  hor- 
nada de  personas  metida  en  él  arbitrariamente,  y  reduciendo  á 
treinta  y  dos  mil  florines  los  cuarenta  y  nueve  mil  de  la  talla 
por  haberse  cargado  indebidamente  el  resto  en  provecho  de  la 
bandería  llamada  de  Bernardo  Febrer,  enredos  que  acabaron 
de  patentizarse  con  la  muerte  repentina  de  Sallambé. 

Antes  de  los  tres  meses  volvió  de  Barcelona  Moneada  re- 
puesto en  su  destino;  y  mezcladas  con  recelos  de  invasiones 
berberiscas  y  con  prevenciones  de  fortificar  á  Andraig  y  de 
reparar  los  muros  de  la  capital  y  los  castillos  de  la  isla,  conti- 
nuaron las  reyertas  de  costumbre,  acrecentadas  con  los  enor- 
mes gastos  de  defensa  y  de  carestías  y  de  galeras  al  rey  pres- 
tadas para  la  interminable  reducción  de  Cerdefla.  Viva  oposición 
en  el  consejo  halló  el  subsidio  propuesto  por  el  gobernador,  de 
poco  más  de  medio  por  ciento  sobre  los  bienes  (i),  por  parte 
de  poderosos  caballeros  y  hábiles  jurisperitos,  que  en  número 
de  treinta  tuvieron  por  cárcel  el  consistorio  algunos  días;  y  tal 
inquietud  acompañaba  á  la  renovación  de  oficios  que  á  fin 
del  1407  debía  verificarse,  que  por  dos  veces  se  plantaron  en 
la  plaza  de  Cort  las  horcas  y  el  tajo  y  la  segur  para  terror  de 
los  que  amenazaban  perturbar  las  elecciones.  No  reinaba  en  las 
villas  mayor  sosiego,  pues  por  concitador  de  alborotos,  median- 
te un  pasquín  fijado  en  un  pilar  de  la  cuartera  de  Inca,,  murió 
ahorcado  en  1 408  Francisco  Nicolau ;  escarmiento  que  se  repi* 
tió  allí  mismo  más  adelante  por  análogo  delito,  de  orden  del  im- 
placable Pelayo  Uniz,  en  Berenguer  Malferit  respetable  vecino.  A 
Manacor  traían  revuelta  las  falsedades  del  notario  Francisco  Sa- 
bater.  En  esto  llegaron  noticias,  una  tras  otra  con  breve  intervalo, 
del  fallecimiento  de  los  dos  Martines,  hijo  y  padre,  que  acabando 


(ij    Un  sueldo  dos  dineros  por  cada  diez  libras,  ó  sea  once  sueldos  ocho  dine- 
ros por  centenar. 


240  ISLAS      BALEARES 


con  la  dinastía  de  Jaime  I  abría  espantoso  vacío,  á  cuyo  alrede- 
dor se  formó  un  hervidero  de  ambiciones.  Suspendióse  durante 
el  interregno  la  elección  de  jurados,  síndicos  y  oficiales  así  de 
la  ciudad  como  de  la  isla,  y  en  Alcudia  como  en  otros  pueblos 
levantó  tumultos  la  impaciencia  de  mudanza.  Llenaba  las  veces 
de  Rogerio  de  Moneada,  que  había  cumplido  su  setenio,  Pelayo 
Uniz,  hijo  de  Ñuño  por  tantos  años  alcaide  de  Bellver,  mozo 
apasionado  y  violento,  que  ejercía  sobre  el  consejo  una  presión 
despótica,  deteniéndolo  en  sesiones  permanentes  toda  la  noche, 
y  declarando  crímenes  de  lesa  majestad  las  querellas  presenta- 
das contra  sus  actos.  Sin  embargo,  tan  enconadas  rencillas  no 
transpiraron  en  la  cuestión  dinástica,  gracias  al  juramento  que 
el  respetable  Arnaldo  Des-Mur,  sabida  apenas  la  vacante  del 
trono,  propuso  exigir  á  las  autoridades,  de  mantener  el  reino  á 
disposición  del  monarca  que  resultase  elegido  en  justicia,  com- 
prometiéndose á  reconocer  su  derecho.  Al  tratarse  de  nombrar 
representantes  por  Mallorca  con  objeto  de  concurrir  al  solemne 
fallo,  fijáronse  naturalmente  las  miradas  en  el  íntegro  juriscon- 
sulto, designado  ya  en  vida  del  difunto  rey  para  formar  parte 
del  consejo  que  había  éste  reclamado  en  el  arduo  negocio  de  la 
sucesión  á  la  corona;  y  mientras  pudo  aplazarse  la  honrosa  co- 
misión, negóse  á  admitirla,  saliendo  al  fin  nombrado  en  3  de 
Abril  de  141 1,  por  el  método  de  la  restablecida  pragmática  de 
Anglesola,  juntamente  con  el  caballero  Berenguer  de  Tagama- 
nent  y  con  el  forense  Jaime  Albertí  de  Inca.  Tanto  pudo  la  legal 
actitud  de  un  hombre  solo  para  preservar  la  isla  de  sus  intrín- 
secos elementos  de  desorden  y  de  las  influencias  agitadoras  del 
continente  durante  aquella  peligrosa  crisis! 


CAPITULO  V 


Mallorca  bajo  la  dinastía  castellana  de  los  dos  Fernandos 
1412-1516 


O,  ABADO  2  de  Julio  de  141 2  se  pregonó  ya  en  la  ciudad  y 
J^^ celebróse  con  luminarias  la  proclamación,  hecha  el  martes 
anterior  en  Caspe,  de  D.  Fernando  infante  de  Castilla  por  rey 
de  Aragón,  como  nieto  por  su  madre  de  Pedro  IV;  y  aunque 
no  fuese  á  gusto  de  todos  la  sentencia  arbitral,  tomáronse  me- 
didas desde  el  día  siguiente  para  cerrar  la  salida  é  impedir  la 
resistencia  á  los  descontentos  (1).    El  orden  material    no  se 


(i)  Dato  notable  suninistran  de  que  los  hubo  las  siguientes  noticias  tomadas 
del  archivo  de  la  Procuración  real :  A  lll  juriol  MCCCCXII  el  lochtinent  de  gover- 
nador  trames  letras  á  Soller  ab  aecret  e  des/ressada  per  escorcollar  los  homens  gui 
sen  anavan  del  port  en  Catalunya,  com  /os  denunciai  al  dit  lochtinent  que  sen  por- 
lavan  alguns  algunas  escripturas  contrarias  d  la  determinado  fahedora  del  rey  e 
senyor^  e  de  metre  divis  entre  los  oficiáis  e  lo  poblé,—  ítem  dit  dia  el  dit  governador 
trames  i  Soller  un  correu  cuytat,  perqué  sabuda  la  bona  nova  de  la  determinado  de 
rey^  fossen  detengudas  algunas  fustas  que  hi  havia,  perqué  alguns  d  qui  despieya 

3« 


242  ISLAS      BALEARES 


turbó,  y  para  restablecer  el  moral,  quebrantado  por  tan  pro- 
fundas discordias  y  estragadas  costumbres,  tratóse  por  especial 
negociación  del  obispo  de  llamar  al  insigne  apóstol,  que  en 
extinguir  las  unas  y  reformar  las  otras ,  no  menos  que  en  la 
misión  suprema  de  dar  un  rey  á  la  nación,  acreditaba  entonces 
irresistible  eficacia.  Llegó  el  maestro  Vicente  Ferrer  en  i .°  de 
Setiembre  de  141 3,  acogido  más  que  con  alborozo  con  verda- 
dero culto,  y  la  lluvia  que  al  tercer  día  de  su  predicación  atrajo 
sobre  la  agostada  tierra  fué  prenda  del  efecto  que  iba  á  obrar 
en  los  corazones  el  rocío  de  su  palabra:  no  cesaron  en  un  mes 
dentro  de  la  ciudad  los  sermones,  las  rogativas,  las  procesiones 
nocturnas,  las  flagelaciones  generales,  y  recorriendo  enseguida 
el  llano  y  la  montaña,  no  quedó  villa  ni  aldea  donde  no  resonase 
su  voz  apocalíptica ,  ni  iglesia  que  aún  no  ostente  entre  sus  an- 
tigüedades el  carcomido  pulpito  bendecido  por  el  santo.  Tem- 
plos y  calles  y  campiñas  están  llenos  de  tradiciones  milagrosas 
relativas  al  taumaturgo  valenciano,  que  no  se  despidió  de  Ma- 
llorca hasta  el  22  de  Febrero  siguiente,  reclamado  con  urgencia 
por  el  monarca. 

Memoria  de  conversiones  en  masa  no  la  dejó,  á  no  ser 
tocante  á  siervos  emancipados  que  ejercían  los  más  rudos 
oficios  (i),  y  aun  á  esclavos  cuyo  desenfreno  solía  correr  pa- 


dita  determinación  no  sen  poguessen  anar.  Qué  escrituras  fuesen  estas  y  quién  y 
cómo  pretendiese  utilizarlas,  no  se  adivina.  Mut  indica  sin  fundarlo  que  los  fo- 
renses en  el  consejo  se  recelaban  de  los  amigos  del  gobernador  Moneada,  quien 
se  había  declarado  en  Barcelona  parcial  del  conde  de  Urgel ;  pero  ausente 
desde  1408,  no  debía  conservar  grande  influjo  en  la  isla,  fuera  de  la  cual  murió 
en  7  de  Noviembre  de  141  3.  Es  también  verosímil  que  el  obispo  D,  Luís  de 
Prades,  defendiendo  las  pretensiones  de  su  tío  Alfonso  duque  de  Gandía,  y  luego 
las  de  su  padre  Juan  conde  de  Prades  que  por  muerte  de  su  hermano  las  hizo 
valer  en  el  congreso  con  muy  poca  fortuna,  incurriese  en  desagrado  de  la  nueva 
dinastía,  bien  que  después  de  la  proclamación  de  Fernando  I  volvió  á  su  diócesis 
en  141?  acompañando  asan  Vicente  Ferrer.  No  continuó  en  ella  muchos  años, 
pasando  los  últimos  en  Roma  donde  murió  en  1429,  mientras  tanto  que  la  admi- 
nistraba desde  Valencia  por  medio  de  vicarios  generales  D.  Alfonso  de  Borja,  más 
adelante  papa  con  el  nombre  de  Calixto  III.  Era  tío  D.  Luís  de  la  segunda  esposa 
del  rey  Martín  de  Aragón,  Margarita  de  Prades. 

(1)    El  de  ganapanes  expresa  fray  Diago,  á  quien  objeta  Mut  no  era  costumbre 


ISLAS      BALEARES  243 

rejas  con  su  rigurosa  y  abyecta  sujeción :  de  judíos  nada  se 
dice,  y  no  porque  en  los  veinte  y  más  años  transcurridos  desde 
el  saqueo  del  Cali  y  casi  total  extinción  de  su  aljama  no  hu- 
biesen venido  de  fuera  bastantes  elementos,  atraídos  por  el  trá- 
fico ó  echados  de  otras  costas,  para  constituir  otra  nueva  al- 
jama, como  se  desprende  de  las  ordenanzas  expedidas  por 
Fernando  I  en  Barcelona  á  20  de  Marzo  de  aquel  mismo 
año  141 3.  Mándase  en  ellas,  á  los  judíos  de  Mallorca  expresa- 
mente, distinguirse  en  el  traje  y  vivir  apartados  en  barrio,  donde 
no  puedan  penetrar  las  mujeres  cristianas  ni  menos  servirles  ó 
lactar  á  sus  hijos;  y  se  les  prohibe  tener  fuera  de  él  tiendas  ó 
posadas,  y  el  uso  de  armas  y  de  alhajas  y  vestiduras  preciosas, 
y  el  título  de  Don^  y  el  oficio  de  barberos  y  de  sastres,  y  la 
procuración  y  arriendo  de  bienes  y  rentas  así  públicas  como 
particulares,  y  el  asistir  á  las  bodas,  exequias  y  convites  de  los 
fieles,  y  trocar  con  ellos  obsequios  y  presentes,  y  visitarles  y 
medicarles ,  y  pronunciar  las  maldiciones  prescritas  por  el 
Talmud,  y  poner  estorbo  á  la  conversión  de  sus  familias,  y 
hacer  prosélitos  entre  los  rudos  tártaros  y  otros  esclavos, 
y  sobre  todo  inducir  á  los  conversos  á  sabaiizar  y  reincidir, 
que  era  lo  más  temible ,  pues  se  habla  de  mujeres  bautizadas 
que  iban  á  Berbería  á  renegar  de  la  fe  y  volvían  cual  si  jamás 
la  hubieren  profesado  (i).  De  todas  maneras  debía  de  haber 
separación  marcada  entre  los  nuevos  y  los  antiguos  y  parsi- 
monia de  relaciones,  á  fin  de  evitar  sospechas  y  hasta  escar- 
mientos que  no  hubieran  escaseado  á  haber  sido  frecuentes  y 
probadas  tales  apostasías. 

Aparte  de  las  prevenciones  tomadas  en  la  isla  de  141 4 


quedarse  en  el  país  los  que  se  rescataban,  y  lleva  razón  por  lo  tocante  á  los  que 
permanecían  en  el  mahometismo,  pero  no  á  los  que  se  habían  bautizado  durante 
la  esclavitud,  ó  procedían  de  naciones  cristianas.  Hállase  mención  frecuente  en 
las  pasadas  edades  de  libertos  y  de  boris  ó  hijos  de  esclavo. 

(i)    Trae  estas  ordenanzas  Villanueva,  tom.  XXII  apénd.  IV:  habíalas  dado  ya 
á  conocer  por  extracto  el  paborde  Terrassa. 


244  ISLAS      BALEARES 

á  1415  contra  una  armada  portuguesa,  puesta  en  movimiento, 
se  decía,  por  la  desesperada  madre  del  desheredado  conde  de 
Urge! ,  Margarita  de  Montferrat,  que  mezclaba  sus  livianos 
planes  de  venganza  con  los  recuerdos  de  ser  hija  de  Isabel  de 
Mallorca  y  nieta  del  infortunado  Jaime  III,  no  llegó  aquí  la  cam- 
paña que  costó  el  afianzamiento  de  la  castellana  dinastía  sobre  las 
ruinas  de  la  catalana  su  competidora.  Á  caza  ya  de  coronas  á  la 
edad  de  16  años,  ancló  por  el  mes  de  octubre  anterior  en  Por- 
topí  el  infante  D.  Juan,  hijo  segundo  del  rey  Fernando,  pasando 
á  Sicilia  á  solicitar  la  de  Ñapóles  que  no  consiguió  de  Juana  II, 
y  en  cambio  de  la  cual  estábale  reservada  la  de  Navarra  con  la 
mano  de  Blanca  viuda  de  don  Martín  el  joven:  al  padre  empero 
impidieron  sus  dolencias  la  visita  á  este  reino  insular,  de  donde 
llamó  cinco  meses  antes  de  su  muerte  al  cirujano  francés  Este- 
ban Boyer  natural  de  Tolosa  con  grande  confianza  de  que  le 
curase.  El  gobierno  local  seguía  entregado  á  Pelayo  Uniz, 
aunque  conferido  en  propiedad  á  Olfo  de  Prócida,  sobrino  ó 
nieto  del  barón  del  mismo  nombre  que  lo  había  ejercido 
de  1366  á  1375;  para  poner  remora  á  la  llegada  del  goberna- 
dor halló  mil  medios  el  lugarteniente  en  su  estrecha  liga  con 
los  jurados  y  oficiales  de  la  universidad,  cuya  renovación,  fal- 
seado el  sistema  de  Anglesola  así  en  las  insaculaciones  como 
en  la  lectura  de  nombres  sorteados,  no  era  sino  aparente,  ence- 
rrando los  cargos  públicos  en  angosto  círculo  de  pandilla.  Jus- 
ticia, administración,  abastos  de  trigo,  empleos,  todo  era  de 
bandería:  manteníase  y  graduábase  el  hambre  con  sórdidas 
especulaciones,  la  tierra  se  despoblaba,  el  mar  pululaba  de  cor- 
sarios, dejábase  á  los  genoveses,  sin  permitir  resistencia  en  los 
naturales,  destrozar  é  incendiar  á  mansalva  el  puerto  (i).  No 


(i)  Turbó  este  desembarco  á  mediados  de  Julio  de  141 2  las  fíestas  que  se 
celebraban  por  la  elección  del  rey  Fernando,  y  que  por  razón  del  alboroto  hubie- 
ron de  prorrogarse  para  Setiembre.  Indícalo  un  edicto  del  gobernador  en  estos  tér- 
minos: E  la  dita  solemnitat  no  's  sia  fuscuda  fer  ladonchs  per  lo  adveniment  dolores 
de  las  naus  de  Jenoveses,  gui  ladonchs  vengueren  e  affogaren  lo  j>ort  de  Poriopi. 


ISLAS      BALEARES  245 

había  privilegio  incólume  ni  jurisdicción  acatada:  donde  no 
cabía  el  soborno,  se  allanaba  paso  la  violencia;  y  la  impunidad 
y  el  terror  brindaban  con  bien  diversa  perspectiva  á  amigos  y  á 
contrarios.  Suplicios,  tan  espantosos  en  la  oscuridad  de  la  noche 
y  en  el  secreto  de  las  cárceles,  como  á  la  luz  del  día  y  en  la 
plaza  ó  en  el  campo,  sirviendo  para  horcas  los  árboles,  y  para 
anegar  un  estanque  ó  un  pilón,  y  para  ayuda  de  ejecutor  la 
misma  autoridad,  presentábanse  en  variado  espectáculo  á  la 
ciudad  y  á  las  villas,  no  menos  que  á  la  maledicencia  por  pábulo 
el  honor  de  viudas  y  casadas  y  hasta  de  vírgenes  del  claustro, 
que  hacían  alarde  de  no  respetar  los  prepotentes  libertinos.  Tal 
es  el  resultado  de  la  información  tomada  en  Barcelona  á  ñnes 
del  1 416,  reinando  ya  Alfonso  V,  de  los  emigrados  ó  descon- 
tentos mallorquines  (i),  la  cual  no  tuvo  otro  que  se  sepa  para 
el  aborrecido  sustituto  que  su  simple  cesación  en  el  poder,  al 
presentarse  á  relevarle  el  principal,  entrado  ya  otoño  de  141 8. 

Halló  Olfo  de  Prócida  los  pueblos  de  la  isla  llegados  casi  á 
rompimiento  con  la  capital  de  resultas  de  los  nueve  dineros  por 
cuartera  añadidos  al  derecho  de  molienda,  hasta  el  punto  de  no 
presentarse  licitadores  al  nuevo  impuesto  en  las  plazas,  ni  en  el 
consejo  general  alguno  de  los  representantes  forenses,  que  en 
Sineu  se  reunieron  aparte  en  tumultuosa  asamblea ,  donde  no 
logró  reducirlos  el  jurado  en  jefe,  que  fué  en  busca  de  ellos, 
sino  mediante  la  supresión  del  recargo.  Lo  mismo  hubo  de  ha- 
cerse  con  los  cuatro  sueldos  por  libra  recién  impuestos  sobre  el 
paño.  El  nuevo  gobernador  cuidó  de  reproducir  edictos  suntua- 
rios y  de  poner  coto  al  número  de  esclavos,  haciendo  entre  los 
dueños  una  derrama  de  ocho  sueldos  por  cabeza  para  indem- 
nizar al  que  los  perdiera,  inutilizados  por  castigo  doméstico  ó 
condenados  á  mutilación  ó  muerte  por  sus  delitos;  pero  su 
atención  preferente  se  dirigía  á  poner  en  buen  pie  de  defensa  el 


(t)    Consta  en  el  archivo  del  reino  esta  información  de  72  hojas,  recibida  á 
diez  y  siete  declarantes. 


246  ISLAS      BALEARES 

reino,  y  á  tener  á  disposición  del  rey  Alfonso  las  galeras  ma- 
llorquínas para  los  vastos  designios  que  respecto  de  Italia  de- 
jaba éste  entrever,  muy  superiores  á  todo  lo  imaginado  hasta 
entonces.  De  paso  para  Cerdefta,  aportó  el  joven  soberano  con 
su  flota  en  17  de  Mayo  de  1420  á  la  ciudad,  donde  después  de 
dos  días  de  detención  en  el  castillo  de  Bellver  hizo  su  solemne 
entrada,  permaneciendo  hasta  el  3  de  Junio;  y  estos  días,  de 
pacífica  tregua  en  los  crónicos  disturbios,  como  que  se  vedó 
expresamente  usar  armas  y  promover  riñas  por  las  calles  du- 
rante la  real  estancia,  no  fueron  además  perdidos  para  Mallorca 
por  la  remisión  general  é  importantes  privilegios  (i),  firmados 
á  vuelta  de  sendas  apocas  por  cuantiosos  donativos. 

Pero  la  reducción  de  Cerdeña ,  la  expectativa  de  la  corona 
de  Ñapóles  adquirida  por  Alfonso  en  recompensa  del  socorro 
dado  á  la  sitiada  reina,  los  triunfos  que  más  que  nunca  enalte- 
cían el  nombre  aragonés  en  Italia,  cuyos  ecos  regocijaban  á  Ma- 
llorca, compensábanse  sobrado  con  la  incesante  alarma  soste- 
nida por  los  genoveses,  por  su  liga  con  el  duque  de  Milán ,  por 
sus  estragos  en  las  costas  de  Cataluña.  En  ausencia  de  Prócida, 
seguidor  tal  vez  de  las  expediciones  del  monarca,  gobernó  más 
de  dos  años  Jorge  de  Sant  Johan  apellidado  Serra  por  gravamen 
de  herencia,  y  desde  Mayo  de  1423  Berenguer  de  Olms,  ambos 
como  lugartenientes;  y  las  tenaces  carestías  de  aquellos  años, 
los  recursos  de  los  impuestos  absorbidos  por  la  consignación, 
las  alteraciones  de  pésimo  ejemplo  introducidas  en  el  contrato 
santo^  las  diferencias  sobre  cubrir  el  déficit  por  nuevas  gabelas 
ó  por  talla  (2),  perturbaban  el  sosiego  interior  indispensable 


(i)  Es  muy  notable  el  de  3  i  de  Mayo,  otorgando  que  no  puedan  ser  citados 
fuera  de  la  isla  los  naturales,  que  recaiga  exclusivamente  en  ellos  la  provisión  de 
los  benefícios  eclesiásticos,  cargos,  jurisdicciones  y  empleos,  que  sean  francos  de 
laudemios  en  su  primera  venta  los  edificios  reparados  después  de  los  estragos 
de  la  Riera,  que  sin  licencia  de  la  autoridad  puedan  los  abogados  defender  á  los 
reos,  y  varios  curiosos  capítulos  concernientes  al  ejercicio  de  la  medicina. 

(2)  Acerca  de  esto  tenía  sus  planes,  ó  al  decir  de  los  adversarios  sus  inte- 
reses, el  jurado  militar  Antonio  Castell,  que  debió  ser  hijo  del  que  tanto  figuró 


ISLAS      BALEARES  247 

contra  los  enemigos  de  fuera.  Marcábase  profundamente  la  di- 
visión entre  los  consejeros  de  la  ciudad  y  los  de  las  villas  que 
entraban  por  un  tercio,  no  sólo  en  la  asamblea  general  de  la 
cual  rehuían  los  segundos  hasta  el  punto  de  haberles  de  intimar 
la  asistencia  bajo  pena  de  muerte,  sino  en  el  consejo  menor  de 
treinta  donde  reclamaban  garantías  bastantes  para  impedir  da- 
ñosos acuerdos:  de  la  interpretación  judicial  del  capítulo  de  la 
pragmática  apelaron  los  síndicos  forenses  á  la  reina  regente,  y 
denegada  la  apelación,  temíanse  grandes  conflictos  por  el  mes 
de  Junio  de  aquel  año,  en  ocasión  de  llegar  noticia  del  inmi- 
nente riesgo  que  corría  en  Ñapóles  el  rey  Alfonso,  revocada  su 
adopción  por  Juana  II,  y  obligado  á  abandonar  su  presa.  Afta- 
dióse  la  voz  del  próximo  arribo  de  la  escuadra  genovesa  com- 
puesta de  veinte  galeras  y  diez  y  ocho  naves ;  y  fueron  convo- 
cados á  general  defensa  los  habitantes  de  la  isla,  y  se  levantó 
en  cada  villa  un  empréstito,  y  se  nombró  por  caudillo  un  vecino 
principal  y  por  capitán  de  Alcudia  en  razón  de  su  fortaleza  al 
caballero  Guillermo  de  Sant-Johan,  y  se  impuso  tregua  por  seis 
meses  á  los  bandos  y  discordias  locales  declarando  traidores  á 
los  que  la  infringieran,  y  mandóse  á  los  moradores  de  la  ciudad 
y  de  su  término  meterse  con  sus  familias  dentro  de  las  murallas 
para  resistir  á  todo  trance. 

Llamado  quizá  por  el  peligro,  acudió  en  persona  á  media- 
dos de  Noviembre  el  gobernador  Olfo,  que  en  vez  de  repeler 
invasiones,  hubo  de  presidir  acalorados  debates  y  domar  en  los 
consejeros  forenses  tenaces  resistencias  á  pagar  otras  cuotas 
que  el  tercio  de  costumbre,  mediante  un  riguroso  arresto  den- 


de  1 384  á  91,  no  precisamente  por  el  cambio  de  estamento,  vista  la  facilidad  con 
que  pasaba  del  uno  al  otro,  sino  por  el  período  de  años  transcurridos.  Dos  antes 
este  último  Antonio  Castell  sufría  una  especie  de  ostracismo,  pues  se  le  autorizó 
para  guardar  el  arresto  en  su  casa,  que  la  tenía  en  la  plaza  de  Cort  frente  á  la 
puerta  de  la  Sala,  señalándole  la  puerta  de  la  ciudad  por  donde  había  de  entrar 
indefectiblemente  y  el  itinerario  que  había  de  seguir,  por  la  puerta  de  Santa  Fe, 
por  el  Temple,  calle  de  S.  Francisco  (hoy  de  Lulio),  y  calle  de  Des-bach  (hoy  de 
San  Francisco). 


248  ISLAS      BALEARES 

tro  de  la  sala  en  una  cruda  noche  de  Febrero.  Todo  el  afto  1424 
residió  en  Mallorca,  hasta  acabar  allí  sus  días  en  25  de  Febrero 
del  siguiente,  por  cuya  vacante  vino  nombrado  en  propiedad 
Berenguer  de  Olms,  quien  aún  con  más  frecuencia  que  su  ante- 
cesor ejerció  por  sustitutos  el  cargo.  Las  disensiones  no  cejaban, 
y  en  1426  aparece  reemplazada  pasajeramente  por  el  antiguo 
régimen  de  franqueza  la  venerada  pragmática  de  Anglesola.  La 
suspensión  de  pagos  á  los  censalistas  catalanes,  ocasionó  fuer- 
tes reclamaciones,  que  lejos  de  dirimirse  por  la  concordia  de 
Barcelona  cinco  años  adelante,  suscitaron  nuevos  pleitos  por 
parte  de  los  acreedores  mallorquines,  lastimados  con  la  prefe- 
rencia á  los  extraños  concedida.  Y  como  si  no  bastase  la  des- 
avenencia en  lo  civil,  surgió  más  grave  en  lo  eclesiástico  á  la 
muerte  del  obispo  Prades,  cuando  proveída  la  silla  de  Mallorca 
por  el  papa  Martín  V  en  su  dimisionario  contrincante  á  la  tiara, 
Gil  Sánchez  Muñoz,  el  cisma  extinguido  en  la  iglesia  universal 
pasó  en  cierto  modo  á  esta  isla  con  el  nombramiento  casi  simul- 
táneo para  la  mitra,  de  que  hizo  gracia  el  legado  pontificio  Pedro 
de  Fox  á  fray  Galcerán  Albert  benedictino  de  Rípoll  (i).  Apo- 
yado por  la  autoridad  del  rey,  que  no  andaba  entonces  muy  ave- 
nido con  el  pontífice,  y  haciéndose  sordo  á  las  repetidas  bulas 
de  Roma,  tomó  el  monje  posesión  de  la  dignidad  y  del  palacio 
episcopal,  donde  permaneció  hasta  Abril  de  1431  con  la  ayuda 
de  sus  secuaces,  que  trataron  aún  de  oponer  resistencia  armada 
al  cumplimiento  de  los  mandatos  reales  expedidos  al  cabo  en 
favor  del  candidato  legítimo.  Todavía  se  retardó  dos  años  la 
llegada  de  Gil  Sánchez  Muñoz  que  ocupó  la  sede  hasta  1447. 


(i)  La  primera  bula  del  papa  en  favor  de  Sánchez  Muñoz  data  de  26  de  Agosto 
de  1429,  doce  días  después  de  la  renuncia  del  antipapa  á  que  no  hace  la  menor 
referencia:  poco  posterior  debió  de  ser  el  nombramiento  de  fray  Albert  por  el  le- 
gado, pues  en  1 6  de  Octubre  siguiente  ya  lo  indica  y  aprueba  el  monarca.  De  i  .**  de 
Noviembre  de  1430  es  la  segunda  bula  declarando  intruso  al  monje,  en  virtud  de 
la  cual  mandó  el  rey  en  4  de  Abril  de  143 1  al  gobernador  dar  posesorio  á  D.  Gil, 
aludiendo  á  resistencias  sin  especificarlas.  Pone  en  claro  el  P.  Villanueva  estos  he«- 
chos  de  que  tuvo  por  Bzovio  confusa  noticia  el  paborde  Terrassa,  llamando  Bel- 
trán  Albertí  á  Galcerán  Albert. 


ISLAS      BALEARES  249 

Por  segunda  vez  visitó  á  Mallorca  en  1432  Alfonso  V^  de 
camino  nuevamente  con  veinte  y  una  galeras  para  Italia,  detenién- 
dose solos  siete  días,  desde  3 1  de  Mayo  á  6  de  Junio,  que  em- 
pleó  en  reformar  varios  puntos  de  la  mal  recibida  concordia  del 
año  anterior  sobre  reducción  de  censos.  Gravámenes  traían 
siempre  á  la  isla  sus  viajes  y  los  de  sus  hermanos  los  inquietos 
infantes  de  Aragón,  así  en  1426  el  de  don  Pedro  procedente  de 
Cerdeña  para  dirigir  por  encargo  especial  del  rey  una  expedi- 
ción contra  Berbería,  como  en  1434  el  de  D.  Juan,  quien  baña- 
do todavía  con  la  sangre  del  cautivo  de  Játiva,  el  desheredado 
conde  de  Urgel  (i),  terció  en  las  querellas  locales  sobre  el  cía- 
variato  de  la  consignación,  y  no  se  descuidó  al  partir  para  Sici- 
lia de  reclamar  el  donativo  de  costumbre.  Al  año  siguiente  el 
descalabro  naval  de  Ponza  y  la  prisión  de  los  dos  reyes  de  Ara- 
gón y  de  Navarra  en  poder  de  los  genoveses,  motivaron  con 
mayor  premura  levas  de  gente,  armamentos  de  galeras,  reparos 
de  fortalezas  y  envío  de  caudales  con  exclusión  de  cualesquiera 
otras  atenciones;  y  más  todavía  que  Mallorca  hizo  un  solo  ma- 
llorquín, el  bravo  Salvador  Stelrich,  dando  en  reñido  combate 
su  vida  por  la  del  monarca,  que  recompensó  su  heroísmo  con 
espléndidos  funerales  (2). 

Señalado  bajo  más  feliz  concepto  fué  aquel  año  de  1435  P^^ 
la  definitiva  extirpación  de  la  sinagoga,  que  en  el  transcurso 
casi  de  medio  siglo  había  retoñado,  bien  que  no  con  la  lozanía 
de  antes,  en  el  mismo  barrio  probablemente  del  Cali,  no  de  se- 
guro en  las  familias  más  ó  menos  espontáneamente  cristianiza- 
das en  1 39 1.  De  fuera  procedían  los  nuevos  judíos  á  que  se  re- 


(i)  Sobre  este  cobarde  y  apenas  creíble  asesinato,  cometido  en  i.°  de  Junio 
de  143^  por  los  tres  hermanos  Juan,  Enrique  y  Pedro,  véase  la  historia  de  los 
condes  de  Urgel  por  Monfar. 

(2)  En  virtud  de  real  cédula  dada  en  Portvendres  á  1 2  de  Enero  de  1436,  ce- 
lebráronse en  la  Seo  á  2  $  de  Febrero  dichas  exequias,  que  costaron  más  de  7 1  li- 
bras en  el  túmulo  y  aparato  fúnebre,  en  un  paño  de  oro  prestado,  en  pintar  los 
blasones  del  difunto,  en  vestir  á  sus  parientes,  en  distribuciones  al  clero  y  limos- 
Das  á  los  pobres,  y  23  libras  1 1  sueldos  solamente  en  cera. 

3« 


2^0  ISLAS      BALEARES 

fíeren  las  ordenanzas  de  141 3,  y  á  los  cuales  se  atribuyeron,  en 
la  época  que  historiamos,  ciertos  escarnios  inferidos  por  semana 
santa  á  un  esclavo  moro  en  vilipendio  de  la  pasión  del  Salva- 
dor. Fueron  presos  después  de  pascua  dos  de  los  acusados  con 
la  maltratada  víctima  por  la  curia  del  obispo,  que  á  los  ocho 
días  los  soltó,  y  aunque  fué  para  caer  en  manos  del  tribunal 
civil  que  los  reclamaba,  cundieron  murmullos  de  que,  soborna- 
dos los  oficiales,  se  platearía  ó  doraría  la  justicia;  y  no  faltaban 
predicadores  que  desde  el  pulpito  atizasen  la  indignación  del 
pueblo.  Los  reos  denunciaron  á  otros  encarcelados  por  distinta 
causa,  y  alguno  providencialmente  á  sí  mismo  en  el  acto  de 
protestarse  inocente;  y  recayó  sentencia  de  muerte,  de  que  se 
retrajeron  los  eclesiásticos,  sobre  los  cuatro  principales,  que 
fueron  un  rabino,  Struch  Sibilí  (el  sevillano)^  Farig  el  giboso^  y 
Stellate  cabeza  de  la  judería.  Pidieron  bautismo  los  cuatro,  para 
trocar  quizá  el  suplicio  de  la  hoguera,  por  el  menos  terrible  de 
la  horca,  tomando  el  nombre  de  sus  padrinos,  Struch  por  ejem- 
plo el  de  Gil  Catlar,  y  el  giboso  el  del  prelado  Gil  Muñoz;  pi- 
diéronlo los  demás  presos  hasta  dos  docenas;  pidiéronlo  los  que 
en  sus  casas  quedaban  libres,  jóvenes  y  viejos,  hombres  y  mu- 
jeres, tanto  que  en  dos  días,  1 2  y  1 3  de  Mayo,  fueron  regene- 
radas en  la  pila  de  la  Seo  y  en  la  de  Santa  Eulalia  más  de  dos- 
cientas personas.  Trocóse  con  esto  en  lástima  la  furia  popular 
que  ya  amenazaba  allanar  la  cerca :  administróse  la  comunión  á 
los  sentenciados,  de  la  cual  tomó  pie  el  obispo  con  piadosa  es- 
tratagema para  recabar  del  lugarteniente,  que  era  á  la  sazón 
Juan  Des  Par,  que  se  retardase  la  ejecución  siquiera  tres  días; 
y  á  la  mañana  siguiente  las  lágrimas  de  las  recién  convertidas 
con  sus  hijos  en  los  brazos,  acompañadas  de  mujeres  de  todos 
estamentos,  y  los  gritos  de  misericordia  que  interrumpían  la 
misa  y  el  sermón  del  pastor  venerable,  no  cesaron  hasta  obte- 
ner gracia  general  y  completa.  Desde  la  sala  del  consejo  tenido 
en  el  alcázar,  jueces  y  reos  é  intercesores,  canónigos  y  frailes, 
caballeros  y  artesanos,  en  procesión  ó  en  tropel,  volvieron  á  la 


ISLASBALEARES  251 

catedral^  en  cuyas  bóvedas  jamás  resonó  más  alborozado  Te 
Deum.  Los  que  residían  fuera  de  la  ciudad,  los  que  se  halla- 
ron ausentes  de  la  isla  á  medida  que  desembarcaban,  todos  re- 
cibían el  agua  bautismal.  Con  tan  pacífica  y  conmovedora  esce- 
na acabó  en  Mallorca  el  judaismo,  que  medio  siglo  atrás  no 
habían  podido  extinguir  horribles  matanzas  y  violencias:  cesa- 
ron de  una  vez  los  ritos  hebraicos,  fueron  reducidos  á  cenizas 
de  orden  del  gobernador  los  talmudes  y  thoras  (i),  y  mezclá- 
ronse sin  notoria  diferencia  social  los  nuevos  conversos  con  los 
anteriores  y  con  otros  que  fueron  llegando  principalmente  de 
Valencia,  hasta  el  reinado  de  los  reyes  Católicos. 

Agotadas  en  Mallorca  las  rentas  del  real  patrimonio  con  las 
incesantes  demandas  de  Alfonso  V  (2),  hubieron  de  suplirlas  la 
universidad  y  los  particulares,  señalados  muchos  de  ellos  en 
servicio  de  aquel  monarca.  En  su  corte  figuraban,  revestidos  de 
altos  empleos  y  comisiones,  Francisco  Axaló,  Gabriel  Miralles, 
Juan  Valero,  y  más  adelante  Pedro  Pardo  caballero  aunque  de 
linaje  de  conversos;  y  para  las  guerras  de  Ñapóles  armaban 
galeras  Pablo  Sureda,  Juan  Catlar,  Tomás  Thomas  y  otros  no 
menos  distinguidos.  Tales  anticipos  al  rey  había  hecho  mosén 


(1)  En  el  libro  de  actas  del  real  patrimonio  en  dicho  año  consta  esta  partida: 
Á  XI  de  maig  pagut  d  un  basiat'x  qui  aporid  alguns  arneses  de  la  scolajudayca  den 
Struch  Xibili  apellat  Gil  Callar,  un  sou  quaire  diners.  Es  la  única  referencia  á  tan 
notable  suceso,  que  he  encontrado  hasta  aquí  en  los  documentos  coetáneos,  pues 
los  detalles  que  de  él  poseemos  son  debidos  á  una  memoria  de  la  época,  que  se 
guardaba  en  la  curia  episcopal,  de  donde  la  copió  más  tarde  hacia  i  S4^  ^1  maes- 
tro Benito  Espanyol,  conservando  el  texto  mallorquín,  en  un  libro  titulado  lít'slo- 
ria  defide  catholica,  que  legó  al  oratorio  de  Santa  Fe  y  al  gremio  de  curtidores. 
Acogióla  Mut  vertiéndola  al  castellano,  y  por  la  puntualidad  de  las  fechas  y  de  los 
nombres  de  las  autoridades  que  á  la  sazón  gobernaban,  tiene  el  carácter  de  legíti- 
ma, contra  los  escrúpulos  que  de  pronto  se  me  habían  ofrecido.  Lo  que  no  admite 
duda  es  que  la  sinagoga  se  cerró  definitivamente  en  14351  como  que  la  reina  doña 
María  eh  el  cap.  1  5.*  de  su  privilegio  dado  en  Monzón  á  i  o  de  Marzo  del  año  inme- 
diato, otorga  que  d'act  avant  no  fuga  haver  en  la  illa  cali  ne  sinagoga  de  jueus  ne 
habitar  algún  jueu  mes  de  XV  dias  sots  pena  de  confiscado  de  bens. 

(2)  Diez  mil  ducados  pedía  desde  Milán  y  luego  desde  Gaeta  á  su  procurador 
real,  que  sólo  pudo  mandarle  cinco  mil  florines,  empleándolos  de  orden  del  rey 
en  compra  de  2*; o  paños  (draps)  de  diversos  colores,  á  14  libras  la  pieza,  que  le 
remitió  con  destino  al  reino  de  Ñapóles. 


252  ISLAS      BALEARES 

Pedro  Catlar,  jefe  de  la  poderosa  familia  domiciliada  todavía  cin- 
cuenta años  antes  en  Massanella,  que  en  premio  pidió,  si  no  el  títu- 
lo de  marquesado  que  los  documentos  no  mencionan  y  que  era 
punto  menos  que  desconocido  en  aquel  tiempo,  al  menos  las 
rentas  y  prerrogativas  correspondientes  sobre  la  importante  villa 
y  dilatado  término  de  Llucmayor.  Resistiéronse  en  virtud  de 
los  antiguos  privilegios  y  aun  á  viva  fuerza  los  vecinos  á  reco- 
nocer otra  jurisdicción  que  la  real  y  á  doblar  la  cerviz  á  un  feu- 
dalismo hasta  allí  desconocido  en  Mallorca,  y  alcanzaron,  no 
sólo  el  sobreseimiento,  sino  la  anulación  de  la  merced,  pagando 
por  talla  un  donativo  igual  al  que  ofrecía  el  agraciado.  Por  más 
que  como  nunca  ardieran  en  bandos  los  pueblos,  hasta  el  punto 
de  abolirse  por  pregón  la  nota  de  bandolero  por  la  generalidad 
misma  de  su  aplicación  (i),  por  más  que  en  las  parroquias  de 
Alaró,  Muro  y  Petra  luchara  desde  años  atrás  con  la  influencia 
de  los  Sant-Johan  la  de  los  Catlars  mismos,  y  en  Petra  y  en 
Sineu  igualmente  que  en  Binisalem  se  riñieran  batallas  campa- 
les, no  llegaban  al  extremo  de  aceptar  por  señor  al  que  admi- 
tían y  solicitaban  en  la  capital  por  patrono  de  partido. 

Frustrada  su  ambición  en  este  punto,  la  enderezó  Catlar  á 
procurarse  el  gobierno  puesto  en  manos  de  sus  adversarios, 
mediante  un  sistema  mixto  que  vino  á  plantear  en  1439  el  se- 
cretario regio  Juan  Olzina;  pero  estrellóse  la  tentativa  en  el  em- 
peño por  la  universidad  contraído  de  defender  á  todo  trance  la 
santa  pragmática  y  de  sostenerla  en  su  integridad.  Insistió  el 
rey  á  instancia  de  los  descontentos  en  que  se  procediera  á  la 
formación  de  un  nuevo  régimen  pacifico  y  justo^  comisión  que 
por  encargo  de  los  jurados  hubo  de  desempeñar  el  gobernador 
propietario  Berenguer  de  Olms,  publicando  en  1440  a  13  de 
Diciembre  el  que  se  llamó  de  concordia  más  bien  por  su  objeto 
que  por  su  resultado.  La  idea  capital  del  legislador  fué  descon- 
certar con  la  intervención  de  la  suerte  las  ambiciones  é  intrigas 


(i)    Pregón  de  9  de  Junio  de  1435. 


ISLAS      BALEARES  253 

de  los  electores,  y  neutralizar  con  la  prudente  consulta  de  los 
votos  el  capricho  de  la  suerte ;  para  lo  cual  declaró  elegibles  á 
todos  los  vecinos  de  la  isla,  de  25  años  arriba,  que  conceptua- 
ran hábiles  el  gobernador  y  los  jurados,  inscribiendo  sus  nom- 
bres en  un  gran  registro,  patente  siempre  al  público  y  aumenta- 
ble  y  reformable  cada  trienio.  De  estas  listas  debían  extraerse 
por  sorteo  sesenta  y  tres  plazas  de  consejeros,  seis  por  el  brazo 
militar,  doce  por  cada  uno  de  los  restantes  de  la  ciudad,  y  vein- 
te y  uno  por  la  parte  forense;  cada  consejero  proponía  en  terna 
los  seis  jurados,  sorteándose  luego  entre  los  que  reunían  mayor 
número  de  votos,  fueran  ó  no  miembros  de  la  asamblea.  Los 
oñcios  generales,  reales  y  de  la  ciudad  habían  de  proveerse  por 
votación  casi  todos,  lo  mismo  que  las  embajadas  y  comisio- 
nes. 

Á  pesar  de  la  concordia  disponíanse  á  la  lucha ,  más  diver- 
gentes cada  día  y  más  compactos,  los  partidos  llamados  de  la 
Almudaina  y  del  Cali  según  el  barrio  que  habitaban  sus  je- 
fes (i);  de  aquel  lado  los  Suredas  y  Dametos,  de  éste  los  Des- 
Catlar,  Albertí  y  Puigdorfila ;  los  numerosos  vastagos  de  Pachs 
y  de  Sant  Johan  contaban  individuos  militantes  en  los  dos  ban- 
dos, y  bajo  su  respectiva  bandera  se  añliaban  no  sólo  casi  todas 
las  familias  notables,  sino  los  mismos  artesanos,  hallando  eco 
estas  rivalidades  en  los  habitantes  de  los  pueblos  y  campiñas. 
En  el  nuevo  régimen  ambas  fracciones  hallaban  cabida,  pero  no 
tanto  para  concillarse  como  para  hostilizarse:  los  amigos  de 
Catlar  hacían  renovar  la  compra  que  del  subsidio  y  gabela  de 
la  sal  habían  hecho  por  catorce  años  Arnaldo  Sureda,  Hugo 
de  Pachs  y  Albertín  Dameto,  picando  en  lo  más  vivo  su  honra;  y 
á  su  vez  el  consejo  por  veinte  y  siete  votos  contra  veinte  negaba 
á  Catlar  el  pago  de  la  suma  que  por  bien  de  la  concordia  ha- 


(i)  Catlar  en  su  casa  solariega  de  la  calle  del  So/,  poseída  por  el  marqués  de 
Palmer,  su  descendiente  directo ;  Pablo  Sureda  hijo  de  Arnaldo,  que  es  el  que 
trasladó  su  domicilio  desde  Manacor  á  la  ciudad,  en  la  casa  que  hoy  pertenece  á 
la  familia  de  Bastart,  calle  de  la  Almudaina. 


254  ISLAS      BALEARES 


bía  adelantado  al  secretario  Olzina,  de  la  cual  por  su  parte  es- 
taban reintegrados  ya  sus  rivales.  En  Febrero  de  1444  el  jura- 
do Francisco  Axaló  con  alusión  poco  rebozada  logró  que  se 
aprobase  por  la  asamblea  una  proposición  contra  todo  el  que 
procurara  variación  de  sistema  ,  declarándole  excluido  para 
siempre  de  los  cargos  públicos  como  á  destructor  del  reino;  mas 
Catlar,  arrostrando  el  anatema  y  fuerte  con  una  provisión  real 
que  ponía  en  sus  manos  el  gobierno  universal  de  la  isla,  se  pre- 
sentó en  19  de  Junio  inmediato,  seguido  de  sus  más  ardientes 
partidarios,  á  intimar  á  los  jurados  su  remoción  y  la  caída  del 
efímero  régimen  de  concordia  suplantado  por  el  de  franqueza. 

Día  de  humillación  debió  ser  aquel  día  para  el  caballero 
Pablo  Sureda,  cabalmente  jurado  en  cap^  cuando  sin  aguardar  á 
la  conclusión  del  año  hubo  de  ceder  el  puesto  á  su  victorioso 
antagonista,  no  menos  que  para  el  lugarteniente  Hugo  de  Sant- 
Johan  también  hostil  á  los  nuevos  gobernantes,  cuyo  juramento 
hubo  de  tomar.  Hizo  Catlar  elegir  á  los  jurados  de  su  devoción, 
y  formó  á  corta  diferencia  el  general  consejo  con  las  personas 
designadas  á  instancia  suya  en  una  cédula  que  acompañaba  al 
privilegio:  por  lo  tocante  á  los  jurados  de  las  villas,  pues  á  tan- 
to se  extendía  su  jurisdicción,  tuvo  que  elegirlos  de  acuerdo  con 
su  adversario,  el  procurador  real  Lázaro  de  Lóseos,  tal  vez  por 
contrapeso  de  su  excesiva  autoridad.  Tres  aftos  duró  esta  espe- 
cie de  dictadura,  nombrando  los  jurados  al  fin  del  año  á  sus  su- 
cesores y  éstos  al  consejo  con  que  habían  de  gobernar ;  pero 
sea  por  falta  de  cumplimiento  de  la  principal  condición  á  que  se 
comprometió  la  bandería  dominante,  de  añadir  anualmente  cinco 
mil  florines  á  los  diez  mil  que  se  invertían  en  quitación  de  cen- 
sos sin  nuevos  gravámenes  del  pueblo  y  á  beneficio  de  una  recta 
administración,  sea  efecto  de  la  liga  combinada  entre  tan  ofen- 
didos y  tan  poderosos  enemigos,  cuyas  filas  al  parecer  se  refor- 
zaron con  algunos  desertores  de  las  otras  por  buena  fe  engañada 
ó  por  ambición  no  satisfecha,  á  instancia  de  Jorge  de  Sant-Johan 
representante  de  todos  los  descontentos,  se  vio  el  rey  en  la  ne- 


ISLAS       BALEARES  2^5 

cesidad  de  confeccionar  otro  régimen ,  que  se  llamó  de  saco  y 
suerte^  porque  el  sorteo  era  su  elemento  constitutivo.  Atravesá- 
ronse entonces  las  reclamaciones  de  los  obtentores  de  la  fran- 
queza: Alfonso  no  se  hallaba  entonces  en  posición  de  devolver 
á  éstos  los  donativos  y  regalos  con  que  habían  impetrado  el 
gobierno,  ni  de  rescindir  por  lo  mismo  aquella  especie  de  con- 
trato; y  considerando  que  á  nadie  como  á  los  pueblos  interesaba 
remover  los  obstáculos  para  el  planteamiento  del  nuevo  régi- 
men, encargó  á  la  universidad  el  reintegro  de  las  cantidades  que 
él  había  percibido  y  de  las  demás  sumas  invertidas  por  las  par- 
cialidades en  su  ambicioso  litigio,  reduciendo  los  censos  del  seis 
al  cuatro  por  ciento,  para  que  así,  zanjados  los  compromisos, 
pudiera  inaugurarse  la  era  de  paz  que  la  suspendida  ley  prome- 
tía. Nadie  halló  extraña  la  franca  y  oficial  manifestación  del 
hecho,  nadie  protestó  contra  el  remedio  todavía  más  singular: 
falto  siempre  de  dinero  por  sus  ruinosas  guerras  y  por  el 
contagioso  fausto  de  Italia,  explotaba  con  menos  escrúpulo 
aquel  príncipe,  por  otra  parte  magnánimo,  una  mina  legitimada 
casi  por  la  costumbre,  ahorrándose  la  necesidad  de  acudir  con 
tanta  frecuencia  á  las  cortes  y  de  oir  los  lamentos,  aunque  dis* 
tantes,  de  sus  pueblos. 

Tres  siglos  casi,  hasta  la  abolición  de  los  gobiernos  provin- 
ciales por  Felipe  V,  vivió  á  pesar  de  su  enfermizo  nacimiento  el 
régimen  de  saco  y  suerte^  otorgado  en  14  de  Agosto  de  1447  y 
establecido  al  abrirse  el  año  nuevo,  reservándose  por  aquella 
vez  el  soberano  la  designación  de  jurados  y  consejeros  para 
contentar  á  entrambos  partidos.  La  suerte  era  en  este  sistema 
el  arbitro  exclusivo  que  daba  el  gobierno  y  confería  los  oficios: 
las  insaculaciones  ó  catálogos  de  elegibles,  que  se  remitieron 
selladas  de  la  corte,  podían  aumentarse  por  el  gobernador  y 
jurados  conforme  iba  creciendo  la  nueva  generación,  así  como 
la  rebaja  de  los  inhábiles  se  hacía  por  acuerdo  del  consejo.  El 
que  había  desempeñado  un  cargo  ú  oficio  no  podía  entrar  de 
nuevo  en  sorteo,  hasta  que  se  agotara  el  saco,  para  que  todos 


256  ISLASBALEARES 

por  su  turno  participaran  de  los  cuidados  del  mando  y  del  pro- 
vecho de  los  empleos.  La  extracción  de  los  consejeros,  cuyo 
número  se  fijó  en  ochenta  y  cuatro,  ocho  caballeros,  diez  y  seis 
de  cada  uno  de  los  tres  brazos  restantes  (i)  y  veinte  y  ocho 
forenses,  se  verificaba  el  20  de  Diciembre  en  presencia  del  go- 
bernador; la  de  los  jurados  en  presencia  de  éste  y  del  nuevo 
consejo.  En  los  que  vestían  la  gramalla  municipal  se  requería 
una  edad  de  29  años  por  lo  menos;  y  dos  de  ellos  siquiera, 
cuando  no  todos,  debían  asistir  diariamente  en  la  sala  consisto- 
rial dos  horas  por  la  mañana  y  dos  por  la  tarde:  durante  el  año 
dé  su  cargo  se  les  vedaba  entablar  demanda  alguna  contra  la 
universidad  ó  seguir  las  entabladas.  La  convocación  para  el  ge- 
neral consejo  se  hacía  de  orden  de  los  jurados,  á  son  de  trom- 
peta en  la  ciudad,  por  cartas  en  las  villas;  la  campana  del  reloj 
(hoy  den  Ftguera)^  por  espacio  de  una  hora  llamaba  á  la  sesión, 
la  cual  sin  licencia  de  los  jurados  no  podía  abandonar  ningún 
consejero.  Respecto  de  las  deliberaciones  se  conformaba  la  nue- 
va ley  con  la  pragmática  de  Anglesola. 

Mal  estreno  tuvo  sin  embargo,  no  que  de  ella  derivaran  las 
grandes  turbaciones,  muy  de  antemano  preparadas,  que  coinci- 
dieron con  su  planteamiento.  Seguían  los  recelos  de  enemigos 
exteriores  y  las  prevenciones  de  guerra,  no  suspendida  por  mi- 
lagro con  los  irreconciliables  genoveses,  sino  para  declararla  á 
los  venecianos,  contra  cuyas  galeras  ancladas  frente  á  la  torre 
den  Carrafa  tuvo  que  aparejar  el  castillo  de  Bellver  sus  bom- 
bardas (2):  renovábanse  á  menudo  las  competencias  entre  la 
autoridad  civil  y  la  eclesiástica,  estallando  por  un  lado  en  entre- 


(i)  Por  la  real  pragmática  de  1614  se  redujo  á  setenta  y  dos  el  número  de 
consejeros,  conservando  los  veinte  y  ocho  á  la  parte  forense,  y  distribuyéndose 
los  de  la  ciudad  en  la  siguiente  forma,  que  indica  la  mudanza  social  obrada  en  si- 
glo y  medio  y  el  acrecentamiento  de  influencia  en  las  clases  principales :  doce  ca- 
balleros, doce  ciudadanos,  ocho  mercaderes  ó  notarios,  y  ocho  artesanos. 

(3)  En  Setiembre  de  1448.  Otras  naves  armadas  de  Venecia  habían  tomado 
en  Mayo  de  1446  dentro  de  Portopí  otra  de  Galicia,  dando  muerte  á  varios  tripu- 
lantes que  fueron  enterrados  en  Santo  Domingo. 


ISLAS      BALEARES  257 

dichos  y  en  ocupación  de  temporalidades  por  el  otro,  no  sin 
cierta  analogía  con  la  lucha  empeflada  entre  el  rey  Alfonso  y  el 
papa  Eugenio:  iban  en  aumento  los  murmullos  de  malas  admi- 
nistraciones y  las  quejas  de  cargas  insoportables :  encrudecían 
de  bando  á  bando  y  de  clase  á  clase  los  odios,  hasta  el  punto 
de  haberse  de  prohibir  por  edicto  las  recíprocas  ofensas  sin  pre- 
vio rompimiento  y  de  publicar  treguas  reales  por  seis  meses  con 
pena  de  muerte  á  los  infractores,  como  si  hubiera  vuelto  al  es- 
tado salvaje  la  sociedad  (i).  Pero,  sin  perjuicio  de  las  sangrien- 
tas discordias  peculiares  en  cada  villa,  toda  la  universidad  foren- 
se, acumulando  á  los  añejos  agravios  las  opresiones  y  abusos 
inherentes  á  tanta  instabilidad  de  gobiernos,  formaba  un  solo 
cuerpo  contra  la  capital,  cuya  prepotencia  ya  no  cabía  sufrir 
por  más  tiempo:  un  litigio  sin  descanso  y  sin  moderador  man- 
tenía vivos  los  recuerdos  del  alzamiento  de  1391  con  tendencia 
á  reproducirlo.  De  los  veinte  y  cinco  afíos  de  mando  que, lleva- 
ba Berenguer  de  Olms,  había  estado  ausente  los  quince  por  lo 
menos,  ocupado  en  negocios  ajenos  á  su  destino,  y  acababa  de 
regresar  de  Perpifíán,  absuelto,  aunque  tal  vez  quebrantado, 
del  proceso  que  había  venido  á  instruir  contra  sus  actos  micer 
Rodrigo  Falcó  por  comisión  del  soberano.  Carecía  de  fuerza 
moral  la  autoridad,  y  de  prestigio  la  magistratura  manchada 
con  violencias  y  corrompida  con  sobornos;  y  para  mantener  en 
paz  el  reino  se  necesitaba  algo  más  que  el  verdugo,  bajo  cuya 
hacha  se  multiplicaban  los  crímenes  como  la  mala  yerba. 

De  la  intimación  de  censuras  por  razón  de  un  subsidio  exi- 
gido al  clero,  y  de  las  vejaciones  de  los  comisionados  para  for- 
mar un  cabreo  en  vista  de  los  documentos  primordiales,  nacie- 
ron por  la  isla  en  el  verano  de  1450  leves  alteraciones,  aisladas 
primero,  y  luego  agrupadas  al  discurrir  de  población  en  población 
los  descontentos,  hasta  concentrarse  en  Inca,  donde  en  25  de 
Julio  dio  terrible  muestra  de  sus  propósitos  con  la  tala  de  las 


(i)    Pregones  de  i.°  de  Octubre  de  1446  y  de  i  5  del  propio  mes  en  1449. 
33 


258  ISLAS      BALEARES 


viñas  del  viceasesor  Bartolomé  Albertí  y  con  el  saqueo  de  su 
casa  una  hueste  que  no  bajaba  ya  de  seis  mil  hombres  (i).  Con- 
vocados por  una  carta  anónima,  que  firmaban  con  el  altivo  dic- 
tado de  capitanes  del  rey  y  no  con  su  oscuro  nombre  los  más 
audaces,  se  le  juntaron  los  somatenes  de  los  pueblos  más  dis- 
tantes ó  rezagados  y  refuerzos  de  los  que  andaban  ya  en  moví- 
miento,  unos  en  el  camino  de  la  ciudad,  otros  al  pie  mismo  de 
las  murallas,  á  las  cuales  pusieron  bloqueo,  más  bien  que  estre- 
cho sitio,  vivaqueando  el  grueso  de  sus  fuerzas  en  la  feraz  lla- 
nura del  monasterio  de  la  Real  y  cortando  las  aguas  que  á  los 
bloqueados  abastecían.  Una  semana  vivió  á  expensas  de  los  aso- 
lados alrededores  aquel  desmandado  ejército,  con  el  que  se 
apresuró  á  entrar  en  negociaciones  el  gobernador  atrancado  en 
su  palacio;  y  con  la  mediación  del  obispo  de  Urgel,  que  se  ha- 
llaba aquí  de  paso,  y  de  algunos  payeses  influyentes  y  sensatos, 
lograron  entenderse.  No  dominaba  los  sediciosos  grupos  otra 
bandera  que  la  real  sacada  del  respectivo  consistorio,  por  más 
que  se  dijo  haberse  soltado  un  indiscreto  viva  á  Renato  de  An- 
jou,  heredero  de  pretendidos  derechos  al  trono  de  Mallorca  y 
competidor  de  Alfonso  respecto  del  de  Ñapóles,  á  donde  y  al 
rey  legítimo  delegó  la  universidad  forense  para  decisión  de  sus 
querellas  á  Antonio  Olives  de  Llucmayor  y  á  Pedro  Fábregues 
de  Petra,  mientras  los  jurados  del  reino  diputaban  secretamente 
á  Luís  Lull  Bacó  para  info/mar  á  la  reina  en  Barcelona.  Con  esto 
y  con  juramento  de  valerse  hasta  morir,  retiráronse  á  i.°  de 
Agosto  en  son  de  triunfo  los  amotinados. 

Continuó  bajo  aparente  calma  el  espanto  en  la  ciudad  y  la 
insurrección  en  los  pueblos  tomando  la  voz  de  concordia^  en  la 
que  la  mayoría  alborotada  obligó  á  entrar  con  amenazas  á  los 
más  pacíficos  y  leales.  Salir  de  los  muros  á  visitar  sus  lejanas 


(i)  Este  número  parecerá  exagerado,  si  se  le  compara  con  el  de  los  que  con- 
currieron en  seguida  al  sitio  de  la  ciudad,  los  cuales,  según  otros  documentos,  no 
pasaron  de  dos  mil. 


ISLAS      BALEARES  259 


posesiones  y  recoger  sus  cosechas  era  arriesgada  empresa  para 
los  propietarios  ciudadanos;  reclamar  los  censos  adeudados  hu- 
biera podido  costarles  la  vida.  La  avenencia  con  el  gobernador 
pactada  sin  intervención  de  los  jurados,  que  no  obstante  hubie- 
ron de  ratificarla,  sufría  diariamente  alteraciones  y  añadiduras 
con  las  crecientes  exigencias  que  traían  numerosas  comisiones. 
Medios  más  expeditos  se  usaron  en  Manacor  para  vender  la 
carne  sin  sisa  y  proclamar  libre  de  derecho  el  vino;  intimólo  así 
á  despecho  del  baile  un  Guillermo  Nadal,  y  en  seguida  por 
Arta,  por  Petra,  Sineu  é  Inca,  por  Felanig  y  Campos,  cundió 
y  adoptóse  la  recién  forjada  franquicia.  Así  por  casi  toda  la  isla 
dejaron  de  cubrirse  las  cargas  públicas;  y  si  no  anduvieron  ade- 
lante las  resoluciones  extremas  sugeridas  por  acalorados  tribu- 
nos, debióse  á  la  influencia  de  los  síndicos  solicitada  por  el 
gobernador.  Pasó  la  estación  de  las  romerías:  el  invierno  con 
sus  inclemencias,  aislando  nuevamente  á  los  labradores  á  más 
trabajosas  faenas,  hizo  menos  frecuentes  los  tumultuosos  atro- 
pellos y  excursiones  propagandistas,  y  pareció  comunicar  á  las 
poblaciones  algo  del  inerte  sosiego  de  los  campos.  Pero  con  el 
sol  de  Febrero  volvieron  á  germinar  las  semillas  de  sedición,  y 
á  agruparse  en  los  días  festivos  la  muchedumbre  bajo  los  olmos 
de  las  plazas  al  rededor  de  algún  paisano  locuaz  ó  revoltoso, 
espantada  al  principio  y  entusiasmada  más  tarde  con  sus  auda- 
ces retos  y  violentas  amenazas.  Lisonjeóse  Berenguer  de  Olms 
de  apaciguar  la  renaciente  efervescencia,  recorriendo  con  respe- 
table escolta  las  villas  principales;  la  cuestión  era  ganar  tiempo 
hasta  la  vuelta  de  los  mensajeros  forenses,  con  uno  de  los  cua- 
les, con  Pedro  Fábregues  acabado  de  llegar,  tuvo  en  Muro  una 
larga  y  misteriosa  conferencia,  y  otra  en  Manacor  con  el  osado 
Simón  Tort  Ballester  (i)  ya  reconocido  jefe  de  la  rebelión,  cre- 
yendo quizá  los  dos  engañarse  mutuamente. 


(i)    Siempre  que  se  le  nombra,  precede  al  apellido  la  palabra /m^^^o,  no  se  sabe 
si  por  defecto  real  ó  por  apodo :  era  hijo  de  un  oscuro  labrador  de  Manacor. 


200  ISLAS      BALEARE! 

Con  los  enviados  payeses  había  partido  y  regresó  el  calero 
Pedro  Granyana,  portador  de  importantes  capítulos  en  favor  de 
los  gremios  ciudadanos,  cuya  ñrme  y  legal  actitud,  elogiada  por 
el  rey  al  acceder  á  sus  razonables  peticiones  tocante  á  corregir 
las  dilapidaciones  escandalosas  de  los  partidos,  y  agradecida  en 
expresivos  términos  por  los  jurados,  contrastaba  con  la  desbor- 
dada furia  de  las  masas  campesinas.  Por  su  parte  el  goberna- 
dor, provisto  de  facultades  extraordinarias  traídas  de  la  corte, 
ora  fuese  por  el  nuncio  secreto  Lull  Bacó  que  de  la  de  Barcelo- 
na había  pasado  á  la  de  Ñapóles,  ora  por  el  forense  Fábregues 
con  quien  parece  haberse  puesto  de  inteligencia,  se  preparaba 
á  pronunciar  su  fallo,  no  sólo  como  autoridad,  sino  como  arbi- 
tro inapelable;  y  para  justificar  la  severidad  de  él  con  el  recuer- 
do de  lo  grave  de  las  pasadas  culpas,  se  organizó  una  penitente 
procesión  de  un  centenar  y  medio  de  forenses,  que  descalzos  y 
en  camisa  y  con  dogal  al  cuello,  precedidos  de  un  crucifijo 
y  con  el  venerable  franciscano  fray  Bartolomé  Catany  al  fren- 
te (i),  se  dirigieron  al  palacio  de  la  Almudaina  en  23  de  Marzo 
de  1 45 1,  implorando  á  grandes  gritos  misericordia.  Echóla 
Olms  de  clemente  prometiéndola,  con  lo  cual  y  con  los  encare- 
cimientos de  Fábregues  acerca  de  los  favorables  despachos  que 
traía,  se  comprometieron  los  prohombres  de  las  villas,  comisio- 
nados en  número  de  dos  ó  tres  por  parroquia,  á  someterse  por 
completo  á  la  sentencia,  con  expresa  renuncia  á  cualquier  privi- 
legio  ó  protesta.  Al  acto  solemne  de  la  promulgación  fijado 
para  el  9  de  Abril,  precedió  una  sesión  del  general  consejo,  y 
sus  acaloradas  discusiones  entre  caballeros,  ciudadanos  y  mer- 
caderes de  un  lado,  y  artesanos  y  forenses  del  otro,  dejaron 
ya  entrever  el  terrible  desengaño,  que  no  tuvo  límites  al  oír  de 
boca  del  indulgente  componedor  trocado  en  formidable  juez, 


(i)  VaróQ  que  en  vida  gozaba  ya  de  opinión  de  santidad,  natural  de  Llucma- 
yor  ó  de  Felanig,  y  fundador  del  convento  de  Jesús  extramuros  de  la  ciudad,  del 
de  Sóller  y  del  de  Mahón. 


ISLASBALEARES  261 

después  de  revocar  toda  condonación  ó  sobreseimiento  anterior, 
las  dos  condiciones  impuestas  á  la  universidad  de  los  pueblos 
para  volver  á  la  real  gracia:  renuncia  á  cuantos  créditos  y  res- 
tituciones pudiera  reclamar  sobre  fondos  públicos,  y  prestación 
irredimible  de  dos  mil  libras  anuales  en  expiación  de  tamaño 
crimen  y  en  señal  de  perpetua  servidumbre. 

Anonadadas  por  el  estupor  habríanse  sometido  tal  vez  las 
castigadas  villas,  si  el  gobernador  imprudentemente,  metiendo 
la  cabeza  en  las  fauces  del  lobo,  no  las  citara  para  el  próximo 
domingo  1 1  de  Abril  en  Binisalem  á  fin  de  hacer  segunda  pro- 
mulgación de  su  decreto  ante  los  concejos  reunidos.  Acudieron 
éstos  en  verdad  á  la  cita,  pero  en  tanto  número  y  con  tales  dis- 
posiciones se  aproximaban,  que  Olms  no  tuvo  ya  por  conve- 
niente aguardarlos,  y  se  retiró  al  otro  día  más  que  de  prisa  á  la 
ciudad  con  su  lucida  aunque  poco  belicosa  comitiva,  y  con  un 
puñado  de  payeses  leales  bien  necesitados  de  asilo.   Fuera  de 
los  muros  dominaba  de  un  confín  á  otro  la  rebelión,  y  probando 
mosén  Berenguer  de  suplir  la  fuerza  con  el  terror  y  en  la  impo- 
sibilidad de  prender  los  reos  del   nuevo  crimen,  buscó  en  las 
cárceles  á  los  acusados  de  otro  añejo.  Guillermo  Nadal,  el  pro- 
clamador  de  franquicias  en  Manacor,  y  Miguel  Renovard  jefe  de 
bando  en  Alcudia,  sometidos  al  tormento  del  agua  sal,  coníesa- 
ron  según  el  proceso,  no  ya  sus  notorias  culpas,  sino  una  cons- 
piración horrenda  é  inverosímil  para  el  degüello  de  los  oficiales 
regios,  exterminio  de  los  varones,  desfloramiento  de  las  muje- 
res, saqueo  de  las  casas,  repartimiento  de  haciendas  y  procla- 
mación del  rey  Renato;  tendidos  sobre  el  cadalso,  protestaron 
una  y  mil  veces  de  su  inocencia,  y  la  cuchilla  truncó  los  clamo- 
res en  sus  gargantas.  Sucedía  esto  el  14  de  Abril,  y  el  16  espi- 
raban en  el  patíbulo  cinco  prisioneros  (i)  cogidos  el  día  ante- 
rior en  una  refriega  que  con  los  rebeldes  tuvo  en  el  llano  de 


(i)    Antonio  Prats  de  PoUensa,  Bernardo  Gomila  de  Menorca,  Julián  Jover  de 
Sineu,  y  Martín  y  Miguel  Roselló  hermanos  de  Inca. 


202  ISLAS      BALEARES 

San  Jorge  un  grupo  de  ciudadanos  distinguidos,  sin  que  las  he- 
ridas les  excusaran  de  la  tortura.  El  pregón  que  acompañó  á 
éstos  y  á  los  anteriores  suplicios,  dando  por  averiguados  y  ex- 
tendiendo á  todos  los  insurgentes  los  crímenes  confesados  en  el 
potro,  y  el  poner  á  precio  de  doscientos  florines  las  cabezas  de 
veinte  caudillos  y  al  de  quinientos  la  de  Tort  Ballester,  sacaron 
de  quicios  á  las  huestes,  organizadas  ya  y  acampadas  en  térmi- 
no de  Lluchmayor;  y  el  domingo  de  Ramos,  i8  del  mes,  apare- 
cieron por  segunda  vez  á  vista  de  los  muros,  desñlando  bande- 
ras desplegadas  y  con  alarde  de  peones  y  caballos  por  bajo  de 
las  torres  coronadas  de  azorados  espectadores,  y  repitiendo  en 
las  huertas  de  la  Real  los  estragos  del  primer  sitio  y  el  rompi- 
miento de  la  acequia. 

Todavía  la  santidad  de  aquellos  días  y  el  celo  de  los  media- 
dores empleados  por  la  autoridad,  sacerdotes  y  prohombres  me- 
nestrales con  preferencia  á  caballeros  ó  funcionarios,  conjuraron 
las  hostilidades,  que  estuvieron  á  pique  de  romperse  el  viernes 
santo  por  el  lado  de  sudeste  hacia  las  torres  Lavaneras,  como 
antes  en  1391,  con  el  falso  rumor  de  haber  sido  ahorcados  den- 
tro de  la  ciudad  los  comisionados  por  el  campamento.  Merced  á 
un  salvo  conducto  general  hasta  el  1 5  de  Agosto,  y  á  un  sobre- 
seimiento en  materia  de  indemnización  de  daños,  volvieron  á 
sus  casas  no  muy  pacíficos  los  somatenes  la  víspera  de  Pascua; 
y  no  habiendo  podido  reunirse  al  segundo  día  el  consejo  extra- 
ordinario permitido  por  la  avenencia  á  los  forenses  para  nom- 
bramiento de  síndico  que  en  la  corte  les  vindicara,  prolongábase 
la  anarquía  y  se  acumulaban  nuevos  desmanes  á  los  pasados. 
De  ellos  iba  tomando  nota  el  gobernador  sin  levantar  mano  del 
proceso,  y  con  el  afán  de  ponerles  coto  y  de  prender  á  sus  auto- 
res, sea  que  lo  presumiese  fácil,  sea  que  se  lo  pintaran  así  los 
escapados  de  las  revueltas  villas,  confió  á  éstos  la  pacificación 
de  la  isla  con  la  gente  que  al  paso  reclutaran,  declinando  en  su 
lugarteniente  Jaime  Cadell  la  honra  de  mandarlos.  Salieron  el  29 
déla  ciudad  no  más  de  quince  jinetes:  en  Llucmayor  de  pronto 


ISLAS       BALEARES  263 

hallaron  sumisión  y  cien  hombres  para  seguirles ;  no  así  en  Po- 
rreras^ sino  rehacio  al  baile  y  mal  dispuestos  los  ánimos  y  un 
inseguro  refuerzo,  que  con  los  de  Montuiri  y  San  Juan  aumen- 
taba más  el  número  que  la  confianza.  En  Manacor  obsequioso 
recibimiento,  gracias  al  desvelo  del  fiel  baile  y  de  dos  jurados: 
su  contingente  de  doscientos  hombres,  al  cual  allí  se  agregaron 
los  de  Arta,  Felanig,  Santanyí  y  Campos,  y  los  de  Petra  y  Al- 
gaida en  el  camino,  convirtió  ya  la  escolta  en  ejército  de  736 
peones  y  1 70  caballos  antes  de  entrar  en  Sineu,  donde  apenas 
habían  quedado  sino  mujeres,  pues  los  varones  andaban  con  la 
hueste  sediciosa.  Súpose  allí  que  ésta  marchaba  desde  la  Pue- 
bla sobre  Muro,  y  allí  comenzó  la  desbandada  y  el  rezagamien- 
to  de  tropas,  resultando  todavía  superiores  á  las  del  enemigo  al 
trabarse  en  las  eras  de  Muro  el  combate.  Arengó  á  las  suyas 
Cadell  y  arremetió,  mas  no  pudo  ya  salvar  á  un  escudero  suyo 
de  manos  del  terrible  Ballester,  á  quien  vanamente  provocó  á 
singular  pelea.  Mezcláronse  en  un  momento  las  ñlas,  confundié- 
ronse amigos  y  adversarios,  penetrando  en  la  villa  por  diferen- 
tes puntos;  y  abandonado  de  sus  reclutas,  parte  fugitivos,  parte 
declarados  por  los  rebeldes,  hallóse  el  lugarteniente  acorralado 
en  la  plaza  casi  solo,  sufriendo  los  insultos  de  las  turbas  y  los 
cumplidos  aún  más  acerbos  de  su  adalid,  que  le  dio  por  posada 
á  la  vez  que  por  prisión  el  antiguo  palacio  de  los  condes  de  Am- 
purias.  Á  la  mañana  siguiente,  2  de  Mayo,  cediendo  Ballester, 
á  ruegos  de  un  antiguo  camarada  suyo,  del  propósito  de  humi- 
llar al  ilustre  prisionero  con  escoltarle  hasta  la  ciudad,  dejóle  ir 
solo  por  caminos  extraviados,  y  á  los  contados  forenses  que  le 
habían  permanecido  leales,  amenazó  de  muerte  si  volvían  á  pre- 
sentarse fuera  de  los  muros. 

La  fracasada  expedición  de  Cadell  produjo  un  tercer  sitio, 
como  la  de  Olms  había  ocasionado  el  segundo;  y  antes  de  poder 
averiguar  el  tribunal  lo  que  hubo  de  traición  ó  de  imprudencia 
y  luego  de  pánico  en  el  suceso,  ceftían  otra  vez  la  execrada  ciu- 
dad las  campesinas  algaras  más  amenazadoras  que  nunca,  deci- 


204  ISLAS      BALEARES 

dídas  á  no  limitarse  ya  á  vanos  clamoreos  ni  á  devastaciones  de 
huertas  y  viñas.  £1  5  y  el  6  lo  pasaron  en  alardes  militares  y 
en  levantamiento  de  tiendas  los  sitiadores,  en  provisión  de  ví- 
veres y  en  armamento  general  los  sitiados:  en  los  siguientes 
días  hubo  ataques,  y  no  incruentos,  á  las  puertas  Pintada  y  Ple- 
gadissa,  y  una  salida  por  el  portillo  del  Sitjar  para  recobrar  los 
paños  y  bayetas  de  los  pelaires,  tendidas  en  el  punto  de  Tira- 
dor.  Sin  embargo,  el  común  peligro  distaba  de  obrar  en  los  de 
dentro  concordia  de  voluntades:  el  dominico  fray  Juan  Tey,  que 
había  viajado  por  Italia,  lanzaba  desde  el  pulpito  de  la  parroquia 
de  San  Miguel  excitaciones  de  fuego  contra  los  nobles  y  ricos 
que  cobijaba  la  corrompida  capital,  ensalzando  la  vida  pastoril 
y  labriega  y  sus  patriarcales  costumbres;  ardía  multitud  de  ple- 
beyos en  codiciosos  deseos,  manifestados  ya  en  los  sitios  ante- 
riores, de  compartir  el  botín  con  los  de  fuera,  de  cuyos  rencores 
y  agravios  participaban.  Formóse  una  conspiración  tenebrosa 
para  abrirles  entrada  en  la  noche  del  1 2  por  encima  de  los 
guardias  degollados  y  derramarse  juntos  por  la  dormida  ciudad, 
esparciendo  la  matanza  y  el  saqueo;  y  denunciada  por  uno  de 
los  cómplices  (i)  al  gobernador,  le  dejó  anonadado.  Más  sereno 
por  fortuna,  tomó  el  mando  el  procurador  real  Juan  Albertí,  y 
montando  á  caballo,  seguido  de  quince  jinetes  armados,  reco- 
rrió las  puertas:  en  la  de  San  Antonio  fué  cogido  el  sastre  £n«^ 
rique  Anfós,  degollado  al  día  siguiente  con  Pedro  Ripoll  en  la 
plaza  del  Muelle;  Antonio  March  fué  ahorcado.  Guillermo  Juan 
y  Arnaldo  Genovard  mesonero  lograron  escapar  nueve  meses 
más  tarde,  rompiendo  sus  cadenas,  y  lo  mismo  Jaime  Roma- 
guera tejedor,  sin  evitar  por  fin  el  patíbulo.  Salvado  también  el 
pelaire  Pedro  Mascaró,  de  jefe  de  los  conjurados  pasó  á  serlo 
de  los  insurrectos  compartiendo  con  Simón  Ballester  la  prima- 
cía, y  antes  de  sufrir  la  pena  de  su  trama,  mucho  dio  que  ha- 


(i)    Llamábase  Nicolás  Torres,  y  le  disputaron  el  mérito  y  la  recompensa  de  la 
revelación  sus  compañeros  Juan  Ros  y  Nicolás  Sala. 


ISLAS      BALEARES  265 

cer  todavía  en  abierta  iucha  á  sus  compatricios  de  la  ciudad. 
Repudiaron  los  honrados  prohombres  de  los  gremios  á  los 
traidores  como  gente  perdida  y  enemiga  del  trabajo,  y  no  pasa- 
ron adelante  las  inteligencias  entre  menestrales  y  payeses  sino 
para  combatirse  con  recriminaciones  y  denuestos,  á  la  vez  que 
con  armas,  desde  el  pie  á  lo  alto  de  los  muros.  Para  abrir  bre- 
cha en  sus  torres  y  lienzos  no  servía  la  tosca  máquina  de 
batir  construida  con  el  nombre  de  cuca^  ni  las  bombardas  y  pe- 
dreros traídos  de  las  villas  hacían  sino  maltratar  con  las  enor- 
mes piedras  de  sus  disparos  los  edificios  y  templos  del  interior: 
el  enemigo  más  terrible  de  los  sitiados  era  el  hambre  consiguien- 
te al  riguroso  bloqueo  que  impedía  la  entrada  á  todo  alimento 
y  la  salida  á  todo  consumidor:  fueron  inutilizados  ó  reservados 
para  uso  exclusivo  de  la  hueste  los  molinos  de  las  cercanías,  y 
la  mayor  viveza  del  ataque  como  de  la  defensa  se  concentraba 
en  el  foso  del  Temple  donde  pacía  el  escaso  depósito  de  carne* 
ros  y  bueyes  con  que  contaban  los  de  dentro.  El  sol  de  Mayo 
doraba  ya  las  mieses;  y  los  insurgentes,  dejando  la  ballesta  y  la 
pica  por  la  hoz,  ahorraban  á  los  dueños  el  trabajo  de  la  siega, 
y  las  espigas  caían  precozmente  no  tanto  en  provecho  de  los 
robadores  como  en  detrimento  de  los  propietarios.  Grave  riesgo 
corrían  los  cautivos  y  semaneros  que,  al  verlos  distantes,  salían 
aventuradamente  á  recoger  las  reliquias  del  saqueo  ó  á  preve- 
nirlo con  una  recolección  prematura,  y  los  que  desembarcando 
de  noche  en  las  lejanas  marinas  segaban  todo  el  grano  que  po- 
dían sin  ser  sentidos,  trayéndolo  en  sus  barcas  al  Muelle  ó  á  la 
Portella  para  ser  trillado  de  cualquier  modo.  Y  no  era  lo  peor 
contemplar  vuelts^s  al  suelo  las  copas  de  los  árboles ,  cortados 
los  plantíos,  derrocadas  las  cercas,  degolladas  las  reses  á  cen- 
tenares, saqueadas  las  deleitosas  quintas,  sino  el  susto  atroz  de 
los  vecinos  principales  por  los  tiernos  niños  que  en  sus  alquerías 
se  criaban,  y  de  los  refugiados  que  habían  dejado  en  rehenes  á 
sus  familias  sometidas  á  costoso  rescate  ó  expuestas  á  crueles 

venganzas. 

34 


266  ISLAS      BALEARES 

Delegados  por  la  reina  María  y  por  las  cortes  de  Catalufia, 
desembarcaron  en  el  puerto  de  la  capital  para  apaciguar  tama- 
ños disturbios  el  egregio  conde  de  Prades  (i)  y  Juan  Marimón 
simple  ciudadano  de  Barcelona :  su  primera  visita  fué  al  palacio 
del  gobernador,  la  segunda  al  campamento  de  los  forenses. 
Convocó  Ballester  en  seguida  un  numerosísimo  consejo,  de  cuyo 
seno  hubieron  de  salir  nombrados  ocho  individuos,  que  á  la  con- 
fianza de  los  sublevados  unieran  garantías  de  moderación  y  sen- 
satez para  entenderse  con  los  comisarios  regios;  y  de  ocho  días 
de  mensajes  desde  el  alcázar  de  la  Almudaina  al  monasterio  de 
la  Real  resultó  acordado  un  amplio  y  general  salvoconducto, 
reduciendo  temporalmente  á  lo  más  indispensable  las  relaciones 
entre  uno  y  otro  vecindario  á  fin  de  evitar  conflagraciones  con 
el  roce.  El  3  de  Junio,  día  de  la  Ascensión  del  Señor,  después 
de  casi  un  mes  de  sitio,  verificóse  la  tercera  retirada,  ninguna 
con  más  ventaja  de  los  sediciosos,  admitidos  ya  á  ventilar  como 
legítimas  sus  querellas  y  á  repeler  como  calumniosas  las  acusa- 
ciones de  sus  contrincantes.  Olms  quedaba  desautorizado,  y  has- 
ta se  esparció  la  voz  de  que  los  comisarios  traían  orden  de 
prenderle.  Temieron  los  jurados  y  el  general  consejo,  donde 
carecían  ya  de  representación  las  villas,  tener  que  abandonar  la 
ciudad,  y  reclamaron  del  monarca  por  su  colega  Rafael  de  Ole- 
za  el  urgente  envío  de  tropas,  á  saber  dos  mil  peones  y  dos- 
cientos jinetes  por  lo  menos,  para  enfrenar  á  los  revoltosos, 
quienes  por  su  parte  no  se  iban  á  la  mano  en  sus  tropelías  y 
atentados  por  toda  la  isla,  sin  respetar  ya  el  prestigio  del  de 
Prades:  seguían,  no  obstante,  las  negociaciones  de  los  comisa- 
rios con  los  ocho  diputados  forenses,  cinco  de  los  cuales  les 
acompañaron  en  su  regreso  á  la  corte  de  Barcelona  á  fines  de 
Julio,  al  mismo  tiempo  que  por  parte  de  la  ciudad  el  jurado  Ma- 


(i)  Por  extinción  de  la  línea  segunda  del  infante  D.  Pedro  de  Aragón  tío  de 
Pedro  IV,  pasó  el  condado  de  Prades  á  Juan  Ramón  Folch  de  Cardona,  poderoso 
magnate  catalán. 


ISLAS      BALEARES  267 

teo  Zanglada,  y  por  llamamiento  especial  de  la  reina  el  venera- 
ble fray  Catany. 

Fácil  y  prontamente  se  obtuvo  la  destitución  del  aborrecido 
y  débil  mosén  Berenguer,  y  con  el  título  de  regente  la  goberna- 
ción presentó  sus  poderes  en  1 7  de  Agosto  el  noble  Arnaldo  de 
Vilademany,  llevando  consigo  por  asesor  á  micer  Jaime  Pau  en 
reemplazo  del  no  bien  opinado  Bartolomé  Albertí.  Su  primer 
acto  fué  visitar  sin  aparato  los  pueblos  para  calmar  los  inquie- 
tos ánimos  y  poner  algún  orden  en  la  administración  municipal, 
nombrando  bailes  y  almotacenes;  pero  seguían  como  antes  los 
robos  y  los  desmanes,  y  no  pudo  impedir  ni  castigar  siquiera  el 
asesinato  de  Juan  de  Montpeller  víctima  de  su  fidelidad  en  el 
camino  de  Inca.  Una  segunda  embajada  de  los  forenses  alcanzó 
de  la  reina  el  solemne  desmentímiento  de  los  aleves  tratos  con 
Renato  de  Anjou  que  se  les  imputaban:  y  dada  cuenta  de  él  en 
el  consejo  de  Sineu  y  aceptadas  las  condiciones  con  que  se  les 
otorgaba,  mandólo  publicar  el  regente  por  edicto  en  las  esqui- 
nas de  la  capital,  rehabilitando  el  calumniado  honor  y  fidelidad 
de  los  campesinos.  Pero  los  recién  absueltos  no  supieron  dejar 
de  ser  criminales,  y  el  ímpetu  de  la  indignación  fué  continuado 
por  el  libertinaje  y  la  anarquía.  Simón  Ballester  con  su  escua- 
drón cruzaba  en  todas  direcciones  la  isla,  estorbando  el  resta- 
blecimiento de  los  impuestos  y  la  restitución  de  los  robos,  dia- 
riamente engrosados  por  las  rapaces  gavillas  de  Moner  de 
Campos,  del  jorobado  Moragues  de  Buñola,  de  Nicolau  alias 
Rey  de  Inca;  el  tránsfuga  ciudadano  Pedro  Mascaró  activaba  la 
construcción  de  una  galera  en  el  puerto  de  Pollensa,  por  derra- 
ma entre  los  pueblos,  bajo  motivos  especiosos  que  encubrían  el 
único  verdadero  de  interceptar  las  comunicaciones  marítimas  de 
los  bloqueados.  Probaron  los  ocho  diputados  payeses,  que  á  tan 
buen  punto  habían  llevado  el  arreglo  (i),  de  organizar  unparti- 


(i)    Fué  el  más  señalado  Guillermo  Palou  de  Comasema,  que  en  unión  con  An- 
tonio Font,  notario  de  Sóller,  y  con  el  prior  de  la  Cartuja,  generoso  pacificador, 


268  ISLAS      BALEARES 

do  sensato  y  conciliador  que  sirviera  de  dique  á  los  rebeldes  con 
el  apoyo  de  fuerzas  contrarevolucionarias  reunidas  en  Buflola; 
pero  no  lograron  sino  atraer  sobre  sus  personas  y  haciendas  la 
furia  de  la  tempestad,  y  á  medio  camino  de  Llucmayor,  ante  el 
recuerdo  de  Cadell,  retrocedió  Vilademany  de  la  pacífica  cruza- 
da con  dicho  apoyo  emprendida. 

Así  terminó  el  siniestro  año  de  1 45 1 ,  así  principió  el  no 
menos  fatal  de  1452.  El  mal  iba  haciéndose  crónico  y  perma- 
nente la  insurrección:  la  penuria  de  los  propietarios,  el  descon- 
tento de  los  menestrales,  la  paralización  de  los  negocios,  el  can- 
sancio de  las  vigilias  y  la  custodia  de  los  muros  en  que  turnaban 
los  vecinos,  todas  las  molestias  en  fin  inherentes  á  aquella  situa- 
ción, se  agravaban  lenta  pero  constantemente  con  el  transcurso 
de  cada  día.  Previniendo  una  agonía  prolongada  ó  una  catas* 
trofe  espantosa,  trataban  de  abandonar  la  isla  muchos  de  los 
principales  ciudadanos;  los  proletarios  buscaban  unos  en  tierra 
extraña  pacífico  trabajo,  otros  botín  y  merodeo  entre  los  revol- 
tosos, y  en  cambio  discurrían  por  las  calles  rostros  desconoci- 
dos y  gentes  de  fuera,  explotadores  de  la  miseria  pública  y 
espías  de  los  apuros  de  la  capital,  más  bien  que  proveedores  de 
vituallas.  En  todo  el  invierno  no  cesaron  de  maniobrar  á  vista 
de  los  muros  bandadas  de  peones  y  jinetes  con  el  objeto,  se 
aseguraba,  de  renovar  el  sitio.  Fijas  entretanto  las  miradas  en 
Ñapóles  y  en  Barcelona,  de  donde  se  aguardaba  el  remedio,  no 
se  ocupaba  el  general  consejo  sino  de  reiterar  mensajes  á  en- 
trambas cortes,  en  las  cuales  traían  lucha  con  los  de  las  villas 
cuyos  intereses  legítimos  defendían  al  par  que  el  restablecimien- 
to del  orden.  Por  indicación  de  éstos  tal  vez  puso  Alfonso  V  los 
ojos  en  su  cirujano,  el  maestro  Gerardo  Ferrer,  mallorquín  y 
natural  de  Inca,  confiriéndole  plenos  poderes  para  el  arreglo  de 


formó  parte  de  ambos  mensajes  á  la  reina.  En  la  misma  fracción  se  distinguieron 
también  Jaime  Colom  de  Sóller,  Bartolomé  Desmás  de  Valldemosa,  Sellera  y  An- 
tonio Mora  de  Porreras. 


ISLAS      BALEARES  269 

tan  tenaces  disidencias;  pero  al  desembarcar  en  Alcudia  á  me- 
diados de  Abril,  apoderáronse  de  su  paisano  los  forenses,  con- 
dujéronle  á  PoUensa  á  fin  de  mostrarle  en  la  galera  una  prueba 
de  su  ánimo  emprendedor,  y  se  ofrecieron  en  el  consejo  de  Inca 
á  cumplir  lo  que  el  rey  les  mandaba  en  orden  á  deponer  las 
armas  y  devolver  sus  presas,  y  aun  á  comparecer  ante  el  mo- 
narca setenta  de  los  principales,  asegurados  por  salvoconducto. 
Tres  semanas  habían  pasado  desde  la  llegada  de  Ferrer,  y  aún 
no  se  había  dignado  el  ilustre  cirujano  avistarse  con  el  regente 
Vilademany  ni  presentarle  sus  credenciales  é  instrucciones. 
Acercóse  por  fin  un  día  hasta  el  monasterio  de  la  Real,  en  me- 
dio de  Ballester  y  Nicolau  que  eran  sombra  de  su  cuerpo,  y 
seguido  de  trescientos  payeses  á  caballo :  su  conferencia  con  el 
regente  y  su  asesor,  salidos  de  la  ciudad  al  efecto,  no  duró  más 
de  una  hora,  sin  el  secreto  y  decoro  conveniente;  y  ya  no  fué 
posible  tener  otra  á  pesar  de  las  instancias  de  Vilademany,  por 
no  acertar  el  comisario  á  desprenderse  de  sus  asistentes  per- 
petuos. Más  bien  que  un  arbitro  conciliador,  parecía  un  nuevo 
adalid  venido  á  los  insurgentes. 

Era  aquella  la  tercera  cosecha  que  se  malograba,  y  los  pro- 
pietarios no  confiaban  recoger  una  espiga.  Con  la  miseria  crecía 
la  agitación  de  la  plebe,   impaciente  de  libertad  y  sometida  á 
duras  privaciones  y  riesgos  por  intereses  que  no  miraba  como 
suyos ;  murmurábase  contra  la  temeridad  del  regente  y  de  los 
jurados,  y  se  les  acusaba  de  ocultar  y  eludir  las  franquicias  y 
abolición  de  impuestos  traídas  de  la  corte  por  el  maestro  Fe- 
rrer. Hasta  las  quejas  y  demandas  de  socorro  estaban  vedadas 
al  gobierno  de  la  capital,  si  no  quería  que  interceptados  ó  ven- 
didos sus  pliegos  pararan  en  manos  del  enemigo.  Prevalecidos 
de  una  protección  arrancada  por  sorpresa,  trataban  los  forenses 
de  trocar  de  posición  con  sus  adversarios  y  de  empujarles  á  la 
desobediencia,  dispensándose  con  especiosos  subterfugios  de 
cumplir  por  su  parte  las  regias  prescripciones,  tarde  y  mal  eje- 
cutadas. Al  fin ,  desengañado  Alfonso  por  su  antiguo  secretario 


270  ISLAS      BALEARES 

Francisco  Axaló,  que  con  el  jurado  militar  Burgués  y  el  arte- 
sano Massot  fué  enviado  á  Ñapóles,  mandó  en  vez  de  un  comi- 
sario un  capitán  general  y  en  vez  de  providencias  soldados. 
Cuatro  naves,  preñadas  de  armas,  de  caballos,  de  tropas  aven- 
tureras conocidas  en  Italia  por  sacomanos^  lanzaron  á  la  orilla 
su  formidable  carga  en  i .°  de  Agosto,  y  al  otro  día  su  caudillo 
Francisco  de  Erill  virrey  de  Cerdefla  tomó  posesión  del  gobier- 
no, asociado  á  Vilademany,  aunque  con  la  preponderancia  de- 
bida en  tal  ocasión  al  elemento  militar.  Para  mantenimiento  de 
su  gente  tan  propensa  á  desbandarse  con  la  falta  de  sueldo, 
aseguróse  á  despecho  de  obstáculos  y  protestas  dos  mil  libras 
al  mes  sobre  los  fondos  de  la  consignación,  y  las  percibió  sin 
réplica  por  espacio  de  dos  años.  Acopió  cuantiosa  pólvora  para 
los  arcabuces  y  espingardas,  y  alentando  á  los  tímidos  y  repri- 
miendo á  los  mal  dispuestos,  triplicados  con  el  refuerzo  los  mil 
peones  y  duplicados  los  doscientos  jinetes  que  había  traído, 
salió  á  campaña  desplegando  el  pendón  real. 

Andada  por  el  ejército  sinuosa  ruta  todo  un  día  y  una  noche 
sin  detenerse  en  pueblo  alguno,  en  la  mañana  del  3 1  de  Agosto 
dio  vista  á  Inca,  donde  se  encerraran  tras  de  fuertes  barricadas 
los  más  comprometidos  insurrectos.  Intimóseles  la  rendición  por 
medio  de  un  alguacil,  y  la  respuesta  fué  meterle  de  cabeza  en 
un  silo.  Mandó  torcer  Erill  hacia  Sancellas  para  abrevar  los  ca- 
ballos, y  tomando  los  rebeldes  por  fuga  la  retirada,  salieron  en 
su  persecución  con  insultante  gritería,  hasta  que  una  vez  en 
campo  raso,  volvieron  de  pronto  la  cara  las  aguerridas  tropas, 
rompiendo,  destrozando  los  tumultuosos  pelotones.  Aquello  fué 
carnicería  y  no  combate:  en  un  momento  cubrieron  el  llano 
ochenta  de  los  cadáveres;  ochenta  prisioneros  fueron  destinados 
á  improvisados  suplicios,  pendientes  de  los  árboles  por  funeral 
trofeo ,  ó  reservados  para  más  solemne  expiación  en  los  cadal- 
sos de  la  ciudad.  Sancellas,  casi  desierta  por  haber  acudido  al 
socorro  de  Inca  sus  moradores,  fué  puesta  á  saco  por  la  solda- 
desca sin  discernir  amigos  de  adversarios.   Aquel  día,  sin  nece- 


ISLAS      BALEARES  27I 


sidad  de  segundo  golpe,  vino  á  tierra  el  alzamiento.  Replegá- 
ronse sobre  Pollensa  las  ya  deshechas  partidas:  embarcóse 
Simón  Ballester  en  la  recién  concluida  galera  con  rumbo  á  Ña- 
póles, acompañado  de  Moner  y  de  trescientos  de  sus  secuaces; 
con  otros  trescientos  se  internaron  en  las  montañas  Mascaró  y 
Nicoiau ,  tan  lejos  de  abandonar  su  madriguera  como  de  aco- 
sarlos en  ella  los  soldados.  Por  lo  tocante  al  litigio  cuya  deci- 
sión pendía  del  soberano,  á  ninguna  fracción  quiso  cerrar  Erill 
el  acceso  á  la  corte,  así  á  los  afiliados  en  las  pasadas  banderías 
de  gobierno  como  á  los  neutrales,  á  los  artesanos  así  como  á  los 
forenses;  y  volvieron  á  sus  opuestas  gestiones  los  delegados  de 
las  villas  y  los  de  la  ciudad ,  animada  por  la  vengativa  có- 
lera que  pasado  el  riesgo  suele  reemplazar  al  terror,  y  recla- 
mando un  código  de  proscripción  é  ilotismo  perpetuo  contra 
aquellas  (i).  Entretanto  bastaba  el  regente,  con  poca  más 
comitiva  que  la  ordinaria,  para  recorrer  en  la  segunda  mitad 
de  Octubre  á  Sineu,  Petra,  Manacor,  Arta  y  Muro,  y  á  fin  de 
Noviembre  á  Binisalem  é  Inca,  dejando  huellas  de  su  justicia 
sumaria  en  cada  pueblo,  además  de  los  reos  que  con  frecuencia 
suministraba  Inca  á  la  ciudad  para  abastecer  el  patíbulo  de  la 
puerta  de  San  Antonio. 

Del  fondo  de  las  vacías  arcas  del  erario  había  de  salir  el 
sueldo  de  las  compañías  italianas,  y  para  cubrir  los  atrasos  em- 
prendió por  laá  villas  un  paseo  á  la  entrada  de  1453  el  clavario 
Domingo  Miró  con  algunos  exactores,  hasta  parar  en  Pollensa, 
donde  se  hizo  más  peligroso  el  desempeño  de  su  comisión. 
Estallaron  en  motín  los  murmullos,  entraron  á  mezclarse  con 
los  descontentos  los  foragidos;  y  el  honorable  Miró,  después  de 
haber  visto  teñidas  en  la  sangre  de  cuatro  dependientes  suyos 
las  losas  de  la  plaza,  no  halló  asilo  en  su  posada,  de  la  cual 


(i)  Espantan  las  instrucciones  dadas  en  30  de  Setiembre  por  los  jurados, 
presa  de  vértigo  reaccionario,  y  aspirando  nada  menos  que  á  establecer  una 
monstruosa  é  insostenible  oligarquía. 


27a  ISLAS      BALEARES 

sácesele  arrastrando  y  se  le  destrozó  á  hachazos  en  la  calle. 
Este  frenético  atentado  no  sirvió  sino  para  acabar  más  pronto 
con  los  restos  de  la  sublevación,  sobre  los  cuales  se  echó  con 
todas  sus  fuerzas  el  decidido  Eríll,  sin  dejarles  volver  á  sus 
guaridas.  Jefe  de  ellos  había  quedado  el  pelaire  Mascaró,  y  su 
captura  fué  contada  por  proeza  y  timbre  al  noble  Gil  de  Sant 
Martí:  como  jefe  mereció  la  prerrogativa  de  ser  decapitado  en  el 
indicado  patíbulo  y  hecho  cuartos.  No  así  Pedro  Font  de  Muro, 
quien  á  pesar  de  su  más  distinguida  alcurnia  sufrió  en  su  pueblo 
la  pena  de  horca.  La  misma  padecieron  al  rededor  de  la  ciudad, 
á  la  entrada  de  los  caminos  de  Sóller,  Inca,  Sineu  y  Llucmayor, 
sendas  parejas  de  reos  pollensines,  y  entre  ellos  un  vecino  de 
Inca,  el  famoso  Jaime  Nicolau  Rey^  de  papel  más  alto  que  el  su- 
plicio. Ignórase  si  van  comprendidos  estos  y  los  ajusticiados  en 
Pollensa  en  el  número  de  los  veinticuatro  moradores  de  la  villa 
que  juntos  aparecen  en  la  cuenta  del  verdugo,  aunque  de  algu- 
nos se  sabe  que  lo  fueron  por  el  camino,  marcando  en  dirección 
á  la  capital  un  aterrador  itinerario.  Petra,  Sineu,  Manacor  pre- 
senciaron también  ejecuciones  de  muerte.  Algunas  recaían  en 
prófugos  que,  cansados  de  correr  aventuras  por  el  extranjero, 
volvieron  en  mal  punto  á  su  país ,  mientras  otros  compañeros 
más  animosos  se  rehabilitaban  empleando  la  galera  forense  y 
sus  personas  en  servicio  del  monarca  y  en  gloriosa  pelea  con 
los  florentines. 

Corría  promediado  ya  el  1454,  cuando  volvieron  de  Ñapóles 
los  mensajeros  ciudadanos,  Burgués,  Axaló  y  Berard,  con  las 
soberanas  resoluciones  fechadas  el  20  de  Mayo  en  una  serie  de 
decretos:  amnistía  general  salvo  en  delitos  de  lesa  majestad  y 
de  homicidio  premeditado,  confirmación  de  franquicias,  promesa 
de  no  enviar  á  la  isla  comisarios  hasta  nueva  convocación  de 
cortes,  sobreseimiento  en  la  anual  quitación  de  censos  á  los 
acreedores  de  Barcelona  mientras  no  quedaran  cubiertos  de  sus 
pensiones  atrasadas  los  de  la  isla,  revisión  de  las  pasadas  admi- 
nistraciones así  de  la  universidad  del  reino  como  del  sindicado 


ISLAS      BALEARES  273 

forense,  expurgo  de  las  insaculaciones  para  cargos  y  oficios  pú- 
blicos con  conocimiento  de  la  clase  respectiva,  fueron  las  provi- 
dencias más  importantes.  Sobre  la  comunidad  de  las  villas  se 
acumuló  la  enorme  carga  de  antiguas  deudas,  de  impuestos  no 
satisfechos  en  tres  afios,  de  indemnizaciones  de  daftos  á  los  ve- 
cinos de  la  ciudad,  y  hasta  de  la  mitad  de  los  gastos  de  ésta  en 
defensa  propia,  y  además  la  multa  de  ciento  cincuenta  mil  li- 
bras; á  la  ciudad  no  se  impusieron  sino  veinte  mil  ducados  por 
el  envío  de  las  tropas,  de  donde  se  originó  el  derecho  del  ge- 
neral. Vilademany  destituido  dejó  á  Erill  en  íntegra  posesión 
del  mando;  los  sacomanos^  mandados  retirar,  se  embarcaron  en 
su  mayor  parte,  dejando  en  la  isla  un  nombre  inolvidable  por 
largo  tiempo,  y  partidos  otros  ciento  cincuenta  un  año  después, 
quedaron  sólo  cuarenta  caballos  armados,  cu3ra  permanencia, 
por  más  que  gravosa  á  los  forenses,  consideraban  sus  adversa- 
rios indispensable  todavía  en  1457  para  represión  de  nuevos 
alborotos.  Á  las.  confiscaciones  sucedieron  entonces  los  secues- 
tros y  embargos;  las  deudas  completaron  los  resultados  de  los 
crímenes;  y  la  pobreza  y  el  miedo  lanzaron  á  Córcega  y  á  otras 
vecinas  riberas  bandadas  de  labradores.  Por  falta  de  brazos  y 
de  recursos,  por  falta  también  de  seguridad,  yacía  abandonado 
el  cultivo;  la  algarroba  y  el  lentisco,  y  á  lo  más  la  cebada  y  la 
avena,  eran  el  sustento  de  los  pobres,  de  los  cuales  expiraron 
muchos  al  rigor  del  hambre.  Los  más  acomodados,  para  exi- 
mirse de  los  abrumadores  repartos,  alegaban  testimonios  más 
ó  menos  fidedignos  de  leal  conducta  y  aun  de  vejaciones  sufri- 
das durante  los  trastornos ;  de  aquí  los  pleitos,  las  recrimina- 
ciones, las  envidias  alimentadas  en  el  seno  de  la  común  miseria. 
Sólo  quedaba  de  pie  en  medio  de  este  anonadamiento  el  sindi- 
cado forense,  siempre  enérgico,  siempre  independiente  y  com- 
pacto, en  cualesquiera  circunstancias  y  cualesquiera  personas  lo 
desempeñasen,  trazando  en  la  general  asamblea  cuadros  desola- 
dores que  estremecían  á  los  propios  ciudadanos,  ó  haciendo  pene- 
trar gritos  de  dolor  é  indignación  hasta  los  oídos  del  monarca. 
35 


274  ISLAS      BALEARES 

¿Qué  se  había  hecho  Simón  Ballester?  Osó,  llegado  á  Ña- 
póles, parecer  ante  el  trono?  Encontró  indulgente  acogida,  ó 
duro  encierro,  ó  ancho  palenque  donde  desplegar  mejor  sus 
aventureros  bríos?  ó  anduvo  errante  y  oculto  cuatro  aftos  por 
apartadas  tierras,  manteniéndose  fuera  de  alcance  del  castigo? 
Como  si  á  él  antes  que  á  otro  alguno  no  cerrara  la  vuelta  al 
país  el  decreto  de  1454,  declarándole,  sin  necesidad  de  nom- 
brarle, incapaz  de  salvo-conducto,  reaparece  en  la  isla  el  temi- 
ble emigrado  por  el  mes  de  Agosto  de  1456,  arrostrando  la 
muerte,  con  la  esperanza  sin  duda  de  reproducir  un  alzamiento. 
Es  sentido,  y  huye  á  Menorca:  envían  allá  los  jurados  con  gran 
recato  al  comisionado  Pedro  des  Portell,  quien  recaba  del  go- 
bernador Jofre  de  Ortafá  que  prenda  al  fugitivo;  pero  los  jura- 
dos de  Ciudadela  y  generales  de  aquella  isla  dificultan  la  extra- 
dición por  guardar  incólumes  sus  preciosas  franquicias.  Insisten 
los  de  Mallorca,  pero  no  con  amenazas  ni  con  intervención  si- 
quiera del  virrey  Erill;  y  al  cabo  de  cuatro  meses,  sea  por  efecto 
de  negociaciones,  sea  por  mandato  del  rey  á  quien  acuden  en 
súplica,  reciben  aherrojado  al  gran  criminal.  Doce  días,  que 
pasa  éste  bien  guardado  en  la  torre  del  Ángel  por  cuatro  escu- 
deros del  lugarteniente  real,  del  25  de  Diciembre  al  5  de  Enero 
de  1457,  median  entre  la  llegada  y  el  suplicio,  que  se  ejecutó 
en  la  bulliciosa  noche  de  Reyes,  siendo  arrastrado  y  descuarti- 
zado á  la  luz  de  las  antorchas  (i).  Pena  menos  ordinaria  que  la 
de  horca  correspondía  á  aquel  caudillo  improvisado,  de  cualida- 
des inferiores  á  su  delirante  ambición,  pero  superiores  á  su  os- 
curo y  vulgar  destino. 

Ocasión  era  poco  oportuna  para  devolver  á  los  forenses  el  uso 


(i)  Fahentlo  rossegar  escorterar  la  nit  cT Aparicio  escriben  en  q  de  Enero  los 
jurados  al  caballero  Bernardo  de  Pachs  gerente  de  la  universidad  en  Ñapóles. 
En  la  partida  consignada  el  8  en  el  libro  de  datas  de  la  procuración  real  acerca 
de  la  prisión  y  custodia  de  Tort  Ballester,  no  se  mencionan  sino  genéricamente 
«los  diversos  crímenes  y  malos  hechos  que  cometió  en  las  pasadas  sediciones  y 
tumultos.» 


ISLAS      BALEARES  275 

de  armas,  y  más  quedando  entre  ellos  todavía  agitadores  seña- 
lados al  decir  de  la  ciudad,  que  vio  con  inquietud  el  embarque 
de  los  cuarenta  caballos  últimos  de  la  escolta  del  virrey,  aunque 
no  bien  quistos  de  los  censalistas,  á  quienes  tantas  pensiones 
habían  devorado.  Temían  por  otra  parte  los  jurados  que  recru- 
decieran los  ominosos  bandos  de  gobierno  con  los  manejos 
traídos  en  la  corte  por  el  ex  jurado  mercader  Antonio  Sala  y 
con  las  mudanzas  que  al  rey  sugería,  calificadas  por  ellos  de 
peligrosas  novedades ;  pero  estos  cuidados  y  el  de  preservar  la 
isla  del  contagio  derramado  entonces  por  la  península,  cedían 
todas  al  supremo  de  proveer  de  subsistencias  el  vecindario  en 
aquellos  años  de  carestía  excepcional,  en  medio  de  la  habitual 
escasez  de  cosechas  que  hacía  casi  permanente  en  Mallorca  la 
lucha  par  la  vida.  Por  fortuna  á  mosén  Erill,  que  se  había 
hecho  tener  por  justiciero  y  por  sus  facultades  extraordina- 
rías  (i),  sin  obtener  á  pesar  de  esto  franquicia  de  la  universidad, 
sucedió  en  Abril  de  1458  Vidal  Castelladoríz  y  de  Blanes,  prece- 
dido  de  buena  fama  y  estimable  por  sus  prendas,  cuya  confirma- 
ción y  la  de  su  asesor  (^aburgada  fué  lo  primero  que  pidiéronlos 
jurados  al  nuevo  rey  Juan  II  luego  de  sabido  en  Julio  siguiente 
el  fallecimiento  de  Alfonso  V.  En  el  trueque  de  soberano  sí  que 
anduvo  más  desgraciado  el  reino»  pues  algo  iba,  aunque  her- 
manos, de  aquel  glorioso  conquistador  de  Ñapóles,  por  más 
que  gobernase  desde  lejos  y  distraído  en  conquistas,  alianzas  y 
academias,  al  turbulento  rey  de  Navarra,  si  tal  podía  legal- 
mente  titularse,  que  nunca  supo  sino  revolver  con  sus  intrigas 
y  escaramuzas  los  tres  reinos  de  España,  y  distinta  atmósfera 
formaba  al  rededor  de  ellos  su  respectiva  corte,  á  pesar  de 
tener  comunes  muchos  vicios,  unos  de  siempre  y  otros  peculia- 
res del  tiempo. 


(i)  Dejó  vacias  de  presos  las  cárceles,  pues  visitándolas  en  2^?  de  Febrero 
de  1458  pocos  días  antes  de  marcharse,  ningún  detenido  en  ellas  se  encontró,  lo 
cual,  según  nota  puesta  en  un  códice,  jamás  acaso  se  habrá  visto. 


276  ISLAS      BALEARES 

El  primer  acto  del  monarca  entrante  fué  reclamar  de  los 
mallorquines  por  su  coronación  y  advenimiento  al  trono  el  do* 
nativo  de  costumbre,  que  negó  con  vigor  desusado  la  universi- 
dad, fuerte  con  sus  franquicias  y  todavía  más  con  sus  apuros,  en 
cuya  difícil  embajada  estrenó  sus  talentos  un  joven  notario,  que 
treinta  años  adelante  seguía  como  hábil  negociador  las  gloriosas 
campañas  de  los  Reyes  Católicos.  Por  esta  vez  no  logró  Pedro 
Litrá  que  cediese  de  su  exigencia  Juan  II,  como  tampoco  ante 
las  intimaciones  del  lugarteniente  y  del  procurador  real  desistió 
de  su  resistencia  el  general  consejo;  y  hubo  que  diputar  al  abo- 
gado Bartolomé  de  Veri  con  facultad  de  soltar  tres  mil  y  hasta 
cuatro  mil  florines  á  trueque  de  alcanzar  muchas  y  diversas  pe- 
ticiones de  circunstancias  (i).  Presentábanse  mientras  tanto 
harto  más  graves  complicaciones:  atraído  de  Ñapóles  á  Sicilia, 
y  de  Sicilia  á  Mallorca,  había  ido  acercándose  el  desgraciado 
príncipe  de  Viana  sin  mediador  ni  amparo,  no  ya  á  los  amantes 
brazos,  sino  á  la  recelosa  potestad  de  su  desnaturalizado  padre, 
quien  desde  principio  del  1459  le  brindaba  con  obsequiosa  re- 
sidencia en  la  isla,  tan  bien  situada  para  negociar  y  concluir  la 
apetecida  concordia.  Ya  en  Mayo  una  comisión  nombrada  por 
clases  empezó  á  disponer  en  la  ciudad  digno  recibimiento  al 
primogénito  real;  hiciéronse  obras  en  el  alcázar  destinado  á  hos- 
pedarle, lo  mismo  que  en  el  castillo  de  Bellver,  ofrecido  de 
pronto  á  su  disposición,  aunque  luego  por  reservadas  órdenes 
no  entregado.  La  armada,  que  fué  á  recibirle  en  Palermo,  to- 
cando en  Cerdefla  y  luego  en  el  puerto  de  Salou  para  avisar  al 
rey  de  su  venida,  le  condujo  al  muelle  de  esta  capital  en  28  de 
Agosto:  púsole  en  tierra  un  ancho  puente  de  madera  enramado 
de  mirto  y  salpicado  de  flores ;  precedíale  un  pendón  nuevo  ri- 
camente bordado;  palio  magnífico  de  damasco  carmesí,  digno 


( I )  Compréndelas  en  número  de  diez  y  ocho  el  privilegio  dado  en  Fraga  á  20  de 
Setiembre  de  1460,  y  otras  tantas  próximamente  se  encargaron  en  las  instruccio" 
nes  al  enviado. 


ISLAS      BALEARES  277 

de  ser  regalado  después  á  la  catedral  para  las  solemnidades 
del  Corpus,  le  acogió  bajo  su  sombra,  alumbrándole  delante  y 
al  rededor  treinta  cirios  de  cera  encarnada  y  otras  tantas  antor- 
chas por  mano  de  altos  funcionarios  y  escogidos  representantes 
de  la  ciudad.  Hízosele  un  copioso  y  escogido  presente  de  provi- 
siones (i);  celebráronse  en  su  honor  pomposas  justas:  nada  le 
faltaba  para  considerarse  ya  rey  sino  poder  y  hasta  libertad. 

Cautivo  más  que  huésped,  vigilado  por  los  que  sólo  aparen- 
taban servirle,  sustraídos  á  su  obediencia  los  castillos,  vivió 
siete  meses  el  buen  Carlos  en  el  palacio  de  una  dinastía  destro- 
nada por  la  usurpación,  repasando  la  historia  de  la  que  él  venía 
á  terminar,  víctima  de  otra  usurpación  más  monstruosa  todavía; 
oró  el  día  de  Difuntos,  bien  que  tataranieto  de  Pedro  IV,  sobre 
la  tumba  de  Jaime  II;  escribió  en  22  de  Noviembre  á  su  padre 
aquella  carta  tan  tierna  y  obediente,  sometiéndose  á  entregar  la 
parte  de  Navarra  que  por  él  estaba,  y  á  no  habitar  en  ella  ni 
en  Sicilia,  á  trueque  de  que  los  suyos  y  su  querida  hermana 
Blanca  no  fueran  oprimidos,  y  contentándose  con  salvar  su  he- 
redamiento y  sucesión  (2).  Al  embajador  de  Portugal  recibió, 
dando  oído  á  tratos  de  casamiento  con  Catalina  hermana  de 
aquel  rey,  renunciando  al  de  Isabel  de  Castilla  hermana  de  En- 
rique IV  por  no  irritar  al  envidioso  progenitor  que  la  tenía  ya 
destinada  para  Fernando  el  hijo  predilecto  de  su  segundo  enla- 
ce. Llegó  el  atribulado  príncipe  á  recelar  asechanzas ,  y  para  el 
caso  de  que  se  intentara  detenerle,  trató  con  algunas  naves 
vizcaínas  de  asegurarse  la  retirada;  hasta  solicitó  como  estancia 
más  cómoda  el  castillo  de  Perpiñán  ó  algún  otro  con  puerto  de 


(i)  Consistió  en  seis  gruesas  terneras,  treinta  pares  de  gallinas,  treinta  de 
pollos,  diez  de  pavos,  y  cien  quesos,  en  lo  cual  y  en  los  preparativos  se  gastaron 
trescientas  libras.  El  mencionado  palio,  para  poderlo  regalar  á  la  Seo,  hubo  de  ser 
rescatado  por  veinte  y  cinco  florines  de  manos  de  los  sirvientes  ó  porteros  (uxers) 
del  príncipe,  que  pretendían  pertenecerles  en  razón  de  gajes. 

(2)  oNon  tema  V.  S.  ya  de  mí,  dice  en  esta  carta  que  trae  Zurita  lib.  XVI,  capí- 
tulo LX  de  sus  Anales,  ca  dexadas  las  razones  que  Dios  y  naturaleza  quieren,  ya 
estoy  tan  farto  de  males  y  ansadas  de  mar,  que  me  podéis  bien  creer.» 


278  ISLAS      BALEARES 

mar  en  Rosellón  ó  en  Cataluña:  mas  á  fines  de  Enero  logró  ver 
aprobadas  por  el  monarca  en  Barcelona  las  condiciones  de  la 
avenencia,  que  repelieran  por  intolerables  los  adictos  sicilianos 
y  navarros,  si  no  se  hubiese  esforzado  en  sosegarles  el  que  más 
perjuicios  sufría,  inculcándoles  la  paz  como  bien  supremo.  No 
fueron  todas,  sin  embargo,  de  ansiedad  y  desaliento  las  horas 
que  allí  se  le  deslizaron ;  muchas  de  serios  estudios  le  distraje- 
ron de  sus  penas  (i);  y  si  hemos  de  juzgar  por  lo  espontáneo  y 
copioso  del  donativo  que  le  concedió  la  universidad,  primero  de 
mil  doscientas  libras  y  luego  generosamente  duplicado,  cuando 
con  tal  tesón  se  le  regateaba  al  temido  soberano,  patente  y  con- 
soladora muestra  de  la  adhesión  de  estos  isleños  recibió  sin 
duda  el  augusto  prisionero,  reducido  á  la  mayor  penuria,  sin 
más  pensión  de  su  opresor  que  la  mensual  de  doscientos  flori- 
nes (2)  para  el  gasto  de  su  mesa. 

No  sin  negros  presentimientos  se  despidió  de  su  apacible 
retiro  Carlos  de  Viana  en  26  de  Marzo  de  1460,  no  obstante 
de  acudir  á  un  llamamiento  de  reconciliación  y  gracia ;  el  éxito 
los  justificó  demasiado.  Llegado  á  los  dos  días  de  viaje,  evitó 
los  alborozados  homenajes  de  Barcelona,  aposentándose  fuera 
en  el  monasterio  de  Valdonzellas;  pidió  desde  luego  una  confe- 
rencia con  su  pérfida  madrastra,  que  la  esquivó;  salió  al  encuen- 
tro de  su  avieso  padre  hasta  Igualada,  besándole   la   mano 


(i)  Por  un  recibo  otorgado  en  poder  del  notario  Litrá  reconoce  el  principe  en 
2  5  de  Marzo,  el  día  antes  de  su  embarque,  haber  recibido  en  depósito  del  cabildo 
de  Mallorca  los  libros  de  la  Suma  de  Sto.  Tomás,  legados  por  el  obispo  recién  di- 
funto, fray  Juan  García,  prometiendo  restituirlos  dentro  de  un  año  ó  satisfacer  por 
ellos  veinte  florines  de  Aragón.  Entre  los  arreglos  que  para  recibirle  se  hicieron 
en  el  palacio,  suenan  los  encerados  puestos  en  la  ventana  de  la  librería,  y  un  es- 
critorio nuevo  de  madera,  y  en  él  cuatro  tablas  apoyadas  en  la  pared  para  tener 
sus  libros  el  señor  principe.  Cuan  numerosa  y  variada  fuese  la  colección  de  sus 
manuscritos,  despréndese  del  catálogo  publicado  en  el  tomo  XXVI  de  los  Docu- 
mentos de  la  corona  de  Aragón. 

(2}  Valia  el  florín  en  Valencia  17  sueldos  4  dineros,  correspondiendo  aproxi- 
madamente á  siete  octavos  de  la  libra  mallorquína.  Algunos  pequeños  gastos  has- 
ta la  suma  de  250  libras  hubo  de  pagar  el  procurador  real  al  partir  el  príncipe 
per  la  gran  necessitai  en  que  sia  al  preseni  constituiL 


ISLAS      BALEARES  27Q 

humildemente:  nada  bastó  para  que  Juan  II  desistiera  de  encru- 
decer contra  su  propia  sangre,  y  en  vez  de  hacer  jurar  por 
sucesor  á  su  primogénito,  como  esperaban  las  cortes  de  Aragón 
en  Fraga  y  las  de  Cataluña  en  Lérida,  mandóle  prender,  termi- 
nadas éstas  en  2  de  Diciembre.  Levantóse  de  los  diversos  reinos 
de  la  monarquía  un  grito  de  indignación  y  espanto;  púsose  en 
armas  el  principado  catalán;  y  ya  en  8  de  Enero  de.  146 1,  dada 
cuenta  al  general  consejo  de  Mallorca  de  que  no  había  pobla- 
ción de  doscientos  hogares  arriba,  tanto  en  aquél  como  en  Ara- 
gón y  Valencia,  que  sobre  tan  inexplicable  prisión  no  enviara  á 
la  corte  su  mensaje,  se  propuso  si  haría  otro  tanto  la  isla,  salva 
la  fe  debida  al  soberano,  para  que  en  ningún  tiempo  ni  por  na- 
die pudiese  ser  notada  de  negligencia.  Altercóse  sobre  el  asun- 
to, y  aunque  en  razón  de  las  escaseces  del  país  se  difirió  la  em- 
bajada hasta  obtener  respuesta  de  la  consulta  hecha  á  los 
estados  vecinos,  protestaron  nominalmente  hasta  trece  conseje- 
ros, los  cuales  no  sería  temeridad  considerar  afectos  á  la  ilustre 
victima,  contra  una  indiferencia  que  argüía  poco  menos  que  pa- 
rálisis en  miembro  tan  principal  de  la  corona  (i).  Verdad  es 
que  en  la  siguiente  sesión  de  10  de  Marzo,  oída  la  carta  que  les 
escribía  desde  Caspe  el  desconcertado  rey  en  1 2  de  Febrero 
quejándose  amargamente  del  alzamiento  de  los  catalanes,  la 
asamblea  unánime  dio  testimonio  por  lo  pasado  y  prendas  para 
lo  sucesivo  de  la  buena  é  integra  fidelidad  de  estos  naturales  á 
sus  monarcas. 

La  efímera  dominación,  que  con  delirante  entusiasmo  del 
pueblo  mantuvo  en  Cataluña  el  de  Viana  desde  el  recobro  de 
su  libertad  hasta  su  llorado  fin,  de  2  de  Marzo  á  23  de  Setiem- 


( o  «Qtt«  lo  preseni  regne  no  era  encare  memhre  ian  paraltiich^que  de  semblani 
e  ian  ardua Jeyna  no  *$  degués  rahonablement  e  deguda  sentir.»  (Actas  del  gen. 
cons.)  Fueron  los  trece  indicados:  mosén  Juan  Dameto,  Jaime  de  Galiana,  mi- 
cer  Bartolomé  de  Veri,  mos.  Pedro  Unís,  mos.  Juan  Fuster,  Rodrigo  Torrella, 
mos.  Nicolás  de  Pachs,  Andrés  Net,  Francisco  Pardo,  Nicolás  Spanyol  (caballeros 
y  ciudadanos)  y  Antonio  Canyellas,  Andrés  Boix  y  Juan  Mir  (notarios).  Mencióna- 
los Mut  á  casi  todo&,  aunque  comprendiendo  al  revés  el  espíritu  de  la  protesta. 


28o  ISLAS      BALEARES 

bre,  se  extendió  hasta  cierto  punto  á  Mallorca,  donde  eran  cum- 
plimentadas sus  órdenes  (i);  mas  no  envolvieron  la  isla  las  tur- 
bulencias del  principado,  al  estallar  en  insurrección  contra  el 
padre  el  desconsuelo  por  la  pérdida  del  hijo.  Apenas  declarado 
en  Barcelona  el  rompimiento  con  la  reina,  á  quien  no  valieron 
sus  artes  ni  el  juramento  obtenido  á  favor  del  niño  Fernando 
como  sucesor  para  no  tener  que  salir  escapada,  apresuráronse 
los  diputados  y  su  consejo  en  28  de  Mayo  de  1462  á  dirigir  á 
sus  hermanos  de  Mallorca,  como  los  llaman,  un  prolijo  mani- 
fiesto, enterándoles  de  los  rigores  y  vejámenes  de  la  corte,  de 
la  negra  conjuración  por  ella  protegida  en  el  seno  de  la  misma 
diputación  para  exterminarla  y  que  había  tenido  ésta  que  casti- 
gar con  el  suplicio  de  seis  de  sus  colegas  ó  dependientes,  de  los 
excesos  y  desmanes  de  los  payeses  de  remensa  en  el  Ampurdán 
insurreccionados  con  el  apoyo  de  la  autoridad  real  contra  sus 
señores,  del  abandono  del  Rosellón  y  CerdaAa  á  los  franceses 
en  prenda  de  la  nefanda  liga  contraída  con  el  extranjero;  y  exhor- 
taban á  los  de  acá  á  abrazar  su  santa  causa  en  defensa  de  sus 
privilegios  y  franquicias,  de  la  integridad  del  territorio  y  hasta 
de  sus  bien  entendidos  deberes  de  vasallos.  Todavía  en  esta 
carta  se  vela  con  ciertas  salvedades  la  rebelión;  á  otra  de  27  de 
Junio  acompañan  ya  los  edictos  contra  el  rey  y  contra  su  con- 
sorte, renunciando  á  su  obediencia  por  la  cruel  entrega  de  la 
princesa  doña  Blanca  y  por  ultrajes  sin  cuento  á  la  naturaleza, 
á  las  leyes  y  á  la  nación.  Ninguno  de  estos  pliegos  llegaron  á 
su  destino:  interceptólos  el  gobernador  Castelladoriz,  pero  al 
presentarse  como  especial  mensajero  Juan  de  Olivella,  hubo 
aquél  de  autorizar  la  lectura  del  nuevo  despacho  que  traía  y  la 
de  los  anteriores  en  plena  sesión  de  1 6  de  Julio,  en  cuya  permi- 
sión y  en  respetar  la  persona  del  enviado  influiría  probablemen- 


(i)  Pruébase  por  un  mandato  de  embargo  de  bienes  contra  el  barcelonés 
Pedro  Rodas  curtidor,  expedido  por  el  príncipe  en  i  o  de  Setiembre,  y  ejecutado 
aquí  en  2  5  del  propio  mes,  cuando  había  éste  cesado  de  vivir. 


ISLAS      BALE \R  E  S 


te  la  necesidad  de  mantener  con  los  catalanes  buenas  relaciones 
mercantiles,  como  así  se  encargó  después  al  notario  Litrá  la 
comisión  de  hacerlo  presente  al  soberano.  Cualesquiera  fuesen, 
más  ó  menos  hostiles  y  más  ó  menos  unánimes,  los  sentimientos 
despertados  en  el  general  consejo  por  la  subversiva  excitación, 
acordóse  darle  cortés  y  mesurada  respuesta,  digna  de  la  numero- 
sa y  grave  comisión  escogida  para  redactarla  (i),  pero  bien  explí- 
cita en  exhortar  sumisión  y  paz  á  los  insurgentes,  á  cuyos  recuer- 
dos de  fraternal  unión  y  común  origen  nada  mejor,  dicen,  podían 
ofrecer  en  correspondencia  los  mallorquines  que  su  más  entra- 
ñable mediación  para  restituirlos  á  la  real  gracia. 

Pero  esta  actitud  conciliadora  no  era  sostenible  por  largo 
tiempo:  puesto  Juan  II  en  Setiembre  sobre  la  rebelde  Barcelona, 
empeñó  á  la  isla  en  desapiadada  guerra  contra  el  principado, 
reclamando  levas  de  gente  y  donativos  extraordinarios ;  y  cesó 
el  tráfico  entre  los  dos  países  amigos,  rompiéronse  por  mar  las 
hostilidades,  y  las  costas  se  vieron  sin  cesar  amenazadas  de 
piráticas  correrías.  Sólo  este  azote  faltaba  que  añadir  á  las  divi- 
siones intestinas  y  á  los  atentados  de  toda  clase,  que  pululaban 
con  salvaje  vigor  en  el  inculto  y  agotado  suelo.  Andaba  como 
siempre,  por  no  decir  en  aumento,  desencadenado  en  los  pue- 
blos, á  ejemplo  de  la  ciudad,  el  espíritu  de  bandería.  Sineu,  San 
Juan,  Binisalem,  Muro,  se  entregaban  á  diarias  pendencias,  más 
funestas  por  los  enconos  que  por  las  heridas  que  producían ;  y 
los  que  no  en  lucha  abierta,  caían  víctimas  de  traidoras  ase- 
chanzas. No  cesaron  durante  el  otoño  los  lugartenientes  del  go- 
bernador á  la  sazón  enfermo,  Juan  de  Galiana  y  Hugo  de  Sant- 
Johán ,  de  acudir  de  villa  en  villa  al  apaciguamiento  de  las 


(i)  Á  los  diez  individuos  nombrados  de  los  cuatro  brazos  de  la  ciudad  y  del 
de  forenses,  añadiéronse  como  hombres  de  ciencia  nueve  jurisperitos,  á  saber; 
Bonifacio  Morro,  Juan  Berard,  Mateo  Malferit,  Gabriel  de  Veri,  Fernando  Valcntí, 
Rafael  Ferrer,  Bartolomé  de  Veri,  Nicolás  Berard  y  Rafael  de  Oleza.  Mut  trae  dicha 
contestación,  concisa  por  cierto. 
3í 


282  ISLAS      BALEARE 


reyertas  y  á  la  averiguación  de  los  delincuentes  con  un  dispen- 
dioso séquito  de  capdeguaitas  y  escuderos  y  hasta  de  gentiles 
hombres;  mas  á  la  entrada  de  1463  declaróse  en  Inca  y  Binisa- 
lem  un  movimiento  de  índole  más  grave,  como  que  al  frente  de 
los  agavillados  payeses  se  puso  un  mosén  Pedro  Juan  Albertí, 
hermano  al  parecer  ó  al  menos  deudo  inmediato  del  ex-procura- 
dor  real  Juan  Albertí,  favorecido  dos  veces  por  el  rey  Alfonso 
con  la  provisión  vitalicia  del  empleo  en  1448  y  1457,  y  separa- 
do luego  por  el  nuevo  rey  no  sin  expresivas  reticencias  para  co- 
locar á  Francisco  Burgués;  y  con  aquél  andaba  en  el  alboroto 
el  joven  Bernardo  Albertí  hijo  del  depuesto  funcionario.  Como 
se  entendieran  en  sus  agravios  y  proyectos  los  forenses  con  los 
de  familia  tan  ominosa  á  su  pasado  alzamiento,  aun  cuando 
no  mediara  sino  la  pésima  memoria  del  vice-asesor  mícer  Harto- 
lomé,  es  cosa  que  no  se  comprende.  Tres  días  bastaron  para 
dispersar  las  partidas;  el  jefe  se  eclipsó  escapado  tal  vez  á  Bar- 
celona: pero  de  allí  vino  meses  después  en  una  nave  barcelone- 
sa el  mismísimo  ex-procurador  con  más  ánimos  y  medios,  como 
hombre  de  influencia  y  empuje,  para  reanudar  la  interrumpida 
trama  (i).  Tratábase  de  encadenar  la  isla  al  movimiento  de 
Cataluña,  en  sentido  análogo  al  que  se  procuraba  por  los  mis- 
mos días  en  Menorca;  pues  á  haber  sido  menos  graves  el 
atentado  y  el  peligro,  no  fuera  pregonada  por  las  villas  la 
cabeza  del  sedicioso  caballero,  ofreciendo  quinientos  florines 


(i)  No  es  fácil  desenredar  la  complicada  madeja  de  las  numerosas  ramas  de 
Albertí.  Ora  fuesen  hermanos^  ora  nada  más  que  primos  el  procurador  real  mosén 
Juan  y  el  viceasesor  de  Olms  micer  Bartolomé,  quien  vivía  á  la  sazón  retirado  en 
Inca  administrando  los  bienes  de  su  esposa  Leonor  de  Bordils,  además  de  los  va- 
rios hijos  de  uno  y  otro  funcionario,  figura  Pedro  Juan,  el  excitador  de  la  revuel- 
ta en  Enero  de  1463,  que  desaparece  luego  para  hacer  lugar  desde  la  siguiente 
primavera  á  mosén  Juan,  lo  qual^  dice  una  partida  de  las  obras  hechas  en  su  pri- 
sión, era  vengut  de  Barcelona  ab  una  fusta  de  Barcelona;  y  éste  es  el  que  fué  pre- 
gonado por  la  isla  y  que  entró  preso  con  sus  hijos  en  la  torre  del  Ángel.  De  Pedro 
Juan  es  de  presumir  que  se  salvase  en  Barcelona,  donde  se  hallaba  aún  en  Setiem- 
bre de  [  469  con  Galcerán  Des-mas  y  otros  fugitivos  de  la  conspiración  posterior. 
Era  al  mismo  tiempo  alcaide  del  castillo  de  Pollensa  un  Arnaldo  Albertí. 


ISLAS      BALEARES  283 

de  oro  al  que  le  entregara  á  la  justicia,  é  imponiendo  pena 
de  muerte  al  que  le  ocultara.  De  su  captura  dio  parte  el  bai- 
le de  Muro,  y  en  los  últimos  días  de  Junio  ó  primeros  de  Ju- 
lio fué  conducido  á  la  torre  del  Ángel,  cuyo  encierro  compar- 
tió, no  sólo  con  su  hijo  Bernardo,  sino  con  otro  hijo  Pedro 
acaso  su  primogénito,  con  Pedro  Sánchez  Muñoz  yerno  suyo 
probablemente,  oriundo  de  Teruel  y  sobrino  del  difunto  obispo 
don  Gil  el  antipapa,  y  con  Fortuny  de  Ruesta,  sin  duda  com- 
prometido por  su  cuñado  ó  tío  micer  Copons  hecho  el  oráculo 
de  los  insurgentes  catalanes  (i).  En  Febrero  de  1465  piérdese 
la  huella  de  estos  presos ,  y  el  silencio  hace  presumir  que  no 
tuvo  su  proceso  el  trágico  desenlace  que  al  principio  anun- 
ciaba. 

Mallorca  se  ponía  en  formidable  píe  de  guerra,  y  el  general 
consejo  no  atendía  sino  á  prevenirse  y  votar  tallas,  tres  mil 
libras  de  socorro  al  soberano,  dos  mil  para  adquisición  de 
armas  ofensivas  y  defensivas,  doscientas  para  proveer  de  salitre 
las  bombardas,  mil  en  reparos  del  muelle  y  de  los  aportillados 
muros  de  la  ciudad,  mil  en  fortalecer  los  de  Alcudia  que  por  la 
fermentación  declarada  en,  la  vecina  Menorca  competían  en  im- 
portancia y  en  peligro  con  los  de  la  capital.  De  aquel  puerto, 
del  de  Andraig,  del  de  Sóller,  de  las  demás  villas  marítimas, 
alcanzábanse  unos  á  otros  los  avisos  de  buques  sospechosos  ó 
enemigos,  catalanes,  vizcaínos,  portugueses,  de  hostiles  desem- 
barcos y  presas,  y  acompañaban  hombres  aprendidos  naturales 


(i)  Conservó  micer  Copons,  aunque  ausente  desde  1444,  la  propiedad  de  la 
asesoría  de  la  gobernación  rigiéndola  por  sustituto,  y  de  consiguiente  su  habi- 
tación en  el  real  palacio,  que  ocupó  su  sobrino  Fortuny  hasta  1460,  en  que  tuvo 
que  cederla  á  Sa-burgada  su  sucesor,  y  sus  muebles  metidos  en  cajas  fueron  remi- 
tidos en  1464  á  micer  Juan  Pagés  vice-canciller  del  rey,  de  quien  había  obtenido 
los  bienes  confiscados  á  Copons.  Fortuny  pasó  lo  más  del  tiempo  de  su  detención 
en  compañía  de  mossen  Juan  Alberti  y  de  su  hijo  Bernardo,  al  paso  que  su  otro 
hijo  Pedro,  que  á  principios  de  1458  desempeñaba  por  él  la  procuración  real,  es- 
taba en  otro  encierro  con  su  cuñado  Sánchez  Muñoz,  que  además  de  su  enlace  con 
una  Alberti,  tenía  en  contra  suya  un  duelo  pendiente  con  Miguel  de  Pachs  tan 
decidido  servidor  del  rey  en  la  reducción  de  Menorca. 


284  ISLAS      BALEARE 


Ó  forasteros,  y  partían  en  todas  direcciones  pliegos  del  gober- 
nador: cuatro  naves  al  servicio  del  rey  apostadas  en  las  aguas 
de  Cabrera  guardaban  la  bahía;  rondaba  las  riberas  un  escua- 
drón de  caballos  mandado  por  Bernardo  de  Pachs.  En  esto,  un 
día  de  Mayo  de  1463  levántase  en  Ciudadela  el  grito  de  viva 
Barcelona,  tal  vez  por  influencia  que  conservaba  sobre  sus  nu- 
merosos adictos  el  ex-gobernador  Pedro  de  Belloch,  muy  me- 
tido á  la  sazón  en  el  alzamiento  del  principado,  tal  vez  por 
simpatía  de  los  muchos  catalanes  allí  domiciliados  con  sus  her- 
manos del  continente;  mas  no  pudiendo  sostenerse  dentro  del 
murado  recinto  los  sublevados,  derrámanse  por  el  suelo  me- 
norquín,  insurreccionando  las  restantes  poblaciones,  y  contando 
con  el  prometido  socorro  de  Barcelona  para  rendir  la  capital. 
Reúne  Mallorca,  con  el  esfuerzo  y  celeridad  que  consiente  el 
riesgo  propio,  gentes  y  naves,  víveres  y  municiones,  en  auxilio 
dé  su  vecina  y  de  la  común  causa  que  sostienen;  recluta  ciento 
sesenta  voluntarios  así  de  la  ciudad  como  payeses,  cuales  á 
cinco,  cuales  á  siete,  cuales  á  diez  libras  de  sueldo  mensual 
según  su  categoría  (i);  arma  dos  galeras  al  mando  del  procura- 
dor real  Francisco  Burgués  tan  protegido  del  monarca,  y  de 
Hugo  de  Pachs  caudillo  de  la  expedición,  además  de  varios 
bergantines  y  laúdes;  y  en  esta  enormidad  de  gastos  entra  en 
parte  con  el  real  patrimonio  la  universidad  antes  de  fijar  su 
respectivo  contingente.  Por  prisa  que  se  dieron  los  auxiliares, 
embarcados  en  Alcudia,  en  Arta  y  los  más  en  la  ciudad  á  prin- 
cipios de  Junio,  no  pudieron  evitar  la  entrega  de  Mahón,  al  apa- 
recer en  su  puerto  cuatro  galeras  catalanas  conducidas  por  el 


( I )  Parece  no  eran  voluntarios  todos  los  que  se  alistaban  (acordáis);  los  había 
también  elegidos  de  diversas  villas  por  el  gobernador,  ó  tomados  á  partido  como 
delincuentes.  Algunos,  según  el  apellido  y  según  el  sueldo,  eran  de  familias  dis- 
tinguidas ó  acomodadas,  uno  de  ellos  Francisco  Alberti  hijo  del  famoso  micer 
Bartolomé,  el  cual  parece  se  guardó  mucho  de  comprometerse  en  aquella  ocasión 
con  su  pariente  mosén  Juan,  pues  como  padre  y  heredero  de  aquél  cobró  en  1468 
sesenta  libras  de  sueldos  atrasados. 


ISLAS      BALEARES  285 

noble  Francisco  Pinos,  las  cuales  pasaron  luego  al  de  Ciudadela 
con  la  misma  confianza,  cuando  por  fortuna  se  habían  ya  intro- 
ducido en  la  plaza  los  mallorquines.  Cien  hombres  más  refor- 
zaron á  los  primeros  hacia  fin  de  Julio,  mientras  el  sitio  no  se 
formalizó;  y  trescientos  siguieron  á  últimos  de  Agosto,  acudien- 
do al  clamor  de  los  cercados,  á  quienes  estrechaban  ya  dentro 
de  los  batidos  muros  los  buques  por  mar  y  los  desmandados 
de  Mahón  y  del  resto  de  la  isla  por  la  parte  del  campo  (i).  Fué 
enviado  Miguel  de  Pachs  á  compartir  ó  á  continuar  las  glorio- 
sas fatigas  de  su  hermano  Hugo;  marcharon  albañiles  á  reparar 
las  brechas  bajo  el  alcance  de  los  tiros  que  las  abrían ;  contra- 
táronse por  un  mes  dos  naves  armadas  y  una  carabela,  france- 
sas ó  valencianas  (2),  y  para  sufragar  á  tales  dispendios  se 
contaba  con  los  bienes  y  censos  confiscados  en  la  isla  á  los  re- 
beldes catalanes.  No  se  descuidó  Barcelona  por  su  parte  en 
aumentar  las  fuerzas  sitiadoras,  pero  con  tan  poca  ventura  que 
sobrecogidas  de  pánico  las  galeras  de  Pinos  con  exageradas  no- 
ticias de  las  fuerzas  enemigas  que  se  aproximaban,  abandona- 
ron el  sitio  de  Ciudadela  para  asegurarse  en  el  puerto  de 
Mahón ,  dando  vuelta  por  la  costa  del  norte,  mientras  que  la 
galera  de  Esplugues  y  un  ballener,  que  en  ayuda  de  aquellas 
acababan  de  llegar,  caían  en  poder  de  la  flotilla  mallorquina, 
victoria  comunicada  al  rey  por  extraordinario  y  que  decidió  la 
libertad  de  Ciudadela. 

Á  15  de  Setiembre  los  prisioneros  á  la  sazón  cogidos  en- 
traron en  las  torres  y  dependencias  del  real  palacio  convertidas 


(i)  Hay  alguna  confusión  acerca  de  estos  sucosos  así  en  las  historias  como  en 
los  documentos.  En  algunos  que  no  he  logrado  ver  fundaría  Mut  los  detalles  de 
8u  relato;  por  mi  parte  prefiero  atenerme  á  los  de  la  procuración  real. 

(3)  Juan  de  la  Mota  alias  Lamer,  y  Juan  Peris  eran  los  patrones  de  las  naves 
armadas,  y  Antonio  de  la  Bruna  el  de  la  carabela;  los  bergantines,  en  su  mayor 
parte  de  Mallorca,  estaban  á  cargo  de  Salvador  Sanceloni,  Ramón  Desbrull,  Martín 
Ramis,  Martín  Gonsalvo,  Antonio  Marqués,  Gabriel  de  Ampurdá,  Pedro  Bres,  etc., 
y  asi  como  estos  en  el  libro  de  gastos  de  la  guerra,  aparecerían  con  más  razón,  si 
hubieran  prestado  en  ella  servicios,  otros  navios  y  galeras  que  cita  Mut  con  des- 
conocido fundamento. 


286  ISLAS      BALEARES 

en  cárceles,  donde  juntos  ó  separados,  con  más  ó  menos  liber- 
tad, enfrente  de  las  que  albergaban  á  mosén  Juan  Albertí  y  á 
los  suyos,  atravesaron  largo  cautiverio,  cuya  duración  consta 
por  la  del  sueldo  de  sus  guardias  (i).  Con  el  capitán  Pedro 
Benito  Esplugues,  uno  de  los  veinte  y  siete  de  la  rebelde  junta 
catalana,  iban  los  nobles  barceloneses  Pedro  AIós  y  Miguel 
Gualbes  con  sus  respectivos  hermanos,  Pedro  y  Bernardo  Bosch 
patrones  del  ballener,  y  fray  Pedro  Martínez  dominico,  cuyos 
actos  y  relaciones  con  el  difunto  príncipe  se  ignoran,  aunque 
bastase  el  entusiasta  culto  á  su  memoria  para  ser  calificado  de 
altamente  sedicioso  (2).  Á  los  heridos  recibió  el  hospital  de 
Santa  Magdalena  (3);  al  cómitre  de  la  galera  Pedro  Dolí,  á  un 


(i)  Estos  gastos  y  el  de  la  manutención  de  los  presos  se  prolongan  en  varias 
partidas  desde  el  Setiembre  de  1463  hasta  fin  de  Febrero  de  146^,  mas  no  puede 
aceptarse  esta  fecha  como  prueba  decisiva  de  que  hasta  ella  se  prorrogara  el  su- 
plicio ó  la  libertad  de  cada  uno  de  los  prisioneros  nombrados  por  junto,  pues  no 
habiéndose  fallado  á  la  vez  su  respectivo  proceso,  puede  el  gasto  referirse  á  los 
que  quedaban. 

(2)  Por  el  apellido  y  por  nombrársele  á  veces  Pero,  creóle  aragonés  más  bien 
que  catalán,  en  cuyo  idioma  sin  embargo  escribía  perfectamente  en  verso  y  en 
prosa,  sin  resabios  aragoneses.  Cuéntale  Latasa  entre  los  escritores  de  Aragón, 
añadiendo  que  fué  librero^  es  decir  bibliotecario,  del  príncipe  de  Viana,  sobre 
cuya  muerte  escribió  una  complayuta  y  lamentaciones  en  verso  y  prosa;  nada 
empero  he  podido  descubrir  acerca  del  papel  que  desempeñó  fray  Martínez  en 
aquellas  revueltas,  ni  del  motivo  de  ir  á  bordo  de  la  galera  de  Esplugues,  nada 
que  justifique  el  horrible  fin  consignado  por  primera  vez  en  mis  Forenses  y  Ciu- 
dadanos^ que  perpetuará  la  interesante  memoria  de  la  víctima  con  la  atroz  real 
venganza.  Personaje  es  bien  acreedor  á  una  monografía,  reservada  de  derecho  á 
mi  amigo  y  paisano  D.  Gabriel  Llabrés,  ya  que  tuvo  la  dicha  de  descubrir  en 
Teruel  y  la  diligencia  de  copiar  el  tratado  en  prosa  Miratl  de  divináis  assots  y  diez 
notabilísimas  poesías  de  un  códice  procedente  de  la  familia  terolana  de  Pero  Sán- 
chez Muñoz,  compañero  de  prisión  del  infortunado  fraile. 

Poco  antes  de  fray  Pedro  Martínez,  de  i  o  de  Julio  á  2  de  Setiembre,  había  es- 
tado preso  en  el  castillo  real  fray  Justo  de  San  Francisco,  de  quien  ni  de  su  delito  y 
paradero  nada  más  se  sabe.  Si  la  duplicidad  no  depende  de  equivocación  de  nom- 
bres, con  Miguel  Gualbes  estaba  detenido  un  hermano  llamado  Jaime,  y  con  Pedro 
Alós  un  Gabriel  á  quien  se  costeó  á  fin  de  Octubre  un  jubón  negro.  En  dichas  par- 
tidas los  prisioneros  barceloneses  figuran  aparte  de  los  mallorquines,  á  excepción 
de  alguna  en  que  se  nombra  con  aquellos  á  Pedro  Albertí  doncel,  á  mosén  Saura 
de  Menorca  y  Andrés  Sala  de  Alcudia. 

(3)  Continuaba  situado  dicho  hospital,  aun  después  de  fundado  á  mediados 
del  siglo  XIV  el  convento  de  religiosas  de  este  nombre,  en  el  mismo  edificio,  por 
no  haberse  ultimado  todavía  la  unión  de  hospitales  de  que  por  aquellos  años  se 
trataba. 


ISLASBALEARES  287 

tal  Bergueta  y  á  la  tripulación  de  ambos  buques  la  cárcel  ordi- 
naria. Para  el  cange  establecido  en  estas  campaftas  con  los 
insurrectos  á  fuer  de  beligerantes,  consultaríase  al  soberano 
atendida  la  importancia  excepcional  de  los  detenidos,  y  aun  así 
se  hace  mucha  la  tardanza  que  hubo  en  la  decisión  de  su  suerte. 
Pasaron  meses,  turnaron  las  estaciones,  y  en  ansiedad  intermi- 
nable vivieron  los  infelices,  antes  de  salir  de  su  encierro,  no 
todos  á  un  tiempo  ni  con  igual  destino,  el  cómitre  Dolí  para 
morir  en  la  horca  del  muelle  y  desde  ella  pasar  cadáver  á  la  de 
Portopí,  algunos  más  para  el  cadalso  (i),  otros  condenados  á 
galeras,  otros  puestos  en  libertad.  Consiguiéronla  por  cange 
con  diez  mallorquines  los  hermanos  Bosch,  y  también,  no  sabe- 
mos con  qué  condiciones,  pues  de  pena  no  se  habla,  los  distin- 
guidos Alós  y  Gualbes:  el  escarmiento  se  concentró  sobre  la 
cabeza  del  noble  Esplugues,  haciéndola  saltar  en  la  plaza  de 
Cort  sobre  un  cadalso  y  dando  por  ignominiosa  sepultura  á  sus 
divididos  miembros  el  polvo  de  los  caminos  (2).  Mas  tardía 
quizá  por  más  refinada  alcanzó  la  cólera  de  Juan  II  al  enérgico 
dominico,  que  encarcelado  en  la  botüleria  del  palacio,  y  confor- 
tado con  la  contemplación  de  los  divinos  azotes  y  con  los  con- 
suelos de  la  piadosa  consorte  del  gobernador  D.^  Juana  Beren- 
guer,  á  quien  dedicó  el  precioso  tratado,  tuvo  tiempo  entre 
humildes  confesiones  de  sus  culpas  y  firme  desprecio  de  la 
muerte,  no  sin  un  resto  de  confianza  en  su  sagrado  carácter,  de 
invocar  en  métricas  plegarias  la  asistencia  del  Crucificado,  de  la 


(i)  De  uno  sabemos,  de  Antelmo  Jovera  mallorquín,  que  después  de  enormes 
crímenes  cometidos  en  su  villa  de  Andraig,  se  había  acogido  á  los  rebeldes  y  con- 
currido en  la  galera  de  Esplugues  al  sitio  de  Ciudadela;  fué  degollado  en  la  plaza 
de  Cort  y  descuartizado. 

(2)  Añrma  Mut,  corrigiendo  á  Zurita  que  no  fíja  fecha,  que  el  suplicio  de  Es- 
plugues fué  por  Julio  de  1464.  No  lo  expresa  la  partida  del  libro  de  datas  aunque 
bastante  circunstanciada,  antes  bien  otras  hablan  de  él  y  de  fray  Martínez  como 
custodiados  todavía  en  Setiembre  de  dicho  año  y  aun  en  Febrero  del  siguiente. 
Es  difícil,  por  no  decir  imposible,  fundar  sobre  tales  partidas,  que  no  siempre  se 
pagaban  por  orden  de  tiempo  y  hasta  con  retraso  de  años  á  veces,  una  rigurosa 
cronología. 


288  ISLAS      BALEARES 

Virgen,  de  los  santos  de  su  orden,  para  el  día  horrible  en  que, 
traído  al  Muelle ,  colocado  en  su  ungida  cabeza  un  casco  de 
hierro  candente  y  metido  en  un  esquife,  había  de  ser  sumergido 
en  el  mar  con  una  piedra  al  cuello,  sobrenadando  empero  en  la 
historia  la  lástima  al  reo,  la  execración  al  odioso  monarca  (i). 
Eran  días  aquellos,  en  la  ciudad  y  en  la  isla  entera,  de  san- 
gre y  de  terror:  en  cada  plaza  un  patíbulo,  en  cada  encrucijada 
truncadas  cabezas  y  miembros  palpitantes.  Á  la  guerra  civil  en- 
tre estados  de  un  mismo  reino,  entre  islas  hermanas  y  entre 
poblaciones  de  una  misma  isla,  juntóse  una  conspiración  social 
que  minaba  hondamente  el  suelo  y  que  había  de  estallar  en  daño 
y  ruina  de  la  metrópoli.  Del  plan  y  objeto  de  ella  no  quedan 
sino  vagas  y  misteriosas  indicaciones ;  en  los  documentos  se  la 
califica  de  crimen  de  lesa  majestad,  de  nefanda  traición,  de 
conmoción  de  pueblos,  de  quebrantamiento  del  vasallaje,  lo 
cual  hace  presumir  si  tendría  ramificaciones  submarinas  con  los 
trastornos  de  Menorca  ó  con  la  sublevación  de  Cataluña.  De 
inteligencias  empero  con  ninguno  de  los  dos  puntos  no  aparece 
rastro;  de  complicidad  con  elementos  ciudadanos,  tampoco:  era 
al  parecer  la  misma  insurrección  forense  de  doce  años  atrás, 
retoñada  de  permanentes  odios  y  agravios  al  calor  de  la  efer- 
vescencia general,  tan  favorable  para  entenderse  los  desconten- 
tos con  los  oprimidos,  los  ambiciosos  con  los  criminales.  A  Po- 
Uensa  como  punto  de  reunión  acudían  de  distintos  pueblos  los 
conjurados,  y  un  vecino  de  ella,  Bartolomé  Comes,  puso  en 
manos  del  gobernador  el  hilo  de  la  espantosa  trama.  Á  23  de 
Octubre  de  1463,  al  siguiente  mes  de  llegados  los  prisioneros 


(i)  a  las  palabras  de  manameni  del  magni/ich  lochtinenireyal^  añade  el  ex- 
tracto de  la  sentencia />er  manament  del  molt  all  senyor  rey  ^  y  luego  más  abajo, 
después  de  los  horribles  detalles ,  repite  e  agó  per  manament  del  dit  senyor  rey^ 
como  si  quisiera  mosén  Vidal  sustraerse  á  la  tremenda  responsabilidad  de  tal 
barbarie,  y  tal  vez  al  grito  de  su  conciencia  y  á  las  lágrimas  y  reconvenciones  de 
su  buena  esposa,  que  intercedería  con  él,  como  con  Pilatos  la  suya.  De  las  vigo- 
rosas poesías  de  fray  Martínez  se  dará  en  los  apéndices  una  muestra. 


ISLAS      BALEARES  289 

de  la  galera  de  Esplugues,  salió  de  la  ciudad  Castelladoriz  con 
gran  compañía  de  escuderos,  de  gentiles  hombres  y  hasta  de 
payeses,  á  quienes  llamó  en  su  seguimiento;  escribió  á  Llucma- 
yor  al  caballero  Pablo  Sureda  para  que  se  aprestara  á  marchar 
con  los  jinetes  que  pudiese,  á  Hugo  de  Sant  Johan  en  Alaró 
para  que  acudiera  á  sustituirle  durante  su  ausencia,  y  él  tiró 
hacia  Inca,  con  intento  de  pasar  á  Manacor  y  de  allí  á  Pollensa. 
Sorprendida  en  su  principio  ó  cortada  desde  luego  la  destruc- 
tora mina,  dispersáronse  sus  directores  por  montañas  y  despo- 
blados, otros  fueron  cogidos  en  sus  mismas  casas  sin  ensayar 
asechanza  ó  resistencia  contra  la  autoridad.  Fué  puesta  á  precio 
de  cien  libras  la  cabeza  de  veinte  reos  principales,  y  pocos  se 
sustrajeron  á  la  activa  persecución  de  Gil  de  Sant  Martí,  tan 
acreditado  desde  1453  ^"  cacerías  semejantes;  á  Rodrigo  de 
Sant  Martí  su  hermano  y  á  Matías  Desclapés  se  les  nombró 
capitanes  de  la  atribulada  Alcudia. 

En  Inca  se  estrenó  el  verdugo  con  Jaime  Alzina  y  Jaime 
Tortrella,  degollando  y  haciendo  cuartos  al  primero  y  ahor- 
cando al  segundo;  los  hijos  de  entrambos  fueron  echados  á  ga- 
leras. En  Manacor  la  cuchilla  ó  la  horca  dieron  cuenta  de  trece 
hombres,  no  todos  vecinos  de  la  villa  (i);  maquinaciones  de  un 
rico  propietario  de  aquel  término,  aunque  avecindado  en  la  ciu- 
dad y  varias  veces  consejero  por  el  segundo  brazo,  Galcerán 
Desmás,  traían  revuelta  la  villa  por  móviles  tan  problemáticos 
como  los  de  Pedro  Juan  Albertí  nueve  meses  antes,  y  no  habien- 
do acudido  al  llamamiento  del  gobernador,  se  le  confiscaron  los 
bienes  (2).  Poco  menor  fué  el  número  de  suplicios  que  trajo  á 


(i)  D08  fueron  degollados  en  la  plaza  de  Manacor,  Lucas  Febrer  y  Pedro  Soler 
alias  Menorca ;  tres  descuartizados  (después  de  muertos  se  entiende),  Francisco 
Flaquer,  Juan  Ballester  alias  Torrent  y  Francisco  Corro;  ocho  ahorcados,  á  saber, 
Bartolomé  Puig,  Juan  Cladera,  Jaime  Rubí,  Jorge  Metje,  Lorenzo  Mora,  Jaime  Cla- 
dera,  Simón  Jaume  y  Jaime  Llorens,  este  último  de  la  Puebla  y  el  penúltimo  de 
Santa  nyí. 

(2)  Consta  la  libranza  hecha  á  Rafael  Moger  para  pintar  las  armas  reales  en 
los  sellos  puestos  en  las  casas  de  Juan  Ramón  y  de  Galcerán  Desmás.  Prendióse 
37 


290  ISLAS      BALEARES 

Pol tensa  la  visita  oficial,  y  entre  los  habitantes  que  perecieron 
campeaba  como  jefe  Gabriel  Pont  (i);  los  restantes  eran  de 
Alcudia,  que  dio  buen  contingente  á  las  horcas  expresamente 
levantadas  al  lado  de  un  molino  de  viento,  para  colgar  así  vivos 
como  destrozos  humanos.  En  lo  de  Diciembre  regresó  á  la 
ciudad  Castelladoriz  con  su  comitiva  curialesca  militar,  gastadas 
en  los  cincuenta  días  de  expedición  más  de  dos  mil  quinientas 
libras,  gran  porción  en  los  premios  ofrecidos  á  los  aprensores 
de  los  delincuentes,  en  cuyo  seguimiento  al  través  de  breñas  y 
riscos  se  habían  destinado  cien  hombres;  quinientas  por  su  parte 
ganó  Gil  de  Sant  Martí.  Reinaba  el  espanto  en  la  capital:  el 
gran  consejo,  en  tres  sesiones  tenidas  en  2  y  8  de  Noviembre  y 
i.^  de  Diciembre  durante  la  ausencia  del  gobernador,  había 
convenido  á  nombre  de  la  ciudad,  pues  faltaba  en  ellas  repre- 
sentación á  los  forenses,  en  cargar  con  un  tercio  de  la  enorme 
suma  con  que  ya  no  podía  el  real  patrimonio,  en  atención  al 
general  peligro  y  aun  así  con  las  debidas  protestas,  ínterin  pro- 
porcionaban recursos  las  confiscaciones;  y  lo  primero  que  hizo 
en  la  de  13  de  Diciembre  á  propuesta  del  lugarteniente  real, 
presentes  ya  veinte  y  dos  consejeros  de  las  villas,  fué  conceder  por 
unanimidad  franquicia  absoluta  y  hereditaria  á  favor  del  pollen- 
sín  Bartolomé  Comes,  el  descubridor  de  la  detestable  conspira- 
ción, el  salvador  de  la  patria  (2).  Iban  llegando  presos  todos 


á  Labia  Desmas,  hijo  ó  hermano  de  Galcerán,  y  del  producto  de  las  tierras  de  su 
caballería  fueron  costeadas  las  cadenas  de  que  colgaban  á  la  embocadura  de  los 
caminos  de  Manacor  los  miembros  de  los  ajusticiados. 

(i)  De  la  misma  familia  debieron  de  ser  Guillermo,  Juan  y  Gerardo  Pont,  que 
figuran  presos  y  el  primero  ejecutado  en  la  capital.  De  Pollensa  eran  también  ve- 
cinos los  allí  sentenciados  Lorenzo  Campamar,  Jaime  Seguí  y  Esteban  Malonda, 
de  Manacor  Bartolomé  Juan,  de  Alcudia  Guillermo  Socías  y  Juan  Bonet  descuar- 
tizados, y  Andrés  Pujáis,  Salvador  Totosaus,  Juan  Fe  hijo  del  médico  y  Antonio 
Lampayes  ahorcados. 

(2)  Véanse  los  términos  expresivos  pero  vagos  con  que  se  expresa  el  acuerdo: 
Com  per  alguns  malvats  e  scelerats  hornens  de  la  fresent  illa  fos  stada  excogitada 
e  traciada  certa  detestable  e  maligna  conspirado  y  prodició  contra  lapresent  ciutat 
e  illa  e  habitadors  de  aquella^  en  gran  detracció  de  la  honor ^  fe  e  naturalesa  degu- 
das  al  senyor  rey  e  en  total  destrucció  é  desolado  de  la  dita  ciutat  e  illa ;  e  de  fet 


ISLASBALEARES  29I 

los  días;  algunos  restaban  todavía  por  prender  á  la  entrada 
del  1464,  cuando  en  consejo  de  8  de  Enero  reconocieron  los 
forenses  la  obligación  de  pagar  su  tercio  en  los  gastos  de  la 
batida;  eran  procesadas  hasta  las  mujeres  por  haber  dado  pan 
á  los  fugitivos.  Tocóle  á  la  ciudad  el  turno  de  los  sangrientos 
castigos,  tomando  la  plaza  del  Muelle  por  teatro:  principióse 
por  Simón  Forner  de  Manacor  descuartizado,  mientras  pendían 
de  la  horca  á  cada  lado  su  paisano  Antonio  Monserrat  y  Mar- 
tín Pujáis  de  Alcudia.  Siguieron  Guillermo  Batle  de  Selva  y 
Antonio  Tortrella  de  Campanet,  cuyos  miembros  aguardaban 
las  horcas  erigidas  en  la  finca  de  Batle;  luego  Pedro  Vicens  dé 
Santa  Eugenia,  en  cuyo  Puig  fueron  colgados  sus  despojos; 
por  último  Guillermo  Pont  de  PoUensa,  hijo  ó  hermano  de  Ga- 
briel, todos  principales  en  la  conjuración.  Dentro  del  año  se 
sucedieron  estos  suplicios,  y  todavía  en  el  de  1465  sufrió  allí 
mismo  el  de  los  demás  jefes  Martín  Capdebou  de  Alcudia:  en- 
tre todos  completaron  el  centenar  los  ajusticiados  en  Mallorca. 
Sólo  escapó  impune  Galcerán  Desmás,  gracias  al  amparo  de 
altos  personajes  que  allende  el  mar  le  acogieron,  con  escándalo 
de  los  ciudadanos  y  clamor  de  los  seducidos  payeses  (i),  á  que 


aquella  Jora  stada  deduhida  en  execució^  sino  com^  Deu  obrante  es  siada  descuberta 
e  denunciada  ab  certa  deguda  manera  á  ell  dit  lochtinent  e  ais  honorables  jurats.... 
e  attés  lo  tan  gran  bene/ici  digne  de  perdurable  memoria,  etc.  Sin  embargo,  ningu- 
na memoria  de  Bartolomé  Comes  y  de  su  descendencia  conservan  documentos 
ni  tradiciones. 

(i)  En  las  instrucciones  comunicadas  en  sesión  de  28  de  Junio  de  1464  á  los 
embajadores  mosén  Pablo  Sureda  y  Pedro  Truyol  se  nota  el  siguiente  capítulo: 
ítem  hajan  á  memoria  lo  fet  den  Galcerán  Des-mas,  del  qual  son  stats  aci  justiciáis 
tants  homens  de  la  fart  forana,  com  ell  sia  stat  cap  de  la  scelerada  facción  e  axi  ho 
han  tots  los  condempnats  e  executats  conjessat,  e  es  notori  en  lo  dit  regne  e  ^s  diga 
que  alguns  grans  homens  lo  amparan^  e  sia  molí  necessari  per  repós  de  aquest  reg- 
ne aquell  esser  punit^  e  seria  cosa  molt  periliosa  e  de  molt  mal  exempli^  aquelltsser 
remes  e  tornat  en  lo  dit  regne^  attés  majorment  que  los  de  la  part  forana  restan  molt 
agreujats  e  '5  claman  molt  de  assó^  que  los  adherents  del  dit  ^fas  e  suscitáis  per 
aquell  sian  stats  executats^  e  7  dit  Mas  rest  impunit.  Des- mas  se  fíjó  en  Barcelona 
sirviendo  á  los  rebeldes,  y  aunque  no  se  hacía  gran  caso  de  sus  jactancias,  logró 
en  1469  del  duque  Juan  de  Lorena  que  se  le  enviase  de  capitán  á  Mahón,  median- 
te la  promesa  harto  mal  cumplida  de  someterles  bien  pronto,  no  sólo  Menorca  en- 
tera, sino  el  mismo  reino  de  Mallorca.  Con  él  andaban  por  aquel  tiempo  mosén 


292  ISLAS      BALEARES 

el  rey  prometió  atender  y  no  perdonarle  en  ningún  tiempo;  y 
su  paradero  como  su  plan  permanecen  ocultos  en  impenetrables 
sombras. 

Prolongábase  en  Menorca  mientras  tanto  la  enojosa  guerra, 
retándose  frente  á  frente  á  las  extremidades  Ciudadela  por 
el  rey  guarnecida  de  mallorquines,  Mahón  por  los  insurrectos 
catalanes  que  la  habían  tomado  por  colonia,  y  en  las  costas  ba- 
leáricas y  en  alta  mar  menudeaban  entre  los  buques  de  una  y 
otra  bandera  reñidos  choques  y  presas  recíprocas  que  ponían 
las  aguas  innavegables  é  imposibilitaban  el  comercio.  Como  si 
ya  se  le  ofreciesen  las  llaves  de  la  rebelde  villa,  echó  la  voz 
Castelladoriz  de  que  iba  á  rendir  á  Mahón,  á  cuyo  objeto  fletó 
una  galera  del  conde  de  Concentaina  y  una  galiota  del  de  Pra- 
des;  y  con  las  dos  de  Pachs  y  otros  barcos  menores,  en  compa- 
ñía de  dos  jurados,  el  militar  y  el  artesano,  de  dos  síndicos 
forenses,  de  diez  y  ocho  hombres  de  honor  y  de  ochenta  y  dos 
mozos  (mactps)y  emprendió  una  campaña  de  quince  días,  de  26 
de  Abril  á  9  de  Mayo  de  1464,  que  se  redujo  á  un  viaje  de 
placer  ó  estéril  derroche.  Sobraba  para  arruinar  á  Mallorca  el 
gasto  de  los  refuerzos  sin  cesar  reclamados  desde  Ciudadela 
por  su  capitán  Miguel  de  Pachs,  á  quien  se  le  enviaron  en  Agos- 
to más  de  cien  hombres  y  en  Noviembre  una  galiota  á  fin  de 
impedir  el  bloqueo  que  al  pequeño  puerto  de  la  leal  población 
intentaban  poner  tres  buques  catalanes  al  mando  de  un  Copons; 
pero  al  apurado  rey  no  le  bastaban  los  sacrificios  de  sus  vasa- 
llos. Necesitaba  diez  galeras  en  las  islas,  y  no  tenía  con  qué 
pagarlas;  negoció  pues  en  Tarragona  con  los  enviados  de  Ma- 
llorca, Pablo  Sureda  jurado  en  cap  y  Pedro  Truyol  de  Felanig, 
que  corriese  la  universidad  con  el  sueldo  de  aquellas  durante  un 


Pedro  Juan  Albertí,  el  clérigo  Servia,  el  convecino  de  Manacor  Juan  Ramón,  y 
ocho  ó  diez  más  de  corta  valía  entre  payeses  y  artesanos:  no  se  sabe  qué  fínal  tu- 
vieron. La  casa  de  Galcerán  Des-mas  daba  nombre  en  1478  á  la  manzana  puesta 
en  frente  de  la  iglesia  de  Montesión,  y  en  1562  sonaba  como  heredera  de  la  fami- 
lia la  esposa  de  mosén  Miguel  Truyol  avecindada  en  Manacor. 


ISLAS      BALEARES  293 

año  á  razón  de  2,400  ducados  por  galera  (i),  cediéndoles  en 
cambio  censos  de  la  enorme  masa  confiscada  á  los  acreedores 
catalanes  incurridos  en  rebelión,  que  no  importaba  menos  de 
ocho  mil  libras,  de  las  cuales  empero  había  ya  hecho  gracia  á 
varios  servidores  ó  favorecidos,  y  de  lo  restante  les  ofrecía  por 
valor  de  tres  mil  redimibles  al  ocho  y  medio  por  ciento.  Por  más 
ventajoso  que  fuese  este  partido,  esforzado  por  el  caballero  Su- 
reda  á  quien  tenía  Juan  II  como  fascinado,  vióse  el  consejo  en 
la  imposibilidad  de  aceptarlo,  siendo  lejano  el  provecho  respec- 
to de  lo  grave  y  perentorio  de  la  obligación,  tanto  más  cuanto 
al  igual  de  los  demás  perceptores  de  censos  reclamaba  el  rey, 
por  los  que  se  había  incorporado,  los  atrasos  de  seis  pensiones 
y  diez  mil  florines  por  la  quitación  anual  que  desde  muchos 
años  atrás  habían  hecho  caer  como  en  desuso  las  públicas  cala- 
midades. Ante  las  reconvenciones  de  mosén  Pablo,  que  termi- 
nada á  la  vez  su  juraría  y  su  embajada,  se  presentó  á  dar  cuen- 
ta de  ésta  en  23  de  Enero  de  1465,  trató  el  consejo  de  apro- 
vechar las  reales  ofertas,  pero  ¿con  qué  medios?  Apelar  á  los 
fondos  de  la  consignación,  era  empeorar  el  mal  para  curarlo; 
añadir  una  tercera  talla  á  las  dos  ya  reconocidas  casi  por  inco- 
brables, cuando  se  hundía  por  sus  dos  extremos  de  la  Calatrava 
y  de  la  puerta  de  Santa  Catalina  la  muralla  marítima  de  la  ciu- 
dad, y  las  casas  gravadas  á  más  no  poder  eran  abandonadas  á 
la  ruina  por  sus  dueños,  y  no  cobraban  su  mezquino  sueldo  los 
vigías  de  las  atalayas,  y  se  paralizaban  los  más  importantes 
servicios,  y  la  miseria  hacía  impotentes  las  órdenes  é  imposibles 
los  pagos,  era  completamente  ilusorio ;  y  así  parece  quedó  el 
trato  sin  cerrar. 

Había  sucedido  á  Pablo  Sureda  en  la  juraría  á  principio 
de  1465  Rodrigo  de  Sant- Martí,  quien  como  ejercitado  en  la 
capitanía  de  Alcudia  contribuiría  á  dar  empuje  á  la  guerra,  y 


( 1 )    Era  entonces  de  veinte  y  seis  sueldos  el  valor  del  ducado,  pues  24,000  du- 
cados correspondían  á  3  1,200  libras. 


294  ISLAS      BALEARES 

tal  vez  á  que  su  hermano  Gil ,  terminada  la  misión  de  capturar 
facciosos  y  reemplazando  en  el  mando  de  Ciudadela  á  Miguel 
de  Pachs,  reclutara  trescientos  hombres  más  para  Menorca,  ta- 
rea en  que  no  se  desdeñó  de  auxiliarle  el  gobernador  recorrien- 
do los  pueblos  en  persona.  El  pregón  de  2  de  Setiembre  daba 
por  ganado  en  buena  lid  todo  lo  que  se  cogiera  á  los  habitan- 
tes de  Mahón.  Sitiadores  y  sitiados  hacíanse  mutuamente  prisio- 
neros, para  cuyo  rescate  ó  cambio  tenía  libre  entrada  el  domi- 
nico fray  Pedro  Andreu.  Vigilaba  á  la  boca  del  excelente  puerto 
para  interceptar  los  víveres  procedentes  de  Barcelona  una  res- 
petable escuadra  (i),  que  en  la  primavera  de  1466  se  reforzó 
considerablemente,  y  más  con  la  noticia  de  haber  salido  de  la 
capital  del  principado  una  poderosa  escuadra  enemiga.  Parecía 
inminente  un  decisivo  combate  naval;  y  Pollensa,  Alcudia,  Arta, 
que  miraban  destilar  con  rumbo  á  levante  los  amenazadores 
buques,  se  prevenían  contra  el  evento  de  un  desembarco,  con 
ayuda  de  los  caballos  armados  puestos  al  mando  de  los  lugar- 
tenientes del  gobernador,  á  quien  suplicaba  el  consejo  no  dejara 
la  ciudad  abandonada  al  peligro,  con  intención  tal  vez  de  evitar 
sus  dispendiosas  correrías,  cuyo  tercio  pesaba  sobre  la  universi- 
dad. Mil  quinientas  libras  al  mes  contaba  el  sostenimiento  de  la 
flota  y  pasóse  un  año  en  evoluciones  náuticas  y  en  bélicos  apa- 
ratos que  se  desvanecían  en  humo;  y  Mahón  seguía  resistiendo, 
así  á  los  disparos  de  las  bombardas  y  aun  á  los  de  la  tremenda 
Agustina  (2),  como  á  los  rigores  del  hambre,  gracias  á  los  so- 


(i)  Componíase  de  una  galera  y  una  galiota  del  conde  de  Quirra  siciliano,  de 
tres  baleneros  conducidos  por  Juan  de  Mena,  Cristóbal  Zafra  y  Pedro  de  la  Plachi- 
na,  y  de  una  nave  de  Leonardo  Sande,  á  las  cuales  se  añadieron  más  tarde  otra 
genovesa  de  Benedicto  Catany,  otra  lombarda  de  Tadeo  Vismala,  y  cuatro  más  de 
Francisco  Vidal,  de  Nicolás  Oliva,  de  Manuel  Pardo  mallorquines  y  de  Pedro 
íbáñez  vizcaíno.  Los  baleneros  iban  contratados  por  cien  libras  al  mes,  y  las  naves 
por  seiscientas  cincuenta  á  setecientas  cincuenta  libras  las  grandes  y  por  tres- 
cientas las  menores. 

(2)  Bombarda  de  gran  calibre  traída  de  Tarragona,  que  empezó  á  batir  la  villa 
en  Julio  de  1466.  El  que  las  dirigía,  Juan  Domenech  mallorquín,  tenía  de  ingenie- 
ro más  que  de  herrero,  pues  acababa  de  presentar  á  la  universidad  un  ingenio^ 


ISLAS      BALEARES  29$ 

corros  que  al  través  de  las  naves  sitiadoras  lograba,  no  sé  cómo, 
hacer  penetrar  la  solicitud  de  los  barceloneses.  En  Abril  de  1467 
reclamaba  el  rey  á  los  jurados  la  nave  de  Tolrá,  para  dar  un 
golpe  de  mano  con  las  cuatro  ó  cinco  galeras  de  su  real  servi- 
cio á  las  de  Plá  y  Setantí,  que  de  conserva  con  el  balener  de 
Bosch  volvían  de  abastecer  á  su  aliada,  destruyendo  así  la  esca- 
sa marina  rebelde ;  pero  todavía  á  fin  de  Agosto  los  sitiados, 
tomando  la  ofensiva,  armaban  una  embarcación  que  acosaba  las 
leales  hasta  la  costa  mallorquína  (i).  Prueba  son  estos  detalles 
de  que  Mahón  se  sostuvo  quizá  por  doble  tiempo  del  que  añr* 
man  Mut  y  Zurita  (2):  sábese  únicamente  que  en  el  verano 
de  1468  estuvieron  aún  apostados  cincuenta  ballesteros  para 
proteger  la  recolección  de  las  mieses  en  el  término  de  Cinda- 
dela, y  que  á  custodiar  la  fiel  población  fueron  destinados,  de 
Agosto  á  Octubre,  al  mando  del  doncel  Guillermo  de  Bordils, 
treinta  bandoleros  de  Sineu  y  Binisalem,  avenidos  á  dejar  su 
vida  errante  por  el  perdón  y  un  mes  de  paga,  debiendo  en  el 
segundo  vivir  por  su  cuenta. 

Ni  domaban  castigos,  ni  abatían  calamidades,  ni  hasta  el 
secreto  y  peligro  de  las  conspiraciones,  enderezadas  como  sue- 
len ir  á  una  idea  general  y  á  un  común  provecho,  habían  acos- 
tumbrado á  la  unión  los  ánimos  bravios  de  aquellos  payeses, 


que  en  vigor  y  en  celeridad  de  tiros  como  en  baratura,  superaba  á  los  entonces 
conocidos. 

(i)  Los  rebetles  de  Mahó^  dicen  las  actas  del  consejo,  havian  armada  una  ñau 
apellada  la  ñau  Marrana,  e  que  havian  dada  cassa  á  la  ñau  de  mossen  Castellvi  e 
á  una  altra  gui  era  en  sa  comf>anyia,  e  aquellas  tenia  asetiadas  al  port  de  Porto- 
Petro. 

(2)  Mut  refiere  la  rendición  á  fin  de  1465,  Zurita  á  los  primeros  meses  de  1466 
ligándola  con  la  del  castillo  de  Amposta,  cuya  toma  supone  en  31  de  Junio,  y  á 
cuyo  sitio,  dice,  concurrieron  con  siete  naves  muy  bien  en  orden  los  mallorqui- 
nes, después  de  haber  cobrado  á  Mahón,  señalándose  de  mHy  diestros  y  valientes 
soldados  bajo  la  capitanía  de  Francisco  Burgués.  Pudo  éste  en  dicha  época  estre- 
char la  villa  menorquina,  pero  no  tomarla  definitivamente,  puesto  que  resistía  aún 
cinco  ó  seis  años  más  tarde.  En  la  citada  fecha  y  en  otras  del  mismo  año  anda  des- 
concertado el  analista  de  Aragón,  errando  la  correspondencia  de  los  días  del  mes 
con  los  de  la  semana. 


296  ISLAS      BALEARES 

que  iban  de  pueblo  en  pueblo  buscando  riñas,  ó  con  achaque  de 
despartirlas  salían  ballesta  parada  á  engrescarlas,  desesperando 
hasta  tal  punto  al  viejo  Castelladoriz,  que  propuso  en  el  consejo 
establecer  pena  de  horca  para  todos  los  cogidos  en  estos  lan- 
ces (i).  Abrumábanle  ya  los  achaques  y  los  años,  y  vino  á  des- 
cargarle del  gobierno  en  Abril  de  1468  su  hijo  Francisco  Be- 
renguer  de  Blanes,  así  llamado  por  el  apellido  materno  ante- 
puesto al  segundo  del  padre,  quien  se  retiró  á  Valencia,  no  sin 
dejar  á  muchos  buen  recuerdo  á  pesar  de  sus  sentencias  riguro- 
sas. Desde  el  año  anterior  pedía  el  rey  fuerzas  navales  para 
poner  sitio  á  la  rebelde  capital  del  principado:  acordóse  servirle 
con  una  nave  de  mil  botas  tripulada  por  doscientos  cincuenta 
hombres  durante  medio  año,  siempre  que  ayudaran  con  su  con- 
tingente las  islas  de  Sicilia  y  Cerdefta ;  sin  embargo,  al  presen- 
tarse en  el  puerto  cuatro  naves  castellanas,  contratadas  de  real 
orden  para  salir  juntas  con  la  mallorquina,  parecieron  tan  ruines 
é  inseguras,  que  previniendo  un  fracaso,  opuso  resistencia  la 
universidad  á  una  expedición  harto  aventurada,  y  al  cabo  con- 
sintió en  ofrecer  dos  buques,  doblando  la  tripulación  con  tal  que 
se  rebajase  á  tres  meses  el  empeño  (2). 

Al  nuevo  gobernador  tocaron  circunstancias  no  menos  difí- 
ciles que  al  padre:  tan  pronto  en  marcha  por  los  pueblos  de  la 
isla  para  castigar  delitos  y  prevenir  alborotos,  tan  pronto  em- 
barcado con  multitud  de  caballeros  y  mil  hombres  bien  dispues- 
tos en  la  escuadra  que  se  armó  de  improviso  para  ir  al  encuen- 
tro de  la  rebelde  que  amenazaba  estas  costas,  apenas  paró 


(i)  Sesión  del  consejo  de  8  de  Enero  de  1467.  Respondió  el  consejo  lo  natu- 
ral, que  no  era  asunto  de  su  competencia. 

(2)  En  estas  discusiones  (sesión  de  i  3  Diciembre  del  67)  lució  su  erudición 
sagrada  y  profana,  jurídica  y  literaria,  micer  Ferrando  Valcntí  en  una  revesada  y 
ampulosa  arenga,  inapreciable  tipo  de  la  oratoria  de  aquel  tiempo,  transcrita  lite- 
ralmente en  el  acta,  cuya  lectura  ocuparía  media  hora  larga.  En  medio  de  sus  hi- 
perbólicas alabanzas  á  Juan  II  se  le  ocurre  con  inconsciente  exactitud  compararle 
al  emperador  Tiberio,  á  quien  nada  menos  atribuye  aquel  hermoso  dicho  de  Tito 
por  haber  pasado  un  día  sin  hacer  beneficio  alguno:  diem  perdidi.  No  consta  que 
nadie  en  el  senado  mallorquín  pidiera  la  palabra  para  rectificar. 


ISLAS      BALEARES  2Q7 

dentro  de  la  ciudad  en  todo  el  año  1469.  Nunca  acababa  de 
pedir  nuevos  subsidios  el  soberano  por  medio  de  Miguel  de 
Pachs,  primero  enviado,  después  único  representante  de  Mallor- 
ca en  las  cortes  de  Monzón,  á  quien  concedieron  los  jurados  ple- 
nas facultades,  menos  la  de  otorgarlos;  pero -el  procurador  real 
Francisco  Burgués  allí  presente,  formando  cuerpo  con  los  dipu- 
tados catalanes,  según  pretendía  acostumbraban  hacerlo  los 
isleños,  se  comprometió  á  ofrecer  cien  caballos,  oferta  que  des- 
autorizó la  universidad.  Había  llegado  la  penuria  al  extremo  de 
estrellarse  en  la  impotencia  de  estos  vecinos  las  excitaciones  á 
su  innata  fidelidad,  las  lisonjas,  las  amenazas  regias:  malograda 
la  cosecha  de  1470  tras  de  otras  escasas,  veíanse  reducidos  á 
alimentarse  de  algarrobas  y  hasta  de  yerbas  muchos  campesi- 
nos, mientras  en  competencia  con  los  piratas  de  siempre  salían 
de  Mahón  los  rebeldes,  que  no  sólo  la  aguantaban  todavía  sino 
que  al  parecer  habían  sacudido  el  bloqueo,  á  hacer  presa  de  los 
cargamentos  de  trigo  á  tanta  costa  procurados.  No  obstante,  á 
ñn  de  año  por  un  decidido  esfuerzo  partieron  de  la  isla  cien 
hombres  á  socorrer  á  Cadaqués,  que  pudo  sostener  gracias  á 
ellos  el  denodado  Juan  de  Vilamarí  con  gran  ventaja  de  la 
causa  realista. 

Necesitaba  la  corte  en  sus  apuros  atraerse  aquí  distintos 
elementos,  satisfaciendo  desde  los  intereses  más  legítimos  hasta 
las  mismas  fantasías  populares;  y  á  la  vez  que  halagaba  á  los 
forenses  con  suprimir  la  gravosa  capitación  de  la  molienda  sus- 
tituyéndola por  tallas,  y  á  los  artesanos  con  una  rígida  y  gene- 
ral revisión  de  cuentas  desde  muy  arriba,  brindaba  á  los  parti- 
darios ambiciosos  de  mando  con  modificaciones  especiosas  en  el 
régimen  vigente,  con  cuyo  objeto  encargó  á  Berenguer  de  Bla- 
nes  citar  hasta  cincuenta  personas  de  los  dos  antiguos  bandos 
del  Cali  y  de  la  Almudaina  por  vía  de  exploración :  fortuna  que 
el  uno,  quizá  por  menos  pujante,  desistió  de  su  querella,  y  ne- 
garon su  cooperación  á  las  contiendas  los  jefes  de  los  gremios; 
y  jurados  y  consejeros,  más  sensatos  todos  que  el  gobernador, 
3» 


298  ISLAS      BALEARES 


á  fuerza  de  proclamar  inviolable  y  santo  el  sistema  de  saco  y 
suerte,  cuidaron  de  cerrar  la  puerta  á  la  menor  mudanza  para 
que  no  se  infiltrara  otra  vez  por  ella  aquel  no  olvidado  aluvión 
de  males  (i).  Los  Pachs  y  Suredas,  á  pesar  del  favor  de  que 
con  el  soberano  gozaban,  no  osaron,  al  menos  ostensiblemente, 
abrir  brecha  en  la  reciente  constitución,  y  Miguel  de  Pachs 
puesto  en  1472  al  frente  de  la  juraría  rechazó  ni  más  ni  menos 
que  sus  antecesores  toda  idea  de  reforma.  Lo  que  la  universidad 
reclamaba  del  soberano  era  alivio,  particularmente  indemnidad 
de  los  enormes  gastos  pendientes  de  la  prolija  guerra  de  Me- 
norca (2),  y  á  trueque  de  obtenerla  no  dudó  ofrecer  un  nuevo 
donativo  de  diez  mil  libras.  La  caída  de  Mahón,  si  fué  otra  cosa 
ya  que  un  simple  abandono  de  las  fuerzas  catalanas  y  un  alla- 
namiento sin  resistencia,  debió  de  preceder  muy  poco  tiempo  á 
la  de  Barcelona,  rendida  por  fin  al  execrado  rey  en  Octubre  de 
dicho  año;  por  esto  pasó  la  primera  casi  desapercibida ,  sin  las 
luminarias  y  regocijos  con  que  solían  celebrarse  los  menores 
triunfos  del  monarca  y  las  prosperidades  del  príncipe  su  hijo. 


(i)  Es  notable  la  relación  de  estos  sucesos  escrita  por  los  jurados  á  su  síndico 
en  8  de  Agosto  de  147 1:  Lo  lochiinent  haviajets  ajustar  XXV  homens  de  cascuna 
parcialiiat  per  trac  tur  de  alguna  concordia  sobre  las  diferencias  del  regiment  ó/er 
fer  elecció  de  certas  personas  de  cascuna  parcialitai  per  anar  al  senyor  rey;  e  de 
fet  iots  ajustáis,  lo  dit  lochtinent  feu  la  proposició  segons  la  continencia  de  ditas 
letras^  e  los  de  la  parcialilat  de  VAlmudayna  ojfcriren  de  fer  totas  cesas j  e  los  de  ¡a 
parcialitat  del  Cali  digueren  que  no  havian  diferencia  ab  algü  de  regiment,  queja 
tenim  bon  regimenté  e  que  no  tocava  á  ells  eniremetre's  res  d'aquelL  E  axi  los  de 
VAlmudayna f eren  elecció  de  dos  homenSy  go  es  de  mossen  Btrnat  de  Pachs  edén 
Mateu  Anglada,  e  los  del  Cali  sen  anar  en  sens  fer  elecció  ne  altres  actes.  Es  ver  que 
nosaltres  hifem  certa  oposició  en  escrits  ab  molí  fundament  de  justicia^  de  que  ven- 
guda  aquesta  fahena  en  oyda  del  poblé  los  caps  deis  officis  s'  ajustaren^  mostrant 
molta  congoixa  d*  agó  qu'els  paria  principi  de  molt  mal^  axi  com  fou  V  altra  conten- 
ció  del  regiment.  Nueve  meses  después,  á  28  de  Abril  siguiente,  presentóse  en  el 
consejo  el  vice-almirante  Bernardo  de  Pachs,  hermano  de  Hugo  y  de  Miguel,  con 
carta  del  rey  desmintiendo  que  jamás  hubiese  solicitado  variación  de  régimen  ó 
puesto  estorbo  á  la  revisión  de  cuentas,  pues  no  pedia  sino  remedio  á  los  desórde- 
nes y  males  que  en  el  reino  se  cometen. 

(3)  Exceden  de  47  mil  libras  los  anotados  en  el  registro  de  la  guerra  des- 
de 1463  hasta  1468  sin  contar  los  causados  en  años  posteriores,  á  los  cuales 
desde  el  principio  contribuyó  la  universidad. 


ISLAS      BALEARES  299 

no  digo  yo  el  anhelado  término  de  la  desastrosa  lucha  dece- 
nal (i). 

Mas  no  cesaron  desgraciadamente  para  los  mallorquines 
ocasiones  de  continuar  sus  servicios  bajo  tan  azaroso  reinado: 
tratóse  de  recobrar  el  Rosellón  de  poder  de  los  franceses,  y  no 
se  representó  menos  patriótico  echar  á  los  extranjeros  que  sose- 
gar á  los  naturales.  Resolvióse  enviar  á  Perpiñán  trescientos 
ballesteros  mantenidos  por  tres  meses  á  dos  y  tercio  entre  la 
ciudad  y  las  villas,  y  después  de  discutir  si  serían  de  mayor  pro- 
vecho  caballos,  vínose  á  fijar  el  socorro  en  las  diez  mil  libras  de 
costumbre,  que  podían  convertirse  en  soldados  y  de  consiguien- 
te en  gloriosas  proezas,  además  de  la  gente  desesperada  que  se 
acogía  al  banderín  de  indulto.  Más  difícil  que  los  hombres  era 
de  encontrar  el  dinero,  y  así  costó  mucho  decidir  sobre  qué  im- 
puesto se  recaudaría,  tan  obstruido  se  hallaba  todo  el  organis- 
mo económico,  mayormente  guardada  á  las  franquicias  y  liber- 
tades del  país  la  observancia  que  exigía  el  sobreexcitado  recelo. 
Calmáronlo  en  parte  con  su  presencia  el  benemérito  prior  de  la 
Cartuja  fray  Berenguer  Roig  y  el  confesor  de  S.  M.  Gaspar 
Perreras,  comisionados  por  la  corte,  así  para  agenciar  más  co- 
pioso auxilio,  como  para  cerrar  las  cicatrices  consiguientes  á  la 
misma  extirpación  de  abusos  y  dirimir  ciertos  pleitos  entre  la 
universidad  y  algunas  casas  poderosas :  hasta  acometieron  con 
beneplácito  del  consejo  hacer  enmiendas  y  adiciones  en  el  vene- 
rado régimen  sin  afectar  la  substancia  (2).  El  celo  de  losgober- 


(i)  Hablan  los  libros  de  data  con  este  motivo  de  teya,  lantons,  pólvora  de  bom- 
barda^ cohueis  tronadors^  ioguers  de  lanternas^  candelas  de  cera^f>aper^  sopar  ais 
trompeters  e  altras  cosas  necesarias.  Poco  antes  de  estas  alegrías  con  que  se  so- 
lemnizó diez  noches  seguidas  desde  la  de  i6  de  Noviembre  la  reducción  de  Bar- 
celona, se  había  festejado,  aunque  no  consta  cómo,  la  venida  del  legado  pontiñcio 
el  famoso  D.  Rodrigo  de  Borja,  más  tarde  obispo  de  Mallorca  sin  volver  á  ella, 
y  por  fin  papa  con  el  nombre  de  Alejandro  VI,  que  l^gó  á  Portopí  el  i  3  de  Ju- 
nio y  salió  el  18  para  Valencia  con  objeto  de  pacificar  á  Castilla:  hospedaríale 
en  su  palacio  el  obispo  Francisco  Ferrer  presente  á  la  sazón. 

(2)  Este  trabajo ,  que  terminaron  en  el  edificio  del  Temple  á  i  a  de  Diciem- 
bre de  1474,  se  conserva  en  el  Archivo  histórico  de  Mallorca,  ocupando  quince 
hojas  del  libro  de  Corts  generáis. 


300  ISLAS      BALEARES 

nantes  en  guardar  su  paladión  lo  más  intacto  que  pudieron, 
impidió  que  retoñaran  las  antiguas  disidencias  oñciales  con  sus 
funestas  vicisitudes  de  sistema,  pero  no  que  se  embravecieran 
privadamente  las  pasiones  estallando  en  conflictos.  De  las  pala- 
bras se  llegaba  á  las  manos  y  de  las  manos  á  las  armas :  hubo 
heridas,  muertes,  parentelas  agavilladas  buscándose  para  reñir, 
vecinos  obligados  á  mudar  de  domicilio  para  que  no  riñieran. 
Los  Pachs  toman  por  propia  la  ofensa  de  un  Sant  Johan  á 
Nicolás  de  Quint;  niéganse  á  ñrmar  la  paz  y  aun  tregua  en 
manos  del  gobernador;  préndese  á  los  desmandados,  é  insultan 
á  los  transeúntes  desde  las  ventanas  de  la  cárcel;  profánase  con 
escándalos  la  solemnidad  del  jueves  santo.  Más  adelante,  un 
día  de  verano,  Bernardino  Anglada  hijo  de  Mateo  mata  en  la 
calle  de  San  Jaime  á  Andrés  Fortuny,  y  halla  asilo  en  la  galera 
de  Hugo  de  Pachs ;  Miguel  de  Pachs  quebranta  la  prisión,  no 
reconociendo  más  justicia  que  la  del  rey  directamente.  Ningún 
respeto  á  la  autoridad,  ni  aun  en  los  habituados  á  ejercerla;  las 
milicias  del  orden  hay  que  buscarlas  en  las  filas  de  los  artesa- 
nos contra  las  facciones  aristocráticas :  presiéntense  ya  las  ger- 
manías  (i). 

Para  enfrenar  el  revoltoso  humor  de  la  gente  mandóse  por 
pregón  que  las  espadas  en  lo  sucesivo  pasasen  de  las  manos  al 
cinto  (2),  é  hízose  en  Alaró  un  escarmiento  con  quien  había 
hecho  írente  al  gobernador  en  persona  hiriéndole  el  caballo  (3). 
Debiera  bastar  á  amansarla  la  cuestión  de  subsistencias  que  re- 
aparecía amenazadora  con  la  escasez  de  aquellos  años,  y  toda- 
vía más  en  el  1475  ^^  contagio,  que  después  de  invadidos 
en  1467  sin  ulteriores  progresos  los  amenos  valles  de  Miramar 


(i)  Forman  parte  estos  sucesos  del  1473,7108  que  se  indicarán  luego  en  1478, 
de  la  serie  quizá  no  interr#npida  de  parcialidades  hereditarias,  que  dividían  las 
familias  principales  de  la  ciudad  sobreviviendo  á  la  renovación  de  ellas,  y  cuyo 
enlace  no  sería  acaso  imposible  encontrar  desde  el  siglo  xiv  hasta  el  xvii. 

(2)  Publicóse  en  12  de  Julio  de  1474,  sin  distinguir  de  condiciones. 

(3)  Por  esto  y  por  haber  muerto  al  jurado  de  la  villa  Arnaldo  Sbert  y  á  Gui- 
llermo Penyaílor  fué  descuartizado  Juan  Roselló  en  Abril  de  1474. 


ISLASBALEARES  3OI 

y  Sóller,  y  de  haber  rondado  desde  entonces  al  rededor  de  la 
isla,  contenido  por  un  cordón  que  había  pena  de  muerte  en  tras- 
pasar (i),  penetró  por. ñn  en  la  ciudad  al  empezarla  primavera, 
no  obstante  las  medidas  tomadas  para  atajarlo,  con  tal  rigor 
que  en  el  continente  era  tildado  de  berberisca  crueldad.  De 
glándulas  se  caliñca  el  mal,  y  de  él  morían  diariamente  á  fines 
de  Mayo  cuarenta  víctimas,  principiando  á  cundir  por  Sineu  y 
Muro,  mientras  Berenguer  de  Blanes  recorría  los  pueblos  toda- 
vía sanos  de  Llucmajor  y  Porreras,  que  con  terror  igual  al  de 
los  ciudadanos  pretendían  á  su  vez  aislarse,  á  fin  de  organizar 
el  aprovisionamiento  de  víveres  y  facilitar  la  entrada,  previa  una 
observación  de  cinco  ó  seis  días.  No  es  posible  seguir  las  hue- 
llas ni  detallar  los  estragos  del  siniestro  huésped,  que  casi  por 
espacio  de  un  siglo  había  respetado  el  suelo  mallorquín.  De 
quince  á  diez  y  seis  mil  personas  calculan  los  coetáneos  la  mor- 
tandad, comprendida  la  de  las  villas,  que  no  pagaron  todas 
igual  tributo.  La  turbación  y  la  inseguridad  impelían  al  jorna- 
lero  ó  al  esclavo  á  esconder  sus  pequeños  ahorros,  como  al  rico 
su  caudal  y  á  las  familias  sus  alhajas  y  ropas  y  hasta  los  docu- 
mentos de  sus  bienes,  á  riesgo  de  perderse  la  noticia  con  la  vida 
del  poseedor;  y  en  1 6  de  Setiembre  del  siguiente  año  se  echó 
un  bando  con  orden  de  denunciar  á  los  tribunales  estas  oculta- 
ciones, que  transcurrido  el  plazo  de  diez  días  se  declararían 
robos. 

Dejáronse  sentir  las  quiebras,  lo  mismo  que  en  la  población, 
en  la  agricultura  y  en  el  comercio;  los  acomodados  se  volvieron 


(i)  Hacia  1468  conmutósele  en  azotes  á  cierto  Miguel  Carbonell,  por  media- 
ción de  notables  personas,  la  pena  capital  en  que  había  incurrido  por  haber  salta- 
do á  tierra,  procedente  de  lugar  infestado.  No  empezó  pues  la  morbería  ó  junta  de 
sanidad  en  1475,  como  supone  Dameto;  antes  tenía  ya  vocales  y  facultativos  y 
rígidas  leyes  penales;  lo  que  en  dicho  año  se  hizo,  ó  más  bien  en  el  76,  fueron  las 
ordenanzas  para  preservación  del  contagio  y  visita  de  las  almonedas,  á  cuya  for- 
mación concurrieron  el  baile  y  el  veguer  de  la  ciudad,  dos  ciudadanos,  dos  me- 
nestrales y  el  médico  Luciano  Colominas.  Más  adelante  se  compuso  la  junta  de  un 
caballero,  un  ciudadano  y  un  mercader,  además  de  médico  y  cirujano. 


302  ISLAS      BALEARES 

pobres,  y  los  pobres  miserables.  Faltaron  á  los  propietarios  las 
cosechas,  la  moneda  á  los  mercaderes,  á  los  menestrales  el  tra- 
bajo, á  los  censalistas  las  pensiones  que  se  rezagaron  seis  anua- 
lidades; bajó  una  tercera  parte  de  su  valor  el  remate  de  los  im- 
puestos. Más  notable  aún  que  en  la  ciudad  era  la  decadencia  en 
la  comunidad  forense,  á  la  cual  se  hacía  ya  insostenible  la  pro- 
porción del  tercio  que  en  las  cargas  generales  venía  pagando,  á 
medida  que  en  las  municipales  cesaban  de  hacerlo  sus  tierras 
transferidas  á  ciudadanos:  ventilóse  en  1477  por  ambas  partes 
la  diminución  respectiva  en  juicio  contradictorio  (i).  Verdadera- 
mente el  gravamen,  más  que  en  su  intrínseco  peso,  estaba  en  lo 
agotado  de  las  fuerzas  contribuyentes:  por  un  reparto  de  tres 
mil  libras  ponía  el  grito  en  el  cielo  la  desdichada  plebe  (lo  mise- 
rable popular)^  á  la  sazón  que  al  rey  se  le  antojó  pedir  nueve 
mil  florines  por  el  matrimonio  y  coronación  de  su  hija  Juana 
destinada  al  trono  de  Ñapóles.  Por  este  y  otros  negocios  fué  de 
embajador  en  la  primavera  de  1478  el  jurista  Jaime  Muntanyans, 
logrando  que  se  rebajara  á  seis  mil  florines  el  pedido,  y  que 
siguiera  la  gracia  de  satisfacer  aquí  y  no  en  Barcelona  los  cen- 
sos de  la  consignación  á  los  exigentes  catalanes;  pero  la  tran- 
quilidad del  país  andaba  ya  por  bajo  de  sus  apuros  económicos. 
Recrudecieron  las  pendencias  de  1473;  y  ^  homicidio  de  Pedro 
Albertí  á  manos  de  Juanote  Sureda  (2)  fué  no  se  sabe  si  motivo, 
incidente  ó  resultado  de  la  tremenda  que  se  dio  en  la.  misma 
calle  de  San  Jaime,  al  parecer  en  la  fiesta  del  Ángel  lunes  de 
Quastmodo,  entre  los  de  la  Almudayna  y  Mercado  de  una  parte 
y  Cali  y  Borne  de  la  otra.  Agravóse  el  hecho  con  la  reclama- 
ción del  reo  como  tonsurado  por  el  tribunal  del  recién  llegado 
obispo  Diego  de  Avellaneda,  y  mediaron  de  un  lado  entredicho 


(i)    VédiTíSQ  Forenses  y  ciudadanos^  cap.  III. 

(2)  Es  en  mi  concepto  dicho  Pedro  Albertí  el  primogénito  del  ex-procurador 
real  mosén  Juan,  con  quien  compartió  la  prisión  del  real  castillo  desde  1463  á  65. 
Parece  dejó  sucesión  de  su  esposa  Tomasa  Burgués,  la  cual  volvió  á  casarse. 


ISLAS      BALEARES  303 

y  de  otro  destierro  y  ocupación  de  temporalidades.  Exasperado 
el  gobernador,  y  escogidos  á  su  gusto  los  prohombres  caballe- 
ros para  dar  su  fallo,  mientras  entretenía  las  instancias  de  los 
jurados,  hizo  dar  muerte  en  la  noche  del  lo  de  Junio  á  Sureda, 
manteniendo  preso  á  su  padre  mosén  Miguel,  y  procediendo 
rigurosamente  contra  las  autoridades  de  Pollensa  por  no  sé  qué 
complicación  de  reyerta  con  la  referida,  hasta  el  extremo  de  se- 
cuestrarles las  casas.  Con  lá  instrucción  del  proceso,  que  pronto 
pasó  de  600  hojas,  creció  la  efervescencia  tanto  que  no  hubo 
en  las  calles  hora  de  paz  segura:  cayó  enfermo  Berenguer  de 
Blanés,  y  llegó  á  la  corte  la  inquietud,  exagerada  con  los  clamo- 
res de  los  quejosos  y  con  las  recriminaciones  y  discordias  allí 
recordadas  por  Hugo  de  Pachs  y  Francisco  Burgués  (i).  Expi- 
diéronse reales  edictos,  cuyo  remedio  mostraron  sentir  los  jura- 
dos y  el  consejo  más  que  el  daño  á  que  se  aplicaba,  deplorando, 
con  criterio  distinto  de  el  del  sensato  embajador,  que  se  estable- 
cieran penas  harto  graves  por  injurias  y  heridas,  y  confiscación 
de  bienes  por  delitos  que  no  fuesen  de  lesa  majestad,  que  á  las 
ofensas  hubiera  de  preceder  rompimiento,  que  á  las  sentencias 
de  caballeros  no  concurrieran  sus  pares,  que  se  les  sometiese  á 
la  tortura,  que  caducaran  en  ñn  los  bárbaros  usos  y  multas  pe- 
cuniarias de  los  Usatjes  de  Cataluña  y  las  viejas  franquicias  tan 
favorables  á  la  preciosa  libertad  de  matarse. 

Este  fué  el  último  y  no  el  peor  acto  de  poder  ejercido  en  la 
isla  por  Juan  II:  á  las  antorchas  funerarias  que  por  él  ardieron 
en  el  patio  de  la  Almudaina  á  4  de  Febrero  de  1479,  transcu- 
rridos apenas  quince  días  después  de  su  fallecimiento,  sucedie- 
ron el  4  de  Marzo  festivas  luminarias,  no  por  un  nuevo  rey, 
sino  por  la  unión  de  los  reinos.  No  sonaba  por  primera  vez  en 
la  ciudad  el  nombre  del  ilustre  primogénito  de  Aragón,  rey  de 
Sicilia  luego,  más  tarde  de  Castilla;  había  de  él  recibido  órde- 


(i)   Lo  rey,  escribe  Muntanyans  á  los  jurados,  sta  tan  mal  edificat  de  la  gent 
d'aqui,  que  creu  que  tots  stan  en  armas  e  en  sanch  de  continuu. 


304  ISLAS      BALEARES 

nes  esta  universidad  y  acudídole  con  donativos,  había  seguido 
con  la  atención  desde  lejos  los  gloriosos  pasos  de  su  carrera, 
celebrando  su  fausto  enlace  con  la  heredera  castellana,  su  recon- 
ciliación con  el  cuñado  reinante,  la  proclamación  de  la  católica 
pareja,  el  nacimiento  de  sus  hijos,  sus  victorias  en  Zamora  y 
Toro,  como  si  presintiese  la  trascendencia  de  cada  uno  de  estos 
hechos  en  los  destinos  generales  de  la  nación  y  un  horizonte  de 
más  plausibles  guerras  y  de  más  vastos  y  grandiosos  intereses. 
La  espléndida  historia  del  más  insigne  de  los  reinados,  sus  triun- 
fos, sus  paces,  sus  conquistas  dentro  y  fuera  de  la  península, 
habían  de  llegar  á  este  apartado  dominio,  despertando  vítores 
en  las  plazas  é  himnos  de  gracias  en  los  templos,  reflejándose 
en  nocturnos  fuegos  y  pomposos  regocijos.  Excusóse  sin  em- 
bargo la  prestación  del  homenaje  por  no  llevar  la  solemne  em- 
bajada al  remoto  país  de  Extremadura,  donde  se  hallaba  de 
pronto  Fernando;  y  al  acercarse  en  Setiembre  el  rey  hasta  Bar- 
celona, se  recordó  que  de  príncipe  había  sido  ya  jurado  quince 
años  atrás  en  Zaragoza  por  los  enviados  del  reino,  y  pareció 
poderse  dispensar  el  gasto,  cumpliendo  por  todos  el  goberna- 
dor, cuyas  relaciones  con  los  jurados  y  consejo  de  aquel  año 
eran  tan  íntimas,  como  hostiles  con  el  prelado,  que  al  uno  y  á 
los  otros  excomulgaba  por  no  permitirle  extraer  el  trigo  de  los 
diezmos.  Por  lo  demás  habría  mejorado,  así  lo  creo,  la  situación 
general  desde  el  año  anterior;  mas  para  presentar  tan  pacíñcas 
en  el  corriente  la  ciudad  y  las  villas,  y  las  banderías  reducidas 
ya  á  lo  civil ^  y  tan  temida  la  justicia  y  tan  manos  limpias  y  sin 
acepción  de  personas  administrada,  compréndese  que  la  discre- 
pancia estuviera,  mas  que  en  el  cambio  intrínseco  de  las  cosas, 
en  el  de  juicios  y  aficiones.  Encarecen  al  soberano  los  nuevos 
elegidos  las  dotes  de  mosén  de  Blanes  para  el  gobierno,  pidién* 
dolé  que  en  él  le  confirme  y  aliente  para  extirpación  de  los  par- 
tidos y  represión  de  los  que  con  ínfulas  de  capitanearlos  aspiran 
á  políticas  mudanzas. 

Que  no  fué  tan  súbita  la  transformación  lo  indican  los  anales 


ISLAS      BALEARES  30<) 

inmediatos.  Todavía  quedaba  pendiente  de  pago  un  residuo 
por  la  coronación  del  rey  difunto,  y  ya  reclamaba  el  nuevo  por 
la  suya  doce  mil  florines,  otros  tantos  que  los  hogares  que  en 
el  reino  calculaba,  reducido  á  la  mitad  el  cupo  en  razón  de  las 
recientes  calamidades,  y  luego  á  seis  ó  cinco  mil  mediante  ave- 
nencia con  los  ofíciales  regios;  aun  así  se  hacía  insoportable. 
Tomaban  las  facciones  desarrollo  según  los  multiplicados 
vínculos  y  juramentos  con  que  se  ligaban  tanto  para  ayudarse 
como  para  embestir,  si  es  que  ya  no  se  empleaban  como  medios 
de  herir  más  sobre  seguro,  encubriendo  alevosías.  Con  los  me- 
norquines,  á  quienes  no  se  guardaba  en  Mallorca  hospitalidad 
prendiéndoles  por  deudas  de  censos,  corrían  interminables  re- 
presalias. En  los  tribunales  seguían  los  abusos  por  lo  tocante  á 
juzgar  sin  asistencia  de  prohombres  y  á  dar  tormento  sin  la  de 
los  jurados;  en  prueba  de  lo  cual  hubo  de  lograr  micer  Mun- 
tanyans  en  su  segunda  ida  á  la  corte  nuevas  órdenes  para  co- 
rregirlos, y  mantener  ¡lesa  la  gran  libertad  de  no  ser  citados  los 
mallorquines  fuera  de  la  isla  en  causas  criminales  ni  civiles.  Pero 
á  la  vez  que  se  trataba  de  suavizar  los  procedimientos,  pedíase 
para  represión  de  los  homicidios  premeditados  que  no  les  valie- 
ra gracia  ni  guiaje.  Por  no  sé  qué  proceso  que  allá  se  le  suscitó, 
Berenguer  de  Blanes  no  volvió  tan  pronto  de  su  visita  al  sobe- 
rano, y  vino  á  reemplazarle  en  Mayo  de  1481  el  vice  canciller 
Juan  Pagés,  hombre  de  antes  conocido  y  estimado  en  la  isla, 
con  la  ingrata  comisión  de  hacer  transferir  á  Barcelona  el  pago 
de  los  censos  debidos  por  la  universidad  á  los  catalanes;  mas, 
al  ausentarse  á  los  dos  meses,  no  quisieron  los  jurados  aconse- 
jarle, como  él  les  pedía  y  le  estaba  prescrito,  en  la  desijgnación 
de  lugarteniente,  con  la  discretísima  intención  de  no  comunicar- 
le ellos  ni  de  contraer  á  su  vez  sombra  alguna  de  parcialidad. 
Mandaba  en  calidad  de  tal  Pedro  de  Sant  Johan  caballero,  cuan- 
do el  domingo  19  de  Agosto  trabóse  tal  alboroto  entre  el 
pueblo  y  la  chusma  de  la  armada  de  Castilla,  detenida  en  el 
puerto  de  paso  para  Otranto,  sobre  sacar  violentamente  del 


306  ISLAS      BALEARES 

burdel  una  hembra,  que  pareció  hundirse  el  mundo,  no  resul- 
tando al  ñn  nada  serio  sino  la  muerte  de  dos  vizcaínos  y  el 
enojo  del  jefe  de  la  escuadra  D.  Francisco  Enríquez  primo  ma- 
terno del  monarca. 

Todo  callaba  entonces  ante  la  cuestión  al  parecer  de  vida 
ó  muerte  para  Mallorca,  sobre  si  las  pensiones  de  la  consigna- 
ción habían  de  seguir  pagándose  aquí  á  los  censalistas  barcelo- 
neses, como  durante  la  guerra,  ó  si  se  les  habían  de  abonar  en 
su  residencia  propia  á  tenor  de  lo  estipulado  desde  el  principio. 
Años  había  que  se  agitaba  con  empeflo  ante  el  infante  D.  En- 
rique lugarteniente  del  principado  y  ante  el  mismo  rey,  que  la 
falló  en  diversos  sentidos  y  por  último  desfavorablemente.  Para 
desquitarse  de  la  derrota  echó  mano  la  universidad,  no  de  un 
ilustre  procer  ó  de  un  sabio  jurisconsulto,  sino  de  un  simple  no- 
tario, de  un  hombre  portátil^  como  solía  llamarse  á  los  envia- 
dos de  escasa  representación,  mostrando  el  alto  aprecio  que 
hacía  de  las  cualidades  de  Pedro  Litrá.  Puesto  en  relación  con 
altos  funcionarios  y  con  patricios  de  gran  crédito  en  la  corte  (i), 
siguióla  á  Valencia  á  fines  del  año  el  hábil  mensajero,  después 
de  cerradas  en  Barcelona  las  cortes,  y  no  dejó  piedra  por  mo- 
ver en  apoyo  de  los  sentidos  clamores  que  no  cesaba  de  elevar 
al  trono  el  desolado  reino.  Nadie  era  capaz  de  arrancar  á  los 
mallorquines  la  idea  de  que  no  fuese  obra  de  malicia  y  ven- 
ganza el  propósito  de  sus  adversarios,  y  que  después  de  haber- 
los lanzado  estos  en  una  larga  y  desastrosa  guerra  cuyos  sacri- 
ficios subían  de  162,000  libras,  no  les  suscitaran  otra  de 
intrigas  y  querellas  en  odio  de  su  fidelidad  pasada,  prevale- 
cidos del  mismo  poder  real  á  cuyo  sostenimiento  se  habían 
inmolado.  Lamentábanse  de  que  por  la  dura  y  cruel  instancia 


(1)  Tales  eran  Hugo  y  Miguel  de  Pachs,  de  los  cuales  el  primero  murió  aque- 
llos días,  Salvador  Sureda,  Gregorio  Burgués  que  en  el  cargo  de  procurador  real 
y  en  la  influencia  sucedía  ya  á  su  padre  Francisco,  y  algún  otro,  con  quienes  con- 
curría el  gobernador  en  propiedad  Berenguer  de  Blanes. 


ISLAS      BALEARES  307 

de  cinco  ó  seis  acreedores,  que  no  eran  más  los  que  traían  de 
remolque  á  los  otros,  viniera  á  total  ruina  este  desventurado 
país,  el  cual  en  vez  de  la  restauración  que  de  tan  bendito  rei- 
nado se  prometía,  hallábase  sin  moneda  reducido  á  permutas  de 
efectos  como  los  pueblos  primitivos  ó  salvajes,  sin  compradores 
para  sus  fincas  ó  censos ,  y  á  punto  de  despoblarse  con  la  emi- 
gración de  sus  tristes  hijos  y  con  el  abandono  de  los  cargos 
públicos  (i).  Confortábalos  con  esperanzas  el  buen  Litrá,  ase- 
gurándoles que  €  rey  y  seflor  tenían  que  les  amaba  y  que  no 
querría  la  perdición  de  sus  leales  subditos; »  pero  los  jurados  le 
escribieron,  juntamente  con  una  carta  reservada,  otra  para  ense- 
ñarla al  rey  y  á  cualquiera,  mandándole  desamparar  la  demanda 
con  la  calma  estoica  de  los  insolventes,  pues  por  semejante  vía 
tan  incobrables  se  harían  los  censos  en  Mallorca  como  en  Bar- 
celona. Excusábase  Fernando  con  el  juramento  prestado  en 
cortes;  apremiaba  como  lugarteniente  de  Cataluña  el  infante; 
el  mismo  Blanes,  restituido  á  su  gobierno  desde  principios 
de  1482,  hubo  de  trabar  violenta  ejecución  contra  el  clavario. 
Más  tarde  veremos  llegar  á  arreglo  esta  tenaz  contienda. 

No  sé  qué  muertes  se  relacionaron  ó  simplemente  coincidie- 
ron con  la  vuelta  del  gobernador,  que  movieron  al  infante  don 


(i)  En  una  de  las  exposiciones  de  los  jurados  á  S.  M.,  la  del  26  de  Octubre 
de  1 48 1,  léense  frases  como  estas:  Primerament  en  vosiras  letras  som  noiats  de 
inobedients  e  que  per  inobediencia  siam  rigurosament  executats;  á  tal  parlar^  si 
erafetper  iot  attre  que  per  V\  Exc.  per  nosalires  hi  seria  feia  condigna  resposta... 
Nosaltres,  senyor,  per  fidelitat  e  obediencia^  no  sois  havem  gosada  perdre  sanch 
e  de  aquella  banyar  los  inimichs  e  no  obedients,  e  perdre  cossos  de  filis ^  germans 
e  molts  propinques,  e  aquells  lexar  menjiír  per  los  bruts  animáis  en  los  camps  hon 
tais  cosas  ab  nostras  armas  deffeniam;  havem  gosats  perdre  e  consumir  no  sois  los 
bens  que  teniam,  mes  encare  vendré  e  encarregar  sobre  nosalires  e  successors  nos- 
tres  per  reduhir  á  vostra  obediencia  ais  qui  contra  aquella  havian  fet  e  ab  potencia 
d'  armas  volian  que  los  altresvassals  vostres  fessen  semblant:  e  pera  tais  mesters, 
tos  temps  que  ocorreguessen^  la  resta  de  nostres  in/ants,  germans,  amichs  eparents 
e  Pocadura  de  bens  reservam  en  aquest  vosire  regne,  en  lo  qual  habitar em  e  viurem 
tan  quant  á  vostra  clemencia  piaurá...  E  quant  mes  nos  irem  tots  ais  peus  de  K.  A/., 
6  si  aquella  voldrá  que  nosaltres  e  los  altr^s  habitadors  anem  mendigant  per  lo  mon 
eaxivergonyosament  kajam  desamparar  aquest  regne,  pendrem  ab  humil  paciencia 
toia  determinado  d*  aquella. 


308  ISLAS      BALEARBS 

Enrique  á  recomendar  desde  Barcelona  el  orden ;  al  menos  las 
villas  con  sus  sangrientas  excisiones  no  tardaron  á  poner  en 
movimiento  la  justicia.  Tan  poco  segura  en  las  relaciones  ex- 
tranjeras como  en  el  interior ,  alteróse  por  aquellos  días  la  paz 
con  Genova,  cuyo  comercio,  en  medio  de  los  frecuentes  desma- 
nes y  violencias  que  se  permitían  aquellos  orgullosos  republi- 
canos, mantenía  animado  el  puerto;  por  fortuna  una  tregua  de 
cinco  años  le  dio  al  propio  tiempo  salida  para  Túnez.  Con  lo 
poco  de  costa  que  en  la  península  quedaba  á  los  infieles  no 
podía  contar  la  mercadería^  pues  ya  el  rey  Católico  había  em- 
prendido desalojarlos  del  suelo  de  Granada,  y  asociaba  los  is- 
leños á  la  celebración  de  los  primeros  triunfos  de  la  reconquista. 
En  Córdoba  á  31  de  Agosto  de  1483,  en  prueba  de  que  no  los 
olvidaba,  firmó  la  erección  de  la  universidad  de  estudios  de 
Mallorca,  modelada  sobre  la  de  Lérida,  al  mismo  tiempo  que 
dos  damas,  singularmente  enamoradas  de  la  recóndita  ciencia 
de  LuU,  se  ocupaban  en  análogas  fundaciones.  Beatriz  apelli- 
dada de  Pinos  así  por  su  padre  Ramón  como  por  su  marido 
Francisco,  que  fué,  si  no  me  equivoco,  el  camarlengo  del  prín- 
cipe Carlos  y  el  gran  sustentador  de  la  insurrección  catalana 
que  acabó  por  inmolarle  (i),  concibió  en  su  viudez,  aun  antes 
de  haber  pisado  la  isla,  establecer  por  su  primer  testamento 
de  1478  un  colegio  de  trece  estudiantes  en  el  Monte  de  Randa 
santificado  por  el  penitente  doctor,  y  luego,  al  venir  á  acabar 
sus  días  en  Mallorca,  instituyó  en  1484  un  beneficio  en  la  ca- 
pilla de  Montesión,  antes  Sinagoga,  restaurando  las  enseñanzas 
que  al  lado  de  ella  había.  En  competencia  sin  duda  con  la  se- 
ñora de  paratje,  Inés  viuda  de  Nicolás  de  Quint,  y  hermana  de 
los  tres  caballeros  Pachs,   dotó  en  1481   una  cátedra  Lulista, 


(i)  Sino  propiamente  la  insurrección,  fué  el  rey  elegido  por  ella,  es  decir  don 
Pedro  de  Portugal,  quien  según  Zurita  mandó  dar  cruel  tormento  á  Francisco  de 
Pinos,  ó  ajusticiarle  dentro  de  la  prisión  por  Agosto  de  1464,  si  hemos  de  creer 
ciertas  cartas  coetáneas  procedentes  de  Barcelona. 


ISLAS      BALEARES  309 

frecuentada  mientras  la  ocupó  el  maestro  Pedro  Daguf,  salvada 
luego  de  la  supresión  por  el  celo  de  los  jurados.  Con  esto  y  con 
la  soberana  aprobación  de  la  doctrina  del  gran  Raimundo  obte- 
nida en  1 503  del  mismo  Fernando  por  el  mallorquín  Cabaspre, 
como  la  había  obtenido  en  1449  de  Alfonso  V  el  barcelonés 
Juan  Llobet,  remontando  por  una  cadena  de  augustos  testimo- 
nios hasta  la  época  del  doctor  iluminado,  hízose  la  universidad 
toda  Luliana,  mientras  alrededor  brotaban  como  por  encanto 
sabios  profesores  y  eruditos  humanistas,  y  se  abrían  certámenes 
poéticos  en  honra  del  autor  del  Blanqiurna^  y  alumbraban  los 
albores  de  la  imprenta  las  ruinas  del  colegio  orientalista  de 
Miramar  (i). 

Señalóse  el  católico  Femando  en  solicitud  por  este  aislado 
reino  ,  que  nunca  sin  embargo  visitó ;  muchas  é  importantes 
disposiciones  le  debieron  los  mallorquines.  Llamólos  á  las 
cortes  de  Tarazona  para  Enero  de  1 484 ,  y  pidieron  se  les 
exonerara  de  los  dispendios  del  viaje,  sin  cesar  por  esto  el 
voluminoso  proceso  que  por  fallo  arbitral  más  bien  que  por 
juicio  ordinario  se  había  propuesto  terminar  sobre  revisión 
de  censos  y  encontradas  pretensiones  de  los  tenedores  y  de  la 
universidad ,  cometiéndolo  al  obispo  Avellaneda  y  á  dos  comi- 
sionados especiales ,  el  escribano*  Maymó  y  micer  Azamar ,  y 
ratificándolo  en  Córdoba  á  30  de  Agosto:  sentencia  llamada 
de/s  referiments  ^  por  la  cual  se  tachó  la  corte  once  mil  florines 
de  salario  en  dos  pagas.  En  una  misma  sesión,  á  5  de  Noviem- 
bre, dióse  al  consejo  cuenta  de  este  ansiado  arreglo  y  de  la 
definitiva  concordia  en  que  vino  á  parar  la  acerba  lucha  entre 
Mallorca  y  Barcelona,  cediendo  aquella  á  las  reclamaciones  de 
esta  acerca  del  lugar  donde  habían  de  realizarse  los  pagos  en 


(1)  En  148 s,  á  los  once  años  de  introducida  en  España  la  imprenta,  imprimió 
en  Miramar  maese  Nicolás  Calafat  un  tratado  de  Gerson,  en  1487  la  Devota  con- 
templado de  Francisco  Prats,  y  al  siguiente  año  el  Breviarium  Majoricense,  El  fa- 
moso certamen  poético  es  de  i  502. 


310  ISLAS      BALEARES 

observancia  de  los  capítulos  de  1 43 1 ,  gracias  á  los  desvelos  de 
un  mosén  Juan  Berenguer  de  Aguilar  que  se  le  premiaron  con 
el  nombramiento  de  pagador ;  y  con  esto  renació  entre  madre 
é  hija,  puede  decirse,  la  primitiva  cordialidad  demostrada  por 
la  segunda  en  sentidos  ofrecimientos  á  la  metrópoli  durante  sus 
conflictos  del  1485  con  los  payeses  de  remensa.  Respiró  con 
dichas  avenencias  la  universidad,  atenta  no  obstante  á  transferir 
los  censos  de  los  catalanes  á  hijos  del  país  con  quienes  sería 
más  fácil  entenderse,  y  cortó  gravosos  y  prolijos  pleitos  con 
particulares,  dirigiendo  su  cuidado  á  conjurar  la  carestía  poco 
menos  que  incesante,  igualmente  que  á  reprimir  el  intempestivo 
lujo  que  ya  entonces,  nivelando  clases  y  afeminando  costum- 
bres, desmentía  procaz  la  notoria  miseria  (i).  En  cuatro  ó  cinco 
mil  libras  excedían  los  gastos  y  obligaciones  del  reino  compu- 
tadas en  45,000  á  los  ingresos  que  á  41,000  no  llegaban;  y  el 
rey,  aduciendo  este  dato  en  prueba  de  lo  insostenible  de  la  si- 
tuación, mayormente  en  días  de  crisis,  mandó  crear  una  junta 
reformadora  agregada  á  los  jurados  y  síndicos  forenses,  que 
bajo  los  auspicios  del  lugarteniente  real  y  de  su  asesor,  reunida 
en  una  sala  del  palacio,  entendiese  qn  el  alivio  y  mejora  de  la 
cosa  pública,  reservándose  sino  aplicar  el  remedio  por  sí  mismo. 
Procedieron  los  jurados  en  28  de  Abril  de  1486  al  nombra- 
miento de  seis  personas,  que  representando  en  la  misma  pro- 
porción los  estamentos  se  renovaban  también  anualmente,  y 
entró  á  funcionar  la  junta,  principiando  por  ocuparse  de  la 
fabricación  de  lana,  no  sin  que  hubieran  de  someterse  sus  esta- 


(i)  «Más  cadenas  de  oro  hay  en  Mallorca  que  en  Barcelona,»  decían  los  cata- 
lanes dando  por  fingidos  los  apuros  de  sus  competidores.  Acordóse  prohibirlas 
por  ordenanza  en  i8  de  Marzo  de  1485,  lo  mismo  que  el  vestir  de  seda  y  el 
cabalgar  en  muía,  que  se  permitía  sólo  á  los  que  tuviesen  por  otra  parte  caballo  y 
armas,  ó  cuya  edad  excediese  de  sesenta  años.  «En  caso  de  necesidad,  decían,  no 
se  hallarán  caballos  ni  quien  sepa  montarlos. »  Al  año  siguiente  por  Agosto  limi- 
tóse el  gasto  de  las  faldas  (gonellas)  ab  mernets,  las  quals  sois  de  fer  cosían  V  ó 
VI  Iliuras,  e  aprés  lo  draf  no  val  res,  ne  duran  lanl,  y  la  profusión  con  que  en  los 
desposorios  y  bodas  se  repartían  confites ,  ocasionando  además  graves  dis- 
gustos. 


ISLASBALEARES  ^11 

tutos  al  consejo,  al  cual  no  acababa  de  parecer  conforme  á 
franquicias  la  demasiada  intervención  de  los  oficiales  regios. 

Había  espirado  cristianamente  en  1 6  de  Febrero  anterior 
Francisco  Berenguer  de  Blanes  naturalizado  casi  en  el  país  con 
diez  y  ocho  años  de  gobierno,  y  para  reemplazarle  fué  traslada- 
do del  de  Cerdefía  Jimeno  Pérez  Scrivá  de  Romaní,  rigiendo  in- 
terinamente hasta  Junio  de  1487  Alvaro  Uniz  caballero  mallor- 
quín, mejor  opinado  que  su  abuelo  Pelayo.  Seguía  adelante  el 
redrés  ó  reforma,  y  tomóse  con  ahínco  la  extirpación  del  mono- 
polio de  los  tintoreros,  asegurado  hasta  entonces  mediante  un 
donativo  anual  que  á  la  corte  pagaban,  y  perjudicial  hasta  lo 
sumo  al  crédito  de  los  paños  mallorquines:  alcanzóla  Litrá 
asiduo  é  incomparable  ájente  de  la  universidad,  á  la  vez  que 
seguidor  y  diligente  cronista  del  sitio  y  toma  de  Málaga  y  de 
las  triunfales  campañas  del  soberano,  quien  por  su  parte  no  se 
desdeñaba  de  enterar  de  sus  victorias  en  minuciosos  partes  á 
los  atónitos  vasallos,  á  cuyos  ojos  crecía  inconmensurablemente 
con  tantas  glorias  el  poder  real  en  algún  menoscabo  de  las  an* 
tiguas  libertades.  El  mundo  se  renueva  (i),  exclamaba  el  pers- 
picaz mensajero  al  observar  en  Zaragoza  que  en  manos  del  rey 
se  concentraba  todo  el  gobierno  municipal  con  la  prórroga  de  la 
juraría  á  su  soberano  placer;  nada  fácil  sin  embargo  en  dejarse 
sorprender  por  novedades,  oponía  juiciosa  resistencia  á  ciertos 
utópicos  planes,  acogidos  en  la  corte  con  sobrada  credulidad 
para  curación  radical  de  los  males  de  su  tierra.  Siguiendo  las 
corrientes  reformistas,  un  Onofre  Canet,  notario  como  Litrá, 
había  propuesto  al  consejo  general  un  partido  para  desquitar 
en  diez  años  la  universidad  de  todas  sus  cargas  y  censos  y  su- 
primir en  consecuencia  los  impuestos  consignados;  y  rechazado 
á  una  voz  por  impracticable,  dióse  maña  para  elevarlo  al  trono, 


(i)  Mon  sefa  nou  del  iot.  Y  en  otra  carta  dice  refiriéndose  á  lo  mismo:  Ha  ob- 
tingut  cT  aquest  regne  (Aragó)  que  n'  es  senyor  á  sas  voluntáis  e  'n  dispon  d  son 
pler. 


312  ISLAS      BALEARES 

donde  se  hizo  de  él  más  cuenta  de  lo  que  su  índole  prometía. 
Quien  inspirara  al  audaz  arbitrista,  quien  le  sostuviera  en  eleva- 
das regiones,  dados  sus  rudos  golpes  á  la  nobleza  en  masa, 
cuyas  ambiciones  hacía  responsables  del  desgobierno  y  postración 
del  país,  jamás  pudo  atinarlo  su  hábil  contrincante,  que  se  guar- 
dó de  hostilizar  harto  de  frente  el  proyecto,  remitiendo  á  la 
experiencia  el  desengaño  (i). 

Provisto  de  recomendaciones  del  monarca  que  equivalían 
casi  á  mandatos,  y  acompañado  del  gobernador,  presentóse  Ca- 
net  en  la  sesión  de  6  de  Febrero  de  1488  á  dar  lectura   á  un 
magnífico  exordio,  tejido  de  grandiosos  recuerdos  de  las  tres- 
cientas naves  de  gabia,  de  las  cinco  mil  casas  de  marinos,  de 
las  treinta  y  tantas  galeras  contrapuestas  en  dos  días  á  las  de 
Genova,  y  demás  tradiciones  de  la  marítima  pujanza  de  Mallor- 
ca, de  crudas  verdades  acerca  de  los  inmorales  manejos  de  las 
banderías,  de  sentidos  llamamientos  á  las  diversas  clases   del 
estado  para  cooperar  á  la  común  salvación,  y  seguido  de  escue- 
tas bases,  que  no  guardaban  con  las  premisas  ilación  alguna,  á 
ñn  de  obrar  la  milagrosa  redención  ofrecida,  mediante  un  evalúo 
general  de  las  casas  y  bienes  de  la  isla  entera  que  se  reservaba 
inspeccionar  el  autor,  y  según  el  cual  debían  contribuir  directa- 
mente por  semanas  las  familias,  prestando  á  trueque  de  la  ce- 
sión de  los  productos  del  decenio  y  de  los  rezagos  de  la  consig- 
nación una  fianza  de  cien  mil  libras  por  año.  Seis  días  después, 
habidas  por  los  jurados  y  una  comisión  nombrada  al  efecto 
varias  conferencias  con  el  proponente,  conforme  pedía  la  grave- 


(i)  Como  buen  diplomático  parecía  atenerse  Litrá  al  f>oint  de  zéle  de  Talley- 
rand  y  á  evitar  la  nota  de  apasionamiento,  de  que  que  á  su  vez  se  quejaba  de  ser 
objeto  por  parte  de  algunos  paisanos  suyos:  No  cregau  nació  al  mon  sia  tant  nota- 
da d'  esser  apassionada  com  mallorquins,  queja  som  en  assó^  que  i>er  honesta  de- 
manda que  fassan^  tots  ios  ohints  stan  ab  recel  de  passions.  Á  propósito  de  lo  cual 
véase  cómo  se  explicaba  un  jurado  sobre  la  proposición  de  Canet:  Se  ha  moguda 
una  spurna  de  foch  molt  terrible,  la  qual  si  abans  de  ser  augmentada  no  será  pro- 
vehit  en  offegar,  es  per  aportar  totalment  aquest  miserable  de  regne  á  total  ruina  e 
ultimada  depauperado  y  extermini. 


ISLAS      BALEARES  3I3 

dad  del  asunto,  fué  llamado  aquél  á  dar  explicaciones,  á  que  se 
negó  rotundamente,  refiriéndose  á  lo  escrito  y  nada  más,  sin 
cuidarse  de  deshacer  reparos,  con  lo  cual  fué  desechado  el  par- 
tido por  más  de  cinco  sextas  partes  de  votantes  no  ya  como 
imposible  sino  como  trastornador;  y  diputóse  enseguida  al  sabio 
teólogo  el  maestro  Bartolomé  Caldentey  para  informar  al  rey 
del  resultado  del  examen.  Volvió  de  Valencia  en  Abril  el  vir- 
tuoso sacerdote,  cumplida  su  misión  (i);  pero  Fernando  no  se 
resolvió  á  abdicar  las  esperanzas  en  tan  flaco  cimiento  pues- 
tas, sino  para  transferirlas  á  las  instrucciones  entregadas  al  pro- 
pio tiempo  á  su  procurador  real  Gregorio  Burgués  sobre  el 
modo  de  exigir  severamente  la  responsabilidad  á  los  clavarios 
y  arrendadores  de  impuestos.  De  ellas  no  se  dio  cuenta  hasta 
la  sesión  del  6  de  Agosto,  que  terminó  por  cierto  tumultuosa- 
mente, aunque  por  causas  según  parece  extrañas  á  los  proyec- 
tos de  Canet,  los  cuales  tan  muertos  se  quedaron,  que  sin  ren- 
cores por  lo  pasado,  sin  peligros  por  el  porvenir,  á  pesar  de 
sus  tendencias  subversivas,  pudo  ser  admitido  el  inofensivo  no- 
tario por  escribano  de  la  universidad  durante  dos  trienios  con- 
secutivos, desde  1499  á  1504. 

Una  grave  cuestión  social  vino  mientras  tanto  á  perturbar 
más  hondamente  los  intereses  y  las  conciencias,  el  estableció 
miento  de  la  Inquisición  creada  por  los  reyes  Católicos.  Medio 
siglo  corría  desde  la  extinción  del  judaismo  en  Mallorca:  queda- 
ban conversos  del  1435,  conversos  del  13*91,  más  bien  multi- 
plicados que  venidos  á  menos,  fundidos  entre  sf  y  hasta  cierto 
punto  con  el  resto  de  la  población,  no  en  barrio  separado,  pero 
sí  avecindados  por  lo  común  aunque  no  exclusivamente  en  las 


( I )  Aléganla  como  uno  de  los  insignes  méritos  del  maestro  Caldentey  sus  ami- 
gos y  admiradores,  al  pedir  que  se  prohiba  la  introducción  de  breviarios  que  pue- 
dan hacer  competencia  al  suyo  mayoricense^  ponderando  así  el  riesgo  de  que  ha- 
bía salvado  la  república:  Ab  aquesta  /erventa  amor  d  la  cosa  pública  la  ha  desliu- 
rada  de  total  destrucción  y  ha  levat  lo  colieil  de  la  má  de  aquell  qui  al  coll  de  ella  lo 
tenia^  ab  molt  millor  manera  que  ningü  no  fensava  esser  posible. 
40 


314  ISLAS      BALEARES 

calles  de  costumbre,  dados  los  más  al  comercio  en  mayor  ó  me- 
nor escala,  muchos  á  diversos  oficios  especialmente  al  de  sas- 
trería (i),  algunos,  como  Pardo,  Beltrán,  Vidal,  por  capitales  y 
fortuna  poderosos  y  honrados.  Iban  y  venían  libremente    de  la 
península  y  del  extranjero;  y  tan  reconocida  era  la  industriosa 
actividad  que  les  distinguía,  que  para  sacar  la  isla  de  su  postra- 
ción se  propuso  en  los  aciagos  días  del  1 463  invitar  á  fijarse  en 
ésta  cincuenta  familias  salidas  de  Valencia  para  Sicilia,  ofrecién- 
doles franquicia  como  á  nuevos  pobladores :  más  aún,  judíos  no 
bautizados  mostró  voluntad  de  hacer  admitir  en  utilidad  del 
reino,  á  pesar  del  decreto  que  lo  prohibía,   el  rey  Juan  II  gran 
favorecedor  de  ellos,  como  todos  los  reyes  codiciosos  ó  apura- 
dos, á  lo  cual  accedió  en    1 465  el  consejo  para  fomento  de  la 
mercadería,  con  tal  que  viviesen  aparte  de  los  cristianos.  Sin  que 
llegase  esto  á  realizarse,  vivían  los  descendientes  de  la  raza  no 
sólo  tranquilos,  sino  prosperados,  con  influencia  en  la  sociedad 
y  con  participación  en  los  cargos  públicos  incluso  en  la  juraría, 
cuando  ciertas  acusaciones,  partidas  no  se  sabe  de  dónde,  con- 
tra los  inquisidores  ordinarios,  como  los  había  desde  antes  en 
el  reino  de  Aragón,  el  vicario  general  Santacilia  y  fray  Casellas 
dominico  (2),  les  obligaron  á  comparecer  en  la  corte  á  dar  sus 
descargos,  y  aunque  lograron  justificarse,  tomó  de  aquí  pie  la 
instalación  en  Mallorca  del  nuevo  tribunal   que  con   rapidez  se 


(i)  En  1425  formaban  gremio  y  no  corto  los  sastres  conversos,  asistiendo  con 
su  rico  pendón  á  las  procesiones  del  Corpus  y  del  estandarte,  de  las  cuales  pre- 
tendían excluirlos  sus  competidores,  los  sastres  catalanes,  resultando  de  aquí  un 
conflicto  en  que  mostraron,  á  la  vez  que  éstos  su  fanática  intransigencia,  el  obis- 
po D.  Luís  de  Prades  su  cristiana  firmeza,  y  los  excluidos  su  prudencia  y  abnega- 
ción. 

(2)  Grandes  disputas  con  los  Lulistas  suscitaron,  hasta  poner  en  peligro  el 
orden  público  á  fines  del  1483  y  luego  en  1493  con  motivo  de  la  peste,  tres  ver- 
sos de  este  religioso  puestos  al  pie  de  una  efigie  de  Nuestra  Señora,  á  pesar  de  ab- 
sueltos  en  Roma  de  toda  censura: 

Non  abhorres  peccatores^ 
Sine  quibus  numquam  /ores 
Tanto. digna  Filio. 


ISLAS       BALEARES  315 

^generalizaba.  Espantáronse  con  tal  anuncio,  no  sólo  los  que  te- 
nían motivo  especial  de  temer,  sino  las  clases  todas  indistinta* 
mente,  como  prueba  la  enérgica  representación  de  los  jurados 
en  29  de  Julio  de  1487,  recelosos  del  secreto  de  las  acusacio- 
nes y  pesquisas,  del  perjurio  de  anónimos  testigos,  del  fallo 
sorprendible  de  jueces  forasteros,  pidiendo  que  al  menos  se 
asesoraran  con  alguna  grave  persona  del  país,  é  indicando  no  . 
obstante  ¡rara  anomalía!  al  gobernador  Pérez  Scrivá.  La  emi- 
gración que  ya  empieza,  la  parálisis  de  los  negocios,  la  inquie* 
tud  de  que  recaiga  en  mayor  soledad  la  tierra  apenas  algo  re- 
poblada, forman  el  tema  constante  de  las  sesiones  de  aquel  año 
y  de  las  excitaciones  al  enviado  Litrá,  quien  previene  con  su 
habitual  aplomo  que  no  se  apresure  con  sobrada  resistencia  la 
venida  de  lo  que  se  intenta  conjurar  (i).  Igual  resultado  produ- 
jeron en  Aragón  parecidas  dificultades  opuestas  por  los  diputa- 
dos del  reino  á  la  introducción  del  Santo  Oficio. 

No  hubo  medio:  vinieron,  enviados  por  Torquemada,  inqui- 
sidores aragoneses  ó  castellanos,  Pérez  de  Munébrega,  Martín, 
Astorga,  Cienfuegos,  Villalobos,  uno  tras  otro  en  menos  de 
trece  años,  intercalados  con  alguno  mallorquín,  y  empezaron  los 
procesos  de  que  tenían  hecho  ya  regular  acopio  los  ordinarios. 
A  mediados  de  1489  comprendía  la  confiscación  unas  cien  casas 
entre  grandes  y  pequeñas,  bastantes  huertos  y  gran  riqueza  en 
censos,  por  los  cuales  percibía  más  de  quinientas  libras  al  año 
uno  solo  de  los  reos.  A  todos  se  les  acusaba  de  judaizar  (2): 


(i)  Aquestas  acusacions^  dice  aquel  hombre  con  serenidad  admirable,  serán 
stadas  causa  de  mes  promptameut  e  ah  mes  ardor  introduhir  aquí  la  Inquisición  e 
crech  no  passará  molt  la  haureu  aqui...  Suplicar  Sa  Altesa  que  Inquisició  no  hi 
anás^  sembla  á  mi  no  sia  pus  sino  cuytar.  Pero  a^ó  son  cosas  que  havem  á  dir^  ejó 
axiho  crech,  que  saltem  permissive  devallan  ab  alto,  e  axi  sia  remes  á  Deu;  jo  ni 
en  cessar  ni  en  cuytar  no  entench  fer  part  alguna, 

(2)  Media  plana  de  una  hoja  suelta  es  cuanto  he  alcanzado  á  ver  de  estos  pro- 
cesos, y  versa  sobre  la  observancia  de  ritos  judaicos  y  sobre  la  tibieza  manifesta- 
da por  los  conversos  en  las  prácticas  religiosas  de  la  Iglesia: stants  mollas 

donas  entorn  del  eos,  de  las  quals  no  's  recorda  sino  que  eran  párenlas  ó  ve  hiñas 


3l6  ISLAS      BALEARES 

muchos  salieron  penitenciados.  Las  indagaciones  se  remontaron 
á  los  difuntos,  y  pareció  probado  que  no  habían  muerto  cristia- 
nos sino  en  apariencia:  de  los  vivientes  un  gran  número  no 
quiso  someter  á  prueba  su  fe,  y  huyeron  á  tiempo,  entre  los 
principales  un  médico  famoso,  el  maestro  Juan  Alejandro  Adrets, 
que  pasó  á  Ñapóles  dejando  aquí  gran  vacío.  Exhumáronse 
huesos,  forjáronse  efigies  de  los  fugitivos,  y  en  los  tres  autos  de 
fe  de  1 490,  año  en  que  se  estrenaron  estas  funciones,  no  pere- 
cieron sino  cinco  personas  (i);  las  otras  hasta  cuarenta  y  siete 
figuraban  en  representación.  No  así  en  1491:  cuatro  fueron  re- 
lajados al  brazo  seglar  en  30  de  Mayo,  veinte  en  4  de  Setiem- 
bre que  no  ardieron  en  la  hoguera  sino  después  de  ahogados,  en 
el  siniestro  quemadero  de  la  puerta  Plegadissa,  encendido  hartas 
veces  en  aquella  centuria  para  expiar  crímenes  contra  naturale- 
za y  una  que  otra  vez  herejías  ó  mejor  dicho  sacrilegios.   En  el 


qui  eranyengudas  alli^  anava  la  dita  Berarda  en  torn  de  las  ditas  donas  e  cos^  lo- 
cani  palmas^  aturantse  un  poch  ab  cascuna  de  las  ditas  donas  cantante  no  entenia 
que  deya^  e  las  altras  responian  plorant  e  dolorejaní  no  iocant  palmas,  e  no  entenia 
ella  testis  que  deyan  com  stigués  luny  al  cap  d'  una  gran  sala.  E  mes  dix  que  quasi 
en  lo  dit  temps,  aprés  que  f oren  passadas  las  mortaldats^  ella  testis  dix  á  na  Joana- 
muller  den  Jacme  Viabrera  pelleter^  que  tra  vehina  sua,  un  dia  de  /esta  anyal^  que 
anassen  d  vespres^  e  aquella  respós  que  anaria  á  pexer  la  vista  e  veure  las  bellas 
donas^  e  ella  testis  dix:  ay  mesquina  de  mi!  e  no  ohirem  las  vespres!  e  la  dita  Joha- 
na  dix  fluxament ,  anem ,  anem ;  e  axi  anaren  abduys  d  la  Seu  e  ohiren  las  ves- 
pres. 

(i)  En  el  primero  un  hombre  y  una  mujer,  Pereta  esposa  de  Martín  Ven^on, 
en  el  tercero  tres  mujeres;  y  aunque  la  proporción  entre  los  dos  sexos  se  equili- 
bra más  adelante,  resulta  en  conjunto  mayoría  en  el  débil.  Respecto  de  las  conde- 
naciones postumas  ó  en  ausencia  constan  nominalmente  69  hombres  y  48  muje- 
res, dejando  aparte  la  estadística  de  los  reconciliados  y  de  los  sentenciados  á 
cárcel  perpetua,  á  los  cuales  comprendía  indistintamente  la  confiscación  de  bie- 
nes. Nótase  algún  apellido  extranjero,  Ven9on,  Adrets :  bastantes  castellanos  6 
aragoneses,  como  López,  Martínez,  Sánchez,  Ruiz,  Montearagón,  Santa  Cruz,  Na- 
vas ó  Naves,  Aranoz,  Pinilla;  otros  catalanes  ó  valencianos  no  conocidos  en  la 
isla,  y  aun  cuando  iguales  á  los  nuestros,  tal  vez  de  aquella  procedencia;  muchos^ 
en  fin,  de  familias  siglos  hace  extinguidas,  ó  recibidos  por  los  bautizados  en  i  jgi 
de  casas  más  ó  menos  notables  que  también  acabaron,  como  los  hay  de  otras  que 
permanecen.  Investigación  más  ardua  que  importante  en  sí,  que  requiere  gran 
conocimiento  y  estudio,  y  principalmente  superioridad  á  toda  idea  y  aun  más  á 
toda  intención  preconcebida,  que  pudiera  en  sí  misma  llevar  el  castigo  de  su  ma- 
lignidad. 


ISLAS      BALEARES  3I7 

auto  de  1 493  por  Junio  ya  no  aparecieron  sino  estatuas,  aunque 
no  bajaron  como  la  otra  vez  de  cuarenta  y  siete.  Desde  enton- 
ces casi  cada  año,  y  en  alguno  más  de  una  vez,  hasta  muy  en- 
trado el  siglo  XVI,  se  repitieron  los  imponentes  espectáculos  (i), 
resultando  de  ellos  unas  ochenta  ejecuciones  con  las  ya  referi- 
das, que  recaían  en  tenderos  y  artesanos  la  mayor  parte  y  en 
uno  que  otro  mercader  con  sus  mujeres  y  familia,  y  algún 
escribiente  ó  notario  en  rebeldía.  No  es  decible  sin  embargo 
cuan  adentro  penetró  en  las  entrañas  de  la  sociedad  esta  extir- 
pación dolorosa ;  y  en  las  quejas  de  los  jurados  dirigidas  sin 
cesar  al  rey  Católico  contra  el  formidable  tribunal,  aunque  en- 
vueltas en  frases  de  adhesión  y  respeto,  y  sobre  todo  en  la 
dilatada  lista  de  agravios  entregada  á  micer  Juan  Duzay  para 
hacerla  valer  en  la  corte,  se  advierte  otra  cosa  que  cuestión  de 
precedencias  en  las  procesiones  de  la  fe,  que  las  franquicias  que 
se  arrogaban  sus  familiares,  que  el  quebrantamiento  de  juris- 
dicciones, de  derechos  alodiales,  de  toda  suerte  de  contratos 
anteriores  á  las  confiscaciones  decretadas :  percíbese  el  gemido 
que  arrancan  á  la  ciudad  la  pérdida  de  más  de  un  tercio  de  su 
sustancia,  y  los  tesoros  extraídos  por  los  que  escapan,  y  la  mi- 
sería  desgarradora  de  los  que  se  quedan  (2),  y  la  desaparición 
de  tantas  familias  más  ramificadas  de  lo  que  se  cree  entre  el 
vecindario,  algunas  tan  poderosas  que  mediante  enlaces  habían 
restaurado  con  su  fortuna  abatidas  noblezas,  al  par  que  hecho 
sospechosa  la  ortodoxia  de  la  más  limpia  sangre  (3). 


(i)  Los  hubo  en  1498  y  99  con  diez  suplicios,  en  i  ^01  con  dos  á  nombre  del 
obispo  y  no  de  los  inquisidores,  y  nueve  autos  más  hasta  i  $  i  $,  cuya  fecha  es  di- 
fícil de  fijar  por  años,  mientras  no  se  logre  poner  acordes  los  pocos  datos  que  nos 
restan. 

(2)  Compruébanse  ambas  cosas,  la  primera  por  el  aviso  del  baile  de  Santany 
en  Noviembre  de  1494  de  no  haber  podido  detener  en  el  puerto,  como  se  le  man- 
daba, una  nave  en  la  qual  se  deya  hi  havta  molts  dejuheus  ab  molt  or  y  argent  que 
portavan;  la  segunda  por  una  exposición  de  los  jurados  de  Enero  de  1493  á  favor 
de  los  conversos  reconciliados,  posáis  en  lo  derrer  grau  de  penuria^  tal  que  para 
exigirles  el  pago  de  los  tres  mil  ducados  ofrecidos  á  la  corte  por  las  gracias  dis- 
pensadas habrán  de  quedarse  sin  vestidos  y  sin  ropa  de  cama. 

(3)  En  abono  de  un  caballero  para  preservar  de  la  confiscación  los  cuantiosos 


3l8  ISLAS      BALEARES 

La  autoridad  episcopal,  que  hubiera  podido  como  ninguna 
prevenir  conflictos  y  suavizar  asperezas  al  plantearse  la  nueva 
institución,  residía  en  un  simple  vicario  del  famoso  cardenal 
Borja,  quien  desde  principios  de    1490  por  fallecimiento   del 
obispo  Avellaneda  poseía  el  título  y  las  rentas  de  la  mitra,   que 
no  depuso  sino  para  ceñir  la  tiara  con  el  nombre  de  Alejandro  VI 
en  Agosto  de  1492,  sin  dejar  en  la  diócesis,  no  ya  huellas  ma- 
teriales, pero  ni  aun  muestras  de  atender  á  las  instancias   de 
los  jurados  en  favor  del  recién  centralizado  hospital,   abrigo 
único  á  la  sazón  de  toda  suerte  de  necesidades   (i).  Por  suerte 
la  universidad  no  se  hallaba  mal  con  el  gobernador  Scrivá,  sa- 
tisfecha de  la  rectitud  y  prudencia  de  éste  en  la  represión  de  los 
bandos,  que  habían  llegado  al  exceso  inaudito  de  ensangrentar 
iglesias,  pues  en  medio  de  los  funerales  del  día  de  Difuntos 
de  1490  pasó  en  la  de  San  Francisco  la  terrible  escena,  moder- 
namente poetizada,  continuación  sacrilega  de  los  rencores  sem- 
brados en  el  carnaval  del  año  anterior  por  el   nocturno  asalto 
de  los  Spanyol  á  la  casa  de  Armadans,  y  sostenidos  por  sus 
respectivos  adherentes  (2).  Trabajaron  para  unirlos  en  manos 
del  gobernador  el  cabildo  y  los  jurados,  esquivando  éstos  la 
venida  del  regente  Albanell  por  temor  de  enconar  con  el  proce- 
so las  discordias,  que  trascendieron  no  sé  cómo  á  las  autorida- 


bienes  de  su  mujer,  y  de  una  ilustre  viuda  para  vindicarla  de  las  imputaciones 
que  pesaban  sobre  la  memoria  del  marido  y  darle  lugar  á  defensa,  recurrieron  al 
rey  los  jurados  en  1490  y  1493,  y  fueron  al  parecer  atendidos,  pues  no  aparece 
más  rastro  de  tales  procesos. 

(i)  Así  se  desprende  de  la  petición  que  le  dirigen  en  18  de  Mayo  de  149I1 
solicitando  la  aprobación  pontificia  para  la  nueva  cofradía  de  Nuestra  Señora  y 
Santa  Ana,  donde  no  se  habla  sólo  de  enfermos,  sí  que  también  de  sanos,  pobres^ 
/oís,  contrets  e  infants  peiits,  para  los  cuales,  dice  otro  documento,  había  treinta 
nodrizas. 

(2)  De  este  primer  atentado  y  del  caso  perpetrado  en  las  personas  de  Jaime  y 
de  Francisco  Armadans  había  proceso  ya  formado  en  Marzo  de  1489.  Después  del 
segundo  pagáronse  al  pintor  Moger  dotze  senyals  reyals  que  /oren  posáis  en  loca- 
rrer  deis  Armadans  e  del  Mercal  per  assignar  los  limiis  de  llurarrest.  El  proceso  no 
terminó  en  1495  con  las  multas  impuestas  á  Perole  Spanyol  yerno  de  Rodrigo  de 
Sant  Martí,  y  á  sus  seguidores  Pedro  de  $ant-Johan  menor,  juanote  de  Pacha  y 
Juan  Desmás. 


ISLAS      BALEARES  319 

des,  metiéndose  cizaña  entre  Scrivá  y  el  procurador  real  Gre- 
gorio Burgués,  llegado  aquellos  días  en  apoyo  de  su  olvidada 
parcialidad,  más  bien  que  para  agenciar  el  otorgamiento  de  cua- 
tro mil  florines  al  soberano  por  el  matrimonio  de  su  primogéni- 
ta Isabel  con  el  rey  de  Portugal.  Tomadas  averiguaciones  sobre 
los  dos  funcionarios,  preponderó  Burgués,  haciendo  suspender 
del  gobierno  al  competidor  en  Agosto  de  1491,  cosa  que  sin- 
tieron sobre  manera  los  jurados,  sincerando  á  Scrivá  del  cargo 
de  haber  promovido  tumultuosas  reuniones  y  cabalgatas;  y  para 
lugarteniente  de  micer  Albanell,  que  ejerció  temporalmente  el 
mando,  llamado  sin  tregua  de  un  pueblo  á  otro  por  riñas  y  deli- 
tos, presentaban  al  rey  el  ya  experimentado  Alvaro  Uniz,  no 
precisamente  como  imparcial,  sino  como  emparentado  con  unos 
y  otros  jefes  de  partido.  Al  mismo  tiempo  suplicaban  que  en  las 
insaculaciones  para  los  oficios  públicos  ó  en  otro  punto  de  régi- 
men nada  se  innovase,  y  atribuían  todo  clamor  en  contra  á  pa- 
sión personal  ó  apetito  de  mando. 

Vino  en  esto  la  más  alegre  de  las  cédulas  hasta  allí  recibi- 
das del  victorioso  monarca,  fechada  del  mismo  día  que  entró  en 
Granada,  del  glorioso  2  de  Enero  de  1492;  y  en  sesión  del  23 
embriagóse  de  júbilo  el  consejo,  votando  sin  más  discrepancia 
que  de  seiscientas  á  ochocientas  libras  (y  prevaleció  la  mayor 
suma)  para  solemnizar  la  fausta  nueva  con  procesiones  de  gra- 
cias y  regocijos,  cuya  demostración  más  espléndida  consistió  en 
una  justa  y  un  certamen  poético  (i).  La  unión  de  voluntades 
empero  duró  lo  que  las  fiestas,  y  al  apagarse  la  llama  fugaz  del 


(i)  La  noticia  de  este  certamen  y  de  su  promovedor  nos  la  conserva  única- 
mente el  gasto  de  un  carpintero  en  adobar  e  Jer  en  la  sala  del  castell  real  las  guar- 
nicions  j>er  teñir  draps  de  ras^  á  ops  y  servey  de  certa  joya  posada  per  lo  venerable 
micer  Speraneu  Spanyol  canonje  de  la  Seu  de  Mallorques^  contenent  quimillor  diria 
en  coblas  en  lahor  e  gloria  de  las  majestats  deis  senyors  rey  en  Ferrando  e  reyna 
Isabel.  Para  la  justa  se  dispuso  parar  un  rench  qui  en  aquell  sia  pegata  canyas^ 
lansas  eun  farament  de  seda^  e  los  aventurers  gui  exirán  á  llurs  despesas  no  pu- 
xen  traure  sino  parament  de  drap;  e  se  dega  donar  un  pris  de  dos  ó  tres  marchs 
d'argent  per  los  aventurers  d  aquell  qui  millor  ho  fará  en  lo  lustrar. 


320  ISLAS      BALEARES 

entusiasmo  dejó  ver  la  brasa  de  las  enemistades  viva  debajo 
del  rescoldo.  Por  necesidad  tal  vez  hubo  de  restablecerse  la 
costumbre,  suprimida  años  pasados  por  la  reducción  de  dietas, 
de  las  expediciones  judiciales  á  las  villas,  pareciendo  más  expe- 
dita y  más  barata  aún  para  los  mismos  acusados  la  justicia  que 
iba  al  encuentro  de  ellos  que  la  que  los  citaba  ante  su  tribunal, 
además  de  lo  que  producían  al  erario  las  composiciones;  y  por 
el  número  de  poblaciones  que  visitó  el  expresado  regente  du- 
rante el  año  de  su  gobierno,  Inca  cuatro  veces,  Sineu,  Llucma- 
yor,  Valldemosa,  Felanig,  la  Puebla,  Pollensa,  Binisaiem,  SóUer, 
muéstrase  cuan  alborotada  andaba  la  isla  entera,  desde  cuyos 
confines  reclamaban  su  presencia  en  la  ciudad   desórdenes  aún 
más  graves.  Más  parte  de  la  que  á  su  posición  convenía  tomó 
Albanell  en  estas  disensiones  entregándose  á  uno  de  los  bandos, 
y  al  marcharse  con  el  designio  de  aconsejar  al  rey  que  acabase 
con  las  eternas  disensiones  del  municipio  apropiándose  como 
en  Zaragoza  y  Barcelona  el  nombramiento  de  jurados,  cuidaron 
éstos  de  desautorizarle  ante  el  monarca,  de  cuya  munificencia, 
le  dicen,  esperan  ampliación   más  bien  que  menoscabo  de  sus 
franquicias.  Interesábase  sinceramente  Fernando  por  la  recta 
administración  de  justicia,  pacificación  del  reino  y  reforma  de 
los  abusos,  á  la  vez  que  por  la  navegación  y  comercio   de  las 
islas,  destruido  casi  por  los  piratas;  y  al  formar  la  lista  de  agra- 
vios recibidos  de  genoveses  y  nisardos  por  sus  subditos,   citó 
para  la  junta  de  Zaragoza  á  los  mallorquines,  tal  vez  los  más 
perjudicados.  Desde  años  atrás  promovía,  para  limpiar  los  in- 
festados mares,  el  armamento  de  una  escuadrilla,  á  que  contri- 
buyesen con  una  galera  y  una  cuarta  parte  del  gasto  total  de 
dos  mil  quinientos  florines  Cataluña,  Valencia,  Cerdefla  y  Ma- 
llorca, y  oponía  ésta  su  falta  de  recursos.  Hallábanlos  no  obs- 
tante los  defensores  de  la  mercaderia^  empleando  el  derecho  de 
mollaje  en  llevar  adelante  aquellos  días  las  obras  del  muelle 
para  naves  de  gran  porte,  resguardado  de  vientos  y  de  enemi- 
gos, al  pie  de  la  ciudad,   bajo  un  magnífico  plan  de  faro  y  de 


ISLAS      BALEARES  321 

torre  que  alcanzase  con  su  artillería  á  defender  las  de  'n  Carros 
y  de  Portopí,  joyel  hermoso  del  país  al  decir  de  ellos,  que  había 
de  darle  renombre  universal. 

Tiempo  había  que  se  tomaban  prevenciones  contra  la  peste 
divagante  por  las  costas  del  Mediterráneo,  y  ya  en  1490  eran 
sometidos  á  observación  en  Portopí  los  buques  procedentes  de 
Valencia  y  Barcelona,  donde  se  ocultaba  la  dolencia  y  eran  mal 
cumplidas  las  leyes  de  sanidad,  según  las  reconvenciones  desde 
aquí  dirigidas  al  infante  lugarteniente  de  Cataluña.  Atendióse 
al  sustento  de  los  cuarentenarios,  al  reparo  del  oratorio  de  San 
Nicolás,  al  refuerzo  de  la  junta  sanitaria  y  á  los  empleos  de  físi- 
co y  cirujano  del  morbo,  en  los  cuales  se  acordó  que  turnaran 
anualmente  los  facultativos  de  la  tierra.  Tres  años  pasaron  sin 
novedad  mientras  estuvo  cerca  el  enemigo;  cuando  parecía  ale- 
jarse hacia  Genova  y  Ñapóles,  en  los  primeros  días  de  Junio 
de  1493  apareció  aquí  de  improviso.  Era  el  mismo  probable- 
mente que  el  de  1475,  ^^^  ^^  pronto  no  se  le  quiso  reconocer. 
Atribuyéronse  las  primeras  muertes  á  males  de  costado,  efecto 
de  las  tardías  lluvias  que  después  de  medio  año  de  sequía  vi- 
nieron á  enfriar  la  atmósfera,  y  el  vulgo  impresionable  regresó 
á  la  ciudad  que  había  ya  abandonado :  bastaron  empero  pocos 
días,  del  1 2  al  18,  para  confirmar  la  alarma,  y  tres  cuartas  par- 
tes de  la  población,  ricos  y  pobres,  grandes  y  pequeños,  se 
esparcieron  por  la  isla.  Al  nuevo  gobernador,  mossén  Juan 
Aymerich,  llegado  quince  días  atrás  con  su  asesor  Bofíll,  se  le 
suplicó  quedase  fuera  para  acudir  á  caballo  á  donde  fuese  me- 
nester; el  obispo  Guillermo  Ramón  de  Moneada,  felicitado  me- 
ses atrás  por  su  nombramiento,  no  se  había  presentado:  para  la 
asistencia  espiritual  fué  llamado  de  Barcelona  un  virtuoso  fraile, 
fray  Francisco  de  Aragón  observante,  que  no  se  sabe  si  vino. 
Dentro  de  la  iglesia  de  Alaró  convocó  Aymerich  en  24  de  Julio 
un  consejo  de  notables  para  atender  principalmente  á  la  provi- 
sión de  víveres,  que  facilitaba  introducir  la  feliz  circunstancia  de 
hallarse  limpio  casi  todo  el  circuito  del  litoral :  de  Inca  y  Muro, 
41 


322  ISLAS      BALEARES 

que  eran  las  villas  más  castigadas,  ofreció  cuidar  la  parte  foren- 
se por  no  entrar  á  su  vez  en  los  gastos  de  la  ciudad.  Muchos 
viajes  desde  Sóller  y  Pollensa,  donde  lo  más  del  tiempo  residía, 
costó  al  gobernador  el  orden  perturbado  por  inobediencias  y 
ruidos;  todo  aquel  verano  y  otoño,  sumamente  secos,  anduvie- 
ron dispersas  las  autoridades  ínterin  se  cebaba  el  contagio  en 
la  capital,  pero  en  2  de  Diciembre  pudieron  al  fin  reunirse  den- 
tro de  ella  en  consejo  ordinario  á  darse  cuenta  de  los  quebran- 
tos padecidos.  Grandes  fueron,  aunque  no  se  reducen  á  cifras  (i). 
Á  últimos  de  Febrero  siguiente  aún  duraba  el  mal  en  algún 
punto  de  la  isla,  y  con  él  los  dispendios  de  guardarse;  á  medía- 
dos  de  Marzo  había  desaparecido  por  completo,  aunque  algún 
recrudecimiento  en  el  verano  produjo  nueva  emigración. 

Complicóse  con  la  peste  la  carestía  originada  de  la  pérdida 
de  dos  cosechas,  que  también  la  de  1494  se  malogró  por  más 
lozanía  que  grano  en  las  mieses;  y  los  resultados  dejaban  sen- 
tirse aún  en  la  primavera  del  tercer  año,  en  que  morían  de 
hambre  por  la  ciudad  los  mendigos  forenses  que  entraban  en 
busca  de  amparo.  ¡Qué  ocasión  aquella  para  hostiles  alardes 
y  cabalgatas  de  bandería  que  hubieron  de  prohibirse  por  pregón, 
y  para  crímenes  atroces  de  reos ,  cuya  nobleza  no  les  preser- 
vaba al  menos  de  la  cuchilla  de  la  ley  (2) !  Poco  al  parecer 
habían  mejorado  las  costumbres  con  el  azote  que  pudiera  pasar 
por  castigo  de  las  blasfemias,  del  desenfrenado  juego ,  de  las 
fieras  venganzas,   contra  cuya  propagación  dirigía  meses  antes 


(i)  De  una  tradición  más  ó  menos  fundada  debió  de  tomar  Mut  el  dato  que  al 
salir  de  esta  peste  cabía  en  el  muelle  toda  la  gente  útil  de  armas  de  la  ciudad, 
pretendiendo  sobre  él  establecer  el  cálculo  de  las  defunciones,  como  también  la 
noticia  de  que  dicha  peste  tomó  el  nombre  den  Boga  de  cierto  marino  que  )a  in- 
trodujo mediante  un  bolsillo  apestado  y  fué  la  primera  víctima.  Lo  que  hay  es  que 
después  de  introducido  el  mal,  tomó  incremento  con  la  llegada  de  nuevas  embar- 
caciones infectas. 

(2)  Dentro  de  las  prisiones  de  palacio  sufrió  garrote  la  dama  Inés,  esposa  del 
caballero  Hugo  de  Sant  Johan  por  haber  envenenado  á  su  marido,  siendo  en  segui- 
da expuesto  en  el  patio  su  cadáver.  Hay  también  noticia  de  un  horrible  y  doble  in- 
cesto: la  estadística  de  aquellos  tiempos  no  da  menos  de  veinte  suplicios  por  año. 


ISLAS      BALEARES  323 

un  enérgico  memorial  al  rey  cierto  celoso  sacerdote.  Traían 
desvelado  por  entonces  al  Católico  la  entrada  del  francés  en 
Italia  y  el  temor  más  ó  menos  fundado  de  que  se  aliaran  con 
éste  los  turcos,  peligro  que  el  lugarteniente  tuvo  el  encargo  de 
esforzar  ante  el  consejo  á  principios  de  1495  á  fin  de  poner  en 
estado  de  defensa  la  ciudad  y  de  proveerla  de  armas  y  artille- 
ría. Destináronse  al  efecto  tres  mil  quinientas  libras ;  pero  más 
adelante,  declarada  ya  la  guerra  á  Francia,  se  reclamó  un  dona- 
tivo que  fué  de  seis  mil;  se  insistió  en  el  fomento  y  uso  de  ca- 
ballos para  que  no  decayera  el  militar  ejercicio,  y  en  la  repre» 
sión  del  lujo  prohibiendo  los  brocados;  y  exigióse  con  tanto 
ahínco  el  cumplimiento  de  lo  ofrecido  tocante  al  común  resguar* 
do  de  este  archipiélago ,  que  al  avío  de  su  respectiva  galera 
hubo  de  aplicar  la  universidad  el  impuesto  del  muelle  suspen- 
diendo las  obras.  Por  contraria  á  las  franquicias  del  país  y  al 
régimen  vigente  resolvió  el  consejo  en  1 3  de  Julio  á  propuesta 
de  un  jurado,  no  sólo  suspender,  sino  deshacer  la  reforma 
nueve  años  antes  emprendida,  y  cuyos  trabajos  no  cesaba  el 
rey  de  estimular ;  y  no  sé  si  en  contestación  á  tan  aventurado 
acuerdo  ó  sin  tener  de  él  noticia,  presentóse  tres  meses  después 
en  compañía  del  gobernador  el  provincial  de  observantes  fray 
Segarra,  portador  de  un  real  mensaje,  encareciendo  el  singular 
amor  profesado  por  S.  M.  á  este  reino,  y  el  sentimiento  que  de 
sus  discordias  tenía ,  y  el  deseo  de  que  hermanados  todos  cons- 
pirasen al  común  bien  y  prosperidad ,  á  cuyo  efecto  mandaba 
elegir  una  junta,  cuanto  más  reducida  mejor,  que  en  unión  con 
su  lugarteniente  y  con  dicho  religioso  y  con  dos  de  los  jurados, 
tomara,  aun  cuando  no  fuese  por  unanimidad,  las  determinacio- 
nes convenientes.  No  pudo  dispensarse  el  consejo,  reunido  tres 
días  consecutivos,  del  nombramiento  de  cuatro  personas,  tres 
de  la  ciudad  por  los  jurados  y  una  de  los  forenses  por  estos 
mismos  (i),  protestando  cada  cual  un  sincero  abandono  de  sus 


(O    Eran  consejeros  los  cuatro,  los  de  la  ciudad  mosén  Juan  de  Puigdorfila, 


324  ISLAS      BALEARES 

intereses  y  pasiones  privadas  y  un  absoluto  respeto,  no  siempre 
fácil  de  conciliar  en  la  práctica,  por  un  lado  á  las  libertades 
patrias,  por  otro  á  las  preeminencias  de  la  corona. 

Estrellaríase  en  los  inveterados  abusos  la  solicitud  del  mo- 
narca, ya  que  ni  de  la  nueva  junta  ni  de  fray  Segarra  vuelve  á 
hablarse  en  los  siguientes  años,  porque  acaso  más  cuesta  arriba 
venían  aún  las  reformas  que  el  segundo  maridaje  de  otros  cua- 
tro mil  florines  votado  en   1496  por  el  enlace  de  la  infanta 
Juana  con  el  archiduque  hijo  del  emperador,  y  que  la  inversión 
de  grandes  sumas  en  acopio  de  armas  y  en  reparo  de  murallas 
así  de  la  capital  como  de  Alcudia  y  hasta  del  castillo  de  Ca- 
brera. Continuaban  en  1497  los  aprestos  de  lanzas  y  corazas  y 
de  tres  bombardas  más,  para  añadir  á  la  ya  hecha,  en  honor  de 
los  cuatro  evangelistas  (i):  pero  los  aparatos  de  guerra  cedie- 
ron á  desalentadores  funerales  por  aquel  príncipe  D.  Juan  que 
en  edad  tan  temprana  se  llevaba  consigo  el  porvenir  de  la  glo- 
riosa dinastía  (2),  y  por  el  lado  de  Italia  al  menos  suspendió 
por  entonces  lisonjeros  anuncios  de  conquistas  la  publicación  de 
las  treguas  convenidas  con  Carlos  de  Francia,  y  más  todavía  en 
Setiembre  de  1 498  la  de  las  paces  con  el  nuevo  rey  Luís,  hecha 
por  primera  vez  para  oídos  mallorquines  en  idioma  castellano. 
Graves  estragos  al  propio  tiempo  amenazaba  el  mar,  embis- 
tiendo al  mirador,  pedestal  gigantesco  de  la  sublime  catedral 
que  ya  acababa  de  desplegar  sus  naves,  con  furia  cual  jamás 
había  acostumbrado  antes  de  construirse  el  formidable  dique 
del  muelle,  cual  si  este  con  desalojarlo  la  aumentara;  y  aunque 


micer  Jaime  de  Muntanyans  y  mosén  Jaime  Juan  Qaforteza,  el  forense  Rafael  Ba- 
Uester  de  Manacor.  De  la  juraría  resultaron  designados  para  la  junta  Bernardo 
Cotoner  ciudadano  y  Antonio  Martí  mercader. 

(i)  Ab  certas  carretas^  dicen  las  actas,  qui  aportan  las  ditas  bombardas  ó  pas- 
samur  per  los  lochs  necessarts  de  la  ribera.  Adquiriéronse  cien  docenas  de  lan- 
zas á  veintinueve  sueldos  la  docena,  pero  subido  luego  el  coste,  suspendióse  la 
compra  de  ellas  y  de  corazas,  y  se  acordó  llamar  maestros  de  fuera  que  las  fabri- 
casen. 

(2)  Celebráronse  en  3  de  Noviembre,  un  mes  no  cabal  desde  el  4  de  Octubre 
que  falleció  el  príncipe  en  Salamanca,  y  costaron  más  de  160  libras. 


ISLAS      BALEARES  ^25 


se  logró  mediante  obras  análogas  á  las  primeras  prolongar  la 
línea  de  resistencia  al  empuje  de  las  olas,  estaba  ya  decidido  sal- 
var, con  preferencia  á  la  reciente  y  costosa  maravilla  del  puerto, 
la  augusta  basílica  y  el  contiguo  palacio  episcopal ,  dónde  resi- 
día desde  un  año  escaso  el  prelado  Antonio  de  Rojas  sucesor 
de  Moneada,  el  cual  no  había  venido  quedándose  en  Tarazona. 
Necesitábase  habilitar  para  lazareto  la  iglesia  de  Portopí,  se 
desperdiciaba  por  la  rota  acequia  un  caudal  de  agua,  veníase 
abajo  la  torre  de  las  horas,  la  ruina  daba  la  vuelta  al  recinto 
de  la  ciudad  abriendo,  ya  una  ya  otra  brecha,  ya  varias  junta- 
mente; y  todavía,  elevándose  por  cima  de  los  cuidados  y  urgen- 
cias materiales,  atendía  aquella  generación  al  sustento  del  espí- 
ritu, para  el  cual  ninguno  consideraba  mejor  que  la  ciencia  del 
inmortal  patricio  á  quien  acababa  de  erigir  tan  bello  como  de- 
voto sepulcro,  añadiendo  una  casa  á  las  escuelas  del  maestro 
Daguí,  ó  procurándolas  junto  á  la  Riera  á  su  sucesor  Cabaspre 
más  obvias  á  los  discípulos;  hasta  se  trató  de  extenderlas  á  es- 
tudios de  teología  y  de  leyes. 

Tuvo  noticia  Fernando  el  Católico  que  todo  seguía  en  Ma- 
llorca asimismo,  que  se  debían  de  la  consignación  más  de  no- 
venta mil  libras,  que  se  ponían  estorbos  al  lugarteniente  en  su 
jurisdicción  sobre  todo  en  asuntos  criminales;  y  avezado  á  tro- 
pezar á  cada  paso  con  franquezas,  preguntaba  qué  franquezas 
eran  estas  en  continua  oposición  con  sus  saludables  disposicio- 
nes, y  mandaba  fuesen  á  explicárselas  seis  enviados,  de  los 
cuales  hubiese  dos  juristas.  Llegada  esta  cédula  en  los  primeros 
días  de  1499,  rechazóla  el  consejo  poco  menos  que  por  subrep- 
ticia, y  si  pasó  en  otras  sesiones  á  elegir  tres  personas  y  luego 
las  seis  reclamadas,  fué  que  cada  vez  bajaban  más  apremiantes 
órdenes,  irritadas  de  su  resistencia.  Entonces,  recobrado  en  las 
instrucciones  el  nervio,  los  jurados  y  sus  adjuntos  explicaron  lo 
que  eran  dichas  franquezas,  las  mismas  que  habían  otorgado 
los  antiguos  reyes,  confirmado  los  de  la  dinastía  y  jurado  el 
propio  reinante,  que  no  se  habían  acumulado   en  veinte  ni 


326  ISLAS      BALEARES 


treinta  años  sino  en  un  siglo  las  deudas  de  la  consignación,  que 
las  vicisitudes  y  la  experiencia  habían  dictado  leyes  y  pactos 
que  no  podían  sin  temeridad  transgredirse,  que  ofrecían  peligro 
ciertas  reformas  que  se  intentara  introducir,  que  con  las  prodi- 
gadas exenciones  de  derechos  venía  aumentando  el  gravamen^ 
que  el  gobernador  era  quien  usurpaba  al  baile  y  á  los  veg'ueres 
la  jurisdicción  de  su  oñcio,  y  enseguida  rasgando  el  velo,  le 
acusan  de  parcialidad,  de  favoritismo,  de  poner  mal  á  los  sub- 
ditos con  el  soberano,  tratándoles  de  díscolos  y  sediciosos,  y  á 
sí  mismo  haciéndose  pasar  por  celoso  y  leal  en  la  corte  y  por 
deseoso  del  público  alivio  con  artesanos  y  payeses.  Hasta  exigía 
una  fracción  acalorada  que  se  pidiera  la  destitución  de  Aymerích 
y  del  regente  Hornos  y  que  se  les  formase  proceso.   La  comi- 
sión cumplió  en  Granada,  donde  estaba  el  rey,  con  actividad  y 
prudencia  (i),  y  trajo  de  allí  una  pragmática  fechada  del  26  de 
Agosto,   referente  á  la  administración  de  caudales  consig^nados 
y  quitación  de  censos,  y  dos  de  1 6  de  Setiembre,  suprimiendo 
una  la  junta  de  reforma,  otra  regulando  las  apelaciones  de  los 
jueces  ordinarios  al  lugarteniente  en  causas  criminales.  Fueron 
recibidas  por  la  mitad  del  consejo  con  ciertas  salvedades,  por 
la  otra  mitad  de  menor  estamento  con  sumisión  incondicional. 
Los  más  altos  adolecían  de  susceptibles,  como  se  vio  un  día  de 
Enero  de  1501  á  propósito  de  un  pliego  cerrado  del  rey,  que 
alborotó  por  lo  inusitado  de  la   forma  y  tal  vez  más  por  su 
tenor,   dirigido  á  promover  la  redención  de  censos  con  tomar 
otros  á  menor  interés,  es  decir  al  cinco  por  ciento ;  y  ya  había 
quien  entonaba  á  su  patria  las  exequias  por  tener  que  pres- 
tarle á  precio  más  bajo  en   competencia  con  el  extranjero, 
cuando  el  autorizado  Muntanyans,  mostrando  cuan  de  agrade- 
cer era  el  beneficio  y  cuánto  mejor  empleo  podrían  hallar  los 


(i)  Componíase  del  venerable  Muntanyans  y  de  micer  Mateo  Sa-fortesa  como 
juristast  de  los  nobles  Ramón  de  Sant  Martí  y  Berenguer  de  Santacilia,  del  citado 
Balleeterde  Manacor  y  Jaime  Pons  de  Sóller. 


ISLAS      BALEARES  '^2J 

capitales  del  país,  rectificó  la  opinión  y  arrastró  tras  sí  los  votos. 
Entre  sus  buenas  cualidades  el  gobierno  de  Fernando  no 
tenía  la  de  barato,  por  las  muchas  hijas  que  colocó  en  matri- 
monio :  cuatro  mil  florines  costó  á  Mallorca  en  el  año  1 500  el 
de  María  con  Manuel  de  Portugal  viudo  de  su  hermana  Isabel, 
y  apenas  había  empezado  á  correr  la  recaudación  en   1501, 
asignóse  otra  tal  cantidad  por  el  de  Catalina  con  el  príncipe  de 
Inglaterra:   hasta  para  una  hija  no  legítima,  Juana  condesa  de 
Haro,  se  pidieron  mil  libras  de  maridaje.   El  1502  comenzó 
sombrío  con  procesiones  de  rogativas  por  agua,  con  cien  mil 
cuarteras  de  déficit  para  la  provisión  del  año,  con  la  anterior 
cosecha  abolida  y  errada  la  naciente:  despacháronse  á  Anda- 
lucía un  caballero  y  un  mercader,  Salvador  Sureda  y  Antonio 
Moría,  para  el  supremo  negocio.  Á  los  pobres  de  la  ciudad  y  de 
fuera  hacían  terrible  competencia  los  receptores  de  la  Cruza- 
da, absorbiendo  limosnas,  aplicándose  legados  y  componiendo 
usuras,  no  ya  en  el  fuero  de  la  conciencia  sino  en  el  terreno  ju- 
dicial; y  apenas  parecen  creíbles  las  quejas  que  contra  sus  fa- 
miliares y  los  de  la  Inquisición  levantan  de  continuo  los  jurados, 
presentándoles  como  hombres  pendencieros  y  de  mala  vida, 
cuyo  sostén  no  honra  por  cierto  semejantes  instituciones.   Por 
otra  parte  con  sus  confiscaciones  el  santo  Oficio  había  sustituido 
á  los  conversos  en  sus  créditos  contra  la  universidad,  y  hacía 
valer  sobre  censos  y  bienes  los  derechos  de  sus  desposeídos. 
En  defender  las  prescripciones  de  sanidad  y  los  morberos  de  los 
descomedimientos  y  rebeldías  del  barcelonés  Jaime  Riera,  y  re- 
chazar  la  libre  plática  que  exigía  la  infecta  metrópoli,  usaron  de 
singular  energía  los  jurados,  á  pesar  de  sucumbir  al  cabo  en  la 
demanda:  de  un  famoso  corsario  turco  recelaban,  de  cierto  Ca- 
mellí,  que  con  veinte  y  cinco  galeras  nada  menos  y  con  ayuda  de 
un  pirata  ibicenco  rondaba  estos  mares,  amenazando  especial- 
mente á  Pollensa,  donde  años  pasados  en  un  desembarco  le 
habían  muerto  mucha  gente;  echábanse  de  menos  corazas  y  ce- 
ladas, que  se  hicieron  venir  de  Genova  unas  y  otras^  y  sobre 


328  ISLAS      BALEARES 

todo  la  antigua  pericia  de  los  ballesteros  ya  no  tan  ejercitada  en 
los  juegos.  Todos  estos  cuidados  empero  desaparecían  ante  el 
abasto  de  un  vecindario  hambriento,  entre  el  cual  había  de 
repartirse  casa  por  casa  tachado  por  raciones  el  trigo  mistu- 
rado, reservando  el  candeal  no  para  pudientes  sino  para  enfer- 
mos y  ancianos,  con  frecuentes  ocasiones  de  bendecir  la  provi* 
dencia  en  el  mayor  apuro  ó  de  agradecer  la  invocación  de  algún 
santo  (i).  Sobre  un  fondo  de  carestía,  por  decirlo  así,  campean 
de  continuo  sucesos  é  intereses  durante  aquel  año  y  muchos  si* 
g'uientes;  áñ grano  tratan  casi  exclusivamente  los  acuerdos,  de 
grano  las  comisiones,  de  grano  la  correspondencia  oñcíal. 

Faltaba  desde  mediados  de  Agosto  de  1502  mossén  Juan 
Aymerich,  suspendido  del  gobierno  por  el  rey;  mas  no  eran 
aquellos  jurados  del  partido  de  los  que  tres  años  antes  le  im- 
pugnaban, sino  al  revés  le  defendían  de  los  cargos  de  sus  ene- 
migos, escribíanle  confidencialmente  cuanto  pasaba  en  el  conse- 
jo, se  congratulaban  con  él  del  buen  porte  de  su  hermano  mosén 
Jorge  Miguel,  que  rigió  más  de  tres  años  hasta  su  vuelta  como 
lugarteniente  suyo,  prueba  de  que  no  habría  incurrido  en  muy 
grave  desgracia  el  propietario.  Sus  émulos  no  obstante  se  ha- 
bían procurado  apoyo  en  el  confesor  del  monarca,  fray  Diego 
Deza  obispo  de  Patencia,  tal  vez  por  medio  del  de  Mallorca 
Antonio  de  Rojas  palentino,  también  ocupado  en  la  corte;  y 
favorecidos  por  la  suerte  con  la  juraría  á  principios  del  1504, 
lograron  viniera  á  encargarse  del  mando  el  regente  micer  Jeró- 
nimo des  Coll  y  á  averiguar  excesos  bastantes  á  juicio  de  ellos 
para  que,  al  retirarse  el  investigador,  no  volviera  el  reino  á  re- 
caer en  la  pasada  opresión  y  tiranía.  Quejábanse  de  las  enor- 
mes deudas  con  que  en  el  ingreso  de  su  oficio  habían  tropezado. 


(1)  Refiere  Mut  que  un  día  de  Ramos  de  i  $03  (cayó  en  g  de  Abril)  en  que  se 
había  acabado  el  pan,  parecieron  por  levante  seis  navios  cargados  de  trigo  de  Si- 
cilia; los  documentos  no  se  prestan  á  comprobarlo.  En  2  2  5,000  cuarteras  de  trigo 
y  50,000  de  cebada  se  computaba  la  provisión  anual  para  la  isla  entera. 


ISLAS      BALEARES  329 

y  de  que  durante  el  último  trienio  hubiese  aumentado  en  veinte 
mil  libras  el  gravamen  de  la  universidad.  Por  aquellos  días  vino 
orden  de  reponer  en  el  grandioso  convento  de  San  Francisco  á 
los  observantes  lanzando  á  su  vez  á  los  claustrales,  y  de  que 
comparecieran  ante  el  rey  siete  canónigos  comprometidos  en 
apoyo  de  éstos  y  contra  Aymerich,  á  quien  en  el  decurso  de  la 
causa  habían  hecho  excomulgar  en  Roma;  y  pudo  más  el  odio 
común  ál  gobernador  que  el  temor  de  malquistarse  con  sus  ma- 
jestades tan  favorecedoras  de  los  reformados,  para  que  los 
jurados  de  1505,  salidos  eventualmente  de  color  análogo  al  de 
sus  antecesores,  presentaran  disculpas  por  el  cabildo,  y  eso  que 
también  se  hallaban  amagados  de  entredicho  por  parte  de  un 
canónigo,  micer  Arnaldo  Santacilia,  con  quien  disputaban  una 
capellanía  como  patronos  del  hospital.  Por  otra  parte  había 
desaparecido  de  los  pueblos  toda  sombra  de  orden,  y  de  los 
campos  toda  seguridad;  por  bosques  y  por  caminos  no  discurrían 
sino  bandoleros  con  sus  perros  de  presa;  y  por  si  no  bastaban 
las  contiendas  de  los  payeses,  allí  acudían  alguna  vez  á  ventilar 
las  suyas  los  caballeros  (i). 

Un  despierto  forense,  Ensebio  Santandreu  de  Petra,  osó 
poner  en  la  llaga  el  dedo  en  la  sesión  inaugural  de  dicho  año, 
presentando  un  memorial  para  que  se  gestionase  con  urgencia 
el  regreso  de  Aymerich  sin  cuya  autoridad  no  había  sosiego 
posible.  Al  principiar  la  segunda  lectura,  saltó  del  asiento  el 
jurado  en  jefe  Miguel  de  Santjohan  y  desapareció  con  tres  ó 
cuatro  consejeros;  gritóse  que  se  cerraran  las  puertas,  entraron 
á  sosegar  el  escándalo  el  hermano  y  lugarteniente  de  mosén 
Juan  y  el  regente  Pedro  Juan  Sa*fortesa,  doctor  novel  é  inexper- 
to al  decir  de  sus  contrarios,  volviendo  á  salir  en  seguida,   y 


(i)  Entre  las  riñas  de  aquellos  años  llama  la  atención  la  qué  tuvieron  en  Muro 
á8  de  Setiembre  de  1503,  por  un  lado  Pedro  Ramón  de  Sant  Martí  y  Juan  deSant 
Johan,  y  por  otro  Miguel  y  Ramón  Puigdorfila  y  Luís  Soldevila,  relacionada  acaso 
con  las  posteriores  de  la  ciudad. 


330  ISLAS      BALEARES 

hecho  el  recuento  de  los  que  permanecían,  todos  menos  ocho, 
hubo  que  proceder  á  votación  nominal,  de  la  cual  resultó,  con 
más  ó  menos  abstracción  de  la  persona,  que  se  necesitaba  quien 
mandase.  Pasóse  por  el  trance  de  pedir  al  rey  la  venida  del  tan 
combatido  gobernador,  fundándose  en  la  plena  vindicación  que 
había  obtenido  del  proceso;  mas  no  volvió  tan  pronto  que  no 
hiciera  sentirse  más  su  ausencia.  Á  la  salida  de  la  puerta  de 
Santa  Margarita  echaba  á  la  sazón  fray  Axarch  agustino  los 
cimientos  de  una  humilde  capilla  del  Socorro,  á  la  cual  la  devo- 
ta novedad  atraía  los  paseantes ;  y  una  tarde  de  Junio   ciertos 
mozos  de  más  honor  que  honra,  embistiendo  á  estocadas  á  un 
maduro  caballero  acompañado  de  su  esposa  y  de  otras  damas, 
las  obligaron  á  retraerse  en  el  burdel,  que  se  ofrecía  allí  á  la 
izquierda  entrando,  bajo  el  amparo  de  aquellas  desdichadas.  En 
represalias,  como  de  costumbre,  los  deudos  de  la  familia  ofen- 
dida dieron  de  palos  á  un  pariente  inofensivo  de  los  agresores. 
Los  bandos  conservaban  los  antiguos  nombres  del  Borne  y  de 
la  Almudayna  (i),  y  á  pesar  de  habérseles  impuesto  lindes  de 
arresto,  se  buscaban  como  nubes  preñadas  de  electricidad.  Hubo 
choque  al  anochecer  del  26  de  Junio  hacia  la  cuesta  de  la  Seo: 
salió  del  palacio  sin  armas  el  lugarteniente  con  su  asesor  Sa- 
fortesa,  y  todo  lo  que  él  y  el  veguer  lograron  fué  salir  heridos, 
como  otros,  de  las  piedras  y  tejas  que  desde  las  azoteas  arro- 
jaban las  mujeres.   Al  almotacén   Pedro  Juan  Santacilia,  que 
estaba  en  casa  de  su  hermano  al  extremo  de  la  cuesta,  le  entró 
por  el  ojo  izquierdo  el  hierro  de  una  lanza,   y  murió :  entre  los 


(i)  Veo  en  cierta  nota  que  al  bando  del  Borne  daba  también  nombre  la  fami- 
lia Sala,  que  parece  fué  la  más  mezclada  en  el  hecho,  pues  figuran  entre  los  mul- 
tados tres  individuos  de  ella  Mateo,  Baltasar  y  Pedro  Benito  ;  y  sin  embargo 
diriase  que  pertenecían  al  otro  de  la  Almudayna,  sabiendo  que  vivían  en  las  dos 
manzanas  situadas  entre  el  Estudio  general  y  el  convento  de  Santo  Domingo. 
Nómbrase  además  entre  los  complicados  á  mosén  Gaspar  Tomás  doncel,  jurado 
.en  cap  que  había  sido  en  i  504,  quien  tenía  su  casa  en  la  calle  de  San  Felío  esqui- 
na al  Borne,  á  Bartolomé  Fuster,  á  Luís  Anglada,  al  notario  Martín  Terrers,  á  Ma- 
tías Nadal,  condenados  á  crecidas  multas  de  1 00  y  200  florines,  que  en  i  5  i  o  les 
fueron  devueltas  de  real  orden. 


SLAS      BALEARES  33I 


combatientes  no  hubo  desgracias,  tan  armados  iban.  Aquella 
noche  el  asesor  y  el  jurado  Carlos  Despuig  recorrieron  la  ciu- 
dad para  calmarla.  Todo,  con  vivas  instancias  de  que  viniera,  se 
comunicó  de  oficio  á  mosén  Juan  Aymerich,  que  no  se  apresura- 
ba, sea  que  se  hiciese  de  rogar,  sea  que  aguardase  el  real  man- 
dato; y  su  llegada  á  fines  de  octubre,  después  de  un  verano  el 
más  angustioso  de  escasez  en  que  todo  el  mundo  se  echaba  ya 
á  mendigar  como  si  estuviesen  en  el  corazón  del  invierno,  pro- 
dujo ovación  tan  general  que,  si  valen  documentos,  no  hubo 
grande  ó  pequeño,  amigo  ó  adversario,  que  no  saliera  á  reci- 
birle. 

Bien  quisiera  trazar  una  historia  más  análoga  á  la  era  glo- 
riosa que  recorremos,  y  que  participara  algo  más  nuestro  insu- 
lar diminuto  reino  de  las  grandezas  de  la  española  monarquía; 
quisiera  no  haber  de  limitarme  ,á  decir  que  más  de  una  vez  en- 
traron en  este  puerto  de  paso  para  Italia  los  galeones  expedi- 
cionarios; que  holló  este  suelo  la  planta  victoriosa  del  Gran 
Capitán  en  1495  y  en  1500,  y  que  la  segunda  vez  en  la  proce- 
sión del  Corpus  se  tindió  al  Rey  de  reyes  su  ínclita  espada  (i); 
que  se  tembló  aquí  durante  la  empeñada  lucha  por  Ñapóles  de 
ver  aparecer  á  cada  momento  una  armada  francesa,  y  que  la 
menor  alarma  hacía  trocar  por  municiones  el  dinero  no  bastante 
para  pan;  que  para  mostrar  la  lealtad  con  sus  alegrías,  ya  que 
no  podían  con  sus  facultades,  se  festejaron  espléndidamente  los 
triunfos  de  Cerinola  y  del  Careliano  y  lo  que  de  ellos  se  espera- 
da. Por  desgracia  constan  mejor  esas  desavenencias,  necesida- 
des, conflictos,  miserias  que  tejen  el  presente  relato,  que  los 
armamentos,  levas  de  gente,  compañías  y  servicios  individuales 
de  que  habla  Mut  tan  á  menudo,  y  que  hartas  veces  eran  cam- 


(i)  Así  dice  una  relación  coetánea  impresa  en  Valencia,  que  señalando  las 
fechas  del  itinerario  de  Gonzalo  de  Córdoba  marca  dicho  día  por  7  de  Junio;  pero 
ca  aquel  año  de  1 500  fué  fiesta  de  Pentecostés  y  no  de  Corpus,  que  cayó  en  18 
de  Junio. 


332  ISLAS      BALEARES 

pañas  penales  en  expiación  de  delitos.  Tan  frecuentes  como  las 
victorias  y  las  paces  fueron  los  lutos  á  que  hubo  de  asociarse 
Mallorca  en  aquel  reinado  de  continuas  sorpresas  y  mudanzas. 
En  los  mismos  dfas  en  que  se  congratulaba  con  el  soberano  por 
su  restablecimiento  y  por  la  mejoría  de  la  reina,  por  cuya  salud 
con  tantas  rogativas  y  procesiones  había  instado  al  cielo  en 
aquel  estío  de  1504  (i),  moría  la  católica  Isabel,  y  á  los  dos 
meses  cabales,  en  25  de  Enero  siguiente,  se  le  celebraron  aquí 
las  exequias  en  la  misma  forma  que  las  de  su  malogrado  hijo: 
en  26  de  Octubre  de  1506  fueron  los  de  su  yerno  Felipe  el 
HermosOy  un  mes  antes  ñnado  en  Burgos.  Pero  ya  por  el  mes 
de  Enero  de  este  año  se  habían  hecho  tres  días  de  luminarias  á 
causa  del  inesperado  casamiento  convenido  por  el  rey  Fernando 
con  su  sobrina  Germana  de  Foix  y  de  la  consiguiente  paz  con 
Francia;  y  muy  recomendadas  debieron  venir  las  manifestacio- 
nes de  regocijo,  cuando  de  la  satisfacción  del  monarca  quiso 
tomarse  pie  en  el  consejo  para  graduar  la  importancia  de  las 
ñestas  respecto  de  las  que  se  había  celebrado  en  1492  por  la 
toma  de  Granada,  en  que  nada  se  había  prevenido  de  real 
orden:  el  recto  é  independiente  criterio  de  la  asamblea  com- 
prendió la  diferencia  que  entre  unas  y  otras  debía  hacerse,  cre- 
yendo bastante  tachar  en  trescientas  libras  el  gasto  que  la  otra 
vez  ni  en  ochocientas.  Maravillas  habríanse  improvisado,  si  en 
su  viaje  á  Ñapóles  se  detuviera  Fernando,  según  se  anunciaba, 
en  este  apartado  dominio;  pero,  desmentida  la  voz,  acordósele 
espontáneamente  un  donativo  de  ocho  mil  libras,  que  llevó  á 
Barcelona  el  jurado  en  jefe  Pedro  des  Catlar  para  serle  pre- 


(i)  Además  de  las  tres  procesiones  generales  que  se  hicieron,  una  con  el 
cuerpo  de  Sta.  Práxedes,  otra  con  la  reliquia  de  la  túnica  de  Cristo  y  la  tercera 
con  la  de  las  tres  sagradas  espinas,  rezábanse  en  misa  mayor  y  en  vísperas  cier- 
tas oraciones,  á  las  cuales,  oído  el  toque  de  campana,  se  asociaban  los  fieles  arro- 
dillándose por  las  calles  y  en  sus  casas.  Celebráronse  en  las  iglesias  los  siete  go- 
zos de  la  Virgen,  y  al  segundo  día  del  devoto  ejercicio  ya  se  tuvo  noticia  de  la 
convalescencia  del  rey.  Esto  era  á  fin  de  Agosto,  y  las  plegarias  por  la  reina  con- 
tinuaban, no  obstante  las  favorables  nuevas,  en  22  de  Noviembre. 


ISLAS      BALEARES  333 

sentado  al  embarcarse  en  4  de  Setiembre.  Acompañaron  al  rey 
en  su  expedición,  dice  Mut,  hasta  veinte  caballeros  que  mencio- 
na ;  de  espeeial  mandato  ó  determinado  servicio  no  consta  indi- 
cación alguna.  La  noticia  del  arribo  á  Ñapóles  se  festejó  en  10 
de  Diciembre,  y  en  Julio  inmediato  la  del  regreso  á  Valencia. 

Gobernaba  Aymerich  en  difíciles  circunstancias,  y  su  primer 
acto  á  la  vuelta  había  sido  sustanciar  el  proceso  de  los  Sala,  el 
segundo  recorrer  la  isla  en  diez  y  seis  días,  tanto  para  admi- 
nistrar justicia,  como  para  averiguar  la  existencia  de  granos  de 
que  sufría  tanta  penuria  la  capital.  Grandes  esperanzas  en  su 
rectitud,  en  su  energía,  en  su  celo  por  la  buena  inversión  délos 
caudales  y  alivio  de  la  universidad,  habían  acabado  por  poner 
sus  mismos  contrarios,  escarmentados  por  los  efectos  de  su 
ausencia;  y  si  acaso  llegó  á  defraudarlas,  no  parece  al  menos 
que  se  reprodujeran  en  algún  tiempo  los  pasados  clamores.  Ver- 
dad es  que  el  sorteo  de  jurados  para  el  año  1506  se  los  deparó 
al  gobernador  tan  á  su  gusto,  que  tres  de  ellos  eran  los  mismos 
casualmente  que  en  1502  habían  regido  con  él  en  completo 
acuerdo;  y  ocurrió  que,  accediendo  el  rey  á  la  petición  de  que 
en  adelante  se  trasladara  la  extracción  de  los  ofícios  desde  la 
fiesta  de  Santa  Lucía  á  la  de  San  Jorge,  por  la  mayor  utilidad 
que  creían  ver  en  empezar  las  jurarías  por  Mayo  que  por  Ene- 
ro, fué  prorrogado  el  cargo  á  los  referidos  hasta  fin  de  Abril 
de  1507.  La  experiencia,  mostrando  en  la  mudanza  más  incon- 
venientes que  ventajas,  hizo  volver  las  cosas  al  primer  arreglo, 
continuando  los  elegidos  de  1507  todo  el  1508  por  espacio  de 
veinte  meses,  como  por  diez  y  seis  lo  habían  hecho  sus  antece- 
sores. Otro  tanto  duró  la  esterilidad  de  las  cosechas,  pudiendo 
la  de  1 507  llamarse  nula,  y  para  sustituirla  totalmente,  no  para 
completarla  en  parte,  hubo  que  acudir  á  Cataluña  y  Sicilia,  y 
aun  á  Ñapóles  y  á  Francia  con  recomendación  de  la  reina  Ger- 
mana. Urgentes  hubieron  de  ser  en  tiempo  de  tanta  estrechez 
las  obras  que  se  hicieron  en  la  casa  consistorial,  bien  diversas 
seguramente  de  las  que  hoy  subsisten,  aunque  en  el  propio 


334  ISLAS      BALEARES 

sitio  del  antiquísimo  hospital  de  San  Andrés,  mejorando  su  rui- 
noso aspecto  y  adornando  con  pinturas  alguna  de  'sus  techum- 
bres (i).  Obtúvose  del  soberano  la  acuñación  de  moneda  por 
largo  tiempo  abandonada  en  nuestra  ceca^  que  era  ya  un  mon- 
tón de  escombros,  acudiendo  á  la  de  ducados  de  oro  y  cruzados 
de  plata,  y  bajando  la  liga  de  la  menuda  destinada  para  limos- 
nas en  la  cuaresma.  La  creación  de  nuevos  censos  se  limitó  á 
veinte  y  cinco  mil  libras,  por  no  legar  sobrado  gravamen  á  las 
generaciones  venideras,  equilibrándolo  con  el  de  las  tallas  sobre 
la  coetánea. 

Siéntese  en  la  vida  social  mallorquina  de  entonces  y  en  sus 
agitaciones  más  ó  menos  latentes  la  ausencia  de  los  prelados,  la 
falta  del  benéfico  calor  pastoral  que  templara  con  suave  influen- 
cia la  acción  harto  dura  del  poder  civil.  En  el  siglo  xv,  todavía 
menos  que  en  el  anterior,  residiendo  apenas  los  obispos  en  la 
diócesis  una  tercera  parte  del  tiempo,  no  tenían  ocasión  de  des- 
plegar en  los  templos  su  esplendidez,  en  el  clero  su  vigilancia, 
en  las  calamidades  su  largueza,  en  los  trastornos  su  mediación 
pacificadora :  solamente  en  conferir  órdenes  podía  suplirles  al- 
gún prelado  titular  de  los  que  á  la  sazón  abundaban,  llamados 
^(^  ^r^/^  generalmente.  Desde  1499  hallábase  en  la  corte  el 
ilustrísimo  Antonio  de  Rojas,  empleado  de  vez  en  cuando  en 
algún  negocio  por  sus  feligreses,  é  instado  á  regresar;  trasla- 
dado empero  á  Granada,  no  fueron  más  dichosos  con  su  suce- 
sor Diego  de  Ribera,  que  envió  en  1509  á  tomar  posesión 
I  'j  de  la  sede,  y  sin  presentarse  pasó  al  cabo  de  tres  años  á  la 

de  Segovia.  Sin  morador  y  sin  reparos   el  palacio  episcopal, 

más  bien  mancha  que  ornamento  de  la  ciudad,  se  caía  desmoro 

'  .^  '"11 

!l 

Tj!'  (i)    Quizá  la  del  actual  archivo  general  histórico,  pintada  con  escudos  de 

í.  Ñuño  Sánchez  fundador  del  citado  hospital.  Hizo  las  obras  de  albañileria  el  maes- 

'j  tro  Bernardo  Armengol,  á  quien  se  dio  de  regalo  una  subvención  de  cinco  duca- 

dos de  oro  venecianos.  Ya  en  1407  se  había  tratado  de  ampliar  el  edificio  primiti- 
tivo,  adquiriendo  la  contigua  casa  de  los  nobles  Buadella  fer  fer  sala  e  casa  de 
consell  ealtres  edificis,  la  misma  acaso  que  más  tarde  fué  de  los  Vivot;  pero  si 
llegó  á  realizarse  la  incorporación,  las  obras  no  debieron  de  ser  de  importancia. 


ISLASBALEARES  335 

nado;  y  no  se  concibe  cómo  tratándose  en  1 5 1 1  de  la  venida 
del  rey  Católico,  escribiese  Ribera  que  en  él  se  le  preparara 
alojamiento.  Por  fortuna,  aparte  de  las  frecuentes  competencias 
que  suscitaba  entre  autoridades  eclesiásticas  y  seglares  el  sos- 
tén del  fuero  respectivo ,  tenía  el  sentimiento  religioso  en  las 
clases  todas  hondas  raíces;  y  si  por  un  lado  frailes  y  monjas, 
nuevos  y  antiguos  conventos,  nunca  solían  acudir  vanamente  en 
sus  obras  y  necesidades  á  la  piedad  de  los  jurados  y  del  conse- 
jo, como  vemos  por  aquellos  años,  mejoradas  un  tanto  las  co- 
sechas, de  parte  de  mercenarios,  agustinos,  carmelitas,  jeróni- 
mas,  por  otro  se  interesaban  los  gobernantes,  tal  vez  con  harta 
oficiosidad,  en  el  buen  orden  y  sosiego  de  las  comunidades,  en 
pro  ó  en  contra  de  uno  ú  otro  miembro,  con  recomendaciones  ó 
denuncias  á  sus  prelados  del  continente,  atendiendo  al  fruto  de 
las  predicaciones,  censurando  así  los  escándalos  de  la  relajación 
como  la  violencia  de  las  reformas,  y  llevando  con  su  discreción 
á  tan  buen  término  la  fusión  entre  claustrales  y  observantes, 
después  de  las  alternadas  expulsiones  y  destierros  que  estreme- 
cieron en  corto  tiempo  los  muros  de  San  Francisco,  que  en  ade- 
lante no  hubo  sino  franciscanos,  y  se  remediaron  con  las  exci- 
siones de  la  regla  los  quebrantos  del  edificio. 

Con  gloriosos  auspicios  se  inauguró  el  15 10.  £1  i.^  de  Ene- 
ro hízose  á  la  vela  desde  Ibiza  la  armada  que  iba  sobre  Bugía  al 
mando  de  Pedro  Navarro,  y  en  1 5  escribía  ya  el  valiente  conde 
á  los  jurados  de  Mallorca  la  toma  de  la  ciudad  sarracena,  pi- 
diéndoles vituallas  y  trescientos  hombres  para  trabajar  en  la 
fortificación,  que  le  fueron  mandados  á  la  vuelta  con  harina, 
bizcochos  y  carnes  por  medio  del  ciudadano  Bernardo  de  Juny, 
y  hasta  una  campana  para  la  nueva  catedral  (i),  y  hasta  un 


(i)  Era  una  de  las  dos  que  tenía  el  hospital  de  San  Andrés  y  de  consiguiente 
pequeña,  entregada  al  ya  titulado  in  partibus  obispo  de  Bugía,  D.  Miguel  Morro, 
mallorquín  de  Inca,  ya  de  años  atrás  residente  en  Mallorca,  á  quien  se  la  presta- 
ron los  jurados,  como  el  cabildo  varios  cálices  y  ornamentos. 


3^6  ISLAS      BALEARES 

trinitario,  fray  Antonio  Muñoz,  en  quien  la  conquista  había  des- 
pertado la  vocación  de  imitar  con  algo  menor  riesgo  la  predica- 
ción de  Raimundo  Lull  en  aquella  bárbara  tierra.  La  invita- 
ción empero  del  conquistador  á  que  fueran  á  poblarla  los 
mallorquines  en  número  de  mil,  no  creyó  prudente  aceptarla  el 
consejo  por  la  gran  mengua  de  vecindario  sufrida  con  tantos 
azotes;  y  aun  obligó  el  general  abatimiento  á  renunciar  á  las 
danzas  que  en  la  plaza  de  Cort  y  á  las  justas  que  en  el  Borne 
se  preparaban  para  la  próxima  pascua,  limitándose  á  las  senci 
lias  luminarias  con  que  en  Julio  anterior  se  había  celebrado  la 
presa  de  Oran  y  se  celebró  después  en  Setiembre  la  de  Trípoli, 
debidas  todas  al  mismo  adalid.  Estos  triunfos  de  Navarro  y  la 
obediencia  que  le  rendían  Argel,  Túnez  y  Tremecén,  aniquila- 
ran en  vez  de  fomentar  el  comercio  de  la  isla,  que  antes  por 
privilegio  de  los  pontífices  se  ejercía  directamente  con  los  ber- 
beríes de  la  costa  sin  traba  alguna  ni  derechos  del  ñsco,  si  no 
lo  hubiese  declarado  franco  el  rey,  como  acababa  de  hacer  en 
las  cortes  generales  de  Monzón  con  el  de  Cataluña.  Más  inme- 
diata y  fatal  consecuencia  derivó  de  este  hecho  de  armas  para 
la  ciudad;  y  fué,  además  de  alguna  nave  cargada  de  soldadesca 
que  con  sus  exacciones  dilapidaba  lo  que  prescribía  reservar  la 
escasez  inminente,  el  contagio  importado  de  África,  cuando  las 
circunstancias  no  permitían  someter  á  cuarentena  los  buques 
atestados  en  el  puerto,  Emigró  desde  principios  de  Mayo  la 
gente  principal,  y  no  quedaron  dentro  de  los  muros  durante  el 

i^ifl  verano  sino  los  proletarios,  cuyas  subvenciones  en  pan  y  dinero 

no  costaban  menos  que  el  cuidado  de  los  enfermos  y  sospecho- 
sos repartidos  entre  Portopí,  hospital  de  Santa  Catalina  y  viña 
de  mosén  Cotoner,  junto  con  el  salario  de  facultativos,  capellán, 
guardas  y  enterradores. 

Tan  válida  corría  por  el  mes  de  Febrero  de  1 5 1 1  la  fama 
de  que,  puesto  en  persona  al  frente  de  una  decisiva  expedición 
al  África,  visitaría  de  paso  el  augusto  monarca  su  posesión  des- 

.*^'  conocida,  que  osaron   preguntarle  su   intención  los  jurados;  y 

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ISLAS      BALEARES  337 

entretanto  vacilaba  el  consejo  entre  el  temor  de  una  improvisa 
llegfada  y  el  de  cargar  con  inútiles  y  dispendiosos  preparativos. 
Pareció  mayor  inconveniente  el  primero,  con  el  deseo  de  dejar 
bien  puestas  á  los  ojos  de  la  comitiva  castellana  la  lealtad  é  hi- 
dalguía de  los  islefios,  y  llegaron  á  nombrarse  mantenedores 
del  torneo  proyectado:  hasta  Junio  no  se  desvaneció  por  com- 
pleto la  esperanza,  y  la  talla  de  seis  mil  libras  destinada  á  cos- 
tear el  solemne  recibimiento  se  invirtió  en  las  corrientes  urgen- 
cias, una  de  ellas  el  coronaje  de  la  reina  Germana,  acerca  del 
cual  había  regateado  largamente  la  universidad  con  el  procura- 
dor real.  Parte  de  lo  recaudado  se  aplicó  al  hospital  general  y 
al  de  leprosos  cuyo  número  crecía,  á  obras  públicas  principal- 
mente de  fortificación,  á  la  casa  de  artillería,  á  la  reparación  de 
las  murallas,  no  sé  si  por  ruinas  nuevas  ó  por  las  ya  denuncia- 
das desde  muchos  afios;  y  por  si  no  bastaba  para  advertir  á  las 
autoridades  de  cuan  desprevenida  de  armas  y  defensa  se  halla- 
ba la  ciudad  el  atrevimiento  de  tres  naves  infieles  que  aquel 
verano  piratearon  impunemente  en  la  bahía,  no  cesaba  el  rey 
de  avisarles  de  la  formidable  flota  de  cuarenta  galeras  que  ar- 
maba el  gran  Turco  para  recuperar  á  Túnez,  y  de  las  complica- 
ciones que  pudieran  traer  en  daño  de  la  isla  los  renovados  mo- 
vimientos de  Italia.  En  ausencia  del  gobernador  reunió  su 
hermano  en  palacio  á  la  nobleza,  y  en  3  de  Marzo  de  151 2  se 
presentó  en  el  consejo  exponiendo  el  peligro  é  indagando  re- 
medios, cuando  lo  que  faltaba  eran  recursos. 

Había  recrudecido  con  saña  el  litigio  del  1477  entre  ciuda- 
danos y  forenses  sobre  la  rebaja  por  éstos  solicitada  en  la  ter- 
cera parte  de  la  cuota  total  con  que  habían  siempre  contribuido, 
por  haber  bajado  á  menos  de  un  tercio  su  riqueza ;  á  lo  cual 
reponían  los  otros  que  en  proporción  igual  á  la  de  las  cargas 
había  de  disminuírseles  la  representación,  y  pedían  la  supresión 
del  sindicato  forense  como  eterno  promovedor  de  trastornos  y 
rebeliones,  proponiendo  suplirlo  con  la  creación  de  un  jurado 
á  nombre  de  las  villas  para  mejor  compañerismo  con  la  seisena 


33^^  ISLAS      BALEARES 


que  resumía  los  diversos  estamentos  de  la  capital.  Diputó  la 
ciudad  á  la  corte  dos  notables,  micer  Juanote  Gual  y  Nicolás 
Quint  menor,  dispuestos  al  parecer,  como  recomendaba  eficaz 
mente  el  soberano,  á  entrar  en  arreglo  con  los  enviados  paye- 
ses, nuestro  ya  conocido  Santandreu  (i)  y  Pablo  Casasnovas  de 
Inca:  pero  los  jurados,  nada  equitativos  por  cierto,  no  reclama- 
ban sino  cumplida  victoria  á  todo  trance,  quejábanse  del  des- 
medido favor  que  siempre  habían  hallado  sus  adversarios  en  los 
jueces,  y  desconfiaban  de  Aymerich,  de  su  amigo  Calcena  secre- 
tario del  rey,  y  de  este  mismo,  si  á  expresarlo  se  atrevieran, 
viéndole  empeñado  en  que  firmaran  compromiso  para  dirimir 
tan  obstinadas  disidencias.  Así  tuvieron  que  hacerlo,  y  nombrar 
seis  personas  de  varias  clases  para  proceder  á  la  estimación 
general  de  bienes,  sobre  que  había  de  fundarse  la  avenencia, 
descargando  mientras  tanto  su  antigua  animosidad  contra  el 
gobernador  (2),  á  quien  acusan,  no  sólo  por  parcial,  sino  por 
enfermo  de  la  vista,  como  si  llegara  su  dolencia  á  incapacitarle 
para  regir.  Los  que  en  1512  sucedieron,  no  mucho  más  afectos 
á  Aymerich,  sin  embargo  de  entrar  dándose  el  parabién  de  la 
pública  tranquilidad,  no  menos  que  del  favorable  temporal  de 
lluvias  que  se  inauguraba,  saludan  con  transporte  la  primera 
noticia  de  que  trasladado  aquel  á  baile  general  de  Cataluña, 
viene  á  mandarles  un  aragonés,  D.  Miguel  de  Gurrea,  de  cuya 
sensatez  y  virtudes  se  cuentan  grandes  cosas,  y  dan  gracias  por 
tal  nombramiento  al  rey  y  al  canciller,  y  llueven  felicitaciones 
sobre  el  nombrado,  instándole  á  presentarse  antes  de  partir  su 
antecesor  que  deja  ya  vacante  el  palacio:  piden  al  mismo  tiem- 
po ser  librados  del  regente  micer  Federico  Gualbes  catalán,  y 
que  le  reemplace  otro  más  adoctrinado  y  temeroso  de  Dios^  que 


(i)    Véase  atrás  año  i  5 os. 

(2)  Volvía  á  ser  jefe  de  la  juraría  en  dicho  año  i  s  1 1  el  mismo  Juan  Miró  que 
lo  había  sido  en  1499,  mostrándose  acérrimo  adversario  de  Aymerich;  esta  sin- 
gular acusación  es  del  26  de  Junio. 


ISLAS      BALEARES  339 

respete  más  las  franquicias  y  codicie  menos  los  salarios.  Pasóse» 
medio  año  en  esta  situación  violenta,  ausente  con  frecuencia 
Aymerich  y  sustituido  por  su  hermano,  en  lucha  con  los  jurados 
á  quienes  formó  proceso  por  no  sé  qué  palabras,  cediendo  hu- 
millado el  puesto,  aunque  á  trueque  de  otro  mejor,  al  cabo  de 
veinte  años  de  singulares  vicisitudes,  al  vitoreado  aragonés  (i), 
de  cuya  llegada  en  22  de  Setiembre  se  pretendía  datar,  y  dató 
con  efecto,  una  nueva  era,  aunque  bien  distinta  de  la  que  se  es- 
peraba. 

Cúpole  á  la  isla  aquel  verano  cabalmente  un  beneficio  del 
cielo  desde  tiempo  inmemorial  no  recordado ,  un  sobrante  de 
cosecha  muy  por  cima  del  consumo  ordinario;  y  aunque  en  los 
años  consecutivos  volvió  el  déficit,  fué  con  leves  diferencias,  y 
no  en  la  espantosa  proporción  que  solía  absorber  en  el  acopio 
de  trigos  atenciones  y  caudales.  Pudo  así  tratarse  con  más 
desahogo  en  1 5 1 3  de  plantear  la  nueva  forma  de  contribuir 
entre  la  ciudad  y  los  pueblos  establecida  por  el  real  arbitra- 
miento de  9  de  Febrero  del  anterior,  sustituyendo  á  la  propor- 
ción del  dos  y  tercio  lo  que  procediera  del  avalúo  de  inmuebles 
que  se  estaba  practicando;  pero  no  bastaron  los  más  respeta- 
bles compromisarios  para  traer  las  partes  á  un  arreglo  sobre 
si  había  de  fijarse  en  un  cuarto  ó  en  algo  menos  de  un  tercio  lo 
que  pagaran  los  forenses,  deducidas  las  posesiones  recién  ad- 
quiridas por  los  ciudadanos.  Transigióse  el  interminable  pleito 
con  una  heredera  é  hija  de  la  Pinos,  encomendado  desde  largos 
años  al  celoso  lulista  Gaspar  Calaf:  al  hospital  se  le  dio  nueva 
organización  y  ordenanzas  en  12  de  Diciembre  de  15 14  (2). 


(i)  Los  aragoneses  estaban  excluidos  de  gobernar  en  Mallorca  por  un  privile- 
gio de  Pedro  IV  dado  en  i8  de  Diciembre  de  i  344,  del  cual  sacóse  copia  oculta- 
mente antes  de  la  llegada  de  Gurrea  como  título  de  incapacitación,  de  lo  cual  se 
enojaron  los  jurados  grandemente,  no  sabiendo  ¿  quien  atribuirlo:  más  tarde  se 
apoyaron  en  dicha  orden  los  agermanados  para  suspender  al  virrey. 

(2)  Hablase  en  ellas  ya  de  senyoras  fent  acapte  per  la  ciutal  per  la  vida  deis 
'pobreSj  de  un  baciner  por  cada  una  de  las  seis  parroquias,  de  un  presbítero  insti- 
tuido por  moséa  Jaime  Juan  Sa-fortesa  per  üegir  las  pastas  (pasión  de  Cristo  1 


^4Ü  ISLAS     uaLéaréS 

«Insistía  el  rey  en  proceder  á  una  cabrevación  completa  de  sus 
caballerías,  feudos  y  alodios;  y  temerosa  la  universidad  del 
rigor  en  la  investigación  y  examen  de  títulos  que  se  exigieran, 
cuidó  de  estipular  en  la  corte  por  medio  del  distinguido  canó- 
nigo Gregorio  Genovard  la  forma  de  hacerlo  al  tenor  de  los 
capítulos  que  en  Burgos  se  publicaron  á  30  de  Junio  de  15 15, 
ofreciendo  un  regalo  de  mil  quinientos  ducados  de  oro  para 
compensar  al  patrimonio  real  sus  quebrantos.  Apurada  por  las 
vejaciones  marítimas  de  los  corsarios,  no  sólo  inñeles  y  turcos, 
sino  también  franceses,  cuyos  daños  en  breve  período  subieron 
á  veinte  mil  libras,  decidióse  á  fabricar  una  galera,  en  vista  de 
la  gran  nave  que,  con  honores  de  galera  casi,  se  habían  ani- 
mado á  improvisar  con  sus  humildes  medios  los  pescadores, 
siendo  por  otra  parte  tan  inferior  el  coste  de  ella  cuanto  supe- 
rior su  utilidad  é  importancia  á  la  de  dos  embarcaciones  regu- 
lares. El  soberano,  que  no  cesaba  de  promover  y  recomendar 
tales  armamentos,  se  proponía  más,  á  saber,  que  en  la  some- 
tida tierra  de  Argel  emprendiera  Mallorca  la  erección  y  soste- 
nimiento de  una  fortaleza  que  resguardara  los  mares  y  acabara 
con  la  piratería:  pero  el  caballero  Nicolás  de  Quint,  ejercitado 
en  aquellas  campañas  y  encargado  de  exponer  el  proyecto, 
hubo  de  confesar  en  pleno  consejo,  reunido  contra  su  dictamen, 
que  era  ruinoso  é  impracticable  para  las  extenuadas  fuerzas  del 
reino.  -^ 

Sin  embargo,  en  la  hora  del  peligro  no  faltaron  al  llama- 
miento los  mallorquines.  £1  temible  Aroudj  Barbaroja,  no  tanto 
como  después  su  hermano,  ocupó  por  sorpresa  en  el  verano 
de  1 5 1 5  uno  de  los  dos  castillos  de  Bugía  y  tenía  el  otro  sitia- 
do, mientras  se  hacía  desde  aquí  á  la  vela  en  15  de  Agosto 


quizá  en  cl  sentido  de  preces  piadosas)  e  recordar  lAs  cosas  de  /'  anima  ais  malalls 
guaní  stan  al  pas  da  la  mort^  de  una  mujer  nombrada  mare  deis  tn/unts  y  otra 
mare  de  las  oradas  ó  locas.  En  7  del  propio  mes  y  año  aprobó  el  rey  en  León  la 
incorporación  de  los  productos  y  rentas  de  todos  los  hospitales  unidos. 


tSLASfi/LLEARES  34! 

una  flota  con  gran  número  de  caballeros  y  de  hombres  de  todos 
estamentos  hasta  número  de  tres  mil,  equipados  á  expensas 
propias,  con  el  virrey  Gurrea  al  frente;  cuya  aparición  de 
pronto  dio  aliento  á  los  sitiados  y  suspendió  las  hostilidades 
del  enemigo.  Volvió  éste  al  ataque  con  aumento  de  morisma, 
y  prolongóse  tres  meses  el  cerco,  habiendo  logrado  meterse 
dentro  los  auxiliares  y  desbaratar  con  sus  salidas  las  trincheras 
de  los  turcos  y  enclavarles  la  artillería.  Barbaroja  abandonó  su 
conquista,  y  regresaron,  no  todos,  á  la  isla  nuestros  expedicio- 
narios, dejando  asegurado  por  entonces  con  su  esfuerzo  y  su 
sangre  sobre  la  costa  berberisca  aquel  glorioso  mojón  de  Es- 
paña, punto  de  partida  para  dilatarse  sobre  el  continente  afri- 
cano. Su  mantenimiento  y  el  de  Argel,  donde  en  la  isla  frontera 
á  la  población  se  llevó  á  efecto  aquella  fortaleza  de  cuya  reali- 
zación desconfiaba  Quint  y  de  la  cual  fué  en  seguida  capitán, 
costó  á  Mallorca  increíbles  privaciones  y  sacrificios,  como  que 
para  abastecer  de  víveres  ambos  puntos  vivían  á  veces  los 
naturales  de  lo  que  á  bestias  apenas  cuadra:  armas  y  municiones 
y  recursos  se  les  habían  agotado,  expuestos  á  la  venganza  del 
que  viniera  á  buscarles  en  su  casa  propia,  hasta  el  punto  de 
que  á  los  incesantes  clamores  y  demandas  de  la  guarnición  de 
Argel,  que  sometida  á  estrecha  incomunicación  y  diarias  escara- 
muzas, pedía  hombres,  espingardas,  aceite  y  aun  agua,  no  podía 
ya  atender  la  madre  patria  conforme  á  sus  entrañables  senti- 
mientos. Retiróse  el  alcaide  Quint  de  aquella  lucha,  insostenible 
cual  ya  predijo,  en  Octubre  de  1516  con  gran  tropa  de  judíos, 
que  caída  Argel  en  poder  de  Barbaroja,  hubieron  de  refugiarse 
á  dicha  fuerza  del  Peñón  donde  no  les  permitía  detenerse  la  es- 
trechez, y  para  darles  aquí  temporal  asilo,  salvándoles  del  pe- 
ligro en  que  su  adhesión  á  España  les  había  puesto,  hubo  que 
solicitar  dispensa  del  decreto  referente  á  la  general  y  perpetua 
expulsión  de  su  raza  (i). 


(i)    La  representación  de  los  jurados  al  Deán  de  Lovaina  miccr  Adriano  se  H- 


342 


ISLAS      BALEARES 


Había  fenecido  sus  gloriosos  días  Fernando   el    Católico^ 
coincidiendo  su  muerte  en  Enero  de  1 5 1 6  con  la  vuelta  triunfal 
de  los  salvadores  de  Bugía,  cuyo  regocijo  turbaron  sinceramente 
los  pomposos  funerales  (i)  tributados  al  postrer  retoño  varonil 
de  una  dinastía  de  origen  castellano,  pero  al  fin  española.  En 
tendióse  Mallorca,   no  sin  obstáculos  y  demoras  por  los  nego- 
cios del  orbe  entero  que  ya  en  el  centro  de  Castilla  se  acumu- 
laban, con  el  regente  Cisneros,   cuyo  entusiasmo  se  procuraba 
lisonjear  con  los  inmortales  recuerdos  de  Lull,  y  más  difícilmen- 
te todavía  con  el  rey  Carlos  en  Gante,  adonde  sin  aguardar  su 
indeterminada  venida  á  España,  envió  para  menor  dispendio  un 
mensajero  portátil^  el   notario  Juan  Crespí,  tanto  para  rendirle 
vasallaje  como  para  agenciar  los  intereses  de  la  universidad. 
Parecía  el  preferente,  según  el  empeño  con  que  se  agitaba,  la 
querella  iniciada  ya  desde  1 5 1 2  con  el  regente  Federico  Gual- 
bes,   cuyo  proceso  había  venido  á  instruir  por  comisión   real 
micer  Francisco  Ros,  recibiendo  testimonios  á  centenares,  y 
aunque  suspendido  á  la  muerte  del  rey  Católico,  pasó   luego 
por  no  sé.  qué  razón  de  fuero  al  inquisidor  íray  Juan  Navardú, 
quien  con  motivo  del  decidido  íavor  que  se  creyó  prestaba  al 
acusador,  aparte  de  otras  quejas,  participó  luego  de  la  general 
animadversión.   Porque  no  era  un  partido  ni  una  clase,  sino  el 
país  en  masa,   como  se  hizo  constar  más  de  una  vez,  el  que 
seguía  la  causa  contra  el  prevaricador  magistrado ,   que  no 
temía  insultar  con  su  presencia  y  la  de  su  familia  el  odio  de  los 
mallorquines.  En  Madrid,  en  Gante,  ante  el  supremo  real  con- 


% 

':ÍH 


mita  á  pedir  plazo  para  los  fugitivos  ínterin  resuelven  á  donde  dirigirse,  hallán- 
dose á  la  entrada  del  invierno,  com  m:ijorment^  añaden,  sii^ruen  /ora  de  la  ciutat  y 
apartáis  de  la  comunicado  de  las  genis.  De  estos  sucesos  referentes  al  socorro  de 
Bugía  y  de  Argel  por  los  mallorquines  trae  larga  mención  Zurita,  de  quien  tomó 
su  relación  Mut  con  extraña  confusión,  entendiendo  de  Mallorca  y  del  castillo  de 
Bellver  cuanto  dice  aquel  de  la  isla  y  fortaleza  puestas  en  frente  de  Argel,  de 
donde  y  no  de  Bellver  fué  capitán  mosén  Quint. 

(i)    Celebrarónsele  en  28  de  Febrero  y  costaron   184  libras,  24  más  que  los 
de  su  hijo. 


S«  '1 


ISLAS      BALEARES  343 

sejo,  debatiéronse  personalmente  estas  contiendas  entre  el  ani- 
moso Crespí  y  el  detestado  Gualbes,  censurando  aquél  á  éste 
la  loca  pretensión  de  volver  á  regir  en  discordia  con  todo  un 
pueblo  y  sus  autoridades,  y  recordando  los  mandos  anteriores, 
con  mala  nota  para  los  catalanes  respecto  de  los  valencianos  y 
aragoneses,  y  con  desfavorables  referencias  al  de  Aymérich  (i). 
Había  cobrado  Gurrea  fama  de  valiente  en  el  socorro  de  Bugía, 
y  cuan  bien  quisto  era  entonces  por  lo  general  hubo  ocasión  de 
conocerlo  á  principios  de  1 5 1 7 ,  cuando  en  razón  de  los  bandos 
que  en  Aragón  traían  sus  vasallos  con  los  de  Urries  barón  de 
Ayerbe  por  cuestiones  de  aguas,  cuyos  resultados  eran  muy  de 
temer  para  la  quietud  de  aquel  reino  en  ausencia  del  soberano, 
vínole  orden  reservada  de  mandarlos  inmediatamente  sosegar, 
ó  de  presentarse  desde  luego  en  la  corte,  despojado  del  go- 
bierno de  Mallorca,  á  responder  de  su  conducta.  Obedeció  leal 
y  prontamente  el  magnate  aragonés,  haciendo  cesar  los  feudales 
disturbios  en  sus  estados;  pero  el  joven  procurador  real  Juan 
Burgués,  que  tenía  la  comisión  ejecutiva,  trocando  ligeramente 
en  disposiciones  absolutas  las  que  no  eran  sino  condicionales, 
había  hecho  venir  de  Menorca  al  gobernador  de  ella  Federico 
de  Sant  Climent,  para  encargarse  del  mando  que  no  venía  el 
caso  de  abandonar  Gurrea;  y  pudo  nacer  un  grave  conflicto  del 
inoportuno  misterio,  que  se  rasgó  en  plena  sesión   del   5  de 


(i)  En  carta  fechada  de  Gante  á  8  de  Junio  de  i  <>  i  7,  refiere  algo  de  este  nota- 
ble coloquio  el  referido  notario:  que  james,  dijo  este,  lo  reone  de  Malorque  havia 
Processat  sí?to  d  eyl;  bé  es  ver  son  stats  frocessats  dos  altres  catalans  qui  han  pre- 
sidit  en  lo  regne  e  desirohit  aquella  e  que puys  no  convenen  ab  nosaltres  no^ls  volem 
en  nosira  com-panyia^  e  que  araí^onesos^  valencians  ni  altra  nació  no  *s  troba  sian 
Mats  processais..,  E  augmeniantli  la  oradura,  dix  que  los  catalans  nos  havian  con- 
quistáis e  que  los  qui  havian  governat  nos  havian  castigáis.  Jo  resfongui  que  deya 
veritat,  que  havian  destrohit  lo  regne  eyl  y  don  Johan  Aymérich,  pero  que  los  con- 
quistadors  del  regne  som  stats  nosaltres  mateixos  qui  romanguerem  en  aquell. 
Conviene  sin  embargo  observar  que  no  era  constante  esta  antipatía  de  los  isleños 
á  los  naturales  del  principado,  y  que  las  relaciones  que  entre  unos  y  otros 
existían  de  origen  y  parentesco  se  estrechaban  ó' se  ponían  de  punta  según  la 
utilidad  ó  la  disposición  del  momento.  Hasta  15  18  no  logró  Mallorca  sacudirse 
de  encima  á  Gualbes. 


^44 


ISLAS      BALEARES 


Marzo  con  la  lectura  de  los  pliegos  y  con  gran,  alabanza  del 
virrey  (i),  á  quien  se  prodigaron  toda  suerte  de  homenajes. 

Nada  presagiaba,  por  más  prevención  con  que  se  observe, 
la  próxima  tempestad.  No  eran  tan  rigurosas,  ya  lo  hemos 
visto,  las  carestías;  la  población  iba  en  aumento  por  la  gracia 
de  Dios;  crecía  en  el  puerto  el  movimiento  de  embarcaciones 
nacionales  y  extranjeras,  y  para  reemplazar  á  la  capitana  de  la 
armada  real,  maltratada  junto  á  Alicante  en  refriega  con  los 
turcos,  fué  tomada  en  préstamo  lá  nueva  galera  mallorquína. 
El  orden  parecía  asegurado,  no  obstante  alguna  inquietud  en 
los  esclavos  moros  que  á  favor  de  tanta  expedición  á  Berbería 
hallaban  más  facilidad  de  escaparse  en  lanchas,  para  cuya  re- 
presión se  acordó  aplicar  más  á  menudo  los  suplicios  á  los  ca- 
becillas de  los  prófugos,  indemnizando  á  sus  dueños  á  escote 
de  los  restantes;  las  ejecuciones  capitales  por  rifias  y  homi- 
cidios disminuían,  y  en  las  calles  de  la  ciudad  no  aparece  por 
entonces  más  alboroto  que  alguno  por  parte  de  los  que  se 
acogían  al  flamante  fuero  de  la  Inquisición,  ni  fuera  de  los 
muros  otro  atentado  enorme  sino  el  horrible  asesinato  en  Sóller 
de  Andrés  Camos,  teniente  de  baile,  por  los  hijos  de  Bartolomé 
Arbona  y  sus  adictos,  cuya  extradición  se  reclamó  á  Me- 
norca (2).  Tendía  á  mejorarse  la  administración  con  impedir  la 
salida  anual  de  veinte  mil  libras  de  pensiones  que  á  Barcelona 
se  pagaban  por  censos,  transfiriéndolos  á  compradores  del  país: 
verdad  es  que  más  que  al  desahogo  de  la  universidad  se  atendía 
al  boato  de  la  casa,   acabada  de  recomponer  como  vimos,  tra- 


(i)  Así,  de  cada  vez  con  más  frecuencia  desde  mediados  del  siglo  anterior, 
solían  llamarse  también  los  gobernadores,  empezando  por  Francisco  de  Erill. 
Kntre  los  testimonios  tributados  con  este  motivo  á  Gurrea,  es  de  notar  el  suscrito 
por  los  jefes  de  los  gremios,  que  autoriza  como  mayordomo  del  de  pelaires,  sin 
firmarlo  por  no  saber,  el  famoso  Juan  Crespí  caudillo  de  la  germanía,  extendién- 
dose en  encomios  del  funcionario  á  quien  luego  depuso. 

(2)  En  carta  de  38  de  Enero  de  i  «>  i  7  al  gobernador  de  Menorca  califican  los 
jurados  este  caso  de  crimen  de  lesa  majestad,  pidiéndole  que  remita  al  preso  Sa 
Ganáis,  pues  si  no  son  castigados  condignamente  los  malhechores,  no  habrá  se- 
guridad para  el  más  preeminente  funcionario. 


m 


ISLAS      BALEARES  34$ 

íándose  de  colgar  nada  menos  que  de  tapicería  de  Flandes, 
que  representara  la  gloriosa  conquista  del  rey  Jaime,  la  sala 
baja  de  sesiones  (i).  Y  si  al  soplo  del  renacimiento  se  desple- 
gaba el  lujo,  con  las  guerras  europeas  y  de  conquista  se  exten- 
dían los  humos  belicosos,  y  singularmente  en  Mallorca  con  las 
empresas  de  los  últimos  afios  y  con  el  acopio  incesante  de  ar- 
mas recomendado  por  el  rey  Católico.  En  las  revistas  generales 
de  1 5 15  que  precedieron  al  embarque  para  Bugía,  organizá- 
ronse por  estamentos  los  habitantes  de  la  ciudad :  en  falange 
de  400  individuos,  con  título  común  de  hombres  de  honor ^  caba- 
lleros y  ciudadanos  con  1 50  caballos ;  en  cincuentenas  y  dece- 
nas los  notarios,  los  mercaderes,  los  gremios  todos  por  sepa- 
rado cada  uno,  y  los  labradores  del  término  por  parroquias, 
sumando  todos  cerca  de  2,400  hombres.  Los  alistados  de  las 
villas  pasaron  de  6,500  y  los  caballos  de  250  (2),  y  entre  esta 
fuerza  total  de  cerca  de  10,000  isleños,  distribuyéronse  espadas 
y  lanzas  y  ballestas  á  millares,  y  corazas,  rodelas  y  paveses  en 
no  menor  número.  Mallorca  era  un  vasto  campamento:  coin- 
cidía con  esta  situación  el  plan  que  respecto  de  Castilla  alimen- 
^ba  Cisneros  sobre  organización  de  permanentes  milicias  ciuda- 
danas ;  é  ignorante  acaso  de  la  de  este  remoto  dominio  el  pre- 
visor regente,  y  de  todas  maneras  bien  ajeno  del  resultado, 
preparábase  en  ambos  países  la  desastrosa  germanía. 


(i)  Propúsose  en  9  de  Enero  de  15183!  general  consejo  que  remitió  el  asunto 
á  los  jurados.  No  hay  memoria  de  que  llegaran  á  adquirirse  ni  aun  á  encargarse 
dichos  tapices. 

(2)  En  las  de  la  montaña  no  fíguran  caballos,  y  aun  entre  las  del  llano  no  es 
igual  la  proporción,  pues  mientras  no  presenta  Inca  sino  6  y  Felanig  ninguno, 
cuenta  Manacor  40  y  Lluchmayor  5  i . 


CAPÍTULO  VI 

La    germanía    en    Mallorca 
1521   á   1523 


/^N  Barcelona  por  Abril  de  15 19  rindió  Mallorca  solemne- 
^^  mente  su  primer  homenaje  á  Carlos  I  por  medio  de  dos  de 
sus  jurados,  Pedro  des  Catlar  y  Juanote  Berard,  y  de  un  síndico 
forense,  encargados  además  de  negociar  los  asuntos  del  reino, 
que  nada  ofrecían  de  extraordinario.  Recelos  de  escuadras  tur- 
cas abultados  por  el  miedo;  quejas  de  daños  peores  que  los  de 
los  infieles  que  trataba  de  prevenir  algún  buque  castellano  de  la 
real  armada ;  rencillas  con  el  nuevo  regente  micer  Jaime  Roca, 
catalán  al  parecer  como  Gualbes,  que  envidiando  al  fiscal  Sa  for- 
tesa  la  lugartenencia  que  el  virrey  al  marcharse  le  había  confia- 
do, trataba  ya  de  crearse  un  partido :  tales  eran  los  temas  pre- 
ferentes de  la  correspondencia  entre  los  cuatro  jurados  que  en 
el  gobierno  quedaban  y  los  dos  de  comisión  en  la  corte.  Acordes 
andaban  en  esquivar  que  viniera  flota  en  defensa  de  la  isla,  cual- 
quiera que  fuese  el  poder  otomano  que  la  amenazara,  sintiendo- 


34^  ISLAS      BALEARES 

se  con  fuerzas  para  rechazar  hasta  cincuenta  naves  infieles;  que 
no  eran  defensores,  decían,  lo  que  á  Mallorca  faltaba,  sino  pól- 
vora y  espingardas,  de  que  se  envió  una  considerable  remesa. 
Hacíase  punto  de  honra,  no  menos  que  cuestión  de  orden,  el  no 
traer  de  fuera  una  soldadesca  indisciplinada  que  consumiese  la 
sustancia  del  país ;  y  á  micer  Juanote  Gual,  que  como  jefe  de  la 
oposición  y  tal  vez  de  los  secuaces  del  regente  Roca,  gestiona- 
ba para  que  acudieran  refuerzos  con  cuatro  capitanes,  se  le  acu- 
saba de  rebajar  el  buen  nombre  de  la  patria.  Únicamente  para 
Andraig,  abierta  á  las  piraterías  de  los  moros  y  saqueada  aque- 
llos días,  se  pedía  fuese  amurallada  ó  fortalecida. 

A  la  embajada  de  los  dos  jurados,  que  regresaron  á  fin  de 
verano,  reemplazó  la  del  canónigo  Genovard,  que  á  la  procu- 
ración especial  de  la  causa  de  la  Pinos  añadió  la  de  otras  más 
políticas,  y  por  su  medio  fué  ofrecido  al  joven  rey,  recién  elegido 
en  Alemania  emperador,  el  donativo  de  cinco  mil  ducados  ú  ocho 
mil  libras,  otorgado  por  el  general  consejo  en  cambio  de  ciertas 
•mercedes  determinables  por  los  jurados.  La  primera  en  que  se 
fijaron  éstos  fiíé  la  remoción  del  inepto  Roca  y  su  reemplazo 
en  adelante  por  mallorquines;  hasta  tal  punto  traía  cansado  al 
país  la  petulancia  de  los  regentes  forasteros,  no  menos  que  de 
inquisidores  extraños,  sobre  todo  frailes,  los  abusos,  los  excesos 
y  (si  no  exagera  la  pasión)  los  nefandos  delitos  en  toda  línea  de 
fray  Navardú,  cuyo  remedio  no  se  esperaba  de  la  comisión  dada 
por  el  cardenal  Adriano  inquisidor  general  al  prior  de  la  Cartu- 
ja, harto  amigo  si  no  cómplice  del  acusado,  para  averiguar  y 
castigar  sus  prevaricaciones.  Si  no  era  pues  inculpable  en  sus 
funcionarios  el  Santo  Oficio,  no  se  dirá  tampoco  que  el  terror 
pusiese  al  abrigo  de  la  general  censura  y  de  reclamaciones  tre- 
mendas su  invasora  jurisdicción,  sus  irregulares  procedimientos 
y  los  perturbadores  privilegios  de  sus  familiares.  Y  lo  mismo 
sucedía  con  los  ministros  y  recaudadores  de  la  cruzada,  los  cua- 
les, si  hubiéramos  de  atender  á  las  quejas  oficiales  de  cuarenta 
Vv  años  seguidos,  no  eran  sino  bandadas  de  buitres  que  venían  á 


i 


1  J.-l'í. 


ISLAS      BALEARES  349 

cebarse  en  el  pueblo  y  más  en  la  indefensa  payesía,  gentes  sin 
superior  y  sin  temor  á  Dios  ni  al  rey,  que  c  hasta  se  atreven, 
decían  los  jurados,  á  ponernos  entredicho.»  Recibieron  de  sus 
antecesores  en  legado  los  del  1 5  20  estas  tenaces  instancias,  para 
cuya  prosecución  nombró  el  general  consejo  un  síndico  expresa- 
mente, el  notario  Pedro  Mas,  que  corrió  persiguiendo  al  cesar 
con  sus  clamores  contra  el  infamado  Navardú  hasta  la  costa  de 
Galicia.  Con  tan  violenta  lucha  y  desapiadada  fiscalización  de 
autoridades  no  podía  menos  de  sufrir  el  prestigio  de  ellas  en  ge- 
neral, como  hoy  con  el  desbordamiento  de  la  prensa,  y  no  se 
hicieron  esperar  los  resultados.  Gurrea,  ausente  hacía  más  de  un 
afio,  triunfaba  de  sus  personales  enemigos  micer  Gual  y  micer 
Álber  por  sentencia  dada  en  Valladolid  (i);  y  para  regresar  á 
su  gobierno,  como  se  lo  pedían  sus  adictos  que  parece  formaban 
á  la  sazón  la  mayoría  del  país,  sólo  aguardaba  el  embarque  del 
soberano.  Aguardábanlo  también  para  estallar  en  Castilla  los 
alzamientos  burgueses  de  Valladolid,  de  Toledo  y  de  Salaman- 
ca, en  Valencia  los  tumultos  populares  de  los  gremios,  y  hasta 
en  Barcelona  el  antifeudal  descontento  de  los  payeses  (2):  y 
Mallorca,  no  exenta  de  alarmas  é  inquietudes  con  estas  noticias 
de  que  la  tenían  al  corriente  sus  enviados,  y  defendiéndose  con 
un  riguroso  cordón  sanitario  de  la  peste  circunvecina,  gozaba 


(i)  De  qué  naturaleza  fuese  el  aludido  proceso  y  en  qué  concepto  tomara  par- 
te en  él  micer  Gual,  no  se  averigua.  En  19  de  Febrero  de  1  520  desmienten  los 
jurados  las  pretensiones  que  se  arrogaba  Gual  de  representar  ante  la  corte  no  sé 
qué  brazos  ó  colegios,  diciendo  que  no  hay  más  conducto  legítimo  de  la  opinión 
pública  ni  más  representantes  del  reino  que  los  jurados,  y  que  ellos  deponen  del 
merecido  crédito  y  general  aceptación  de  que  goza  en  la  isla  Gurrea.  Conservábala 
éste  igualmente  en  la  corte,  según  las  voces  que  corrieron  de  que  sería  nombrado 
virrey  de  Cataluña,  como  pensó  hacerlo  ya  el  rey  Católico. 

(2)  Son  poco  conocidos  los  alborotos  que  empezaron  en  Barcelona  el  8  de 
Mayo  de  1520  con  la  entrada  de  doscientos  hombres  de  Cambrils  que  clamaban 
justicia  contra  el  duque  de  Cardona,  á  los  cuales  se  unió  el  pueblo  con  atabales  y 
banderas  al  grito  de  viva  el  rey  y  muera  el  mal  consejo^  nombrando  dos  cap  de 
^uayíosde  cada  oficio,  tomándose  participación  en  los  consejos  y  exigiendo  cuen- 
tas aciertos  clavarios  de  responsabilidad.  Con  la  prisión  de  algunos  hombres,  si 
ya  no  fué  más  bien  con  el'incremento  que  tomó  la  peste  y  la  consiguiente  emigra- 
ción de  vecindario,  bajó  á  los  pocos  días  la  efervescencia. 


,1 

m 
'I 


350  ISLAS      BALEARES 

aún  de  relativo  sosiego,  y  atenta  la  ciudad  á  pacíficas  mejoras, 
convertía  en  p/aza  nueva  el  antiguo  osario  de  Santa  Eulalia, 
reglamentando  los  puestos  de  su  más  céntrico  mercado. 

Pero  no  daban  tregua  los  apuros.  Aún  no  se  había  cobrado 
la  mitad  del  donativo  de  los  cinco  mil  ducados,  y  ya  se  reclama- 
ban desde  Bruselas  la  coronación  de  la  reina  madre  D.^  Juana  y 
los  maridajes  de  las  hermanas  del  emperador,  reinas  de  Portu- 
gal, de  Dinamarca  y  de  Hungría,  es  decir,  un  florín  de  oro  por 
hogar  en  razón  de  la  primera,  y  otro  de  pronto  por  el  casamien- 
to de  la  mayor,  cuotas  que  tasaba  cada  vez  á  su  voluntad  el 
soberano.  Esperaron  substraerse  al  nuevo  gravamen  los  isleños, 
alegando  antiguos  y  recientes  servicios  y  extremas  necesidades 
hijas  de  peculiares  azotes  y  riesgos;  pero  mayores  parecían  al 
gobierno  imperial  las  que  le  creaban  sus  vastas  atenciones,  y  no 
hubo  gracia.  Empezaba  el  año  1 5  2 1 ,  y  con  las  cargas  económi- 
cas no  parecían  por  fortuna  complicarse  las  pasiones  políticas: 
tanta  aversión  á  la  mudanza  de  régimen  dominaba,  que  la  con- 
cedida por  el  rey  en  la  elección  de  jurados,  estableciéndola  en  la 
misma  forma  que  la  de  los  depositarios  de  la  tabla,  la  había  re- 
chazado el  general  consejo ;  pedíase  únicamente  facultad  para  un 
reconocimiento  radical  de  las  urnas,  que  no  había  sufrido  en  mu- 
chos años  sino  individuales  habilitaciones,  á  fín  de  que  fuese  cada 
uno  insaculado  en  el  oficio  más  congruo  á  su  edad  y  á  la  índole 
de  su  persona.  En  los  jurados  que  regían  juntos  ó  se  sucedían, 
apenas  se  advierten  disidencias;  y  los  entrantes,  acordes  con  los 
pasados  en  su  adhesión  á  Gurrea,  se  congratulaban  en  9  de  Ene- 
ro por  la  reciente  vuelta  del  virrey,  t  que  ahuyenta  á  los  malhe- 
chores y  administra  recta  justicia  sin  acepción  de  personas  (i):  > 


( I )    «De  modo  que  avuy^  añade  la  carta,  stam  ab  gran  repos  y  tranquüitai,  y  Jos 
:^í^  siat  plaseni  á  Deu  que  mes  prest  hagués  iornat,  per  los  mals^  essent  ell  absenta  se 

^t¡|j  son  perpeirais.i»  Los  jurados  de  dicho  año,  en  que  la  revolución  no  introdujo  ni 

M  causó  mudanza,  fueron  Juanote  de  Puigdorfíla  doncel,  Guillermo  des  Mas  y  Jaime 

.■jl;;  Marti  ciudadanos,  Miguel  Sunyery  Jorge  Arquer  mercaderes  y  Rafael  Arnau  man- 

í;*¿5i  tero. 


ISLAS      BALEARES 


351 


tan  inseguro  es  el  barómetro  de  la  opinión  y  tan  falibles  sus 
indicaciones! 

Ya  entonces,  y  un  mes  atrás  desde  primeros  de  Diciembre, 
si  no  exigimos  á  la  tradición  documentos,  tenían  reuniones  secre- 
tas varios  menestrales  en  una  casa  junto  á  San  Nicolás  (i):  que 
estaban  en  comunicación  con  los  de  Valencia,  los  cuales  llevaban 
más  de  un  año  ya  de  alzamiento  y  de  propaganda,  es  más  que 
probable  según  eran  de  sabidos  aquí  los  hechos  y  de  parecidos 
los  agravios.  Las  causas  de  malestar  y  descontento  no  habían 
aumentado  para  los  nuestros  gran  cosa:  mayor  representación 
en  jurarías,  en  el  general  consejo,  en  embajadas,  en  la  gestión 
de  negocios  políticos  y  económicos,  no  podía  apetecerla  el  brazo 
artesano  desde  los  primeros  tiempos  de  la  reconquista,  ni  se  la 
adjudicó  en  el  desvanecimiento  de  su  triunfo;  y  en  cuanto  á  las 
cargas  públicas,  cuyo  progreso  es  naturalmente  tan  indefectible 
como  cualquier  otro,  mayores  calamidades  y  penurias  y  gabelas 
habían  pesado  en  otras  ocasiones  sobre  las  clases  populares,  que 
sobrellevaban  mejor  las  tallas  á  la  sazón  corrientes,  con  prefe- 
rencia á  los  derechos;  y  á  la  enorme  masa  de  éstos  conocida  con 
el  nombre  de  consignación,  acostumbrados  pudieran  hallarse  en 
más  de  un  siglo,  por  poco  que  la  hubiesen  sentido  aligerarse 
mediante  la  quitación  de  censos,  á  que  debía  aplicarse  según  ley, 
pagadas  las  pensiones  anuales,  el  remanente  producto  de  los 
impuestos.  Se  acababa  empero  de  mandar  que  antes  que  á  la 
quitación  se  atendiera  á  las  anualidades  atrasadas,  á  los  intere- 
ses antes  que  á  la  extinción  del  capital,  lo  cual  unido  á  adminis- 
traciones é  insolvencias  murmurables,  como  las  ha  habido  y  las 
habrá  siempre,  prestaría  campo  á  declamaciones,  á  arbitrios,  á 
resistencias,  que  así  podían  espontáneamente  brotar  en  taller  ó 
tienda,  como  remontar  de  los  labios  del  plebeyo  orador  al  con- 


(i)  La  de  Crespí  si  se  habla  de  la  actual  parroquia  de  San  Nicolás,  la  de  Colom 
si  la  referencia  es  al  oratorio  de  San  Nicolás  el  viejo  demolido  en  1833.  Inclinóme 
á  lo  primero. 


352  ISLAS      BALEARES 

sejo  del  sagaz  notario  ó  á  la  inspiración  del  ambicioso  juriscon- 
^  I  sulto.  Ejemplo  y  ánimos  y  facilidad  de  medios,  más  que  incre- 

mento intrínseco  de  mal,  produjeron  en  Mallorca  el  estallido:  de 
\l  algún  díscolo  leguleyo  nació  el  lema  /us  est  in  armis,  y  efectiva- 

,  I  mente,  hasta  que  al  derecho  se  le  vinieron  las  armas  á  las  manos, 

n  no  se  consideró  tal. 

Informado  exactamente  del  plan  estaba  Gurrea,  y  no  se  equi- 
j|  vocó  respecto  de  los  caudillos,  aunque  no  aparentasen  importan- 

cia de  tales,  al  mandar  prender  en  6  de  Febrero  al  pelaire  Juan 
Crespí,  al  zapatero  Pedro  Bagur,  al  espadero  Guillermo  Vich,  á 
Pascual  Rosselló  bonetero,  á  Juanote  y  Francisco  Colom  herma- 
nos y  boneteros  también  (i),  y  á  Rafael  Ripoll  sombrerero;  lo 
que  equivocó  fué  el  remedio  de  prenderlos,  aunque  en  Barcelona 
había  aprovechado.  Sea  que  estuviese  preparado  ya  el  movi- 
miento, sea  que  lo  precipitara  la  indignación,  á  las  once  de  la  ma- 
ñana del  7,  día  de  holganza  como  jueves  de  Carnaval,  publicán- 
dose un  bando  en  la  plaza  de  Cort,  á  un  grito  de  viva  el  rey  y 
al  levantarse  de  una  espada  (2)  afluyó  gente  armada  de  todas 
partes,  y  por  presto  que  acudieron  el  virrey  y  los  jurados  desde 
el  Borne,  encontraron  allá  un  bosque  de  lanzas  y  un  mar  de  ca- 
bezas. La  libertad  de  los  siete  presos,  que  se  suponía  amenaza- 
dos en  sus  vidas,  era  el  clamor  unísono  de  la  muchedumbre 


■  3 


(i)  Al  afirmar  en  la  memoria  que  sobre  Juanol  Colom  publiqué  en  1871  que 
no  constaba  fuese  uno  de  los  siete  presos,  no  había  visto  los  apuntes  de  un  cabreo 
viejo  de  Santo  Domingo  hechos  por  un  coetáneo  fray  Llambías,  en  los  cuales  figu- 
ran entre  aquéllos  los  dos  Colom  hermanos.  De  los  antecedentes  de  ambos  no 
encuentro  sino  uno  muy  curioso,  y  es  que  allá  por  el  carnaval  de  i  5  i  3  se  ensar- 
zaron  en  cierto  baile  con  un  joven  doncel  resultando  heridas,  y  en  prueba  de  que 
no  fué  intencionada  la  riña  declara  un  tío  del  agraviado,  el  noble  Gaspar  Thomás, 
que  sin  duda  no  conocieron  á  su  sobrino,  pues  á  saber  quién  era,  le  habrían  res- 
petado. Es  un  rasgo  muy  expresivo  del  carácter  que  se  les  atribuía,  acorde  con  el 
común  de  las  gentes  de  su  clase,  tan  diverso  del  que  revelaron  bien  pronto  las 
obras.  De  Crespí  se  ha  visto  también  cuan  adicto  á  Gurrea  se  mostraba  en  1517- 

(2)  Del  proceso  de  informaciones  resulta  que  fué  un  Pedro  Rosselló  hermano 
del  preso  Pascual  y  de  su  mismo  oficio  el  que  dio  esta  seña,  aunque  le  disputa  la 
gloria  el  sastre  Miguel  Seguí  que  levantó  espada  y  bandera  ó  con  una  pica  punzó 
al  virrey  por  la  espalda. 


ISLAS      BALEARES 


353 


dominando  el  toque  de  rebato,  y  embraveció  á  medida  de  la 
resistencia  del  lugarteniente  real,  que  al  cabo  hubo  de  ceder  á 
instancia  de  los  jurados  conocedores  de  la  gravedad  del  peligró. 
Los  mismos  desmandados  se  encargaron  de  cumplir  la  orden, 
rompiendo  las  cadenas  de  sus  jefes  y  de  algún  otro  delincuente 
ordinario.  Entraron  luego,  rotas  las  puertas,  en  el  consistorio, 
llevándose  escopetas,  picas  y  paveses,  con  las  cuales,  tambor 
batiente  y  banderas  desplegadas,  pasearon  todo  el  día  por  la 
ciudad:  á  los  libros  de  cuentas  ó  del  clavario  pusieron  guardas 
de  vista,  recelosos  de  que  fueran  sustraídos,  y  al  día  siguiente, 
estando  en  deliberación  los  jurados,  volvieron  en  espantoso  tro- 
pel clamando  quien  debe  que  pague;  pero  nada  por  entonces  se 
averiguó  que  justificara  sus  sospechas.  Convertida  aquella  tarde 
la  sedición  en  legal  demanda,  sin  cuidar  de  disfrazarla  mucho, 
medíante  el  forzado  perdón  y  aun  consentimiento  del  virrey  en 
una  sala  de  su  palacio,  púsose  Juan  Crespí  con  el  modesto  nom- 
bre de  instador  al  frente  de  los  electos  del  pueblo,  uno  por  cada 
ofício  (i),  á  los  cuales  se  mandaron  franquear  los  documentos 
de  la  consignación  y  se  autorizó  para  nombrar  procurador  y 
abogado  (2).  Cada  día  tuvo  sin  embargo  su  alboroto,  el  9,  el  10, 
el  1 3  miércoles  de  Ceniza,  éste  para  arrancar  al  gobernador  el 


(i)  Algunos  trae  el  referido  cabreo :  Antonio  Coll  por  los  pelaires,  Juan  Quin- 
tana por  los  curtidores,  Lucas  Enrich  por  los  sastres,  Pedro  Puig  por  los  calcete- 
ros, Pedro  Bagur  por  los  zapateros,  Lorenzo  Massaguer  por  los  tejedores  de  lana, 
Rafael  Ripoll  por  los  sombrereros,  Juanote  Colom  por  los  boneteros,  Juan  Entena 
por  los  albañiles,  Guillermo  Vich  por  los  espaderos,  Juan  Carbonell  por  los  albar- 
deros,  Juan  Oliver  por  los  boticarios,  Juan  Danús  por  los  tenderos,  el  maestro 
Pedro  Martí  por  los  cirujanos.  No  deben  confundirse  los  electos  con  los  trece  con- 
servadores,  de  los  cuales  pasaron  luego  algunos  á  formar  parte. 

{2)  Tras  del  nombramiento  de  los  electos  hecho  al  tercer  día  en  el  convento 
de  San  Francisco,  que  tomaron  por  cuartel  general  los  amotinados,  pone  dicho 
noticiario  que  por  abogado  escogieron  á  micer  Juanote  Gual  y  por  procurador  al 
notario  Jaime  Romaguera,  confirmándolos  el  virrey;  no  obstante,  aparece  un  man- 
dato de  éste  con  fecha  de  i  5  de  Febrero  encargando  la  defensa  de  ellos  al  respe- 
table micer  Bartolomé  de  Veri  y  á  micer  Francisco  Miliá  y  otro  al  notario  Pedro 
Prats  para  que  estipule  las  actas  y  deliberaciones  del  instador  y  electos,  y  hasta 
el  18  no  constan  los  respectivos  nombramientos  de  Gual  y  Romaguera,  por  haber 
declinado  sin  duda  semejante  encargo  los  anteriores. 
45 


'.\ 


354  ISLAS      BALEARES 

proceso  formado  á  los  siete,  aunque  al  ofrecimiento  de  revocarlo 

respondían  arrogantemente  que  estaba  por  demás   la  gracia 

donde  no  había  delito.  Digna  al  par  que  prudente  fué  aquellos 

i  días  y  durante  el  año  de  su  arduo  cometido  la  conducta  de  los 

r  jurados,  evitando  así  la  complicidad  como  las  violencias  de  los 

revoltosos,  aunque  con  éstos  simpatizase  naturalmente  el  del 

\  brazo  menestral;  y  al  comunicar  al  emperador  los  primeros  su- 

I  cesos  con  fecha  del  14,  elogian  por  su  parte  la  diligencia  y 

\  esfuerzo  de  Gurrea,  « y  más  haría,  añaden  aludiendo  al  regente 

Roca,  si  tuviera  mejor  consejero»  (i). 

Bajo  pena  de  muerte  se  había  prohibido  á  los  patrones  ha- 
cerse á  la  vela  sin  licencia  del  nuevo  poder,  y  sin  embargo  llevó 
á  Barcelona  oculto  aviso  de  cuanto  pasaba  con  pliegos  para  la 
corte  imperial  el  guarda  de  mar  Jorge  Botí,  mientras  para  Va- 
lencia salían  ostentosamente  el  1 5  Juanote  Colom  y  Rafael  Ri* 
poli,  con  ociosa  comitiva  para  tomar  instrucciones  de  Sorolla  y 
ponerse  acordes  con  aquellos  insurrectos  acerca  de  la  marcha  de 
la  revolución.  Fácil  es  concebir  con  qué  transporte  sería  allí  aco- 
gido el  inesperado  refuerzo,  y  como  no  se  escasearían  consejos 
y  exhortaciones.  La  vuelta  de  los  comisionados  no  se  retardó 
por  lo  mucho  que  urgía  arreglar  al  modelo  de  la  matriz  la  na- 
ciente sucursal ;  y  aunque  no  se  sabe  precisamente  el  día,  debió 
ser  hacia  mediados  de  Marzo.  Todos  los  expedicionarios  sacaron 
de  su  viaje  el  partido  adecuado  á  sus  intereses  ó  tendencias: 
quien  trajo  alabardas  y  tambores;  quien  (sastrecillo  había  de 
ser)  jubones  de  brocado  falso  y  calzas  entreteladas  de  lo  mismo 
á  fin  de  propagar  á  la  vez,  mediante  el  figurín,  su  parroquia  y 
sus  ideas;  quien  gérmenes  de  trastorno,  meneando  la  cabeza  y 
apostrofando  así  la  bandera  real  ondulante  en  el  castillo  de 
Bellver:  «¿siempre  habéis  de  estaros  ahí,  la  bandera?  voto  á  tal, 
que  no  estaréis  mucho  tiempo!»;  y  algún  otro  explanando  más 
el  sentido:   «á  ver  qué  sabréis  hacer,  que  los  de  Valencia  han 


( I )    Véase  en  los  apéndices  la  expresada  comunicación. 


ISLAS      BAl-EARES  355 


degollado  en  el  castillo  de  Murviedro  más  de  veinte  caballeros 
y  se  han  repartido  sus  haberes!  á  ver,  á  ver  vosotros!»  YColom, 
que  á  la  cuenta  durante  su  breve  misión  había  observado  y 
aprendido  mucho  y  medido  sus  fuerzas,  trajo  de  allá  la  impor- 
tancia y  el  arrojo  que  le  constituyó  muy  en  breve  dictador  de  la 
germanía  de  Mallorca. 

Por  entonces  nadie  soñaba  en  disputar  á  Crespí  la  jefatura. 
Una  circular  expedida  á  nombre  suyo,  no  con  su  firma,  pues  ya 
^e  dicho  no  sabía  escribir,  conhiovió  los  municipios  todos  de  la 
*sla,  surgiendo  del  voto  popular  en  cada  villa,  á  desgrado  del 
virrey,  un  instador  y  unos  electos,  con  los  cuales,  lo  mismo  que 
^^  la  ciudad,  estaban  casi  de  sobra  el  baile  y  los  jurados.  Em- 
pezaron las  mutuas  visitas  y  ofrecimientos;  y  de  cada  pueblo, 
tomando  Binisalem  la  delantera,  fueron  llegando  comisiones,  ó 
^ás  bien  grupos  armados  á  pie  y  á  caballo,   con  más  ó  menos 
orden    y  arreo,  y  recibíanlos  á  las  puertas  de  la  ciudad  los  me- 
"cstra,les  con  el  instador  en  persona,  y  acompañábanlos  al  con- 
vento de  franciscanos  donde  recibían  hospedaje  y  mesa,  aunque 
"^  viniesen  con  las  manos  vacías.   El  gusto  tomado  por  los  ciu- 
^^d^nos  á  las  armas  y  sobre  todo  á  las  banderas,  que  cada 
gr^rnio  se  dio  á  hacer  de  damasco  ó  tafetán  de  colores  vivísimos 
^^^  clibujos  y  figuras  de  oro  y  plata,  se  pegó  á  los  payeses  que 
^^  vieron  el  momento  de  mezclarse  con  ellos  en  formaciones  y 
^^vistas,  desfilando  y  caracoleando  por  calles  y  plazas ;  menos 
^^1  si  no  se  llevaran  á  sus  pueblos  más  que  estas  belicosas  ins- 
trucciones. Harto  más  importaban  las  que  principalmente  habían 
sido  llamados  á  recibir  para  acabar  de  una  vez  con  el  desorden 
stdministrativo,  contra  el  cual  desde  casi  dos  siglos  hacían  causa 
común  con  los  artesanos  y  venían  clamando  sin  reposo  los  sín- 
dicos forenses.  Crespí,  aconsejado  por  otros,  había  puesto  el 
dedo  en  la.  llaga  de  la  consignación:  llovían  súplicas  y  protestas 
sobre  los  jurados,  á  cuyo  abogado  Juan  Andreu,  escamado  por 
los  malos  tratamientos  del  segundo  motín,  no  había  forma  de 
hacer  volver  á  su  puesto,  al  paso  que  dirigía  hábilmente  micer 


356  ISLAS      BALEARES 


Gual  á  los  sublevados,  á  quienes  se  lo  había  dado  por  defensor 
SU  enemigo  personal  Gurrea,  no  sabemos  si  á  pesar  suyo,  ó  con 
la  mira  de  que  su  noble  alcurnia  conjurara  los  excesos  demagó- 
gicos, y  hasta  hubiera  podido  una  maquiavélica  venganza  inspi- 
rarle el  tal  nombramiento,  si  alcanzara  á  prever  los  compromi- 
sos de  semejante  clientela.  Proclamóse  el  advenimiento  de  la 
justicia;  echáronse  á  volar  con  más  ó  menos  exageración  los  es- 
cándalos de  las  administraciones  pasadas;  y  se  creó  en   el   bajo 
pueblo  un  encono  contra  ciertas  clases  ó  familias,  capaz    de 
arrastrarle  á  los  mayores  atentados.  Sacrilego,  aunque   todavía 
incruento,  fué  el  que  ocurrió  domingo  10  de  Marzo  con  el  cadá- 
ver de  Agustín  Serralta,  fallecido  el  año  anterior,  siendo  jurado 
por  el  brazo  de  ciudadanos;  y  no  sé  qué  causa  de  odio   se  ex- 
plotó ó  qué  calumnia  se  levantó  á  su  memoria  para  ir  en  tropel 
á  desenterrarle  de  la  sepultura  donde  yacía  en  el  templo   de 
Santo  Domingo,  y  llevarlo  con  gran  algazara  de  muchachos  á 
quemar  en  el  antiguo  cementerio  de  judíos  fuera  de  la  puerta  de 
Santa  Fe,  presidiendo  á  la  horrible  profanación  un  cruciñjo  que 
tomaron  de  la  iglesia  de  monjas  Jerónimas,  y  al  cual  clamaban 
misericordia  y  pedían  la  ansiada  lluvia  con  tan  absurdo   des- 
agravio. 

Era  insostenible  la  actitud  que  había  tomado  Gurrea  encas- 
tillado en  su  palacio,  enérgico  en  mandar,  sin  fuerzas  para  ha- 
cerse obedecer.  Expedía  órdenes  á  los  bailes  de  las  villas  de  no 
dar  lugar  al  nombramiento  y  reunión  de  los  delegados  para  el 
congreso  en  que  había  de  tratarse  de  la  reforma  del  reino,  y 
cada  día  entraban  electos  de  todas  partes:  de  aquí  incesantes 
conflictos,  y  bien  pronto  resultara  la  guerra  civil.  Cundía  voz  de 
que  á  nombre  del  rey  reclutaba  gente  por  la  isla  algún  caballero, 
y  se  cerraron  las  puertas  menos  dos,  y  dobláronse  los  guardas; 
divulgóse  la  comisión  secreta  de  Botí,  y  por  este  delito  más  que 
por  recelo  del  contagio,  al  regresar  de  Barcelona,  se  le  incendió 
el  buque  en  Portopí  y  se  echó  sobre  él  la  furiosa  muchedumbre, 
teniendo  que  acudir  á  ampararle  el  virrey  en  persona  y  tomarlo 


ISLAS      BALEARES  357 

á  su  servicio.  Todo  eran  amonestaciones  á  que  se  retirara  antes 
de  ser  echado,  como  llegó  el  caso  el  1 6  de  Marzo  por  la  mañana, 
en  que  invadieron  el  consistorio  más  de  cuatrocientos  hombres 
capitaneados  por  el  zapatero  Bagur,  cuyo  intérprete  se  consti- 
tuyó el  procurador  del  pueblo  Romaguera,  reclamando  de  los 
jurados  la  suspensión  del  virrey,  y  sin  dejarles  más  tiempo  que 
el  de  la  comida  para  deliberar  sobre  tan  grave  exigencia,  vol- 
vieron con  mayor  tumulto  por  la  tarde.  Envueltos  aquellos  en 
la  desbordada  corriente,  llegaron  con  dificultad  al  real  castillo, 
donde,  acompañado  del  regente  y  de  varios  caballeros,  aguar- 
daba Gurrea  el  estallido  de  la  tempestad.  Creyóla  de  pronto 
disipada  con  otorgar,  por  mediación  de  los  jurados,  la  libertad 
de  juntarse,  negada  hasta  entonces  á  las  villas;  pero  ya  no  pe- 
dían menos  las  turbas  del  patio  que  la  inhabilitación  de  su  se- 
ftoría,  en  virtud  de  una  vieja  franquicia  que  vedaba  gobernar  en 
Mallorca  á  todo  aragonés  ó  habitante  del  Rosellón.  El  síndico 
popular  la  alegaba,  pero  de  más  arriba  partía  el  tiro,  sin  duda 
del  vengativo  Gual,  que  acaso  no  había  sido  ajeno  en  1 5 1 2  á  la 
copia  sacada  misteriosamente  de  aquel  privilegio  á  la  llegada  de 
Gurrea  (i).  Nadie  se  atrevió  á  contradecir:  los  mismos  jurados 
suplicaron  al  virrey  que  cediera  á  la  exclusión  legal  por  no  decir 
á  la  intimación  revolucionaria,  y  ya  no  se  trató  más  que  de  sal- 
var las  apariencias.  El  mando  recayó,  según  ley,  en  el  baile  ge- 
neral, que  lo  era  entonces  mosén  Pedro  de  Pachs,  á  la  vez  al- 
caide del  castillo  de  Bellver,  donde  residía;  y  allí  fué  á  conferír- 
selo el  pueblo  al  otro  día  domingo,  y  le  acompañó  á  la  catedral 
á  prestar  el  solemne  juramento.  Quedóse  más  de  un  mes  en  pa- 
lacio el  depuesto  aragonés,  impotente  y  desairado ;  y  no  sé  si 
por  seguridad  se  le  aconsejó,  ó  por  desconfianza  se  le  impuso,  ó 


(i)  Véase  la  nota  i.«dc  la  pág.  339.  Dicha  cédula,  hasta  allí  observada  siempre 
aunque  poco  conocida,  la  expidió  Pedro  IV,  más  que  en  beneficio  de  Mallorca,  por 
la  exclusiva  confianza  que  en  los  catalanes  tenía  para  mantenerla  incorporada  á 
su  corona. 


358  ISLAS      BALEARES 

arbitró  él  mismo  por  temor  6  por  decoro  retirarse  á  Ibiza,  por 
no  abandonar  el  reino  que  S.  M.  le  había  conñado,  obligándose, 
antes  de  embarcarse  á  fines  de  Abril,  á  satisfacer  las  deudas 
contraídas  en  la  expedición  de  Bugía,  siempre  que  se  acreditara 
que  del  real  erario  las  hubiese  percibido. 

Importada  notoriamente  de  Valencia,  establecióse  á  la  vuelta 
de  los  mensajeros  la  trecena  ó  consejo  de  doce  con  su  jefe  el 
instador,  en  reemplazo  de  los  veinte  y  siete  electos  de  los  gremios, 
de  los  cuales  pasaron  al  nuevo  cargo  Coll,  Quintana,  Vich  y 
Bagur;  agregáronseles  por  parte  de  la  ciudad  un    Bartolomé 
Coll,  pelaire  como  el  otro,  Miguel  Obrador  hornero,  Perote  Fiol 
y  Cosme  Molins  boticarios ;  las  cuatro  plazas  restantes  se  dieron 
á  Antonio  Splugues  de  Arta,  á  Antonio  Bestard  de  Binisalem,  y 
á  otros  dos  forenses.  Puede  ser  que  el  título  que  se  les  daba  de 
conservadores  se  relacionase  un  tanto  con  determinado  color  po- 
lítico, y  quizá  aspiraban  á  representar  un  matiz  más  subido  en 
esta  línea  dos  pelaires,  Rafael  Torrella  y  Jaime  Ribas,  que,  ex- 
cluidos de  la  candidatura,  intrigaron  para  formar  otra   nueva, 
dando  lugar  á  un  alboroto  en  día  de  jueves  santo  (28  de  Marzo), 
del  cual  resultó  que  fueron  presos  y  más  adelante  emigraron. 
Ejercían  los  trece  autoridad,  y  prendían  y  libertaban;  pero  los 
que  no  podían  llegar  á  la   codiciada  participación  del  poder, 
creyéndose  quizá  con   más  talentos  y  servicios  que  otro  cual- 
quiera, contentábanse  con  desahogar  sus  pulmones  en  las  juntas 
particulares  de  su  respectivo  gremio,  ó  en  las  asambleas  pro- 
miscuas de  oficios,  aunque  exclusivamente  compuestas  de  me- 
nestrales en  número  ilimitado,  que  se  tenían  en  San  Francisco, 
aparte  del  grande  y  general  consejo  que  seguía  reuniéndose  en 
la  forma  de  siempre,  bien  que  lo  menos  posible,  y  de  hecho  re- 
ducido casi  al  estamento  popular.   Muchos  con  más  provecho 
andaban  metidos  en  oficinas  de  secuestros  ó  composiciones,  ó  se 
acomodaban  con  cualquier  suerte  de  empleos,  ó  se  introducían 
en  el  banco  de  la  quitación^  donde  ingresaba  el  producto  de  los 
derechos  consignados,  á  fin  de  aplicar  á  la  redención  de  censos. 


ISLAS      BALEARES 


3S9 


no  el  sobrante  ó  una  cantidad  determinada^  sino  el  importe  des- 
tinado  á  cubrir  las  ánnuas  pensiones  rezagadas,  ya  que  no  las 
corrientes.  Erigíase  en  principio  el  absurdo  de  que  con  el  cobro 
de  intereses  se  extinguía  dentro  cierto  plazo  el  capital,  y  que 
estaban  pagados  ya  de  sobra  los  acreedores  con  la  renta  tantos 
años  percibida  (i).  Proclamóse  la  quitación  á  todo  trance,  sus* 
pendidas  las  demás  atenciones;  al  boticario  Juan  Oliver  se  atri- 
buyó la  gloria  de  la  idea,  y  los  entusiastas  celebraron  su  inau- 
guración plantando  laureles  á  las  puertas  de  sus  casas.  Desde 
7  de  Marzo  en  que  se  empezó,  hasta  fin  de  Agosto,  expidieron- 
se'descargos  por  veinticinco  mil  libras:  en  23  de  Mayo  se  decretó 
que  los  censalistas  perdieran  sus  atrasos.  Las  tablas  donde  se 
hacían  constar  estas  bajas  de  la  deuda  pública,  eran  paseadas 
por  las  calles  al  son  de  atabales  y  trompetas,  precedidas  de 
danzas  y  frenéticas  ovaciones.  Andaba  en  lenguas  de  todos  la 
santa  quitación,  todos  la  predicaban :  que  procedía  de  Dios,  de- 
cían, que  era  hereje  quien  la  contradijera,  que  no  podía  echar 
raíces  sin  derramamiento  de  sangre,  que  por  ella  habían  de  dar 
el  postrer  suspiro.  Fe  en  el  ídolo  había,  pero  se  explica  que  tu- 
viera tantos  sacerdotes,  pues  vivían  de  su  culto. 

Contemporizaba  el  lugarteniente  Pachs,  sabiendo  que  con 
la  bailía  iba  á  expirar  bien  pronto  su  espinoso  gobierno;  y  hubo 
de  asumirlo  con  efecto  en  18  de  Mayo,  víspera  de  Pentecostés, 
Juanote  Uniz  de  Sant  Johan  al  salir  designado  baile.  Las  extrac- 
ciones para  los  oficios  públicos  que  tocaba  proveer  aquel  día, 
se  hicieron  con  regularidad:  pero  en  el  sorteo  de  mayordomos 
de  gremio  que  se  practicaba  la  segunda  fiesta  y  cuya  habilita- 
ción  pertenecía  al  regente,  movióse  un  escándalo  con  objeto  de 
que  la  representación  de  los  albañíles  pasase  de  un  desafecto  á 


(1)  Mirau  el  mascarat  iraydor!  decía  una  mujer;  ¿no  sabeu  que  ja  son  quitáis 
tots  los  censáis?  tañí  ha  que  Is  reben!  Y  un  hortelano  asentaba  que  tots  los  censáis, 
^i  univer sais  com  particular s,  serian  quitáis  per  si  maiexos^  per  quant  los  credi- 
tors  censalistas  havian  de  pendre  á  conta  en  Paga  de  lapropietat  totas  las  pensions 
que  havian  rebut. 


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360  ISLASBALEARES 

un  entusiasta  de  la  germanía,  y  vio  apuntada  una  lanza  al  pe- 
cho micer  Roca,  que  enfermó  del  susto  y  salió  de  la  ciudad, 
hasta  parar  en  Ibiza  al  lado  del  virrey,  reconciliándolos  la  común 
desgracia.  Iban  quedando  solos  los  jurados,  sin  tener  apenas 
con  quien  compartir  los  cuidados  y  peligros  de  tan  crítica  situa- 
ción, y  menudeaban  severas  y  aun  acerbas  cartas  al  obispo  Ro- 
drigo Sánchez  del  Mercado,  que  en  nueve  años  de  llevar  el 
título  y  gozar  las  rentas  de  tal,  no  había  pisado  la  diócesis  sino 
poco  tiempo  durante  los  primeros,  dejando  escasas  huellas  de 
su  paso  (i):  deteníanle  en  Valencia  sus  malecillos  y  su  reposo, 
pues  aunque  por  allí  corrían  no  menores  trastornos,  no  afecta- 
ban ni  comprometían  tan  directamente  su  persona.  Á  los  cum- 
plidos un  tanto  irónicos,  lo  mismo  que  á  las  amenazas  de  acudir 
al  pontífice,  hacía  pago  el  negligente  pastor  con  buenas  pala- 
bras y  aplazamientos,  que  no  sólo  se  alargaron  hasta  después 
de  pacificada  la  isla,  sino  ¡cosa  increíble!  hasta  su  traslación 
en  1530;  y  mal  podía  suplir  la  bienhechora  influencia  del  prela- 
do propio  un  mitrado  sin  jurisdicción,  como  el  trinitario  mallor- 
quín fray  Pedro  Pont  titulado  de  Cluensa  (3).  Agravóse  la  res- 
ponsabilidad de  los  gobernantes  con  la  cédula  imperial  datada 
en  Worms  de  30  de  Marzo,  anunciando  ejemplar  castigo  de  los 


(i)  Tomada  posesión  del  obispado  por  medio  del  magnifico  Juanote  Gual  en 
Abril  de  i  5  12,  estaba  aquí  el  siguiente  año,  y  no  se  sabe  si  fué  continua  ó  inte- 
rrumpida, corta  ó  larga  su  permanencia,  pues  en  Junio  de  i  s  19  se  hallaba  otra 
vez  ausente,  y  no  se  sabe  que  volviera  ya,  á  pesar  de  haber  retenido  hasta  i  5  30 
esta  silla.  Es  cuanto  logró  averiguar  del  obispo  Sánchez  Mercado  el  P.  Villanueva, 
que  no  estuvo  afortunado  en  este  período.  Teníaf  aquí  D.  Rodrigo  en  1521  de  pro- 
curador de  la  mitra  un  hermano  llamado  Sancho.  Sosegadas  las  germanías  pasó  á 
Alfaro,  desde  donde  escribe  en  1524.  Anciano  no  debía  de  ser,  pues  de  1530 
á  48  episcopó  en  Avila.  Apasionado  de  Cisneros,  fundó  en  Oñate  su  patria  un  co- 
legio-universidad. 

(2}  Hallábase  aquí  desde  antes  de  i  5 19,  se  ignora  con  qué  motivo,  y  por  au- 
sencia del  sabio  canónigo  Arnaldo  de  Albertí  hizo  luego  las  veces  de  inquisidor, 
'jjl  Más  á  menudo  que  por  su  título,  de  no  conocida  correspondencia,  se  le  nombra 


por  el  genérico  de  Gracia,  que  se  ha  pretendido  interpretar  por  propio  de  locali- 
dad, refiriéndolo  al  de  Grasse,  obispado  francés  rayano  de  Italia  cerca  de  Niza,  y 
perdiéndose  en  conjeturas  los  autores  del  tomo  LI  de  ia  España  Sagrada  por  no 
haber  tenido  presente  que  algunas  veces  son  llamados  en  general  obispos  de  gra- 
cia los  titulares,  sin  especificar  las  iglesias  representadas. 


ISLAS      BALEARES 


361 


desmanes  y  movimientos  populares,  y  exhortando  á  los  fíeles  á 
proceder  en  todo  acordes  con  el  lugarteniente  general,  que  en 
carta  de  3 1  de  Mayo  desde  Ibiza  recomendaba  la  pronta  y  com- 
pleta sumisión,  no  sin  recordar  lo  que  en  Castilla  acababa  de 
seguirse,  y  lo  que  en  Valencia  se  esperaba.  La  irritación  del 
pueblo  no  tuvo  límites,  al  divulgarse  en  los  primeros  días  de 
Junio  el  contenido  de  las  cartas :  los  más  avisados,  por  no  incu- 
rrir en  sublevación  abierta,  las  daban  por  apócrifas  y  dirigían 
contra  determinadas  personas,  dándolos  por  forjadores  de  ellas, 
el  ciego  furor  de  la  crédula  muchedumbre;  otros  echaban  la  cul- 
pa á  Gurrea,  que  interpuesto  entre  los  subditos  y  el  soberano 
ignorante  de  todo,  falseaba  noticias  y  órdenes  á  su  sabor;  los 
más  descabezados,  sin  curarse  de  si. eran  ó  no  auténticas,  voci- 
feraban á  lo  salvaje  que  el  rey  no  era  sino  un  hombre  y  Mallorca 
algo  más  que  aldea,  que  habría  de  venir  en  persona  á  conquis- 
tarla, que  de  otros  reyes  habían  ya  dado  cuenta  los  mallorqui- 
nes, y  retos  por  el  estilo.  En  las  villas  donde  se  mandaron 
notarios  á  presentar  estos  edictos,  no  tuvieron  mucho  mejor 
acogida,  y  en  Manacor  el  comisionado  no  evitó  la  muerte  sino 
con  la  fuga. 

Desde  entonces  se  declaró  con  más  viveza  la  división  de 
ánimos  y  se  deslindaron  los  campamentos :  los  rebeldes,  obliga- 
dos á  soltar  la  máscara,  se  endurecieron  en  su  rebeldía ;  los 
leales,  cobrando  certidumbre  y  aliento,  se  afírmaron  en  su  leal- 
tad: la  neutralidad  se  hizo  imposible.  Por  piedra  de  toque  para 
discernir  de  partidos  tomóse  la  quitación^  la  inocente  y  aun 
plausible  quitación,  que  recta  y  legalmente  establecida  debiera 
redimir  de  su  opresión  la  universidad,  y  que  por  los  desórdenes 
y  violencias  y  despojos  á  que  daba  margen,  oían  sus  adoradores 
con  escándalo  califícar  de  diabólica  y  abominable  á  miles  de  tiz- 
nados  (i),  cuyas  viviendas  se  marcaban  con  tizne  para  indicar 


(i)    Así  es  de  traducir  la  palabra  mascarais  derivada  de  mascara  ó  tizne,  y  no 
enmascarados^  que  procede  de  bien  distinta  idea.  El  mote  vino  de  Valencia. 
46 


362  ISLAS      BALEARES 


SU  resistencia  á  pagar  las  cuotas  exigidas.  Pronto  el    mote   se 
generalizó  á  los  caballeros  ú  hombres  de  bienes  (i),  que  forma- 
ban gran  parte  de  los  censalistas  de  la  consignación  y  á  cuyas 
administraciones  se  imputaban  los  crecientes  gravámenes,  á  res- 
petables eclesiásticos  y  procuradores  de  comunidades  interesa- 
dos como  perceptores  en  los  aludidos  censos,  á  acaudalados 
mercaderes  enriquecidos  bien  ó  mal  en  acopios  de  trigo,  á  juris- 
peritos de  impopulares  antecedentes  ó  esquivos  en  dar   arries- 
gados consejos,  á  notarios  ó  curiales  tildados  de  amañadores  de 
enredos  ó  encariñados  con  añejos  abusos.  Los  más  no  aguarda- 
ron á  que  el  insulto  se  convirtiese  en  proscripción  y  la  proscrip- 
ción en  matanza:  retiráronse  unos  á  sus  haciendas,  otros  se  me- 
tieron en  sus  iglesias  ó  en  sus  casaa,  muchos  por  más  recelosos 
ó  amenazados  pusieron  la  mar  de  por  medio,  emigrando  á  Me- 
norca, á  Ibiza,  á  Barcelona.  No  iban  empero  tan  compactas  en 
ideas  é  intereses  las  clases,  que  siguieran  unánimes  un  mismo 
bando  y  que  en  todas  no  existiesen  divergencias:  más  de  un  no- 
ble ó  ciudadano  se  prestaba  á  admitir  cargos  y  ofícios  de  la  re- 
volución por  buena  intención  de  amansarla  ó  por  temor  de  mal- 
quistarse con  ella,  cuando  no  por  afán  de  figurar  ó  de  saldar 
atrasadas  cuentas;  más  de  un  letrado  tiraba  adelante  por  celo 
del  bien  público  según  decía,  ó  por  complicidad  según  sus  ému- 
los; más  de  un  procurador  sin  clientela  se  arrogaba  la  del  pue- 
blo para  ahuyentar  á  sus  compañeros  y  apoderarse  del  botín. 
Entre  los  artesanos,  por  otra  parte,  en  cada  oficio,  había  hom- 
bres denodados  que  resistían  á  la  desbordada  corriente,  voces 
animosas  que  protestaban  de  su  fidelidad,  arrostrando  la  indig- 
nación de  los  que  les  acusaban  de  vender  insensatamente  su 
propia  causa.  Qué  más!  en  el  seno  de  la  familia,  en  el  hogar 
doméstico  reñían,  embestíanse,  se  delataban,  hermanos  con  her- 
manos, hijos  con  padres,  padres  con  hijos,  las  mujeres  azuzaban 
á  éstos  y  á  sus  esposos,  sobreponíase  á  la  voz  de  la  sangre  el 


(i)    E8  la  verdadera  traducción  de  homts  de  be. 


ISLAS      BALEARES 


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odio  de  partido.  La  moderación  y  la  prudencia  eran  desconoci- 
das, á  no  ser  en  el  clero,  donde  no  vemos  surgir  en  éste,  como 
en  otros  alzamientos,  ni  democráticos  tribunos  ni  fuertes  pro- 
pugnáculos del  trono;  sino  discretos  y  piadosos  mediadores  que 
con  caridad  igual  hacia  todos  reservaban  para  extremos  trances 
su  influencia. 

La  efervescencia  política  fué  subiendo  con  el  calor  estacio- 
nal. En  cada  esquina  se  hacía  corro  un  orador  con  ademanes  y 
tono  de  fraile,  inflamando  la  pasión  y  excitando  al  desorden;  al- 
ternaban las  blasfemias  con  fanáticos  desvarios,  corrían  coplas 
de  circunstancias,  comentábanse  misteriosas  profecías  de  tras- 
tornos y  matanzas  (i),  presentíase  inmediata  una  era  en  que 
había  de  desaparecer  del  mundo  la  nobleza  para  señorearlo 
todo  los  menestrales.  Ya  se  antojaban  paliativos  todo  lo  que  no 
fuese  un  degüello  general  y  un  repartimiento  de  bienes  (2).  Las 
armas,  cada  día  revistadas  en  alardes,  y  á  menudo  ejercitadas 
en  el  Borne  caballerescamente  en  juegos  de  sortija,  no  podían 


(i)  La  más  famosa  entre  las  profecías  era  la  del  conocido  fray  Anselmo  de 
Turmeda,  que  llamaban  de  la  trescay  la  verdesca  por  unos  versos  que  dicen:  So- 
bre la  torre^en  la  verdesca  será  la  tresca^de  la  batalla.  Aplicábanse  á  los  tumul- 
tos contemporáneos  de  la  isla  los  vagos  y  grandiosos  rasgos  por  el  errante  fran- 
ciscano referidos  al  gran  cisma  de  Occidente  y  á  las  conmociones  europeas  de 
fines  del  siglo  xiv  y  principios  del  xv:  fijábanse  principalmente  en  aquellos:  cové 
se  spanda^al  Puig  de  Randa — la  sanch  beneyta—per  la  maleyta— furor  del  poblé;  y 
mezclando  recuerdos  de  la  derrota  de  Jaime  III  en  Lluchmajor  con  no  sé  qué  pér- 
dida anunciada  de  un  rico-hombre  aragonés,  se  aventuraban  á  pronosticar  á  Gu- 
rrea  un  desastre:  en  celia  terraje  7  poch  linatje—lo  gran  paratj'e—rebrá  ofensa. 
Otras  enérgicas  frases  añadían  por  el  estilo:  toca  n'  Aloy  sobre  la  sanch  deis  peca' 
dors^  y  que  havian  de  venir  mollas  velas,  y  que  la  costa  de  la  Seu  havia  de  correr 
de  sancho  y  que  las  donas  de  bé  s'  havian  de  embarcar  y  metre's  en  aigua  fins  á  las 
mamellas,  procedentes  acaso  de  otras  profecías  como  la  de  Santa  Brígida  y  de  Ber- 
nardo de  Mogoda,  que  tal  cual  hoy  existe  es  más  bien  de  aquel  tiempo  que  del  si<* 
glo  XIII  según  se  supone.  Habían  llegado  aquí  también  los  rumores  del  rey  Encu- 
beri  de  Valencia.  Coplas  empero  no  se  han  hallado  hasta  aquí  ninguna  de  las  que 
se  sabe  leían  y  vendían  por  la  ciudad  el  sombrerero  Rafael  Crespí  ó  el  jabonero 
Dionisio  Silvestre. 

(a)  Una  nit  assegut  ab  altres  á  la  siquia  de  Sant  Miquel^  cuenta  de  cierto  teje- 
dor de  lana  un  testigo,  deya:  ^vuy  mal,  demd  mal,  ¿  no  valdria  mes  degollar  ho  tot 
tostinas  y  que  'ns  partissem  los  bens  ?  pero  jo  '«  voldria  ma  parí  que  no  anassen  á 
germd  major. 


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estar  por  mucho  tiempo  reducidas  á  vano  lucimiento  en  manos 
que  nunca  las  soltaban  y  cuyos  furores  y  apetitos  se  brindaban 
á  secundar.  El  orden  estaba  á  merced  de  una  reyerta,  de  una 
corrida,  de  un  grito:  una  chispa  sobraba  para  inf